miércoles, septiembre 12, 2012

EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE SANTANDER MIRA HACIA EL FUTURO (3)


Y vamos a continuar hasta la docena en esta serie de reflexiones en torno al FIS que se nos presenta después de la cesantía de Ocejo. Al menos de momento.

9. RECUPERAR LA CALLE. El traslado, necesario, del Festival Internacional de Santander de la Plaza Porticada al Palacio de Festivales de Cantabria trajo muchos beneficios y algunas pérdidas. Entre ellas, aquel Festival que se imponía a los ciudadanos como parte del propio entramado urbano, aquel en el que era posible intuir parte de la maravilla interior dando un paseo a pesar de que no quedaran entradas o de que el presupuesto no llegara, aquel en el que era posible por muy pocas pesetas obtener un lugar en la bancada de la C lateral. El espacio cerrado ha fomentado la sensación de que el Festival es un espacio cerrado en vez de una fiesta cívica. Y tal vez sería el momento de invitar otra vez a la ciudadanía a tomar parte en el mismo.

Es evidente que no es posible ampliar el aforo de la Sala Argenta. Pero sí puede ser interesante el desarrollo de una parte del Festival a pie de calle. Una toma de la calle que implicaría un mayor dinamismo, una presencia festiva y real, y sobre todo la captación de nuevos públicos. Modelos existen muchos en los que fijarse, desde el Fringe del Festival de Edimburgo a los Proms londinenses, desde las propuestas de calle de Avignon o Barcelona a la presencia cotidiana de artistas en Praga o París. De hecho, en la propia Santander han sido, creo, celebradas y exitosas las salidas a la ciudad del MAF y algunas otras propuestas. Recuperar la calle será para el FIS recuperar la vida, el tono, la implicación con el territorio y con la gente.

10. RECUPERAR EL TIEMPO. Puede que una de las falacias más burdas del discurso oficial de Festival e Instituciones en los últimos años haya sido precisamente el de que el FIS era un gran escaparate cultural que aportaba gloria y oropel a Santander y Cantabria, y que por lo mismo actuaba como relevante imán para el turismo.

La realidad y la lógica, siempre tan duras, nos explican (más allá de lo ya comentado sobre el mínimo o nulo interés del FIS para los medios de fuera de Cantabria) qué difícil resulta atraer turismo cuando la programación se presenta solo unos pocos días antes del inicio de su calendario. No sólo porque no es posible organizar unas vacaciones en fechas especialmente difíciles (agosto) con sólo unas semanas de anticipo, sino porque además no se prevén formas de adquisición de entradas a través de banca, Internet o intermediarios que no sean Caja Cantabria. ¿De verdad alguien se cree que una familia va a planificar sus vacaciones en Santander pensando en el Festival sin saber cuál es el programa y sin saber si va a disponer de entradas? ¿Podemos ser un poco serios?

Otra cosa será que quienes de costumbre o por casualidad se encuentren veraneando en Santander puedan aprovechar para asistir a alguna velada del Festival. Pero desde luego un Festival con un programa sólido y una gestión más sólida aún debería tener una gran proyección económica.

11. EVALUACIÓN. A la hora de analizar la vitalidad y el desarrollo del Festival, no basta con la reunión de un patronato y de las instituciones que colaboran con el evento. No, si permanecen sordas a la voz del público y de la sociedad en general. La realización de encuestas de satisfacción de público son, hay otros medios también claro, un buen indicador si se hacen con rigor. Roza el ridículo poner una urna para que de forma anónima y en un cutrepapel se pueda opinar, roza el ridículo evaluar la repercusión económica del Festival preguntando sin orden ni concierto a algunas damas si esa tarde pasaron por la peluquería o si se habían vestido de manera especial para la velada. Hablamos de una evaluación seria capaz de generar resultados estadísticamente mensurables y razonables. No es el único medio pero sí uno más para saber si el Festival se encuentra en el buen camino.

12. LA DIGNIDAD DEL DETALLE. Un poco cajón de sastre va a resultar esta duodécima reflexión, pero allá va. La importancia de las pequeñas cosas es parte de la importancia de las grandes. El Festival debería mimar los detalles. ¿Es presentable un Festival Internacional en el que a cambio de una entrada de 150 euros recibes un programa que viene a ser un folio doblado en papel satinado y prácticamente sin información? ¿Es presentable que en esos programas haya faltas de ortografía o errores de bulto en los nombres de artistas y compositores? ¿Cómo es posible que en los folletos generales aparezcan intérpretes y autores pero no obras, de verdad alguien piensa que al público le da igual lo que vaya a escuchar o presenciar esa noche?¿Libretos y textos originales y traducidos de lo que se vaya a cantar/interpretar no forman parte de una experiencia conjunta?¿Qué hay de aquella vieja puntualidad que tan a rajatabla se llevaba en La Porticada? ¿No es posible a estas alturas encontrar una forma de que durante los diez o veinte primeros minutos de una representación o un concierto no se estén escuchando permanentemente los disparadores de las cámaras fotográficas de la prensa?¿Un diseño más actual y atractivo de cartelería, programas de mano y en general los recursos de comunicación e imagen?




lunes, septiembre 10, 2012

EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE SANTANDER MIRA HACIA EL FUTURO (2)


Y después de un par de días, continuamos apuntando algunas ideas en torno a lo que según mi opinión debería ser la historia hacia el futuro del Festival Internacional de Santander.


6. ESTABILIDAD PRESUPUESTARIA. He defendido aquí y en otros foros que una costumbre pendiente a favor la transparencia de la gestión pública debería ser la realización de auditorías independientes, que permitieran conocer el estado de la gestión antes de que una nueva etapa diera comienzo (de hecho, en otros casos, antes de que se realizaran nuevas elecciones). Pienso que además en instituciones que no consisten en cuadrar cuentas, sino que se definen además por otros rasgos, esa auditoría debería investigar comparativas de precios, sobrecostes, etc. Pero como ya dejé de creer en los Reyes Magos no creo que nunca se nos vayan a aclarar las presuntas oscuridades que corren desde hace tanto tiempo de boca en boca, incluso a muchos kilómetros de Santander.

En todo caso, existe una deuda pendiente considerable, que no debería obstaculizar la labor de los nuevos responsables del FIS. Cierto que habrá que darla respuesta, cierto que estamos en un momento de crisis especialmente delicado, pero cierto también que si de verdad queremos que el Festival encuentre un espacio propio y una revitalización las estrategias de cierre contable no deberían ser un obstáculo para una nueva frescura. De la misma manera, opino que debería buscarse el modo de que el Festival tuviera una dotación estable asegurada, aunque fuera sobre mínimos, que le permitiera tomar decisiones y dar forma a proyectos con antelación adaptada a las agendas de las primeras figuras.


7. SIGLO XXI. Frente al estatismo absurdo de quienes consideran que no es posible transformar una sola coma de las herencias culturales, todo tiempo, todo gran artista, ha sido capaz de integrar la historia y los mitos que le precedieron y de darles nuevo sentido, adaptado a un tiempo diferente y una mentalidad diferente.

Con algunas brillantes excepciones (Penderecki, Kantor o Bèjart , por poner un ejemplo de cada una de las artes en las que el Festival ha venido interviniendo) la mayor parte de la contemporaneidad más interesante y consolidada ha vivido ajena al gran evento veraniego. Así, en música nada o prácticamente nada hemos sabido en los programas de Gubaidulina, Pärt. Corigiliano, Menotti, Taverner, Gorecki o Glass. Y hemos sabido demasiado de Tomás Marco. Pero, curioso, incluso hacia el pasado el Festival ha permanecido opaco, ignorante de nuevas corrientes y prácticas interpretativas, ignorante del redescubrimiento de grandes compositores que en realidad eran prácticamente desconocidos (¡qué diferencia la valoración actual de Händel o Vivaldi tras descubrirse y reivindicarse tanta obra dormida en archivos!).

Generar interés, abrir el espacio, es también proponer, provocar, reinventar y llenar de fuego los escenarios. Porque en el arte buscamos también el espejo que nos estremezca y nos ensalce o nos rompa, buscamos en este tiempo convulso e inseguro nuestra propia insignificancia. No solo la exaltación arqueológica de las glorias y caídas pasadas. Y esto significa necesariamente compartir la mirada de nuestros grandes creadores y la reinvención de los clásicos.


8. PROGRAMACIÓN PROACTIVA. Desde hace mucho tiempo hay una impresión generalizada de que son los agentes, unos pocos agentes, y las giras internacionales las que marcan la práctica totalidad de los programas.

La existencia de una dirección nueva, esperemos que articulada ante un proyecto de crecimiento y no como una mera proyección personal, tendría que dirigir. Esto es, tendría que tener claro cuál es el mensaje, cuál es la intención de cada edición, y trabar a partir de ahí los mimbres de la cesta, sin limitarse a una pasiva recepción repetitiva de lo que otros programan, otros deciden, otros marcan.

La falta de criterio que ha implicado reiteración de artistas y de obras, pero que además ha perdido la oportunidad de reivindicar con ciclos o incluso ediciones dedicadas a las grandes celebraciones internacionales de la música, el teatro o la danza, frustró fechas que tendrían que haber sido centrales, como la conmemoración de Argenta o la de Händel. Este mismo año, el bicentenario de la Constitución de 1812 podría haber significado una gran fiesta del Romanticismo desde múltiples lecturas, y no limitarse a abrir con la Octava de Beethoven. Elección correcta y hasta obvia, pero desde luego insuficiente.

miércoles, septiembre 05, 2012

EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE SANTANDER MIRA HACIA EL FUTURO (1)


Puesto el punto final a la satrapía de Ocejo en el Festival Internacional de Santander son muchos los interrogantes que ahora se abren, algunos de los cuáles irán encontrando respuesta inmediata con la previsible reunión del Patronato a principios del otoño. Otros deberían formar parte de un debate social amplio y enriquecedor, capaz de definir cuál es el Festival que queremos, el que necesitamos, el que podemos. Capaz, en suma, de devolver la ilusión alrededor del vetusto y ausente evento, de recuperar su carácter de fiesta colectiva, y de dotar de renovados bríos, de esperanza y de futuro a la aventura que Ataúlfo Argenta iniciara junto a José Manuel Riancho en el lejano 1952.


Desde este blog me atrevo a poner en abierto algunas de las cuestiones que me parecen relevantes y que tal vez sirvan nada más para un debate privado en esta habitación desordenada. Organizadas de cinco en cinco.

1. DEFINICIÓN DE LA ESTRUCTURA JURÍDICA. A lo largo de estos años, ha sido patente que la personalidad jurídica del Festival está anticuada, que no responde a las necesidades y criterios de una mirada contemporánea, mucho menos a las exigencias que hoy la sociedad plantea a una institución que gestiona dinero público y que por tanto está al servicio del común y no de intereses privados. Esta modernización del status jurídico del Festival necesariamente debe contener unas normas precisas sobre nombramiento y responsabilidad del director y el equipo responsable, sobre el control que alrededor de la gestión y resultados deben ejercer quienes sostienen económicamente el evento, la garantía de libertad en la definición del proyecto artístico y su desarrollo, la limitación temporal en el desempeño del cargo, y seguramente muchos otros extremos que estarán apreciando ojos más avezados.

2. DEFINICIÓN DEL PROYECTO/PROYECTOS. Me parece importante que el Festival orbite en torno a uno o varios proyectos coherentes y de medio recorrido. Considero que el pastiche o el patchwork están fuera de onda desde hace tiempo, que la capacidad de un gran evento para atraer la atención exterior y la satisfacción interior pasa por la adquisición de una personalidad propia y diferenciada. Una singularidad que defina al Festival no sólo frente a otros eventos de cercanas características, al menos en España, sino también frente a las programaciones regulares que están hoy al alcance de la mano si no en Cantabria sí en Bilbao, San Sebastián, Oviedo, Madrid o Burgos, ciudades todas que están recibiendo a un público cántabro ya demasiado desencantado con los ardores locales. No se puede seguir sosteniendo que la identidad del Festival sea “la calidad” (ese es un mínimo exigible, no un objetivo per se) o “la excepcionalidad” (sobre todo cuando se habla desde la repetición de propuestas y artistas o desde la presentación de lo que es normal a lo largo del año en tantos programas).

3. ACCESIBILIDAD. De entre las críticas que han sido frecuentes en los últimos años, una ha sido la de los precios imposibles de las entradas. El Festival ha tenido una financiación esencialmente pública, y por tanto sus precios deben ser sí o sí precios públicos. Es impresentable que las instituciones de todos financien un chiringuito vip para la exhibición de vanidades políticas, económicas y variopintas. Basta echar un vistazo a programas similares a los del FIS en estos años atrás para que resulte evidente que idénticos programas con idénticos artistas suponían en otros foros entradas un 40-50% más baratas que en Santander. Sin contar descuentos específicos para determinados grupos. Una parte de la relación sentimental entre Santander y su Festival se basaba en la capacidad de atracción de la música, la danza y el teatro hacia públicos que mostraban curiosidad o fascinación y que descubrían un particular universo. Una función en cierto modo iniciática que se ha perdido, en buena medida por, me repito, unas entradas a precios escandalosos.

4. MARCO TERRITORIAL. Uno de los puntos de consideración obligatoria en cualquier estrategia moderna de gestión cultural es la relación entre la institución/programación y el territorio en el que se desarrolla y, en este caso, del que depende. Resulta necesario abrir un diálogo fructífero entre el Festival y la sociedad santanderina y cántabra, y en especial un diálogo entre el Festival y los artistas de Cantabria. Que se perciba la mayor propuesta musical y escénica de nuestra región como un espacio ausente, como una oportunidad imposible para los intérpretes y creadores cántabros es, sin duda, una fuerte pérdida. Desde la excelencia, pero también desde el riesgo, el Festival tiene que abrir espacios de crecimiento y proyección, tiene que ser también oportunidad. Y tiene que ser también impulso: que tras 61 años de grandilocuencia Cantabria sea hoy, por ejemplo, la única comunidad autonóma que no cuente con una formación orquestal, sea en formato grande, sea medio, sea pequeño, sea estable sea temporal. Vale, estamos en crisis. Pero no siempre lo hemos estado. Y el Festival no ha sido capaz, no ha querido o no ha estado interesado en provocar y aportar vitalidad.

5. COMUNICACIÓN. Frente a la narración oficial del Festival, que lo propone como gran referente cultural y gran embajador de Cantabria, la realidad, la triste realidad, es que desde hace años ni la crítica, ni los medios, generales o especializados, muestran mayor interés por lo que ocurre en los agostos festivaleros santanderinos. Sumergirse en las hemerotecas es constatar un amplio silencio que desde luego contradice el discurso autocomplaciente. Encontrar la definición, la personalidad, la singularidad es, sin duda, un buen camino para una nueva carta de presentación capaz de atraer el interés. Pero no es la única tarea pendiente. Hay toda una estrategia de comunicación y de relaciones públicas abiertas por desarrollar frente al estatismo, las puertas cerradas y la conformidad con las valoraciones cada vez más escasas de los viejos amigos.




viernes, agosto 31, 2012

ECCE OCEJO


La elección era suya: podía marcharse con dignidad o podía organizar uno de esos melodramas que tanto le gustan, movilizando masas “espontáneas” que le aclamaran al tiempo que gritaban a los responsables últimos de su cesantía, movilizando opinadores pejinos o directamente interesados en los foros de Internet, revolverse panza arriba e incorporar un par de dislates a la larga suma de “nadie podrá hacer algo diferente con el Festival”, “¿Retirarme? Yo no soy torero”, “Vamos a seguir ahora que somos jóvenes”, “¿Proyecto artístico? Ser el Director del Festival durante más de la mitad de su existencia” y ese largo etcétera que nos ha hecho siempre públicas la vanidad y el descaro de ese Fraile Infinito que de pronto se tornó Finito.

Eligió, como era previsible, la segunda opción. Mostrar su rabieta, hacer patente su disgusto y tratar de frenar el golpe con las viejas mañas que hasta ahora tan buenos resultados le habían dado. Unas mañas que de nada le han servido ya porque, como reza el tradicional adagio, “Se puede engañar a unos pocos mucho tiempo; se puede engañar a muchos un poco de tiempo. Pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.

No queremos ser injustos. En esa historia tan larga, interminable, de degradación constante, al frente del que había sido el gran escaparate cultural de Santander hubo algunos haberes notables, sobre todo al principio. Un repunte del interés, una actualización de los contenidos, una reivindicación de compositores y obras que habían estado tradicionalmente fuera de los circuitos hispanos. Pero muy pronto la vanidad y la verdadera vocación del personaje, la de bon vivant , redujo su mirada a una larga sucesión de viajes, hoteles de lujo, privilegios y bolsas repletas. A un mundo que sin duda no le correspondía y que pronto quiso eterno, porque ¿para qué aguardar otros paraísos si lo había encontrado ya en la tierra?

Pronto se iniciaron transformaciones del Festival más que discutibles, como esa obsesión enfermiza por la ópera que acabó por descabalar todo presupuesto sensato, por rellenar la programación de veladas kitsch dedicadas a repetir y repetir hasta la saciedad coros, arias y dúos de ópera en vez de apostar por contenidos serios y por engarzar al Festival de Santander en una red de intereses y bolos muy lucrativa para tanta gente. Pronto la repetición ad nauseam de intérpretes y contenidos, rizando el rizo en la repetición de obras en años sucesivos que ha ocurrido con, por ejemplo, la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak o con la Muerte de Isolda de Wagner. Pronto la programación a rebufo de otras, la disculpa de los homenajes que en realidad nunca lo fueron. Pronto el desatino en la gestión que empujó al Festival por el negro pozo de la deuda y que, me temo, ha sido el detonante principal de un cese anunciado ya desde hace tiempo. Pronto, en fin, la cima de la irrelevancia, la desaparición de cualquier referencia a nuestro antaño gran evento artístico en los medios nacionales.

Tuvo Infinito-Finito una oportunidad de oro para terminar. Con el pabellón a media asta pero con cierta imagen positiva entre políticos y ciudadanía en general, a pesar de que en los círculos de aficionados ya el nombre resultaba banal y molesto. Fue cuando cumplió 25 años al frente de la casa, una cifra redonda en un año redondo. Pero no supo renunciar a la gran vida, continuó prisionero de la importancia que se otorgaba a sí mismo y prefirió empujar al Festival Internacional de Santander hacia el abismo.

No a todos todo el tiempo. Llegó el momento de que alguno de los responsables políticos, esos que durante años miraron hacia otro lado y consintieron porque ¿de cuándo acá les ha interesado la cultura, de cuándo acá se han preocupado por la música, la danza, el teatro?, se hiciera eco no solo del malestar que era ya clamor, sino de la más que ineficaz gestión de los recursos públicos y la incapacidad absoluta para obtener réditos artísticos o siquiera turísticos. Y ese alguien entiendo que fue el Alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, por más que los foros se hayan cebado con el Opus y con Serna.

En el Año del Señor de 2012, Fray Infinito se nos volvió Finito y se nos dedicó a viajar de medio en medio y de calle en calle con expresión tan doliente como impostada, a la manera del Ecce Homo de Borja recién “restaurado”. Se abren ahora, pues, tantos interrogantes como esperanzas, tantas dudas como posibilidades. El sueño, en suma, de que el Festival Internacional de Santander pueda, con más o con menos recursos, pero con ilusión, con nervio, con mirada al futuro, ser por fin un programa digno, ambicioso, grande.
En cuanto al personaje, como cuentan que dijo un sacerdote veneciano al enterarse de que el que fue Juan XXIII dejaba el Patriarcado de Venecia para ocupar la silla de San Pedro … “Tanto bien lleve como paz deja”.



lunes, agosto 20, 2012

76 AÑOS


Imaginad que escribo en Twitter que durante un telediario en la pública han afirmado que "Julio César fue asesinado por unos mercenarios escitas". Imagino que las respuestas podrían clasificarse en a/Carcajadas, b/Protestas de ignorancia de medios y periodistas y c/Reenvío compulsivo de tamaño absurdo.

Ah, sí, pero ... ¿y si escribo que en un telediario de la pública han afirmado que "Federico García Lorca fue asesinado por un grupo de soldados"? No voy a encontrarme risas, eso por descontado. Nadie va a hablar de ignorancias, puede que unos pocos sí de manipulación. Algunos reenvíos, es probable que bastantes. Pero lo que sí me encontraré de seguro, como con cualquier otra referencia a la II República, la Guerra Civil y la represión franquista, es alguna reprimenda, áspera, cariñosa o mediopensionista, con la que me echarán en cara vivir anclado al pasado, no pensar en el presente y menos en el futuro, y puede que me recuerden que todos eran iguales, y todos somos iguales, y todos seremos iguales.

Se han cumplido los 76 años de un asesinato vil, como todo asesinato. Un asesinato que tenemos especialmente presente por la categoría literaria y artística de la víctima, pero también porque es un símbolo perfecto del absurdo de la violencia, de cómo la mentalidad totalitaria actúa ciega a cualquier mirada humanitaria o racional, y se alimenta de odios atávicos y de prejuicios inscritos en las testas más duras y los corazones más agrios por años y años de palabras, violencias institucionalizadas, crueldad social.

Habrá quien diga que en la Guerra hubo muertos en los dos lados, que es lo que pasa en una guerra. Pero se enfadarán si les recuerdas que sí, que claro, pero que unos protagonizaron la asonantada y otros no. Se enfadarán más si les preguntas exactamente cuál fue la participación de Lorca en la Guerra, si Granada cayó en manos de los golpistas desde el primer momento, y si Lorca era una persona más bien ajena a los devenires políticos.

Habrá quien diga, "joder, Regino, tú siempre con lo mismo" cuando comentes el terrible "tiro en el culo, por maricón". Como si ya no hubiera agresiones a gays, lesbianas y transexuales, como si ya no hubiera exclusión social, ni acoso, ni insultos. Ni muertos. Ni tribunales capaces de absolver a un criminal porque es lógico temer que un gay te vaya a violar y más lógico coserles a puñaladas aunque estén ya muertos, hasta regar de sangre el suelo.

Habrá quien, como el Telediario, diga que fueron unos soldados. Para seguir alimentando el actual modelo revisionista sobre la Guerra Civil que se propone desde los sectores más rancios, para justificar y ocultar sus propias vergüenzas, y así convertir a Lorca en víctima de una conflagración bélica y no de odios, envidias, recelos, prejuicios y venenos de quienes decidieron destruir la convivencia, abrir una dolorosa fractura que seguiremos sin curar si nos empeñamos en esconder los hechos. Y se enfadarán cuando les cites los nombres de los delatores, los cooperadores necesarios, los ejecutores, que documento tras documento y prueba tras prueba han ido quedando claros a pesar de las dificultades, a pesar de que parece que tanta gente preferiría que nunca salieran a la luz, que no se esclareciera nunca la insidia. Nombres que no pertenecían a soldados, sino a señoritos, políticos de la Falange y de la Derecha más conservadora, y a sus sicarios y mamporreros.

76 años después, Federico García Lorca continúa siendo el rostro, uno de los rostros, de la vergüenza. Una referencia incómoda que sería mejor acallar y relegar a la historia de la literatura donde, piensan, nadie va a ir a buscarle y donde, piensan, basta con sus textos y su talento, no hace falta hablar de biografías. 76 años después, Federico García Lorca continúa podrido en una cuneta o en una barranca. 76 años después en España, la tantas veces madrastra, criminal, sanguinaria España, muchas personas prefieren disparar contra el poeta una ráfaga de silencio que le entierre para siempre donde habite el olvido.


miércoles, agosto 15, 2012

EL PROBLEMA NO ES EL OPUS



Tras muchos años en los que la llamada Doctrina Trillo mantuvo al Tribunal Constitucional Español bajo un auténtico asedio terrorista, hace unos meses el Senado primero y el Congreso de los Diputados después fueron capaces por fin de alcanzar un acuerdo de mayoría suficiente para renovar los cuatro y cuatro magistrados constitucionales cuyo nombramiento corresponde a cada una de las cámaras parlamentarias.

Este largo e indecente proceso de regulación ha incorporado algunas novedades particularmente repugnantes a la ya de por si más bien fétida praxis política española. La primera de ellas, que conforme a las reglas del juego actualmente vigentes, uno de los partidos mayoritarios puede jugar a ser el gamberro del patio, romper toda posibilidad de acuerdo y tratar de imponer condiciones leoninas de tal manera que o se admiten sus faroles o todo el entramado institucional corre peligro. Eso ocurrió cuando el Partido Popular decidió proponer dos nombres especialmente problemáticos, uno de los cuales además no cumplía siquiera los requisitos legales para ser magistrado constitucional. De seguro, con un nombre duro sobre la mesa y otro más neutro, más de consenso, se hubiera llegado al acuerdo. Pero la jugada diseñada por ese capitoste de la moral macarra que es Federico Trillo consistía precisamente en provocar el enfado del resto de participantes en el proceso para impedir que el Tribunal Constitucional se renovara en tiempo y esperar a unas elecciones en las que la composición de las cámaras resultara más favorable para sus intereses y les fuera posible convertir al vigía de la Constitución en una suerte de tercera cámara muy conservadora y muy debida a sus patrones genoveses. De entrada, la jugada fue parcialmente exitosa, ya que hoy el TC cuenta con un nombre más de los que hubiera correspondido a propuesta del PP.

Una segunda novedad. Por primera vez entra en el Tribunal Constitucional (y ya hablaremos del Defensor del Pueblo) un político profesional, un miembro de esa casta que se perpetúa en las mieles del poder y que salta de asiento en asiento, de responsabilidad en responsabilidad, sin cesar nunca en el ejercicio del privilegio y tantas veces (no es por cierto el caso de Andrés Ollero) sin que se les conozca actividad o mérito profesional alguno. Y es que en efecto, Andrés Ollero Tassara, uno de los cuatro magistrados recientemente incorporados a la institución por decisión del Congreso, ha sido durante muchos años diputado en esa misma cámara, dentro de las filas del Grupo Popular. Primero como militante del PDP / Democracia Cristiana fundado por Óscar Alzaga, y más tarde como miembro de plena derecha, perdón, de pleno derecho, del Partido Popular.

Uno, que perdió hace ya mucho tiempo la inocencia y que sabe perfectamente quiénes son los Reyes Magos (Melchor, Gaspar y Baltasar, si no recuerdo mal) no va a caer a estas alturas de la película en la ingenuidad del Montesquieu que exigía al juez que actuara como boca muda de la ley. La ley tiene demasiados recovecos, demasiadas lagunas, demasiadas ambigüedades; la ley viaja por el tiempo a un ritmo mucho más lento del que la vida acostumbra. Y tal vez sea bueno que así sea. El juez es el intérprete de la ley, y el juez constitucional es el intérprete de la ley constitucional. Por otro lado,, y de nuevo vuelvo a la ausencia de ingenuidad y los conocimientos sobre magias reales, tampoco voy a imaginar un juez inmaculado, un juez criado, crecido y formado en una burbuja de pureza normativa, sin ideas, ni conceptos ni creencias propias. De hecho, me espantaría la existencia de un juez así. Los jueces todos y los jueces constitucionales lo son también con su bagaje humano, con su experiencia, su vida, su corazón, su mente.

Pero sí debemos exigir al juez en general y seguramente con mucha mayor exigencia al juez constitucional la capacidad para elaborar argumentos jurídicos, para construir sus resoluciones lo más lejos posible del prejuicio. Y en este sentido me parece muy importante que podamos confiar, por poco que sea, en que son los razonamientos técnicos y no los meramente políticos y axiológicos los que marcan la tarea del Tribunal Constitucional. De hecho, así ha venido siendo, y en general las sentencias emitidas lo han sido con una calidad técnica notable incluso en asuntos tan polémicos como el del famoso Estatut. Nos gusten más o menos los resultados. O demuestre el tiempo que fue un error y un horror la solución hallada (qué a gusto volveríamos al tiempo en el que el TC dijo que el escaño era propiedad del diputado y no del partido para suplicarles de rodillas que no abrieran el camino a tantos tránsfugas y corruptos).

Andrés Ollero, a quien por cierto conocí personalmente hace tiempo, es muchas cosas. Es un académico correcto, catedrático de Filosofía del Derecho, con publicaciones bien trabajadas a veces, cierto es, más flojas y poco objetivas cuando afectan a cuestiones relacionadas con los ámbitos morales. Es miembro del Opus Dei. Y no va a ser nuevo para nadie recordar que una de las esencias de tal organización es la de promover un estilo de vida cristiano ultraortodoxo dentro del mundo para influir y cambiar las estructuras sociales y políticas. Ollero es también una persona con una larga trayectoria política.

Y desde ese perfil, muchos medios, partidos y organizaciones de la sociedad civil piden ahora a Andrés Ollero que se abstenga (o en caso contrario sea recusado) por la influencia que puede tener en ciertas decisiones del TC su militancia opusina, al hacerse público que por herencia de las carpetas pendientes de Elisa Pérez Vera le correspondería redactar la propuesta de fallo sobre la ley del aborto, la ley de plazos, promovida desde el gobierno de Rodríguez Zapatero y aprobada con amplio consenso social y parlamentario del que quedó fuera, como de costumbre, el PP.

¿Sería igual el clamor si Ollero procediera de la judicatura y por no ser un personaje de tamaña proyección pública se ignorara su pertenencia al Opus? ¿Incapacita la pertenencia a un determinado grupo religioso para ejercer con dignidad la función jurisdiccional? No lo creo. O al menos no debería ser así. De hecho, en buena medida creo que la amplia penetración del Opus en la judicatura, la universidad o la sanidad lo es en no poca medida por haber medido con cierta prudencia los puntos de encaje de dos extremos, la fe y la responsabilidad profesional. Sin dejar de evidenciarse que en algunos de los temas más comprometidos de la agenda social y política contemporánea se suele perder esa capacidad para integrar ambas dimensiones. En todo caso, creo que se puede ser ultraconservador, hasta ultrarreligioso, y ser un magistrado responsable en el Tribunal Constitucional y una aportación positiva a debates y sentencias. Porque en una sociedad plural en la que el diálogo es, debiera ser, el instrumento esencial de convivencia también legal e institucional, no es malo que el TC sea un organismo plural y permita que se escuchen voces diversas.

A mí me preocupa mucho más su historial político. Creo que quien ha sido durante tantos años parte del incendio difícilmente puede formar parte de las brigadas de bomberos, que quien ha sido integrante activo del ruido y de la crispación, del sectarismo y de la edificación de los cimientos de esa casta aberrante que nos gobierna, desde la implicación permanente en la disputa social y política escuchando solo los propios argumentos, sordo siempre para las razones de los otros, no es capaz, no va a ser capaz, de mudar la piel y transformarse en un árbitro razonablemente técnico, razonablemente objetivo. De hecho, por sus palabras a la prensa en estos días, ni siquiera parece ser consciente de su dificultad para razonar de manera transparente y técnica, lo que por ejemplo le diferencia de otro ultraconservador e integrista religioso, Hernando, ingresado en el turno del Senado, procedente de la judicatura, que sin embargo motu proprio se ha abstenido en el recurso del Partido Popular contra el matrimonio igualitario, por ser consciente de que es un caso que ya prejuzgó cuando promovió el informe no solicitado del CGPJ sobre la reforma del Código Civil. Tal vez salve a Hernando su condición de juez y su entendimiento de que hay caso en los que un juez debe abstenerse para no enturbiar ni cuestionar el procedimiento y la resolución. Por todo ello, eso no dejo de sentirme estupefacto ante la petición del PSOE de que Ollero se abstenga. Porque Ollero, a mi modo de ver, nunca debería haber accedido al Tribunal Constitucional, ni para juzgar el aborto, ni para juzgar el matrimonio entre personas del mismo sexo, ni para caso alguno cualquiera. No tanto, voy a insistir, por sus creencias religiosas por ultramontanas y manipuladoras que sean, como por su militancia política sistemática durante muchos, muchos años.

El Tribunal Constitucional, el Defensor del Pueblo, y cualquiera otra de las instituciones que velan o deberían velar por el cumplimiento de la legalidad, que protegen a los ciudadanos frente a las desviaciones del poder, que ejercen una labor de control, de arbitraje, de corrección, no deberían, NO deberían, caer en manos del turno de colocación de los gerifaltes de los partidos, de los viejos elefantes que se le han ido cayendo a la casta a las orillas del camino. 

Claro que es un problema, y va a seguir siéndolo, que Andrés Ollero forme parte del Constitucional. Pero el problema no es, al menos no solo, su pertenencia al Opus Dei. Hay fallas mucho más graves, mucho más grandes, mucho más peligrosas.

domingo, agosto 05, 2012

¿DEBE SER EL DOLOR OBLIGATORIO?


Nada tiene que ver la crisis con muchas de las decisiones que el gobierno del Partido Popular está adoptando. Con muchas decisiones que vienen a alterar el estado de las cosas desde una perspectiva claramente ideológica, extremista, contraria a las propias declaraciones y programas con los que los conservadores obtuvieron el respaldo mayoritario en las últimas convocatorias electorales. De hecho, algunas de ellas no gustan siquiera a sus votantes. 

De entre ellas, el estupor y el enfado ante una concreta me hacen regresar a este blog al que tanto quiero, tanto debo y que sin embargo tan abandonado tengo: la reforma que el ministro Gallardón propone para la regulación de la interrupción del embarazo. En especial, aquel extremo en el que se prohibirá la praxis del aborto en el caso de malformaciones graves en el feto, tal como estaba previsto en la primera de las regulaciones, en el tan lejano 1985, y que por cierto pasó sin demasiados problemas la prueba de la constitucionalidad. 

Significa esta decisión, primero, un regreso a la consideración de la mujer como ser parcialmente incapacitado, alguien que no tiene altura intelectual ni moral para adoptar sus propias decisiones sobre su propìa vida y a la que hay que controlar desde la superioridad perifrástica del gobierno. Porque en el fondo, eso es lo que supone la anulación de una ley de plazos: volver a arrebatar la interrupción voluntaria del embarazo del centro de decisión que lealmente le corresponde, la mujer que habrá de soportar la preñez, el parto y en buena medida todavía hoy la mayor parte del peso de la crianza. A cambio, el regreso a la casuística, esta vez con cuentagotas. 

Tengo para mí que la razón última de esta deriva de Gallardón responde a dos factores. El primer de ello, ese conservadurismo tradicionalista del que muchos estábamos seguros pero que él, ciertos medios, y una gran campaña de mercadotecnia política, se habían encargado de nublar. El segundo, más importante, la condición de ambicioso arribista de don Alberto, que a la vista de los malos tiempos que corren para la popularidad de Mariano Rajoy, la indefinición acerca del futuro de país y gobierno, y la pérdida de espacio de su gran oponente, la condesa consorte de Murillo, ha decidio congraciarse con los sectores más carpetovetónicos y ultramontanos de la derecha hispánica, precisamente aquellos que había perdido por jugar a la equidistancia y a la modernidad y que ahora ensalzan las virtudes de Alberto el Justiciero. 

Son muchas las reflexiones, cartas y documentos que he leído estos días. En su mayor parte hablando de la experiencia terrible que familias y niños sufren cuando se hacen presentes tantas enfermedades crueles e irreversibles. Cartas en las que no se niega el profundo amor al hijo, pero que siempre se tiñen de una tristeza profunda, densa, cortante, la provocada por años de lucha sin esperanza, la de horas de lágrimas y de impotencia junto al doliente. Y es que, como bien decía en una espléndida mirada ética el jesuita Juan Masiá en El País, al hablar de malformaciones en el feto son muchas y muy diferentes las situaciones, algunas que hoy consideraríamos de gravedad menor, que permitirían cierta autonomía, cierta normalidad, a sus afectados (lo que por cierto no impediría el esfuerzo, la implicación, el exceso que se exigiría a las familias). Pero otras en las que el niño nacería no ya con una condena a muerte temprana e irreversible, sino sobre todo en las que nacería sólo para sufrir. Enfermedades degenerativas, enfermedades neurológicas, enfermedades que suponen fortísimos dolores que un niño de corta edad apenas podrá soportar, frustraciones sociales, inmovilidad, incapacidad para llevar una vida de calidad mínima. Niños que de llegar a la juventud estarían condenados a vivir recluidos, a desconocer el amor. Seres para el dolor. Un dolor contagioso para familias que dejarían de vivir, dejarían de encontrar otro estímulo en el mundo diferente del cuidado, querido o no, del enfermo extremo. ¿Van a resistir esa prueba todas las parejas? ¿podrán con tal responsabilidad todas las madres? ¿cuántos hijos odiarán a sus padres, les echarán en cara el haber abandonado al resto de la progenie? Nadie habla del aborto con frivolidad. Claro que la interrupción del embarazo es fruto será siempre dolorosa. Pero podría, tendría que ser una decisión propia, un dolor elegido. Y de aquí el título de este regreso al blog. ¿Puede el dolor ser obligatorio?¿Quién se cree Gallardón para imponer a miles de personas un sufrimiento extremo e inhumano? ¿Quién va a llorar cada noche junto a la cuna, quién va a quemar sus días junto al enfermo obligado a pasar operación tras operación, a atravesar tratamientos constantes, a soportar los mordiscos de los más crueles dolores en su cuerpo?¿Quién va a pagar todos esos gastos, ahora que el gobierno del que forma parte el propio Gallardón retira prestaciones educativas, sanitarias, sociales? Sobre todo, ¿quién va a sentir cada día la noche en el alma, el grito interior o exterior de que sería mejor no haber nacido? 

Sí. Es cierto. Hay quienes piensan que se puede infligir dolor a otros, quien cree que puede provocarlo de manera activa o pasiva, quien permanece ciego ante el sufrimiento. Hay pervertidos, hay asesinos psicópatas, hay psicópatas sociales. Y me temo que hay una tercera razón para que Gallardón decida obligar a miles de personas a retorcerse de dolor mientras sus familias se retuercen de impotencia. Es un sádico psicópata. No encuentro otra explicación.

miércoles, junio 13, 2012

APAÑEROS DEL ALMA



Estas vidas mediáticas y en red que nos toca vivir, ay, van haciendo real, muy real, la profética sociedad del Gran Hermano (el de Orwell, no el de la Milá) que vigila y controla gestos, palabras y conciencias.

No es que no lo sepamos, no es que no midamos nuestras palabras y tratemos de ajustarlas a lo que queremos y necesitamos decir con exactitud en cada momento. Es que por supuesto todo nuestro verbo podrá ser utilizado en nuestra contra, si cae en la mirada torva del Lurker o fisgón adecuado.

No, no sabéis que os sigue. A veces ni siquiera sabéis que existe. Pero espera emboscado con un objetivo único: encontrar entre centenares, miles de mensajes, esa rara perla que sabe agradara a aquellos a quienes sirve de ejemplar mamporrero. Nunca hará llegar vuestros apoyos, vuestros mensajes positivos, vuestra colaboración. Nunca recordará cuántas veces por simple lealtad, o por lealtad simple, que ya no lo tengo claro, has callado lo que no tenías que callar, o has defendido lo que no tenías que defender, o has aceptado ser contradictorio para no resaltar la contradicción de personas y organizaciones a las que, a veces a pesar de tantas cosas, continúas apreciando, continúas identificando como parte de tu propia mirada sobre el universo. Aunque nunca hayas renunciado, faltaría, a la crítica y a la distancia tan necesarias.

No. Nunca nada bueno podrán decir de vosotros quienes tienen poco que aportar a la organización o a los jefes que no sea la capacidad para el chismorreo y la insidia, para la falsedad. Pero veréis cómo saltan alborozados cuando perciben, o han creído percibir, es momento de cabreo, de disgusto, en el que todavía y a pesar de tantas cosas os mostráis como mentes libres y capaces y no como serviles transmisores de bocas ajenas.

Si por ejemplo durante vuestra actividad como críticos musicales reseñáis de forma positiva o incluso exultante un 80% de los conciertos escuchados, será el 5% en el que vuestra valoración, con idénticos criterios e idéntico rigor, fue más dura. Suficiente para convertiros en el enemigo público número uno de quienes por tan poca cosa han visto su culo cuestionado.

Si por ejemplo en vuestra actividad en redes sociales despertáis una mañana del bostezo y lanzáis, con suavidad, sin datos, sin apuntar a la cara (dura) de nadie ese grito que os resulta imprescindible para continuar andando, imprescindible para apaciguar al menos la conciencia tras tener noticias de manejos, triquiñuelas y trampas de especial oscuridad, os convertiréis sin tardar en la diana de quienes os esperaban enroscados sobre su propia miseria. Casi siempre asalariados y ventajistas, siempre pequeños, esos de los que no conoces palabra u obra que justifique la importancia que se conceden a sí mismos (más bien todo lo contrario). Pero que sirven al señor con la lengua de doble filo. Porque si no vivieran perpetuamente entre la basura, ¿cuál sería su alimento?

Esos que no son compañeros sino como mucho co-carnetarios (¡toma palabro!)

Y sí, tal vez sí. Tal vez si llevas tiempo leyendo este blog sin dejar huella ni zarpa, esperando y esperando; tal vez si al leer palabras como miseria, chismorreo, insidia o servil te has reconocido; si piensas que me entretuve elaborando tu retrato. Tal vez, sólo tal vez, tengas razón, apañero del alma, apañero.

jueves, mayo 31, 2012

ESTAMOS LEYENDO ... "VITA" DE MELANIA MAZZUCCO


Algunas veces no eres del todo consciente de cómo un nuevo libro llega a tu vida para renovar ese contrato de amor que firmaste hace tantos tantos años con la literatura. Vita llevaba unos pocos años dormitando en los anaqueles, desde que el bueno de César Peña me recomendara su adquisición en aquel pequeño espacio de libertad y páginas que fue la Hispano-Argentina de Santander.

¿Por qué no la leí entonces? ¿Por qué hace unos días decidí abrirla por la primera página y comenzar a revivir y hacer mía la historia emboscada entre sus páginas? Qué difícil dar respuestas a preguntas que siempre me hago y que siempre dejan una sensación de misterio, la de que es el libro el que decide cuándo, cómo.

Como fuere, la única realidad de la que ahora soy plenamente consciente es la de la energía, la pasión, el poder que encierra la escritura que Melania G. Mazzuco despliega en Vita, desde una traducción entiendo que espléndida de Xavier González Rovira para esa colección que casi venero, Panorama de Narrativas, en Anagrama. Y es que el primer contacto con Vita ya me dejó noqueado, esa historia del italo americano que llega con los galones puestos en la II Guerra Mundial a liberar Tufo, el pueblo de sus ancestros, para buscar la memoria de los suyos, para encontrarse con esos personajes aún ¿vivos? que habían adquirido la entidad de criaturas míticas, grandiosas, en las historias narradas por su madre Vita Mazzucco.

Mazzucco, sí, porque en realidad estamos ante uno de esos libros que combina con sabiduría imaginación y realidad, historia y sueño, ficción y documento. En la que se nos lleva de viaje a los emigrantes italianos que en los albores del siglo XX volaron hacia el sueño americano que tantas veces fue pesadilla, de la mano de dos críos, Diamante y Vita, reales y simbólicos, soñados y sabidos. De los emigrantes que a veces deciden regresar, las sagas que dejan una mano en Nueva York y otra en el camino de regreso, para que la sabia escritora nazca de nuevo italiana, viaje a su vez a Estados Unidos, busque la Prince Street donde una vez vivieron y murieron los suyos, explore periódicos, actas, informes, documentos, en busca de los restos de su propia memoria con los que entrelazar una imaginación posible.

Estoy enamorándome, de nuevo, de un libro. Mi rotulador se cansa de subrayar y anotar, de preservar las frases llenas de poesía, las reflexiones certeras, los episodios que me han tocado el corazón. El dolor del nacido muerto que acaba durmiendo para siempre en la soberbia altura de un rascacielos, para mirar desde arriba a la ciudad que no le dio oportunidades; el dolor de los lenguajes que se saben extraños e inútiles en la tierra que no sabe comprenderlos; el dolor de quien regresa demasiado tarde y no puede responder a sus propias preguntas. La magia de quien penetra en la propia raíz y alimenta la tierra nutricia. Y que resurge de la empresa con la energía de un árbol nuevo, más alto, más sabio, lleno de vida, lleno de Vita, lleno de fuego.

Enamorándome, de nuevo, de un libro. Sintiendo en estos días oscuros, llenos de nostalgia, cargados de miedo, la luz de las palabras, la gratitud por la luz de las palabras, la energía de una vida que no es la mía, unos recuerdos que no son los míos, una historia que no es la mía. Pero que ya nunca serán capaces de abandonarme.

martes, mayo 01, 2012

ESTAMOS LEYENDO ... "HERMANO", DE JOSÉ LUIS SERRANO



Me comentaba hace algún tiempo un viejo amigo, escritor y gay, que la llamada literatura gay se había venido convirtiendo en una acumulación de historias romanticonas sin demasiado interés, llenas de lugares comunes y faltas de técnica y vuelo literario. Confirmo a grandes rasgos esa lectura, a pesar de que podamos encontrar novelas excepcionales escritas o protagonizadas por personas lgtb, a pesar de que incluso adentrándonos en las procelosas aguas de la literatura de género, y más precisamente de la literatura gay, hayamos encontrado páginas para el entretenimiento, para una tarde agradable, para un par de lágrimas. Sobre todo para reconocernos como en un espejo en las venturas y desventuras de los personajes. 

Cierto escepticismo te obliga a coger con cierta prevención tan peculiares títulos. Más cuando han sido escritos por un amigo, por alguien a quien aprecias de manera sincera. A coger el libro casi rezando para que como mínimo sea aceptable, razonable. 

No me he encontrado con una obra cumbre de la literatura universal al leer Hermano , de José Luis Serrano o, más bien, elputojacktwist. Pero sin duda me he encontrado con una buena novela. Escrita con maestría, con dulzura, con ironía, llena de fuerza en las contemplaciones y en las descripciones y de ácido corrosivo en las divertidísimas miradas al marimundo provinciano.

Tres libros en uno. Un libro de viajes, inciático, en el que el protagonista se enfrenta a Birmania a sus costumbres, a sus personajes, a sus paisajes. Revisitando lugares sin duda conocidos y amados por el autor desde una perspectiva romántica y evocadora que teje un imán alrededor del país incluso para quienes padecemos de un virus occidental en nuestra agenda de intereses. El encuentro con una tierra cargada de símbolos, de magia, sobre todo de una tierra diferente, de unas gentes diferentes cuyos códigos, cuyos colores, necesitas aprender y aprehender. Un segundo libro, una narración romántica, la crónica de un enamoramiento, la aproximación del narrador al muchacho delgado, exquisito, de peculiares formas y olores, de seductoras sonrisas, de movimientos que imaginas gatunos cuando lo presenta jugando con su pelota de ratán (tictactictactictac). Una historia en la que la carne no se manifiesta y que se convierte en espejo de todos los que hemos sufrido esos amores platónicos, idealizados, ante ese muchacho maravilloso por una u otra razón, que sabiéndolo o no ha jugado con su atractivo para apostar fuerte contra nosotros, que nos ha hecho temblar de emoción o de ansiedad esperando el momento en el que la camaradería, la complicidad, el roce accidental, llegaran a convertirse en una caricia, un abrazo, un te quiero, una noche de sexo abierto y encendido. Una historia difícil de cortar porque no llegó a dar comienzo, no en la forma esperada, y que satura nuestros pasados de muchachos birmanos. O de juanes, diegos y óscares.

Un libro escrito con exquisita sencillez, buscando la palabra precisa para pintar colores y emociones sin excesos ni ñoñerías. Y que de tanto en tanto rompe (no he visto este dato resaltado en algunos de los apuntes y crónicas sobre el libro pero me parece brillante y fundamental) en un homenaje a las criaturas de Mendicutti o simplemente a esa realidad de la marica mala pero que muy mala en los sabrosos monólogos telefónicos de una prima provinciana y malapécora que nos lleva de habladuría en habladuría y de majadería en majadería en un retrato fresco y nada sutil de ciertos personajes bien conocidos y experimentados. Un humor capaz de reconstruir el enunciado del "efecto mariposa" explicando que "si una marica se la chupa a un negro en una sauna filipina un gay de Valparaíso no se comerá una polla en un mes".

Hojeé Hermano nada más recibir el encargo, y ya me sentí cómodo, transportado al hermoso afecto que se nos contaba, a las ácidas maledicencias y a las postales fascinantes. Y por fin lo he leído con detenimiento en estos días, encontrando un lenguaje dócil y amaestrado, directo y encantador, capaz de entreverar las páginas saltando del viaje al amor, del amor al impúdico cotorreo, del cotorreo al viaje, sin dejar caer la tensión, sin dejar de envolver tu mirada y atrapar al lector avezado en una tela de araña de tinta, papel y palabras. Un pequeño placer. Una gran satisfacción. Unas horas de vuelo libre al paraíso regaladas con generosidad por la mano maestra de un buen amigo: José Luis, ¡gracias!

domingo, abril 29, 2012

PUESTA EN ESCENA DE UN DESPIDO




Me cuentan ayer que en un organismo público de Cantabria han encontrado una puesta en escena para ejecutar los despidos especialmente perversa y colorista.

Se reúnen los nuevos y populares responsables del asunto, de uno de los cuáles un buen amigo me ha jurado y perjurado que es una gran persona, para elaborar la lista negra que, tras varias listas negras precedentes, ha de concretar el finiquito inmediato de un tercio de la plantilla restante. Acto seguido, se reúne en una bonita sala a todo el personal y de forma pública se va llamando uno por uno a los elegidos, como si se tratara de una versión dramática de Gran Hermano en la que te gritan en alto y ante toda la audiencia que estabas nominado y que te toca abandonar la casa de Guadalix.

Seguro que el uno, la gran persona, y el otro, el rey de las coderas horteras, son dignos y respetables pilares del nuevo orden social. Pero su forma de actuar es la de una fementida canalla, la de unos macarras de la moral, la de unos miserables.

Porque al margen ya de lo que hoy pueda suponer un despido, en un momento de crecimiento constante del paro en un tiempo de túneles oscuros que se limitan a ahondar su recorrido hacia el fondo del pozo, tan sugerente puesta en escena, con los toques melodramáticos que acompañan a la sobreactuada lectura, implica algunos matices más. Habla de la estrategia del miedo, de la necesidad de los canallas de regocijarse en el desconcierto, en la incertidumbre, en el temblor de quienes aún no saben si forman parte de la lista. Habla de la humillación gratuita, de incorporar un plus de vergüenza y de escarnio en el momento de arrear un mazazo que, como mínimo, debería haberse descargado en la intimidad, sin espectadores. Habla de la chulería de quienes se sienten hoy salvadores de no se sabe bien qué patria, de quienes pisotean sin reparo los derechos y la dignidad de millones de ciudadanos con cada nuevo viernes, mientras trabajan duro en la instauración de un nuevo régimen, la Dictocracia. Habla de prepotencia, de mala educación, de falta de respeto. De miseria moral.

Cuando me lo contaron, se me vino por un momento a la cabeza esa escena al final del musical A Chorus Line, en la que el perverso director finaliza el casting y va llamando por su nombre a los doce chicos y chicas elegidos. No para formar parte de la línea de coro que da título a la obra, sino para ser expulsados de sus sueños. Un momento que en la versión cinematográfica se recrea con un travelling por los rostros de los agraviados para hacernos notar la decepción, la humillación, la resignación, la vaga dignidad de quienes saben que están rotos y que no tienen más opción ya que coger sus bártulos, ducharse y regresar a la jungla de Nueva York.

Unos modos con fuerte tensión emocional para una obra de teatro o una película. Unos modos que en la vida real nos hablan mucho de la indecencia, de la indignidad, de la impunidad con la que hoy se nos gobierna. 

Que ya dije que seguro que mi amigo tiene razón, que son dos personas excepcionales. Pero a mí me producen, qué le vamos a hacer, un excepcional asco.

sábado, abril 28, 2012

FERNÁNDO ÓNEGA NO QUIERE PAGAR CAMBIOS DE SEXO



Andaba yo retrasado el pasado 18, tratando de terminar unos papeles, cuando lejos de mi costumbre y más por tener algo de ruido de fondo encendí el televisor. Andaban en La Mañana de La 1 comentando los tertulianos la broma pesada de Ana de los Jaguares Mato y su reforma sanitaria.

Como es costumbre, participaba en la tertulia, en su condición de Todólogo  oficial del programa Fernando Ónega. Un periodista que ya ha tenido en algunas otras ocasiones comentarios desafortunados sobre la transexualidad y sobre algunas personas transexuales. Y así andaban valorando algunos puntos cuando la conductora principal del programa sugirió hablar de la medida que proponía limitar el número de vasectomías, ligaduras de trompas (como que la Mato va a aprobar medidas para que haya menos niños) y fecundaciones in vitro (como que la Mato va a aprobar medidas que fomenten la natalidad por un medio diferente de la postura del misionero). Tomó la palabra presto y raudo Ónega para explicar "Ese tipo de operaciones ... Cambio de sexo habría que añadir. Como no me parecen de primera necesidad me parece correcto que se controlen y en algún caso que se excluyan: Yo no tengo por qué pagarle el cambio de sexo a nadie". Con un tono especialmente airado y desafortunado.

Me llamaron la atención algunas cosas. La primera de ellas, que si mal no recuerdo en España la gratuidad de las operaciones de reasignación de sexo no es tal salvo en un par de comunidades autónomas. Probablemente por eso, y siempre si no recuerdo mal, no había mención en los recortes de Mato a dichas operaciones. Sigue llamándome la atención que con tanta urgencia y enfado ponga sobre la mesa un tratamiento que no se está cuestionando ni analizando en el programa, para pedir no ya que se controlen sino que directamente se excluyan porque se niega a que sus impuestos tengan ese destino. Y que lo califique poco menos que de capricho.

Podríamos recordar a don Fernando que los ciudadanos en este país tenemos poco margen de decisión sobre el destino de nuestros impuestos y que de alguna manera son las políticas públicas, a partir de análisis de expertos y no de todólogos, los que toman decisiones (más o menos afortunadas) sobre lo que es de primera necesidad. A mí me parecen prescindibles muchas otras cosas, y en efecto hay muchas políticas sanitarias que personalmente ni me afectan ni me implican, lo que no significa que su aplicación no sea deseable o conveniente. Podríamos recordar la baja incidencia estadística de la transexualidad, recordando que se trata de tratamientos más bien excepcionales y a los que desde luego no se puede atribuir el déficit sanitario. Añadir algunos puntos más como el carácter de primerísima necesidad que supone el proceso completo de reasignación de género para las personas transexuales, que pueden vivir en un infierno con importantes derivas para su salud física y mental si no reciben la atención adecuada. Una atención que además está fuera del alcance de muchas personas trans precisamente por ser este colectivo, según datos de la Unión Europea, el que mayor riesgo de exclusión social padece en el continente, muy por encima de los datos de población gitana y otras minorías étnicas, imagino que por la proliferación de personas como Fernando Ónega deambulando por nuestras calles.

Un argumento más que le hubiera convenido valorar, es la eficiencia económica de las intervenciones de reasignación. Porque sin duda es mucho más barato para la sanidad pública enfrentar esta necesidad real con intervenciones controladas que actuar después ante los posibles efectos secundarios, algunos bien graves, de una hormonación incontrolada o de un tratamiento inadecuado. Efectos que sí vendrían cubiertos por la sanidad pública por mal que le parezca al señor Ónega.

Algunos habituales estarán esperando a que le califique de homófobo, para así echarme en cara como en otras ocasiones lo rápida que tenemos la pluma para el uso de ese calificativo. No voy a hacerlo. En primer lugar porque la palabra correcta, aun sin estar recogida por el diccionario de la RAE, sería tránsfobo. Y sobre todo prefiero señalar su ignorancia supina en todo lo que a transexualidad se refiere, así como su agresividad impertinente, una agresividad que viene a demostrar que quien de verdad tiene un problema con la transexualidad es el propio Ónega.

¿Ligaría en ese pueblo de Galicia del que procede, y que ya coronó de gloria diciendo que allí sí tendrían claro lo que hacían con estas personas, con una estupenda señora que al final le deparó una sorpresa de la que no ha sido capaz de reponerse? Qué malos son los traumas, don Fernando, qué malos. Y qué mala la ignorancia por mucho que proceda de esa boca suya que usted quiere tan sabia y a veces es tan torda.

viernes, abril 27, 2012

¡LA EPISCOPALIDAD SE CURA! (Carta a mi blog de un ex-obispo)


Dentro de sus obsesiones compulsivo-frenético-enfermizas con la homosexualidad, Monseñor Reig, ordinario de Alcalá de Henares, después de enviar al infierno a todos los homosexuales, con especial hincapié en los frecuentadores de locales de hombres nocturnos, ha decidido continuar su campaña de curandero iluminado publicando en la web de su obispado complutense cartas agradecidas de gays que por la gracia de Dios han sido curados de su perverso estilo de vida.

Pero para enfermedad enfermedad la furia episcopalis o episcopalidad galopante. Una grave alteración de las neuronas y del sistema emocional que provoca desórdenes histéricos, anula la humanidad, amordaza la capacidad de raciocinio y condena al individuo a un oscurantismo fanático que le condena a la disociación temporal y al convencimiento de que no hemos salido de una Edad Media en la que la plaga episcopal campaba por sus respetos.

Hemos recibido en este blog pecador donde los haya la carta de un ex-obispo, Monseñor X (pidió que respetáramos su anonimato), para contar su experiencia y dirigirse a los afectados de episcopalidad galopante explicando que su enfermedad se puede curar.

"Yo era un desgraciado. Vivía en un infierno de hombres oscuros, de extrañas vestimentas y personalidad insatisfecha, de modos amanerados, lengua viperina y universo autorreferencial que poco a poco me fue obligando a olvidar la realidad, a priorizar como tema de conversación básico la última moda en casullas y las ofertas de verano de las tiendas de imaginería. En ese infierno, habitaba yo como drogado por el penetrante olor a moho revenido de las sacristías, como abotargado por el infinito olor a polilla y polvo de las basílícas y catedrales, como ensimismado por la peste a sudor reseco y a pellejo rancio de las beatas y los sacristantes. Sólo la angélica inocencia de los monaguillos adolescentes a los que en mi desolación transformaba en turbios y provocativos efebos, sólo la dulzura de las mansas jovenzuelas que se postraban ante mí y para contarme sus encendidos amoríos y sus ocultos deseos abrían lujuriosas las vírgenes bocas, era capaz de sobresaltar lo poco que de humanidad en mí quedaba.

Adiestrado a una disciplina militar, férrea, sectaria y violenta, convencido de que cualquier gesto que implicara abrir el corazón hacia el mundo sería contestado por mis superiores y mis iguales, me empujaría fuera de la secta en la que mi mediocridad intelectual había encontrado regocijo, acomodo y patada hacia arriba, me arrancaría del cómodo sitial para obligarme a vivir en un mundo hostil en el que yo ya no sería nada, ya no sería nadie, me acomodé a los placeres mansos, a los gestos de damisela, a la altiva presunció de galas exquisitas llenas de bordados, a descansar la mano sobre muslámenes tibios, me acostumbré a juzgar, a humillar, a denostar, y empujado por la fiebre fanática que mi enfermedad provocaba, gritaba más que nadie y condenaba a todo quisque a las penas de un infierno que entonces no sabía estaba en la propia oquedad que ocupaba en mi pecho el lugar donde debiera haber estado un corazón.

No sé cómo fue. Algunos amigos que todavía no se habían apartado de mí asqueados por mi purulenta y pastosa moralidad decidieron ayudarme. Y no sin esfuerzo me empujaron a la lectura, al cine, a la música, me acompañaron a ese mundo donde yo veía infierno, vicio, corrupción y en el que sólo hallé vida, plena, dolorosa a veces, exultante otras. Sin tardar mucho en sentir cómo refrescaba mis pulmones un nuevo aire en el que los placeres de la carne eran un bien, una fiesta, una entrega entre dos personas que se aman hasta la consumación. En sentir cómo mi sangre bombeaba sin prejuicios y sin escorias milenarias hacia mi cerebro y me permitía pensar y sentir, esas dos grandes actividades atrofiadas durante años por mi condición de obispo. Y comprendí que Dios nos quería festín y vida y no pústulas y negación.

Con cuánto dolor observo ahora los años extraviados en los infiernos de esa enfermedad que me corroyó las entrañas, que me dejó sin alma y que me robó lo mejor de la vida. Cuánto sufrimiento observo en quienes se reúnen en los Días del Orgullo Episcopal, sínodos y concilios varios, para celebrar su propia discapacidad y hacer ver que es noble y digno lo que no es más que un virus que no mata la carne sino el alma, que pudre la conciencia y te convierte en un sucio hipócrita.

A todos los que aún permanecéis bajo las garras y la fiebre de tan dura enfermedad, a quienes pensáis que nunca podréis sanaros de la Episcopalidad Galopante, os animo y exhorto. La gran noticia es que la Furia Episcopales tiene cura. Salid a la calle, hablad con la gente, amad, entregar vuestros cuerpos y vuestras almas, disfrutad, reíd, pensad, adoptad un perro abandonado, encontrad una mujer o un hombre que os acompañe en el día y en la noche, en la mesa y en el lecho, leed poesía, disfrutad de las mejores novelas, id al cine no a escandalizaros sino a regocijaros con la divina luz de la creación que cada día estalla en el arte, no juzguéis, pues sólo así os libraréis de ser juzgados. Haced el bien. Respetad. Vivid.

Abandonad como yo lo hice un estilo de vida ingrato a los ojos de Dios y de la sociedad. Crecer como personas y descubrir todo lo que de hermoso hay en el mundo está a vuestro alcance, como lo estuvo al mío. Ser obispo, amigos, hermanos, camaradas, no es una enfermedad mortal, una condición inexorable: ¡Tiene cura! Pero sólo para quienes de verdad aceptéis el infierno en el que venís deambulando y pidáis perdón por el daño que vuestro fanatismo absurdo e irracional continúa haciendo cada día.

Yo me curé. Vosotros podéis curaros. ¡Aleluya!¡Aleluya!¡Aleluya!"


(Firmado, Monseñor X, ex afectado por la Episcopalidad Galopante, Ex-obispo)

lunes, abril 16, 2012

INSTITUCIONES MEDIEVALES, COSTUMBRES MEDIEVALES, PRIVILEGIOS MEDIEVALES


Como a Su Majestad debió de resultarle divertida, ajena y deliciosamente plebeya la polémica suscitada hace algunos años, cuando se hizo público su heroico asesinato de un oso borracho por Transilvania, continúa según hemos sabido estos días dedicándose a gastar dinerales ajenos en la regia actividad de la matanza de fieras, tan cara a las testas coronadas que, por puro homenaje a sus raíces, parecen sentir una vampírica y enfermiza predisposición hacia las armas y la sangre.

Una actividad que la Casa Real debe de sospechar especialmente antipática, ya que se ha venido guardando silencio sobre las cacerías reales. O especialmente hipócrita, ya que no es de recibo que quien figura como Presidente de Honor al frente de uno de los más reconocidos organismos conservacionistas internacionales, el World Wildlife Fund (ADENA en España) tenga como pasatiempo abatir especies en peligro de extinción, caso de los elefantes africanos. Diga lo que diga la legislación de Botswana, diga lo que diga el discurso en vigor del poderoso caballero don Dinero.

Pero con la mala pata que persigue a don Juan Carlos en su ya provecta edad, una pata que pisa a la virulé y le hace rodar, rodar y rodar (cosas de las rancheras, pero ya se sabe que sigue siendo el rey), vienen los accidentes, las caderas resquebrajadas y las fotos prontamente retiradas de las webs en las que al parecer colgaban desde hace tiempo pero que el vertiginoso ritmo de la red ha sabido salvar para mostrarnos, provocando que la discreta reserva real se haya convertido en real escándalo a voces.

Me considero republicano, por pura racionalidad y por pura coherencia con el modelo de sociedad que me gusta y que defiendo. Puedo entender que se haya querido mantener una institución premoderna en la Constitución Española por miedo a seguir otros pasos, puedo entender menos el pacto de silencio que los medios españoles parecen haber firmado y seguido durante años para mantener la imagen de la Casa Real limpia e inmaculada ante la ciudadanía. Pero llega el momento en el que deberíamos plantearnos si de verdad queremos una monarquía, y en el que las manchas que siempre se nos han ocultado van quebrando las grietas de la realidad y accediendo al conocimiento común para demostrarnos que los Borbones han vivido siempre en los mundos de Yupi, fuera del mundo, cumpliendo con las funciones constitucionalmente encomendadas pero al mismo tiempo saltándose las normas gracias a sus privilegios y a la condescendencia con la que políticos y periodistas continúan guardándolos. Los devaneos del rey se fueron colando por las rendijas; también acabamos por enterarnos de que había amistades peligrosas cada vez que saltaba una red turbia de evasiones o favores; luego vino la reina a romper la debida neutralidad, para hablar con desparpajo de decisiones políticas y de derechos cívicos que a la señora parecen no gustarle; aparecieron los escándalos de la nueva generación, y con ellos la sensación de que definitivamente no todos los españoles somos iguales ante la ley. Y ahora se nos hace dolorosamente presente un rey dedicado a esconderse detrás de un arma,bien acompañado y guardado, para asesinar fieras en África, un asesinato que no puede tener otro sentido que el de acumular macabros trofeos que pongan cachondo a su propietario, en una demostración material de poder, de dinero, de impunidad, así como de gusto hortera, de crueldad y de hipocresía.

No sé, ya no sé si me creo, si es cierto que la monarquía garantizó la estabilidad en los difíciles años de la Transición. No sé si es cierto, no sé si me creo ya, el papel tantas veces resaltado de don Juan Carlos en la noche del 23-F. Pero sí sé que un rey que en unos momentos tan difíciles para sus súbditos se dedica a marcharse de safari, un rey que ignora la profunda repugnancia que su afición implica para tantos españoles, un rey que actúa clandestinamente, un rey incapaz de medir la moralidad de sus acciones, un rey que no tiene reparo en presidir conferencias para salvar la biodiversidad por la mañana y en acribillar osos, búfalos y elefantes por la tarde, es un rey que debería ir pensando seriamente en pasar a la reserva. A la del Sherengueti, por ejemplo. Y llevarse con él a la familia y a la institución.


miércoles, abril 11, 2012

ONCE DE ABRIL


Pudo haber sido hace muchos muchos años, por la huella, la intensidad, el peso de tanta ausencia. Pudo haber sido ayer mismo, por la imagen vívida de las horas que precedieron a aquel primer encuentro. El caso es que fue un once de abril, en el medio de una Semana Santa, cuando viajé a Madrid, en dirección T-4 para recibir al vuelo de Iberia Montevideo-Madrid que aterrizaría a las siete de la mañana.

Fue una tarde agitada la de la víspera. No era un buen momento para hacer días en Madrid, como al principio habíamos pensado, así que se trataba de dejar la casa lo más presentable posible, de sacar un buen rato a Glenda y dejarla bien relajada porque tardaría unas horas en volver al parque. Se trataba de picar algo, de tomar una tila que de todas formas no sirvió para nada, de llegar a la Estación de Autobuses de Santander y coger el supra nocturno de la Continental para llegar a Avenida de América, coger el autobús y bajar en la T-4 sólo dos minutos antes de que se anunciara el aterrizaje esperado. Tiempo más que ajustado para tomar un café y un bollo que me aliviaran del peso de una noche en estado pre-histérico, sin pegar ojo en el autobús, mirando cada cinco minutos el mensaje que unas horas antes me había llegado al móvil "Voy a embarcar. Que no se te olvide ir a recogerme :-) ". Y una foto en la que estaba diciendo adiós a su madre, su sobrina, sus amigos de allá, junto a una maleta mucho más grande que él.

Qué difíciles habían sido los meses anteriores. Esos meses en los que decidimos que nos queríamos dar una oportunidad tras mucho tiempo, muchas horas compartidas hablando y hablando y hablando. Meses en los que nos dimos cuenta de que a este país resultaba casi imposible llegar con los papeles en regla, en que comprobamos que muchas personas miraron hacia otro lado para no hacer unos mínimos esfuerzos, a veces un simple papeleo, que hubiera permitido adelantar el permiso de trabajo, el visado, los malditos trámites, unos cuantos meses. Unos esfuerzos mínimos, creo que a veces más que merecidos por mi parte, que no se hicieron con disculpas, mentiras, engaños (hasta llegaron a cobrar por las gestiones que no habían hecho), y que nos hubieran regalado meses de felicidad juntos.

Llegué a pensar que, simplemente, era imposible, estuve a punto de tirar la toalla. Pero Isabel, Pili, Araceli, Agustín, Miguel, son nombres a los que siempre agradeceré su particular aportación para que un sueño fuera posible.

Me temblaban las piernas, hora y media más tarde, cuando después de aduanas y papeles y controles de pronto Leo amanecía, llenando de sol aquella mañana de primavera, por la puerta de llegadas. Muchos adjetivos, sí, podrían aplicarse a Leo y seguro que tímido no es uno de ellos. Pero llegaba cansado, con una sonrisa apenas esbozada, buscándome con los ojos, creo que con esa incertidumbre que siempre acompaña a los grandes cambios. Y casi vencido por una maleta que le doblaba en tamaño y en peso, a él, a Leo, tan menudo.

Nos fundimos en un abrazo, en unas primeras palabras, tratando de contener los nervios. Y comenzamos a construir ese tiempo, ese breve tiempo, en el que intentamos hacer de los dos uno. Pronto el paseo por Madrid, el desayuno, el almuerzo antes de subir al tren, la llegada a casa cargados de trastos, el recibimiento de Glenda, el primer paseo los tres por Santander, la excursión del domingo a Pedreña para iniciar a Leo en los milagros de la gastronomía española, delante de unas espléndidas almejas a la sartén, unas gambas a la plancha, unos chipirones encebollados y unos bocartes, bien acompañados por un delicioso Rias Baixas (Mar de Frades) bien bien frío. Pronto la primera tortilla de patatas que le preparé para cenar y que me obligó a pelar patatas noche tras noche, semana tras semana.

Aprendimos a comprendernos, a convivir, a aceptar una parte de las rarezas y particularidades ajenas. Discutimos un par de veces, y fuimos capaces de salir de la crisis. Compartimos Madrid, Lisboa, París. Me reveló tantas veces su humor, su vitalidad, su amabilidad, su acidez. Nos acurrucamos contra el frío en el sofá, compartimos la cama y el placer. Caminamos en par por la vida.

Compartimos el hospital y la enfermedad, y nos hicimos así fuertes, más fuertes. Pero no tanto como para esquivar el golpe: Decían en una inscripción funeraria griega que "los elegidos de los dioses mueren jóvenes". Y algún dios celoso debía de habitar más allá de las nubes, soñando con la sonrisa infinita de Leo, algún espíritu más fuerte que el amor y que las ganas de continuar luchando. Dejando para siempre la imagen de un Leo hermoso, joven, vital, sexy, enérgico, lleno de carácter, protagonista de tantas anécdotas. Un Leo lleno de luz que atrapaba como un imán las miradas.

Un Leo muy pequeño, menudo, escondido detrás de una enorme maleta, que se marchó dejando una ausencia gigantesca, un dolor infinito, una herida en el alma...

martes, abril 10, 2012

RESACA


Definitivamente, tengo que recuperar el pulso del blog. Antes de que se les siga pasando el arroz a muchas de las reflexiones y noticias que deberían haber aparecido en esta página.

Ya más de una semana del 12 Congreso Regional del PSC-PSOE, así que irá siendo tiempo ya de poner por escrito algunas reflexiones tras la victoria de Rosa Eva Díaz Tezanos en la pugna por la Secretaría General frente a la candidatura de Paco Mañanes, quien como ya sabéis era mi opción.
Uno. No creo que otro sistema de elección hubiera alterado el resultado. Pero sigo convencido de que los partidos en general y el PSOE en particular necesitan un modelo de participación y toma de decisiones más abierto, más integrador, capaz de dar mucha más voz a una militancia que se merece un mayor valor. En estos tiempos el mantra "un militante, un voto" ha sido aglutinador de quienes piensan, pensamos, que es necesario que la Secretaría General se elija por sufragio universal y no a través de un sistema de delegados. Los mismos, imagino, que consideramos que sería bueno que nuestras candidaturas se decidieran a través de primarias a la francesa o a la americana, arbitrando un sistema de participación también para simpatizantes. Sevilla optó por aplazar la decisión. Lo mismo Cantabria. Para una conferencia de organización que se celebraría (tras el último aplazamiento del aplazamiento) en otoño. Creo que es una decisión que se debería tomar en congreso, creo que es una decisión que no debería depender de una conferencia con una fuerza representativa y obligatoria más bien discutible pero ... así están las cosas. Veremos.

Dos. La victoria de Rosa Eva Díaz Tezanos ha sido clara en Cantabria. Conforme a los procedimientos reglados, el partido ha hablado. Nace una dirección que, desde luego, no va a tener fáciles ciertas disculpas a las que ya nos habíamos acostumbrado y que reiteró Lola Gorostiaga en su intervención durante el Congreso. De esa nueva dirección dependen ahora las decisiones, estrategias, contenidos y acciones. Por mi parte, y como no puede ser de otra forma, acepto un resultado que no me convence. Y, como siempre he hecho, trataré de colaborar donde se me reclame y trataré de no molestar donde se prefiera que no esté. La lealtad a las instituciones y los órganos me parece un componente importante del juego democrático.

Tres. No nos confundamos. Ser leal, aunque muchos confundan términos, no significa seguidismo ni silencio. Como ciudadano, cuento con mis propios espacios y mis propias reflexiones, y entre esos derechos que me reservo con celo, uno es el de mi carácter crítico. De hecho, no formar parte de órgano partidario alguno lo que hace es darme mucha más libertad a la hora de mirar y de evaluar. La ausencia de crítica es parte de un carácter conservador que no va conmigo. Y que no debería formar parte de la cultura política de un PSOE en el que pesa demasiado el adagio de Guerra, enunciado tiempo ha, de que quien se mueve no sale en la foto. Porque creo y seguiré creyendo que en tiempo, lugar y modo, una voz crítica es mucho más leal que los silencios.

Cuatro. Como muchos sabéis, con independencia del resultado del 12 Congreso, mi decisión, ya desde hace mucho tiempo, era la de dar un paso atrás. Muchas decepciones, muchas razones personales que nada tienen que ver con lo político, mucha ausencia, demasiado peso y demasiado gasto de energías que necesito para otros proyectos y para afianzar otras decisiones.

Cinco. Trabajar para una sociedad en avance, en progreso, en cambio, en mejora, en transformación no es una tarea que dependa en exclusiva de los espacios partidarios. De hecho, y en espera de que ojalá se vuelvan a tejer redes complejas y creativas entre sociedad y partidos, de que ojalá se recupere el diálogo y sea posible un nuevo pacto de cambio y crecimiento, tal vez sea mejor trabajar desde ámbitos sociales. No renuncio a mis ideas, claro que no, pero pienso que ha de haber nuevos desafíos que permitan intervenir en una nueva conciencia social. Tendréis noticias.

Seis. Mis mejores deseos y mi enhorabuena para Rosa Eva Díaz Tezanos y para quienes desde hace unos días dirigen los destinos de los socialistas cántabros. Unidos a mi profundo agradecimiento por su trabajo y su compromiso de años a Paco Mañanes, un amigo, un líder, una referencia. Y para quienes regalasteis tiempo y esfuerzo para que el partido que soñábamos pudiera haberse hecho posible. Sabéis que contáis con mi cariño, con mi reconocimiento y conmigo siempre que me necesitéis. Mi felicitación también para quienes trabajasteis junto a Rosa Eva y formáis parte de su victoria. Más allá de rifirrafes y desencuentros a lo largo de estos meses, su triunfo es también el vuestro. Ahora, fuerza y al lío, que hace falta.

lunes, abril 09, 2012

GANAS DE HABLAR


En un lapso de tiempo no demasiado amplio han coincidido algunos comentarios cercanos que, apuntando en una dirección similar, abundan en la idea de que los avances en la igualdad y dignidad de las personas lgtb continúan siendo más una ligera capa de maquillaje que una verdadera integración de valores igualitarios en favor de una sociedad plural y diversa. Desde las reflexiones de mi partido, empeñado en echar la culpa de la catástrofe electoral a "una agenda posmoderna de identidades territoriales y de género" , enunciado escrito por alguien que parece arrepentido de haber aprobado algunas de las mejores leyes de los gobiernos Zapatero, a la pregunta ¿pero por qué siempre tenéis que incorporar la homosexualidad a cualquier discurso? (tras una mesa redonda sobre tráfico de personas en las que recordé y analicé la prostitución masculina y el ejercicio de la prostitución por mujeres transexuales, ya que todo parecía girar en la mesa alrededor de la prostitución femenina); desde el comentario "parece que tu muro de Facebook es un portal de noticias gays" a quien te presenta o explica quién eres señalando "es uno que presume de que es gay" ... etc. Y eso sólo por mencionar el fuego amigo.

A veces pienso que perdemos demasiado tiempo en tratar de explicar lo evidente, a veces ya siento pereza de tener que justificar cada día por qué soy como soy, por qué digo lo que digo, por qué mi compromiso ha elegido unas determinadas direcciones. Pero al mismo tiempo, continúo pensando que no podemos dejar ciertos comentarios sin respuesta, porque sería como aceptar que hay algo excesivo, obsesivo u oscuro en mi discurso. Así que voy a dar un par de apuntes de referencia.

¿Visibles o invisibles? A la recriminación de la cantidad de información en torno a hechos y derechos vinculados con la existencia de gays, lesbianas y transexuales, respondí someramente que en mi muro tal vez ocupaban demasiado espacio porque en la mayoría de los muros y redes que conozco ocupan un espacio cero. Uno recorre a veces los medios superando barreras de trivialidad para descubrir, una vez más, que algunos hechos destacados, algunos atentados contra la dignidad de las personas, no están presentes en la prensa simplemente porque han tenido como víctimas a personas lgtb. Lo mismo en sentido positivo.
No queremos ser invisibles, no estamos dispuestos a volver a ser invisibles. Y por eso utilizamos muchas personas lgtb las redes sociales como fuente esencial de información y de comunicación. La invisibilidad hace daño, hasta mata, obliga a vivir sin referentes, a recluirse en una burbuja personal o en un grupo cerrado y autista.
Pero la realidad es que ni siquiera es cierto que nuestras redes sean exclusivas y mucho menos excluyentes. Sin embargo, la percepción de quien vive cada día ignorando la existencia de lesbianas y gays, es que una mínima presencia lgtb en un anuncio o una serie de televisión, contamina toda la programación y le hace pensar que a cada paso tropieza con nosotros. Y sin embargo, está claro que si a lo largo de toda una semana de noticias es capaz sólo de darse cuenta de que un pequeño porcentaje habla de nosotros, puede ser que el problema lo tenga el receptor del mensaje.

Ganas de hablar. Así tituló una novela divertida y brillante Eduardo Mendicutti. Una novela que es en realidad un gran homenaje al español de Andalucía, pero también habla, habla mucho, de quien tras vivir oculto o semioculto durante años decide que ya no se va a callar nunca. Hablamos de nosotros porque queremos estar presentes en la realidad, porque tenemos vivencias diferentes de otras o ignoradas por otros, vivencias que aportan color a la paleta e información para construir conclusiones más precisas. Hablamos de nosotros porque hubo un tiempo en el que sólo pudimos callar, y ese tiempo ya lo hemos dado por cerrado.

Born this way. Y es que así es como somos, así es como hemos nacido. Y no tenemos nada que ocultar. Pero no deja de resultar, de resultarme al menos, divertido el escandalito que tanta gente biempensante de uno y otro lado del arco político nuestras presuntas provocaciones y presunciones. Porque por supuesto, cuando una pareja heterosexual camina por la calle abrazada o cogida de la mano, escenifica un dulce y adorable triunfo del amor, pero si dos chicos o dos chicas deambulan en idéntico gesto por idéntico escenario es porque son unos exhibicionistas y les gusta provocar. Y claro, qué vamos a decir de lo encantador que es el momento en el que Silvia nos presenta a su novio Pablo, pero qué incómodos nos hace sentir la pesada de Marta cuando se empeña en explicarnos que Laura no es su amiga sino su pareja, que es que no sabe más que hablar de bollos, la pesada.

Es posible, sí, es posible, que a veces podamos resultar, pueda resultar, un poco pesado. Como cada uno de mis amigos y amigas resultan pesados en sus obsesiones y aficiones particulares. Pero es cierto, sí, es cierto, que cuando se alerta de que una mujer va a ser lapidada en no sé qué país, son millones de personas las que se movilizan por todo el mundo, mientras que la experiencia dicta que cuando la alarma se da porque un chico homosexual va a ser lapidado o ahorcado, entonces los millones de firmas se transforman en unos miles, cuando no en unos pocos centenares, Así que la pedagogía, la visibilidad, las palabras, las experiencias, siguen siendo necesarias. Haciendo de nuevo buena y atinada esa vieja consigna de "si tu pluma les molesta, ¡clávasela!".

http://www.youtube.com/watch?v=sBYxVEcvcbE
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