miércoles, octubre 29, 2014

LA REDADA


Vuelvo a ver La redada (La Rafle) , la película francesa que nos narró en el 2010 uno de los episodios más vergonzosos del colaboracionismo francés: la redada del Velódromo de Invierno en la que la administración francesa sirvió en bandeja a los nazis a miles de judíos refugiados en París o de origen extranjero. En el Velódromo fueron "alojadas" mientras se preparaba su viaje hacia los campos y hacia esa muerte de la que no regresó ninguno de los detenidos las familias. Miles de niños marcados por la historia con una estrella de David de fieltro amarillo sobre la que estaba estampada la palabra juif.

Siempre he dicho que en narraciones como las que nos recuerdan el horror del nazismo y tantos horrores similares, la utilización de niños es especialmente tramposa y sentimentaloide. ¿De verdad que haya un niño con pijama de rayas es objetivamente peor o más conmovedor que la existencia de la vieja del pijama de rayas, el cobrador de tranvía del pijama de rayas, el joven del pijama de rayas, la planchadora del pijama de rayas? Pero en La redada los niños son necesarios porque fueron protagonistas principales. Y Rose Bosch nos lo cuenta sin excesos, sin sensiblería y, se agradece, buscando una compleja objetividad.

De hecho, si habláramos de La redada como película, tendríamos que limitarnos a apuntar que se trata de poco más que un telefilm de lujo, bien rodado, bien ambientado, bien interpretado y ya. Pero lo que me interesa de la película tiene más que ver con la historia, con la revisión de la propia culpa y la asunción de los fantasmas nacionales. No, no son los nazis más que comparsas secundarios en la película, y lejos de aparecer como monstruos, Bosch acierta al incorporar imágenes del Hitler más dulce y por tanto más desconcertante, el que adora a los niños y a los animales desde su refugio de Berchstesgaden. Son los franceses los que ocupan los primeros planos, dibujados como cobardes plañideros (Petain, desde la Francia de Vichy) . como funcionarios eficaces y grises que quieren limitarse a cumplir con precisión las órdenes, con encantada eficacia tendríamos que decir. La propia población no judía de París, presentada como un conglomerado de sensibilidades bien complejas y bien diferentes, desde los bomberos que desobedecen las instrucciones y se acercan a las familias retenidas en el Vel d'Hiv para darlas agua y recoger sus mensajes de socorro a la enfermera que se somete a la misma dieta de los judíos para demostrar al prefecto sus efectos, desde el vecino que recoge a los dos hijos de la familia de la puerta de enfrente al policía que reconoce a la muchacha judía que escapa pero no la retiene, pero también a la panadera que grita e insulta a los judíos durante la redada, el gendarme que patea a la mujer embarazada para que se dé prisa, el que arranca los pendientes de las orejas de la niña… Todos franceses, todos parte del elenco que en los días que siguieron al 16 de julio de 1942 salió a escena para construir un cuento terrible, un episodio nada glorioso que en los últimos años se ha venido reivindicando con fuerza por las instituciones francesas y por la ciudad de París como la denuncia necesaria de un alma oscura que nunca debería haber aflorado.

Me pregunto también, mientras avanza la película, si España será capaz de enfrentarse alguna vez cara a cara a ese pasado sucio sin las acusaciones ni los bostezos habituales con los que se castiga a quienes osan hablar de la memoria histórica, a desempolvar archivos, a explorar la verdad.

martes, octubre 28, 2014

CUATRO AÑOS SIN LEO


No sé quién fue el que dijo aquello de que nadie muere mientras se le recuerda, así que de alguna manera Leo se ha convertido en un ejercicio de memoria, una presencia constante que aflora cada día en sus fotos, en sus sonrisas, en la ropa que continúa en los cajones, en su lado de la cama, en las canciones que lo recuerdan bailando en algún pub y en las que después de su muerte asocié con el vacío.

Muchas veces he tenido la sensación de haberle fallado. De que podría haberle ahorrado uno o dos disgustos, de que tal vez hubiera sido posible evitar o retrasar lo que resultó al final inevitable. Podría haberle dicho más veces "te quiero", quizás podría haber adelantado el viaje a Roma para que otro sueño llevara la muesca de "cumplido". Y hasta ahora, en este ejercicio sofocante a veces de memoria que no ha llegado a ser ese abismo de la depresión pero lo ha rondado tanto tiempo en ese estado que yo mismo he intentado definir como "tristeza de baja intensidad", tengo la sensación de fallar, de no ser capaz de asentar con suficiente fuerza el recuerdo. ¡Si hasta me he equivocado este año y he pensado que Leo había muerto hacía tres años cuando en realidad fue hace cuatro, como si no fuera capaz de alejar de mí aquel momento terrible en el que colapsó entre mis brazos más o menos a las cinco de la mañana de ese 27 de octubre de 2010!

La vida sigue. De vez en cuando hasta brilla. A veces se transforma en palabras que acabo llevando hacia un poema, otras veces en recuerdos felices de caricias y momentos. Algunos días reina en mis pensamientos el agradecimiento hacia quienes hicieron posible que Leo y yo estuviéramos juntos; otros, sin embargo, el rencor y el enfado que nunca se morirá acerca de quienes nos engañaron o se rieron o nos dejaron de lado, de quienes pusieron cara a la xenofobia y la intolerancia. Siempre los primeros besos, la primera comunión de los cuerpos, ese viaje soñado a París que tanto anhelaba.

¿Qué importará a nadie este dolor tan pequeño, tan insignificante, en medio del dolor del mundo? Seguro que muchos o sol estaréis preguntando. Probablemente tendréis razón. Pero si pierdo este inútil trabajo de quererle que ya no necesita … ¿para qué sirvo?

viernes, octubre 17, 2014

TAUROFOBIA PARA TIERNOS INFANTES


Sí, ya lo sé que ha llovido mucho. Pero me he encontrado por ahí con un cuaderno con temas pendientes de tratar en el blog y tampoco hace falta ir siempre al hilo de la actualidad. Porque no es la primera vez que pasa y me temo mucho que no va a ser la última. 

El caso es que el concejal de juventud de Santander nos contó allá por los comienzos del verano y la Feria de Santiago que entre los objetivos de su concejalía era el de acercar la tauromaquia, taurofobia o como más les guste al "público familiar" , para que los niños de hoy sean los tendidos de mañana. Supongo que nuestras autoridades son conscientes de que esa fiesta nacional tiene muy poco de fiesta y cada vez menos de nacional o popular, seguro que conocen los estudios en los que se nos señala que no llegan al 10% de los españoles los que señalan haber asistido a algún espectáculo taurómaco a lo largo del año, y que los pingües beneficios que algunos espabilados obtienen de la tortura animal andan en peligro como siga creciendo la sensibilidad social en contra de semejante tradición (esa por la que nuestro José María de Pereda denominó al ser humano "el peor bicho") y se junten quienes optan por la prohibición y quienes simplemente la dejarían morir de aburrimiento retirando todo tipo de subvención pública. Como por cierto este año ya ha hecho el Ayuntamiento de Torrelavega, con la socialista Lidia Ruiz Salmón al frente, que nadie sabe muy bien por qué aportaba cierta cantidad a la feria santanderina. 

Santander y otras ciudades están viendo ya desde hace unos años cómo corporaciones, asociaciones y empresarios tratan de evitar la sangría de público convirtiendo el asesinato ritual de animales en una especie de juego hortera, al modo del llamado toreo de salón, con el que divertir a tiernos infantes a los que ponen un capote en la manita para que aprendan a moverlo con trono. Por el momento, no les permiten clavar puyas, banderillas o estoques en animal alguno, porque para que la diversión y el aprendizaje infantiles fueran completos quizás deberían darles la opción de torturar a un animal entre verónica y natural, de salpicarse la carita con su sangre, de matarlo y apuntillarlo mientras observan regocijados cómo el animal brama de dolor y escupe la vida sobre los pantaloncitos cortos. Javier Castaño es el diestro siniestro que ha estado ejerciendo de profesor de toricidios por Santander y otras ciudades norteñas. Imagino que sumando su esfuerzo a los de las aulas castellanoleonesas y castellanomachegas donde se va a impartir la asignatura de tauromaquia, imaginamos que aprovechando las horas robadas a la de Filosofía.  Ya saben ustedes aquel lance del "tiene que haber gente pa tó".

Cuentan las malas lenguas que visto el éxito, y mientras prepara su campaña para hacer un gallardonazo, el alcalde De la Serna y su concejal de juventud andan evaluando las propuestas de otras asociaciones culturales dispuestas a enseñar a los más pequeños a disfrutar con las tradiciones patrias en lo que al trato de los animales se refiere. Y apuntan esas fuentes deslenguadas que se está estudiando un taller de ahorcamiento de galgos en la Plaza de las Farolas , impartido por el mítico y siniestro galgueo Sebastopol Pastueño "Destrozapescuezos", un cursillo de degollado de pollos, en el que sí podrá haber niñas, a cargo de Tía Colasa "La Degollinas", precedidos ambos por el divertido y otoñal taller de Matanza de Gorrinos, en la que la Familia Manson y su famosos cuchillos marca ACME mostrarán lo espectacular del matacío tradicional, con más vísceras y sangre que ninguno. Un puro regocijo para nuestros niños, oigan.

Que por algo gritan los malvados antitaurinos ante las plazas el lema "Vaya educación que dais a vuestros hijos".

jueves, octubre 09, 2014

LA EJECUCIÓN DE EXCALIBUR (Apuntes para una serie de televisión de la productora Marca Ejpaña)


Mientras abro el portátil y me dispongo a actualizar el blog, Gin se ha subido a la cama, se ha tumbado a mi lado y ha puesto su cabeza sobre mi pierna. Me mira con sus ojos siempre curiosos que hoy sin embargo me parecen muy tristes. Creo que me nota enfadado, alterado, que quiere protegerme, que le gustaría saber por qué estoy enfadado, pero no sé cómo explicarle que me duele otro perro, que han ocurrido en España cosas que me hacen sentir inseguro, que la miro y no sé si algún día podría repetirse que unos energúmenos entraran en mi casa sin permiso para asesinarla con toda la impunidad que dan un gobierno de mierda apoyado en una ley de mierda propia de un país de mierda. Tampoco sé muy bien cómo explicarle que estas letras van por Excalibur, pero también por ella y por Gelo.

En fin, intentaré explicarlo al menos para que los lectores del blog sigan el lío de mis pensamientos y cómo analizo enfadado los acontecimientos que nos han llevado hasta el asesinato legal (por tanto, ejecución) de Excalibur en Alcorcón.

1. Un gobierno incompetente y prepotente se enfrenta a un grave problema moral, al solicitar un misionero católico (luego otro), enfermo de ébola, su repatriación. El gobierno incompetente, mientras la ministra pasa unas agradables vacaciones (creo recordar) en la playa, probablemente pagadas … por otros., decide organizar todo un espectacular y carísimo dispositivo para trasladar al misionero. Son muchas y claras las voces procedentes del ámbito médico y científico que recuerdan que en España no hay ningún centro que permita el nivel de aislamiento exigido por una enfermedad tan feroz, por un virus de expansión tan rápida y mortal, recuerdan que el centro mejor preparado ha sido además muy afectado por la política de recortes en la sanidad pública de ese mismo gobierno incompetente. Así que para ocultar esas voces, el gobierno incompetente moviliza a sus esbirros en red y en medios para que llamen canalla y miserable a cualquiera que cuestione el traslado del santo varón. Es verdad, claro, que siendo este país como es, muchos de los que se oponen no lo hacen por argumentos racionales sino porque "es un cura, que se joda". Entre berrido y berrido, el sentido común trata de asomar la cabecita pero nadie le escucha.

2. El gobierno incapaz (no sabemos si la ministra sigue en la playa o ya volvió a su solarium favorito) ofrece un cursillo de media hora para que el personal sanitario que debe enfrentarse al cuidado del enfermo aprenda los protocolos necesarios para su seguridad y la de todos. En tan exiguo tiempo poco cabe esperar de resultado. Pero en la realidad, fallan las chapuceras alarmas y una auxiliar de enfermería (que sepamos y por el momento) contrae la enfermedad. Por supuesto que el gobierno incompetente y sus palmeros se apresuran a culpar a la auxiliar enferma por haber cometido algún error en ese protocolo que prácticamente ni le explicaron, o por haber ido a su médico de cabecera, tal y como le recomendaron los del protocolo, en vez de a un lugar debidamente controlado … Esto … ¿cuál?

3. La auxiliar está enferma y aislada (o algo parecido, visto lo visto) y se lleva a su marido a cuarentena para observarlo y poder descartar el contagio (o detectarlo lo antes posible).

4. Un orco de las montañas pagado con servicio público anuncia que ahora lo que toca es ir a la casa de la pareja y matar a su perro, Excalibur. Nadie sabe si Excalibur es portador del virus, ni siquiera sabemos si el virus se puede contagiar de un humano a un perro. El marido de la enferma se opone y pide ayuda para salvar al animal. Las redes arden y el orco decide que en vez de allanar el piso, pedirá una autorización judicial que se le concede. No olvidemos que en el derecho español un animal tiene el mismo valor que una alfombra, una mesa camilla o unas zapatillas con pompones, y que al contrario de lo que ocurre en otros países, vamos a llamarlos civilizados, no se les concede la condición jurídica de "seres sintientes". Las redes siguen ardiendo y se convoca un cordón defensivo que impida al orco y a los sicarios acceder al piso y asesinar al perro.

5. De nuevo los esbirros del ppoder justifican lo injustificable de la manera más agresiva e insultona posible, y muchas voces dicen que al fin y al cabo es un perro y que hay que ocuparse de las personas. De nuevo, las voces sensatas tratan de asomar en medio del barrizal y explicar que lo lógico sería una cuarentena para el perro, un aislamiento en el que comprobar si es portador del virus del ébola o no, porque de serlo habría que tomar medidas de control en una amplia zona de Alcorcón, pero además porque de ser portador sería importante para la ciencia poder estudiar su evolución y por qué, según parece, el ébola no se desarrolla en los perros … ¿posibles primeros pasos para una vacuna o una curación? 

6. Pero los orcos están en marcha y no van a dar marcha atrás, y su estupidez compulsiva ha provocado cabreo, rechazo incluso a nivel internacional (nuestro gobierno incompetente empieza a convertirse en una terrible amenaza planetaria) y todo un movimiento de simpatía hacia un pobre animal condenado a morir por las culpas, negligencias, sorderas, estupideces, chulerías y desvergüenzas de otros. Los orcos y los sicarios llegan, dan unas cuantas leches a diestra y sobre todo a siniestra, entran en el piso y ejecutan a Excalibur. 

7. El mundo muere de vergüenza ajena, muchos españoles morimos de vergüenza propia. Y sobre todo Excalibur muere sin que nadie haya sido capaz de dar una explicación más allá de la existencia de una ministra tarada intelectual y emocionalmente, de un consejero de sanidad infame, de un policía o director sanitario o algo así de modos autoritarios y precipitados y de un juez que pasaba por allí y no iba a cambiar su hora del café por la vida de un animal que ni le iba ni le venía. Excalibur muere para nada, ejecutado por un gobierno al que no creemos, en el que no confiamos, que nos da asco y rabia, a veces hasta miedo, un gobierno que intentará convencernos a través de sus palmeros de que el perro era portador del virus tras analizarlo post mortem. Pero … ¿quién les cree, quién va a creerlos? ¿si Excalibur no está infectado nos lo dirían? ¿no callarían como los miserables que son?

Gin continúa a mi lado, ofreciéndome ese calor incondicional que solo ellos saben cómo ofrecer. No sabe nada de Excalibur, pero de alguna manera percibe mi ira y mi tristeza. Le prometo en voz baja que nunca dejaré que Ana Mato. que el tal Zarco, que la consejera de sanidad de Cantabria, que los esbirros de ese gobierno incompetente se acerquen a ella, que nunca dejaré siquiera que la miren. Acaricio su cuello, siento su calma, busco la foto de Excalibur para ilustrar esta entrada … Lloro.

miércoles, octubre 08, 2014

UN MINISTERIO PARA MATO


Me da un poco de miedo escribir esta noche en el blog, porque ya se sabe que cuando alguien se ocupa de Ana Mato-Confetti casi de inmediato le llueve por parte de la Brunete Mediática y de los palmeros del Tintorro Party la calificación de machista. Ya nos lo han dicho en infinidad de ocasiones, a Ana Mato-Confetti se la ataca por ser mujer. Me atrevería a decir que por ser mujer-mujer , en la mejor escuela de otra inefable Ana, la Botella. Así que he decidido comenzar aclarando que no voy a hablar de Ana Mato-Confetti por su condición de mujer, sino por su condición de peligro público, por su condición de incapaz, por su condición de inútil, por su condición de indigna. Condiciones que podrían caber y de hecho caben en muchos hombres, pero que aquí y ahora están representados en esta ministra de sanidad con la que Satán Rajoy quiso castigarnos.

¿Alguna vez se habrá parado a pensar Mato-Confetti en el dolor, en el peligro, en el desamparo que han provocado y están provocando sus recortes, aplicados con eficiente mano dura por sus sicarios centrales y sus embajadores en las comunidades autónomas que gestionan buena parte del gasto sanitario? Sabemos de tratamientos que no se han administrado, de personas, sí personas, a las que se niega la asistencia o se obliga a asumir una carga económica imposible por el único pecado de ser extranjeras, de españoles que han muerto lejos de España porque el gobierno se negó a hacerse cargo de su traslado. Mientras Mato-Confetti se ríe en las ruedas de prensa, feliz de haberse conocido. ¿Alguna vez se habrá parado a pensar el ejemplo de podredumbre que representa quien tan cerca estuvo de la Gürtel, quien hizo la vista gorda ante el lujo desenfrenado de su forma de vida, que disfrutó de privilegios con una sonrisa en la boquita, encantada de merecer tanto bien? Nunca preguntó, nunca quiso saber, y tan a la moda hay quienes afirman que sufrió todo por amor y por esa fe profunda que dicen que profesa y que tanto valor da a la indisolubilidad familiar y a sus niños (los otros niños, las otras familias, los otros sufrientes vienen a darle un poco lo mismo). ¿Tendrá hoy tiempo, un segundo siquiera, para pensar cómo su indiscutible torpeza en la gestión de los casos de ese maldito ébola que había contaminado a los misioneros españoles, cómo sus oídos sordos a tantas indicaciones médicas que recordaban que no teníamos capacidad ni niveles de protección y alarma suficientes, que la desdidia y el incumplimiento de los protocolos nos han convertido no solo en un foco de la actualidad internacional -el primer país europeo en detectar un caso de bola- sino en la inseguridad, el miedo, el riesgo a los que nos ha sacrificado a todos los ciudadanos españoles? ¡Y pensar que lo lógico hubiera sido que el ébola hubiese encontrado su caldo de cultivo como lo estarán haciendo -nos tememos- otros virus en el desamparo de los inmigrantes a los que se niega la atención sanitaria!

Hay tantas razones ya por las que Ana Mato-Confetti debería haber dimitido en un ejercicio necesario de responsabilidad política (por consentir la corrupción, por disfrutar de sus beneficios, por destruir el sistema sanitario español, por provocar muertes con sus recortes, por poner en riesgo grave a todo un país) que parece mentira que en ese cuerpo quepan dosis tan altas de desfachatez, de desvergüenza. Tantas razones para cuestionar los méritos de semejante ministra y la salud de un partido y de un sistema que han permitido que alguien sin oficio ni beneficio conocido, sin mérito alguno y con un currículo laboral en cero (huy, perdón, que una vez fue profesora tutora de un centro asociado de la UNED), que uno se pregunta qué pecado mortal hemos cometido los españoles para sufrir entre tanto desamparo y tanto tiempo aciago a semejante personaje en los más altos destinos.

Pero está claro que no, que no va a dimitir, que ni ella ni nadie de su entorno está al tanto de lo que supone tener ese mínimo resto de decencia, que a lo mejor durante sus estudios de Ciencias Políticas faltó a clase el día que explicaron el concepto de responsabilidad política o se le perdió ese tema de los apuntes. Y es que con el caudal personal que aporta, ahora que empiezan a no verse tan fáciles las puertas giratorias. ¿quién querría a semejante personaje cerca, quién le encomendaría función laboral alguna? Así que solo le queda resistir y resistir para cotizar y cotizar, no vaya a ser que los ingresos propios y conyugales no hayan llegado sobre a sobre a construir un patrimonio para que sus niños se críen tan monos y privilegiados como ella.

Pero si se trata de eso, de resistir y de cotizar, uno que es sociataprogre y por tanto castueño irredento propondría una solución que en estos días creo que compartiría una buena parte de la ciudadanía española: Está bien, sea usted ministra, sea alto cargo y terrible carga, continúe cobrando sus pingües mamandurrias públicas, pero hágalo donde no pueda causarnos daño. Que Rajoy la conserve en su gobierno como Ministra de Serpentinas y Fiestas Infantiles, que la envíen a Eurodisney como embajadora plenipotenciaria, que nos represente a todos como Alta Comisionada para el desarrollo de los coches de lujo, pero por favor, señora Mato-Confetti , no continúe desacreditando a la sanidad española, no siga sembrando dolor, deje de ponernos en peligro: nos va la vida en ello.

martes, septiembre 30, 2014

LAS PARCAS (Fauna de Autobús)


Al contrario que Caperucita, elijo para regresar a casa el camino más largo. No tengo gran cosa que hacer, llevo en la mano Sebastián en la laguna, de José Luis Serrano, y una larga tirada en la Línea 5 parece una disculpa estupenda para sumergirme en la lectura de unas páginas hermosas y sutiles como esta calma del final de esta tarde primeriza de otoño. 

La Línea 5 es, en el Servicio Municipal de Transportes Urbanos de Santander, toda una novela por sí misma. No es la única que en su recorrido abandona la arteria principal de la ciudad y se adentra en los extraños territorios de los barrios, pero por alguna extraña razón es más bulliciosa, singular, parleras y conflictiva que otras. Aunque a las nueve de la noche y con el autobús casi vacío, puede resultar calma y placentera como cualquier otra. Y vaya, que es la que me deja más a mano de casa.

Me siento casi al final del autobús, busco la página marcada y retomo la lectura con las tías de Wences que se quieren morir y Tadeo enfermo maldito de SIDAy Carlos el Aburrío contemplando un OVNI. Las palabras de nuevo comienzan a inundarme cuando, maldición, las Parcas ocupan los asientos de la culera del autobús, justo detrás del oasis que yo había construido por unos breves instantes.  Cloto, Láquesis y Átropos, señoras de los destinos, invasoras de la vida. Cotorras hasta la náusea, parlanchinas y escandalosas hasta el terror. 

Comienzan los rituales oscuros cuando tras un breve acelerón nos llega una pizca de aire.

Cloto: Qué horror de aire acondicionado. ¿Por qué no lo quitan?
Láquesis: Eso digo yo, por qué no lo quitan. Qué horror.
Átropos: Que lo quiten, vamos, que mañana me va a doler el cuello.
Cloto: A mí la garganta.
Láquesis: A mí la espalda.
Átropos: Es que qué manía con el aire acondicionado. Porque ventanillas abiertas no hay.
Cloto: No, no hay. Bueno, sí, esa.
Láquesis: Esa, sí, es que mira que la gente es tonta, que abre las ventanillas aunque sabe que no hace falta por el aire acondicionado.
Átropos: Es que no se enteran, y si la abren el aire acondicionado va mal.

(nuevo aceleren, nuevo viento … estamos a unos 24 grados)

Cloto: Pero qué frío, que es lo que yo os digo, que por qué no quita el aire acondicionado.
Láquesis: O la ventana, que cierren la ventana, porque lo mismo no es el aire acondicionado.
Átropos: No, el aire acondicionado si hay ventana abierta no. Será la ventana.

(caballero harto del coñazo que dura ya cuatro paradas se levanta y cierra la ventanilla, asustando a las dos pobres y silenciosas mujeres sentadas al lado)

Cloto. Menos mal.
Láquesis. Menos mal, eso digo yo. ¿Veis cómo no era el aire acondicionado?
Átropos: La gente, que es tonta, si con el aire acondicionado no hacen falta las ventanillas abiertas.
Cloto. Y qué cara ha puesto.
Láquesis. Pues que hubiera cerrado ella, no te fastidia.
Átropos: Se habrá asustado con el golpe. Y con el señor corriendo hacia ellas así de repente.
Cloto. Pues que la hubiera cerrado ella, que ya nos habrá oído quejarnos antes.

(ella y todo el autobús, claro)

Láquesis. Pero qué bien ahora, porque no era el aire acondicionado.
Átropos: No, el aire acondicionado no, era la ventanilla.
Cloto, Sí, esa ventanilla, que estaba abierta, y qué mal ha mirado esa vaya.
Láquesis. Pues que la hubiera cerrado, que nos molestaba y luego mañana la espalda ya se sabe.
Átropos. No, a mí el cuello me da igual, a mí lo que me mata es el cuello.
Cloto. Y a mí la garganta.
Las tres a coro. Y a todas el chichi, se nos enfría el chichi.

(Otras seis paradas)

Láquesis. Qué bien así sin el aire.
Átropos. Aunque al final yo creo que era la ventanilla.
Cloto. Sí, qué frío, es que además estos días por la noche refresca, y te levantas con la garganta mal.
Láquesis. Sí, la garganta. O la espalda.
Átropos. Yo más bien el cuello. Pero se agradece, que vaya calor este verano.
Cloto. Vaya calor, sí.
Láquesis. Aunque más que el calor era la humedad.
Átropos. La humedad terrible, yo es que no dormía nada.
Cloto. Ni yo, y te destapabas para dormir mejor y luego claro, la garganta.
Láquesis. Y la espalda.
Átropos. Y el cuello.

(y el forro de los cojones, no puedo más, otras seis paradas)

Cloto. Terrible todo, el aire, la ventanilla, la humedad, el calor, el frío,el dolor de chichi … Y ahora voy a cenar bocartes. En cazuela.
Láquesis. Yo los cené ayer.
Átropos. Qué ricos los bocartes en cazuela, yo compré para mañana. Pero había uno machacado. 
Cloto. Ay no, a mí machacados no, si están machacados los tiro. Con lo que cuestan.
Láquesis. Machacados no, pero con cebolla están ricos.
Atropos. Y con un poco de pimentón los pongo yo, pero picante no que me sienta mal al duodeno.
Cloto. Y a la garganta. Ay no, que eso no es el pimentón, que es el frío. Pero bueno, da igual, los bocartes están ricos.
Láquesis. Eso me parece a mí, que están muy caros, pero muy ricos. En cazuela.
Átropos. Y con cebolla, y lo rápido que se hacen.
Cloto. Y dos cucharadas de aceite. 
Láquesis. Eso, dos cucharadas de aceite, qué ricos, y qué rápido se hacen.
Átropos: Yo una y media. Y cebolla. Muy rápido, en la cazuelita de barro. Menos los machacados.

Se baja Átropos, pero una gorda brutal decide cambiar de asiento. Es Tánatos, La Muerte. 

Tánatos. Ay, hija, si no te había visto. Estaba mirando para acá pero no te había visto. 
Cloto. Ay hija, hola, ¿es que ibas mirando para atrás? Yo si me siento para atrás me mareo.
Láquesis. Sí, si vas sentada para atrás es bueno que te dé un poco de aire.
Tánatos. O bajar la ventanilla.
Cloto. Sí, mejor bajar un poco la ventanilla. Pues no te había visto.
Láquesis. O que pongan el aire un poco fuerte. ¿Y dices que estabas ahí sentada?
Tánatos. Pues sí, ahí, pero no os había visto. Os había oído.
Cloto. Sí, es que estaba hablando con esta y con una señora que se ha bajado antes.
Láquesis. Si, con una señora. Creo que iba a cenar bocartes.
Tánatos. Qué ricos los bocartes. En cazuela. Pero sin pimentón, que repite y me duele la tripa. Pues eso, que no os había visto.
Cloto. Ya, es que ibas para atrás. Yo si voy para atrás me mareo.
Láquesis. Yo también, por eso bajo la ventanilla, que me dé el aire.
Tánatos. Mujer, para qué vas a bajar la ventanilla, si hay aire acondicionado. Pues eso, no os había visto, pero os había oído, pero no os había conocido.
Cloto. Es que claro, oyes a la gente en el autobús pero no te fijas, que no somos cotillas.
Láquesis. A mí una el otro día me dio un golpe con el bolso, qué daño.
Tántanos. Llevaría bocartes y tendría intención de machacarlos. Pues eso, que no os había conocido.

Por fin llego a mi parada. Sigo en la misma página. Me bajo del autobús. Muero. Fin.

miércoles, septiembre 10, 2014

SOLOMILLOS NÁUTICOS


Hay ciertas edades a las que todos estamos (estuvimos, ay) de coge pan y moja que trisca, así que al final no va a tener tanto mérito que la alegre muchachada veinteañera y esportiva que lleva ya unas semanas pululando por mi barrio y por mis zonas de operativo habitual santanderino esté tan requetellamativa. Pero no por no tener mérito va a alegrarnos menos la vista.

Y es que con motivo del Mundial de Vela 2014 que se inaugura oficialmente mañana, hemos recibido en la capital cántabra a lo más selecto de lo más selecto de las diversas especialidades, y por aquí andan entrenando, paseando en patinete o en bicicleta, desayunando, comiendo y cenando en mis cafeterías de cámara del Siboney y Casimira, repasándose las mechas rubias y luciendo palmito, lisura y desenfado como sólo la alegre muchachada sabe hacerlo.

No es que se haya caído el sistema del Grindr a nivel local como ocurriera en London 2012 (aunque algunas fotos se han visto por esas pecaminosas redes de maricontactos con tersos abominables sin rostro con puntitas de vela y azules oleajes como fondo), pero está resultando claro que algo tendrán que ver los recién allegados con este calor que va a acabar con nosotros antes del fin de septiembre. Desayuna uno cerca de los polacos y enfrente de los italianos, come algo ligerito al mediodía con mejicanos a la diestra, argentinos a la siniestra y australianos al otro lado de la luna que da a la terraza. Por la noche más italianos, junto a griegos, australianos, noruegos y daneses, para terminar con un paseo a los perros con vistas al equipo británico que ha recalado por mis alrededores.

Uno está aprendiendo mucho. Que hay deportistas de elite que necesitan barco grande porque fofean más que triscan. Que la pasta es megasaludable y trajinan espaguetis como posesos. Que usan todos el mismo número de tinte y frecuentan al mismo peluquero, todos menos los noruegos que son los únicos que llevan recortadito el pelamen y tienen pinta de amarillo natural. Les apasionan patinetes y bicicletas y al contrario de lo que tengo testado con alegres muchachadas de futbolistas y ciclistas, casi es imposible encontrar alguno interesado en los perros, ni siquiera en los de agua. Adivina uno también que o se embadurnan bien embadurnados o en unos años habrá más de un cáncer de piel, deliciosa y crujiente piel. Ah, y que Barney Stinson tenía razón con su teoría del efecto animadora y a veces las individualidades son menos apetitosas a mano que el conjunto en pájaro volando.

Como fuere, ahora que sabemos que nos espera un tedioso otoño-invierno en que la carne disponible tendrá más de carne picada y lomo adobado que otra cosa, por fin hay que agradecer a Pavisoso esta alegría de la vista. Que aunque agua que no has de beber, déjala regatear, tiene su gracia pecar y pecar con los ojos ante la evidencia epifánica y extática de tanto solomillo. Náutico y a vela.


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