martes, diciembre 15, 2009

MOMENTOS ESTELARES: YUSPI KINGLIS


Había prometido no tardar demasiado en entregar un nuevo texto para la absurda colección de los Momentos estelares. Y por inspiración del Deus Cocacola se me vino a la cabeza otra vieja y patética experiencia relacionada con el mundo del poliglotismo.
No se me dan demasiado mal las lenguas ajenas, y tengo un más que decente nivel de comprensión y hasta de expresión en algunas. Pero al mismo tiempo he padecido siempre un pudor extremo a la hora de hablarlas. En el momento de abrir la boca se me vienen de golpe todas las inseguridades del mundo. Y eso a pesar de haber superado con bastante éxito pruebas como participar en un debate internacional sobre In vitro fecundation varios años ago.
Andaba yo por la adolescencia post-tardía cuando me invitaron en calidad de coordinador nacional de educación de los jóvenes demócrata-cristianos (cosas de la adolescencia post-tardía y la influencia familiar) a un encuentro de jóvenes sobre la situación de la Universidad Europea en la sede del Consejo de Europa. Intenté zafarme de la aventura alegando mi pobre inglés, pero Carlos, un compañero de claro otpimismo antropológico, me espetó "Ni te preocupes: irá contigo María de los Santos Sagrarios, que domina el inglés como si hubiera nacido en Manchester". Y como además tenía bastante buen rollete con Santisagri, una manchega encantadora, pues me apunté al dictado de aportar yo el contenido y ella el continente.
Estaba despegando el avión cuando Santisagri exclamó feliz: "Y yo que pensaba que como no hablo idiomas nunca podría apuntarme a uno de estos viajes internacionales y ahora mira que bien, como me dijo Carlos que tu hablas inglés como si hubieras nacido ..." "En Manchester" completé yo. "Sí, eso". Nos miramos, comprendimos, empezamos a temblar y una vez fracasado el intento de secuestro del avión para que regresara a Barajas acabamos por resignarnos proponiéndonos una ascética y recogida actitud cartuja durante el encuentro.
Una vez en Estrasburgo, nos encontramos con una moza madrileña del pepé a la que gracias a sus sutiles conocimientos del español y el francés habían enviado a un encuentro bilingüe en alemán e inglés. Y que llevaba tres días allí poniendo cara de escalera de color cada vez que alguien le dirigía la palabra. Asumí de inmediato el papel de portavoz memo del lamentable trío, útil al menos para interactuar con los camareros en el comedor de la residencia y para entender con cierta eficacia las instrucciones de uso del coordinador del encuentro.
Fueron los marditos portugueses quienes desencadenaron la tragedia. El portavoz lusitano cada noche mantenía en correcto portuñol un debate acalorado con el Rukaegos que esto suscribe sobre los contenidos de la reunión, y siempre acababa enfadado por mi falta de aportaciones al pleno, con la cantidad de cosas interesantes que estaba comentando (o él era buen chico o yo era mejor actor entonces que ahora y le tenía engañado). Horror, terror y pavor, cataclismo y tifón, don Portugués moderaba el siguiente debate, uno que versaba sobre la financiación universitaria y que tomaba como punto de arranque la sesuda exposición de un muchachote británico que no sólo hablaba inglés como si hubiera nacido en Manchester, sino que en efecto había nacido allí.
Finalizado el discurso y principiado el debate, don Portugués, de seguro ansioso de vengarse de los agravios cometidos contra su patria por Felipe The Second preguntó ... "And, what is the opinion of the Spanish delegation?".
En aquel preciso instante yo estaba desarrollando un sano ejercicio de desconexión budisto-meditativa, tras dos horas larguísimas intentando entender los números que desgranaba en correctísimo inglés de Manchester el de Manchester (soy de letras y tengo más problemas con los números que con el inglés). De hecho, transitaba yo por las verdes llanuras de Bohemia y Moravia con una suerte de alucinada ensoñación cuando sentí el codo de Santisagri clavándose con manchega reciedumbre en mi riñón izquierdo: "Rukaegos, creo que nos están mirando".
Reconozco que mi primer impulso fue agitar displicentemente la mano como diciendo, baahhh, passssooo troncosss. Pero no me pareció serio del todo. Así que decidido a salvar como fuera los muebles de la dignidad personal, delegataria, hispanodemocristiana y patria, todas a una, y al grito (contenido) de "Santiago y cierra España" decidí explicar a los presentes el terrible problema de modelo financiero en que se encontraba sumergida la universidad española en tiempos de procelosa incertidumbre (no en balde estábamos en pleno proceso LRU). Iniciado el lamento bancario, di un hábil salto de pasiego con palu pintu y aclaré que además la transformación descentralizadora del estado suponía grandes retos pero también inconmensurables interrogantes para la educación superior y si mal no recuerdo les expliqué lo que era una comunidad autónoma.
Me sentía observado por un par de docenas de expectantes ojos en los que yo podía leer "Pero ¿por qué han dejado sentarse a la mesa redonda al de la limpieza, si no sabe de qué estamos hablando y sobre todo no sabe de qué está hablando?". Pero pronto por mi lado derecho llegó la tranquilidad: se me atascó un palabro y la finlandesa de estribor me lo apuntó con claros signos de estar siguiendo, todo lo contrario que yo, el hilo de mi discurso. Porque acertó con la palabra que yo buscaba sin necesidad de jugar a las películas o al pictionary antes. Nunca le estaré lo bastante agradecido a Pia Podjia (pronúnciese Pía Polla, y va en serio).
Terminada mi intervención, observé que varios asistentes asentían, hacían comentarios bastante positivos sobre lo que fuera que dije, y don Portugués de my Eggs miraba sonriendo y hacía un gesto de colegueo en plan "Ya te dije yo que tenías muchas cosas que aportar". Yo, por mi parte, me limitaba a sudar y a tratar de contener el temblor de mis piernas antes de que la enormidad de Pía Podjia sintiera su rodilla sexualmente acosada.
Fue todo un triunfo. Desde aquella tarde perdí mi invisibilidad, fui invitado a integrarme en varios de los internacionales corrillos de aspirantes a político que saturaban salones y pasillos de la residencia y hasta pude ligar con un irlandés de 22 bastante más que mono.
En vista del éxito de crítica y público, el coordinador alemán y don Portugués de los Eggs me propusieron moderar la sesión de la tarde siguiente. Generosa oferta ante la que yo no pude sino exclamar encantado:
"Wanna go with Mummy, buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa".

3 comentarios:

Felisa Felicis dijo...

Gracias!! hacia mucho que no soltaba una carcajada por algo escrito!

Anónimo dijo...

Seguro que lo hiciste fenomenal... Esto sí que debió de ser un momento estelar!!! ;) Kissesssssss.

Rukaegos dijo...

Gracias Felisa: Ese es el objetivo de estos momentos estelares, reírme yo un poco de mí mismo (patética vida, por Belenos) y compartir las risas con todos los que hacéis posible este blog :)

Ufff Ana, no sé si fenomenal o fenomemal, pero todavía me tiembla el muslamen con sólo pensar en el evento. Qué momentazo. ¿Pero tú me imaginas a mí largando un torpedo sobre la financiación universitaria?

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