domingo, mayo 16, 2010

AL COMPÁS DEL CHACACHÁ


Tengo para mí que en Cantabria nunca llegamos a plantearnos de una manera seria el debate del AVE. Recuerdo algunas reflexiones de un catedrático de transportes de la Escuela de Ingeniería de Caminos y un par de apuntes de asociaciones que planteaban alternativas en concepto y trazado, que cuestionaban la idoneidad de esa palabra que ya se había convertido en una especie de talismán en ciertas bocas.

Eran reflexiones sensatas cuando menos, y ponían sobre el tapete algunos elementos de racionalidad que por supuesto habrían de estrellarse contra un muro que jamás quiso siquiera contestar más allá de lugares comunes acerca del "queremos un AVE, como todo el mundo" y "si no hay AVE me enfado porque será un desprecio y una humillación para los cántabros". Y así quedó la palabra orbitando sobre nuestra vida política a modo de órdago, farol o enroque permanente en la partida. ¿Qué va a pasar con la falta de idoneidad del nuevo trazado viario para el tráfico de mercancías?¿habrá que doblar el gasto para sostener una línea de viajeros de alta velocidad y otra diferente para permitir el tráfico comercial?¿Hay población suficiente para garantizar un nivel de usuarios simplemente aceptable?¿Cuál será el coste del viaje, pues?¿será competitivo frente a otros medios?¿cuáles serán los costes económicos y medioambientales de la conexión entre Reinosa y Santander?¿Cuánto tiempo real se va a ganar en la conexión frente a otras soluciones?¿Justifica esa media hora de menos todo el despilfarro anterior?

Poco importan ya todas esas cuestiones que, ojo, simplemente dejo sobre el papel para constatar los muchos nudos de esta historia. Porque hoy en Cantabria somos ya todos reos del tren de alta velocidad al precio que sea. Quienes no quisieron hacer un AVE cuando estuvieron en el gobierno, porque nunca han sentido el más mínimo interés por Cantabria, seguirán considerando insuficiente, lento y escandaloso cualquier avance de ese trazado que no activaron cuando podían y cuando para esa obra se hubiera recibido seguramente una fuerte aportación de las instituciones europeas. Los que plantearon el órdago irrenunciable del Aut Ave, aut nihil porque sufrirían un fuerte golpe en plena credibilidad. Los que sostuvimos ese órdago desde acá y acullá, porque si llegara a suspenderse este particular parto de los montes seríamos los principales paganos del malestar y de la ruptura de las cartas.

El caso es que nadie ha hablado de que Cantabria no vaya a tener AVE en tiempo y modo. Pero una simple suspensión de un sarao de esos con fotos y romería que tanto gustan a ciertos personajes ha desatado una tormenta inusitada, en la que poco vale la puesta por escrito del Ministerio de Fomento de su compromiso con la obra y aclarando que ante la nueva situación de austeridad exigida desde los tahúres de las finanzas internacionales, que andan metidos en otra partida más neoliberal en la que nada importan peones como nosotros, el departamento debe parar, ajustar, redefinir, replantear reorganizar sus actuaciones. Y así mientras algunos (o algunas más bien) intentaban asegurar el futuro del AVE hablando con el ministro y planteando a Fomento su exigencia de que se cumpliera el compromiso, el de los rizos bramaba como tiene por costumbre y el de los bigotes iniciaba la célebra ranchera "Por encima de mi cadáver" en gira por las áridas estepas castellanas. Al final, habrá alta velocidad, y la habrá gracias más a las conversaciones que a los truenos. Pero como siempre, se le adjudicarán los méritos a los que estaban de romería.

Porque eso sí, que quede claro, sea o no absurdo en este momento de la historia no cabe otra: Cantabria tiene que tener un AVE según lo firmado y defendido.

Y si no, haber jugado a otro juego con un poco más de sentido común desde el principio.

3 comentarios:

BRUNO6 dijo...

Yo también leí con atención los artículos del profesor de la Escuela de Ingeniería de Caminos-lamento no recordar su nombre-y me parecieron lógica pura y dura aunque sea profano en la materia. Tengo leído también a Pepiño Blanco que aseguró que el mantenimiento de 1Km.de línea AVE cuesta 100.000 Euros al año,EL DOBLE si es túnel. Que cada uno saque sus conclusiones. (Bonito cuadro de Turner,Rukaegos!).

orfeo boreal dijo...

¿Pero alguien piensa que es sostenible eso de ir a todos los sitios a 300/350 Kms. por hora?. Esa diferencia de velocidad entre un tren europeo y suficientemente rápido (180/200Kms por hora) y la Alta Velocidad auténtica, supone inversiones enormes que habrá que quitar de otras necesidades como Sanidad, Cultura, Educación, Investigación etc...(ya se está viendo, ¿no?) que es lo único que nos puede salvar, eso sí, a medio-largo plazo de la crisis estructural en la que hemos entrado y vamos a vivir. Estas "superinfraestructuras" tan caras no se justifican para poblaciones pequeñas, en las que es presumible que viajará poca gente y por lo tanto la rentabilidad del gasto será muy baja. Creo que más bien se justifican por demagogias y búsqueda de votos "irreflexivos" del tipo "pues si ellos llegan en 2 horas, yo antes"... y "ellos" a lo mejor son más y la rentabilidad del gasto es por tanto mayor y más justificada (por ejemplo Madrid-Barcelona).
Más bien creo que deberíamos poder ir a muchos sitios con velocidad e infraestructuras ferroviarias "suficientes" y no ir tan deprisa a algunos (Madrid y Bilbao) y al resto como en el siglo XIX (Asturias, Galicia, etc...)o no poder ir (Burgos...),por no hablar de que a casi ningún punto de España se puede acceder directamente en tren desde el Norte.
En fin, que habrá que elegir. Si queremos tanto AVE, habrá que renunciar a mejoras sanitarias, culturales, educativas, a la inversión en investigación y futuro etc....
Pero sobre todo no dejarnos embaucar por la irreflexibilidad y poder así poner freno a esta carrera de "¿argumentos?" en búsqueda de voto de la mayoría de nuestros políticos en todas las Autonomías.
No sé, a lo mejor es que el irracional soy yo... ??

Jesús Cabezón dijo...

Aquí es imposible un debate sosegado sobre el AVE. Las idas y venidas de unos y otros, los anuncios y retrocesos no ayudan. Si además aparece un lider parroquial, de una deslealtad gigantesca, que si se hace será gracias a él y si no se hace será por culpa de otros, el festival está servido.
Final de la película: sensación de ninguneo y de jugar al ritmo que te marcan los socios.
Escéptico

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