sábado, diciembre 13, 2014

JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ Y LA INDIGNIDAD EN CALIENTE


La indignidad de ciertos personajes públicos con tendencia al vómito verbal es tan grande que supera incluso la escasa sensibilidad de los integrantes de la ONG creada hace años en el blog "Imbéciles Sn Fronteras". Más allá de los delirios de los tipos allí acogidos, entre los que se contaba ya Jorge Fernández Díaz, ministro del interior del Gobierno de España, hay declaraciones que ni siquiera nos permiten la ironía y nos obligan a acudir a los versos de Machado, don Antonio, para poder encontrar una descripción suficiente que no caiga en el estrambote ni en los abismos de lo soez. 

"Mala gente que camina
y va apestando la tierra".

¿Qué mejor forma de describir al que luce en la foto su mirada torva? Sin duda, Jorge Fernández es mala gente que deja peste a su paso y a su verbo. ¿O piensan ustedes que alguien que no tenga el alma más negra que el culo de un cuervo es capaz de decir, como este sujeto, con ademán chulesco en Antena3 para responder a tantas personas, a tantas instituciones horrorizadas ante la Ley Mordaza en general y ante la particular cuestión de las infames "expulsiones en caliente" que su ministerio practica fuera de la ley nacional hasta ahora, fuera de la ley internacional y desde luego y siempre fuera de la vergüenza que "Si me dan la dirección donde a esa pobre gente los podemos trasladar y garantizan su manutención y que les dan trabajo le aseguro que les enviamos. Pero hay mucha hipocresía". 

¡Pues claro que hay hipocresía! ¿No les parece hipocresía suficiente que el de la mirada torva se exhiba como cristiano por los medios, las calles y la vida, que vaya escupiendo a los demás lecciones de moralina como el fariseo de la parábola cuando no sólo parece ignorar las bases esenciales de la religión que dice practicar (qué hay del mandamiento del amor universal, qué de la caridad, qué de la imprecación de Jesús "cada vez que dejásteis de hacerlo con uno de éstos más pequeños a mí me lo hicisteis" a quienes despide de su lado como malditos y enviándolos al fuego eterno) sino que además no parece parar mientes ni en las críticas de la propia Iglesia Católica ni en campañas como la de "Salvemos la hospitalidad" brotadas precisamente en su ámbito? Y eso sin olvidar el insulto que se embosca en las palabras de Fernández Díaz, acusándonos a los españoles de hipócritas sólo para justificar la indecencia cruel de sus disposiciones, de su gobierno, de su partido. Un insulto contra muchos hombres y mujeres que trabajan duro para que las condiciones de vida de los más desfavorecidos sean mejores, para acoger a quienes llegan a nuestro país huyendo del hambre, de la muerte, de la tortura o de la miseria, que patean despachos intentando arreglarles los papeles que el gobierno se encarga sistemáticamente de denegar. Pues claro que hay miles de españoles dispuestos a acoger a la humanidad miserable y sangrante de Melilla y de Ceuta, a los ateridos que sobrevivieron apenas en el genocidio oceánico de las pateras del que para nuestra vergüenza somos responsables.

Pregunta este tipo hipócrita, malo y torvo si le vamos a enviar nuestras direcciones. Como el ministro del interior es él, y lo es en un gobierno que no parece parar mientes en la defensa de los derechos humanos, estoy completamente seguro de que alguno de sus servidores estará leyendo este blog, de que sabrán quién no se oculta tras el pseudónimo de Rukaegos, y sabrá perfectamente cuáles son mi dirección, teléfono, declaración de la renta, puesto de trabajo y tarjeta de la Seguridad Social. Así que puede contar conmigo para acoger a una de esas personas a las que él despide a golpes hacia la miseria. Yo, que no soy opulento como Fernández Díaz, que no vivo del cuento desde hace año como Fernández Díaz, pero que soy mucho más rico que él en lo que importa, en corazón, brindo mi casa y si hace falta la ayuda de mis amigos para salvar a una persona. Aquí le queda público el desafío, pero se lo haré llegar también por correo electrónico al Congreso de los Diputados y pro correo postal al Ministerio. Porque como dice el Talmud, quien salva la vida de un hombre, salva a la humanidad. A sensu contrario, "señor" ministro, quien permanece impasible ante la miseria, quien se ceba en sus golpes con los más débiles, quien abusa del pequeño, está matándonos a todos, está matando lo poco que a estas alturas pueda ya quedarnos de humanidad.

viernes, diciembre 05, 2014

DE CONSEJERAS CIEGAS Y PERROS INVISIBLES



Que un perro abandonado en una perrera o recogido en una protectora sea vejete es causa grave de invisibilidad para los posibles adoptantes; que sea feote le vuelve también invisible, como le vuelve invisible no ser de raza, o pertenecer a razas con leyendas urbanas sobre nerviosismo o agresividad. Paradójicamente, contribuye a su invisibilidad el ser grande o muy grande. Y si coinciden en un pobre perro dos dos o más de estos factores, sus posibilidades de encontrar familia rozan el concepto de Expediente X

Leo en El País  (http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/12/03/madrid/1417633234_859581.html) una preciosa última página en la que se nos cuenta la historia de Chacho, vejete y grandullón, mezcla de mastín y pastor alemán, en definitiva, un caso perdido. Un caso perdido que encontró tras muchísimos años de espera a su familia, gracias en buena medida al programa que en la Comunidad de Madrid apuesta por el Sacrificio Cero desde el Centro Integral de Acogida de Animales de Colmenar Viejo y que además de garantizar una vida tranquila a quienes tuvieron la mala suerte de tropezarse con el humano equivocado, ese tipo de gentuza que convierte al ser humano en escoria y que se piensa que una mascota es un juguete, un objeto o un saco de boxeo. Una vida tranquila en la que al contrario de lo que ocurre por otros lugares con buena parte de esos lugares llamados perreras donde tantas veces continúa el maltrato, se come apenas, higiene nula y atención veterinaria cero, ya que pasado un cierto tiempo sin adoptante el animal viaja a la inyección letal y al horno crematorio para hacerse todavía más invisible en forma de humo.

Pues sí, que gracias al programa de los "perros invisibles" se desarrollan nuevas estrategias y campañas para que los feos, los grandullones, los mestizos, los nerviosos, los abuelos tengan también una segunda oportunidad que además sea la que se merecen, la buena.

Tengo que decir que me sorprendió encontrarme con el Consejero de la CAM responsable del área sosteniendo e impulsando este programa de los invisibles. Porque por Cantabria la peor causa de invisibilidad para las mascotas y animales víctimas de maltrato y abandono es una consejera ciega y ausente que, al menos, nos ha dejado perfectamente claro y negro sobre blanco que el bienestar animal del que es máxima responsable en esta comunidad autónoma le importa una mierda.

O lo que es lo mismo, que tras meses de administrativo y despectivo silencio, por fin hace un par de semanas dio respuesta … ¿respuesta? … a la batería de preguntas que sobre bienestar animal en Cantabria le había presentado la diputada del PSOE Chabela Méndez y en la que inquiría por los datos de sacrificio en las diversas perreras municipales en los últimos ejercicios, el destino de los animales abandonados en municipios sin servicio de recogida, los controles sanitarios y de implantación de chip, las realización de campañas sobre esterilización, adopción o cuidado responsable de mascotas, las sanciones impuestas por malos tratos, la atención específica a todos estos problemas en el mundo concreto de la caza, colaboración con asociaciones protectoras, etc. Respuestas que en resumen podemos clasificar en varios grupos.

a/ Aquellas en la que sin más se nos dice que se trata de competencias municipales (pero , ah, la competencia del bienestar animal y políticas animales es de la comunidad, así que debería inspeccionar, controlar y conocer qué pasa en las perreras, muy señora mía)

b/ Aquellas en las que se limita a hacer vagas alusiones a leyes y reglamentos que, como están publicados en el BOC, nos sabemos todos. Pero es que lo que se pedían eran datos y compromisos, no letras vacías.

c/ Aquellas que confirman que el tema no interesa, que a las protectoras se las despacha con unas pequeñas miserias que no dan ni para pienso y que no llegan nada más que a dos de ellas y que nunca la Consejería ha perdido el valioso tiempo de la consejera o de sus funcionarios realizando campaña alguna sobre mascotas, abandonos, maltrato o tenencia responsable. Claro que estas eran preguntas retóricas, doña, eso lo sabíamos todos también.

En fin, que viene a quedar claro que a Blanca Martínez y su equipo, habituales en festejos taurinos y ferias de caza pero permanentemente ausentes en protectoras y campañas animalistas, unas cuestiones tan sensible como el maltrato y el abandono, les resultan completamente ajenas, y que su política es la tan liberal máxima del dejar hacer, dejar pasar.

Lo dicho, en fin. Que a lo mejor el problema no está tanto en la existencia de perros invisibles sino en la grave ceguera de una parte de la sociedad, de una parte de las instituciones (dense un paseo por el Ayuntamiento de Santander y pregunten al equipo de gobierno para que les despida como suele con cajas destempladas si se les plantea el tema) y de políticas como la Consejera de Ganadería, Pesca y Medio Rural del Gobierno de Cantabria, que prefieren no enterarse de cuáles son sus obligaciones, responsabilidades y competencias mientras degusta unas alubias con liebre.



jueves, diciembre 04, 2014

THE ZOMBILAPIO EXPERIENCE


Andaba yo trajinándome el pan mío de cada día en mi habitual puesto de trabajo cuando hizo su aparición por mis dominios un extraño personaje. Tan lenguaraz como Logorrea y tan trompeta de la muerte como las Parcas de Autobús, línea cinco, personajes todos que conocen bien los lectores de este su blog. Irrumpió, pues, en mis territorios diciendo …

"Hola buenos días, soy esculapio y tengo 83 años, pero no los aparento. ¿A que nunca diría usted que tengo 83 años?" 

Sorprendiome y hasta divirtiome tamaña muestra de coquetería en un hombre, hombrecito más bien, del Señor. A pesar de que mi neurona en subconsciente activo decía, malévola y canalla, "En efecto, no aparenta usted 83 sino más bien 183". Fue ahí cuando me di cuenta de que sin quererlo ni esperarlo estaba bloqueando la única puerta una de las criaturas más temidas del barrio, El Escolapio Zombi, por nombre común Zombilapio.

Tomé asiento, ofrecile, galante, asiento (¡craso error, por san José de Calasanz!) y me aferré a la silla para no desplomarme víctima de alguna subespecie de vértigo o pánico mientras el Zombilapio daba inicio a su perorata, que transcribo más o menos tal cual.

"Es que ya sabe usted que Freud era materialista, racionalista y científico, que yo tengo muy pero que muy leído a Freud (atención, digresión, "¿Pero Freud no era herejía y desviación?") y como se queda ahí, pues él sabía que de abajo viene la vida (gesto de mano que surge de la tiniebla y asciende hacia la luz o mano-Caroline) y que la vida es comer y reproducirse. Pero si la vida fuera o fuese sólo comer y reproducirse pues nunca tendríamos bastante ni nos saciaríamos y yo necesitaría por lo menos por lo menos cinco mil mujeres (atención, digresión, "Menos lobos, Caperucito") y por eso la mente que es el espíritu que es el alma, que ya se estará preguntando usted de dónde viene el alma, pero es que yo no he venido aquí como sacerdote ni como creyente, por cierto ¿es usted creyente?, bueno ya me imagino que mucho no, porque el mal de Europa es que todo el mundo es mucho no, y así nos luce el pelo, aunque a usted no le luzca tanto, qué quiere que le diga. Pues eso, que el alma y el espíritu (gesto de mano de arriba hacia abajo enroscando un tapón hasta encontrarse con la mano de la vida, la que va de abajo arriba) le dice ¡NO! mujeres sólo una. Y claro entre la vida que quiere cinco mil mujeres y la mente que dice sólo una hay un choque que provoca la tensión que a su vez provoca la ansiedad que a su vez provoca las enfermedades psicosomáticas y obliga al cerebro a la isquemia. Y claro, entonces aparece el cáncer".

Durante el breve instante que precisa el Zombilapio para tomar aliento, digo, falsamente interesado y definitivamente amable, maldiciendo la exquisita educación que me indujeron freudianamente mis padres y mi viejo y querido Colegio Antares:

"Ahá, ahá"

"No le veo yo muy convencido, oiga, porque ¿estudió usted en los esculapios? tiene cara de haber estudiado en los escolapios, pero ya sé que esto a veces no está claro, porque se lo digo a los médicos y claro, como ellos ya tienen su vida hecha y su chiringuito montado pues me dicen que no, que no lo ven claro, y también me lo dice un profesor de aquí, del colegio, de los escolapios, que es prisionero del razonamiento, que tampoco lo ve, así que claro, como la vida (gesto de abajo arriba) se impone y la mente trata de controlarla (rosca de arriba abajo) pues el caso es que ayer tuvieron que operarle de un paralís que le había dado entre el anular y el corazón de la mano izquierda, cuando todo se podía haber solucionado de una forma mucho más fácil. Sí señor, porque si el problema es que las enfermedades son todas psicosomáticas, que yo nunca estuve enfermo del cuerpo pero si del psicosomatismo ese, que estuve paralítico cuando se murió mi padre pero ahora ando (atención, digresión "¡Milagro, milagro!") y siempre me he curado porque con la mente uno puede. Así que viene la vida (abajo arriba) , pero la mente la aturde (arriba abajo) y viene la ansiedad y de la ansiedad el cáncer. Y la mente vuelve, controla a la vida, controla la ansiedad y el cáncer va y se cura. Porque Freud, que era racionalista, sólo ve que la vida sube (abajo arriba) pero no sabe qué hacer con la mente (arriba abajo) porque claro, no es capaz de preguntarse qué pasa con la vida, de dónde viene la vida, porque sabemos que te comes un garbanzo o una chuleta y en tres horas ya es parte de nuestra carne pero …¿quién permite que el garbanzo y la chuleta sean la vida? (abajo arriba) ¡Dios! Pero yo no he venido a hablarle de Dios, ¿cree usted en Dios?, es que ahora hay gente que no cree en Dios, y claro, entonces acaba en el hospital con paralís entre el índice y el corazón (atención, digresión, miro el reloj, lleva una hora disparatando "¿Te callarás alguna vez, maldito?") que vaya usted a saber cómo le queda la mano después de la operación. Pero yo me curé solo, que no podía andar y ahora ando (atención, digresión "anda y habla, vaya que si habla").

"Ahá, ahá"

"Así que lo que le propongo, porque dirá usted a qué viene aquí este cura loco (atención , digresión "En lo de loco ha acertado, en lo demás no, no señor, no me digo nada ni me interesa nada y cállese por el amor de Calasanz") y es porque quiero saber si usted me puede encontrar cinco personas, o seis, para explicarles que la vida (abajo arriba) es controlada por la mente (arriba abajo, siempre en rosca) y por eso está la ansiedad , que yo para satisfacer la vida que es comer y reproducirse necesitaría cincuenta mujeres (atención, digresión, "¿pero hace un rato no necesitaba usted cinco mil? ¿no será que lo que necesita usted ahora es un colocón de viagra?") pero la mente dice que una y yo entones me caso pero me busco otras cinco (atención, digresión, "cada vez menos, eh pillín") pero no quiero que la una se entere de las cinco y entonces mis neuronas me dicen que lo oculte y que mienta (atención, digresión, "las mías ya no dicen nada, se han autodestruido hace tres cuartos de hora") y eso también produce ansiedad y por lo tanto cáncer. Pues eso, que yo puedo enseñar estas grandes verdades a cinco personas, y así ellas podrán enseñar a la gente a curarse el cáncer y hasta el dolor de espalda, porque aquí tengo un libro sobre cómo curar el dolor de espalda y las infecciones de trigémino, y ellos enseñan a más gente, pero ellos cobran, y así pueden ganar, mire mire, que tengo hechas las cuentas, pues hasta veinte mil euros al mes, o hasta más, y así ellos enseñan a mucha gente y esa mucha gente en su casa enseña a mucha otra gente y gana también veinte mil euros y así y así y así hasta que se acabe el paro en España, porque así es como de verdad se puede acabar, que yo lo tengo clarísimo, porque esto es como los sentidos, que son cinco ordenadores que tenemos, porque yo veo un cuadro y lo proceso y luego me acuerdo de un árbol y de un paisaje , o escucho sonidos y me acuerdo de una canción y luego la canto por ejemplo Cara-al-sol-con-la-camisa-nuevaaaaaaa (atención,digresión, "no tiene usted gusto ni nada para recordar canciones, jodío zombi, me tiene que saltar con el cara al sol, yo lo matoooo"). Y entonces pues eso, que me busca cinco personas y acabamos con el cáncer, y con el dolor de espalda, y con la gripe aviar, y con la ansiedad esa que produce que la mente (arriba abajo en rosca) trate de controlar la vida que es comer y reproducirse (abajo arriba), pero no la puede controlar del todo y por eso nace la concupiscencia ¡LA CONCUPISCENCIA! AHHH, pero la concupiscencia es mala porque lo de arriba viene de Dios aunque yo no he venido a hablarle de Dios y lo de abajo viene del Demonio y es malo malísimo malo y … "

Hora y media después estoy aquí, en la cafetería de al lado, tomando una tila, tres trankimazines y esperando a mi camello habitual para que me traiga de todo. No quiero volver a mi trabajo. El Zombilapio sigue allí, y habla, y habla, y habla, y grita ¡Concupiscenciaaaaaa! y se emociona y hace gestos. De abajo arriba y de arriba abajo (en rosca). Tengo miedo.

viernes, noviembre 21, 2014

PATERNALISMO SANITARIO CON RECETA



Hace ya muchos, muchos años, ya casi 40, me diagnosticaron una alergia a los ácaros del polvo y a cierto hongo cuya presencia se relacionaba con la humedad ambiental. Como tantas otras alergias, se manifestaba esta vieja amiga en forma de rinitis, picazón y enrojecimiento de ojos y, la peor parte, crisis de asma. A parte de recomendarme que me mudara a Palencia (al parecer a los ácaros no les mola el clima castellano) y paciencia, y de intentar una vacuna que no tuvo demasiados efectos positivos, el médico de entonces (confirmado por los del medio y por los de ahora) me recetó un inhalador para las crisis asmáticas llamado Ventolín.

El Ventolín provoca la dilatación de los bronquios, de tal manera que te permite, si detectas la crisis, evitarla (y con tanta experiencia, ya se imaginarán ustedes que uno tiene clarísimas las señales) y si la crisis irrumpe solucionarla de la manera más rápida posible. Y os puedo asegurar que aunque duren segundos, una crisis asmática fuerte es una eternidad de angustia. En su dispensa farmacéutica, estaba previsto creo que desde siempre que se precisaba receta médica, pero en la práctica y durante tantos años jamás me la habían pedido hasta hace dos semanas. Parece que las inspecciones se están endureciendo y que el Ventolín ha entrado en el club de la droga dura.

Lo descubrí en medio de una crisis, más o menos ligera pero bastante evidente, en la que a pesar de mis jadeos en una farmacia se negaron a proporcionarme el tubito salvador. Confirmé más adelante el descubrimiento en dos farmacias digamos amigas, donde me explicaron el problema de las inspecciones. Así que si como supongo mis reservas se terminan este fin de semana (llevo un noviembre complicadillo) , tendré que ir a saturar (todavía más) el servicio de Urgencias o en el mejor de los casos esperar al martes o miércoles para conseguir la maldita receta de mi médico de cabecera. Al coste de un par de horas de trabajo, claro está. 

Según lo que leo en los decretos y normas sobre medicamentos con prescripción, la exigencia de receta no se basa en general en que nos encontremos ante peligrosos estupefacientes o drogas alternativas a las de consumo habitual, sino en que según nos cuentan su mala administración podría provocar problemas varios o su abuso restar eficacia al mejunje. Es decir, una explicación que encaja de lleno en el problema político y filosófico del llamado Paternalismo : un estado que nos trata como a menores de edad, incapaces de actuar con racionalidad en nuestro propio provecho. No tengo ningún interés especial en ponerme de Ventolín, no se trata ni de un capricho ni de un chute. Sobre todo no me apetece nada que un fármaco que me ha acompañado con tanta eficacia durante tanto tiempo pierda su eficacia. No soy adicto ni nada que se le parezca, como pueden demostrar las largas, a veces larguísimas, temporadas sin inhalación alguna. Y de verdad que me toca mucho las narices tener que atravesar los peligrosos otoños y otros posibles tramos de riesgo dependiendo de la cercanía de un médico para poder adquirir un producto que me resulta imprescindible y que llegado un caso extremo podría llegar incluso a salvarme la vida. 

Pero como no queda otro remedio, me haré con la receta, intentaré que sea una de esas electrónicas y seguiré consumiendo Ventolín cuando lo precise, con la misma racionalidad, con el mismo sentido común de estos años.

Eso sí, dejo por escrito que si en algún momento una crisis fuerte de asma me provoca algún accidente, me hace sufrir alguna consecuencia, desde aquí exijo que se pidan responsabilidades a esa ministra estúpida e incompetente y a los directivos a su servicio. Porque ya que sea Ana Mato la que me trata a mí como a un débil mental me parece el colmo de los colmos.

lunes, noviembre 17, 2014

CASUALIDADES "DE CINE"



Se encuentra la Filmoteca Regional de Cantabria desarrollando un ciclo en homenaje al cántabro Jesús Garay, un ciclo en el que se revisa la mayor parte de su filmografía y en el que los primeras carteles anunciaban para el jueves 20 la proyección de Manderley, presentada en su día como "Una tragicomedia gay de Jesús Garay" y protagonizada entre otros por el mítico Ocaña.

Apuntada en la agenda (era yo muy chico cuando se estrenó, era más que improbable que una película del entorno underground llegara a Reinosa y además, si la memoria no me falla, recibió aquella peculiar clasificación "S") caigo en la cuenta durante uno de los paseos caninos que con frecuencia me llevan a recorrer la calle Bonifaz de que al renovarse la cartelería de la Filmoteca ha desaparecido como por arte de ensalmo "Manderley". Me choca, porque ni siquiera aparece el título corregido y enmendado, Simplemente, parece que no llegó a la imprenta. Empiezo a pensar que tal vez haya sufrido alucinaciones cuando en el mismo paseo recuerdo que unos meses antes me ocurrió lo mismo con la triunfadora de Cannes La vida de Adèle y todavía un poco más atrás con la británica Weekend , cuyo cartel ocupó todo un mes el espacio publicitario de la institución cultural. El mismo caso en ambas, aparecieron en el avance del mes siguiente con las fechas del pase detalladas y ambas desaparecieron misteriosamente cuando ese avance daba paso al cartel con el programa definitivo. Como esto es Santander y nos conocemos casi todos, expresada mi perplejidad en un grupo de conocidos alguien recuerda que me falta en la lista otro título de idéntica aventura: Una habitación en Roma.

Claro, todo el que haya tenido en sus manos la responsabilidad de programar un ciclo cultural cualquiera sabe que hay riesgo de que de tanto en tanto algunas circunstancias no previstas provoquen una cancelación u obliguen a una sustitución. De hecho, ha habido más bajas, en general aplazadas que no suprimidas, entre las películas anunciadas. Pero no deja de llamar la atención una coincidencia entre los cuatro títulos mencionados: las cuatro películas centran su argumento en las relaciones gays o lésbicas (dos y dos) y en las cuatro aparecen escenas de sexo más o menos explícito.

Dado que considero fuera de toda sospecha a la Filmoteca, que ya ha mostrado en público su decisión de exhibir estos títulos me pregunto : ¿Habrá un extraño virus en las distribuidoras cinematográficas que deteriore todas las copias disponibles de las películas con ambas características, temática lgtb + sexo explícito, o simplemente las afectadas por la primera parte del binomio?  ¿No será más bien que el peligroso virus de la lgtbfobia ha infectado las neuronas de nuestras autoridades culturales? 

Y es que tal vez no sea demasiado arriesgado recordar que de los mantras que definen la ideología del Partido Popular, liberal-conservadores inspirados en el humanismo cristiano, poco vemos en la sucursal cántabra ni del adjetivo liberal ni de lo que podría vincularles con las democracias cristianas europeas, escindidos sus miembros más señeros entre los posibilistas sin ideología alguna y los conservadores tirando a rancios y ultras. Es más, si esas señas de identidad son generales en el gobierno de Ignacio Diego, se acentúan en la cúpula responsable de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte.

Porque dos veces es casualidad, tres pista, cuatro un patrón claro como para pensar que algunos temas resultan escandalosos para las pías jerarquías culturales de Cantabria y que se ha decidido ejercer férrea censura. En concreto sobre dos grandes cuestiones: homosexualidad y aborto. 

Pero claro, seguro que ustedes más bien van a pensar que yo soy un poco paranoico, y que no es para tanto, y que habrá explicaciones evidentes que a mí se me escapan o rechazo por mi propia perversidad esencial. O que, en fin, las casualidades son casualidades. 

miércoles, octubre 29, 2014

LA REDADA


Vuelvo a ver La redada (La Rafle) , la película francesa que nos narró en el 2010 uno de los episodios más vergonzosos del colaboracionismo francés: la redada del Velódromo de Invierno en la que la administración francesa sirvió en bandeja a los nazis a miles de judíos refugiados en París o de origen extranjero. En el Velódromo fueron "alojadas" mientras se preparaba su viaje hacia los campos y hacia esa muerte de la que no regresó ninguno de los detenidos las familias. Miles de niños marcados por la historia con una estrella de David de fieltro amarillo sobre la que estaba estampada la palabra juif.

Siempre he dicho que en narraciones como las que nos recuerdan el horror del nazismo y tantos horrores similares, la utilización de niños es especialmente tramposa y sentimentaloide. ¿De verdad que haya un niño con pijama de rayas es objetivamente peor o más conmovedor que la existencia de la vieja del pijama de rayas, el cobrador de tranvía del pijama de rayas, el joven del pijama de rayas, la planchadora del pijama de rayas? Pero en La redada los niños son necesarios porque fueron protagonistas principales. Y Rose Bosch nos lo cuenta sin excesos, sin sensiblería y, se agradece, buscando una compleja objetividad.

De hecho, si habláramos de La redada como película, tendríamos que limitarnos a apuntar que se trata de poco más que un telefilm de lujo, bien rodado, bien ambientado, bien interpretado y ya. Pero lo que me interesa de la película tiene más que ver con la historia, con la revisión de la propia culpa y la asunción de los fantasmas nacionales. No, no son los nazis más que comparsas secundarios en la película, y lejos de aparecer como monstruos, Bosch acierta al incorporar imágenes del Hitler más dulce y por tanto más desconcertante, el que adora a los niños y a los animales desde su refugio de Berchstesgaden. Son los franceses los que ocupan los primeros planos, dibujados como cobardes plañideros (Petain, desde la Francia de Vichy) . como funcionarios eficaces y grises que quieren limitarse a cumplir con precisión las órdenes, con encantada eficacia tendríamos que decir. La propia población no judía de París, presentada como un conglomerado de sensibilidades bien complejas y bien diferentes, desde los bomberos que desobedecen las instrucciones y se acercan a las familias retenidas en el Vel d'Hiv para darlas agua y recoger sus mensajes de socorro a la enfermera que se somete a la misma dieta de los judíos para demostrar al prefecto sus efectos, desde el vecino que recoge a los dos hijos de la familia de la puerta de enfrente al policía que reconoce a la muchacha judía que escapa pero no la retiene, pero también a la panadera que grita e insulta a los judíos durante la redada, el gendarme que patea a la mujer embarazada para que se dé prisa, el que arranca los pendientes de las orejas de la niña… Todos franceses, todos parte del elenco que en los días que siguieron al 16 de julio de 1942 salió a escena para construir un cuento terrible, un episodio nada glorioso que en los últimos años se ha venido reivindicando con fuerza por las instituciones francesas y por la ciudad de París como la denuncia necesaria de un alma oscura que nunca debería haber aflorado.

Me pregunto también, mientras avanza la película, si España será capaz de enfrentarse alguna vez cara a cara a ese pasado sucio sin las acusaciones ni los bostezos habituales con los que se castiga a quienes osan hablar de la memoria histórica, a desempolvar archivos, a explorar la verdad.

martes, octubre 28, 2014

CUATRO AÑOS SIN LEO


No sé quién fue el que dijo aquello de que nadie muere mientras se le recuerda, así que de alguna manera Leo se ha convertido en un ejercicio de memoria, una presencia constante que aflora cada día en sus fotos, en sus sonrisas, en la ropa que continúa en los cajones, en su lado de la cama, en las canciones que lo recuerdan bailando en algún pub y en las que después de su muerte asocié con el vacío.

Muchas veces he tenido la sensación de haberle fallado. De que podría haberle ahorrado uno o dos disgustos, de que tal vez hubiera sido posible evitar o retrasar lo que resultó al final inevitable. Podría haberle dicho más veces "te quiero", quizás podría haber adelantado el viaje a Roma para que otro sueño llevara la muesca de "cumplido". Y hasta ahora, en este ejercicio sofocante a veces de memoria que no ha llegado a ser ese abismo de la depresión pero lo ha rondado tanto tiempo en ese estado que yo mismo he intentado definir como "tristeza de baja intensidad", tengo la sensación de fallar, de no ser capaz de asentar con suficiente fuerza el recuerdo. ¡Si hasta me he equivocado este año y he pensado que Leo había muerto hacía tres años cuando en realidad fue hace cuatro, como si no fuera capaz de alejar de mí aquel momento terrible en el que colapsó entre mis brazos más o menos a las cinco de la mañana de ese 27 de octubre de 2010!

La vida sigue. De vez en cuando hasta brilla. A veces se transforma en palabras que acabo llevando hacia un poema, otras veces en recuerdos felices de caricias y momentos. Algunos días reina en mis pensamientos el agradecimiento hacia quienes hicieron posible que Leo y yo estuviéramos juntos; otros, sin embargo, el rencor y el enfado que nunca se morirá acerca de quienes nos engañaron o se rieron o nos dejaron de lado, de quienes pusieron cara a la xenofobia y la intolerancia. Siempre los primeros besos, la primera comunión de los cuerpos, ese viaje soñado a París que tanto anhelaba.

¿Qué importará a nadie este dolor tan pequeño, tan insignificante, en medio del dolor del mundo? Seguro que muchos o sol estaréis preguntando. Probablemente tendréis razón. Pero si pierdo este inútil trabajo de quererle que ya no necesita … ¿para qué sirvo?

viernes, octubre 17, 2014

TAUROFOBIA PARA TIERNOS INFANTES


Sí, ya lo sé que ha llovido mucho. Pero me he encontrado por ahí con un cuaderno con temas pendientes de tratar en el blog y tampoco hace falta ir siempre al hilo de la actualidad. Porque no es la primera vez que pasa y me temo mucho que no va a ser la última. 

El caso es que el concejal de juventud de Santander nos contó allá por los comienzos del verano y la Feria de Santiago que entre los objetivos de su concejalía era el de acercar la tauromaquia, taurofobia o como más les guste al "público familiar" , para que los niños de hoy sean los tendidos de mañana. Supongo que nuestras autoridades son conscientes de que esa fiesta nacional tiene muy poco de fiesta y cada vez menos de nacional o popular, seguro que conocen los estudios en los que se nos señala que no llegan al 10% de los españoles los que señalan haber asistido a algún espectáculo taurómaco a lo largo del año, y que los pingües beneficios que algunos espabilados obtienen de la tortura animal andan en peligro como siga creciendo la sensibilidad social en contra de semejante tradición (esa por la que nuestro José María de Pereda denominó al ser humano "el peor bicho") y se junten quienes optan por la prohibición y quienes simplemente la dejarían morir de aburrimiento retirando todo tipo de subvención pública. Como por cierto este año ya ha hecho el Ayuntamiento de Torrelavega, con la socialista Lidia Ruiz Salmón al frente, que nadie sabe muy bien por qué aportaba cierta cantidad a la feria santanderina. 

Santander y otras ciudades están viendo ya desde hace unos años cómo corporaciones, asociaciones y empresarios tratan de evitar la sangría de público convirtiendo el asesinato ritual de animales en una especie de juego hortera, al modo del llamado toreo de salón, con el que divertir a tiernos infantes a los que ponen un capote en la manita para que aprendan a moverlo con trono. Por el momento, no les permiten clavar puyas, banderillas o estoques en animal alguno, porque para que la diversión y el aprendizaje infantiles fueran completos quizás deberían darles la opción de torturar a un animal entre verónica y natural, de salpicarse la carita con su sangre, de matarlo y apuntillarlo mientras observan regocijados cómo el animal brama de dolor y escupe la vida sobre los pantaloncitos cortos. Javier Castaño es el diestro siniestro que ha estado ejerciendo de profesor de toricidios por Santander y otras ciudades norteñas. Imagino que sumando su esfuerzo a los de las aulas castellanoleonesas y castellanomachegas donde se va a impartir la asignatura de tauromaquia, imaginamos que aprovechando las horas robadas a la de Filosofía.  Ya saben ustedes aquel lance del "tiene que haber gente pa tó".

Cuentan las malas lenguas que visto el éxito, y mientras prepara su campaña para hacer un gallardonazo, el alcalde De la Serna y su concejal de juventud andan evaluando las propuestas de otras asociaciones culturales dispuestas a enseñar a los más pequeños a disfrutar con las tradiciones patrias en lo que al trato de los animales se refiere. Y apuntan esas fuentes deslenguadas que se está estudiando un taller de ahorcamiento de galgos en la Plaza de las Farolas , impartido por el mítico y siniestro galgueo Sebastopol Pastueño "Destrozapescuezos", un cursillo de degollado de pollos, en el que sí podrá haber niñas, a cargo de Tía Colasa "La Degollinas", precedidos ambos por el divertido y otoñal taller de Matanza de Gorrinos, en la que la Familia Manson y su famosos cuchillos marca ACME mostrarán lo espectacular del matacío tradicional, con más vísceras y sangre que ninguno. Un puro regocijo para nuestros niños, oigan.

Que por algo gritan los malvados antitaurinos ante las plazas el lema "Vaya educación que dais a vuestros hijos".

jueves, octubre 09, 2014

LA EJECUCIÓN DE EXCALIBUR (Apuntes para una serie de televisión de la productora Marca Ejpaña)


Mientras abro el portátil y me dispongo a actualizar el blog, Gin se ha subido a la cama, se ha tumbado a mi lado y ha puesto su cabeza sobre mi pierna. Me mira con sus ojos siempre curiosos que hoy sin embargo me parecen muy tristes. Creo que me nota enfadado, alterado, que quiere protegerme, que le gustaría saber por qué estoy enfadado, pero no sé cómo explicarle que me duele otro perro, que han ocurrido en España cosas que me hacen sentir inseguro, que la miro y no sé si algún día podría repetirse que unos energúmenos entraran en mi casa sin permiso para asesinarla con toda la impunidad que dan un gobierno de mierda apoyado en una ley de mierda propia de un país de mierda. Tampoco sé muy bien cómo explicarle que estas letras van por Excalibur, pero también por ella y por Gelo.

En fin, intentaré explicarlo al menos para que los lectores del blog sigan el lío de mis pensamientos y cómo analizo enfadado los acontecimientos que nos han llevado hasta el asesinato legal (por tanto, ejecución) de Excalibur en Alcorcón.

1. Un gobierno incompetente y prepotente se enfrenta a un grave problema moral, al solicitar un misionero católico (luego otro), enfermo de ébola, su repatriación. El gobierno incompetente, mientras la ministra pasa unas agradables vacaciones (creo recordar) en la playa, probablemente pagadas … por otros., decide organizar todo un espectacular y carísimo dispositivo para trasladar al misionero. Son muchas y claras las voces procedentes del ámbito médico y científico que recuerdan que en España no hay ningún centro que permita el nivel de aislamiento exigido por una enfermedad tan feroz, por un virus de expansión tan rápida y mortal, recuerdan que el centro mejor preparado ha sido además muy afectado por la política de recortes en la sanidad pública de ese mismo gobierno incompetente. Así que para ocultar esas voces, el gobierno incompetente moviliza a sus esbirros en red y en medios para que llamen canalla y miserable a cualquiera que cuestione el traslado del santo varón. Es verdad, claro, que siendo este país como es, muchos de los que se oponen no lo hacen por argumentos racionales sino porque "es un cura, que se joda". Entre berrido y berrido, el sentido común trata de asomar la cabecita pero nadie le escucha.

2. El gobierno incapaz (no sabemos si la ministra sigue en la playa o ya volvió a su solarium favorito) ofrece un cursillo de media hora para que el personal sanitario que debe enfrentarse al cuidado del enfermo aprenda los protocolos necesarios para su seguridad y la de todos. En tan exiguo tiempo poco cabe esperar de resultado. Pero en la realidad, fallan las chapuceras alarmas y una auxiliar de enfermería (que sepamos y por el momento) contrae la enfermedad. Por supuesto que el gobierno incompetente y sus palmeros se apresuran a culpar a la auxiliar enferma por haber cometido algún error en ese protocolo que prácticamente ni le explicaron, o por haber ido a su médico de cabecera, tal y como le recomendaron los del protocolo, en vez de a un lugar debidamente controlado … Esto … ¿cuál?

3. La auxiliar está enferma y aislada (o algo parecido, visto lo visto) y se lleva a su marido a cuarentena para observarlo y poder descartar el contagio (o detectarlo lo antes posible).

4. Un orco de las montañas pagado con servicio público anuncia que ahora lo que toca es ir a la casa de la pareja y matar a su perro, Excalibur. Nadie sabe si Excalibur es portador del virus, ni siquiera sabemos si el virus se puede contagiar de un humano a un perro. El marido de la enferma se opone y pide ayuda para salvar al animal. Las redes arden y el orco decide que en vez de allanar el piso, pedirá una autorización judicial que se le concede. No olvidemos que en el derecho español un animal tiene el mismo valor que una alfombra, una mesa camilla o unas zapatillas con pompones, y que al contrario de lo que ocurre en otros países, vamos a llamarlos civilizados, no se les concede la condición jurídica de "seres sintientes". Las redes siguen ardiendo y se convoca un cordón defensivo que impida al orco y a los sicarios acceder al piso y asesinar al perro.

5. De nuevo los esbirros del ppoder justifican lo injustificable de la manera más agresiva e insultona posible, y muchas voces dicen que al fin y al cabo es un perro y que hay que ocuparse de las personas. De nuevo, las voces sensatas tratan de asomar en medio del barrizal y explicar que lo lógico sería una cuarentena para el perro, un aislamiento en el que comprobar si es portador del virus del ébola o no, porque de serlo habría que tomar medidas de control en una amplia zona de Alcorcón, pero además porque de ser portador sería importante para la ciencia poder estudiar su evolución y por qué, según parece, el ébola no se desarrolla en los perros … ¿posibles primeros pasos para una vacuna o una curación? 

6. Pero los orcos están en marcha y no van a dar marcha atrás, y su estupidez compulsiva ha provocado cabreo, rechazo incluso a nivel internacional (nuestro gobierno incompetente empieza a convertirse en una terrible amenaza planetaria) y todo un movimiento de simpatía hacia un pobre animal condenado a morir por las culpas, negligencias, sorderas, estupideces, chulerías y desvergüenzas de otros. Los orcos y los sicarios llegan, dan unas cuantas leches a diestra y sobre todo a siniestra, entran en el piso y ejecutan a Excalibur. 

7. El mundo muere de vergüenza ajena, muchos españoles morimos de vergüenza propia. Y sobre todo Excalibur muere sin que nadie haya sido capaz de dar una explicación más allá de la existencia de una ministra tarada intelectual y emocionalmente, de un consejero de sanidad infame, de un policía o director sanitario o algo así de modos autoritarios y precipitados y de un juez que pasaba por allí y no iba a cambiar su hora del café por la vida de un animal que ni le iba ni le venía. Excalibur muere para nada, ejecutado por un gobierno al que no creemos, en el que no confiamos, que nos da asco y rabia, a veces hasta miedo, un gobierno que intentará convencernos a través de sus palmeros de que el perro era portador del virus tras analizarlo post mortem. Pero … ¿quién les cree, quién va a creerlos? ¿si Excalibur no está infectado nos lo dirían? ¿no callarían como los miserables que son?

Gin continúa a mi lado, ofreciéndome ese calor incondicional que solo ellos saben cómo ofrecer. No sabe nada de Excalibur, pero de alguna manera percibe mi ira y mi tristeza. Le prometo en voz baja que nunca dejaré que Ana Mato. que el tal Zarco, que la consejera de sanidad de Cantabria, que los esbirros de ese gobierno incompetente se acerquen a ella, que nunca dejaré siquiera que la miren. Acaricio su cuello, siento su calma, busco la foto de Excalibur para ilustrar esta entrada … Lloro.

miércoles, octubre 08, 2014

UN MINISTERIO PARA MATO


Me da un poco de miedo escribir esta noche en el blog, porque ya se sabe que cuando alguien se ocupa de Ana Mato-Confetti casi de inmediato le llueve por parte de la Brunete Mediática y de los palmeros del Tintorro Party la calificación de machista. Ya nos lo han dicho en infinidad de ocasiones, a Ana Mato-Confetti se la ataca por ser mujer. Me atrevería a decir que por ser mujer-mujer , en la mejor escuela de otra inefable Ana, la Botella. Así que he decidido comenzar aclarando que no voy a hablar de Ana Mato-Confetti por su condición de mujer, sino por su condición de peligro público, por su condición de incapaz, por su condición de inútil, por su condición de indigna. Condiciones que podrían caber y de hecho caben en muchos hombres, pero que aquí y ahora están representados en esta ministra de sanidad con la que Satán Rajoy quiso castigarnos.

¿Alguna vez se habrá parado a pensar Mato-Confetti en el dolor, en el peligro, en el desamparo que han provocado y están provocando sus recortes, aplicados con eficiente mano dura por sus sicarios centrales y sus embajadores en las comunidades autónomas que gestionan buena parte del gasto sanitario? Sabemos de tratamientos que no se han administrado, de personas, sí personas, a las que se niega la asistencia o se obliga a asumir una carga económica imposible por el único pecado de ser extranjeras, de españoles que han muerto lejos de España porque el gobierno se negó a hacerse cargo de su traslado. Mientras Mato-Confetti se ríe en las ruedas de prensa, feliz de haberse conocido. ¿Alguna vez se habrá parado a pensar el ejemplo de podredumbre que representa quien tan cerca estuvo de la Gürtel, quien hizo la vista gorda ante el lujo desenfrenado de su forma de vida, que disfrutó de privilegios con una sonrisa en la boquita, encantada de merecer tanto bien? Nunca preguntó, nunca quiso saber, y tan a la moda hay quienes afirman que sufrió todo por amor y por esa fe profunda que dicen que profesa y que tanto valor da a la indisolubilidad familiar y a sus niños (los otros niños, las otras familias, los otros sufrientes vienen a darle un poco lo mismo). ¿Tendrá hoy tiempo, un segundo siquiera, para pensar cómo su indiscutible torpeza en la gestión de los casos de ese maldito ébola que había contaminado a los misioneros españoles, cómo sus oídos sordos a tantas indicaciones médicas que recordaban que no teníamos capacidad ni niveles de protección y alarma suficientes, que la desdidia y el incumplimiento de los protocolos nos han convertido no solo en un foco de la actualidad internacional -el primer país europeo en detectar un caso de bola- sino en la inseguridad, el miedo, el riesgo a los que nos ha sacrificado a todos los ciudadanos españoles? ¡Y pensar que lo lógico hubiera sido que el ébola hubiese encontrado su caldo de cultivo como lo estarán haciendo -nos tememos- otros virus en el desamparo de los inmigrantes a los que se niega la atención sanitaria!

Hay tantas razones ya por las que Ana Mato-Confetti debería haber dimitido en un ejercicio necesario de responsabilidad política (por consentir la corrupción, por disfrutar de sus beneficios, por destruir el sistema sanitario español, por provocar muertes con sus recortes, por poner en riesgo grave a todo un país) que parece mentira que en ese cuerpo quepan dosis tan altas de desfachatez, de desvergüenza. Tantas razones para cuestionar los méritos de semejante ministra y la salud de un partido y de un sistema que han permitido que alguien sin oficio ni beneficio conocido, sin mérito alguno y con un currículo laboral en cero (huy, perdón, que una vez fue profesora tutora de un centro asociado de la UNED), que uno se pregunta qué pecado mortal hemos cometido los españoles para sufrir entre tanto desamparo y tanto tiempo aciago a semejante personaje en los más altos destinos.

Pero está claro que no, que no va a dimitir, que ni ella ni nadie de su entorno está al tanto de lo que supone tener ese mínimo resto de decencia, que a lo mejor durante sus estudios de Ciencias Políticas faltó a clase el día que explicaron el concepto de responsabilidad política o se le perdió ese tema de los apuntes. Y es que con el caudal personal que aporta, ahora que empiezan a no verse tan fáciles las puertas giratorias. ¿quién querría a semejante personaje cerca, quién le encomendaría función laboral alguna? Así que solo le queda resistir y resistir para cotizar y cotizar, no vaya a ser que los ingresos propios y conyugales no hayan llegado sobre a sobre a construir un patrimonio para que sus niños se críen tan monos y privilegiados como ella.

Pero si se trata de eso, de resistir y de cotizar, uno que es sociataprogre y por tanto castueño irredento propondría una solución que en estos días creo que compartiría una buena parte de la ciudadanía española: Está bien, sea usted ministra, sea alto cargo y terrible carga, continúe cobrando sus pingües mamandurrias públicas, pero hágalo donde no pueda causarnos daño. Que Rajoy la conserve en su gobierno como Ministra de Serpentinas y Fiestas Infantiles, que la envíen a Eurodisney como embajadora plenipotenciaria, que nos represente a todos como Alta Comisionada para el desarrollo de los coches de lujo, pero por favor, señora Mato-Confetti , no continúe desacreditando a la sanidad española, no siga sembrando dolor, deje de ponernos en peligro: nos va la vida en ello.

martes, septiembre 30, 2014

LAS PARCAS (Fauna de Autobús)


Al contrario que Caperucita, elijo para regresar a casa el camino más largo. No tengo gran cosa que hacer, llevo en la mano Sebastián en la laguna, de José Luis Serrano, y una larga tirada en la Línea 5 parece una disculpa estupenda para sumergirme en la lectura de unas páginas hermosas y sutiles como esta calma del final de esta tarde primeriza de otoño. 

La Línea 5 es, en el Servicio Municipal de Transportes Urbanos de Santander, toda una novela por sí misma. No es la única que en su recorrido abandona la arteria principal de la ciudad y se adentra en los extraños territorios de los barrios, pero por alguna extraña razón es más bulliciosa, singular, parleras y conflictiva que otras. Aunque a las nueve de la noche y con el autobús casi vacío, puede resultar calma y placentera como cualquier otra. Y vaya, que es la que me deja más a mano de casa.

Me siento casi al final del autobús, busco la página marcada y retomo la lectura con las tías de Wences que se quieren morir y Tadeo enfermo maldito de SIDAy Carlos el Aburrío contemplando un OVNI. Las palabras de nuevo comienzan a inundarme cuando, maldición, las Parcas ocupan los asientos de la culera del autobús, justo detrás del oasis que yo había construido por unos breves instantes.  Cloto, Láquesis y Átropos, señoras de los destinos, invasoras de la vida. Cotorras hasta la náusea, parlanchinas y escandalosas hasta el terror. 

Comienzan los rituales oscuros cuando tras un breve acelerón nos llega una pizca de aire.

Cloto: Qué horror de aire acondicionado. ¿Por qué no lo quitan?
Láquesis: Eso digo yo, por qué no lo quitan. Qué horror.
Átropos: Que lo quiten, vamos, que mañana me va a doler el cuello.
Cloto: A mí la garganta.
Láquesis: A mí la espalda.
Átropos: Es que qué manía con el aire acondicionado. Porque ventanillas abiertas no hay.
Cloto: No, no hay. Bueno, sí, esa.
Láquesis: Esa, sí, es que mira que la gente es tonta, que abre las ventanillas aunque sabe que no hace falta por el aire acondicionado.
Átropos: Es que no se enteran, y si la abren el aire acondicionado va mal.

(nuevo aceleren, nuevo viento … estamos a unos 24 grados)

Cloto: Pero qué frío, que es lo que yo os digo, que por qué no quita el aire acondicionado.
Láquesis: O la ventana, que cierren la ventana, porque lo mismo no es el aire acondicionado.
Átropos: No, el aire acondicionado si hay ventana abierta no. Será la ventana.

(caballero harto del coñazo que dura ya cuatro paradas se levanta y cierra la ventanilla, asustando a las dos pobres y silenciosas mujeres sentadas al lado)

Cloto. Menos mal.
Láquesis. Menos mal, eso digo yo. ¿Veis cómo no era el aire acondicionado?
Átropos: La gente, que es tonta, si con el aire acondicionado no hacen falta las ventanillas abiertas.
Cloto. Y qué cara ha puesto.
Láquesis. Pues que hubiera cerrado ella, no te fastidia.
Átropos: Se habrá asustado con el golpe. Y con el señor corriendo hacia ellas así de repente.
Cloto. Pues que la hubiera cerrado ella, que ya nos habrá oído quejarnos antes.

(ella y todo el autobús, claro)

Láquesis. Pero qué bien ahora, porque no era el aire acondicionado.
Átropos: No, el aire acondicionado no, era la ventanilla.
Cloto, Sí, esa ventanilla, que estaba abierta, y qué mal ha mirado esa vaya.
Láquesis. Pues que la hubiera cerrado, que nos molestaba y luego mañana la espalda ya se sabe.
Átropos. No, a mí el cuello me da igual, a mí lo que me mata es el cuello.
Cloto. Y a mí la garganta.
Las tres a coro. Y a todas el chichi, se nos enfría el chichi.

(Otras seis paradas)

Láquesis. Qué bien así sin el aire.
Átropos. Aunque al final yo creo que era la ventanilla.
Cloto. Sí, qué frío, es que además estos días por la noche refresca, y te levantas con la garganta mal.
Láquesis. Sí, la garganta. O la espalda.
Átropos. Yo más bien el cuello. Pero se agradece, que vaya calor este verano.
Cloto. Vaya calor, sí.
Láquesis. Aunque más que el calor era la humedad.
Átropos. La humedad terrible, yo es que no dormía nada.
Cloto. Ni yo, y te destapabas para dormir mejor y luego claro, la garganta.
Láquesis. Y la espalda.
Átropos. Y el cuello.

(y el forro de los cojones, no puedo más, otras seis paradas)

Cloto. Terrible todo, el aire, la ventanilla, la humedad, el calor, el frío,el dolor de chichi … Y ahora voy a cenar bocartes. En cazuela.
Láquesis. Yo los cené ayer.
Átropos. Qué ricos los bocartes en cazuela, yo compré para mañana. Pero había uno machacado. 
Cloto. Ay no, a mí machacados no, si están machacados los tiro. Con lo que cuestan.
Láquesis. Machacados no, pero con cebolla están ricos.
Atropos. Y con un poco de pimentón los pongo yo, pero picante no que me sienta mal al duodeno.
Cloto. Y a la garganta. Ay no, que eso no es el pimentón, que es el frío. Pero bueno, da igual, los bocartes están ricos.
Láquesis. Eso me parece a mí, que están muy caros, pero muy ricos. En cazuela.
Átropos. Y con cebolla, y lo rápido que se hacen.
Cloto. Y dos cucharadas de aceite. 
Láquesis. Eso, dos cucharadas de aceite, qué ricos, y qué rápido se hacen.
Átropos: Yo una y media. Y cebolla. Muy rápido, en la cazuelita de barro. Menos los machacados.

Se baja Átropos, pero una gorda brutal decide cambiar de asiento. Es Tánatos, La Muerte. 

Tánatos. Ay, hija, si no te había visto. Estaba mirando para acá pero no te había visto. 
Cloto. Ay hija, hola, ¿es que ibas mirando para atrás? Yo si me siento para atrás me mareo.
Láquesis. Sí, si vas sentada para atrás es bueno que te dé un poco de aire.
Tánatos. O bajar la ventanilla.
Cloto. Sí, mejor bajar un poco la ventanilla. Pues no te había visto.
Láquesis. O que pongan el aire un poco fuerte. ¿Y dices que estabas ahí sentada?
Tánatos. Pues sí, ahí, pero no os había visto. Os había oído.
Cloto. Sí, es que estaba hablando con esta y con una señora que se ha bajado antes.
Láquesis. Si, con una señora. Creo que iba a cenar bocartes.
Tánatos. Qué ricos los bocartes. En cazuela. Pero sin pimentón, que repite y me duele la tripa. Pues eso, que no os había visto.
Cloto. Ya, es que ibas para atrás. Yo si voy para atrás me mareo.
Láquesis. Yo también, por eso bajo la ventanilla, que me dé el aire.
Tánatos. Mujer, para qué vas a bajar la ventanilla, si hay aire acondicionado. Pues eso, no os había visto, pero os había oído, pero no os había conocido.
Cloto. Es que claro, oyes a la gente en el autobús pero no te fijas, que no somos cotillas.
Láquesis. A mí una el otro día me dio un golpe con el bolso, qué daño.
Tántanos. Llevaría bocartes y tendría intención de machacarlos. Pues eso, que no os había conocido.

Por fin llego a mi parada. Sigo en la misma página. Me bajo del autobús. Muero. Fin.

miércoles, septiembre 10, 2014

SOLOMILLOS NÁUTICOS


Hay ciertas edades a las que todos estamos (estuvimos, ay) de coge pan y moja que trisca, así que al final no va a tener tanto mérito que la alegre muchachada veinteañera y esportiva que lleva ya unas semanas pululando por mi barrio y por mis zonas de operativo habitual santanderino esté tan requetellamativa. Pero no por no tener mérito va a alegrarnos menos la vista.

Y es que con motivo del Mundial de Vela 2014 que se inaugura oficialmente mañana, hemos recibido en la capital cántabra a lo más selecto de lo más selecto de las diversas especialidades, y por aquí andan entrenando, paseando en patinete o en bicicleta, desayunando, comiendo y cenando en mis cafeterías de cámara del Siboney y Casimira, repasándose las mechas rubias y luciendo palmito, lisura y desenfado como sólo la alegre muchachada sabe hacerlo.

No es que se haya caído el sistema del Grindr a nivel local como ocurriera en London 2012 (aunque algunas fotos se han visto por esas pecaminosas redes de maricontactos con tersos abominables sin rostro con puntitas de vela y azules oleajes como fondo), pero está resultando claro que algo tendrán que ver los recién allegados con este calor que va a acabar con nosotros antes del fin de septiembre. Desayuna uno cerca de los polacos y enfrente de los italianos, come algo ligerito al mediodía con mejicanos a la diestra, argentinos a la siniestra y australianos al otro lado de la luna que da a la terraza. Por la noche más italianos, junto a griegos, australianos, noruegos y daneses, para terminar con un paseo a los perros con vistas al equipo británico que ha recalado por mis alrededores.

Uno está aprendiendo mucho. Que hay deportistas de elite que necesitan barco grande porque fofean más que triscan. Que la pasta es megasaludable y trajinan espaguetis como posesos. Que usan todos el mismo número de tinte y frecuentan al mismo peluquero, todos menos los noruegos que son los únicos que llevan recortadito el pelamen y tienen pinta de amarillo natural. Les apasionan patinetes y bicicletas y al contrario de lo que tengo testado con alegres muchachadas de futbolistas y ciclistas, casi es imposible encontrar alguno interesado en los perros, ni siquiera en los de agua. Adivina uno también que o se embadurnan bien embadurnados o en unos años habrá más de un cáncer de piel, deliciosa y crujiente piel. Ah, y que Barney Stinson tenía razón con su teoría del efecto animadora y a veces las individualidades son menos apetitosas a mano que el conjunto en pájaro volando.

Como fuere, ahora que sabemos que nos espera un tedioso otoño-invierno en que la carne disponible tendrá más de carne picada y lomo adobado que otra cosa, por fin hay que agradecer a Pavisoso esta alegría de la vista. Que aunque agua que no has de beber, déjala regatear, tiene su gracia pecar y pecar con los ojos ante la evidencia epifánica y extática de tanto solomillo. Náutico y a vela.


martes, septiembre 09, 2014

LA VISIBILIDAD EN NEGRO SOBRE BLANCO


He comenzado la lectura de los Episodios de una Guerra Interminable, de Almudena Grandes, ese ambicioso y feliz proyecto de contar la Postguerra española a la manera de Benito Pérez Galdós, que con sus Episodios Nacionales quiso narrar en forma de novelas el complejo XIX hispano, por la tercera entrega, Las tres bodas de Manolita. Por casa anda a la espera desde su publicación Inés y la alegría y alguna librería guardará en sus anaqueles el ejemplar de El lector de Julio Verne destinado a acabar en los míos. Pero ya que se trata de novelas independientes, un azar para el que no tengo explicación me empujó a abalanzarme con estas tres bodas y a iniciar hace un par de meses una lectura, mínima, sólo as primeras páginas, que detuve sin ganas para centrarme en mis compromisos con la UIMP y con la Michigan State University que me obligan, oh tortura, a leer.

Se nos va acabando el verano, y con él se nos van acabando esos compromisos, así que vuelvo a empezar el libro y casi como por ensalmo me encuentro devorándolo, masticando las palabras despacio y con placer, sumergiéndome en una historia cuya trama me interesa y cuya traducción al lenguaje de la literatura me fascina. Más, todavía mucho más, de lo que me esperaba de la pluma de esa mujer grande en el apellido, en la ética y en la estética, jovial y cercana, comprometida y con una encantadora y pizpireta rebeldía con causa a la que he tenido la fortuna de tropezarme un par de veces y de leer muchas. Y siento la necesidad de hablar de esa lectura cuando todavía deambulo por la primera sección de la novela, La señorita conmigo no contéis, desde un punto de vista que no sorprenderá a los lectores del blog ni a quienes me conocen personalmente, aunque tal vez no sea exactamente el ejercicio de crónica lectora que otros esperarán.

En estos días pasados se ha hablado mucho y se ha discutido mucho, también en este foro virtual, de visibilidad. De esos armarios pesados, opacos a veces, cristalinos otras, que nos condenaron a ser invisibles a las personas lgtb durante tantísimo tiempo y con tantísimo daño personal y social. La literatura en particular, como en cierto modo la cultura en general, fue siempre un poco menos opaca, permitió asomar como pervertidos, como ridículos, como delincuentes y unas pocas veces con cariño, a esos hombres que aman a otros hombres; casi nunca a esas mujeres que aman a otras. Pero desde un tiempo a esta parte esa excepcional regularidad se ha venido a transformar en una cierta normalidad, esa cierta normalidad que escandaliza a quienes insisten en el poder de los lobbies y se confiesan hartos de vivir en una sociedad en la que al mirar sólo puedes ver maricones. ¡Qué distinta la apreciación de esos maricones que a veces con un brillo emocionado en los ojos de vez en cuando, muy de vez en cuando, pero sin humillaciones gratuitas y en un espejo de normalidad y diversidad social nos vemos retratados en los personajes que recogen esas miradas!

Y es que en Las tres bodas de Manolita también se cuenta NUESTRA historia. Al recoger las memorias de los tiempos de la II República y de la primera y más terrible represión, Almudena Grandes se ha encontrado también, ha decidido contar también, las alegrías y los dolores, las intrigas y los miedos, de nuestros ancestros, de quienes sin vínculo familiar forman parte de esa estirpe de malditos, condenados, raros y rebeldes a la que nos guste o no pertenecemos, esa que ha dado forma en buena medida a quienes hoy somos y a como hoy sentimos, esa que sembró en el viento las semillas de esa libertad que por fin nos ha alumbrado. Aquí, entre las páginas de Almudena Grandes y con protagonismo principal, están Paco Román, llamado El Niño de Bormujos y también Paca, la Palmera, pobre, flamenco y feo además de invertido, el mariquita lleno de plumas y de corazón, que encuentra su peculiar espejo en Antonio de Hoyos y Vinent, aristócrata, sofisticado, gordo y pasado de años, que incorpora el escándalo a su forma particular de hacer la revolución contra la rancia burguesía y que coincide con la Palmera en su corazón generoso y su mano abierta para ayudar a su estirpe de maricas y bolleras. En un segundo plano se nos hacen presentes mujeres lesbianas y mujeres libres, y habladurías que hablan de hermafroditismo y otras formas de ser raros, raros, raritos, de reivindicar su existencia, su presencia (nuestra presencia) en la historia y en los engranajes de la historia grande y pequeña. 

Decía hace algunos años José María Guelbenzu al comentar entusiasmado su lectura de Nadan dos chicos , de Jamie O'Neill (imprescindible), que no hacía falta renunciar a la gran literatura para escribir una historia de amor homosexual. Tampoco hace falta devolver a gais y lesbianas a la inexistencia para que una novela resulte eficaz, potente, creíble. Confieso una tranquila emoción al leer una de esas novelas que jamás podré olvidar, la trilogía de Ramiro Pinilla Verdes valles, colinas rojas cuando me tropecé con personajes homosexuales y pansexuales que participaban de la magia simbólica de tan magnífico texto. Confieso esa misma tranquila emoción al tropezarme, sin esperarlo, con Paco Román, Antonio de Hoyos y toda su red de secundarios en Las tres bodas de Manolita, al explorar su búsqueda de la felicidad, su celebración de los cuerpos, su dignidad contra la exclusión y contra la homofobia criminal que les acechaba antes y después de la Guerra Interminable. Y no puedo evitar sentirme agradecido, en deuda con Almudena Grandes, no sólo porque una vez más entre sus páginas mi tiempo se carga de sentido, porque me ayuda a renovar mi pacto de amor con las letras, sino también porque me ha dejado vivir entre sus páginas, me ha devuelto una parte de mí que es a la vez la dura historia de muchos.

lunes, septiembre 08, 2014

EJERCICIOS PRÁCTICOS DE SEPARACIÓN IGLESIA-ESTADO



Se me vienen ahora a la memoria imágenes como las de Iñigo de la Serna e Ignacio Diego, dos católicos de pro de más que contrastada coherencia religiosa, portando la imagen de la Virgen del Mar durante una procesión. No menos coherente, a Cospedal, de negro riguroso y mantilla, aompañada de la vicepresidenta Soraya SS bajo su respectiva blonda, en el Corpus toledano. Recuerdo al Director General de Policía del Gobierno de España condecorando a la imagen de la Virgen del Amor malagueña y a Fátima Báñez encomendando la gestión del empleo en España a la Virgen del Rocío. Actualizo para mí el problema de los funerales de estado y el disgusto de los que profesando otra religión o no profesando ninguna hubieron de vivir una ceremonia católica con motivo del 11-M. Y hasta aquellos primeros años de la transición en los que observábamos como si de toda una declaración de intenciones se tratara si los cargos públicos juraban o prometían. 

Pienso por otra parte en el gesto de la alcaldesa de Torrelavega, Lidia Ruiz Salmón, de no asistir a la ceremonia religiosa que abre las fiestas de agosto en su ciudad y su decisión de no entregar durante el período festivo el bastón de mando municipal a la Virgen Grande. Y me pongo a componer una de esas reflexiones que sin duda volverán a molestar al Establismen dichoso, que no escarmiento.

Apelando siempre a la tradición, como si la tradición por el hecho de serlo fuera buena, y a la paradoja de que un país tan secularizado ya como España, hasta el punto de que alguno de los papas recientes nos proclamara "país de misión" continúe cediendo espacios públicos y privados a la Iglesia Católica "para no ofender a nadie" o "para no dar un disgusto a la abuela", nuestro país tiene uno de esos problemas que se quedaron sin resolver en la Transición en las relaciones Iglesia-Estado y en los pasos hacia un modelo verdaderamente aconfesional, como reza la constitución, o laico, como interpreta nuestro Tribunal Constitucional que debemos entender esa peculiar proclamación de los constituyentes.

La neutralidad del estado y de todas y cada una de sus instituciones no significa, y no debe significar, agresión alguna contra los católicos. Exceso es el de quienes así quieren plantear o leer algunos gestos, con un espíritu de revancha que no hace bien alguno a nuestra sociedad, y exceso también el de quienes se empecinan en un protagonismo católico que ni el Catolicismo ni ninguna otra fe deben ostentar. La igualdad matrimonial para las personas lgtb, es sólo un ejemplo entre tantísimos, no se tramó para molestar a los católicos, como tampoco es ni hubiera sido de recibo permitir que nuestro Código Civil y sus instituciones fueran condicionados por la moral católica. Se hablaba de igualdad, de derechos fundamentales, de ciudadanía. Era y es muy fácil para quienes por su fe o sus ideas se encuentran lejos de esa igualdad mantener la distancia: nadie les obliga a casarse con alguien de su mismo sexo, nadie les obliga a asistir a un matrimonio civil entre dos hombres o dos mujeres, nadie les obliga a celebrarlo. Eso sí, se les pide silencio y respeto ante las opciones de los demás, se les pide que no entorpezcan o impidan su normal desarrollo. Así de fácil y para algunos así de difícil.

"Se trata sólo de un gesto, de una tradición que siempre se ha respetado" ha sido la esencia de las críticas, feroces, a Lidia Ruiz Salmón por señalar de manera proactiva que el Ayuntamiento de Torrelavega como institución, que la Alcaldía de Torrelavega como institución, no son instituciones católicas sino inclusivas para todos, y que no deben tomar partido, tampoco partido simbólico, para resaltar que se diga lo que se diga una confesión concreta tiene privilegios. Definitivamente, lo que hoy debería resultar chocante es que la alcaldesa de Torrelavega hubiera cedido el poder a la Virgen Grande durante el tiempo de los festejos, un poder que así hubiera dejado de ser como corresponde neutral y civil.

Aplaudo desde este blog la decisión de Lidia Ruiz Salmón y su valentía, la aplaudo y la agradezco. Hace ya mucho tiempo que la definición y la separación de los espacios cívicos y los espacios religiosos debería haber quedado resuelta; hace ya mucho tiempo que nuestra sociedad debería haber aprendido a no escandalizarse tanto por quienes apuestan de verdad por la aconfesionalidad y a escandalizarse un poco más por quienes se niegan a mostrarse neutrales por cálculos populistas y electoralistas. Pero como ni hace mucho tiempo ni ahora hemos sido capaces de solucionar la cuestión, bien, muy bien está, que haya personas concretas que desde su responsabilidad institucional nos recuerden que el Estado no profesa religión alguna.


martes, septiembre 02, 2014

EL ESTABLISMEN Y YO



Cada vez soy más consciente de que mi vida es un tango, así que llevo unos días interpretando a Tita Merello y su "Se dice de mí" por las esquinas del Santander ya imposible, cual Betty La Fea de provincias.

Es que de vez en cuando los hados se confabulan y las astros se alinean con extrañas coincidencias. Y la semana pasada, en plena trilogía, varios amigos decidieron que era un momento estupendo para recordarme lo que por ahí se dice, se cuenta, se rumorea acerca de este que les escribe. Supongo que para que no se me suban demasiado los humos y me haga consciente que como cantaría Silvio Rodríguez, hay gente que me quiere, hay gente que no me quiere.

Por un lado, al parecer habían realizado estudios estadísticos con la pregunta "¿Cuál es su opinión sobre el simpar malvado Rukaegos en su encarnación mortal de Regino Mateo? A/ Es majete y buen tío B/ Es un capullo, un miserable y un gilipollas además de una petarda.   Al parecer también las respuestas se distribuyen en un 80% para A y un 20% para B. Aclaro que todo empezó saliendo del cine y escuchando "Es que todo el día están hablando de ti". Aunque les juro que yo por las barras de bar sigo oyendo sobre todo hablar de fútbol y en las redes de Podemos y de Justin Bieber. Qué le vamos a hacer, no son malos los datos y ya quisieran Rajoy o Sánchez contar con semejante aceptación popular. Tengo dudas en torno a Iglesias y Pavisoso, pero estamostrabajandoenellou

No se hubiera uno preocupado ni prestado mayor atención de no ser porque a la noche siguiente llega una grave advertencia. "Que sepas que esas cosas que dices en la radio y en las redes no le gustan nada al Establismen" (con un buen acento en la "i" para remarcar la trascendencia) "Y que sepas también que te estás equivocando y que más te vale cambiar porque así no vas a llegar a ninguna parte". 

Aquí si que me acongojé, como podrán ustedes comprender. Porque eso de no gustarle al Establismen me sonó como peligroso y empecé yo a imaginarme al Establismen ese fumando un puro y llamándome Fredo con voz cavernosa y cavernícola. No se vayan a creer ustedes que El Padrino y Santander son tan distintos. Luego ya, al llegar a casa, pues empecé a realizar examen de conciencia por si conseguía dolerme de los pecados y resto de la retahíla. Pero no acababa yo de entender varias cosas, la primera de ellas por qué mi amigo, que lo es, y que en efecto frecuenta al Establismen y le agrada, ha llegado a la conclusión de que yo quiero viajar en dirección a parte alguna. Aunque sí sea bastante cierto que en realidad lo que el Establismen piense guarda para mí mucha relación con las partes. Uno ya ha ido cumpliendo años, quemando naves, aniquilando sueños y asumiendo realidades y responsabilidades, así que va llegando el momento de sentarse en la butaca del IKEA para leer tranquilamente alguno de esos libros que, probablemente, no leerá el Establismen. 

Pero seguía yo triste y desolado pensando qué podría haber hecho yo para molestar tanto al Establismen como para llamar su atención. Y más aún, pensando ¿quién coño es ese Establismen? Pero no conseguí sonsacar ni una palabra más a mi amigo, aunque intuí que alguien estaba enfadado por mis crónicas radiofónicas sobre el Festival Internacional de Santander y que esa había sido la gota que había colmado el vaso de la paciencia establismentera. Imagino que ese día en el que dije que no parecía que hubiera por aquí demasiado interés en la música por parte de quienes antes calentaban las sillas con entradas de cortesía y hoy simplemente se ausentan. O cuando dije que me parecía bien que las obras más radicales y vanguardistas encontraran acomodo en jornadas oficiales, que ya que eran los días en los que el mamoneo campaba por sus respetos, que al menos dejaran las jornadas de música más atractiva para los verdaderos aficionados y que se conformaran ellos con Tomás Marco. Total, para lo que iban a apreciar a Monteverdi.

El malvado Rukaegos es un malvado, eso es de sobra conocido. Pero jamás se pensó que llegaran sus andanzas y palabreríos imprudentes de bocachanclas a semejantes alturas estratosféricas. Aunque sepa perfectamente que en las alturas del PP se le mira mal con intensidad de mar arbolada, que en buena parte de los entornos culturales se le mira mal con fuerza marejada a fuerte marejada, que por la Santa Madre hay quien le quemaría, pero de momento suspiran entrecogiéndose las manos con aires de martirio y el perdón preparado para cuando se arrepienta. Es verdad inconmovible que el rojerío le llama casta burguesa e intelectualoide y la casta por otro nombre Establismen le llama rojo de mierda y mariconsón. Y hasta por los partidos intermedios varía su calificación dependiendo de las familias y de los congresos que toquen.

En resumen, que empecinado en su error, Rukaegos el terrible tiene la saludable intención de seguir diciendo y escribiendo lo que mejor le parezca, con mejores o peores motivos, con más cuidados argumentos o prejuicios más tontos. Porque no se puede gustar a todos y de entre esos todos los que parecen formar un ente socioectoplásmico llamado Establismen (¡en Santander, por favor!) son precisamente los que menor importancia le merecen.

Por cierto … al margen de esos saraos en los que siempre me resaltan que han reunido a "todo Santander", dejándome claro que yo soy de Marte y que Santander tiene un problema de población mucho mayor de lo que se deja ver por los medios, ¿alguien podría por favor decirme quién es el Establismen de las narices ese? Por enviarle un tarjetón las próximas Navidades.

lunes, septiembre 01, 2014

DE TODO LO VISIBLE Y LO INVISIBLE - 3 : LA DISCRECIÓN VIVE ARRIBA



Lo malo de amenazar con una trilogía es que luego te ves obligado a llevarla a cabo aunque el debate haya perdido actualidad y aunque tus lectores habituales y sufrientes entren en modo-saturación. Pero al igual que no hay dos sin tres, no se me preocupen que no habrá tres con cuatro, y aquí agotamos la cuestión Barneda, sin entrar a otros trapos de la no-salida del armario de la periodista. Y mira que me quedo con ganas de hablar del supuesto lobby gay y sus maldades.

Además de proclamarse persona, que no lesbiana, la periodista nos sirvió algunas otras obviedades, que tal vez no lo sean tanto. Insistió, por ejemplo, en el derecho que tenemos todos a nuestra vida privada y a que lo que pasa en nuestro dormitorio se quede en nuestro dormitorio. Entusiasmo sorprendente por la privacidad de quien trabaja en una cadena y unos programas que tantas veces cruzan las líneas rojas, basándose en el real o supuesto "interés público" de las vidas del famoseo real y seudo. Pero como fuere, tiene razón, tenemos derecho a la privacidad, a la intimidad más bien, a construir un espacio seguro e inmune a las agresiones del exterior. De hecho, esa es la primera esencia de los derechos fundamentales.

Pero claro, de nuevo llega la cuestión de que esa intimidad hubiera quedado estupendamente salvaguardada desde el silencio mejor que desde el amago. ¿Fue forzada Barnedo por su programa? ¿Fue una respuesta cansada ante rumores y cotilleos? Puede ser. Pero incluso en esos dos casos, podría haber salido mucho más airosa desde la naturalidad y si me apuran desde la alegría que se supone tendría que gobernar su vida de pareja y su propia aceptación personal. Ya hemos hablado de eso, así que me voy a centrar en otra cuestión, que no deja de ser delicada. ¿De verdad es tan sacrosanta la privacidad?

Comparto con el feminismo de los años de la liberación sexual la creencia en que nuestro cuerpo y nuestro sexo son públicos. Sí, he dicho públicos y no púbicos, que también. Me explico. Esa sociedad tradicional y heterosexista, masculina y dominante que habíamos heredado se rompe, se transforma también a través del shock, de esa alarma que genera a los macarras de la moral el situarse de pronto y sin previo aviso precisamente ante aquello que prohiben, aquello cuya vergüenza y ocultación supone un pilar central de sus oscuras vidas. Como por ejemplo, claro que sí, la sexualidad.

Dominar a la mujer fue también ocultarla, esconderla, convertir su cuerpo o su deseo en algo pecaminoso. Todavía hoy la estrategia de las Femen parte en buena medida de esa premisa y por eso, y sigue funcionándoles, sus protestas se hacen con la teta al viento. Decir que la mujer tenía cuerpo, sexo, placer, derecho a gestionar su cuerpo y su placer, fueron hitos esenciales en la liberación social y en la reclamación de su espacio. El discurso dominante de la heterosexualidad también ha querido siempre que la homosexualidad no existiera, y cuando no podía directamente reprimirla o crimininalizarla se ha tenido que contentar con esconderla. El beso apasionado entre las bocas de dos señores o de dos señoras sigue creando conmoción alrededor, escandaleras baratas y de barrio, pero que siguen provocando ríos de tinta. Y obligan a hablar, a hablar, a hablar, a romper la barrera del silencio asesino y por tanto a alimentar una sociedad más consciente de sus realidades y de su diversidad.

Por eso suscribo la idea de que nuestra sexualidad es también pública, que tenemos una responsabilidad con aquellos que todavía no pueden expresar su deseo, que viven aprisionados por el miedo, parra que el círculo que los aprisiona sea cada vez más pequeño y menos agresivo. Tenemos una responsabilidad con los chicos y chicas que descubren su pertenencia a esa minoría que se niega a seguir oculta, porque el futuro es suyo y porque la vieja sociedad no tiene ningún derecho a robarles la vida, a robarles la felicidad, a provocar más lágrimas y más dolor de los que en cualquier caso tendrán que encontrarse en su camino.

Y esa responsabilidad pública es mayor en quienes son hombres y mujeres públicos. Porque tienen acceso a los medios, porque pueden ser el ejemplo, el espejo, el clamor de la normalidad para quien se descubre lesbiana, gay, transexual, bisexual, también para quienes le rodean y tienen que aprender a convivir con ese imprevisto. ¿De verdad podemos creer una sola palabra de un periodista o de un político de esos que se quieren "discretos" para no decir medrosos, cobardes, irresponsables? ¿Si son capaces de ocultar con tanto celo quiénes son, cómo no van a ocultarnos o engañarnos en lo no esencial? ¿Pueden liderarnos quienes sienten vergüenza de sí mismos y se encuentran más cómodos en el disfraz que en la verdad? Más allá, la responsabilidad de actores, de cantantes, de deportistas, de escritores es también tanto más fuerte cuanto más fuerte sea su poder, su capacidad de influencia. Y más acá nuestras propias responsabilidades como padres, educadores, profesionales, trabajadores, en la medida en que nuestra dignidad, nuestra cabeza alta, nuestra capacidad para comunicar, vivir, sentir y hacerlo a plena sol son pasos, ya sabemos que no exentos de riesgo, para que la sociedad, la gente, aprendan que somos personas con etiquetas, que somos quienes somos y como somos, ni mejores ni peores que nadie, simplemente iguales, con el mismo derecho a la luz.

¿Intimidad? Y una mierda. Vamos a besarnos en la calle, vamos a pasear de la mano, vamos a presentar a nuestras parejas incluso donde preferirían no verlas y que les dijéramos que se trata simplemente de un amigo. Incluso ahí y sobre todo ahí. Maricas, bolleras y travelos orgullosos, dignos, respetables, iguales … y públicos. Públicos porque es la calle hoy donde está nuestra guerra.

sábado, agosto 30, 2014

DE TODO LO VISIBLE Y LO INVISIBLE - 2 : "Yo persona, sin etiquetas".


Acaba pareciéndole a uno divertida la cantidad de tiempo y de palabrerío que han poblado las redes tras los diez minutos en los que Sandra Barnedo estuvo fuera del armario, antes de encerrarse en una vitrina. Y a pesar de que seguramente el caso no tenga mayor importancia para la historia de la humanidad sin etiquetas, y mucha menos para la historia de la humanidad etiquetada como lgtb, pues yo sigo con la serie comprometida con los lectores del blog para reflexionar acerca de algunas de las perlas sandrinas. Porque al final lo que dijo la presentadora de televisión lo escuchamos mucho y a muchos. Así que ahí va la segunda entrega.

Mira que con la manía que les ha dado a todas las casas de alta, media y baja costura de poner etiquetas a la vista por doquier, como símbolo de estatus ("Yo soy de marca" , "Pues yo de mercadillo") y para que dados los penosos niveles de lectura del país podamos practicar descifrando los elásticos de los calzoncillos a media asomada, resulta que en según que cosas no nos gustan nada, pero nada de nada, las etiquetas. Ya lo dejó claro la presentadora desarmarizadaperosólounpoquito entre los jaleos entusiasmados de las coleguis de programa. Porque ella lo que es es persona, persona humana, sin etiquetas.

Lo gracioso es que así espetado queda como súper auténtico, a pesar de que la autenticidad de los productos suele venir certificada precisamente en las etiquetas. Y que muchas veces los propios activistas lgtb han utilizado mensajes como el de la foto, eso de no soy ni gay, ni lesbiana, ni transexual, ni bisexual, ni heterosexual: soy persona.

Paso por alto la obviedad de la afirmación. En general los baobabs, las tijeras, las tijeretas, los folios y las panteras tienen compilado afirmar o negar nada, por aquello de ser inanimados en unos casos o por carecer del don del lenguaje articulado en otros. Así que sí, Sandra Barneda es una persona. También son personas los heterosexuales, los bisexuales, las lesbianas, las personas transexuales y los secretarios de ayuntamiento. Y somos personas los gais. Pero no puedo pasar por alto que la afirmación obvia y el recelo ante las etiquetas tiene varias consecuencias. En primer lugar, y como dijo el griego en el Crátilo, si el nombre es ya la esencia de la cosa negarse a utilizar la etiqueta lesbiana significa invisibilidad, culpabilizar y volatilizar el amor de una mujer por otra mujer. Si de esta forma volatilizamos el concepto y ocultamos la existencia real, difícil será que podamos hablar de normalidad e inevitable que regresemos a los tiempos oscuros del miedo y la forzada discreción.

Pero además significa trivializar la historia y el presente de muchas luchas, de muchos dolores y también de unos cuantos triunfos. ¡Somos personas sin etiquetas, aleluya! Vamos a proclamar la buena nueva. La discriminación de los afroamericanos en Estados Unidos o de los indios en Latinoamérica no tiene nada que ver con el racismo, los discriminan por ser personas. Judíos y gitanos no fueron enviados a los campos de concentración del Reich por motivos raciales sino por ser personas. Los hutus no masacraron tutsis sino personas después de que los tutsis no masacraran hutus sino personas en Ruanda. Cuando los integristas islámicos asesinan a los cristianos caldeos o sirios no lo hacen por motivos religiosos y las respectivas etiquetas, sino porque son personas. No hay disidentes políticos, no hay rojos ni revisionistas burgueses ni imperialistas, no hay otros, no hay diferentes. Y en ese mundo sin etiquetas, tampoco hay gays, lesbianas, transexuales ni bisexuales. Pero este paraíso donde lobos y  corderos pastan personalmente juntos no es cierto: claro que la sociedad pone etiquetas, claro que estas etiquetas tienen consecuencias, claro que cuando reconocemos nuestras propias etiquetas importantes estamos reconociendo nuestra identidad, valorando quiénes somos, aceptándonos y reivindicando nuestra dignidad, ahora sí, bien etiquetada de personas. De personas judías, negras, caldeas, maronitas, tutsis, opositoras o transexuales, cada cual con la suya, o mejor con las suyas.

Y es que me pregunto, ¿si en vez de una triquiñuela para evitar decir la palabra 'lesbiana' el parlamento de Barneda hubiera sido "soy castaña", "soy barcelonesa" o "soy presentadora de televisión"; "soy aficionada al macramé" , "soy zurda" o "soy rebelde porque el mundo me ha hecho así" de verdad pensamos que habría clamado la periodista por su condición de persona y abominado de las etiquetas? ¿de verdad?

Firmado una persona. Una persona gay, izquierdosa, cántabra, cuasicincuentona, pelín pedante, perezosa, amante de los animales, con unos ojazos verdegrises que quitan el hipo, tirando a gorda, funcionaria, poeta, tenor, ahora dicen que casta …. Persona, sí, con más etiquetas que la maleta de la Piquer.


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Based on a work at unsantanderposible.blogspot.com.