martes, octubre 07, 2008

LA CIUDAD Y DARWIN

Hace algunos meses os hablaba de cómo habían anidado unos jilgueros entre las matas cercanas a mi casa. Un amigo me explicaba recientemente que no es extraño ahora ver colorines en las ciudades, ya que se están refugiando entre nosotros (¡pobres!) de la ocupación de su hábitat natural por parte de un par de especies dominantes. Los más adaptables de los jilgueros, pues, parecen haber decidido convivir con el ser humano y formar parte de nuestra galería de presencias urbanas.
Pero cerca de mi casa hay muchas otras escenas de documental. Impresiona ver a una gaviota matando con tanta saña a una paloma, hasta dejar su cuello ensangretado y en carne viva, y comenzar a comerla cuando todavía no ha dado su último estertor.
Viven en mi zona, igualmente, muchos gatos. Algunos casi amansados, que acuden a horas fijas en busca del alimento que les proporcionan varias vecinas y algún vecino. Y hasta el pescadero de la Calle del Sol. Otros más huidizos y, valga la redundancia, gatunos. En primavera y verano muchas gatas crían, pero poco a poco las crías van desapareciendo, víctimas de los atropellos, del veneno que tira un hijoputa del bloque de al lado (cualquier día le meo las tomateras que tiene plantadas) y de esa estrategia de supervivencia que hace que nunca se sobrepase cierto número de gatos callejeros en un espacio delimitado.
Hoy, cuando llegaba a mi portal, me encontré una gatuca atropellada con un fuerte golpe en la cabeza. Estaba muerta. El golpe era reciente, ya que todavía corría la sangre sobre el asfalto mojado. Blanca, con manchas negras y beige sobre el lomo. No la reconocí pero tuvo que ser bonita.
Sé que la selección natural actúa incluso en un espacio tan poco natural como el de nuestras ciudades. Y que la lección aprendida con la muerte de esta gata hará que los gatos más precavidos y alerta vayan consolidando su fortaleza genética de generación en generación.
Pero siempre me siento descolocado ante la muerte y el dolor de los animales. Me parece su tragedia la prueba definitiva contra la existencia de dios, al menos tal y como lo hemos concebido en Occidente, ese que expulsa a Adán y Eva del Jardín del Edén y les promete envejecimiento, enfermedad, dolor y muerte por su ofensa.
Porque escribía Milan Kundera en "La insoportable levedad del ser" que "Los animales nunca fueron expulsados del Paraíso". Y nada ofende más a nuestro sentido natural de la justicia que la muerte del inocente.
La decreten dios o Darwin.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Sigo dándote la razón: no hay nada más injusto que la muerte de un inocente. Máxime, cuando muere por antojo y, por desgracia, en numerosas ocasiones, por no sé qué demostración de valentía o poder.
Pocos son los animales que matan por placer, pero el más abominable, por su capacidad de razón y entendederas, no es otro que el que yo represento por pertenecer a esta vil y canalla especie que es el homo sapiens (habría que comprobar eso del "sapiens").
No sé, además, si sufro alguna especie de corrupción de mis dotaciones espirituales, pues comienzan a dolerme más las muertes de los animales que las de algunos hombres.
Seguramente, al final de los tiempos, yo seré uno de los muchos a los que Dios (a quien yo no acabo de ver injusto) preguntará: "¿Qué hiciste con tu hermano hombre? ¿Qué hiciste con tu hermano animal?". Convencidísimo de esto.
Un fuerte abrazo.
Héctor.

rojoyverde dijo...

Más de una vez lo he pensado. Que si algo hace grande al ser humano, es que es capaz de retar a la selección natural, y en determinadas situaciones, preocuparse de aquellos colectivos menos favorecidos y darles oportunidades.

Ahí es cuando vamos contra Dios, contra Darwin y contra la selección natural; y cuando me enorgullezco de la raza humana, si bien es cierto que en determinadas especies de animales también se ha descubierto un rol de protección hacia congéneres enfermos o desvalidos, pero la naturaleza no suele ser así.

Rukaegos dijo...

Al hilo de la reflexión de Héctor, lo mismo os castigo con un poema que escribí hace tiempo para un proyecto de Medio Ambiente, la celebración del Día Mundial de los Efectos de las Guerras sobre el Medio Ambiente, en el que describía el horror de la guerra aplicándolo a los animales y más en concreto a los que estaban en el zoo (Tiergarten) de Berlín durante los bombardeos aliados.

Y no hay corrupción alguna en lo que dices Héctor: a un animal rara vez le debemos algo diferente a su simple presencia o a su cercanía tierna. Hay personas a las que debemos otras cosas mucho menos edificantes.

Buen apunte, rojoyverde. La capacidad para superar las leyes de la evolución como característica esencial del ser humano, las redes de protección social, etcétera. Y una razón más para estar alerta, porque también desde la biología o la sociología se han elaborado teorías apoyando el universo neocon, como el llamado Darwinismo social (resumen muy simplista, el pobre no es apto para sobrevivir) y la teoría del libro El gen egoísta, interesante en muchos aspectos pero que afirmaría que nuestro código genético está preparado para la supervivencia y conduce a la imposibilidad de comprender los impulsos de la generosidad o la entrega.

Saludos a los dos

Rukaegos dijo...

Será para compensar la imagen triste de anoche, pero hoy los gatos del barrio me han regalado otro ejemplo, más feliz, de adaptación al medio:

Una gatuca, muy parecida físicamente a la de ayer (estamos cambiando la cepa genética del barrio, antes eran sobre todo color crema hoy abundan los tricolores) tumbada bajo un resol que salió a mediodía tan ricamente encima de un colchón abandonado junto a un contenedor. Estaba tan feliz y calentuca que ni siquiera se inmutó cuando la olisqueó Glendamaría.

Supongo que eso es aprovechar las ventajas de vivir en el medio urbano.

Elena dijo...

Qué bonito, Ruka, me gusta cuando la cotidianidad te arranque grandes reflexiones.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

ahora resulta que Dios es malo porque atropellaron a un gato,mataron a un perro o por la crueldad a toda la raza humana o animal,malo es el hombre que por propia voluntad decidio el camino del mal,fue su decision,que facil culpar a Dios o creer que no existe solo porque el mundo esta cabeza,por favor,el unico culpable es el rey de la tierra,satanas,todos los animales muertos estan felices en el cielo junto a Dios,que mejor lugar que ese,porque apenarse por la muerte,si por ser seres puros e inocentes,ya estan en la gloria junto a Dios Padre,donde nadie les volvera a hacer daño?,si se quiere un mundo mejor,debemos empezar a cambiar nosotros primero,de nada sirve criticar e insultar a los demas,por sus actos o que acaso nosotros somos perfectos?el mundo esta como esta porque muchos desecharon a Dios y viven y hacen lo que les da la gana,creen que el demonio y el infierno no existen,y el mundo ira de mal en peor,pero el mal nunca vencera,bueno a empezar a cambiar nosotros primero y hacer conocer a nuestros hermanos el gran amor de Dios,que Dios los bendiga
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