
Entre la carita de no haber roto un plato en su vida y las vestimentas y postura sicalípticas, no parece extraño que Enrique Lynch perdiera los papeles el otro día y al escuchar cantar a Julieta Venegas aquéllo de "Qué lástima pero adiós, me despido de ti y me voy" se indignara ante esas malvadas mujeres fuertes de hoy que se pasan la vida enfrentándose al macho y provocando un inusitado incremento de la violencia machista.
Leía yo el pasado jueves el país cuando me topé en las páginas de opinión con el artículo "Revanchismo de Género", del mencionado Lynch (por si alguien quiere leerlo antes de seguir con mi comentario dejo el enlace correspondiente) cuando me encontré a mí mismo en un extraño estado de enfado. Me iba cabreando a medida que avanzaba en su lectura, hasta el punto de que me vi obligado a releerlo para intentar encontrar esos goznes que tanto me chirriaban. Se lo lei a mis señoras del grupo de lectura de Val de San Vicente, por si yo exageraba, pero su valoración fue idéntica a la mía.
Con el paso del tiempo se me iban quitando las ganas de escribir sobre la boutade hasta que ayer leí en la carta dominical habitual de Milagros Pérez Oliva, Defensora del Lector del diario El País, que después de los ríos de protestas que había generado el texto se había puesto en contacto con Enrique Lynch quien al parecer afirmó que "Ya me imaginaba que este texto desataría todas las formas posibles de la necedad". Para continuar con una arrogancia extrema proclamando que parecía mentira que alguien dudara de su cabeza con la cantidad de publicaciones que tiene.
Y bueno, como entre las necedades parecía faltar la mía se me ocurre que voy a escribir unos apuntes sobre el divino Lynch.
Ante todo, parece mentira no que haya suscitado el artículo reacciones adversas, sino que El País haya publicado en aras de la libertad de expresión un texto así, no por provocador o por políticamente incorrecto, sino por frívolo y hueco. Porque del propio inicio del texto lo que parece desprenderse es que el firmante no tiene una buena comprensión lectora, o que antepone sus prejuicios a las imágenes y palabras que el mundo le presenta. Mala forma de conocimiento, añado.
"De todos los hombres que haya en mi vida ninguno será más que yo". De esta frase deduce Enrique Lynch cosas tan sumamente estúpidas como que se proclama que una mujer actual debe tener para ser moderna múltiples parejas. Porque parece que no es capaz de darse cuenta de que una mujer pasa desde su nacimiento y a lo largo de su vida por la cercanía de padre, hermanos, parientes, profesores, amigos, compañeros de trabajo, jefes, vecinos y todo un sinfín de varones con los que no se acuesta. Hombres en su vida, sin duda. Pero añade que la frase debería venir en pasado para tener sentido ... cuando una afirmación así plasma un claro programa vital hacia el futuro. Pueden haber existido hombres dominantes o maltratadores en el pasado, pero desde esa afirmación prospectiva afirma que se ha acabado ese momento. Un futuro hipotético, pues, perfectamente expresado en la campaña del Ministerio de Igualdad. Pero es que además, al grito de sostenella y no enmendalla, continúa Lynch proclamando su escasa comprensión de la campaña diciendo que la mujer se presenta así como dominante y superior al macho, porque en su impecable lógica con muchas publicaciones afirma que si no es superior, necesariamente habrá de ser inferior. O lo que es lo mismo, parece que el adjetivo "igual" ni se le pasó por la meninge.
Frívolo, hueco y prejuicioso el arranque, pero igual camino para continuar. Cuando elige para justificar su teoría de que al enfrentarse al macho la mujer provoca un incremento de la violencia de género un género conocido por su profundidad filosófica: las letras pop. Y acusa a Julieta Venegas, Shania Tawn y Shakira de ser mujeres vestidas para matar, duras, malas, perversas, que le escupen al macho, se mofan de él y así animan a otras mujeres a ser fábricas de hielo sin sentimientos que alimenten la furia de la bestia. Eso sí, sin saberse siquiera las letras completas (ni haberse molestado en buscar al menos para justificar sus palabros alguna más cañera como las de Paquita la del Barrio, Amparanoia y su "que te den por ahí" o a Alaska con su funcionaria asesina). Porque acusa a las tres mujeres de encabezar un feminismo revanchista en el que en lugar de hacer como siempre han hecho los pobres hombres despechados y desamorados de las canciones, que es sufrir, llorar y padecer, con excelentes ejemplos como Frank Sinatra y Billie Holliday (yo ya sé que Billie fue mujer, maltratada por cierto, pero Lynch parece no tenerlo muy claro). Eso sí, se le olvida la tradición tan de nuestra copla de acabar con la aviesa mujer a navajazos, el traído y llevado "la maté porque era mía", los presos número nueve y demás dígitos, o el "Hoy voy a asesinarte, nena" de Siniestro Total. En las que, ya se sabe, el hombre se nos presenta como pura delicadeza y ternura en el tiempo del desamor.
¿Revanchismo feminista porque en una canción Julieta Venegas dice que no va a llorar y que se larga? Vamos hombreeeeeeee.
Sólo un cierto perfume de verdad puede asomar en esas líneas defendidas desde la vulgaridad, el rencor y sobre todo una ligereza conceptual fuera de discusión: Sí, es cierto, siempre que un grupo humano ha luchado por su dignidad y sus derechos ha despertado la furia de la bestia de turno. Los trabajadores ante los primeros capitalistas industriales; los negros en la lucha por sus derechos civiles; las minorías étnicas, religiosas o lingüísticas de cualquier tiempo y lugar; las mujeres contra el machismo, por supuesto. ¿O es que se piensa Lynch que en el movimiento por los derechos de gays y lesbianas no sabíamos que la visibilidad supondría durante cierto tiempo mayor visibilidad de la violencia?¿Deberíamos haber seguido callados para que los homófobos no se enfadaran demasiado y no nos pegaran demasiado fuerte?
No son Shania Tawn, Shakira o Julieta Venegas voces en representación de revanchismo feminista alguno. De hecho, no creo que exista en la inmensa mayoría de las feministas esa actitud de revancha. Aunque es posible que así lo perciban algunos hombres (y probablemente algunas mujeres) que continúan mostrándose incapaces de entender qué significa la apuesta por una sociedad de iguales. No sólo en la teoría, en la formalidad legal, sino en la práctica cotidiana, removiendo obstáculos y rompiendo techos.
Pero por si acaso, no vaya a ser que me echen de menos, si no reírle la gracia a Enrique Lynch significa ser catalogado de estúpido, desde hoy y desde aquí me proclamo Estúpido Cum Laude. Y Feminista.
Y propongo a Enrique Lynch como miembro de honor de la ya famosa ONG creada en mi blog "Imbéciles sin fronteras".