domingo, octubre 10, 2010

A SU LADO


En la salud y en la enfermedad. Claro que sí. Pero qué pronto nos olvidamos de la salud compartida, de las sonrisas pintadas por Madrid o París en compañía, y nos vamos extraviando en una nube obsesiva en la que sólo cuenta la Italia aún no recreada.

Contaba el mito griego cómo al abrir Pandora su caja los bienes escaparon hacia el cielo mientras todo lo malo se aferraba como una película de pez al mundo. Sólo la Esperanza quedó protegida en la caja, tal vez para que no nos volviéramos locos de pronto y contra toda razón encontráramos fuerza y resistencia para seguir andando.

La enfermedad es miedo. Miedo de cocinar, porque un olor demasiado fuerte podría hacerle daño; miedo de caminar, porque le ha costado tanto coger el sueño y un ruido cualquiera podría despertarle; miedo de caer, porque ahora te has convertido en una de sus primeras fortalezas; miedo del tiempo, porque se va debilitando, consumiendo y te sientes tan torpe y tan inútil.

Hay relámpagos que atizan otra vez el fuego de la vida. Las palabras brillantes de algún libro, la serenidad esquiva de un poema, la voz sanadora de Cecilia Bartoli tejiendo filigranas sobre un aria de Porpora. Su sonrisa, esa que asoma de tanto en tanto paradójicamente triste, tratando de dibujar agradecimiento, pasión, esperanza.

Pero regresan siempre la habitación a oscuras, el dolor en el vientre, la respiración cansada, las comidas que no asientan, la sangre tóxica inundada de venenos que ojalá sean curativos y rápidos aunque duelan ahora. La necesidad de cogerle de la mano para comunicar energía, proximidad, afecto. Regresan el esfuerzo para disimular el gesto preocupado o el comer compulsivo para refrenar la ansiedad.

Está enfermo. Tiene sólo 32 años, es tierno y bueno, y sin embargo está peleando por sobrevivir, por no dejarme solo. "No sé si esto es por algo malo que hice, pero espero que lo que haya sido se me pueda perdonar. No sé si será que alguien me ha deseado mal, pero si es así le perdono porque no podré superarlo si se me queda el rencor dentro" dijo anoche. Dijo que tiene fe, que sabe que va a superarlo. Dijo que cuando estoy cerca y nos rozamos le doy paz.

Tengo hoy la sensación de que me comen las sombras, que me devora el miedo. La sensación de no ser fuerte y no poder resistir, y a pesar de todo estar encontrando fuerzas para seguir donde debo estar: a su lado.

Pero me estoy rompiendo.

6 comentarios:

Gema dijo...

No tengas miedo Regi. Aunque muchas veces pudiera no parecerlo, somos más fuertes de lo que creemos y ese miedo te quita energías que ahora tienen, necesariamente, otro destino. Parece de broma pero aquello que Yoda le dice a Anakin (El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti) funciona realmente así. El amor y toda la amplía gama de sentimientos positivos que os rodea ha de sustituir al miedo porque tiene mucho más poder. Utilizalo. Un abrazo amigo.

Anónimo dijo...

Está ahí. Estais ahí. Juntos. No pienses más allá. Eso es lo importante. El resto... pasará, aunque ahora te parezca imposible. Y la habitación oscura volverá a ser luminosa. Y tú no te vendrás abajo porque estamos cuidándote. Queriéndote.

Olga

Mariluz Arregui dijo...

Con todo mi respeto, con mi cariño,
deseo que sigas siendo fuerte y le ames, precisamente ahora, con todo tu corazón.
Perdóname la intrusión, pero te lo deseo de corazón.
Cuídale lo mejor que sepas, y más, y más.
Ya verás como el miedo desaparecerá...

Un beso,y mucha fuerza, Rukaegos
De corazón

Elena dijo...

Perdóname también a mí la intromisión, pero, aunque he dudado al respecto, al final he desechado escribirte sobre este post en privado y prefiero sumarme a la corriente de los que, también en público, te leemos, te queremos y aquí proclamamos ambas cosas.

Hasta que pasen las sombras que os tienen, sólo puedo contribuir a la esperanza recordándote que los "relámpagos que atizan otra vez el fuego de la vida" son al menos tan reales como esas sombras y que el amor puede verse lacerado, impedido o hasta imposibilitado, pero nunca vencido, por eso es amor. Aférrate a esa victoria íntima, ojalá trascendente y seguro bellísima, que nada ni nadie puede arrebatarnos; ni la más tozuda de la destrucciones materiales, ni el más inexorable de los destinos trazados en torno a nosotros.

La verdad es que he temblado al leerte... No sabía nada. Os envío mi abrazo más cálido, todo mi trémulo amor y toda mi humana esperanza.

Ánimo, ánimo, ánimo.

Mariano dijo...

RECETA PARA HACER EL AZUL


Si quieres hacer azul,/coge un pedazo de cielo y mételo en una cacerola grande,/que puedas llevar hasta la luz del horizonte:/después mezcla el azul con un poco de rojo/de amanecer, hasta que se deshaga;/vuélcalo todo en un orinal limpio,/para que nada quede de las impurezas de la tarde./Finalmente, cierne un poco de oro de la arena del mediodía/hasta que el color se agarre al fondo del metal./Si quieres, para que los colores no se desprendan/como el tiempo, echa en el líquido un hueso quemado de melocotón./Míralo deshacerse, sin dejar señales de que alguna vez/lo pusiste allí; y el negro de la ceniza dejará un poco de ocre/sobre la superficie dorada. Puedes, entonces, levantar el color/hasta la altura de tus ojos, y compararlo con el azul auténtico./Ambos colores te parecerán semejantes, sin/que puedas distinguir entre uno y otro./Así lo hice yo, Abraham Ben Judá Ibn Haim,/iluminador de Loulé,-y dejé la receta para quien quisiere,/algún día, imitar el cielo.

Nuno Júdice


ÁNIMO. UN ABRAZO.

Jesús Cabezón dijo...

Perdona por no encontrar las palabras adecuadas. Sabes que tienes que seguir ahí y lo harás, porque el dolor por el amor no es inútil. Mi mejor abrazo.

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