viernes, abril 03, 2015

DEVOCIÓN CHONI



No dejan de resultarme interesantes las procesiones y otros rituales de Semana Santa, desde un punto de vista estético, sociológico o antropológico desde que a la Iglesia Católica y a mí se nos rompió el amor de tanto usarlo. Me tengo prometido a mí mismo visitas a Zamora, Valladolid y Sevilla algún año de estos en coincidencia con tan señalada fiesta, pero las de Santander parece que no acaban de alcanzar la talla en ninguno de los tres aspectos, y eso a pesar de que desde hace algunos años se haya  puesto de moda lo de que los niños luzcan capirote penitencial un par de veces.

Estoy seguro de que siempre ha habido émulas de Belén Esteban y aprendices de Carlos El Yoyas por las calles. Estoy seguro también de que una parte de quienes participan en las procesiones lo hace desde una fe sencilla, sincera y sin vueltas, y otra buena parte, entiendo que mayoritaria, desde una más o menos respetuoso incorporación del rito a sus usos de cristianismo BBCE (Bodas, Bautizos y Comuniones, Entierros). Pero ni por esas deja de resultarme pintoresco el retablo costumbrista con el que me encontré la pasada noche del Jueves Santo, cuando nos tropezamos unos amigos y yo con el regreso a casa de la Cofradía de La Merced y su paso del Ecce Homo.

Santander, ya sabrán, tiene unas bonitas cuestas. No es que la de la calle Gándara sea de las peores, pero tiene unas pendientes que sugieren que no es la mejor idea subirlas con trono e imagen a cuestas. Así pues, y ya que la cofradía tiene su sede bien subida la cuesta, se ha convertido en un pequeño momento fuerte ese en el que los sacrificados portadores esperan a que la rampa esté despejada, toman aire, fuerza y pegan una carrerilla con el Cristo (o en su caso la Virgen) hasta el seguro llano de la calle Bonitas. Justo en ese encuentro entre Bonifaz y Gándara nos hallábamos cuando la cofradía comenzó a ascender, con banda de cornetas y tambores, penitentes de en general escasa edad, varios militares de mar y tierra que uno no acaba de entender en estas devociones que poco de oficial tienen o pueden tener en un estado que por orden constitucional debe mantenerse neutro en cuestiones de fe y toda una rueda de familiares preparados para aplaudir la subida al mini Tourmalet.

Supongo que hubo un error o bien en la orden o bien en su ejecución, ya que los portadores iniciaron su carrera ascendente sin que la banda y los militares hubieran terminado su caminata por el tramo en cuesta. O lo que es lo mismo, que casi al final del esfuerzo, el Ecce Homo tuvo que verse refrenado en su carrera ante el riesgo de atropellar a cuatro militares de gala, un bombo, dos tambores y un coordinador penitencial gesticulan.

Fue entonces en ese tenso momento cuando ella, nuestra Belén local, justo a nuestro lado, levantó el brazo y abrió la boca. Nos miramos pensando que como tantas otras tradiciones importadas e impostadas, a lo mejor ahora había llegado a ser súper santanderina la del canto de saetas, y que sin duda la mujer comenzaría con un más o menos afinado Aaaaaaaayyyyyyyyyyy. Cuál no sería nuestro asombro cuando el devoto silencio lo rompe con (literalmente)

"JODER, LOS PUTOS VIEJOS. ESOS, LOS VIEJOS, MIERDA YA, LOS PUTOS VIEJOS DE MIERDA QUE SE QUITEEEEEEEEEEEEEEN" (fin de la cita)

Nos apartamos instintivamente dos pasos a la izquierda, no fuera que los brazos, siempre en dulce manoteo durante el devoto y fino parlamento acabaran rompiéndonos los niños. También y no menos medrosos se apartaron los putos viejos, perdón, los militares y la última fila de cofrades y tambores, y al fin pudieron finalizar su ascenso paso y portadores. Mientras en mi cabecita nada inocente, siempre predispuesta al mal, sonaba un "no es esto, no es esto", previo a la reflexión sobre la devoción, el recogimiento, la actitud de respeto y silencio que uno, pobre, atribuía a las procesiones y a sus participantes. Al menos hasta darse de morros con la España de la Esteban.


1 comentario:

BRUNO dijo...

A mi me parecen simplemente ruidosas molestias anuales.
¿La choni en cuestión?. Pues otra respuesta a la situación de la que dió realmente hubiese sido sorprendente.
Salud.

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