miércoles, diciembre 17, 2008

ENTRE LIBROS Y ESPERAS

Esa costumbre mía de llevar siempre un libro -o varios- debajo del brazo (por este Santander de mis entretelas tuve un antecedente al que el ingenio popular bautizó como "sobaco ilustrado") ha despertado ya curiosidad y comentarios en ámbitos diversos. Desde una crónica de Jesús Pindado a un par de malintencionados comentarios en los foros del DM, desde alguna sonrisa cómplice a un par de preguntas tras un recital poético.
Supongo que tantas horas perdidas (¿invertidas?) en transportes públicos y colas de espera justifican un apoyo moral permanente. Nunca sabes cuándo el reloj va a pararse más de unos minutos, cuándo vas a enfrentar ese tiempo a solas. Y además, así no les entra polilla.
Esta mañana tuve que aguardar casi una hora en una oficina pública mientras llegaba el numerito de turno asignado. Y como estaba acompañado, bien acompañado, por Saul Bellow y esa novela estupenda que es "Mueren más por desamor" (¿quién podría resistirse a comprar un libro con ese título), pasó el tiempo volando entre palabras iluminadas, hermosas imágenes y reflexiones afiladas. Levanté los ojos del libro un instante tras escuchar el diiing del cambio de número y me di cuenta de que sólo yo leía en la sala abarrotada. Muchas miradas solitarias perdidas en el infinito, muchos minutos malgastados sólo en esperar. Los mismos que veo cada día en trenes y autobuses, en otros compases de espera.
Y todavía hay quien se pregunta para qué paseamos los libros ...

2 comentarios:

enore dijo...

La próxima vez que nos crucemos procuraré fijarme en las lecturas que llevas.
De mi etapa profesional, en las distintas ciudades en que me ha tocado vivir, he sido un consumidor contumaz de transportes públicos y en consecuencia de lecturas transportadas y sí he comprobado que en esta ciudad que presume de “Atenas del Norte” el índice de lectores en autobuses es ínfimo, o esa es la impresión que me da.
Uno de los lugares al que soy incapaz de acudir sin la compañía de un libro es la sala de espera de un médico, creo que es un tiempo perfecto para leer, sin embargo es raro encontrar a otro paciente aprovechando el tiempo así.
Y ya que estamos…
Que en esta ciudad se halla dejado morir la posibilidad de crear una Fundación José Hierro o que el homenaje de un poeta de la talla de Félix Grande a nuestro gran Pepe, en el Ateneo, haya sido compartido con poco más de dos docenas de personas; dice muy poco de una “Capital Cultural”.
STV está ahí, querido Regino

la cabaña progresista dijo...

Mi última experiencia atestigua lo que dices Rukaegos. Viniendo de Madrid en el "alvia", me quedé un tanto perplejo al ser yo la única persona que no prestaba atención a una película que estaban poniendo. Estaba tan enfrascado releyendo "Misericordia" de Benito Pérez Galdós que ni me di cuenta y eso que mi mujer si la veía. En mi mesita del asiento tenía además apilados el diario "El País" con su suplemento y una recopilación de poemas de Machado, que por cierto salió con dicho periódico semanas atrás.
No me siento un bicho raro por esto, otras veces si que hay más gente leyendo, yo disfruto...allá cada cual.
Saludos desde tierra de buen vino y mejor verdura.

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