lunes, noviembre 08, 2010

DÍAS TÓXICOS



El otoño no ayuda. Tampoco la lluvia insistente de estos días. Mucho menos las sombras, emboscadas en cada cajón de casa, en cada calle de Santander, en cada costumbre que ahora se revela idiota, como la de comprar en Lupa lo que le gustaba a Leo y que yo no soporto. Sobre todo las lágrimas que siguen aflorando por sorpresa, sin ser invitadas.

La cabeza da vueltas tratando de encontrar una explicación para su muerte, para la muerte obscena de un muchacho de 32 años, lleno de proyectos y energía, al que devoró el cáncer sin darle tiempo, sin darnos tiempo, a completar el catálogo de sueños.

No sabéis cómo entiendo a Quevedo y su "dios nos libre del doctor", cómo a la Tía Chavita o a mi madre, alérgicas a las consultas. Porque son tantas las preguntas que giran en torno a la medicina y sus protocolos, tanta la rabia que apunta en esa dirección. Y es que primero fue mi padre, que murió tras una intervención delicada sí pero de trámite, tras permanecer diez días ingresado y sin recuperarse al ritmo lógico, sin que nadie en el hospital se diera cuenta de que se le habían saltado los puntos y se estaba desangrando. Hasta que no hubo remedio.

Y ahora Leo, mi Leo. Y ya sé que el cáncer es una enfermedad que no tenemos controlada, que se desborda a veces. Pero no tengo claro lo que pueda haber pasado, y esa incertidumbre resulta demoledora. Sí, un tumor, un tumor grande con demasiadas raíces, pero un tumor que fue extirpado y del que recuerdo como si fuera hace diez minutos la primera evaluación de oncología, en la que se descartaba de manera rotunda que las raíces que no habían podido ser limpiadas pudieran activar la enfermedad. La propuesta de ocho sesiones de quimioterapia, no demasiado agresivas nos dijeron, para prevenir complicaciones. Y de pronto, la aparición de un nuevo foco especialmente virulento que se lo llevó en tres semanas.

¿Hubo un error de apreciación, continuaba en junio "tocado" y hubiera sido necesario un tratamiento más agresivo desde el primer momento? ¿Fue correcta la apreciación inicial y se les escapó en los análisis realizados cada tres semanas que algo se iba torciendo -porque el escáner que detectó la segunda mancha lo solicitó Leo, a medio camino, convencido de que le iban a suspender el tratamiento y de que podría ir fortalecido a Uruguay en Navidades-? ¿Era la situación de altísima gravedad desde el primer momento y alguien se consideró con derecho a ocultarnos la realidad, impidiendo que Leo pudiera despedirse de sus amigos y su familia al otro lado del Atlántico, impidiendo que pudiera suspender cuentas y obligaciones, impidiendo que pudiera viajar a Roma o a alguna de esas ciudades que le llenaban la esperanza?

Y encima, pongo la tele un rato para desconectar y se les ocurre emitir un documental sobre la transformación urbana de ese Montevideo que ya no podré recorrer de su mano.

Han quedado tantas cosas por hacer, tantas palabras que decirse, tantas preguntas sin respuesta, tanta rabia, que ni siquiera me sirve de consuelo la seguridad de haber estado en todo momento a su lado, de haber tratado de que fuera feliz, de saber que haberle tenido a mi lado fue un don que me regaló la vida.

8 comentarios:

Blenda dijo...

¡¡¡Rabia!, sentimos todos los que te apreciamos, ¿cómo no vas a tener tú ese sentimiento?. Esas preguntas que ahora pasan y dejan huella son lógicas y normales, de no existir, no SENTIRÍAS. No obstante, toca caminar hacia adelante, sonreír, ampliar el catálogo de sueños....... VIVIR. Un abrazo que desea que tu CORAZÓN lata feliz.

Biografía dijo...

Me he quedado absolutamente noqueado, Regino. No sé qué decirte. Ya lo has escrito tú todo más arriba. Lo siento, inmensamente. Hay dolores que no son compartibles. Abrazos, abrazos, abrazos.
Alejandro Céspedes

Rukaegos dijo...

Blenda, prometo quedar contigo la próxima vez que regreses a Santander. Estos días he sido todo un grosero y ni siquiera he contestado a tus mensajes (bueno, a los de nadie).

Alejandro, pensé llamarte para darte la noticia pero con mi último cambio de teléfono se me perdió el tuyo. Esperaba a estar un poco más sereno para mandarte un correo.

Por cierto ... ¿sigue apeteciendo presentar en Santander "Flores en la cuneta"?

Blenda dijo...

No prometas. No te generes obligaciones innecesarias. queda cuando te apetezca. Aunque ya sabes, que encantada de hacerlo cuando sea el momento. BESOS.

Alfonso dijo...

Ay Regino yo me hago las mismas preguntas que tú. Si estaba bien mi hermana, si fuimos en junio y el óncologo la vió cojeando y le dijo que era ansiedad y al mes fuimo y era un tumor cerebral.
Por qué no me di cuenta yo antes de aquella nota de la compra que le dió a mi tía, con letra temblona , que me hubiera hecho pensar en algo neurológico. Para qué estudiar Psicología si no te das cuentas de las cosas.
Por qué sigo por las mañanas cogiendo el móvil cuando llego al trabajo para dar un toque a un número que ya no existe.
Yo no me voy a acostumbrar. Me niego a olvidar, aunque el precio sea sufrir.
Mientras yo lo único que puedo hacer por ti es leerte. Pero ambos sabemos, por lo que hemos sufrido, que estamos supersensibles, y que cualquier gesto de cariño es multiplicado por mil o por un millón. Abrazos desde Andalucía.

Lobogrino dijo...

Estoy por "acercarme" a Santander a darte un abrazo...
Cuenta con toda mi energía y ten claro que estoy a tu lado aunque no nos conozcamos.
Un abrazo infinito.

Elena dijo...

Entiendo que el otoño no ayude; ni siquiera la metáfora de la siembra puede ayudar, dado que se siembra mucho después. Pero si es otoñal el arado, y arar también es construir, también implica tener esperanza.

Arar el alma para que entre el aire, para que se ventile el dolor y para que el agua -aunque sea el agua de la heladas- circule más y mejor.

Ay, los médicos... Odi et amo. En fin...

Montones de besos.

Amélie Poulain dijo...

"Aquel día de muchas lágrimas, fue también un día de muchos besos, como si los abrazos ya no fueran suficientes, como si todos necesitáramos más, dar más, recibir más, besarnos para protegernos, para reconocernos, para sentirnos seguros."

Un fuerte y cálido abrazo.

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Un Santander Posilbe by Regino Mateo is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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