sábado, noviembre 27, 2010

FRÍO NOVIEMBRE DE AUSENCIA


Hace ya un mes. La madrugada del 27 de octubre se me moría Leo entre los brazos. Y todavía ese último gesto que anunciaba el final se me hace presente varias veces cada día sin que el esfuerzo obsesivo por encontrar y fijar en la memoria las imágenes de Leo sonriendo, de ese Leo feliz que iba dando respuesta a unos pocos de sus sueños, haya podido borrarla todavía.

Tengo mucho frío. La casa está vacía, la cama está vacía y pesan sobre el alma las sombras de sus cosas, ese cajón que abres y guarda sus camisas, el perfume que te pones una mañana y te hace arrastrar junto a ti su aroma, los yogures que compras por equivocación en el súper sólo porque eran los que le gustaban. Los verbos tramposos que continúan emboscados para gritar la primera persona del plural como si tus labios no quisieran darse cuenta de que sólo caben ahora palabras impares.

Trato de no caer, de no caerme. Y qué importante ha sido pasear sobre ese camino que entre todos vosotros haciais un poco más tibio. Buscar a lo largo del tiempo el encuentro de la perdida serenidad, consciente de que cada día tenía todavía que tener sus propias lágrimas, y que todavía serán muchos los días en que un recuerdo, un "¿qué tal estás?", un maldito papeleo, un domingo un poco más lluvioso y más pesado habrán de cosechar aún su ración de llanto. Trato de mantener la cabeza ocupada, de escribir, de salir, de no darle a su falta demasiadas vueltas. Y poco a poco así los pedazos de alma van regresando a su lugar, llenos de costurones. Al lugar que ocuparon antes de Leo, a la casa sola, a las horas solas, al futuro vacío.

Serenidad, esa es la palabra como ese es el desafío. Serenidad fue lo que Leo me trajo con su sonrisa franca y su ternura. Leo que fue el don de la calma, el descubrimiento de todas las puertas que aún guardaban tiempos por explorar, el aprendizaje del lenguaje a dos, de la vida a dos, de los proyectos a dos, de las decisiones a dos, el cuerpo caliente sobre el que recostarme por la noche para mirar la tele, los labios que despedía con un beso cada mañana, la necesidad de no guardarme nunca más un "te quiero". Leo que fue todos los gestos cotidianos, la paz y el desafío.

Sé que tengo que construir de nuevo la sonrisa, levantar esos hombros que se inclinan demasiado al suelo. Porque sé que he sido un hombre afortunado, porque tuve la loca fortuna de encontrar en el camino de la vida a Leo, tuve la oportunidad de quererle y el orgullo de merecer su amor, porque fui la persona que eligió para aprender un tiempo nuevo y viajar de la mano hacia París, hacia Lisboa, hacia la muerte. Tuve la alegría de estar iluminado por su vida como ahora el dolor de esperar en su silencio. Y sé que Leo hoy me recordaría que con esas endebles ramas se construye la empalizada intensa de la vida, que mirándome con los ojos que se le desesperaban cuando mi ritmo era demasiado lento me obligaría a levantarme, salir a la calle con el brillo de los domingos en la cara y tratar de comerme el viento como si él estuviera conmigo.

Pero hace sólo un mes. Y tengo mucho frío.

11 comentarios:

Mariluz Arregui dijo...

Un abrazo,

ánimo...

Rukaegos dijo...

Muchas gracias, Mariluz :)

Alfonso dijo...

Te mando un ladrillo roto para que vayas reconstruyendo la casa. Ya verás que aunque roto, la casa no se cae. Además tendrás mucha gente pendiente para que no ocurra. Un abrazo.

Elena dijo...

Qué texto tan bien escrito, Ruka, qué precisión. Me apunto, con tu permiso, ese certero resumen de lo que el amor, el mejor amor, el verdadero, el cinco estrellas, debe aportar: "paz y desafío" (me han venido los ecos, al leerte, de lo que escribiera hace muuuuuuucho tiempo, a propósito de la mirada de su amada, otro que sabía bastante del amor: "enciende el corazón y lo refrena").


Y con esas mismas palabras que concentran el perfume de lo que supuso encontrar a Leo, debes vencer al dolor de que ahora hayas tenido que dejarle marchar. La serenidad, como bien escribes, es la clave, la piedra de toque sobre la que construir un día a día en el que el llanto no sea tan frecuente como para desfigurarte el rostro, ni la angustia tan paralizadora como para impedirte seguir relacionándote con el mundo. Pero en esa serenidad, en esa "paz" que ahora, al menos en momentos de desesperación, acaso te parezca una especie de claudicación, hay un desafío constante, humilde en sus contornos, casi imperceptible, pero tan rotundo, en realidad, como gritarle a la muerte que sigues vivo y que la vida sin él, precisamente por el desafío que representó la vida con él, se ha convertido en un desafío que alguien como tú no puede dejar de practicar.

Así que adelante, desafiante. Se irá suavizando lo más doloroso y lo bueno no perderá ni un resplandor de su brillo (¡no hay fotoshop comparable al de la memoria de los vitalistas!), y lo alucinante es que la belleza de lo perdido no te impedirá avanzar, sino que será una incitación como lo es para el marinero ver la amada costa que se aleja al otro lado de la vela.

Cómete el viento. Y abrígate.

Montones de besos.

Anónimo dijo...

Un abrazo. Bernar

Anónimo dijo...

Me emociono tanto cada vez que hablas de Leo, pienso que es muy buena terapia, el que compartas con todos tus recuerdos tan vivos, aunque entiendo lo díficil de la situación...un abrazo muy fuerte
la cuadros-kurdos

Anónimo dijo...

animo regi, a seguir adelante,

Estas ganas de verte limitan al sur
Con la agonía de no tenerte
La nostalgia de un beso
Llena el aire en que no estas
No me sirve el recuerdo
Y ni siquiera una promesa de amor eterno
Me golpea en silencio

FACU.....
El dolor de estar sin ti

Diego Fernández dijo...

Querido Regino: cómo enviar a través de Internet el abrazo que me gustaría darte...
Mucho ánimo,

Diego

Amélie Poulain" dijo...

"No hemos de hurgar en los recuerdos y entregarnos a ellos, como tampoco miramos continuamente un valioso regalo, sino sólo en ocasiones especiales, para guardarlo el resto del tiempo como un tesoro escondido de cuya posesión estamos seguros. Entonces emanan del pasado una alegría y fuerzas duraderas."

Je t'embrasse très fort.

Teresa dijo...

Pero que bien amueblada tienes la cabeza, por Zeus. Y ya sabes que en nuestra pequeña medida te abrigamos con nuestro cariño y respeto. Un abrazo de madrugada de domingo lluvioso y frío.

isabel dijo...

Que hermoso lo que escribes y lo que sientes, Regino. Un abrazo enorme y toda la fuerza...

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