lunes, julio 12, 2010

MUCHO MÁS QUE NACHA


Sería durante los primeros años de la transición, pongamos el 77 ó el 78. Yo tendría unos trece años y una televisión familiar en la que sólo se veía una cadena, en blanco y negro. Había muchos programas que alternaban entrevistas con actuaciones musicales, y otros con el formato de gala de artistas. Y fue en alguno de ellos donde recuerdo haber escuchado una noche cualquiera a una mujer delgadísima y cargada de furia "Yo te nombro, libertad".

Entonces yo no sabía quién era Nacha Guevara. Tampoco sabía que la canción había sido construida a partir de la adaptación al castellano de un poema surrealista de Paul Eluard. Y por supuesto no había oído jamás la expresión "poesía automática". Pero me sabía más o menos la letra, después de haberla compartido algunas noches en los fuegos del campamento del verano anterior, en Laredo o en Alcocebre.

La vi de nuevo en otros programas. Reí con su "Puntuación fonética", me extrañé ante los juegos líricos de "Construcción", me quedé frío ante bromas y provocaciones eróticas o políticas que yo no comprendía del todo. Y la vi en los carteles de las temporadas de teatro estival, ese ciclo Talía que se desarrollaba en el Gran Cinema (otro más de los teatros que este Santander Cultural con vocación de capital europea se permitió el lujo de derribar), como algo prohibido, clasificado moralmente "Para mayores de 18 años" y como "gravemente peligroso" en la valoración del Obispado que todavía se publicaba en la prensa. Algo que estaba fuera de mis posibilidades y que, por tanto, nunca pude vivir.

Pero no fue hasta mis primeros años en la Universidad cuando el encuentro con Nacha Guevara, y a través de ella con Mario Benedetti o con Boris Vian, se convirtió en un amor extraño, que a cada nueva canción se refrescaba y crecía como un verso enroscándose sobre sí mismo hasta hacerse poema. Ángel adoraba a Nacha. Y como no había excursión sin su coche, tampoco era posible salir a las carreteras sin ella. Cantábamos "Yo soy la Nacha" turnándonos en los papeles del diálogo Alberto Favero/Nacha Guevara, nos entusiasmábamos histriónicos con "Aquí estoy", reíamos con los aciertos afilados de "Soy snob", reinventábamos el amor con "Te quiero", "Todavía" o "Amor de ciudad grande", nos exaltábamos con el recitado violento de "Un Padrenuestro Latinoamericano".

Hubo unos años vacíos, años en los que de vez en cuando sonaba su nombre en relación a un lejano nuevo espectáculo, o como una razón esencial para decidirme a ver alguna película. Leía en la prensa sobre sus nuevos proyectos, sus viajes y sus éxitos. Y así, admirándola desde lejos hasta que hace unas semanas descubrí en Madrid un cartel que anunciaba "Mucho más que dos", el regreso a nuestro país de Nacha Guevara otra vez reunida con el que fue tanto tiempo su pianista y su marido, Alberto Favero. Y enredé por internet hasta encontrar la pista del teatro y la forma de acceder a las entradas.

He regresado hace sólo unas horas a este Santander aturdido por el triunfo de La Roja, este en el que desde el ordenador escucho vuvuzelas, bocinas y gritos de una felicidad que he compartido y que me ha emocionado. Aunque mi felicidad pequeña de este fin de semana proceda de otra fuente.

Estuve con Leo en Madrid. Tuvimos tiempo para pasear por el Botánico y para visitar la exposición "Turner y los maestros" en El Prado. Tuvimos tiempo para pasear, aprovechar las rebajas en Diesel, conocer a José Luis y a Mikel, reencontrarnos con Lawrence.

Pero estuvimos en Madrid sobre todo en el Teatro Fernán Gómez. En la primera fila, butacas una y tres, a apenas dos metros de una Nacha en estado de gracia, emocionada y emocionante, que repasaba las canciones que conocíamos y también las que nunca nos habían llegado. A dos metros del piano prodigioso de Favero, siempre en ese plano tan secundario como imprescindible. Sabia Nacha, adaptando los textos para evitar el olor a pasado y las referencias que nos resultarían ya tal vez demasiado lejanas, haciendo pequeñas y entrañables trampas con la melodía para esquivar esos dos sobreagudos de "Si yo fuera como ellas" a los que tal vez no sería prudente enfrentarse hoy y, sin embargo, salvar la fuerza dramática de Evita, tal vez agrandarla. Nos hizo reír con sus presentaciones cínicas, incorrectas ("No basta ser feliz, es preciso que los demás sean desgraciados"), nos invadió de paz y de palabra cuando dejó que sonara Benedetti, siempre Mario Benedetti, en off. Lo justo para renovar los votos con su poesía y reafirmar los pilares para empuñar en su favor una lanza ante quienes lo creen "popular", "fácil" o "demasiado político", mientras ignoran el canto oscuro del frágil componedor de los "Poemas de la Oficina" que grita en silencio "Aquí no hay cielo". Y lloramos con Nacha al escucharlo. No pudimos evitar cogernos la mano y sonreírnos como dos idiotas mientras ella desgranaba "No lo creo todavía: /estás llegando a mi lado / y la noche es un puñado / de estrellas y de alegría". Y gritamos y aplaudimos al final, en pie, sin poder evitar esa lágrima que me resbaló libre por las mejillas cuando cerró esa noche la gala, cerrando por casualidad el círculo que se había abierto cuando yo era sólo un crío que escuchaba "Por el pájaro enjaulado, por el pez en la pecera, por mi amigo que está preso porque ha dicho lo que piensa ... Yo te nombro, Libertad".

Regresamos al hotel felices y encogidos. Renovando los votos con la causa de la alegría, con el amor por los versos, con la indignación por la injusticia que nos sigue agitando y que de nuevo nos obliga a nombrar en nombre de todos por su nombre verdadero la causa de los hombres.

En una noche que fue de Nacha, de esas mil y una Nachas vestidas siempre para enamorar. Esa Nacha que nos dio la ironía y que se hizo tantas veces ladrillo en la construcción del edificio de la propia conciencia.

Una noche libre en la que pudimos ser a su lado Mucho Más que Dos, Mucho Más que Cientos. Mucho Más que Nacha.


5 comentarios:

José L. Serrano dijo...

soy testigo

un besazo de los dos

JL y Mikel

Teresa dijo...

Bieeeen! No, no es por la roja, es que parece que se acabó la sequía. Otra vez se vuelven a animar mis desayunos. Y el recuerdo de Nacha en Santander, justo cuando cambiaba del honorable "señora de" al "esa puta roja". Gracias Ruka. Teresa

Jesús Cabezón dijo...

Me alegra coincidir en el aprecio por Nacha Guevara.

Otra cosa. Si no lo has hecho, te recomiendo que leas "El matrimonio gay, cinco años después" del escritor Luisgé Martín, publicado en El País el 03.07.10 (página 31. La Cuarta Página. Opinión)

Miguel Angel, un Artista de estos tiempos... dijo...

Y DÓNDE ESTÁ MI AMOR, MI AMOR DE IDENTIDAD....EL TODAVÍA, EL TE QUIERO, EL YO TE NOMBRO LIBERTAD, EL SI YO FUERA, Y UN MONTONES DE GRITOS MÁS, CON FINEZA, CRUDEZA, Y BUEN GUSTO EN LA HORA DE CANTAR. LA DESCUBRÍ CON MI PAREJA, EN AQUELLOS OCHENTA EN SU REGRESO DEL EXILIO. Y DE AHÍ EN MÁS, LA SEGUÍ,Y UN TIEMPO EQUÍVOCO MIO, LA PERSEGUÍ TAMBIÉN, -RISAS-. Y COMPARTÍ MOMENTOS MUY LINDOS CON SUS IDEAS QUE ME MOSTRÓ MUY GENTILMENTE Y ME DIÓ AIRES DE FUERZA PARA PASAR UN MOMENTO DIFÍCIL DE MI VIDA. ES NACHA, LA NACHA DE SIEMPRE, LA MACHA Y COLOMBINA, ES LA NACHA GUEVARA.
A DISFRUTARLA Y A ESCUCHARLA, QUE ES OTRO DISFRUTE TAMBIÉN...!!!.
MIGUEL ANGEL.

BRUNO6 dijo...

No me perdono haberla tenido tánto tiempo olvidada. Voy a buscar el único disco que tengo de ella.
Gracias,Rukaegos!

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