martes, marzo 24, 2009

POEMAS PARA LA PRIMAVERA: CARTA A JOSÉ MARÍA PALACIO,
DE DON ANTONIO MACHADO

Acaba de entrar por nuestros pagos la primavera. Y poco a poco sus síntomas van estallando en toda una enfermedad de luz. Tras un invierno dicen que al fin no tan frío, pero oscuro, gris, lluvioso como pocos, la garza que espera su pesca clavada en el Saja mientras camino hacia mis chicas lectoras de Mazcuerras, las modestas margaritas alfombrando ya los parques, los robles y las hayas formando sus yemas, los frutales más nerviosos que ya han dado la flor, resultan aire limpio para el corazón.
Eso nos cuenta don Antonio Machado en su "Carta a José María Palacio", uno de esos poemas que se hicieron especiales, bellos, eternos, desde la primera lectura. Le escribe Machado a su amigo Palacio, le pregunta por la primavera soriana, por su tímido despertar. Y da un quiebro terrible al poema cuando en los últimos versos le pide que con esas primeras flores de primavera se acerque hasta El Espino, hasta el cementerio, "en donde está su tierra". En donde se dejó a su esposa niña, Leonor. En donde se dejó también tanto de su propia vida.
CARTA A JOSÉ MARÍA PALACIO
Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas de los chopos
del río y los caminos? En la estepa
del alto Duero, Primavera tarda,
¡pero es tan bella y dulce cuando llega!...
¿Tienen los viejos olmos
algunas hojas nuevas?
Aún las acacias estarán desnudas
y nevados los montes de las sierras.
¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,
allá, en el cielo de Aragón, tan bella!
¿Hay zarzas florecidas
entré las grises peñas,
y blancas margaritas
entre la fina hierba?
Por esos campanarios
ya habrán ido llegando las cigüeñas.
Habrá trigales verdes,
y mulas pardas en las sementeras,
y labriegos que siembran los tardíos
con las lluvias de abril. Ya las abejas
libarán del tomillo y el romero.
¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?
Furtivos cazadores, los reclamos
de la perdiz bajo las capas luengas,
no faltarán. Palacio, buen amigo,
¿tienen ya ruiseñores las riberas?
Con los primeros lirios
y las primeras rosas de las huertas,
en una tarde azul, sube al Espino,
al alto Espino donde está su tierra...

5 comentarios:

Elena dijo...

Nunca, por mucho que sepa de su inquebrantable lealtad y conozca desde niña su fisonomía, dejo de sorprenderme ante la llegada de la primavera. Algo parecido me ocurre con algunos poemas de Machado, leídos en la adolescencia y tan frescos en mi vida como el primer día.

A éste que propones llegué más tarde; me atrapó el modo increíble en que recoge la tradición epistolar de nuestros mejores renacentistas. Y el final, claro.

En fin, Ruka, aprovecho los aires primaverales para felicitarte por la alegría de la noticia del post del 18, no sabes cuánto sonreí al saber que al fin había sido posible.

Que nunca nos dejen de doler las cosas, sólo así seguiremos siendo capaces de estremecernos ante la primavera. Que nunca, ya sabes, dejemos de sentir en el corazón la "aguda espina dorada".

Besos mil y enhorabuenas como flores que se abren.

Elena dijo...

Qué boba, he olvidado decirte lo emocionante que fue encontrar esa lápida de la foto cuando anduve por Soria con mis padres, hace casi veinte años. Buscar una tumba y encontrarla produce una melancolía alegre que nos hace creer, siquiera por un momento, aquello de que recordar a "nuestros" muertos es revivirlos.

Rukaegos dijo...

Gracias por tus comentarios, Elena. Ando tan liado estos´días que te debo correo, ya desde hace tanto que me va a salir la vena impresentable :)

Un poema perfecto y una asignatura pendiente. Se acerca a la categoría de pecado mortal, pero no conozco Soria, ni la de Machado ni la otra. A cambio, pude emocionarme con dos tumbas musicales: la de Claudio Monteverdi en los Frari de Venecia y la de Bach, en la Thomaskirche de Leipzig. Las dos cargadas de emoción y con un par de lagrimones, ya las contaré, jeje

Besucos y en dos semanas en Madrid, a Barajas :)

Anónimo dijo...

http://jsdetorrelavega.wordpress.com/2009/03/22/programa-de-las-jornadas-sobre-comunicacion/

Alfonso dijo...

Yo sí conozco ese patio de Sevilla, y el huerto claro donde madura el limonero...

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