viernes, julio 18, 2008

LA CORTE DE LOS MILAGROS
(CRÓNICAS ESTIVALES DE RUKAEGOS I, EL MALVADO)
... Y es que por estos andurriales de crápulas infinitos consagrados a desdecir el Principio de Peters apareció un malvado cronista que recogió en pequeñas perlas el ambiente, la creatividad, la singular presencia de tantos cuantos forman parte del tinglado veraniego ...
El Malvado Rukaegos inició su perversa relación filtrando a la blogosfera una de las sesiones de planificación del fasto a la que quién sabe cómo encontró acceso ...
I. DONDE SE CUENTA CÓMO ELVIRA DEUTERONOMIO SORPRENDIÓ A LAS FUERZAS POSTVIVAS CON SUS CONOCIMIENTOS SOBRE GASTRONOMÍA ESCÉNICA.
Reunida se hallaba la Comisión Áulica, senado valiente de próceres ilustres, presidido otrora por Enjuto Numeroso y hogaño por Pajarucu de Tanos, cuando la simpar Elvira Deuteronomio, en pleno frenesí musical, exclamó
"A mí de la música lo más que me gusta es la sopera"
No pareció el Fraile Infinito alterarse ante la rotunda sentencia, pero el ya cansado Minervo Caducifolio no pudo por menos que arrugar -más- la nariz, levantar sus impertinentes y mirar con curiosidad precientífica a la damisela.
Apercibióse Elvira del interrogatorio visual y resolvió aclarar las dudas del anciano consiliario.
"Y las mejores las de Verdi, desde luego, las soperas de Verdi".
Y ni corta ni perezosa, tomó su Ramírez y se acercó hasta el frontón de la sala para aclarar de una puñetera vez, peloteando como quien no quiere la cosa, si la guitarra es instrumento de cuerda o percusión.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajaja, me troncho con el Malvado Rukaegos. Más crónicas, plis.

Rukaegos dijo...

Dice Malvado que al menos habrá una o dos entregas semanales de la serie sobre el Fasto Infumable de Sonidos.

Quienes necesiten aclaraciones, just ask for them ;)

Luis Lópec dijo...

Los “malditos roedores“, como diría aquel pobre gato acosado por Pixie y Dixie, viven en una sociedad muy parecida a la de los humanos. El roedor que nace rata, al igual que el humano que nace en la miseria, está condenado a una vida en las alcantarillas comiendo basura y luchando por su supervivencia a diario. Pero el roedor que nace ardilla, al igual que el humano de buena familia, vive donde quiere, es alimentado por los demás con frecuencia y es admirado por todos.
¡Malditos roedores!

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