jueves, octubre 05, 2006

CRUZANDO EL RUBICÓN


CRUZANDO EL RUBICÓN

Acostumbrado a escuchar a medio Santander que en esta ciudad nunca pasa nada, empiezo a pensar que criaría una úlcera o un over-stress si pasara (o pasaría, en jerga local).

Hace unos días, me las vi y me las deseé para hacer al menos ligero acto de presencia en tres inauguraciones que me interesaban: la de las fotografías realizadas por los alumnos del taller de imagen de Pablo Hojas, que ocupaba la Sala de Expos de Caja Cantabria en Tantín (en la edición poetas en blanco y negro sale el menda en un estupendo y divertido retrato disparado por Javier Lamela), la que homenajeaba a Ricardo Cavada en el Mercado del Este (tuve la suerte de llegar cuando Piñeiro y su cohorte se marchaban), un poco reiterativa, todo hay que decirlo, y finalmente acabar en antro alternativo con DJ, arriando velas San Simón arriba en Col-Arte, donde Dodi Le Chic exponía sus diseños.

Hoy andaba yo más perezoso, cosas del otoño, así que para evitar la cohorte de Piñeiro no fui a la inauguración de El Puente de La Visión (pero le prometo a Carretero y a Concha García hacer acto de presencia por la muestra) pero disfruté de la muestra dedicada a Emilio González Saiz (pero qué bueno es este pintor, por Belenos) en la Sala de Marina Civil, patrocinada por San Francisco Javier Marcano, maestro ejerciente de ceremonias e introductor de la muestra con ese tono entre pedante y socarrón que tanto le gusta. Las pinturas de Emilio, espléndidas, con sus obsesiones permanentes de pájaros, acantilados, glaciares, montañas, pintura dentro de la pintura, y siempre con esa luz fría y extrañamente aséptica que hipnotiza las miradas y acaba recreando una especie de dura alma del norte. Tengo un dibujillo suyo, pero algún día prometo comprarle un cuadro. Lo necesito.

Al contrario de lo que suele pasar, me marché en cuanto empezaron a salir los canapés, rumbo al Rubicón, donde Alberto Santamaría, Vicente Gutiérrez Es-Pera y el patriarca Noé presentaban sendos números de Anémona (proyecto poético-surrealista) y Nadadora (proyecto poético-naïf). Como siempre, unos cuántos poemas leídos por sus autor@s sirvieron como puesta de largo a las revistas, y así oscilamos de los amigos sádicos de Vicente, siempre en guerra contra los saltamontes, el look Veronika Lake de Marián Bárcena (muy buenos los poemos, que conste) y el misticismo transverbal de Raquel Serdio a la ironía estupenda de Alberto Santamaría (chachooo, escribe algooo, que siempre lees los mismos) o las aportaciones al proyecto de vida surrealista de Noé Ortega (qué te vas a esperar de este chico, estudia teleco: no puede ser normal).

Carlos, mi ex-profesor de Geografía e Historia del Arte en el Insti, Martuka, la que lava mejor los caracoles en las playas de Galizano, y Alberto Santamaría, preocupado porque Pablo decide intentar la telequinesis con sus juguetes en vez de gatear a por ellos, fueron la compañía estable entre birra y birra (como siga a este ritmo de ingesta de coronitas me van a condecorar en México como a Lourdes Royano, que ha ganado no sé qué premio, seguro que no por su buen gusto literario). Una velada estupenda, hablando de lo divino y de lo humano, rodeados de buen rollo, gente interesante y hasta gente alternativa cuidadosamente descuidada.

Cuatro apuntes para terminar este texto que parece de Jesús Pindado (diossss) con tanto nombre. Lo mejor de la noche, un morenazo con media barba que entró cuando casi salíamos con los cuidadosamente descuidados ... mmmmmmm.
Otro dato, que tendría que haberle atacado a la yugular, jeje, al fin y al cabo el Rubicón tiene el honor de lucir en sus paredes desde hace muchos años ese cartel nada visto en Santander de "este local no tolera conductas homofóbicas e invita a sus clientes gays y lesbianas a comportarse con naturalidad".
Tres: La gente empieza a creer posible el Santander posible. Alberto, Daniel y Carmen, en diversos momentos del día, me mostraron su simpatía por el proyecto que encabeza Jesús Cabezón y se mostraron dispuestos a trabajar, aportar ideas y colaborar tanto como haga falta. Ilusión y compromiso es lo que hace falta, y lo que se empieza a ver. Va a ser que sí.
Cuatro et fine. Por fin he descubierto la mejor salida para la estatua del burro y el caballo de la Plaza del Ayuntamiento. Becar trimestralmente a jóvenes creadores plásticos para que la intervengan. Así estarán contentos quienes desean que el tirano siga presidiendo la ciudad, y probablemente también quienes de no quitarla optarían por darle un poco de glamour.

En fin, cruzado el Rubicón, alea iacta est.

3 comentarios:

Vicente Gutierrez dijo...

muy buenas... intuí que el blog es pseudoanónimo, ¿no? así que "no sé" a quién debo dirigirme...

ya sé lo que pasaba...
en vez de poner unsantanderposible.blogspot.com
ponía
unsantanderESposible.blogspot.com
así que claro, no me dejaba entrar.

muy interesante todo el blog, abrazos y nos vemos pronto.

Anónimo dijo...

Quería comentar en este Santander posible" ¿ Por qué nos dejamos " los santanderinos" quitar árboles, poner cemento a todo poner ( plaza del Príncipe, Plaza Porticada..)
¿ Por quié no se fijan en otras ciudades?
Santander está quedando fea, antigua, paleta...

Gracias por tener este rincón

Rukaegos dijo...

Gracias a ti por leerlo y colaborar.

Pero de momento voy a dejar tu pregunta en el aire, porque creo que hay que dedicar una entrada monográfica y amplia a nuestras zonas verdes y nuestras zonas cementeras. En general, adolecemos de espacios públicos, al aire libre o cubiertos, para la fiesta o para la cultura, para mayores y para niños (ufff parece que voy a decir para todos coca-cola).
Pero estoy de acuerdo contigo: siempre he tenido la sensación de que Santander odia a los árboles, o más bien sus gestores los odian. Será que es más rentable para algunos el ladrillo que la madera.
En todo caso, te prometo un monográfico "árboles". En un par de días.

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