viernes, noviembre 25, 2016

DESORDEN DE SETTERS, AMOR DE SETTERS


Me han enviado Gin un guausapp y Glendamaría una premonición malvada y misteriosa diciendo que ellas ya han cumplido con el compromiso de difundir el Reto Solidario de Nuez Seguros para ayudar a nuestros amigos de SOS Setter.

Y esta habitación desordenada debe mucho, pero mucho, de su desorden a la alegría y los juegos de Gin y de Gelo y añora la ternura de Harley. Así que voy a cumplir con mi parte, a pesar de lo perezosa que está esta vieja página virtual. Votar por SOS Setter en el Reto Solidario garantizaría un buen suministro de pienso que les haría la vida un poco menos difícil a los perros acogidos y en espera de familia de adopción. Además de los votos, puntúa que el reto aparezca en un blog, así que no vamos a estar perezosos esta vez: allá va el enlace al reto tal y como lo han colgado Sonia y Berto en la web de nuestra protectora favorita:

http://www.sossetter.com/votaelretonuezdesossetter/

Mis mejores deseos para SOS Setter, mi voto por que este reto sea una gran ayuda para su trabajo, y mi agradecimiento a Nuez Seguros por una estrategia publicitaria que pasa por invertir en solidaridad.

viernes, noviembre 04, 2016

El amor, el dolor, la vida, el sexo. Estamos leyendo... "El amor del revés", de Luisgé Martín.


Cualquiera que sienta pasión, pasión verdadera, por la literatura (esos a los que con una bellísima palabra el diccionario de la RAE define como letraheridos y a los que yo alguna vez me refiero como librópatas) sabe de las múltiples y profundas emociones que la lectura de un texto notable puede despertar en el lector. La complicidad, que nos dibuja una sonrisa en los labios; el desamparo, que nos envuelve en un silencio frío; la belleza,  que se manifiesta en las lágrimas stendhalianas y la sensación de no poder seguir leyendo tras tanto fogonazo; la tensión, en la avidez de las manos que nos tiemblan pidiendo más y más rápido.
 
De las cuatro he bebido leyendo a Luisgé Martín y esta especie de memoria personal y moral que da sentido a este amor del revés llegado a las librerías de la mano de Anagrama en el pasado septiembre. También de otras dos sensaciones quizás menos habituales, la gratitud y el desconcierto.
 
El desconcierto, al encontrar página a página mi propia vida en el cuerpo y los recuerdos de otro. El agradecimiento, por encontrar página a página mi propia vida en el cuerpo y los recuerdos de otro, y a través de esa sorpresa alimentar reflexiones y silencios como espacios de sanación en los que lamer las viejas cicatrices, evocar la lucha y de alguna manera sentir otra vez el daño de entonces.

El daño de entonces es el marcado con violencia en la biografía de quienes tuvimos que aprender a ser diferente, a sentir diferente, a vivir diferente, a follar diferente, a amar diferente. Un camino que Luisgé Martín recorrió en tiempos cercanos a los míos, nuestras edades son cercanas, con ritmos parecidos a los míos, con experiencias algunas veces tan similares como disímiles otras por mi mayor timidez (y mira que eso debe de rozar lo imposible), quizás mi mayor cobardía, y sobre todo el hecho de haberlas experimentado en ciudades mucho más pequeñas que el populoso y poderoso Madrid.

Luisgé nos habla de propio reconocimiento como homosexual, en un tiempo en que esa palabra era al tiempo ignorada, invisible y maldita. Nos cuenta con reflexiones profundas y certeras, con palabras dolorosas y bellísimas, la caída en el pozo oscuro de la desolación, las lágrimas y los rezos pidiendo a quién sabe quién que pasara ese caliz, que por favor, cualquier cosa pero marica no, ese pozo que en algún momento terrible nos arrastró hasta el proyecto, puede que nunca del todo real, de quitarnos la vida (nunca hubiera sido capaz, pero recuerdo perfectamente esa noche en la que pude haber llegado a intentarlo).

Luisgé nos habla también del proceso, del crecimiento, del escarceo, de los amores imposibles, los difíciles y los relativamente fáciles hasta encontrar el loco, firme, verdadero amor. Y de toda la luz ganada a lo largo del viaje, esa luz que supone ser capaz de nombrarte, ser capaz de presentarte, ser capaz de ser primero, de decir más adelante, de vivir y aceptar luego, de sentir el orgullo como estación final de un trayecto doloroso, invisible, seguro que insignificante entre el dolor del mundo que por fin nos ha dejado respetarnos y gritar, luchar por el fuerte y defender las posiciones, a pesar de que el peso de la cristiana culpa ni nos ha dejado ni nos dejará nunca.

Desde mi primer encuentro como lector con Luisgé Martín (no he tenido todavía el privilegio de compartir con él un café) me ha despertado sueños, puertas, preguntas y demasiado a menudo lágrimas. Fue con "La muerte de Tadzio" y luego vinieron otros.

Pero nunca esas emociones, esas reflexiones, esos silencios y esos llantos habían sido tan copiosos como con "El amor del revés": He dejado sus páginas llegas de bordes doblados, de anotaciones y subrayados en los que mi propia vida ha querido penetrar el texto y hacerlo suyo, he dejado un libro lleno de cicatrices que sé que siguen y seguirán presentes, pero que gracias al hermoso exorcismo literario que me ha regalado Martín duelen ahora un poco menos.

No sé si he sido capaz de explicar la sensación de gratitud. Leed el libro e imaginad vuestra historia dentro. Quizás sea la única forma de llegar a entenderla.



 

martes, agosto 09, 2016

EL HORROR


Ayer hablaba sobre la belleza, a partir de esa fortuna infinita que me permitió escuchar el sábado por la noche la lectura que Sir John Eliot Gardiner realizó de una de las más estremecedoras obras musicales de todos los tiempos, la Pasión según Mateo, dirigiendo a sus Monteverdi Choir, sus English Baroque Sololists y a la Escolanía Easo. A la mañana siguiente, con la misma intensidad, fue un reportaje sobre las violaciones masivas en Sudán del Sur, utilizadas como arma de guerra e incluso como soldada para el ejército, el que me golpeó el alma. El ying y el yang, el placer y la pesadilla. Así que he decidido parafrasear el artículo que publiqué ayer en el blog desde el lado oscuro.
 
Te aguarda emboscado, al acecho. Quisieras que nunca te encontrara, pero él se obstina en el golpe, a veces es cierto lo deseas, porque de alguna manera te recuerda que tu corazón no está todavía tan dañado, pero tal vez entonces decida esquivarte. Eso sí, cuando se aferra a tu conciencia duele, duele de una forma física y extrema, duele desde una mezcla de culpa, de piedad, de mala conciencia, de solidaridad, de impotencia, de rabia.
 
Te marca la memoria. Lo conociste en la fotografía del buitre que aguardaba ya preparado el momento exacto en que el niño famélico se hiciese carroña. Cuando la madre ausente y cubierta de moscas amamantaba a su recién nacido con un pecho seco. Estaba cuando te contaron La noche de los lápices y cuando unos niños intentaron arrancar a una cachorrita de spaniel la pata atada a una cuerda, también en los reportajes sobre la Guerra de Bosnia o sobre las masacres de Ruanda. En tu imaginación, como parte de una memoria colectiva, al pisar el suelo de cenizas de Buchenwald.
 
No se trata solo de miseria o de hambre, no se trata solo de desastres naturales, de accidentes o de mala suerte. Se trata de la evidencia de que el ser humano posee instintos indignos, que laten de la mano la maldad sociópata y la maldad banal. Se trata de mirar al verdugo y sentir el espejo, la duda, la posibilidad de ser en el escenario adecuado, en las condiciones adecuadas, como él una bestia.
 
El horror te recuerda que vives, o eso crees, lejos del mal, protegido desde la impunidad que te otorgó tu buena estrella natal. Y te hace sentir mierda porque no eres fuerte para enfrentarte a su galería de destrucción y muerte, porque no eres valiente para dejarlo todo y tratar de dar la cara junto a quienes lo sufren, porque estás acomodado a tu pequeño paraíso y no te sientes capaz de una renuncia, de un compromiso, de una lucha, de una voz que vaya mucho más allá de lo poco que implica una firma, una manifestación o un estado de Facebook profunda y rabiosamente indignado y triste.  Y hasta a veces ni eso.
 
Nos aguarda emboscado para recordarnos que somos frágiles, inconsistentes, que podríamos perder nuestros privilegios ante la indiferencia de ese nadie que quedará para ayudarnos cuando lo que creíamos lejano, imposible, se nos haga certeza irremediable. Cuando ya no importe que el corazón siga latiendo o la conciencia aún guarde su mínima capacidad para la conmoción junto a su hipocresía máxima.

lunes, agosto 08, 2016

LA BELLEZA


Te aguarda emboscada y volátil. A veces la deseas pero ella se te niega, en otras ocasiones golpea con todo su brillo sin preparación o esfuerzo por tu parte, siempre es memorable y se acomoda en esos recovecos que nuestro cuerpo guarda para lo importante, esos espacios que nos hacen ser como somos y que tal vez se correspondan con lo que algunos llamaron alma.
 
La recuerdo rompiéndome una noche de helada en Campoo con un cielo poblado por millones de estrellas, abalanzándose sobre mi asombro desde uno de los gigantescos murales de Anselm Kiefer, inundándome de música en Esles mientras desde una pequeña capilla brotaba el Stabat Mater de Giovanni Felice Sances en la voz prodigiosa de Philippe Jaroussky, hervía en las metáforas sorprendentes en las que Góngora la encerró entre Soledades y Polifemos.
 
Es una melodía, un fotograma, un hoyuelo al sonreír, una mirada, una pirueta, un cuerpo, un párrafo, un color. Siempre un instante.
 
Fue la belleza de nuevo al asalto la que volvió a llenarnos los ojos de lágrimas y las manos de un ligerísimo temblor la noche del pasado sábado. Estábamos esta vez tan vigilantes, tan seguros de que amanecería para nosotros, tan convencidos de la sabiduría de Sir John Eliot Gardiner, tan felices de volver a escuchar al Monteverdi Choir, tan ávidos de la música de los English Baroque Soloists todos ellos al servicio del milagro, de la Pasión según Mateo de Johann Sebastian Bach que podría habérsenos escapado y ¡qué decepción entonces!
 
Pero comenzó la llamada a las Hijas de Sion para que sus lágrimas se pusieran al servicio de Bach y de Picander y comenzaran a narrar de nuevo la pasión y la muerte de Cristo tal como sonó en esa iglesia de Santo Tomás de Leipzig donde todavía duerme su autor bajo una lápida negra acompañada siempre por una única rosa roja. Y supimos que nuestra sangre comenzaba a borbotear, que los ojos trabajaban envueltos en agua, que de nuevo el misterio se nos había hecho presente y nos convertía en imposibles las palabras.
 
A partir de ahí, qué importa señalar que la lectura de Gardiner fue contenida, profunda, galante, qué trascendencia apuntar que el Evangelista trazado por James Gilchrist se hizo un lugar entre los mejores, qué la ya sabida noticia de que no había solistas acoplados a un conjunto sino un conjunto conformado por sorprendentes solistas, qué la fuerza cristalina de los niños de la Escolanía Easo. Todo estuvo en su lugar, la afinación, el empaste, el rigor, el trabajo, la pasión, la transcripción de una música de manera casi cinematográfica. Qué importa todo eso, si al final lo que encontramos fue solamente Música y Gratitud.
 
Y con ellas de nuevo, la Belleza.
 
 


viernes, julio 01, 2016

GANAS DE HABLAR. Mirando hacia atrás sin ira en el Orgullo LGTBI 2016


Estoy terminando Furias divinas, de Eduardo Mendicutti, así que voy a robarle un título para esta mirada a la que me he obligado en este blog cada año con ocasión de las fiestas y las reivindicaciones del Orgullo LGTBI.
 
Tengo el Orgullo muy moñas este año, yo os lo he dejado claro en otras redes. Así que me voy a marcar un ejercicio de nostalgia (la alternativa era un artículo muy cabreado) y voy a mirar otra vez hacia atrás sin ira tratando de que algunos entendáis por fin esta necesidad de hablar, de hablar en voz alta, de hablar con cierto escándalo y con un peculiar sentido del exhibicionismo corporal o emocional. Porque en la constante lluvia de valoraciones críticas, negativas o agresivas que el Orgullo genera cada año, a mi alrededor se repite sobre todo una, y se repite en gente a la que quiero o aprecio, que creo que me quiere o me aprecia, pero no acabamos de engrasar las bisagras del armario. ¿Por qué hay que hablar constantemente de lo mismo? ¿por qué esa obsesión por decir que soy gay? ¿es que no hay nada más en el mundo que homosexuales, de fiesta o sufriendo, y homófobos de guardia?
 
Voy a comenzar por el lejano año de 1977. Yo no sabía que era un peligro social entonces, tampoco que estuviera enfermo o que formara parte de una conspiración contra el mundo, pero así era de forma más o menos oficial entonces, cuando con 12 años (7º curso de EGB) me levanté una mañana y lo supe, que era eso con lo que la gente se insultaba por la calle o en el patio del colegio, que era marica, maricón. Creo que nunca fui amanerado, no mucho al menos, así que no me parece que a mi alrededor se levantaran muchas sospechas, y eso que pistas había dado unas cuantas: me gustaban los libros, la poesía, la música, estudiaba piano, era penoso en clase de educación física, odiaba el fútbol, en el recreo (ventajas de los colegios mixtos) jugaba en entornos comunes a chicas y chicos.
 
Recuerdo de ese tiempo en especial una noche, una noche que me pasé en blanco, llorando sin consuelo posible en la soledad de mi cuarto, porque sólo allí podía desahogarme. Yo no quería ser "eso"; había rezado muchas noches pidiéndole a Dios que por favor, marica no; pero no parecía que me fuera a escuchar, había chicos que me atraían en el colegio, actores y cantantes que se me empezaban a calentar en la imaginación. Recuerdo esa noche porque quería morirme, porque me la pasé pensando en que si me acercaba despacio a la cocina y no hacía ruido y encontraba valor, a lo mejor podía dar el único paso que me iba a librar de la vergüenza eterna. Pero fui un cobarde, como lo he sido durante tantos años (¿he dejado alguna vez de serlo?), así que fui aprendiendo a callarme, a descubrir el silencio.
 
Silencio fue la obligación que me impuse de buscar una especie de novia en el instituto (¿tendría sentido buscarla ahora para decirle que lo siento, que era estupenda, que me encontraba a gusto con ella pero que nunca hubiera tenido una posibilidad?). Silencio fue tener cerca a esos dos o tres chicos que me volvían loco y cortar toda pista sobre unos amores adolescentes que nunca llegaron a sospechar. Silencio y vergüenza ese cuerpo que necesitaba saber y que por fin se dejó vencer, que se entregó a un taxista (no deja de tener su gracia) en el bosquecillo de Los Cagigales, cercano a Reinosa. Silencio y vergüenza luego en la universidad, evitando la ocasión pero cayendo un par de veces más, cuerpos oscuros en "camas recién frías" que dijera Gil de Biedma: siempre unos minutos de placer y varios años de culpa y de negación.
 
Me rompí allá por el 1999/2000. Con Juan. Nunca me quedó muy claro a qué estaba él jugando, pero sí lo que yo quería. Quizás me equivoqué o quizás se asustó. Pero se fue y me rompí. Y no me quedó otra que salir del armario a borbotones, para poder llorar por lo menos diciendo su nombre, unos borbotones que no se pararon y que me llevaron a abrirme a mis amigos más cercanos y a conectar con ALEGA, la Asociación de Lesbianas y Gays de Cantabria, con ese Javier Edesa que tanto me ayudó, creo que sin saberlo, ese Javier al que echo hoy tanto de menos. Temblé al entrar por vez primera en El Dragón, vacilé al proponer a los amigos locales de ambiente para tomar unas copas, me alejé de algunos y me encontré con otros, rompí con la Iglesia Católica en la que había intentado abrigar mi frío emocional, intenté proteger a mi madre con una doble vida ridícula en la que por un lado evitaba la verdad y por otro aparecía en el periódico como portavoz de ALEGA para ciertas propuestas culturales. Me volví a enamorar y me volví a romper, cuando Lander se incrustó con su moto contra un camión a la altura de Donostia, y continué callado porque ¿cómo encontrar palabras para todo ese dolor y todo ese miedo? Me volví a levantar, acabé de presidente de ALEGA y continué enredando en el activismo LGTBI aprendiendo mucho, abriendo el corazón mucho.
 
Callando todavía mucho porque... es que en ese 2000 tenía ya 35 años, y ni joven, ni cachas, ni guapo, ni rico, ni encantador, ni echado p'alante, sin un solo gramo de educación sentimental en mi historia y en consecuencia sin ser capaz de una caricia o un beso en el momento justo, como un adolescente que hubiera nacido con el arroz pasado ¿qué hacía yo por allí salvo en cierto modo el ridículo?
 
Creo que fue Leo quien me salvó para volver a romperme. El amor de Leo, el viaje de Leo, la enfermedad de Leo, el adiós de Leo, todo eso junto, fue como una hermosa y terrible puerta hacia la madurez. Ya no me iba a callar más, ya nunca me iba a callar. Necesitaba gritar, necesitaba llorar, necesitaba luchar; necesitaba hacerlo por mí, por 45 años de hielo y de soledad, quería hacerlo por todos los que no sabían o no podían dar un paso similar, por todas las que no podían o sabían hacerlo. Y ahora tengo ganas de hablar, qué le vamos a hacer.
 
Hablo porque me siento frágil cada vez que un gay, una lesbiana, una persona trans es agredida o humillada, porque podría ser yo y podría importar tan poco como están importando ellas y ellos. Hablo porque no soporto la hipocresía de quienes nos apartaron, nos excluyeron y hoy se muestran como ursulinas ofendidas porque nos besamos, porque nos damos la mano, porque bailamos un día al año enseñando el culo y agitando abanicos de plumas rosas. Hablo porque cada día me cruzo en el trabajo y en la vida con personas que preferirían no tener que verme, ay si al menos no tuvieran que saber que soy maricón podrían sentirse tranquilas, pero yo las agredo con mi visibilidad de tan mal gusto. Hablo porque hay quien se molesta porque no disimulo el amor en género masculino en mis poemas. Hablo porque como todos, hasta los mejores, os calláis cuando se trata de derechos, de dolores, de alegrías, de problemas, de músicas, de fiestas, de muertes, de arte, de palabras, de gestos que implican a maricas y bolleras, a travelos y bi-ciosos, he decidido que mi obligación es la de hablar, la de hablar mucho.
 
Hablo, en fin, porque cuando hablo consigo a veces, desde una nueva soledad que ahora no es culpable, ni dolorosa, ni oscura, que es simplemente la soledad de seguir sintiendo vacía la mano por la calle y la mitad de la cama por la noche, la de no poder refugiarme en sus brazos o confiarme a sus labios, siento que a mis 51 años se me empieza a pasar un poco la vergüenza con la que me señalaron a fuego desde el nacimiento. Hablo porque ahora ya puedo hacerlo con la mirada alta, sin autocensuras, sin permitir ya ni una coma de más a quienes continúan prefiriéndonos invisibles o trabajando para que lo seamos. Hablo porque con la fuerza de las palabras y la del corazón y hasta la de la polla a la vergüenza la ha sucedido el Orgullo.
 
El Orgullo de levantarme de la cama todos los días sin rencor, cargado de fuerza a pesar de seguir siendo un cobarde, de seguir siendo frágil, de seguir roto. El Orgullo de salir a la calle sabiendo quién soy, quién quiero ser, eligiendo, decidiendo, gobernando el barco.
 
Feliz Manifestación del Orgullo LGTBI 2016 a todos los que podáis asistir. Estaré con vosotros desde mi Santander imposible.
 
 

miércoles, junio 22, 2016

¿Y EL 27?



Estamos a sólo cuatro días de las elecciones generales convocadas por la incapacidad real o estratégica de líderes y partidos para dar respuesta a un nuevo escenario, uno de tablero fragmentario en el que alguna vez habrá que darse cuenta de que ni hay gobiernos ni hay leyes sin sumas suficientes. Diría más, que no hay reformas de calado sin acuerdos grandes y a muchas bandas. Y mira que se lleva tiempo hablando de la necesidad que muchos sentimos de reformar una constitución que sirvió para el mundo complejo de 1978 pero que a lo mejor no es adecuada o precisa o suficiente para el tiempo postmoderno de 2016.
 
Yo sigo pensando en que una izquierda moderada, dialogante, abierta, comprometida con las causas sociales y los derechos civiles, con las personas en suma, es el modelo que mejor encaja con mi ser y mi estar en el mundo,  así que volveré a votar al PSOE. Con muchas reservas, con muchos matices, con mucho cuidado, pero es ese el espacio desde el que me gustaría que se encabezaran las transformaciones que sí o sí hacen falta hoy en España, esas las propuestas en las que me veo mejor representado. Aunque ya sé que en un tiempo complejo, en buena medida tenso, lleno de tensiones interesadas, no son precisamente las apuestas dialogantes o moderadas las que se ven impulsadas.
 
El caso es que si en los 70 canturreábamos lo de Love is in the air, ahora habría que versionar un Vote is in the air, hablamos mucho en las redes, algo menos en la calle, de política, hacemos apuestas, cábalas, cerramos puertas y trazamos líneas rojas que más adelante borramos y volvemos a trazar, según lo que unos medios más manipuladores, menos plurales y menos fiables que nunca, o unos líderes que decidieron cambios de publicidad o de estrategia después del último capítulo de Juego de Tronos, nos vayan contando. Así que no es extraño que por el Facebook algunos amigos me hayan preguntado ese inútil qué haría yo el 27.
 
Vamos allá. Por supuesto, doy por sentado que todos los lectores tenéis claro que hablar de pactos en serio, más allá de postureos, es una actividad lógica a partir de la noche del 26 al 27, una vez repartidas cartas y escaños y con el croupier del casino gritando su "hagan juego". Las encuestas ofrecen datos contradictorios o al menos interpretaciones confusas cuando están sin cocinar y divertidas sorpresas una vez cocinadas, por lo que de momento lo único claro es que nadie tendrá mayoría absoluta y nadie tendrá mayoría suficiente para marcar ritmos y jugar con cierta ventaja. Con esto como premisa, me planteo algunas hipótesis.
 
1. ¿Hacia la gran coalición? Por las filas de Unidos Podemos se intuyen los sueños húmedos de todos los que firmarían ahora mismo esa alianza que hemos visto con cierta frecuencia en países sobre todo de Centroeuropa y casi siempre con la finalidad de contener a la ultraderecha. Supongo que por esas filas hay mucho rehén de discursos fabricados hace unos años con cierto éxito de crítica y público, pero no por eso menos falsos. El PSOE ha clamado hasta la saciedad contra esa opción, y desde luego sus acuerdos en ayuntamientos y comunidades autónomas, sea liderando la propuesta, sea como soporte, no han ido precisamente en esa dirección.
Por mi parte, creo que no aportaría nada a España la continuidad en el gobierno de los trileros del PP y de remate sería una catástrofe para el PSOE. En todo caso, creo que quienes pusieron en marcha la "doctrina Trillo" (recuerden, esa fantástica estrategia que consistía en salir a la calle cada día contra el gobierno socialista, en negarse a pactar hasta una mínima coma incluso aunque fueran cuestiones tan importantes como la lucha antiterrorista, y macarrear a las instituciones del estado, desprestigiándolas al dejarlas durante años en estado de interinidad y cortocircuitando sus renovaciones), quienes llevan cuatro años de agresiones continuas contra la ciudadanía y contra los rivales políticos, no pueden presentarse ahora como adalides de la razón, la moderación y el diálogo, no pueden ni deben esperar que los demás olvidemos con tanta rapidez sus escasos talentos democráticos. Quizás cuando haya purgas importantes, y cuando sean capaces de regenerarse y de ofrecer una imagen limpia, decente, puedan encontrar compañeros de tertulia y opciones de acuerdos. En lo que a mí respecta, hasta ese futuro que entiendo imposible, de ninguna manera.
 
2. ¿Puede haber una suma de escaños razonable para una investidura con acuerdo PSOE-C's? No me voy a molestar en analizarla: no se va a dar esa circunstancia (hablo de mínimo 165 escaños). Creo que fue un error cuyos motivos no acabo de comprender esa propuesta sin números tras el 20D, un error que sólo puedo justificar a partir de la siguiente premisa (que no descarto): alguien tenía que someterse a una investidura para que pudiera haber nuevas elecciones a pesar de una situación casi diabólica en la que no salían las cuentas por ningún lado. Lo contrario hubiera supuesto una perpetuación de la interinidad de Rajoy en el gobierno. Ni Freddy Kruger me produce tanto miedo.
 
3. ¿Se puede articular una mayoría a la izquierda con superioridad de votos y escaños a favor del PSOE? Está claro que a mí es la opción que me gustaría, a partir de unas negociaciones claras, de unos proyectos compartidos y bien definidos en los que la regeneración pública, la mejora de la calidad democrática de los procesos y las instituciones, y sobre todo la defensa de las libertades cívicas, la dignidad de las personas y el estado del bienestar tendrían que ser las banderas centrales. Se me escapa si es una posibilidad, aunque no lo creo desde que escuché a Carolina Bescansa afirmar que Podemos quería pactar con el PSOE si (me parece muy importante ese si que estos últimos días se está omitiendo) y sólo si Podemos supera en escaños al PSOE. Son dos las posibilidades que se abren, una coalición, en la que tal vez sería inteligente que el PSOE supiera las primeras propuestas antes que las redes sociales y las ruedas de prensa, por aquello de tomarlo en serio, y sería justo equilibrar responsabilidades; la otra, un gobierno muy controlado, muy débil y muy obligado a negociar cada coma con una oposición parlamentaria fuerte pero constructiva desde Podemos.
Por diferentes razones creo que se tendría que trabajar en la primera dirección, sobre todo si tenemos en cuenta la profunda desconfianza de Podemos hacia el PSOE y que de alguna manera la segunda de las opciones abriría en parte la posibilidad de esas famosas geometrías variables que podrían llevarnos a un Congreso en estado de guerra permanente.
 
4. ¿Cabe esa misma mayoría del punto anterior pero con sorpasso de Unidos Podemos? No se va a producir esa pasokización que desde los telones morados sueñan algunos en estado de levitación, pero sí es un escenario posible (imaginemos un 90 U-P's / 80 PSOE o combinaciones parecidas con una diferencia un poco mayor o un poco menor). La estrategia de acoso permanente en las redes sociales y en los medios de Unidos Podemos contra el PSOE y casi contra todos y cada uno de sus militantes y simpatizantes en la red ha conseguido entre otros resultados una cierta antipatía en las bases socialistas, a las que habría que sumar los recelos de algunos barones (no sin justificación en determinados casos), la militancia contra la coalición morada de gran parte de la vieja guardia, las presiones de medios de comunicación, etc, pueden hacer difícil que el PSOE dé el paso. En definitiva, si para el tercer escenario la desconfianza de Podemos con respecto al PSOE no da buenas vibraciones, aquí es justo al contrario, porque esa misma desconfianza está en el PSOE con respecto a Podemos.
Pero si se diera ese paso de facilitar un gobierno presidido por Iglesias, creo que no sería inteligente la fórmula de la coalición. Si algo está hoy fuera de discusión es el talento para la propaganda  o el tiempo invertido en preparar para televisión y un ejército en las redes por parte de Podemos. Un gobierno en el que las responsabilidades de tipo estratégico, comunicativo y organizativo estuvieran en manos moradas y las áreas sociales fueran responsabilidad del PSOE (viene a ser la idea que Iglesias no propuso a los socialistas pero sí en rueda de prensa en enero) acabarían con la imagen de un gobierno gestionado en todo por Iglesias y sus aliados y relegaría a los ministros y ministras del PSOE a la percepción de meros funcionarios de nivel más o menos alto. Les aseguro que en Cantabria algo deberíamos saber de acuerdos parecidos y sus resultados.
Así que en mi opinión sería otra la apuesta sensata: que el PSOE planteara sus condiciones (entre las que por razones diversas deberían estar la presidencia del Congreso y una dirección independiente para RTVE y otros medios públicos) y de ser aceptadas apoyara la investidura de Iglesias para pasar a la oposición y desde allí trabajar para esa exigencia de cambio que hoy late en la mayor parte de los ciudadanos, de manera que pudiera impulsar políticas igualitarias, cívicas, que pudieran contribuir a una salida de la crisis fortaleciendo a los sectores más desfavorecidos y a las clases medias, y que dieran capacidad para evitar posibles excesos (lo siento, yo tampoco me fío, y he escuchado demasiadas cosas en el último año que no me tienen precisamente tranquilo).
 
5. Me queda la posibilidad de que sumen mayoría C's y PP. Creo que es una posibilidad menor que las anteriores. En todo caso, la dejo al margen porque por un lado no dudo de que si los números salen, no cabrían en sí de gozo ni azules ni naranjas, y por el otro porque en este caso no tengo nada que ver. Aunque por desgracia tendría mucho que sufrir.

viernes, junio 10, 2016

DANIEL ABREU, UN POEMA EN EL CUERPO


Veo por segunda vez Vénere, la producción más reciente de Daniel Abreu y su compañía de danza y lo hago esta vez más sereno, con los ojos menos entregados a escrutar y entender y mucho más preparados para sentir, para dejarse arrebatar.
 
Abreu es menudo, delgado, amable, de voz canaria y relajada, de sonrisa tímida y ojos con un brillo inteligente que te hablan del fuego del creador, de ese fuego con el que crece sobre el escenario, con el que alimenta sus creaciones y agita a sus colaboradores.
 
Que el amor es obsesión, cuerpo, caricia, silencio, angustia, belleza, furia, movimiento, contemplación, luz, es algo que sabemos. Es algo sobre lo que de alguna manera incide el Vénere de Daniel Abreu, una propuesta en la que los cuerpos escriben sobre el aire un hilo sutil que no intenta narrar ni representar, que simplemente abre puertas para que nuestras emociones atraviesen el umbral y desde el otro lado reconstruyan, sueñen, se alcen sobre el texto lírico que cada movimiento va enredando.
 
Me quedo con algunas imágenes tan extrañas como potentes, las comedoras de flores, bellas y contemplativas hasta el éxtasis, la lenta lluvia de plumas que nos hace recordar el perfecto final de la Soledad Primera de Góngora, obsesivas y claustrofóbicas, la música entrecortada con las barras bajas y la luz intermitente, irónicas, los cuerpos maniquíes revestidos de una masculinidad y una femineidad de mercadillo, suaves y sugerentes, los cuerpos pintándose uno a otro, me quedo con la música de Monteverdi sosteniendo desde su sólido pasado esta aventura del futuro, con la voz hipnótica del contratenor griego.
 
Vénere como sueño, como introspección, como viaje encendido hacia el centro de nuestro propio viaje al territorio del amor.
 
Reconozco haber sonreído con placidez en unos momentos y haber dejado alguna lágrima emocionada en otros. ¿No es ese exactamente el misterio del arte?

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