miércoles, abril 08, 2009

MOMENTOS ESTELARES: DE UÑAS EN EL CONSERVATORIO

Hacía tiempo que recreaba alguno de esos frescos memorables cargados de un pasado afortunadamente pasado que he venido titulando Momentos Estelares y que como sabéis tienen un enorme parecido con la realidad. Y es que el Surrealismo nació para ser habitado.
Había yo terminado mis estudios de piano (bueno, el título que entonces se llamaba Profesor de Piano, porque mis deditos siempre rebeldes atendieron los ruegos del anular derecho y se negaron a continuar hacia las estepas superiores) cuando pensé que era bastante complicado transportar el piano a excursiones, campamentos y festejos navideños, y todavía más complicado crear aporreando el Revolucionario de Chopin un ambiente delicado y tierno apto para envolver, acariciar y capturar chulazos sensibles, esos que un amigo define como canallas de buen corazón. Así que me dije a mí mismo en secreto conciliábulo: ¿por qué no te animas con un instrumento pelín más portativo? (y todo esto antes de los e-book y los portátiles eh, que uno fue siempre un total avant-garde). Y decidime por la guitarra, bohemia y sutil, más que nada porque con mi alergia al polvo (podéis pensar lo que queráis, so malos) y los ataques de asma asociados, tenía miedo de morir insuflando Döpplers por la embocadura de la flauta.
Tengo que decir que durante las primeras clases con un guitarrista espléndido, buena gente y mejor músico (y como tal ninguneado en la Cantabria cultural), que además lee el Santander Posible anduve algo confuso. Y es que tanto limar uñas, tanto rebajar por aquí, formatear por allá, pensé que andaba en un cursillo de estheticienne a domicilio. Pero pronto me di cuenta de que cuanto más limaba mejor sonaba mi pobre Alhambra (qué sonido tan dulce tiene y qué manazas le tocaron en desgracia, Santa Cecilia) así que me puse entusiasta a trabajarme la haute manicure masturbatoria noche tras noche.
Andaba ya pendiente de mi examen de segundo curso de guitarra en el Conservatorio Profesional de Música de Cantabria "Chuchi el de la Abadía" cuando se me ocurrió pasarme una tarde fresquita de mayo poniendo al día el Estudio Op.10 nº1 de Chopin, claramente incompatible con unas uñas largas por hautemanicuradas que anduvieran cuando, ccrrraaakkkkkkkk cruuuunnnnnccccchhh, oh dolor, quebróseme sin piedad la uña del pulgar derecho al trabarse entre un mi4 y un fa4 del entrañable Kawai de casa. Poco más tarde (uno es cabezón) y en el nº5 fue el corazón el que dejó media uña entre un fa3 y su respectivo sostenido.
Y allá que me llegué yo a clase, lloroso y compungido a tres días del examen, diciendo desolé "me he quedado sin uñas, me he quedado sin sobresaliente, sniff".
El profe facilitó una solución rápida y curiosa: "Te compras unas uñas postizas discretitas y te las pegas con superglú encima de las otras, las rebajas un poco con la lima y al menos durante el examen aguantarán". Y ni corto ni perezoso, lleno de nuevas ilusiones, me compré dos bonitas uñas, tan discretas como pude (siempre me fascinaron el Splendor Fuchsia para el pulgar y la imitación en laca de uñas del Russian Red para los corazones).
No tengo muy claro cómo toqué mi Carcassi, mi Brouwer, mi Tárrega, mi De Visée ... aunque guardo por alguna torre de papeles mi papeleta con el sobresaliente. Pero nunca olvidaré el delicioso pase de modelos que tuve que realizar mientras mi profe explicaba al resto del tribunal el percance, ante las extasiadas miembras (todas ellas pianistas de pro) que exclamaban, oh, qué faena, el pobre, oye, dónde compraste la uña fucsia que me parece supermona, y con eso puedes tocar bien, no sé si el rojo y el fucsia casan bien con los pantalones pistacho que has traído que también son superideales.
Llegué, vi, vencí. Con uñas cosméticas y afán de superación. Y sobre todo con un terrible odio al superglú que terminó de arrancarme las dos uñas y dejarme los deditos en carne viva al tratar de quitar los postizos.
Y es que, desde luego, qué duro es estar siempre en el punto justo de talento y monería, ayns.

8 comentarios:

Arantxa dijo...

¡Ay, querido! Piensa la gente que esto de ir siempre divino de la muerte es cosa fácil. Y de eso nada. (Espera que me seque los lagrimones de la risa. Es que en llegando al desolé he roto a carcajadas y aún no he podido parar).

Lo que yo hubiera dado por ver ese momento 'pase de uñas' en vivo y en directo. Bueno, y para ser sincera, el pantalón verde pistacho.

Genial.

Rukaegos dijo...

Una de las sorpresas más extravagantes que me ha dado mi experiencia bloguera es descubrir el lado costumbrista-cómico de la serie Momentos Estelares y otras ... Con lo supermegaserio y supermegaformal que soy y supermegapoco sentido del humor que tengo. Qué cosas.

Jajaja si no las habías leído ya, te recomiendo que vayas buscando las entregas anteriores de la serie :)

Arantxa dijo...

Las buscaré, las buscaré e iré leyéndolas poco a poco.

Tendrás noticias mías ;)

Amigo de la Dialéctica dijo...

Hola amigo Rukaegos:

Que ingenio el tuyo y el del profesor que te recomendó las uñas postizas. Un buen relato, describiendo situaciones eres un genio.

Recibe un abrazote amigo.

Alimatou dijo...

Hola Rakaegos,

sólo pasaba para dejarte un saludo. Y sí, me has dejado sorprendido con este toque 'frívolo' y cómico en de tu blog, está claro que todos somos humanos, y me has arrancado alguna sonrisa, la verdad. Un saludo, y a ver si me acuerdo cuando llegué a Santander del café, porque ya me veo de lo ocupado que estaré, que puede que se me pase. En tal caso, recuérdamelo, ok? Un saludo.

ana de la robla dijo...

Esto no me lo habías contado!!! (lo de las uñas, claro). Ya te veo supermono recorriendo el mástil (con perdón) de la guitarra, con tus ongles de top-color :-D Siempre genial, siempre R. Besos.

Rukaegos dijo...

saludos para los tres. Gracias, Javier, la verdad es que me echo unas risas con estas evocaciones del pasado un poco "intervenidas" pero ciertas en lo sustancial.

Leo, a ver si luego te agrego a los links porque siempre me olvido de visitarte y tu blog me gustó, así que mejor si te tengo en la lista de la derecha (con perdón).La parte frívola, ya sabes, para no morir de intensidad.

Ana, en realidad las uñas eran color carne jajajaja y sin aditamentos como los de la foto. Pero así gana un poco de jugo. Tengo pendiente contar la madre de todas las cenas, pero no sé si me atreveré ... Miss Underground por cierto fue testigo presencial de la misma.

frantic dijo...

Es que no basta con tener un porcentaje de divinidad superior al de la media de los mortales, además hay que mantenerlo, je, je.

Impagable este "Momento estelar". Me lo imagino y me parto de risa. No puedo evitarlo.

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