lunes, diciembre 19, 2011

EL CENTRO BOTÍN Y LAS IMÁGENES DEL PODER


A lo largo de la historia, Arte y Poder han viajado de la mano, en una unión íntima que nos permite explorar los designios, estrategias e ideas de quienes se han erigido en gobernantes de cielos y tierras a través de los símbolos e iconos con que imágenes, palabras, sonidos han tratado de representarlos.

¿Podríamos explicar el grandioso esplendor de la música barroca italiana sin la Contrarreforma? ¿No fue el coral un vehículo privilegiado para la difusión de las ideas de Lutero? ¿Cómo imaginar al Rey-Sol sin las triunfales representaciones que del monarca nos dejara Rigaud, herederas de las que pintara Rubens para exaltar a su madre María de Médicis?

Allí donde han sido los dioses quienes han ocupado la cima del poder, fueron sus gestos amables o airados, sus historias y leyendas, los rostros de sus embajadores en la tierra, los que ocuparon el corazón de las representaciones artísticas. Han sido sus ciclópeos templos los que han presidido el sky-line de nuestras ciudades. Allí donde la modernidad o las armas han colocado caudillos civiles, nobles, condottieros y monarcas en la cúpula, nos ofreció el arte sus retratos ornamentados y altivos, sus esculturas ecuestres, sus villas y palacios. Cuando las revoluciones liberales y la Ilustración abrieron la puerta a los burgueses acomodados, crecieron las ciudades con espectaculares trazados urbanísticos, teatros y óperas. Las revoluciones sociales y obreristas elaboraron particulares imágenes del pueblo en marcha, ocuparon el cine y el póster.

Desde otra óptica del debate público, el proyecto de construcción del llamado Centro Botín, diseñado por Renzo Piano, en un lugar señero de la Bahía de Santander, provocando la ruptura de la vieja ciudad con su paisaje, de la ciudad que fuera puerto con su mar, es un debate sobre el poder social.

La democracia trajo obras públicas y espacios comunitarios, en lo que tal vez fuera una fantasía de la cultura de todos, de la ciudad de todos. Pero son ya muchos años en los que las grandes finanzas marcan el territorio con la misma constancia y precisión con la que los perros orinan sobre sus esquinas favoritas o los alces se restriegan contra los árboles que delimitan su espacio vital. Son las grandes corporaciones las que compran en subasta los cuadros de Van Gogh y los Stradivarius, los que presionan para que las leyes de mecenazgo favorezcan sus inversiones en el mundo de la cultura, organizan, alientan, becan y edifican no sobre un criterio de utilidad pública sino desde el de su propio capricho. Y si bien es cierto que desde sus arcas fluyen aportaciones importantes, no lo es menos que siempre acaban teniendo un coste social importante, en forma de desgravaciones fiscales, cesiones de espacios públicos, aportaciones públicas para el desarrollo de sus actividades y un largo etcétera.

Ha tenido su punto de bochorno escuchar a los validos del Señor Feudal, a los medios travestidos de pregoneros del castillo, a curiosos bufones en espera de alguna dádiva o condecoración pensionada loar la munificencia del magnate por dignarse a levantar su mausoleo a este lado de la bahía, ya tomada por la torre de su búnker la otra orilla. En una sucesión de alabanzas tan huecas como poco meditadas, de las que parece deducirse que Santander será salva, Aleluya, por la merced del Señor de la Finca. Y sin cuestionar programaciones y futuro, sin poner traba alguna a la ocupación de espacios públicos (¿cómo que no nos cuesta nada?) ni al sacrificio permanente de la siempre reclamada apertura de Santander hacia el mar. Ni una palabra criticando una ubicación que pensaba desplazar un monumento, pequeño pero singular, como es la Grúa de Piedra, o irrumpir en los Jardines de Pereda para que el Señor pudiera desplazarse como Febo redivivo sin tocar suelo mortal. Y todo ello bajo el racional y evidente argumento de que "El Señor ha dicho que o es aquí y es así o no hay ni pelas ni proyecto".

O lo que es lo mismo, que el ego del valido santanderino quedaría una vez más frustrado sin la oportunidad de inaugurar tan señero icono del poder, sin semejante proclama de quién es el que manda en Santander. Que las normas que rigen para El Señorito no son las mismas a las que debemos de someternos los ciudadanos del común. Que Botín da la orden y la cerviz de muchos se orienta hacia el suelo.

Sería la oportunidad, claro, de replantear algunas cuestiones sobre la ciudad, de recuperar espacios. Pero ha dicho El Señorito que la quiere ver desde la ventana de su despacho.gobernando for ever and ever la primera vista de Santander por el mar e imponiendo su masa a cualquier intento desde tierra de descubrir la bahía. Y si no no hay caso.

Así que frente a la sensatez, hay que reconocerlo, del arquitecto Piano, que al menos ha escuchado y ha realizado algunas modificaciones para rodear algunos de los puntos más conflictivos (y si lo ha hecho el propio arquitecto, ¿por qué validos, cortesanos, voceros, pregoneros y bufones no fueron capaces de sugerir aunque fuera en voz bajita esos mismos cambios?), don Emilio Botín ha decidido mostrar a las claras quién es el que de verdad manda en Santander. Y quiénes los que obedecen. El Poder y su representación plástica.

Nada nuevo bajo el sol.

4 comentarios:

BRUNO6 dijo...

Hay mucha verdad y mucha razón en lo que has escrito.
Los Dioses nos pillen confesados,y,con tu permiso,añado un link al blog de "la Résistence":
http://ubicaciones.blogspot.com/2011/12/18-de-diciembre-salimos-en-prensa-y.html

Rukaegos dijo...

No te hacen falta permisos, Bruno, sabes que en este blog tienes siempre la puerta abierta :)

La Caverna de la Luz dijo...

Somos conscientes de que es dificil levantar la mano y decir "por ahí no paso", en un mundo en el que nos hemos acostumbrado a caminar como borregos por la senda marcada. Pero unos pocos "locos" hemos firmado alegaciones y las hemos presentado en tiempo y forma en las ventanillas adecuadas. Con nuestro nombre y apellidos y nuestros números de identidad y todo eso. Además de reunirnos todos los primeros domingos de mes en la Grua de Piedra para decir: CEBO (Centro Botín) Si, pero así NO. No y rotundamente NO en medio de la Bahía.
El tan aclamado efecto Guggenheim es otra cosa muy distinta (al que por cierto se negaron los mismos que ahora doblan la cerviz)...

Arnaldo Romero dijo...

Recomiendo la lectura de mi blog.

http://www.elarnaldo.blogspot.com

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