viernes, julio 01, 2016

GANAS DE HABLAR. Mirando hacia atrás sin ira en el Orgullo LGTBI 2016


Estoy terminando Furias divinas, de Eduardo Mendicutti, así que voy a robarle un título para esta mirada a la que me he obligado en este blog cada año con ocasión de las fiestas y las reivindicaciones del Orgullo LGTBI.
 
Tengo el Orgullo muy moñas este año, yo os lo he dejado claro en otras redes. Así que me voy a marcar un ejercicio de nostalgia (la alternativa era un artículo muy cabreado) y voy a mirar otra vez hacia atrás sin ira tratando de que algunos entendáis por fin esta necesidad de hablar, de hablar en voz alta, de hablar con cierto escándalo y con un peculiar sentido del exhibicionismo corporal o emocional. Porque en la constante lluvia de valoraciones críticas, negativas o agresivas que el Orgullo genera cada año, a mi alrededor se repite sobre todo una, y se repite en gente a la que quiero o aprecio, que creo que me quiere o me aprecia, pero no acabamos de engrasar las bisagras del armario. ¿Por qué hay que hablar constantemente de lo mismo? ¿por qué esa obsesión por decir que soy gay? ¿es que no hay nada más en el mundo que homosexuales, de fiesta o sufriendo, y homófobos de guardia?
 
Voy a comenzar por el lejano año de 1977. Yo no sabía que era un peligro social entonces, tampoco que estuviera enfermo o que formara parte de una conspiración contra el mundo, pero así era de forma más o menos oficial entonces, cuando con 12 años (7º curso de EGB) me levanté una mañana y lo supe, que era eso con lo que la gente se insultaba por la calle o en el patio del colegio, que era marica, maricón. Creo que nunca fui amanerado, no mucho al menos, así que no me parece que a mi alrededor se levantaran muchas sospechas, y eso que pistas había dado unas cuantas: me gustaban los libros, la poesía, la música, estudiaba piano, era penoso en clase de educación física, odiaba el fútbol, en el recreo (ventajas de los colegios mixtos) jugaba en entornos comunes a chicas y chicos.
 
Recuerdo de ese tiempo en especial una noche, una noche que me pasé en blanco, llorando sin consuelo posible en la soledad de mi cuarto, porque sólo allí podía desahogarme. Yo no quería ser "eso"; había rezado muchas noches pidiéndole a Dios que por favor, marica no; pero no parecía que me fuera a escuchar, había chicos que me atraían en el colegio, actores y cantantes que se me empezaban a calentar en la imaginación. Recuerdo esa noche porque quería morirme, porque me la pasé pensando en que si me acercaba despacio a la cocina y no hacía ruido y encontraba valor, a lo mejor podía dar el único paso que me iba a librar de la vergüenza eterna. Pero fui un cobarde, como lo he sido durante tantos años (¿he dejado alguna vez de serlo?), así que fui aprendiendo a callarme, a descubrir el silencio.
 
Silencio fue la obligación que me impuse de buscar una especie de novia en el instituto (¿tendría sentido buscarla ahora para decirle que lo siento, que era estupenda, que me encontraba a gusto con ella pero que nunca hubiera tenido una posibilidad?). Silencio fue tener cerca a esos dos o tres chicos que me volvían loco y cortar toda pista sobre unos amores adolescentes que nunca llegaron a sospechar. Silencio y vergüenza ese cuerpo que necesitaba saber y que por fin se dejó vencer, que se entregó a un taxista (no deja de tener su gracia) en el bosquecillo de Los Cagigales, cercano a Reinosa. Silencio y vergüenza luego en la universidad, evitando la ocasión pero cayendo un par de veces más, cuerpos oscuros en "camas recién frías" que dijera Gil de Biedma: siempre unos minutos de placer y varios años de culpa y de negación.
 
Me rompí allá por el 1999/2000. Con Juan. Nunca me quedó muy claro a qué estaba él jugando, pero sí lo que yo quería. Quizás me equivoqué o quizás se asustó. Pero se fue y me rompí. Y no me quedó otra que salir del armario a borbotones, para poder llorar por lo menos diciendo su nombre, unos borbotones que no se pararon y que me llevaron a abrirme a mis amigos más cercanos y a conectar con ALEGA, la Asociación de Lesbianas y Gays de Cantabria, con ese Javier Edesa que tanto me ayudó, creo que sin saberlo, ese Javier al que echo hoy tanto de menos. Temblé al entrar por vez primera en El Dragón, vacilé al proponer a los amigos locales de ambiente para tomar unas copas, me alejé de algunos y me encontré con otros, rompí con la Iglesia Católica en la que había intentado abrigar mi frío emocional, intenté proteger a mi madre con una doble vida ridícula en la que por un lado evitaba la verdad y por otro aparecía en el periódico como portavoz de ALEGA para ciertas propuestas culturales. Me volví a enamorar y me volví a romper, cuando Lander se incrustó con su moto contra un camión a la altura de Donostia, y continué callado porque ¿cómo encontrar palabras para todo ese dolor y todo ese miedo? Me volví a levantar, acabé de presidente de ALEGA y continué enredando en el activismo LGTBI aprendiendo mucho, abriendo el corazón mucho.
 
Callando todavía mucho porque... es que en ese 2000 tenía ya 35 años, y ni joven, ni cachas, ni guapo, ni rico, ni encantador, ni echado p'alante, sin un solo gramo de educación sentimental en mi historia y en consecuencia sin ser capaz de una caricia o un beso en el momento justo, como un adolescente que hubiera nacido con el arroz pasado ¿qué hacía yo por allí salvo en cierto modo el ridículo?
 
Creo que fue Leo quien me salvó para volver a romperme. El amor de Leo, el viaje de Leo, la enfermedad de Leo, el adiós de Leo, todo eso junto, fue como una hermosa y terrible puerta hacia la madurez. Ya no me iba a callar más, ya nunca me iba a callar. Necesitaba gritar, necesitaba llorar, necesitaba luchar; necesitaba hacerlo por mí, por 45 años de hielo y de soledad, quería hacerlo por todos los que no sabían o no podían dar un paso similar, por todas las que no podían o sabían hacerlo. Y ahora tengo ganas de hablar, qué le vamos a hacer.
 
Hablo porque me siento frágil cada vez que un gay, una lesbiana, una persona trans es agredida o humillada, porque podría ser yo y podría importar tan poco como están importando ellas y ellos. Hablo porque no soporto la hipocresía de quienes nos apartaron, nos excluyeron y hoy se muestran como ursulinas ofendidas porque nos besamos, porque nos damos la mano, porque bailamos un día al año enseñando el culo y agitando abanicos de plumas rosas. Hablo porque cada día me cruzo en el trabajo y en la vida con personas que preferirían no tener que verme, ay si al menos no tuvieran que saber que soy maricón podrían sentirse tranquilas, pero yo las agredo con mi visibilidad de tan mal gusto. Hablo porque hay quien se molesta porque no disimulo el amor en género masculino en mis poemas. Hablo porque como todos, hasta los mejores, os calláis cuando se trata de derechos, de dolores, de alegrías, de problemas, de músicas, de fiestas, de muertes, de arte, de palabras, de gestos que implican a maricas y bolleras, a travelos y bi-ciosos, he decidido que mi obligación es la de hablar, la de hablar mucho.
 
Hablo, en fin, porque cuando hablo consigo a veces, desde una nueva soledad que ahora no es culpable, ni dolorosa, ni oscura, que es simplemente la soledad de seguir sintiendo vacía la mano por la calle y la mitad de la cama por la noche, la de no poder refugiarme en sus brazos o confiarme a sus labios, siento que a mis 51 años se me empieza a pasar un poco la vergüenza con la que me señalaron a fuego desde el nacimiento. Hablo porque ahora ya puedo hacerlo con la mirada alta, sin autocensuras, sin permitir ya ni una coma de más a quienes continúan prefiriéndonos invisibles o trabajando para que lo seamos. Hablo porque con la fuerza de las palabras y la del corazón y hasta la de la polla a la vergüenza la ha sucedido el Orgullo.
 
El Orgullo de levantarme de la cama todos los días sin rencor, cargado de fuerza a pesar de seguir siendo un cobarde, de seguir siendo frágil, de seguir roto. El Orgullo de salir a la calle sabiendo quién soy, quién quiero ser, eligiendo, decidiendo, gobernando el barco.
 
Feliz Manifestación del Orgullo LGTBI 2016 a todos los que podáis asistir. Estaré con vosotros desde mi Santander imposible.
 
 

miércoles, junio 22, 2016

¿Y EL 27?



Estamos a sólo cuatro días de las elecciones generales convocadas por la incapacidad real o estratégica de líderes y partidos para dar respuesta a un nuevo escenario, uno de tablero fragmentario en el que alguna vez habrá que darse cuenta de que ni hay gobiernos ni hay leyes sin sumas suficientes. Diría más, que no hay reformas de calado sin acuerdos grandes y a muchas bandas. Y mira que se lleva tiempo hablando de la necesidad que muchos sentimos de reformar una constitución que sirvió para el mundo complejo de 1978 pero que a lo mejor no es adecuada o precisa o suficiente para el tiempo postmoderno de 2016.
 
Yo sigo pensando en que una izquierda moderada, dialogante, abierta, comprometida con las causas sociales y los derechos civiles, con las personas en suma, es el modelo que mejor encaja con mi ser y mi estar en el mundo,  así que volveré a votar al PSOE. Con muchas reservas, con muchos matices, con mucho cuidado, pero es ese el espacio desde el que me gustaría que se encabezaran las transformaciones que sí o sí hacen falta hoy en España, esas las propuestas en las que me veo mejor representado. Aunque ya sé que en un tiempo complejo, en buena medida tenso, lleno de tensiones interesadas, no son precisamente las apuestas dialogantes o moderadas las que se ven impulsadas.
 
El caso es que si en los 70 canturreábamos lo de Love is in the air, ahora habría que versionar un Vote is in the air, hablamos mucho en las redes, algo menos en la calle, de política, hacemos apuestas, cábalas, cerramos puertas y trazamos líneas rojas que más adelante borramos y volvemos a trazar, según lo que unos medios más manipuladores, menos plurales y menos fiables que nunca, o unos líderes que decidieron cambios de publicidad o de estrategia después del último capítulo de Juego de Tronos, nos vayan contando. Así que no es extraño que por el Facebook algunos amigos me hayan preguntado ese inútil qué haría yo el 27.
 
Vamos allá. Por supuesto, doy por sentado que todos los lectores tenéis claro que hablar de pactos en serio, más allá de postureos, es una actividad lógica a partir de la noche del 26 al 27, una vez repartidas cartas y escaños y con el croupier del casino gritando su "hagan juego". Las encuestas ofrecen datos contradictorios o al menos interpretaciones confusas cuando están sin cocinar y divertidas sorpresas una vez cocinadas, por lo que de momento lo único claro es que nadie tendrá mayoría absoluta y nadie tendrá mayoría suficiente para marcar ritmos y jugar con cierta ventaja. Con esto como premisa, me planteo algunas hipótesis.
 
1. ¿Hacia la gran coalición? Por las filas de Unidos Podemos se intuyen los sueños húmedos de todos los que firmarían ahora mismo esa alianza que hemos visto con cierta frecuencia en países sobre todo de Centroeuropa y casi siempre con la finalidad de contener a la ultraderecha. Supongo que por esas filas hay mucho rehén de discursos fabricados hace unos años con cierto éxito de crítica y público, pero no por eso menos falsos. El PSOE ha clamado hasta la saciedad contra esa opción, y desde luego sus acuerdos en ayuntamientos y comunidades autónomas, sea liderando la propuesta, sea como soporte, no han ido precisamente en esa dirección.
Por mi parte, creo que no aportaría nada a España la continuidad en el gobierno de los trileros del PP y de remate sería una catástrofe para el PSOE. En todo caso, creo que quienes pusieron en marcha la "doctrina Trillo" (recuerden, esa fantástica estrategia que consistía en salir a la calle cada día contra el gobierno socialista, en negarse a pactar hasta una mínima coma incluso aunque fueran cuestiones tan importantes como la lucha antiterrorista, y macarrear a las instituciones del estado, desprestigiándolas al dejarlas durante años en estado de interinidad y cortocircuitando sus renovaciones), quienes llevan cuatro años de agresiones continuas contra la ciudadanía y contra los rivales políticos, no pueden presentarse ahora como adalides de la razón, la moderación y el diálogo, no pueden ni deben esperar que los demás olvidemos con tanta rapidez sus escasos talentos democráticos. Quizás cuando haya purgas importantes, y cuando sean capaces de regenerarse y de ofrecer una imagen limpia, decente, puedan encontrar compañeros de tertulia y opciones de acuerdos. En lo que a mí respecta, hasta ese futuro que entiendo imposible, de ninguna manera.
 
2. ¿Puede haber una suma de escaños razonable para una investidura con acuerdo PSOE-C's? No me voy a molestar en analizarla: no se va a dar esa circunstancia (hablo de mínimo 165 escaños). Creo que fue un error cuyos motivos no acabo de comprender esa propuesta sin números tras el 20D, un error que sólo puedo justificar a partir de la siguiente premisa (que no descarto): alguien tenía que someterse a una investidura para que pudiera haber nuevas elecciones a pesar de una situación casi diabólica en la que no salían las cuentas por ningún lado. Lo contrario hubiera supuesto una perpetuación de la interinidad de Rajoy en el gobierno. Ni Freddy Kruger me produce tanto miedo.
 
3. ¿Se puede articular una mayoría a la izquierda con superioridad de votos y escaños a favor del PSOE? Está claro que a mí es la opción que me gustaría, a partir de unas negociaciones claras, de unos proyectos compartidos y bien definidos en los que la regeneración pública, la mejora de la calidad democrática de los procesos y las instituciones, y sobre todo la defensa de las libertades cívicas, la dignidad de las personas y el estado del bienestar tendrían que ser las banderas centrales. Se me escapa si es una posibilidad, aunque no lo creo desde que escuché a Carolina Bescansa afirmar que Podemos quería pactar con el PSOE si (me parece muy importante ese si que estos últimos días se está omitiendo) y sólo si Podemos supera en escaños al PSOE. Son dos las posibilidades que se abren, una coalición, en la que tal vez sería inteligente que el PSOE supiera las primeras propuestas antes que las redes sociales y las ruedas de prensa, por aquello de tomarlo en serio, y sería justo equilibrar responsabilidades; la otra, un gobierno muy controlado, muy débil y muy obligado a negociar cada coma con una oposición parlamentaria fuerte pero constructiva desde Podemos.
Por diferentes razones creo que se tendría que trabajar en la primera dirección, sobre todo si tenemos en cuenta la profunda desconfianza de Podemos hacia el PSOE y que de alguna manera la segunda de las opciones abriría en parte la posibilidad de esas famosas geometrías variables que podrían llevarnos a un Congreso en estado de guerra permanente.
 
4. ¿Cabe esa misma mayoría del punto anterior pero con sorpasso de Unidos Podemos? No se va a producir esa pasokización que desde los telones morados sueñan algunos en estado de levitación, pero sí es un escenario posible (imaginemos un 90 U-P's / 80 PSOE o combinaciones parecidas con una diferencia un poco mayor o un poco menor). La estrategia de acoso permanente en las redes sociales y en los medios de Unidos Podemos contra el PSOE y casi contra todos y cada uno de sus militantes y simpatizantes en la red ha conseguido entre otros resultados una cierta antipatía en las bases socialistas, a las que habría que sumar los recelos de algunos barones (no sin justificación en determinados casos), la militancia contra la coalición morada de gran parte de la vieja guardia, las presiones de medios de comunicación, etc, pueden hacer difícil que el PSOE dé el paso. En definitiva, si para el tercer escenario la desconfianza de Podemos con respecto al PSOE no da buenas vibraciones, aquí es justo al contrario, porque esa misma desconfianza está en el PSOE con respecto a Podemos.
Pero si se diera ese paso de facilitar un gobierno presidido por Iglesias, creo que no sería inteligente la fórmula de la coalición. Si algo está hoy fuera de discusión es el talento para la propaganda  o el tiempo invertido en preparar para televisión y un ejército en las redes por parte de Podemos. Un gobierno en el que las responsabilidades de tipo estratégico, comunicativo y organizativo estuvieran en manos moradas y las áreas sociales fueran responsabilidad del PSOE (viene a ser la idea que Iglesias no propuso a los socialistas pero sí en rueda de prensa en enero) acabarían con la imagen de un gobierno gestionado en todo por Iglesias y sus aliados y relegaría a los ministros y ministras del PSOE a la percepción de meros funcionarios de nivel más o menos alto. Les aseguro que en Cantabria algo deberíamos saber de acuerdos parecidos y sus resultados.
Así que en mi opinión sería otra la apuesta sensata: que el PSOE planteara sus condiciones (entre las que por razones diversas deberían estar la presidencia del Congreso y una dirección independiente para RTVE y otros medios públicos) y de ser aceptadas apoyara la investidura de Iglesias para pasar a la oposición y desde allí trabajar para esa exigencia de cambio que hoy late en la mayor parte de los ciudadanos, de manera que pudiera impulsar políticas igualitarias, cívicas, que pudieran contribuir a una salida de la crisis fortaleciendo a los sectores más desfavorecidos y a las clases medias, y que dieran capacidad para evitar posibles excesos (lo siento, yo tampoco me fío, y he escuchado demasiadas cosas en el último año que no me tienen precisamente tranquilo).
 
5. Me queda la posibilidad de que sumen mayoría C's y PP. Creo que es una posibilidad menor que las anteriores. En todo caso, la dejo al margen porque por un lado no dudo de que si los números salen, no cabrían en sí de gozo ni azules ni naranjas, y por el otro porque en este caso no tengo nada que ver. Aunque por desgracia tendría mucho que sufrir.

viernes, junio 10, 2016

DANIEL ABREU, UN POEMA EN EL CUERPO


Veo por segunda vez Vénere, la producción más reciente de Daniel Abreu y su compañía de danza y lo hago esta vez más sereno, con los ojos menos entregados a escrutar y entender y mucho más preparados para sentir, para dejarse arrebatar.
 
Abreu es menudo, delgado, amable, de voz canaria y relajada, de sonrisa tímida y ojos con un brillo inteligente que te hablan del fuego del creador, de ese fuego con el que crece sobre el escenario, con el que alimenta sus creaciones y agita a sus colaboradores.
 
Que el amor es obsesión, cuerpo, caricia, silencio, angustia, belleza, furia, movimiento, contemplación, luz, es algo que sabemos. Es algo sobre lo que de alguna manera incide el Vénere de Daniel Abreu, una propuesta en la que los cuerpos escriben sobre el aire un hilo sutil que no intenta narrar ni representar, que simplemente abre puertas para que nuestras emociones atraviesen el umbral y desde el otro lado reconstruyan, sueñen, se alcen sobre el texto lírico que cada movimiento va enredando.
 
Me quedo con algunas imágenes tan extrañas como potentes, las comedoras de flores, bellas y contemplativas hasta el éxtasis, la lenta lluvia de plumas que nos hace recordar el perfecto final de la Soledad Primera de Góngora, obsesivas y claustrofóbicas, la música entrecortada con las barras bajas y la luz intermitente, irónicas, los cuerpos maniquíes revestidos de una masculinidad y una femineidad de mercadillo, suaves y sugerentes, los cuerpos pintándose uno a otro, me quedo con la música de Monteverdi sosteniendo desde su sólido pasado esta aventura del futuro, con la voz hipnótica del contratenor griego.
 
Vénere como sueño, como introspección, como viaje encendido hacia el centro de nuestro propio viaje al territorio del amor.
 
Reconozco haber sonreído con placidez en unos momentos y haber dejado alguna lágrima emocionada en otros. ¿No es ese exactamente el misterio del arte?


martes, junio 07, 2016

EL INSTANTE DEL FUEGO. Un poema en los 75 años del Incendio de Santander


En la Semana para descubrir los cementerios europeos, que busca destacar y divulgar el rico patrimonio cultural de tan peculiares vecinos, el cementerio de Santander, Ciriego, lleva ya tres años celebrando una jornada nocturna, un paseo cultural por la memoria del espacio acompañado por un subrayado de música, luces y poesía.
 
Como parecía lógico, la tercera edición de Arte para la eternidad, que así se llama esa velada quiso centrarse en las huellas que el tremendo incendio que arrasó Santander en 1941 había dejado por el camposanto, con estaciones en el muro occidental, en la cruz central y en las tumbas de Emilio Pino, a la sazón alcalde de Santander, y las de las familias Pérez del Molino, la pérdida y la reinvención del comercio del centro, y Quintana (Óptica Samot), los hermanos que apenas salvaron sus cámaras de su establecimiento de fotografía y que continuaron su trabajo, dejándonos testimonios como el que he elegido para ilustrar esta entrada del blog: la ruina de su propio trabajo.
 
María y Patricia, siempre llenas de ilusión y empeñadas en la labor de reivindicar el patrimonio de Ciriego, me invitaron a participar precisamente en esta estación, la que recordaba a Tomás Quintana y su hermano Alejandro. Y allí leí el pasado sábado 4 este poema compuesto para la ocasión.
 
EL INSTANTE DEL FUEGO
Recordando a los fotógrafos Tomás y Alejandro Quintana, SAMOT, 75 años después del Incendio de Santander
 
 
I.
                            Pero el cadáver, ay, siguió muriendo (César Vallejo)
 
Un castillo de naipes
y un fósforo encendido
forman parte del rito de la muerte
y del renacimiento.
La Fenice,
Sodoma, Santander, la biblioteca
de Anna Amalia de Weimar, Roma, Londres,
el Reichstag, San Francisco, Fort MacMurray
hace sólo unos días, Samarkanda,
el Palacio de Macho, Tetuán,
la Baixa de Lisboa, por donde paseábamos
rozándonos las manos se desploman
por el peso del fuego
contra su propia entraña.
Nuestra historia es también la que se oculta
bajo mil toneladas de ceniza,
una estirpe de escombros
inevitable, sucia, descarnada.
 
II.
                            Serán cenizas, mas tendrán sentido (Francisco de Quevedo)
 
Algunas raras veces se despierta
la vocación del héroe en nuestra oscura
rutina. Comprendemos que no vamos
a sollozar delante de las brasas,
que entre riesgo y silencio hoy va a ganar el riesgo,
que no tenemos tiempo de salvar
lo que vieron los ojos y las máquinas,
la implacable memoria revelada
de la ciudad y de quienes la habitan.
 
No vacilan las manos cuando escogen
las gafas milagrosas y esa Leika
que un segundo después, a salvo apenas,
registrará la ruina de todo lo que fuimos.
 
 
III.
 
                            Ya que así me miráis, miradme al menos (Gutierre de Cetina)
 
Es un acto de amor guardar el grito,
disimular la ira, contener
en el estanque turbio de los ojos
la furia de las lágrimas, alzarse
como si todo no hubiera sucedido,
como si fuera el fuego sólo sueño,
pesadillas de ausencias y tizones.
Y volver al trabajo con la cámara
temblando entre las manos, dando forma
a esa nueva memoria que ahora nace
de las pavesas como un ave fénix
que soberbia se alza ex igne nata.

viernes, junio 03, 2016

POR TODAS, POR TODOS. The Coming Out Trilogy - 3


Un estudiante reconoce en la honestidad de su profesor gay su propio proceso interior y encuentra fuerzas para aceptarse y quererse. Una chica explica a su familia que es lesbiana y modifica en muchos aspectos la valoración que sus padres o hermanos hacían de la orientación sexual. Andrés plantea en su grupo de amigos que ha comenzado el proceso para dejar de ser Rebeca y consigue así mayor información y respeto para la transexualidad. Marcos rompe la barrera del miedo y acude con su marido Sergio a la cena que su empresa organiza cada año para los empleados y sus parejas. Asun y Lidia piden en el hotel cama de matrimonio. Judit recorre las administraciones para reorganizar sus papeles oficiales y conseguir que en su DNI y su tarjeta sanitaria desaparezca el nombre de Pedro, y de paso se liga a un administrativo del INEM.
 
No vivimos solos. Cada uno de nosotros es responsable no sólo de su propia dignidad, de su propio cuidado, no sólo de la atención y protección de aquellas personas cercanas a las que quiere. También tenemos un compromiso con la educación y la transformación de los diversos grupos comunitarios y sociales en los que desarrollamos nuestras vidas. La visibilidad de personas transexuales, de lesbianas y de gays, de bisexuales, es un paso primero y esencial para que la sociedad aprenda tolerancia, respeto, para que entienda que estamos en un mundo diverso y lleno de color en el que se han quedado desenfocados los blancos y los negros. Cada uno de nuestros pequeños actos desencadena una indeterminada sucesión de pequeñas respuestas, de mínimos indicadores que hablan de una sociedad más inclusiva y más abierta. Cada salida del armario ha generado un efecto mariquita, digo un efecto mariposa, y ha obligado a la revisión y cancelación de miles de prejuicios, de cada salida de armario han derivado pequeñas conquistas, que un médico no dé por sentada la heterosexualidad de sus pacientes y recuerde que si eres lesbiana deberías cuidarte más en determinados aspectos, que un educador al hablar a adolescentes de sexualidad no hable sólo de contracepción o de prevención de embarazos no deseados, que una pastelería prepare tartas de boda con él y él, que una empresa decida contratar a una mujer transexual.
 
No tiene por qué ser fácil. "Recuerda decir siempre tu segundo apellido, no vayan a confundirte con un hijo mío", "¿Cáncer? Ya será esa otra cosa" son parte de mis consecuencias, junto a personas que se han apartado de mí, personas que me han hecho objeto de sus bromas y convertido en protagonista de sus divertidísimos chistes de maricones, anónimos amenazándome con matar a Glenda. Hay quienes han recibido palizas, quienes perdieron sus empleos, quienes han sido expulsados de sus casas, quienes han sufrido por ser valientes. Y que han sabido salir adelante con la mirada al frente y la cabeza muy muy alta. Pero incluso en la parte oscura de la visibilidad late nuestra fuerza, la fuerza de saber que tenemos razón, de que cada alegría propia se multiplicará por ciento en las alegrías de otros, que nuestros tropiezos avisarán a los que vengan, que nuestras lágrimas servirán para limpiar sus ojos y despejar un poco más sus experiencias.
 
Claro que debemos salir del armario, claro que debemos reivindicarnos y hacerlo como nosotros mismos decidamos, de traje y corbata o con boa de plumas, en la cátedra o en la discoteca. Es nuestra obligación para con nuestra comunidad de iguales, la de educar, sorprender, indignar, provocar y al fin de la lucha transformar.
 
Y esa responsabilidad es mucho mayor allí donde es más difícil pero se llega más lejos, es la de los personajes públicos, los que pueden mover miles y miles de conciencias y ser ejemplo y referencia para miles y miles de personas. Los gobernantes, los políticos, los actores, los cantantes, los educadores. También, por supuesto, los deportistas. Por eso me siento tan agradecido por la actitud abierta y valiente de Víctor Gutiérrez, de Javier Raya, de Jesús Tomillero (qué dura experiencia ese "el gol te lo van a meter por el culo" de alguna rata indigna), de Antía Fernández, porque abren caminos y cambian conciencias, porque abren no sólo las puertas de los armarios sino también las de los estadios. Justo en ese mundo del deporte en el que seleccionadores, comités olímpicos, deportistas de élite, aficionados y hooligans se consideran con patente de corso todavía para insultar sin consecuencias, para agredir sin rechazo social, para humillar y agredir, para explicar a tantos miles de jóvenes que ser gay o lesbiana está mal y que lo que tiene que hacer esa gente es "cortarse un poco". Vaya, gracias, generosos.
 
Lo sé, habrá más hombres y más mujeres en el mundo del deporte que darán la cara. Cada vez más. Y muchos lo harán gracias a que Antía, Gutiérrez, Raya o Tomillero han tenido algo de héroes. Incluso acabaremos escuchando la salida del armario de algún jugador de fútbol de la liga de las estrellas. Tal vez entonces dejemos en vergüenza a quienes hoy intentan avergonzarnos, tal vez entonces el deporte sea algo más habitable, algo más limpio. Tal vez sean muchas las personas que reflexionen y aprendan.
 
Por eso, sí, por todo eso, es necesario que salgamos de los armarios. Por eso es necesario que no se trata de cuestiones privadas e íntimas, esa intimidad que ha sido herramienta para la dominación y la exclusión, sino compromisos públicos, militantes y revolucionarios.
 
Y porque, qué coño, son muy guapos y nos encanta saber que juegan en nuestra liga. Que de ilusión también se vive.

jueves, junio 02, 2016

POR TI, POR VOSOTROS. The Coming Out Trilogy - 2


¿Por qué salir del armario, por qué no reservar algo tan íntimo a la esfera privada, por qué ir exhibiendo pancartas? Continúo con esta miniserie de tres capítulos dedicada a Víctor Gutiérrez y Javier Raya, que con su valentía han dado pie de nuevo a estas reflexiones sobre lo agobiante que es compartir oscuridad y polvo con las polillas y lo saludable que es abrir la puerta a patadas y respirar aire fresco, dejarse invadir por la luz, sonreír bajo la lluvia cuando de pronto crece un arco iris.

Ayer hablaba de mi propia identidad, de mi dignidad, de mi salud, de la necesidad de ser honesto con uno mismo y con los demás, de abandonar las mentiras, las dobles vidas, los silencios. Pero hoy quiero recordar que también estoy fuera del maldito armario y me niego a ser discreto, a regresar, a dejarme asimilar de nuevo a callarme por ti.

Por ti, Lander, que fuiste una luz esperanzadora truncada de una manera tan absurda, tan violenta, tan rápida, que te marchaste justo cuando íbamos a comenzar un camino común y libre.

Por ti, Leo, mi Leo, sobre todo a ti, quizás la persona más hermosa que he conocido nunca, por ti que me regalaste tu sonrisa, tu amor cuando ya me había convencido de que nunca iba a encontrarlo, de que no era digno de que me quisieran, de que el tren se había marchado. Por ti que me ofreciste la voz quebrada, la fragilidad, la debilidad, para que pudiera estar a tu lado susurrándote cada día mi "te quiero", acariciándote la mano, tratando de dar la talla ante la enfermedad terrible. Por ti, que quisiste morir entre mis brazos para despedirte sabiéndote abrazado, querido, amado.

¿Qué debo responder cuando la presunción de heterosexualidad reinante asume que yo también lo soy y me pregunta el nombre de mi novia o de mi esposa, me pregunta por mis hijos o me explica de alguna manera que yo también estoy obligado a ser, ja, normal? ¿Debo callar, seguir el juego, sonreír y apartarme, disimular? Me niego a hacerlo, os debo mi recuerdo, mi gratitud, mi pasión, mi respeto, se lo debo a vuestra juventud insultante, a vuestra alegría inmensa, a vuestros cuerpos latiendo junto al mío. Os debo el valor y la sinceridad que siempre mostrasteis, os debo tanta vida. Regresar al silencio sería  borraros, sugerir que no habéis sido importantes, que vale más una seguridad gris que una memoria preñada de colores y de momentos. No voy a negaros, no voy a renunciar al privilegio de haber sido vuestro. No voy a dar vuestros nombres al silencio.

Por vosotros también, por el dolor de haber dejado que mi padre se fuera sin saber quién era yo realmente, por el privilegio de haber sido amigo de Javipapi, de haber sentido su apoyo en esos primeros momentos en los que tenía que aprender a andar a plena luz, ese amigo que siempre camino con la cabeza alta bien seguro de quién era, impermeable a las lenguas de doble filo, siempre con una cerveza para brindar y una hermosa conversación para compartir. Por Pedro, que hizo de nuestra dignidad su vida y su lucha y que siempre diría "con la cabeza bien alta, mi niño" con ese acento canario y ese fuego en las palabras.

Hay demasiadas personas, demasiadas buenas personas, que han sembrado su honestidad y su coraje. Mi visibilidad es también un homenaje a la suya. Porque sin su viaje a la luz, el mío no hubiera sido igual, quizás ni siquiera hubiera sido posible.

La visibilidad, el armario roto, la luz para ti. Porque te lo debo.

miércoles, junio 01, 2016

POR MÍ. The Coming Out Trilogy - I

En estas últimas semanas, dos deportistas de alto rendimiento españoles han salido del armario, han hecho pública su orientación sexual, el patinador Javier Raya y el waterpolista Víctor Gutiérrez. Bien por ellos, bien por esa valentía que todavía hay que tener para enfrentarse a un mundo complejo, el del deporte profesional, en el que hablar de orientación sexual o de identidad de género continúa siendo peligroso. Que se lo digan si no al joven árbitro gaditano, que ha decidido colgar las botas ante la vergonzosa actitud de clubes, árbitros y federaciones andaluzas tras visibilizarse como gay.
 
Por mis redes sociales, imagino que por muchos otros mundos, ha vuelto a surgir un viejo comentario: A mí me importa lo que hagan como deportista, todo lo demás es su vida privada. Siempre seguido por la pregunta: Así que ... ¿por qué tienen que hacerlo público?  Empieza junio, un mes igual de bueno que cualquiera para agarrar al toro por los cuernos o al hipopótamo rosa por el tutú, y seguramente mejor por la costumbre que tiene el arco iris de salir con más fuerza. Así que vamos allá, y en forma de trilogía.
 
Comienzo por pedir disculpas por cierto tono cansado que se me escapa cuando toca enfrentarse de nuevo a estas cuestiones. Son ya muchos años, muchos debates, muchas discusiones, muchos amigos ganados y algunos perdidos, pero es cierto que no todo el mundo ha llegado a nuestras vidas en el mismo momento, redes sociales incluidas, no todo el mundo ha recibido necesariamente la misma información y por tanto hay que seguir asumiendo (cómo me gusta el nombre que le puso José Luis Serrano a esta constante defensa del quiénes somos, "microluchas de todos los instantes") que seguirán preguntándonos si estamos casados, cómo se llama nuestra mujer o nuestra novia, y toda la clásica retahíla que nos obligará una vez más a elegir entre permanecer escondidos o ambiguos, llegado el caso a vivir en una infinita sucesión de salidas de armario. Ya saben, "Mi novia se llama Alejandro" o, como le dije una vez a cierta operadora comercial (muy pesada) que insistía en hablar "con la señora de la casa": "Dice mi marido que la señora soy yo, ¿qué quería, pues?":
 
Se me está yendo la neurona. La pregunta es ¿Por qué hay que salir del armario, por qué no nos quedamos en la esfera privada y dejamos de lucir pancartas?
 
Primera respuesta de la trilogía: Lo hago POR MÍ
 
Imagino que resulta muy difícil explicar a alguien que siempre ha sido visible lo que supone la invisibilidad, el dolor, la frustración, el desamparo, la pérdida de autoestima que puede suponer no existir de lleno en los espacios sociales que habitas. Puesto que algo como tu sexualidad, tu deseo, tus afectos, tu amor, han de ser absolutamente opacos, nos dicen, tuvimos algunos la experiencia de no haber existido en nuestra familia, en nuestro colegio, en nuestros grupos de amigos, instituto, universidad, trabajo, médico. No recibimos nunca información adecuada ... bueno, sí, sabíamos que lo que nosotros éramos se consideraba por los demás como algo gravísimo, como un insulto, como lo peor que podía pasarle a alguien, no teníamos modelos positivos que seguir, no teníamos explicaciones que compartir y que asumir. Teníamos solo vergüenza y miedo, así que no quedaba más remedio que callar, que compartir oscuridad y polvo con las polillas y optar o bien por la frustración absoluta de los deseos, imagino que para acabar en el manicomio, o bien por una doble vida que acabaría por llevarnos a los turbios espacios de lo prohibido, temblando cada vez que nos acercábamos a un local de pervertidos o llorando cuando regresabas a casa sintiéndote sucio después de haber dejado que algún tipo te tocara.
 
Lo recuerdo como si fuera hoy, aunque ya han pasado algunos años. Recuerdo ese momento en el que podría haber perdido la razón, en que el dolor del desamor se sumó a la vergüenza y a la culpa y tuve que elegir: o apostaba por mí, daba una patada a la maldita puerta del maldito armario, o me rompía. Así de fácil y de difícil. Un par de tanteos, unas cuantas aclaraciones más bien innecesarias con los amigos y amigas que habían estado cerca cuando me enamoré como un adolescente idiota de Juan. Y por fin, con ese sentido del melodrama que me acompaña a veces, mi primer contacto con ALEGA y ¡una rueda de prensa! Espectacular, salir del armario con foto y nombre en El Diario Montañés. Será por eso que una conocida de rancio abolengo me dijo tiempo después "lo tuyo fue una conmoción en Santander".
 
Salí del armario porque no podía más, porque me dolía tanto secreto, porque estaba negándome y ya no quería hacerlo, porque quería dejar de mentir a las personas a las que quiero, a pesar de que haya resultado tan difícil con algunas. Decidí reivindicar mi propia dignidad, mi derecho a elegir mi camino, mi vida, decidí luchar por mí, apostar por mí, intentar empezar a quererme después de haberme despreciado tanto.
 
Sigo siendo un cobarde, sigo sin poder solucionar todo el daño que el puto armario, la puta homofobia me causaron: no tuve adolescencia, no pude experimentar la magia del primer amor ni la del primer polvo, me convencí tanto entonces de que era un monstruo y de que nadie me querría nunca que me siento todavía violento si alguien me dice algo bonito, sigo siendo casi incapaz de decirle a un chico que me gusta que me apetecería ir al cine (o a la cama, qué coño) con él, sigo sin saber si en un determinado momento sería bueno hacer una caricia o dar el pistoletazo de salida para un beso.
 
Pero sí sé una cosa, no he vuelto a mentir, no he vuelto a callarme. Soy maricón. Y es algo que necesito que sepas, como necesito también que sepas que o lo tomas o lo dejas, que no admito medias tintas, que no quiero homófobos cerca. Y que gracias a que salí del armario y sigo haciéndolo cada día ya no tenéis poder sobre mí, ya no podéis hacerme más daño.

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