lunes, marzo 12, 2007


SOMOS MENOS

Leo en el DM los datos sobre la evolución de la población en Cantabria durante el último año y pienso. Pienso que muchas zonas de Cantabria están perdiendo a un ritmo bajo pero constante población y que nuestros bellos valles interiores van camino del desierto, y eso a pesar de los diferentes programas de desarrollo rural o de la mejora de las comunicaciones. La población se vuelca hacia la costa, hacia una franja costera con muchas más oportunidades laborales y sociales, hacia una franja costera que va camino de configurarse como un gran frente metropolitano al borde del mar, con pequeños parques temáticos olvidados aquí y allá por Madre Naturaleza y salvados in extremis de la especulación (¿A que a ninguna de las personas que leen este blog le ha extrañado el brutal ascenso en el escalafón internacional de millonarios de los mafiosos españoles del ladrillo?).

Pero pienso otras cosas, y una de ellas me llama bastante la atención. Centrado el DM en averiguar por qué Ruente tiene dos habitantes menos (aunque crece de censo a censo) pasa de puntillas por un dato alarmante: Entre 2005 y 2006 nuestro Santander pierde más de 1000 almas. Se me ocurre contrastar los datos sobre Santander y sobre Cantabria con el censo electoral de 2003 y me encuentro con una Cantabria que ha aumentado población en unas 23000 personas con una capital que en 4 años ha perdido alrededor de 5000. Y sigo pensando.

Llevamos años de ayuntamientos democráticos (o así) y en nuestro Santander posible siempre ha gobernado la misma esquina del espectro político, con un nombre o con otro en las siglas, repitiendo hasta la saciedad los de las personas y, que aquí nos conocemos todos, los mismos clanes en la sombra. Los mismos. Así que supongo que a pesar de que como cada cuatro años nos quieren convencer de que regresan, y regresan cargados de proyectos nuevos y maravillosos para la ciudad, habrá que pensar que alguna responsabilidad tendrán en la ciudad que pierde población y en las causas de ese goteo.

Sería interesante saber por qué Santander se nos está volviendo una ciudad antipática o apática para vivir, por qué somos cada día unos poquitos menos (en un cálculo rapidillo por aproximación, los datos de 5000 ex-santanderinos en cuatro años vienen a dar cuatro por día). Y se me ocurren algunas razones, que seguramente podréis ampliar, analizar o criticar.

En primer lugar, un patente envejecimiento de la población (en relación con lo que escribo después) que nos va llevando a esa idea que ya se impone y se hace lugar común en los análisis sobre la realidad santanderina: la ciudad-balneario.

Un precio de la vivienda desaforado. Es un mal común a casi todo el país, pero que en Santander tengamos zonas situadas entre los metros cuadrados más caros del país, cuando la renta anda más bien de capa caída y nuestros índices salariales o nuestras espectativas de desarrollo profesional no están entre los mejores, no deja de resultar paradójico.

Creo sinceramente que nunca hemos planteado el Santander-para-vivir y siempre nos hemos preocupado del Santander-para-pasear. Nuestros barrios no cuentan con centros vecinales, alternativas de ocio, centros culturales. Toda la actividad se centra en el centro (redundante verdad) pero en un centro que cierra los fines de semana (pasear Santander un domingo puede resultar desolador). Hasta hace un par de años éramos la capital de provincia con menos espacio infantil de España, y algo hemos mejorado pero no sé cómo andaremos ahora. Continuamos llenos de barreras arquitectónicas (si nuestra población envejece tanto ¿cuándo vamos a solucionar ese problema?). Y podría seguir, pero siempre criticáis que mis entradas son demasiado largas así que vamos a dejar algo para el debate y la comunicación.

Un Santander que cada vez envía más población a los municipios del llamado arco de la Bahía y zonas costeras cercanas (todos crecen menos Santander y Penagos) es un Santander condenado a envejecer y convertirse no tanto en ciudad-dormitorio como en ciudad-de-paseo.

Luchemos por un Santander-para-vivir. Por un Santander lleno de espacios ciudadanos, de niños y de sonrisas, de jóvenes y alegría, de adultos participativos y solidarios, de mayores abiertos y cada día más sabios. Un Santander posible, claro.

3 comentarios:

ASFOSO dijo...

Reivindico y acepto tu apuesta del último párrafo. Aunque de sabios sería dar un giro a la politica.
Saluducos desde lejos de Santander.

Anónimo dijo...

La perdida de habitanes en la ciudad de Santander, ¿es una particularidad de esta o reproduce excatamente lo que está ocurriendo en otras capitales de su entorno? Lo pregunto porque lo desconozco, porque tal vez la causa de este fenómeno escape del propio ambito local, de los errores (muchos) o aciertos (algunos menos) de quienes dirigen esta ciudad. Tal vez Oviedo, Gijón, Burgos... por poner algú ejemplo, estén viviendo la misma despoblación paulatina en favor de nucleos cercanos como aqui lo son El Astillero, Bezana o Maliaño. Dicho esto, ¿para cuando un abordaje serio y responsable de nuestros políticos sobre el futuro de Santander y municipios liítrofes como Area Metropolitana?

Rukaegos dijo...

En relación a la primera parte de tu comentario, es cierto que ha venido siendo un proceso importante en los últimos años la regresión del concepto "centro". Por su falta de servicios, de comodidad, por la falta de equipamientos y servidumbres de sus edificaciones, por sus precios inasequibles, por las carencias de aparcamiento, etc. son muchas las razones que han ido generando una cierta despoblación de ciudades y la búsqueda de condiciones mejores, en el sentido que sea (equipamientos, precio, espacios) en las áreas periféricas.

También es cierto que muchas ciudades, entre ellas algunas de las que mencionas, han trabajado para revitalizar sus centros urbanos y sus barrios históricos. La recuperación de la ciudad como lugar donde vivir que han experimentado Girona, Burgos, Palencia, Oviedo, Vitoria o Barcelona, por poner ejemplos que conozco, se debe en no poca medida a una apuesta de sus gobiernos municipales, ya que muchos de los problemas de vivir en el centro son comunes (como lo son las ventajas). En definitiva, más allá de tendencias más o menos generalizadas (la fiebre de los adosados de hace unos años, por ejemplo) algunas ciudades pierden población y generan bolsas de marginalidad en sus centros urbanos. Otras, por el contrario, los recuperan y los vuelven a la vida. Algo tendrán que decir sus gestores respectivos (por cierto, en los ejemplos he puesto ciudades de diferente signo político).

En la segunda parte, me sumo a tu pregunta. Tal vez, cuando maduremos todos un poco y dejemos de hacer de la gestión de los asuntos publicos un arma arrojadiza. En cualquier caso, creo que iniciativas como el arco de la bahía que se acaba de aprobar o la mejora en las comunicaciones públicas son pasitos en esa dirección. Pero como he dicho en otras ocasiones, los pasitos tienen algo de chapuza improvisada si no hay una planificación amplia y multidisciplinar que permita integrar todo el crecimiento de los municipios que rodean Santander.

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