viernes, noviembre 28, 2008

TIERGARTEN

Voy a aprovechar la multinominación de La Machina para los Max para colgar en el blog un poema que debe mucho a Rosa y a Isaac, a Paco y a Luis. Y a Mario, claro.
Escribí "Tiergarten" hace un par de años cuando Mario Corral se puso en contacto con una pequeña larga pléyade de poetas con el objeto de conseguir textos que serían incluidos por la Consejería de Medio Ambiente del Gobierno de Cantabria en un libro destinado a recordar el Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados.
Manejé dos ideas al principio, pero ésta fue la que acabó tomando forma. La muerte de los que San Francisco de Asís llamaría "nuestros hermanos pequeños" en las guerras, la muerte de los inocentes, siempre me se me ha representado como un problema moral, como un grito contra el silencio de los dioses. Recordaba una frase de "La insoportable levedad del ser" en la que afirma "los animales nunca fueron expulsados del Paraíso" para mostrar el estupor de Kundera ante el sufrimiento de los animales -de la perra Karemia, en este caso-. Recordaba las terribles imágenes de los animales enloquecidos o abrasados en el Jardín de Fieras, el Tiergarten, de Berlín durante los bombardeos de los aliados, vívidamente descrito en "Historia Natural de la Destrucción", un libro de Sebald sobre la Alemania arrasada durante los últimos meses de la guerra, durante los criminales ataques con bombas incendiarias.
Y de todo ese mejunje nació un poema que me costó aceptar como propio. Sentí durante mucho tiempo que estaba sin terminar, que estaba pendiente de revisión. Y me sorprendió siempre que Isaac Cuende y Rosa Gil lo consideraran como un brutal alegato contra las guerras.
Cuando Isaac lo seleccionó para "Versos Biodiversos" y cuando vi por primera vez lo que La Machina había hecho con él en escena, sentí escalofríos. Me costaba reconocer que tanta fuerza, tanta furia, estuviera en el poema. Pero sé que hay gente que ha llorado durante la obra precisamente con Tiergarten, y que en muchos centros escolares los chicos y chicas han aplaudido al terminar su recitado/interpretación. Y aunque sé que el mérito es de La Machina, he acabado reconciliándome con el texto.
Aquí lo hago vuestro.
TIERGARTEN
Aquellos animales exiliados
que aprendieron el pánico en el cuarenta y cinco
(bajo las mismas bombas incenciarias
que arrasaron el Zwinger,
convirtieron las calles de Hamburgo en una trampa
mortal de asfalto hirviente, reventaron
las calderas para inundar los sótanos
en los que se cocieron los niños de Colonia)
no sabían que el hombre es un lobo
no sólo para el hombre
(renegaron los lobos de su estirpe,
de su ferocidad de cuento y hambre,
tras conocer a Hobbes y sus metáforas)
y que el dolor que un dios había prometido
a los dos que mordieron la manzana
habría de agrietar con saña idéntica
las entrañas sin culpa.
Las crónicas recuerdan
al final de la Guerra el Tiergarten
de Berlín, los elefantes muertos
y su olor nauseabundo, los espantados saurios
llorando al evadirse del infierno
y una leyenda urbana, que en la Gedächtniskirche
rugían los leones
-en realidad murieron abrasándose
hasta el hueso y el tuétano en sus jaulas.
Pero nadie recuerda que en los ojos
de tantos animales extirpados
sobre el fondo oceánico, en las selvas
de Birmania, los llanos de Polonia,
las aguas del Mekong o las arenas
iraquíes, con ácido y metralla,
con dardos cegadores y alquimias venenosas,
con el fuego y el átomo estallando
sobre su piel sin mácula,
latía la presencia de la muerte.
Que temblaba la sangre a borbotones
aprendiendo su cauce en los desgarrados músculos,
que fue su desamparo un largo grito
escupido a los cielos cuando el ángel
callaba.

5 comentarios:

Alfonso dijo...

Quizás tengas la sensación de que no está acabado, porque lo que lo evoca, las guerras, no están acabadas.
Es un poema duro, metálico, gris. De la guerra no se puede hablar de otra manera, pero transmite el dolor y el horror.
Pedazo de poema, sí señor.

Elena dijo...

No conocía esta triste escena en Tiergarten.

Hermoso tu poema del dolor sin matices, del dolor sin asideros de conocimiento que puedan aplacarlo siquiera un poco.

Nunca olvidaré los ojitos de nuestra gata cuando le curaban unas úlceras en sus uñas que finalmente terminaron matándola. No comprendía... No podía comprender. Inocencia y dolor en estado puro.

Un abrazo.

Rukaegos dijo...

Ojalá tengáis la oportunidad de ver a La Machina representándolo/recitándolo. Pone la carne de gallina, de veras.

Esa idea de la inocencia y el dolor animales es recurrente en mis poemas, Elena, aparece en varios más. Yo recuerdo vivamente el último viaje de "Lola". Estaba ya preparada, miró y pidió que termináramos, y la llevé a la veterinaria. Se durmió para siempre mirándome, como diciendo "gracias", mientras yo le cogía la pata hasta el último momento. Ufff.

Anónimo dijo...

Te agradecemos los comentarios elogiosos que nos has dedicado. Tu poema nos emocionó a todos. Pero la algarabía que se ha montado con lo de los Max es totalmente desmesurado. No hay ningún mérito. Somos nominados igual que tropecientos más. Lo meritorio de todo eso es que con dos espectáculos hemos tenido durante el año una presencia significativa en los circuitos escénicos del territorio español, ya que el Reglamento de los Max exige que se hayan realizado, al menos, 30 representaciones del espectáculo durante la temporada. Es decir que todas las producciones que hayan efectuado ese número de funciones y que esté dado de alta en S.G.A.E. es susceptible de ser nominado. Vamos, que poco mérito tiene la cosa. Lo que ocurre es que la desinformación de los informadores y el autobombo de otros nos conduce a estas situaciones...
Paco V

Rukaegos dijo...

jajaja bueno, a mí me ha hecho ilusión veros plurinominados :)

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