viernes, noviembre 04, 2016

El amor, el dolor, la vida, el sexo. Estamos leyendo... "El amor del revés", de Luisgé Martín.


Cualquiera que sienta pasión, pasión verdadera, por la literatura (esos a los que con una bellísima palabra el diccionario de la RAE define como letraheridos y a los que yo alguna vez me refiero como librópatas) sabe de las múltiples y profundas emociones que la lectura de un texto notable puede despertar en el lector. La complicidad, que nos dibuja una sonrisa en los labios; el desamparo, que nos envuelve en un silencio frío; la belleza,  que se manifiesta en las lágrimas stendhalianas y la sensación de no poder seguir leyendo tras tanto fogonazo; la tensión, en la avidez de las manos que nos tiemblan pidiendo más y más rápido.
 
De las cuatro he bebido leyendo a Luisgé Martín y esta especie de memoria personal y moral que da sentido a este amor del revés llegado a las librerías de la mano de Anagrama en el pasado septiembre. También de otras dos sensaciones quizás menos habituales, la gratitud y el desconcierto.
 
El desconcierto, al encontrar página a página mi propia vida en el cuerpo y los recuerdos de otro. El agradecimiento, por encontrar página a página mi propia vida en el cuerpo y los recuerdos de otro, y a través de esa sorpresa alimentar reflexiones y silencios como espacios de sanación en los que lamer las viejas cicatrices, evocar la lucha y de alguna manera sentir otra vez el daño de entonces.

El daño de entonces es el marcado con violencia en la biografía de quienes tuvimos que aprender a ser diferente, a sentir diferente, a vivir diferente, a follar diferente, a amar diferente. Un camino que Luisgé Martín recorrió en tiempos cercanos a los míos, nuestras edades son cercanas, con ritmos parecidos a los míos, con experiencias algunas veces tan similares como disímiles otras por mi mayor timidez (y mira que eso debe de rozar lo imposible), quizás mi mayor cobardía, y sobre todo el hecho de haberlas experimentado en ciudades mucho más pequeñas que el populoso y poderoso Madrid.

Luisgé nos habla de propio reconocimiento como homosexual, en un tiempo en que esa palabra era al tiempo ignorada, invisible y maldita. Nos cuenta con reflexiones profundas y certeras, con palabras dolorosas y bellísimas, la caída en el pozo oscuro de la desolación, las lágrimas y los rezos pidiendo a quién sabe quién que pasara ese caliz, que por favor, cualquier cosa pero marica no, ese pozo que en algún momento terrible nos arrastró hasta el proyecto, puede que nunca del todo real, de quitarnos la vida (nunca hubiera sido capaz, pero recuerdo perfectamente esa noche en la que pude haber llegado a intentarlo).

Luisgé nos habla también del proceso, del crecimiento, del escarceo, de los amores imposibles, los difíciles y los relativamente fáciles hasta encontrar el loco, firme, verdadero amor. Y de toda la luz ganada a lo largo del viaje, esa luz que supone ser capaz de nombrarte, ser capaz de presentarte, ser capaz de ser primero, de decir más adelante, de vivir y aceptar luego, de sentir el orgullo como estación final de un trayecto doloroso, invisible, seguro que insignificante entre el dolor del mundo que por fin nos ha dejado respetarnos y gritar, luchar por el fuerte y defender las posiciones, a pesar de que el peso de la cristiana culpa ni nos ha dejado ni nos dejará nunca.

Desde mi primer encuentro como lector con Luisgé Martín (no he tenido todavía el privilegio de compartir con él un café) me ha despertado sueños, puertas, preguntas y demasiado a menudo lágrimas. Fue con "La muerte de Tadzio" y luego vinieron otros.

Pero nunca esas emociones, esas reflexiones, esos silencios y esos llantos habían sido tan copiosos como con "El amor del revés": He dejado sus páginas llegas de bordes doblados, de anotaciones y subrayados en los que mi propia vida ha querido penetrar el texto y hacerlo suyo, he dejado un libro lleno de cicatrices que sé que siguen y seguirán presentes, pero que gracias al hermoso exorcismo literario que me ha regalado Martín duelen ahora un poco menos.

No sé si he sido capaz de explicar la sensación de gratitud. Leed el libro e imaginad vuestra historia dentro. Quizás sea la única forma de llegar a entenderla.



 
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