domingo, agosto 15, 2010

PALABRAS QUE TE ROMPEN


Escuché hace algunos años por vez primera el Cuarteto nº8 Op.110 en do menor "Dresde" de Shostakovitch en el marco del Otoño Musical de la Universidad de Cantabria. No estoy seguro de si esa primera vez corrió a cargo del Endellion Quartet o si fueron los amigos del Ensemble Paul Klee -aunque bastaría revisar fechas y programaciones para confirmarlo-, ni siquiera de si en efecto fue la primera y con anterioridad se me había acercado el cuarteto sin tocarme. Lo que sí sé es que ya en esa primera escucha consciente la oscuridad terrible de la obra me obligó a contener el aliento en varias ocasiones. Lo compuso el ruso "en memoria de todas las víctimas de la guerra y el fascismo" (puede que sin saber del todo que él mismo era una víctima del terrorismo de Stalin). Y lo hizo a poco de visitar las ruinas de la que fuera la joya del Elba, de la capital del viejo reino de Sajonia, de la ciudad de Dresde. Una ciudad martirizada en los últimos días de la II Guerra Mundial bajo las bombas incendiarias que la aviación inglesa dejó caer para que uno de sus capitostes pudiera vengarse de la muerte de su esposa en el bombardeo alemán de Coventry.

Demasiados muertos, demasiado dolor, demasiada belleza reducida a silencio.

Durante muchos años, tras la visita a Dresde allá por el 91, se me ha ocurrido pensar cuántas personas se habían escondido de los nazis en las buhardillas y sótanos de Dresde. Cuántos judíos, homosexuales o comunistas resistieron durante años esperando la llegada de unos aliados que lo hicieron en forma de lenguas de fuego. Cuántos murieron en sus escondites sin que siquiera quede recuerdo de su dolor o de sus nombres.

¿Cómo no iba la música de Shostakovitch a hacernos daño, ese daño que recuperé hace un par de días en la grabación de la obra que acaba de editar Harmonia Mundi en la lectura del Jerusalem Quartet?

Las palabras del arte, sea cual sea la forma en la que nos acechan, son capaces de remover nuestros cimientos cuando son verdaderas. Pueden encendernos la risa y la nostalgia, el amor y la furia. La soledad y el daño. Capaces de descubrirnos tantas veces que nuestra seguridad transita a la deriva, dispuesta a quebrantarse a cada golpe, a cada encontronazo íntimo con el horror hasta imponer su lógica terrible.

Recuerdo ahora el Cuarteto Dresde y el Lamento de Ariadna; El viaje de Felicia y La zona oscura; La Balsa de la Medusa y Los fusilamientos del tres de mayo; las gigantescas planchas de Anselm Kiefer sobre los campos de cenizas de Celan. Recuerdo en la novela Laureles de ceniza de Norbert Rouland la escena que describe un poblado celta donde los atacantes han abandonado los cuerpos empalados de todas las mujeres y los niños, o la sucesión de dolor y miseria sin límite que Pinilla nos escupió en Las ciegas hormigas y en especial el momento en el que Nerea ahoga a sus pequeños y adorados gatitos, o en La cuestión de Bruno de Aleksandar Hemon el relato Una moneda, con el cuerpo de la tía muerta por un francotirador en Sarajevo cuyo cadáver es necesario conservar en la casa durante meses mientras los perros callejeros atraídos por la pestilencia aguardan al pie de la ventana hasta que no queda otra solución que arrojarlo desde el piso.

Y hasta momentos cargados de ternura. José Hierro explicando cómo le robó un verso sublime a un Dámaso Alonso postrado, con la cabeza ya totalmente perdida, que tomaba de la mano a su esposa y susurraba "No sé quién eres, pero sé que te he querido mucho".

Palabras que nos rompen en todos los lenguajes. Cuando no queda otra salida que plegarse a la propia intemperie hasta entender que nos duele tanto porque estamos terriblemente vivos.

3 comentarios:

BRUNO6 dijo...

Dresde.Si no me equivoco fué el Mariscal del Aire Harris el que ordenó aquél asesinato masivo.Tuvo suerte de ser inglés,de haber nacido alemán una soga le hubiese esperado en Nürnberg.Se retiró con honores.
Respecto a la Música,hace muchos años un amigo me comentó que"es el único Arte que no es del todo Humano".Tenía toda la razón.

Rukaegos dijo...

Entre las grandes barbaridades que se cometieron durante la II GM entre las destacadas está el bombardeo con bombas incendiarias contra la población civil, arma usada primero por Hitler pero luego por los aliados (británicos especialmente). Unos bombardeos que dejaron una memoria todavía intocada y que muy pocos, creo que sólo Sebald en su "Historia Natural de la Destrucción" se han atrevido a tocar.
Y en efecto, fue Arthur Harris uno de los máximos responsables, aunque no el único.
También participó la aviación de Estados Unidos, un dato más.

ana de la robla dijo...

Conmovedor. Texto necesario.
Beso emocionado.

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