viernes, septiembre 02, 2011

DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO



A medida que se acerca el aniversario de su despedida, Leo regresa -en realidad no ha pasado ni un solo día sin él- , emboscándose en cada una de las cosas que vivimos juntos por última vez.

Fueron dos los veranos que Leo y yo pasamos juntos. Dos veranos felices, como corresponde a la imagen feraz de los estíos que consagraron las leyendas artúricas en aquella conquista utópica por la que trabajaban desde la Tabla Redonda, la conquista del Reino del Verano. El primero de ellos de descubrimientos comunes, todavía estábamos aprendiéndonos el uno al otro, y qué hermosas imágenes las de Leo, tan precioso, tan alegre, en la playa de Langre, en el barco de Ángel, adoptando ese papel de estrella de cine que tanto me divertía, viviendo con intensidad cada minuto. Ese fue el verano en el que Leo fue conquistando los afectos de todos y cada uno de mis amigos y clavándose hondo, muy hondo, en mi corazón. En un viaje que no permitía vuelta.

Feliz a su modo el segundo verano. Había sido la primavera una pesadilla, el dolor y la incertidumbre primero, el terrible diagnóstico más tarde, el miedo a la intervención quirúrgica. Pero al final todo parecía haber salido bien, el oncólogo anunció que no había restos activos del tumor, que descartaba complicaciones. Y poco a poco Leo regresaba a su reino de luz, ganaba peso, se cuidaba, volvía al gimnasio, se acercaba un par de tardes al trabajo para comprobar si a pesar de la quimio podía resistir el regreso al ritmo de la rutina. Puede que fuera la imagen del verano el viaje a Madrid para asistir al concierto de Nacha Guevara, el viaje de las fotos en el Botánico o en el Café Espejo, no sé si más guapo que nunca 0 sólo tan guapo como siempre. El verano en que preparaba su regreso a Uruguay por Navidad, para dar a su madre, su hermana y sus sobrinas ese abrazo que no pudo hacerse cierto durante los meses de hospital. El tiempo de planificar más y más proyectos, la casita en Bahía, junto a la playa, el viaje a Roma...

Llegó el otoño, como suele, al final de septiembre. Llegó con las malas noticias, con la reactivación del cáncer, con el golpe vertiginoso y brutal que en sólo tres semanas se lo llevó, dejándome, dejándonos, tanta soledad, tantísima ausencia.

Sin darnos tiempo siquiera a darnos cuenta de que habíamos vivido, de repente, el último verano.

7 comentarios:

Arainfinitum dijo...

dicen que la solidaridad sostiene con más hondura que la empatía porque solo se atisba el dolor ajeno en su superficie. Dicen que en ese territorio íntimo no cabe palabra ni sentimiento que esté o sea, salvo en parecido.

Digo que no es casual que Leo tenga bonito hasta el nombre.

Otros veranos vendrán. Dicen. Y lo dicen aquellos que han olvidado.

Una sonrisa y un abrazo.

Agata dijo...

Cuando estés tan nostálgico que no puedas ni escribir y desahogarte: SILBA.
Un beso.
http://www.youtube.com/watch?v=d5cIIl3B-wQ

Patri-cia dijo...

Y, aún con todo, hay que intentar seguir riendo.Para salvarnos.

Rukaegos dijo...

Bonito hasta el nombre, Ara, qué buena descripción de Leo. El duelo es duro y supongo que sí, llegará la calma, aunque ahora mismo no sea capaz siquiera de intuir cuándo. Y conste que me he estado portando muy bien, y lloriqueando a solas para que no se enfade el gil de Pérez Reverte, y he controlado mucho mi lado Drama Queen :)

Rukaegos dijo...

Agata, gracias por el sol que siempre aporta la sonrisa de Sole. No conocía la canción, pero qué oportuna :)

Rukaegos dijo...

Para salvarnos Patri, la risa sigue siendo subversiva, incomprensible, ruidosa y necesaria. Por eso es para mí tan importante tu blog y busco tus tweets, porque me ayudan a salvarme :)

Amélie dijo...

Un poco de miel para endulzar lo amargo...

http://youtu.be/xFBIoLrtQAI

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