miércoles, agosto 19, 2020

MARINA PARDO. LA EXQUISITA MADUREZ DE UNA MEZZO SOPRANO



En estos tiempos extraños, en los que hasta los placeres más básicos y asentados de nuestras vidas (ay, la música) se han convertido en un deporte de riesgo, en una ocasión excepcional, me siento feliz por haber asistido la pasada noche al recital de la mezzo soprano cántabra Marina Pardo, con su fiel compañero de andanzas musicales, Kennedy Moretti, al piano, en el un Festival Internacional de Santander tan extraño como los propios tiempos.

Beethoven tenía la culpa. El recital de Marina presentaba como delicatesen central su lectura del ciclo de lieder "An die ferne Geliebte" (A la amada lejana) del genio de Bonn, en la celebración de su 250 aniversario. Acompañaban al ciclo un pequeño ramillete de canciones de concierto del propio Beethoven y varias de aquellos otros nombres que triunfaban en Viena cuando El Divino Ludwig Van llegó a la capital musical del mundo en plena ebullición del Clasicismo. Haydn, Mozart y Salieri, destacando, del primero, esa preciosa escena / cantata que es "Ariadna en Naxos".

No me he venido al blog para hacer una crítica del recital. Aunque sí podría señalar la técnica controlada y exacta con la que Marina Pardo dominó su línea de canto en todo momento, la riqueza de sus matices (esos pianísimos que te dejaban sin aliento) y de su paleta dinámica, la elegancia clásica y sin estridencias de su lectura musical, la perfecta simbiosis con ese Kennedy Moretti que tantos años lleva haciendo música junto a ella, la adecuación a los diferentes estilos y situaciones planteados en las canciones del programa (porque ni el Haydn tan Sturm und Drang del Haydn era gemelo de la delicadeza rococó del Mozart de Mientras Luisa estaba quemando una carta de su infiel amante o del académico y ajustado Salieri, ni el Beethoven de A la amada lejana está ya en el marco del Clasicismo cuando compone el ciclo). Qué bien todo, qué bonito y agradable, qué disfrute.

Porque en realidad me apetecía más hablar de esa Marina a la que he aprendido a admirar, a querer y a disfrutar a lo largo ya de unos cuantos años. Asistir a un recital de Marina Pardo es tratar de adivinar qué habrá ocurrido con su pelo (la he visto cantar con la cabeza afeitada, con un rubio desmelenado en cardados imposibles, con un rosa intenso o un negro como mi suerte), qué prenda lucirá para dar todavía más empaque a su indudable dominio del escenario (la tela absolutamente maravillosa de la falda que lució ayer casi me hace olvidar ese chal espectacular pintado a mano con cuerpos y aves nocturnas que encargó para el schubertiano Viaje de invierno que le pedí -parece que hace un siglo- para el Palacio de Festivales, tan abrigado por las cajas de luz de Fernando Bermejo y su Bosque de la Paz). Esa mezzo soprano a la que escuchamos por primera vez haciendo repertorio sacro del XVIII, como solista en Concentus Musicus Santander, y que ha ido creciendo artísticamente hasta enfrentarse a complejos roles de ópera contemporánea o wagneriana, a la intimidad del recital, a la exactitud tan emocional del Barroco, pasando de un estilo a otro como si fuera fácil despojarse de Wellgunde para llegar a Ariadne.

Desde mi butaca, no puedo evitar sonreír y comentar a mi acompañante cómo la Pardo se come el escenario, se afianza en el centro con un poderío escénico que hipnotiza y atrae, provoca ese instante de silencio que romperá Moretti y que pronto habrá de vestir ella con las notas que le brotan justo al lado del corazón.

Desde mi butaca, tengo que aplaudir cuando rompe la sobriedad litúrgica del recital para recordar, puro esquema, dos cosas. Que los tiempos son raros y complejos y que los músicos necesitan tener al público delante, por un lado. Que el concierto tiene lugar en la misma fecha del calendario en la que Federico García Lorca fue vilmente asesinado en su Granada. Porque la memoria y el compromiso casan de maravilla con la belleza. Y en algún momento del pasado, Marina Pardo fue, en otro Festival Internacional de Santander una espléndida Magdalena en la ópera que sobre La casa de Bernarda Alba compuso Miguel Ortega.

Qué bien volver a escucharte, Marina; qué bueno poder agradecerte tanta música, Brava.

NOTA: Para qué vamos a decir que, puesto que Marina Pardo es una de las artistas más sólidas que ha dado Cantabria, una de las carreras más largas y relevantes, ni el presidente de Cantabria ni el consejero de Cultura encontraron tiempo para hacerse presentes, ¿verdad?

Y eso que esta vez, al menos, el palco no estaba vacío del todo y sí acudió la Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Santander.

martes, agosto 11, 2020

MRS. AMÉRICA, UNA MIRADA AL FEMINISMO DE LOS 70 QUE NOS ABRE LOS OJOS HOY




La serie de HBO "Mrs. América" supone una interesante mirada histórica hacia los años 70 y primeros 80, hacia la llamada Segunda Oleada Feminista , y más en concreto a la lucha de un movimiento como tal y de muchas mujeres desde sus posiciones y experiencias personales para conseguir incorporar al texto de la Constitución de los Estados Unidos la ERA , una enmienda añadida al texto de los padres fundadores que debería consagrar (todavía no se ha conseguido su inclusión) de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Producida y protagonizada por Cate Blanchett, en el centro de un reparto protagonizado por magníficas actrices, habituales de nuestras series más queridas, me interesa mucho todo lo que se puede aprender en "Mrs. America" no sólo por la gran calidad visual de la producción, por los guiones impecables y las ajustadas interpretaciones, no sólo por el viaje a los 70 a través de los ojos de una docena de mujeres a favor y en contra de la Enmienda, no sólo por el retrato de las actitudes, fricciones, prioridades, egos, compromisos y logros del Movimiento Feminista entonces, sino también y quizás sobre todo por lo que me ayuda a leer algunas cuestiones actuales.

Por ejemplo, en los discursos populistas de derecha es hoy lugar común y ya perfectamente integrado entre sus seguidores la idea de que el feminismo es una especie de engendro izquierdista con el que resulta imposible tejer diálogo o colaboración alguna desde otros postulados. El personaje de Jill Ruckelshaus, republicana, activista pro ERA y asesora de la administración Ford, nos muestra no sólo que en un determinado momento histórico la presencia de mujeres conservadoras en el movimiento feminista y su capacidad para influir en los gobiernos republicanos no era una quimera. Es la aparición de la derecha ultra religiosa la que se alía para facilitar el camino de Reagan, tomar posiciones y bombardear las opciones de ese feminismo integrado en el bando republicano en su lucha feroz contra la aprobación de la ERA con argumentos ridículos que sin embargo calan en cierto sector de las mujeres norteamericanas, y a los que suma su profundo, cómo no, anticomunismo, su oposición a los avances de las personas lgtb y sus posiciones pro vida (¿de qué me sonará a mí todo esto). Es la derecha más a la derecha la que expulsa la lucha por la igualdad de derechos de sus filas, y puede que no sea mala idea recordarlo de vez en cuando.

Por ejemplo, queda bastante clara la fractura que dentro del feminismo norteamericano de la época suponen los derechos gays, y la centralidad de si las lesbianas son o no sujetos de la liberación de la mujer, ya que sus objetivos, reivindicaciones y agendas no son exactamente las mismas. Con la que tenemos liada estos meses con las posiciones transexcluyentes, y alguno de los mantras que manejan algunas de sus principales defensoras sobre lo cerquísima que siempre han estado ellas del movimiento gay y sus avances, y qué decepcionadas están con la deriva trans, tampoco está de más recordar que siempre las agendas lgtb han sido laterales, muy secundarias y prescindibles más allá de lo meramente teórico (incluso en lo teórico), y que al feminismo TERF le precedió un feminismo LERF muy muy marcado.

Por ejemplo, que los movimientos sociales tienden a ser diversos, variopintos, a integrar muchas miradas y percepciones, muchas de las cuáles se quedan sin resolver. No sólo abre los melones del feminismo conservador y de su exclusión de la estrategia republicana o de la presencia de las lesbianas en el movimiento. También por ejemplo aparecen otras intersecciones, como la del feminismo negro o el feminismo de clase frente a las posiciones blancas y burguesas mayoritarias. Y que esta diversidad que puede ser polémica y generar fracturas, pero que también aporta riqueza, suele acabar momificada en posiciones pactistas, prudentes, posibles en cuando se toca el entramado institucional o la política de partido, otra lección más que se nos hace transparente en "Mrs. America".

Merece la pena dejarse llevar por la historia de estas mujeres haciendo historia. Entretenida e impecable si se busca sólo televisión sin más, educativa siempre, provocadora en muchas de sus tramas y en la narración de una parte de lo que esa segunda oleada supuso para el feminismo en Estados Unidos y, desde allí, para el feminismo global.

martes, agosto 06, 2019

SOMOS INCÓMODAS


Al vertiginoso ritmo de una vez cada seis meses decido que ya está bien de tener el blog abandonado y que debería empezar a tomarme en serio su resurrección. Escribo un post y me vuelve la murria, pero a ver si esta es la buena.
 
Y es que ha sido un mes complicado este último, con las secuelas del Orgullo y los aspavientos de Arrimadas incendiando las redes y los videos sobre las Jornadas de Gijón incorporando un par de latas de gasolina a la falla.
 
Hasta que después de mucho estrés, cabreos fenomenales y reflexiones varias he llegado a una conclusión. Los escandalitos que cada junio (fase preparatoria) y julio (comentarios de texto) provoca la celebración del Orgullo, así como los aderezos que le aportan a la comunidad LGTBI de manera periódica voces como las de la episcopalidad rampante, los vándalos de Abascal, las cuitas ciudadanas o cierto feminismo radical han acabado por convencerme de que el problema es que somos gente incómoda.
 
Que la sexualidad ha sido históricamente una realidad compleja resuelta en discursos excesivamente simples (en dos, vamos) ha generado siglos de percepciones confusas, centradas más en el control social, la manipulación de cuerpos y conciencias, que en una comprensión certera de los recovecos de la carne humana.
 
Resultamos incómodos para quienes prefieren no vernos cerca. Les cuesta tanto (últimamente un poco menos) escupirnos lo que realmente piensan, que se vuelven una caricatura de la señora Flanders y su "¿Es que nadie va a pensar en los niños?". Aceptando que cuando ellos dicen niños, en realidad dicen niños cisheterosexuales, porque su neurona entra en colapso ante el mero hecho de pensar que pueda haber niños con vulva y niñas con pene, o que mucho antes de salir de esa etapa vital llamada infancia muchos sabíamos ya que nuestra sexualidad poco tenía que ver con la norma obligatoria. Ver a Espináusea de los Mondongos clamar cual heroína trágica "¡que será lo próximo!, ¿la homosexualidad obligatoria?" ofrece un tufo perverso en las fauces de quien parece haberse sentido bien cómodo en los cógidos de la única sexualidad que ha sido obligatoria durante la mayor parte de la historia. Así que intentan despojarnos de nuestro derecho a la lucha, convirtiéndonos en una fiesta, de interés regional a ser posible, en un mero carnaval, una "fiesta de la diversidad" donde "todos tienen espacio", sea cual sea su historia, sea cual sea su planteamiento social y político. Eso sí, como su fiesta de la diversidad es el Orgullo, si un colectivo antitaurino se concentra delante de una plaza de toros está bien que se les agreda y se les insulte, por provocar, o que la autoridad incompetente impida la concentración u obligue a celebrarla en las afueras de Sebastopol.  Proponen recorridos alternativos, lejos de las miradas de las gentes de bien.
 
Y es porque nuestra libertad, nuestra visibilidad, nuestra dignidad, nuestros derechos, nuestras luchas, les molestan. Somos divertidos cuando nos vacían de sentido. Somos aceptables cuando nos disfrazamos de ellos (de esos ellos que dirían "de normales"). Somos estupendos cuando nos quedamos en casa, llorando bajo las sábanas y dispuestos a seguir siendo víctimas de sus abusos. Somos ejemplares cuando hacemos público nuestro rancio auto odio y explicamos que en efecto, no tenemos por qué tener derechos o protección o espacios diferentes de los suyos. Así que se empecinan en un constante y masivo Straightsplaining en el que ellos, que no han llevado nuestros zapatos, que no han vivido nuestras vidas, que no tienen ni la más remota idea de nuestros procesos de construcción personal, nos explican la manera correcta de hacer las cosas "sin molestar". Como si no hubiéramos intentado cambiar su odio "sin molestar" a lo largo de la historia, como si uno solo de los avances hubiera ocurrido "sin molestar".
 
Nuestra libertad, en fin, es incómoda para quienes odian la libertad. Nuestro compromiso crítico es incómodo para quienes se escuecen ante la crítica y prefieren que seamos cáscaras vacías y, eso sí, molonas y divertidas. Las lesbianas molestan a los gays. Las mujeres transexuales molestan a mujeres que les niegan su propia esencia. Nos molestamos todos a nosotros mismos, porque cada vez que un acontecimiento, un discurso, una transformación nueva hace su aparición, tenemos que reinventarnos y reconstruirnos de nuevo.
 
Quizás sea esa nuestra identidad básica, la que de verdad compartimos en la comunidad LGTBI frente al mundo, en estos nuevos tiempos donde vuelven a molestar las identidades, las personas, la libertad, todo lo que se salga de lo establecido por la norma general.
 
Así que seamos incómodas, chicas. Cuanto más les moleste, más claro estará el buen camino.

jueves, marzo 21, 2019

SALIENDO DEL ARMARIO CADA DÍA


 
Llega ese día en el que reorganizas tu mochila, te rindes a la necesidad de ser quien de verdad eres, dominas (sólo un poco) el miedo y los nervios. El miedo, porque estás seguro de que van a dejar de quererte todos los que te importan (y con algunos pasa); los nervios, porque como en el mito de la caverna platónico, más allá del armario está la luz, y no sabes bien qué puede pasar cuando te alejes de polvo, penumbra y polillas. Al principio son pasitos pequeños, con la puerta entreabierta y no muy lejos, cuidando la zona de confort. Eso es, una copa en uno de esos locales que llevas tiempo identificando con las puertas del Averno, con la vergüenza inundándote la cara; una pequeña confesión a una persona cercana, que a veces ni siquiera muestra sorpresa; un pequeño roce de manos, de rodillas, de mejillas ruborizadas, de labios temblorosos con Javi (bromeábamos entonces algunos recién llegados del armario con "el primero siempre se llama Javi", "o Juan", así que todos llevábamos en las primeras líneas de la agenda un Juan o un Javi que nos había dejado rotos); los primeros desengaños y las primeras lágrimas... Y por fin ¡ale, hop! triple salto mortal carpado con tirabuzón y batacazo seguro, ya estábamos fuera del armario, más o menos a lo grande. En mi caso, nada más y nada menos que en El Diario Montañés, con una rueda de prensa de ALEGA; en otros que conozco, sin anestesia: "Papá, Mamá, os presento a Juan" (o a Javi, claro); otros más, con gran sentido escénico y fuerte influencia del melodrama clásico, justo antes del brindis de Nochebuena y en presencia de toda la familia, "tengo que deciros algo muy importante". El salto final, en fin, y ya está.
 
¿Ya está? Ay, inocente, eso es lo que tú te creías.
 
Desde ese salto liberador, desde esa respiración profunda que de pronto te limpia por dentro y te refresca toda la vida, parte de tu trabajo cotidiano consiste, precisamente, en salir del armario de nuevo. Una vez, otra vez, venga, una más.
 
"¿Por qué los gays no sabéis más que hablar de lo vuestro?", dijo Luisa. "Que a mi no me importa tío, que somos amigos de toda la vida, joder, pero es que estás obsesionado, todo el día con el temita", dijo Javi (no el primer y obligado Javi, sino Javi). Luisa, sorprendida porque en una mesa sobre prostitución y trata de personas en la que me habían invitado a participar, me atreví a introducir el factor chaperos. Javi, porque después de muchos años de contacto perdido me encuentra en el Facebook y de vez en cuando comparto noticias sobre agresiones homófobas. Un poco el típico "Es que ya no se puede ver la televisión, no hay más que maricones" de tantos, cuando entre setecientos anuncios perfectamente heteronormativos, a Levis o a la Coca Cola se les ocurre incorporar un par de miraditas seductoras entre dos chulazos igualmente normativos pero muy muy poquito heteros.
 
Ah, que exagero. Pues exagero. Pero tantos años después, tanta visibilidad pública y privada después, me siguen preguntando por mi novia, continúan invitándome a saraos a los que puedo acudir con mi mujer, conozco a nuevos compañeros y compañeras de trabajo, nuevas amistades, nuevos nombres en un partido, en una organización, en una tertulia literaria, un sin vivir, vamos.
 
Ya casi nunca pasa nada. Porque has aprendido a alejar de tu vida a quienes te denigran y te quieren de regreso al maravilloso mundo de las polillas, porque has aprendido a hablar con naturalidad y a dominar la ironía y la broma para arremeter contra ti mismo ("Pues es que mi novio y yo", "Cuando salía con ese chico que trabaja en...", "Uy, que se me escapó la manita" o "Vaya, se me acaba de caer una pluma"). Y porque el eterno y no siempre fácil trabajo de la visibilidad ha ido sembrando y recogiendo ("Y los que no somos normales..." "Eh, que tú eres normal, eh, que no pasa nada" "Bueno, yo me refería a que me gusta la ópera del siglo XVII, no me vayas a decir que eso no es raro") se encuentra ahora casi siempre con rostros amables y sentidos atentos. Aunque todos tengamos un largo #MeToo lgtbfóbico que crece y hace daño a pesar de todo el tiempo pasado, a pesar de este 2019.
 
Ayer tocó de nuevo. Una lectura poética en Cangas de Onís, ante un público desconocido en su gran mayoría, en su gran mayoría mujeres mayores (claro, cómo no), en una localidad pequeña y de almita conservadora, según me contaron después. Y de nuevo, al contextualizar los poemas, salieron las palabras "Leo", "novio", y los adjetivos en masculino que a veces me han recriminado. Y de nuevo leo el poema Orgullo, la crónica de aquel beso a plena luz mientras una cacatúa, imagino que pronto votante de esoX, graznaba su horror con aspavientos y en voz muy alta. Ayer de nuevo, las miradas atentas, una furtiva lágrima tras algún poema de los que sé que dañan, el respeto, el aplauso y los comentarios posteriores, felicitaciones y apreciaciones sobre algún poema en concreto que había gustado especialmente, Orgullo entre ellos.
 
Seguimos saliendo del armario cada día. De una manera sosegada, dulce, segura, ahora que el tiempo también nos fue devorando y que tenemos armas para defendernos con cierta eficacia. Pero el temblor inicial, la duda, la pregunta de si no será mejor un poco de autocensura, un rodeo para ciertas cuestiones, la ambigüedad o el silencio no serán ese día una opción más atinada. Aunque la respuesta sea siempre, claro que no.
 
Porque Javi, Luisa, no estamos obsesionados. Simplemente nos negamos a callarnos de nuevo. Recuperamos el tiempo perdido, vivimos, luchamos y exigimos. Con la cabeza alta, sin tregua. Saliendo del armario cada día.

jueves, febrero 21, 2019

MOMENTOS ESTELARES: EN NOMBRE DE LA PRINCESA INCA


Irresponsable como suele, anduvo el malvado Rukaegos con intensidad marejadilla y cierta intermitencia, enredando por los rosales de la política autonómica, con garbo tal que pronto acabo maridando con las listas electorales como la carne de cocido y la bechamel con los pimientos rellenos o como un tinto de Requena (viene muy a cuento la uva bobal para lo que cierno) con unos escalopines de buey de Kobe rellenos de fuá de oca a la alsaciana. Así que bien aprovechada su indudable calidad como relleno a punto estuvo de hacer póker juntando niveles: municipal, nacional y europeo, aunque fallole como muchísimo la carta autonómica. No por eso dejó de lucir pinturero la camiseta que encargó a su amigo maricamisetero fashion, con el eslogan "Lo mejor del pavo, el relleno" y con la que acudió a mítines, encuentros y quisicosas varias en las que alguna vez triunfó por su donosura, su suculenta labia y un chechapil absoluto y arrebatador.

Hábil como suele, prefirió posicionarse contra el mundo, o más bien el mundo decidía siempre posicionarse contra él, pero solo porque las adscripciones críticas en el torrefacto mundo de los partidos molan mucho más, son más sufridas siempre (un poco como ser seguidor del Racing de Santander) pero, dónde va a parar, mucho más divertidas. Y fue entre los porcentajes críticos como nuestro villano favorito consiguió aposentar trasero en algunas instancias, orgánicas unas, inorgánicas las más, como espectador privilegiado y actor de reparto con pocas líneas del gran teatro del mundo. 

Fue al poco de salir de un algo, quién sabe si congreso, asamblea o comité, cuando en una atorrante compañía alguien mencionó al Maestro entre los Maestros, el siempre bienamado Berlanga. Otro alguien apuntó "tal como están las cosas deberíamos seguir su ejemplo e introducir la palabra austrohúngaro en nuestras intervenciones ante el Sanedrín Regional de la Rosa". Risas. Tomó la palabra Rukaegos y espetó "¿Austrohúngaro? Qué visto todo y qué fácil la cita. Yo me comprometería si la referencia fuera algo más complicado, no sé, ¿Yma Súmac?". El asombro llenó de grisura espesa la taberna. "¿Y esa, por Manitú, quién demonios es?" exclamaron varios compiyoguis a cinco voces mixtas no del todo afinadas y poco dotadas para la polifonía renacentista holandesa. Después de un par de móviles en busca de la wikipedia perdida y algunas orejas más o menos pendientes de las sucintas explicaciones del malvado,  se celebró por lo alto con varios y largos brindis la memoria de la en su tiempo célebre soprano peruana de agudos intangibles y, todo hay que decirlo, un punto gritones, bella entre las bellas y portada de un par de Hollywood Amazing People de los 50, gracias sobre todo a sus películas de aventuras junto al malote Charlotín Heston y su pretendida genealogía que la convertía en princesa inca, descendiente por línea directa de Atahualpa, Manco Cápac y Pachacútec. 

No se lo querrán ustedes, siempre desconfiados, creer, pero Rukaegos, vil y tal, cumplió con su prometida apuesta, desgranando perlas como "De seguir por este camino hacia la irrelevancia vamos a pintar menos en la política regional que Yma Súmac en el paseo de la fama de Hollywood", "Aunque mi voz sea menos seductora que la de Yma Súmac, voy a leer un poema que deja claro lo que pienso en este momento" y estrategias similares que resultaban siempre recibidas con miradas atónitas por los oficialistas, miradas más atónitas por los críticos no informados, miradas torvas y enfadadas por Ella (mientras pensaba, qué poco serio es este tío y qué intolerable arrogancia intelectual, y qué es eso de ymasúmac, qué es) y miradas y bocas al borde de la carcajada histérica por parte de la alegre pandilla con la que se había cruzado la apuesta en la ya mítica noche oscura y tempestuosa.

Nunca le pagaron la apuesta los entonces críticos, luego ausentes, luego oficialistas o críticos o ausentes de aquella vieja farra. Pero el malvado Rukaegos, no tan intolerable como ustedes parecen creer, se dio por bien pagado con las risas, la alegría, el compadreo y el gesto de "maldito intelectual de mierda" que en los grandes momentos invadió el Sanedrín Regional.  Ah, y con el granado descubrimiento de que el gran gran Guille Milkyway con su proyecto La casa azul, tan fresco y tan del gusto del Malvado, había rendido homenaje encendido a la Inca entre las Incas en su temazo La nueva Yma Súmac" que para regodeo del respetable y movimiento compusivito de cadera.

https://youtu.be/a-EuI_aQxGc

miércoles, enero 23, 2019

LIBERTICIDAS CONTRA EL LIBERTICIDIO... Y OLÉ CHIMPÚN.


El cielo está liberticizado, ¿quién lo desliberticizará? El desliberticizador que lo desliberticizare buen desliberticizador será.

Arden medios, mítines y redes, preocupados por la expansión de uno de esos nuevos compuestos terminológicos que no han aselado todavía en la corrección académica, y que tal vez nunca lo hagan, y que proceden de otras tradiciones, otros idiomas y sobre todo otros populismos. Su significado es transparente, leyes liberticidas, gobiernos liberticidas, administraciones liberticidas igual a leyes, gobiernos y administraciones empecinados en el asesinato de la libertad, esa palabra que a la vez dice tanto y tan poco.
 
Me sorprende en estos últimos y no poco convulsos tiempos el uso y abuso de la palabra por parte de quienes en el campo de juego político representan a las fuerzas más conservadoras y reaccionarias, a los defensores de las más viejas esencias, en definitiva a quienes encarnan los valores del poder en sus acepciones más clásicas e invasivas, atacar con vehemencia (esto no sería una novedad) por su carácter liberticida (esto sí) todas aquellas leyes que han ido consolidándose en nuestras sociedades occidentales como apuestas por la libertad material, esas que apuestan por la dignidad de las personas, de todas las personas, la seguridad de las personas, de todas las personas, los derechos de las personas, de todas las personas. Esas leyes, en suma, que nos hacen más libres, diría que mejores, y que no establecen más límites a las acciones personales que el respeto hacia los demás. La lucha contra la violencia de género no debería alarmar a quienes creen de verdad en la igualdad y la practican, a quienes no son violentos; el avance en los derechos de las personas LGTBI no cuestiona ni las familias ni las decisiones de quienes continúan viviendo en su cómoda y omnipresente heterosexualidad; el reconocimiento de la interrupción del embarazo o del divorcio no suponen su obligatoriedad para nadie; la prohibición del tabaco en los espacios públicos es una más que evidente apuesta por la salud pública y simplemente impide que las decisiones de unos estropeen los pulmones de otros. Porque a estas leyes es a las que las viejas nuevas voces atacan como liberticidas.
 
Pobres mandíbulas de cristal, delicados ofendiditos, míseros matones de patio de colegio que se duelen mucho, a grito pelado y moco tendido, cuando ven cómo sus licencias para agredir, sus permisos para insultar, su rotunda convicción de que sus valores son obligatorios para todos y de que ellos detentan en rigurosa exclusiva el derecho para invadir vidas ajenas y prohibir todo aquello que perturbe su paz blandengue.
 
Que no os engañen los cruzados contra el liberticidio. Son simples esbirros y esbirros simples, de los viejos señores, de los hastiados y casposos gatopardos que desde sus seguros torreones intrigan cada día para que todo siga igual, para que nuestra libertad sea solo una palabra bonita, una quimera graciosa con la que invitarnos a mirar el vuelo de las gaviotas mientras las cadenas que con tanto amor nos han preparado siguen amarrándonos a la desesperanza para su beneficio.

miércoles, junio 06, 2018

INTRODUCCIÓN SOCIOLÓGICA AL ESTUDIO DE LA TOXINA INFINITA



Lleva algunos años la Sociología Clínico-paranoide entregada al estudio del microbicho bautizado por el desprestigioso investigador de la Universidad de Jarvar-Cete, Epitelio Martínez como Toxina Infinita Socio Infecciosa Sucia (T.I.S.I.S.), de aspecto y costumbres similares a la Porculera Común, la Mamarracha Atroz y, sin duda, a la Rencorosa Parásita Tropical.

La intensidad del estudio desde que se consiguió identificar y catalogar una cepa especialmente rabiosa de TISIS en una Comunidad de Vecinos de Tallahassee y otra un poco menos violenta alojada en el Club Náutico de Torrelodones ha producido avances tan destacados como preocupantes, una vez enunciado el Primer Principio Etológico de la Toxina, conocido también como Ley Universal de la Toxina: Allí donde hay una organización social, habita un número de toxinas directamente proporcional al número de componentes de la misma e inversamente proporcional a la cantidad de neuronas activas de los miembros. Por su tendencia volátil y sinsustancia, y gracias al Segundo Principio, el de Volatilidad Ascendente de la Toxina, tienden a vivir como vecinas pelmas de la dirección, al tiempo que sueñan (Principio de Iznoguz) en ser dirección en vez de la dirección.

Puesto que sus contenidos cerebrales tienden al conjunto vacío, se ven a sí mismas como salvadoras de la humanidad, puesto que desmiente su comportamiento de rémora pegajosa con el poder, para ver qué atrapa más allá de sus posibilidades. O sea, cualquier cosa.

En la defensa de su mamandurria nutricional, tienden a erigirse en guardia pretoriana arrugada del jefe o de la jefa, mientras con las patas de atrás afilan los cuchillos para cargarse al jefe, o a la jefa, y pegajosearse al sucesor. O a la sucesora. de la misma manera, gruñen a diestra y a siniestra, enseñan los dientes y , muy democráticas ellas, te consideran majete si piensas lo mismo que ellas, que a su vez piensan lo que la superioridad diga que piensen, y tratarán de echarte todas las zancadillas del mundo por si te arrimas demasiado a sus territorios de caza y les arrebatas la prebenda en curso. Si por el contrario, no piensas lo que la superioridad manda que piensen, tratará de morderte hasta hacer sangre, con técnicas depuradas y diversas: Si criticas a la superioridad serás traidor fementido, te acusarán de no ser demócrata y de no asimilar los resultados electorales que correspondan; si por el contrario, a pesar de ser crítico con la amada superioridad aplaudes alguna decisión o gesto que te satisfaga, serás un trepa, un hipócrita y sobre todo de los sobre todos un adulador, con tonos melodramáticos demodés y desaforados a lo Pola Negri, pero en feo.

La lucha contra la T.I.S.I.S., pues, y siempre según el doctor Epitelio, exige hoy cursos de salud pública, rogativas a Santa Hildegarda del Palomar y sobre todo paciencia, mucha paciencia. Asco, mucho asco. Y sobre todo risas, muchas risas.

jueves, abril 26, 2018

PRIMARIAS



Allá quien quiera leer las valoraciones y posicionamientos en torno a la celebración de primarias abiertas a la ciudadanía para elegir las cabezas de las listas municipales y autonómicas, ya demasiado presentes a pesar del tiempo que falta, opción prevista, por cierto, en los estatutos federales del PSOE, y defendida por militantes de diferentes adscripciones familiares, como un cierre espartano de filas en torno a los Álvarez, los Martínez, los Cossío o los Goenaga.
 
Desde luego por mi parte lo que hay es una reflexión y una defensa (sin sentido ya) de una herramienta importante y creo que prudente que podría ser muy positiva en el cuestionamiento de los ombligos orgánicos, en la configuración de las estructuras partidarias en una especie de Sancta Sanctorum más alejado del mundo real que la Tierra de la estrella Antares y en el trabajo de reencuentro con una sociedad que una vez estuvo ahí, como parte activa, viva y rica del diálogo político, y que hoy, en el mejor de los casos, da la espalda, indiferente, a todo lo que se cuece por las sedes.
 
Esta es sobre todo la virtud de unas primarias en las que aquella parte de la ciudadanía que se sienta cercana en ideas y proyectos al modelo defendido por el PSOE pueda mostrar sus preferencias, sus confianzas, sus esperanzas y necesidades, hacerlo movilizándose en el marco de un proceso político franco en el que su voto pueda ser decisivo o al menos tomado en consideración, y que, de paso, puede volver a politizarse, puede volver a sentir a su partido como una herramienta importante de transformación social, ¿quizás a afiliarse para participar de forma más regular, activa y directa?
 
Los argumentos en contra suelen partir de falacias, como la idea de que quien no forme parte de la estructura y abone sus cuotas no debería poder decidir sobre cuestiones internas, olvidando que hablamos de las primarias no para la dirección del partido (ahí ese argumento sería obvio) sino para acceder, elecciones mediante, al gobierno de la ciudad o de la región en la que el votante no afiliado vive, trabaja, paga y exige (o más bien debería exigir). Y por tanto no se trata de un problema orgánico sino de una cuestión de calado público. Así sucede en modelos democráticos bien asentados, como el estadounidense, y así está ocurriendo en la vieja Europa cada vez en más ocasiones, apreciando el valor de las primarias abiertas como un factor más de movilización y un camino para que la sensación de alejamiento entre políticos y ciudadanos se disipe un poco.
 
Suele ser importante también en el argumentario a la contra la desconfianza hacia la responsabilidad del cuerpo cívico, imaginando una larga colas de adversarios y enemigos que desde diestra y siniestra acuden para votar por el peor candidato y acabar así con cualquier opción de gobierno del partido convocante. A lo mejor es que soy demasiado cándido, pero me resulta imposible imaginar esas largas colas de simpatizantes de Vox o de Bildu en camino hacia las sedes socialistas con sus dos euros preparados para incorporarse a un fichero de simpatizantes y votar por una u otra candidatura, siempre con aviesas intenciones. Me cuesta tanto como me cuesta imaginarme a mí acudiendo a las primarias de Vox o de Bildu, que uno las ideas las tiene para algo. Y hasta me enfada cuando la disculpa procede de representantes electos porque tras ella late una profunda desconfianza ante la seriedad y la capacidad de los electores que no estoy dispuesto a suscribir. No, el ciudadano no es per se incapaz, corrupto, idiota o irresponsable, aunque sin duda hay ciudadanos aptos para cada uno de los calificativos, hasta para los cuatro juntos, lo mismo que hay afiliados de base o políticos en cativo que podrían responder a cada uno de los calificativos e incluso a los cuatro juntos.
 
Por supuesto, los órganos competentes para decidir si se realizan primarias abiertas o no tienen el derecho de tomar la decisión, como tendrán la responsabilidad de apechugar con los resultados de esa decisión. Ya sabemos que en Cantabria, ante las convocatorias electorales del 2019 y en lo que al PSC-PSOE se refiere, las primarias abiertas no serán, porque esos órganos competentes así lo han elegido, incluso con los votos sorprendentes de compañeras y compañeros que en su día defendieron el modelo y que ahora parecen alimentar los mismos miedos a la realidad que tantas veces han cerrado las puertas y las ventanas y han aislado a esos a los que algunos han decidido llamar casta. Por mucho que ahora, como en otros tiempos, quieran disfrazar ese discurso de cierre con el juego de palabras vacío "tendremos primarias abiertas... a los militantes", peculiar forma de expresar que las primarias no serán abiertas. Un poco de por favor, que todavía nos queda alguna neurona en activo.
 
Con todo, la sensación que queda, que me queda, es la de la oportunidad perdida. Y el convencimiento de que quien teme a los ciudadanos difícilmente será digno de representarlos y dirigirlos. Veremos.
 
Como fuere, suerte y al lío.
 


lunes, marzo 19, 2018

METEREOLOGÍA NATURAL


De témporas a témporas, pasando por el Calendario Zaragozano, anda la tradición empeñada en advertirnos del tiempo que vendrá estación tras estación desde la observación de los vientos o los meteoros en ciertas fechas. Raro es, al menos en estas tierras del norte, el valle en el que los observadores de témporas y las discusiones subsiguientes no acaban por ocupar un buen rato en los debates de café, puntualizados casi siempre por el espíritu racionalista de la comarca que con tonante voz de aguafiestas acaba sentenciando "todo eso son tonterías".

Capítulo aparte merecerían esos peculiares expertos y tradiciones que por la suma de tiempo y soledad tienen poca ocupación mejor que la de observar los mínimos y permanentes cambios de la naturaleza, y a partir de la aplicación inconsciente de un método inductivo que haría las delicias del descreído Hume, convertir en leyes generales predictivas las acumulaciones de información repetida. El sarruján del pico tal, el pastor de tal cumbre, la lechera de acá, el cura de acullá comentan qué han visto y qué esperan y su voz se convierte en sentencia segura.

¿Tienen utilidad hoy, con la terrible espada de Damocles del calentamiento global, los comportamientos de animales y plantas para determinar ciclos y fenómenos? Si hasta árboles y aves andan desconcertados, cómo no habríamos de estarlo nosotros.

El caso es que el verano pasado, 15 de agosto, día de la fiesta mayor de Espinilla, en esa tan familiar y querida Hermandad de Campoo de Suso, por el Sur de Cantabria, no escuché demasiado bien la primera parte del parlamento de Paulino, vecino de edad más que veterana y singular simpatía, después de que le preguntaran si no estaba preocupado por la tremenda sequía. Así que no puedo deciros qué pájaro exactamente había hecho qué cosa. Pero sí escuché perfectamente la segunda, en la que manifestaba su tranquilidad, porque, dijo "va a nevar mucho, y desde muy pronto". Las primeras nieves en las cumbres cayeron allá por octubre del pasado año, nada más comenzar el otoño, y si bien no hemos tenido La Madre de Todas Las Nevadas, al menos todavía, el blanco tesoro ha sido constante desde entonces, y continúa cayendo estos días para recibir a la primavera.

No, claro que no, claro que somos gentes del XXI, racionales (ja) que si ya sabemos que no es posible prever con claridad el tiempo a una semana vista pensamos que no es más que ciencia ficción pretender saber con meses de antelación lo que nos espera.

Pero la naturaleza sigue su curso y sigue nevando. Mientras Paulino estará calentuco allá en la cocina o junto a la chimenea, quién sabe si olvidado ya qué hizo aquél pájaro en el tan lejano agosto.

viernes, marzo 16, 2018

MIENTRAS AVANZA EL MIEDO...


¿Cuándo decidieron que el miedo era el mejor aliado para dominarnos, para dejar que impusieran sus reglas después de que las luchas de años les hubieran gritado "ya basta"? ¿Cuándo se dieron cuenta de que provocarnos la conciencia de la fragilidad nos convertía en blancos fáciles y que el temblor empujaba nuestras convicciones contra el suelo para allí hacerse añicos?

La vieja Europa, esa puta agotada que renuncia, matiza, retrocede cada día un poco y que sumando pocos ha llegado a ser poco más que una sombre de la que lideró las mejores conquistas del ser humano, para mantener al mercader y demoler la esperanza de aquella empresa de valores y de ciudadanos. La vieja socialdemocracia, y con ella otras construcciones sociales y políticas que alimentaron junto a ella los tiempos de los derechos humanos, de la edificación del estado del bienestar, del humanismo impenitente capaz de defender la alegría como una trinchera, defenderla del escándalo y de la rutina, de la miseria y de los miserables, que se adormiló y fue sorprendida con el paso cambiado por las "manos invisibles", nunca manos inocentes, y no supo dar respuesta ni a los enemigos de siempre ni a las demagogias nuevas y vacías. Cada uno de nosotros, como individuo cerrado y como persona abierta, como identidad propia y como proyección social, que pensamos que todo estaba ya terminado, que no había vuelta atrás, que todo daba ya un poco lo mismo y todos daban ya un poco lo mismo, y no supimos más que dispersarnos en mareas autosatisfechas y redes envalentonadas que nos convertían en enemigo fácil, desaliñado y sobre todo disperso.

El miedo, sí, el miedo. Que cada día nos inunda haciendo ríos de la gota de agua y océanos del torrente, que da vueltas y vueltas a noticias que lo son precisamente por lo poco habituales y nos trastorna hasta hacernos sentir como infierno sanguinario este hábitat nuestro, privilegiado y en calma hasta parecer la antesala del paraíso o la del cementerio. El miedo que agita la debilidad de nuestros cuerpos y la blandura de nuestros credos, la que recuerda a tantos que no la justicia sino la venganza debe moverles, que erige en experiencia universal y tiránica el dolor concreto y específico de la víctima, que cuestiona el criterio de los que saben y da voz y altavoz a necios y cobardes.

El miedo, sí. Y el cansancio, el cansancio que nos ha ido encerrando sobre nosotros mismos, que nos pesa más que la propia edad y nos hace creer que no merece la pena, que ya no merece la pena, continuar con la lucha, con la coherencia, con la utopía como horizonte y el ser humano como proyecto hermosísimo. El cansancio que nos hace renunciar a las discusiones y los argumentos para evitarnos líos y follones, fracturas y crisis.

Pero no puede ser, no puede ser. No debemos renunciar a la voz, al grito, a las ideas, al horizonte, al futuro, no debemos dejarnos vencer por el desaliento porque el edificio que una vez alzamos desde la razón, desde los pilares de la igualdad, la libertad y la fraternidad, desde las herramientas del estado de derecho y de la seguridad jurídica, desde el convencimiento de que no cabe un derecho penal que no sea proporcionado, general, y orientado siempre y sobre todo a la reeducación y la reinserción del delincuente. No puede ser porque el camino elegido entonces era el bueno y se trazó sobre muchos sacrificios, sobre mucha sangre.

No sirve de nada, ha quedado tantas veces demostrado en la historia, el rigorismo penal; es más, suele ocurrir que los países más severos son también los que cuentan con más delitos y más graves entre su población. Sí sirven la educación y la prevención, sí sirve el trabajo para la transformación. Y por eso no debemos callarnos, no cuando quieren convertir al refugiado en enemigo, a la igualdad en problema, a la dignidad humana en disparate. Tampoco cuando, como ahora, quieren emborronar la actualidad con debates que creíamos superados y que se nutren de los lados más oscuros del ser humano, el afán de venganza, la furia, el rencor y el pesimismo para que de nuevo dejemos de mirarles mientras nos empobrecen, nos alienan y nos destruyen, para que dejemos de mirar sus delitos de guante blanco, esos, justo esos, que nunca van a proponer como merecedores de Prisión Permanente, ni de la revisable ni de la otra, aunque sean esos, justo esos, los que nos han traído hasta este presente donde a falta de esa confianza amable y optimista en los derechos humanos como guía el suelo vuelve a estar embarrado y el camino vuelve a ser violento y farinoso.


jueves, marzo 01, 2018

UN LIBRO, UN CORAZÓN, UNA NARANJA


Entro en la librería, más que nada para resguardarme de la lluvia, y entre las novedades me encuentro con la última traducción del napolitano Erri de Luca, "La natura expuesta". Y recuerdo aquel libro hermoso sobre memorias, libertades y amores adolescentes, con una playa y unas barcas en la portada, y el título definitivo: "Tú, mío".

"Tú, mío". El libro que él me trajo de una breve estancia en Nápoles. "Tú, mío" ¿una declaración sutil o un juego travieso? 

Demasiados años en los armarios amargos y polvorientos, demasiados años sin amar cuando me lo presentaron en un café. Recuerdo el fogonazo, el escalofrío, los temblores, la estúpida incapacidad repentina para pronunciar una frase coherente. Recuerdo que me pidió el teléfono y que me dio el suyo, y que al día siguiente me llamó para ir juntos al cine, él y yo, sin los amigos comunes que oficiaron el encuentro.

Fueron meses de enfermedad, de añoranza cada vez que por trabajo o por compromisos viajaba lejos de Santander unos días, unas semanas alguna vez. Meses de juegos de esos de seducción, en los que las manos se rozaban acariciándose, las rodillas descansaban juntas, el contacto físico era buscado y soportado por nuestros cuerpos mientras nuestras miradas se buscaban y las sonrisas amanecías. "Sabes que cuando estáis juntos vuestros ojos echan chispas, ¿verdad?". Así describió cómo nos sintió una compañera de trabajo y antigua profesora suya la primera vez que nos encontró uno al lado del otro.

"Tú, mío". Me pregunto todavía si fue real, por qué no fui capaz de dar algún paso más después de un beso boca a boca al despedirnos una noche, y por qué él tampoco dijo nunca nada. Todo parecía sustentarse sobre la arena de lenguajes no verbales. También alguna vez una amiga insiste "yo creo que no pasaba nada, solo que tú lo deseabas y que él se dejaba cortejar". Pero fue él el que al volver de Nápoles me entregó el libro de Erri de Luca, él quien de Valencia me trajo una sola naranja, justo después de haber comentado un artículo de un poeta donde se hablaba de la imagen de la entrega de frutas como símbolo de la pasión erótica en la tradición poética. Él quien al escuchar a otro amigo "hace falta un acto de amor para nadar de nuevo hasta la playa -estábamos en una barca- para recuperar algo que yo había olvidado" se tiró al agua y regresó con la sonrisa luminosa y con el tonto olvido.

Se marchó fuera de España, sin siquiera despedirse, dejándome roto y desconcertado. Aprendí entonces que era verdad lo de que el corazón podía doler, aprendí lo que era una depresión y a llorar más que nunca. Y a hacer el ridículo sin cuento, hasta el paroxismo cuando regresó por Navidades, nos encontramos por casualidad y todavía le pedí perdón porque a lo mejor se había sentido agobiado y le regalé un cuaderno con unos poemas absolutamente vergonzosos que espero tirara a la primera papelera.

Una sola vez he vuelto a verle, nos cruzamos un verano por la calle y él hizo ademán de pararse con la misma sonrisa de juguete. Yo le dije un tranquilo "hasta luego" y continué el camino.

Hoy, al regresar a Erri de Luca, no he podido evitar el recuerdo. Y hasta he pensado que quizás debería buscarle para darle las gracias: me volví tan loco, perdí tanto el sentido de la dignidad y de la convención sociales, que me arrojé a ese abismo en el que vivía quien de verdad yo era, aceptando mi sexualidad, abriéndola poco a poco a la luz. ¿Sin ese abismo podría haber querido a Lander? ¿podría haberme entregado tan confiado al amor de Leo?

El libro, la naranja, las brazadas contra la marea, las caricias, el beso... Signos que fueron reales, como fue real el tornado que se llevó por delante al niñato acomplejado y para bien y para mal abrió la puerta al presente.





jueves, noviembre 02, 2017

DOS AÑOS MÁS TARDE.


Hace ya dos años de mi llegada laboral al Palacio de Festivales de Cantabria, un par de meses después de la conversación con Ramón Ruiz en la que me planteó su propuesta de incorporarme al nuevo equipo de Cultura, después de las elecciones regionales de 2015 y de la reedición del pacto de gobierno entre PRC y PSOE. Dos años que han pasado tan deprisa que apenas he sentido el vértigo del tiempo, dos años cargados de emociones, de esfuerzo, de algún que otro desencanto, de tantos nuevos encuentros y tantas alegrías, dos años de ilusión intacta.
 
El cambio llegó en un momento más que oportuno, un tiempo en el que el cansancio, la rutina y el peso de un larga oscuridad me estaban venciendo y contra el que no acababa de encontrar vía de escape. El Palacio de Festivales era un viejo y querido conocido, desde su primera noche había pasado muchas horas allí, conocía a buena parte de sus trabajadores y sobre todo su actividad tiene que ver con esos fragmentos concretos de realidad que dan sentido en buena parte a mi vida, la música, siempre por delante de todo lo demás, la literatura, el teatro, la danza, el mundo de las artes performativas con su varita mágica tantas veces cargada de recetas para la felicidad del instante.
 
Me he reconciliado con el teatro y con la gente del teatro, esa gente que tanto abraza como comenté hace algún tiempo en este blog, tan comprometida y tan llena de calor. Si, he pensado muchas veces en cuánto habría disfrutado Leo de esta nueva etapa, él que adoraba el teatro y que hubiera sido espectador privilegiado y compañía perfecta para sentir los estremecimientos de "La piedra oscura", de "Incendios", del "Último tren a Treblinka" y de tantos y tantos títulos. He reavivado las llamas del idilio con la danza hasta el punto de que puedo cerrar los ojos y temblar´de nuevo con Daniel Abreu en "Venere" y cómo no contar hasta el infinito los pellizcos de dicha que me regalaron Magdalena Kozena y Monteverdi, Soqqadro Italiano y Vivaldi, la Scottish Chamber o el Beethoven de Viktoria Mullova. Y me he vuelto loco contagiándome de la alegría de "Priscilla" o de "Un chico de revista".
 
La música salva, el teatro salva, la danza salva, cada día me levanto más convencido de que si nos roban también las artes, el derecho y la posibilidad real de disfrutar de las artes, de las grandes construcciones de ese enorme edificio de humanidad que es la cultura, de comprenderlas, dialogar con ellas, hacerlas nuestras, nos están robando la vida.  Puede que por eso sienta, también en los momentos difíciles, que los hay, también en las pocas horas de desaliento, que hay que continuar luchando desde esta posición de mediador para que el encuentro feliz se produzca y las chispas salten renacidas. Quizás por eso, de todo lo vivido, me quedo con ese ciclo que considero "mi niño", "Nos gusta el teatro", ese en el que queremos que arda con furia el idilio entre teatreros, teatro y adolescentes, para que dentro de algún tiempo recuerden cuántas emociones sintieron con "Punk Rock" o con "Los amores diversos", cuánto se rieron con "Cervantina", y decidan volver a nuestras salas o a otras para que podamos cantarles siempre con la sonrisa de los titiriteros "Gracias por venir".
 
Gracias a todos los que habéis hecho posible toda la luz de estos dos años y todavía en marcha, gracias por tanta música, tantos cuerpos, tantas palabras, gracias por todo ese trabajo del día a día con el que artistas, técnicos, comunicación, administración, limpieza, taquillas, seguridad, profesores, productores, agentes y un larguísimo etcétera contra viento y marea en estos tiempos difíciles de otés, fútbol y recortes apostáis por que la humanidad siga sembrando sonrisas y emociones. Gracias por haberme dejado ser una mínima parte de este maravilloso sueño.

miércoles, octubre 04, 2017

OCTUBRE


Ya lo sabemos, abril es el mes más cruel.

Pero puede que sea octubre el más triste. Octubre es la recuperación de la rutina, el final de la luz, el peso de las alergias, el mes en el que las hojas muertas crujen en el parque bajo tus pasos y te compras ese jersey de lana que al principio tiene el tacto dulce y el calor emboscado. Toca cerrar las ventanas por la noche y sacar los pucheros para reinventar la destreza de los guisos de hogaño con sabores de antaño. El momento de arrebujarte bajo el edredón y dejar que pasen las horas sintiendo la seguridad de los espacios más íntimos. Volverán los perros y las gatas a subirse a la cama y a buscar el contacto de los cuerpos templados mientras las golondrinas y la mayoría de las cigüeñas inician su invasión de los cielos africanos, aunque tal vez este año en esa avidez de sur se acerque hasta nuestras costas alguna pareja de cisnes o vuelvas a avistar desde el tren alguna garza de guardia en las riberas del Saja.
 
Octubre es el cielo de plomo y la mañana extrañándose en el sereno espejo de la bahía, la ráfaga de cierzo por sorpresa, quién sabe si en estos tiempos de nubes confundidas sea otra vez esa morrina delgada e insistente que nos empapa la esperanza. Es la carrera de Gin tras alguna lavandera despistada o el nervio de Gelo de castaña en castaña.
 
Octubre es Leo, claro. Leo en las redes sociales que cada día anuncian su paquete de recuerdos y te llevan a París en el 2009 o a oncología de Valdecilla en el 2010, el sueño y la pesadilla, el milagro y la sombra. El mes en el que la memoria se araña hasta la herida, empeñada en ese dolor pequeño que tan poco importa al mundo y que vuelve a exigir del corazón y de los ojos una titánica diminuta resistencia. Paso por paso octubre es la delgadez, la piel demacrada, la sensación de que el rumbo está definitivamente perdido, las manos aferrándose al timón empecinadas en llegar a un puerto a salvo, a pesar de que el cielo es más negro cada minuto y las olas se agitan cada vez más violentas. Es el mazado de la desesperanza definitiva, el anuncio del ángel de la muerte, la voz que tiembla y las piernas que no se sostienen pero intentan mantener la calma y ofrecer el apoyo desnudo al amado muchacho que desde entonces cae y cae y cae y cae.
 
Octubre es la necesidad de tocarle, de hablarle, de abrazarle, de amarle con cuerpo fiero y con corazón incendiado, de pasear, de ir al teatro, de cenar juntos, dormir juntos, ver la tele juntos, de entrechocar los labios y volver a susurrarle al oído "te quiero". De refugiarnos de la intemperie en un lugar conocido solo por nosotros, donde el silencio y la intimidad extrema nos abriguen.
 
De inventar otra vez un rito con que decirle no te preocupes, estoy bien, voy cerrando capítulos, escribí tus poemas y ahora estás en un libro, he vuelto a cocinar (también tortilla, cómo no, tonto) y poco a poco voy recuperando el orden en esa casa que se desfondó conmigo hasta la ruina, a veces busco tus fotos, tu perfil de Facebook, las palabras que dejaste sujetas a un imán de nevera y sonrío sintiéndote.
 
Aunque en tu lado de la cama siga haciendo tanto, tanto frío.

miércoles, septiembre 20, 2017

RAMÓN


Con la pátina turbia de estos tiempos que corren, espero que al menos se considere respetable dar cumplimiento a esa vieja máxima en la que un catedrático de Derecho Natural nos resumió a los estudiantes de primer curso de Derecho en un muy lejano 1983 las normas que gobiernan el ethos de un hidalgo cántabro: Nunca olvidar un favor, nunca perdonar una putada. Siempre he tratado de ser fiel a la primera parte de la paremia, me resulta un poco más difícil por mi propio carácter la segunda, aunque poco a poco voy aprendiendo ayudado por mi todavía excelente memoria.

Aclaro por si acaso que aquí no estoy diciendo nada de nada sobre razones ni sin razones, nada sobre, diría Daniel Rabinovich, díscolos o discóbolos. Y que solo me hago responsable, una vez más, de lo que escribo y de lo que quiero escribir; lo que podáis entender o queráis entender será, así pues, responsabilidad vuestra y de vuestras miradas.

El caso es que hoy ha cesado Ramón Ruiz como Consejero de educación, cultura y deporte del Gobierno de Cantabria, tras un par de semanas de fuerte agitación y un verano complicado, esas semanas y ese verano que han seguido a las elecciones primarias del PSOE en Cantabria donde los y las militantes han decidido un relevo que, al parecer, iba a abrir una nueva situación de bicefalia política. Y me apetece realizar aquí una pequeña semblanza personal.

Conocí a Ramón Ruiz hace muchos años, más de los que a ambos nos gustaría reconocer (por lo que significan al fin de batallas y guerras, experiencia, tiempo y polvo acumulados, de sueños cumplidos y truncados, y, al menos en mi caso, de fuerzas extraviadas), cuando ambos participábamos en las reuniones preparatorias y la gestora que habrían de concluir con la formación del Consejo de la Juventud de Cantabria, Ramón como representante de Scouts de Cantabria-MSC y yo de la Juventud Demócrata Popular. 

Desde esos primeros momentos aprendí a sentir aprecio y respeto por Ramón. Por un Ramón cargado de energía, de proyectos y de honestidad, que brillaba por su capacidad de diálogo y por la firmeza de sus convicciones y compromisos, que destilaba pasión por la educación, por la formal y por la no formal, y que desde esa base firma que es el escultismo, fue implicándose en ejercicio de la docencia, en el estudio riguroso de la pedagogía, la organización escolar, llegando a convertirse en todo un experto en su ámbito profesional.

La continuidad de su compromiso, que suponía también una apuesta clara por la transparencia de las organizaciones, por la educación pública de calidad, tenía que llegar hasta la política, siempre de la mano de nuestro querido y añorado José Félix García Calleja. Así llegó hasta el Partido Socialista de Cantabria y así acabó ocupando durante algunos años la Dirección General de Educación, como todo un soplo de aire fresco, ganando respeto y consiguiendo que por primera vez en muchísimos años la educación cántabra sobreviviera dos legislaturas completas sin huelgas ni conflictos reseñables, siempre dando ayuda y apoyo a quien encabezaba como titular política la consejería, Eva Díaz Tezanos.

En 2015,  tras las elecciones autonómicas y la renovación del pacto con el PRC, Ramón vino a ocupar la consejería, para tratar de reconstruir con su sabiduría, su oficio y su pasión los desaguisados de cuatro años de recortes y de falta de fe en la educación en general y en la pública en particular. Fue entonces cuando me llamó por teléfono para decirme que quería contar conmigo en el área de cultura y donde acabamos concluyendo que mi espacio perfecto era el Palacio de Festivales de Cantabria, de cuya programación me hice cargo a partir de octubre de 2015.

Hoy, con el otoño a punto de iniciarse, con el curso académico recién comenzado, con su cese caliente sobre la mesa política, quiero recordar en este blog a Ramón, para reconocer su esfuerzo, su continua apuesta por el diálogo, los riesgos asumidos como esa polémica transformación del calendario escolar de Cantabria, para resaltar su energía, su incapacidad para el desaliento, sus horas y horas al frente de la educación, la cultura y el deporte de Cantabria, compaginadas con su entrega al partido, de nuevo tratando de sentar a todos en la misma mesa para llegar a acuerdos como aquel que consiguió sellar para que Pedro Casares fuera elegido Secretario general de la agrupación de Santander.

Y por supuesto, porque quiero darle de manera pública las gracias por haber confiado en mí y por haberme dado una oportunidad que, espero, haber aprovechado para llenar mi pequeño espacio de responsabilidad de esos mismos valores y de esa misma valentía que siempre han caracterizado a Ramón Ruiz, y sobre todo haber respondido a lo que esperaba cuando vino a buscarme.

Termino con el principio, con su vinculación al movimiento scout. Dicen los exploradores que la norma básica es marcharte dejando todo un poco mejor de lo que estaba: sin duda Ramón puede marcharse con la cabeza muy alta.

martes, agosto 22, 2017

CUERPOS QUE ABRAZAN. Pequeño homenaje a las gentes del teatro.



Algunas veces pienso que este blog recuperaría su vieja vitalidad si remara a la contra, si se limitara a valorar los artículos que en los últimos tiempos publican Pérez Reverte o Javier Marías y que tantas veces consiguen enfadarme. Ha pasado ya bastante tiempo desde que Marías publicó uno especialmente agresivo e injusto contra el teatro español, refrito de otro anterior de parecido tono negro, pero ya no pienso en una respuesta, sino más bien en que me gustaría escribir mi propia mirada sobre lo que yo he conocido de las gentes del teatro, de esos a los que hay quien pretende insultar llamándoles titiriteros.
 
Hace casi dos años que me incorporé a mi trabajo actual. Hasta entonces había sido espectador perezoso de teatro, y es que las tablas no estaban en mi educación sentimental. Sí la música, pasión grande para mi madre y contagiosa, y pronto la danza, mejor la contemporánea, desde que a edad muy temprana me pasmé contemplando a los Ballets del Siglo XX de Maurice Bèjart interpretando su Bolero y su Consagración de la primavera. Pero con el teatro mi comunicación había sido sobre todo textual y clásica. Muchas veces me explicaba a mí mismo que el tiempo era poco y el peculio escaso, y que puesto que no podías rendirte a tantos dioses, había decidido centrarme en dos, los libros y la música, así que ni mi corazón ni mi monedero daban para mucho más.
 
Pero el amor y las artes ensanchan el corazón y siempre necesitan más. Confieso que me he rendido al teatro en cuanto he tenido acceso a otras obras, otros métodos, otras dramaturgias, que hoy diría que hay un perfil teatral muy comercial que no me llama la atención pero que siempre merece la pena explorar y disfrutar de lo que el trabajo esmerado y constante de tantas personas levanta sobre los escenarios. Esas personas comprometidas con su profesión y su pasión incluso en tiempos de crisis, de recortes, de pobreza, y en un país que a lo mejor a su cultura no le da el valor ni la importancia que de verdad merece. Esas personas son muchas y muy diferentes, y no siempre están a la vista del público, son actrices y actores, autores y directores, claro. Pero también todas las profesiones que juntas edifican el espacio escénico, las que le aportan luz y vida sonora, las que visten y desvisten, las que maquillan y peinan, las que diseñan todo ese universo que nos abre su alma cada vez que los telones se descorren o las luces de sala se apagan, las que en cada teatro se ocupan de que la vida, digo la representación, surja tal y como estaba previsto.
 
Me han regalado en estos dos años muchas emociones. He llorado, demolido, durante La piedra oscura, y necesito volver a disfrutar del trabajo de Nacho Sánchez. He temblado otra vez con Homero cuando Guillem Cluá y La Joven Compañía han desplegado ante mis ojos atónitos las llanuras de Troya con su Proyecto Homero. He temblado ante la tragedia humana que latía entre las palabras de los resistentes numantinos y me he roto buceando en el horror que Wadji Mouawad convierte en incendio. He reído en La Abadía y he sentido fiebre en Mérida, he vivido la transformación de una vieja pensión en el castillo de Macbeth, he compartido tantos momentos mágicos durante tantas representaciones y a veces disfrutado de unas cañas tan especiales después que si tuviera que elegir una palabra para resumirlo todo sería gratitud. Pero en su lugar voy a elegir abrazo.
 
Y es que yo soy un hombre del norte, tímido y frío, casi diría que un anoréxico emocional. Yo crecí en el norte y en una familia cálida y acogedora, pero como lo son por aquí la mayoría de muy escasa efusividad, tanto que aún recuerdo con horror a ese único amigo que para saludar te plantaba un enorme abrazo en mitad de la calle, haciendo que tu cuerpo se quedara rígido y estúpido, sin saber reaccionar. ¡Si ni siquiera sé cómo comportarme cuando alguien me gusta, no sé qué pasos debo dar ni cuándo apostar por una ligera caricia o un apunte de beso!
 
Los actores, las actrices, han hecho de sus cuerpos su instrumento de trabajo y su lenguaje, vuelcan sus emociones y las comparten. La experiencia personal de sus compañías fugaces ha sido la comprobación de que en su mayor parte son cercanos, vitales, agradecidos, que ponen toda la carne en el asador para salir adelante en una profesión que apenas les garantiza subsistir, y a pesar de todo se afilian al entusiasmo en cada ensayo, en cada entrenamiento, en cada función. Jóvenes y veteranos, nombres grandes y nombres que aparecen en los carteles un poco más pequeñitos, clásicos y arriesgados, todos parecen cortados por ese mismo patrón de la generosidad abierta. Con sus aciertos y sus fallos, con sus noches afortunadas y las que sería mejor ocultar con un poco de olvido.
 
Son gente que abraza. Mucho. Y que te enseña a disfrutar de los abrazos.
 
Teatro, sí. Puro teatro.

sábado, agosto 12, 2017

ESCUCHANDO EL SILENCIO


 
 
Larga conversación esta mañana de sábado con la pianista Patrín García-Barredo. Una conversación de las de verdad, lejos del vértigo, acompañada por sonrisas cómodas y, qué le vamos a hacer, en torno a cuestiones que importan, música sobre todo.
 
Hablamos de pedagogía y de conciertos, de lo trivial y espectacular, de lo hueco, frente a esos espejos de humanidad con los que el arte, cuando lo es, nos enfrenta, obligándonos a parar y a pensar. Vamos atravesando por el Album para la juventud de Schumann, el tercer concierto de Beethoven, la profesora húngara que explica a sus pequeños oyentes que hay finales para aplaudir y finales para callar. Hablamos de las versiones de la Pasión según Mateo firmadas por Harnoncourt y por Leondhardt, de repertorios trillados y repertorios infrecuentes. Coincidimos en la vulgaridad vacía del Niño del pijama de rayas y en proponer como ejemplo perfecto de cursi una de esas obras arpegiadas y horribles con las que nos empujaban a horrorizar a las visitas, El lago de Como.
 
Nos extendemos hablando de la musa, de la magia, del silencio, de ese silencio que algunas veces, pocas, escuchamos en la sala de conciertos porque el intérprete se limitaba a ser un mediador entre la música y el público sin imponer su excentricidad "interesante", porque esa tarde sus manos viajaban hacia el interior de la partitura dejándola volar, porque la música era la exacta para el momento y llegaba hasta unos oídos que estaban deseando escuchar precisamente esa y cuerpos cargados de energía que podían canalizar hacia la atención y la escucha. Esas veladas irrepetibles en las que se hace evidente para todos los actores implicados que el silencio ha hecho su presencia, que se podría cortar con un cuchillo de puro carnal, esas en las que el silencio se escucha.
 
Sí, se escucha. Lo sabemos y lo tenemos comprobado con los experimentos de Cage y con nuestra propia experiencia, sabemos que cuando el ruido cesa, cuando la velocidad de la vida contemporánea se amansa y los decibelios se duermen, nuestro oído permanece alerta. Cesarán el reggaetón y el electro-latino en la verbena, cerrarán los garitos y los borrachos se alejarán hacia sus barrios antes de que los motores vuelvan a soñar cuando, aún despiertos, nos haremos conscientes de nuestra respiración, de los latidos del corazón del perro, de la lluvia mínima acariciando los cristales y las baldosas, de los cantos de tantos pájaros tan diferentes marcando su particular danza de las horas. Y cuando lluvia, corazón y pájaros se diluyan, afinaremos más y alcanzaremos a escuchar la humedad, la vida o el salto del petirrojo sobre un pequeño manto de hojarasca.
 
Demasiados gritos, demasiada prisa, demasiada inmediatez, quizás todo parte de un perpetuum mobile que nos aturde más contemporáneos que nunca. Pero es en esa música callada, la del silencio, donde de verdad estamos vivos. Escuchemos.
 


martes, agosto 01, 2017

"33 Instantáneas", la infinita generosidad de Leo.


Me pregunta Amelia el otro día "¿Eres consciente de todo lo que te está regalando Leo?".

Estamos desayunando en Casimira uno o dos días después de la presentación de "33 Instantáneas" en la que ella y Chan tuvieron que esperar fuera, entre ese grupo que no pudo acceder al CASYC UP por falta de aforo, que se perdieron esa tarde tan emocionante, tan bella y dura a la vez, esa en la que hubo tantas palabras, tanto cariño y, qué le vamos a hacer, lágrimas disimuladas por la oscuridad de la sala y por las oportunas intervenciones musicales de Los Arrancacorazones.
 
Sí, soy consciente. Consciente de que Leo trajo a mi vida muchos golpes de magia. El más importante, quizás, esa sensación de amar y de ser amado, de compartir la vida literalmente hasta el último aliento, de trabajar por una historia común llena de proyectos compartidos, con pequeñas discusiones y grandes encuentros. Esa sensación que llegó cuando, Leo se enfadaría conmigo por decirlo, cuando yo estaba ya convencido de que ese amor no llegaría, no tendría su espacio, que me iría apagando sin vivirlo fuera del cine o de la literatura, quizás convencido de que por alguna razón no me lo merecía. Leo hubiera dicho que le molestaba mucho que yo "me echara para abajo", que era lo mismo que llamarle a él imbécil por estar conmigo. Pero así me sentía en aquellos años tan lejanos ya en que nos encontramos y en los que decidimos que merecía la pena apostar por estar juntos.
 
Leo me dio seguridad, me dio amor, me dio la capacidad de apreciar el día a día, me descubrió el horror de los celos, el miedo a perderle, la posibilidad de ser generoso, de improvisar detalles, de pensar por dos, me hizo saber que podía estar a la altura debida en los días difíciles, casi siempre, me recordó que por más que mis palabras mintieran mis ojos eran transparentes, demasiado transparentes ("no me mires así que vas a preocuparme, yo me voy a curar porque soy feliz y quiero seguir viviendo"). Leo me dio la intimidad de su cuerpo bellísimo, el placer de su sonrisa, la alegría de sus payasadas constantes. Me dijo que merecía la pena apostar y romper. Me dio vida, mucha vida.
 
Leo me ha dado también un libro de poemas cargado de palabras, lento, seguro, que ha ido naciendo con precisión para arañar desde mi soledad, mi dolor y su ausencia sentimientos universales con los que volar y compartir experiencia y memoria. Y con estos poemas que se han enmarañado en "33 Instantáneas" me ha otorgado de nuevo el don de la poesía, la sorpresa constante de la conmoción, el susto de ver cómo tantas personas se acercan a las presentaciones, tantas me cuentan lo que han sentido con su lectura y algunas me explican cuánto han llorado, por qué y por quién, cómo se han sentido protagonistas de nuestra historia porque habla también de las suyas. La magia de la literatura, el poder de la poesía, el vuelo de la palabra.
 
Uno de los poemas comienza diciendo "Él es el verano". Sí, es el verano, lleno de frutos, de generosidad, de plenitud, una renovación infinita de la luz y de la vida, ese verano que me obliga a recordar, a estar atento a cada fruto y que le hará permanecer vivo mientras yo pueda sostenerme en pie, mientras me quede aliento.

viernes, julio 07, 2017

TIEMPO DE PRIMARIAS


 
Vuelve a tocar primarias, esta vez para la elección del Secretario o Secretaria General de los socialistas de Cantabria, con dos candidaturas, la del alcalde de Santa Cruz de Bezana, Pablo Zuloaga, y la de la actual secretaria general y vicepresidenta del Gobierno de Cantabria Eva Díaz Tezanos.
 
Siempre he sido partidario de lemas como el de "un militante, un voto" y por tanto de la celebración de primarias (que defiendo además abiertas a simpatizantes si de candidaturas electorales se trata), así que bienvenido el proceso y bienvenidos al proceso todos los que en el Congreso del PSOE de Sevilla tuvieron tantos recelos y votaron tan en contra, transformados hoy en primeros espadas de esta opción procedimental. Bienvenida también la competencia, que permite comparar proyectos y nos permite a todos y cada uno de los militantes tomar una decisión a partir de nuestra visión del partido, de nuestra experiencia en el partido, de todo lo que sabemos del partido y también de lo que intuimos, que obliga también a cada candidatura a afinar sus propuestas y a acercarse a lo que la militancia vaya perfilando como su modelo.
 
No va a ser una sorpresa para nadie que me siga en las redes mi apoyo a Eva Díaz Tezanos en este congreso, porque ya lo hice público desde el primer momento y porque tengo algunas razones positivas y para mí importantes que me hacen pensar que hoy, en este julio de 2017, una victoria de Eva sería buena para el PSOE y como tal buena para Cantabria. En positivo y tratando de no cuestionar ni de minusvalorar al candidato alternativo, pero con bastante claridad en las razones de mi apuesta.
 
Nadie es perfecto, nos subrayó en un momento épico Billy Wilder, y por tanto creo que la última dirección regional (como todas las anteriores) del PSC-PSOE ha cometido errores, puede haber fallado en diferentes ámbitos y determinadas decisiones. Sé que Eva Díaz Tezanos es una mujer muy poco autocomplaciente y es consciente de todos los debes del equipo que ahora finaliza su mandato, y que precisamente por eso tiene muy claro cómo debe actuar para corregirlos. Pero más allá de esa mirada al pasado, hacia el futuro son tres o cuatro puntos esenciales los que me acercan a Eva.
 
En primer lugar, Eva es una mujer con ideas muy claras de izquierda. Ese bagaje ideológico me parece fundamental y se ha reflejado en las políticas que ha impulsado desde las áreas del Gobierno de Cantabria que gestiona el PSOE. Una cultura de izquierda que traslada a su visión del partido y que espero que esta vez mejore de forma considerable en los capítulos de formación de militantes y cargos y en la generación de espacios de encuentro y debate.
 
En segundo lugar, Eva es una mujer que sabe escuchar y que sabe dialogar. Incluso en los momentos en que podemos haber estado más distanciados, en que podemos haber apostado por opciones más alejadas, he sentido esa cualidad de Eva, la he sentido cercana y cordial. Y para mí el diálogo y la escucha activa son cualidades definitivas para el buen camino de un proyecto, significan la capacidad para crear y dirigir equipos de trabajo y suponen una invitación al trabajo común, muy lejos de liderazgos personalistas tan a la moda en el mundo actual. Entiendo que su proyecto tiene mucho de estos valores y mucho del deseo de profundizar en ellos como herramientas de transformación en el propio partido.
 
Eva, tres, es una trabajadora nata. Doy mucho valor a ese esfuerzo del día a día, a ese derroche de fuerzas que a veces me parece imposible de soportar. Es también una mujer comprometida con lo que hace y con lo que siente, leal con instituciones, compañeros y compromisos. Todo junto me lleva a pensar que si articula un buen equipo, un equipo que se comprometa en la misma medida en la que ella lo hace siempre, va a ponerlo todo en renovar la fuerza del PSOE en Cantabria y en la recuperación de mejores resultados electorales.
 
Por último, me considero intuitivo, tengo información sobre el partido, memoria sobre el partido, una mochila personal que no tiene sentido poner por escrito. Desde lo que conozco, me siento en este julio de 2017 inclinado a ofrecer mi confianza a Eva, me ofrece seguridad y creo de verdad que su empeño y su talante están en la construcción de nuevos horizontes, en la cura de viejos vicios tan enquistados en macroestructuras como lo que puede ser todavía el PSOE, en un partido abierto en el que todos podamos sentirnos cómodos, en casa. Que todos podamos sentir nuestro.
 
Sé que algunos compartiréis esta valoración en todo o en parte. Otros no estaréis de acuerdo en la parte o en el todo, y dirigiréis vuestra confianza hacia otras direcciones. Supongo que en eso consiste la democracia, entre otras cosas, en ser capaz de tomar decisiones desde la propia autonomía y con el máximo respeto a otras. Pero estas son mis razones, y por ellas avalé a Eva Díaz Tezanos y el domingo 16 iré a votarla.


jueves, julio 06, 2017

AMIGOS EN FUGA



Yo también me he marchado algunas veces: distancia paulatina con los amigos del colegio al llegar al instituto, donde quedábamos reagrupados de manera diferente, donde conocíamos a chicos y chicas procedentes de otros centros, cuando al ir definiendo nuestra adolescencia nos sentíamos un poco extraños en la cofradía de los aventureros, los populares y los guapos. De nuevo la distancia al comenzar la universidad, cuando nos fuimos dispersando y yo era el único de la pandilla que no regresaba a casa en vacaciones porque nuestras vacaciones no transcurrían en la vieja y entrañable Reinosa hasta llegar esa tarde en la que te das cuenta de que ya no sabes en qué anda cada uno y no te han llegado las noticias y permaneces en silencio durante la mayor parte de la velada. Otra vez la distancia, cuando tu gente de la universidad va incorporándose a sus trabajos, casándose, formando sus familias y tú te quedas un poco al margen de unos nuevos horarios y unas formas diferentes de celebrar la vida.
 
No, nunca pasó nada que justificara esa lejanía, nunca hubo una bronca ni un frío súbito, simplemente pasó, quizás ya no queríamos lo mismo, no vivíamos lo mismo. Quizás todavía mis secretos eran demasiado absorbentes y me abrumaba tener que compartir mi extrañeza. Quién sabe. La única certeza, que siempre están en la memoria y en el corazón, y que los escasos reencuentros son felices, como si de pronto volviéramos a tener catorce, dieciocho, veintisiete...
 
Escucho estos días a menudo esa hermosísima pieza de Bach, el Capricho sobre la lejanía del amigo queridísimo, y me doy cuenta de que son otros ahora los que se encuentran en fuga. De nuevo lo que ha pasado es nada, nada más que un otoño en el que las hojas van cayendo sin prisa hasta dejar desnuda cada rama. Se va volviendo imposible encontrar una hora común para ir al cine, las llamadas telefónicas se quedan a veces sin respuesta, dejas de formar parte de las prioridades ajenas. Pero no pasa nada, salvo un tiempo que se abre lleno de interrogantes hacia el futuro y de agradecimientos hacia el pasado, agradecimiento por tantos momentos grandes, por tanta felicidad común, por tanto apoyo en los momentos duros y tantas risas a la hora de la fiesta. Nada, salvo una pequeña melancolía que se va fundiendo con las notas del clave y pinta de gris, de un gris clarito, esta tarde de julio en que como ya imaginaba decido dejar que el agua y la arena fluyan entre los dedos, sin luchar por lo que quiere ir terminando.
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