domingo, diciembre 02, 2007

LA NOCHE DE LOS LÁPICES Y LA MEMORIA HISTÓRICA

Encuentro unos momentos para sentarme delante del televisor, supongo que para comprobar una vez más que nada de lo que pasan merece la pena. Entro en los canales de ONO y me tropiezo, como si la bofetada me estuviera esperando, con la película de Héctor Olivera La noche de los lápices. La película cuenta un episodio de los primeros momentos de la terrible represión que cayó sobre Argentina tras el golpe de estado de un ejército de ratas podridas de uniforme que todavía hoy viven sin pagar por sus crímenes, y con la conciencia limpia según las mismas normas que los autoproclamaron señores de la vida y la muerte con la connivencia culpable como siempre de las ratas de negro y alzacuello.
Unos estudiantes de secundaria protestan por la supresión del bono estudiantil de transportes. Siete de sus representantes son "desaparecidos", torturados brutalmente y salvo uno, asesinados por los putos milicos que decidieron salvar Argentina.
Compruebo viendo la película que mi capacidad de ira sigue intacta. Y me preocupa pensar cuál podría ser mi reacción si ante mí estuviera alguno de los responsables de tanto dolor, de tanta indignidad, de tantos crímenes. Aunque sé que es fácil pensarlo, decirlo, llorarlo desde nuestra cómoda distancia histórica y geográfica.
Y se me pasan millones de imágenes en apenas instantes. Y pienso en cuántos millones de personas han pasado por situaciones parecidas, por la terrible indignidad de la tortura y el asesinaato de estado, dictadura a dictadura. Pienso en Hitler, en Stalin, en Ataturk, en Franco, en Videla, en Pinochet, en Castro, en Idi Amin, en el Apartheid sudafricano, en las limpiezas étnicas del África Subsahariana, en Pol Pot, en Mao y su revolución cultural, en Stroessner, Mussolini, la Matanza de la Plaza de las Tres Culturas, My Lay, Auschwitz, Golda Meir, los Ceaucescu, Marcos, ... Y se me va agotando la sangre y la capacidad para seguir recitando toda esta letanía de mierda que al fin acaba siendo la seña de identidad de ese animal superior llamado humano.
Y pienso en la llamada Memoria Histórica. En una norma que trata de que al menos quienes fueron vencidos y humillados tras el golpe fascista de la rata bajita y atiplada que preside a caballo mi ciudad puedan librar sus calles de los nombres de la vergüenza y llorar tal vez a sus muertos rescatados de las fosas comunes. Y sé, claro que lo sé, que como el afán de sangre es la marca no de los vampiros sino de los humanos, hubo dos bandos, y los dos provocaron muerte y saña. Pero recuerdo también que algunos, al menos, pudieron guardar luto por los suyos, y hasta obtener ciertos privilegios. Recuerdo también que fue uno de los lados quien dio el golpe de estado que desató a las bestias, a todas las bestias. Y observo atónico como muchos políticos que se dicen demócratas, y cómo no, las ratas de negro y alzacuello que siempre se han apresurado a divinizar a los suyos y enviar al azufre a los contrarios (siempre estuvo un capellán, un bastardo secuaz de cualquiera de los nombres de dios en el espacio histórico, haciendo de contador de los verdugos), nos dicen que recordar tanto horror es dividir a los españoles de hoy. Y que lo que su extraño sentido de la decencia les dice es que aquí, como en los demás lugares, han de ser las ratas, siempre las ratas, las que continúen en la calle predicando patrias y salvaciones, y diciendo que bueno, todo está olvidado: tú te callas como siempre y yo, como siempre, me lavo la conciencia.
Y continúo preso del horror. Sintiendo que los mismos que lo hicieron ayer son los mismos que no dudarían en llamar por la noche a mi puerta o derribarla. Para continuar con su trabajo de devotos de la miseria más negra y fétida del alma humana.
Ojalá hubiera de verdad un dios. Para que no les perdone.
Y ojalá que me perdonen hoy las ratas. Por las comparaciones.
Nota: Por cierto, "que mi nombre no se borre de la historia" dejó escrito una de las Trece Rosas. Los chicos y chicas de La Noche de los Lápices fueron Pablo, Claudia, Horacio, María Clara, Claudio, Panchito y Daniel. Su pecado, como dije, pedir que se mantuvieran los descuentos de tranvía a los estudiantes. En su honor, esta canción del grupo Sui Generis que, escrita en 1973, en el 76, año del oprobio argentino, era una especie de himno de los estudiantas argentinos.

6 comentarios:

Sir John More dijo...

Amén, amigo.

Javier dijo...

Si que estas bien tu para ver esa película, la he visto un par de veces y al terminar me encuentro con una impotencia y mas al saber que todo esto ha pasado en mi País y que poco se sabe de TODO lo que paso en realidad, cuantas cosas nos esconden ... Unos pobres chicos que solo pedían algo justo, algo que era poder ir a sus escuelas con un carnet que le salga mas económico, la verdad que no se entiende. Muy triste.

el ruton dijo...

Como hemos comprobado hoy mismo, aun quedan especimenes,que no dudarian , es mas estan deseando , repetir la historia . En su paranoia no dudan en saltarse cualquier sintoma de respeto o de humanidad . Ni siquiera las ratas se comportan asi .
La pelicula esta muy bien y desgraciadamente no ha perdido actualidad .

ANA DE LA ROBLA dijo...

Noche triste. Como tantas en las que tanta gente ha perdido la vida vilmente en regímenes dictatoriales abominables. Para que luego haya quien dice que todas las muertes son iguales, ¿verdad?

escéptico dijo...

No he visto esa película y lo siento.
He visto otras donde se narraban hechos ocurridos en las dictaduras de Chile, Argentina, España... y he llorado en más de una ocasión. No era una concesión sentimental. Era la rabia de la impotencia.

Claudia dijo...

Me ha emocionado leerte. Y por supuesto siempre ratificar que hay cuestiones que no serán una simple moda, ni condicionadas por la geografía. Un abrazo.

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