jueves, marzo 20, 2008

OFICIO DE TINIEBLAS
Crecí en una familia católica. Mi familia materna era sinceramente devota; tal vez la cercanía de las amables Siervas de María al domicilio familiar, o de la Iglesia del Carmen donde tiene su asiento tal vez la única imagen mariana capaz de levantar verdadera ternura entre las gentes de mi Santander, tuvieran su influencia. Recuerdo que mi abuela Rosalina traía periódicamente a casa una imagen peregrina de la Virgen del Carmen, que siempre llevaba el escapulario, que rezaba el ángelus en compañía de Teresa. Uno de sus hijos, mi tío Eugenio, fue sacerdote, y ejerció sus funciones hasta su muerte primero en Castro Urdiales y luego, durante muchísimos años, en Carrejo. Donde siempre fue una persona cercana, llena de corazón, de vida, un incansable agitador cultural y social y donde todavía le recuerdan con cariño y añoranza.
Mi familia paterna era sinceramente devota. Mi abuelo fue un militante católico muy activo durante su juventud, participó con Herrera Oria en la fundación de la Acción Católica en Santander, fue consejero legal del Obispado y se sostuvo contra muchos maretazos de la vida, como él mismo afirmaba siempre, gracias a su fe inquebrantable. Una fe que conmovió a muchas de las personas que le vieron hacer guardia "contra natura" ante los féretros de cuatro de sus hijos, mi padre entre ellos. Uno de sus hermanos, Diego, fue Jesuita. Y Tía Chavita, hermana de mi abuela, centró gran parte de su vida en animar congregaciones y devociones. Ya a punto de morir, recuerdo cómo sus dedos se movían desgranando las cuentas de un rosario que su cabeza ya no podía pronunciar, pero que su corazón continuaba rezando.
Todavía algunas veces pienso que sería hermoso que hubiera una vida feliz al otro lado, y que allí tuvieran el premio ganado con su bondad y su sincera fe.
Nunca fueron una familia intransigente, fanática o farisaica. Pero sí cumplidora y coherente con aquello en que creían.
Crecí, pues, como católico. Nunca tuve problemas durante mi infancia o mi juventud, no fui a un colegio religioso y tal vez por ello nunca llegué a identificar ciertos comportamientos o actitudes con la Iglesia. Viví en una localidad donde se recibió con alegría la profunda reforma pretendida por el Vaticano II. Y durante largos, largos años, la fe cristiana formó parte de mi identidad.
En estas fechas de la Semana Santa es, tal vez, cuando el brote de nostalgia reaparece, cuando echo de menos la alegría de la comunidad, cuando noto un cierto vacío que no he sabido colmar. Recuerdo mis años como catequista en la Parroquia de San Sebastián de Reinosa o en la de Santa Lucía de Santander, donde habitaron momentos tan mundanos como las truchas que pescaba Eduardo y cocinaba Nieves hasta emociones como una hermosa Hora Santa que acabó llenándonos de lágrimas. Recuerdo a mis compañeras y compañeros del Proyecto Ciaboga, vinculado a la Institución Teresiana de Santander, y cómo no tantas pascuas vividas con intensidad (con terrible dolor a los pocos meses de la muerte de mi padre, cuando necesitaba sentir la muerte y la resurreción en mi alma y acabé rompiéndome durante la Vigilia Pascual y me tiré llorando de forma incontrolable casi dos horas) en Los Negrales. Recuerdo, cómo no, siempre sonriendo, como una segunda familia que todavía ocupa un lugar privilegiado en mi corazón a esas personas maravillosas con las que tantos años conviví en la Parroquia de San Martín de Peñacastillo: Marisol, Joaquín, Meli, Carmen ... Recuerdo las largas charlas en el Seminario de Corbán con Quique y Carlos.
Recuerdo que me sentía privilegiado cuando cantaba la angélica durante la celebración de la Pascua ante una iglesia repleta de caras deseosas de celebrar el tiempo de la Resurrección: "Exulten por fin los coros de los ángeles ..."
Hace ya unos años que me alejé, creo que de manera definitiva, de todo eso. Quedan las personas, claro, la mayoría de ellas. Y queda mucho dolor. El dolor de aquellos momentos en los que no pude seguir adelante con una fuerte fractura, la de creer viva, sinceramente, en el mensaje cristiano y a un tiempo ser homosexual, y con ello sentir cada día con más frecuencia agresiones por parte de tantos cristianos y sobre todo de su jerarquía. Traté, desde mi adolescencia, de superar el conflicto. Traté de ignorar ciertos mensajes y me esforcé hasta hace bien poco por llegar hasta teólogos y pastores que no me invisibilizaban ni me excluían (Javier Gafo, algunos jesuitas de Sal Terrae, las asociaciones de mujeres teólogas y la de teólogos Juan XXIII, Benjamín Forcano ...). Luché por participar, vivir, compartir con la misma entrega sonriente que había visto en mi familia y en tantos de mis amigos, en toda la buena gente con la que compartí tantas veces oración, silencio, fiesta y eucaristía.
Pero llegó ese momento en el que no pude ya resistir la tensión y me quebré. Recuerdo un año oscuro, una Semana Santa oscura, esa en la que por vez primera decidí que no me sentía bienvenido a la Pascua y preferí excluirme. Fue necesario una vez más, como en otros momentos dolorosos de mi vida, permanecer en pie, a la intemperie, desnudo. Fue necesario construir poco a poco un nuevo cuerpo, un nuevo espíritu, unos nuevos valores que me permitieran seguir en camino.
Año tras año, vuelven estos cuatro días intensos que recuerdan la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Sale a la calle el paso de la foto, el Cristo de la Agonía, con el que procesioné de crío. Y se amontonan emociones, caras y recuerdos.
Siento un profundo respeto por todas las personas que viven su fe, sus creencias, con honestidad y valor. Por aquellas que tratan de vivir sus principios sin violentar a los demás. Por quienes trabajan en tantos lugares por un mundo más libre y más justo. Muchas de esas personas son católicas, y merecen todo mi aprecio.
Pero en estos días especiales del mes de marzo de 2008, AD, me limitaré a escuchar el Viernes Santo, como cada año, la Pasión Según San Mateo de Bach (este año, de entre las quince grabaciones que tengo, toca la versión mítica de Harnoncourt-1970). Y otra vez estaré ausente de la celebración de la Cena, de la lectura de la Pasión y sobre todo de la gran fiesta de la Vigilia Pascual. Otra vez será doloroso. Pero sé que nadie allá va a echarme de menos.

10 comentarios:

Agata dijo...

Admiro a personas como tú.Homosexuales y a la vez cristianos.Una cosa no tiene por qué excluir a la otra.No debería.Yo no soy homosexual,ni tampoco cristiana...pero respeto muchísimo lo que hagan los demás.Debe ser complicado defender esas dos cosas sin que uno mismo se encuentre con muros hechos por las personas que no entienden tu manera de pensar y de sentir.Sinceramente te deseo que seas feliz.Y que las cosas no sean tan complicadas...Con tu permiso,me quedo hoy también escuchando lo mismo que tú.Un verdadero placer para mis oidos.

ANA DE LA ROBLA dijo...

Escuché ayer la Pasión según Mateo (no San Mateo, como solemos decir siempre por costumbre, ¿verdad?). Imposible no estremecerse. Entiendo lo que dices, ese sentimiento de exclusión, de desarraigo respecto a la "comunidad católica" -no cristiana-, va conmigo desde niña por razones varias; algunas las conoces.
Un abrazo cálido, y un beso.

Alfonso dijo...

Yo te entiendo perfectamente, porque lo que cuentas es similar a lo que yo he vivido. Fe en Comunidad, muerte que se te presenta de pronto... pero yo, he tenido suerte, sigo manteniendo mi fe intacta. Y ahí estoy. Eso sí. Desde la Frontera.
Pero sigo creyendo en el mensaje de Jesús, que es lo que me importa.
¿Qué me atacan, que me insultan desde entro de la Iglesia? Pues sí, lo hacen. Incluso personalmente, no cuando se dirigen a los homosexuales, sino cuando se dirigen a mi persona, a Alfonso. ¿Qué duele? Sí, sobre todo porque se supone que son tus hermanos. Pero mira, a Cristo, también lo insultaban. No me convierto en un conformista, pero me da fuerzas.
Y ahí sigo.
Siento que tú hayas llegado a esta fase. De todas formas, eres joven -siempre se es joven- y nunca se sabe que se hará mañana.
Lo que si te aseguro, es que estás más cerca de Dios - aunque a veces te cueste creerlo - cuando te paras a escuchar a Bach, y su Pasión, que muchos cristianos que no tienen ni idea de lo que es no ya la oración, si no la reflexión, como tú la acabas de hacer en tu blog. De todas formas, nunca te preocupes por esto, eres humano. Y si tu ahora , no puedes, los demás podremos por ti.
Un abrazo, y felices pascuas :)

Rukaegos dijo...

Gracias a los tres por vuestas intervenciones.

Ágata ... en realidad yo también siento admiración por quienes como Alfonso siguen luchando. Pero en realidad yo me retiré ya de esa guerra. No tenía ya espacio para más sufrimiento.

Y sí, Ana, conozco algunas de tus razones. Pero conozco sobre todo la más grave, y es que tantos de quienes se dicen católicos ignoran los principios más elementales de la doctrina cristiana. Allá ellos.

Y comparto, claro, tus reflexiones desde La Frontera, Alfonso. Pero como decía aprendía caminar solo, lejos de esa comunidad en la que sin embargo mantengo tantos buenos amigos entre tantas buenas personas como me encontré. Puede que un día te haga llegar uno de mis poemas, Nínive (Ana lo conocerá, supongo). Uno en el que Jonás elige la libertad dentro de la ballena antes que la obediencia.

Felices Pascuas a los tres.

Elena dijo...

Uf, menudo texto en el que reencontrarte, Rukaegos (en realidad dejé un comentario en el del aniversario del 11 de marzo, pero ya supongo que algo debí hacer mal y no quedó grabado...).

Yo perdí la fe muy pronto, en la adolescencia, pero la tuve de niña, desde luego que la tuve, y la que tiene mi madre siempre me hace pensar y me recuerda la que yo tuve (la religiosidad de mi madre es tan alegre, tan anárquica, tan juanveintitresiana, tan libre, tan vital y tan poco ritual...). Así que mi proceso, siendo doloroso, fue gradual y temprano y afectaba a la esencia misma del hecho religioso, de modo que no hubo desgarro.

Pero tú sí te has desgarrado, o te han. A jirones te han arrancado la que era tu piel porque no les gustaba, hasta que te la has cosido, te la has vestido y has tomado el camino que te quedaba. Lo que no me queda claro, probablemente porque tampoco tú lo tengas claro, ni falta que hace, es el asunto de la fe. No he comprendido si en ese proceso de desencanto también fue languideciendo la fe o si, por el contrario, sigues siendo creyente. Excuso decir que no estoy preguntando.

En cualquier caso, tu texto me ha conmovido porque he reconocido en cada línea (sé que apenas nos conocemos)esa pasión tan tuya por intentar analizar con tu poderosa inteligencia las emociones brutales que la vida nos arroja a veces como síntesis inapelables de lo que somos. No siempre son desvelables, pero tú siempre lo intentas. Nunca nadie podrá quitarte esa gloria.

Qué bella y verdadera (platónicos estamos, siempre lo estaremos) la música como respuesta. Yo ando últimamente con la música sacra de Schubert, que no conocía en absoluto, y estoy muy sorprendida.

Supongo que habrás visto El Evangelio según San Mateo, de Pasolini. A mí me la recomendaba siempre mi madre, claro, y cuando al fin la vi me quedé alucinada. Es increíble.

Déjame decirte - sé que sonará pueril y que parecerá que no me he enterado de nada - que estoy segura que sí habrá quien te eche de menos en esas vigilias pascuales. A lo mejor apenas se lo reconocen a sí mismos, pero en lo más profundo de su corazón más de uno sentirá el huequito de tu coherencia, de tu presencia y de tu marcha.

Michel Mañanes dijo...

Vengo a leerte y a saludarte de nuevo Rukaegos :-)

A decirte que lo que cuentas aqui me trae muchos recuerdos.

A decirte cuánto siento lo que te pasó (creo que viví esa época si no contigo sí cerca de tí).

A decirte que creo que olvidaste mencionar a alguien que si te estará echando en falta, aunque desde el cielo, y ese es Rufino: Qué dolorosa su desaparición tan repentina ¿Verdad?

A decirte que, en este mundo enfrentado, encorsetado, mudo ante las maldades, formalista hasta más profunda estupidez (recuerda; la única cosa verdaderamente infinita según Albert)2 cosas, siempre y pese a todo, se abren camino; la naturaleza y la verdad.
Tarde o temprano siempre reaparecen con más fuerza si cabe. Como la fuerza del agua.

Finalmente y puesto que todos hablan de la, para mi tan sagrada (como muy bien sabes
Rukaegos) "MATTHÄUS PASSION" BWV 244 de J.S BACH (ni se me ocurre volver a poner el "San" por ninguna parte como señala tan acertadamente Ana) o lo que es lo mismo mi tan querida "Passio Domini nostri Jesu Christi secundum Evangelistam Matthaeum",(dicho así espero no ofender los oidos de nadie Lol) recordar las bellas palabras de una de mis partes favoritas: El Aria (¿O debería decir "Aire"?) No.39 para Voz soprano (en este caso contratenor), 1 violin, 1 viola, 2 chelos y bajo continuo, en este caso órgano portativo:

'Erbarme dich,
Mein Gott, um meinem Zähren willen!
Schaue hier,
Herz und Auge weint vor dir bitterlich.'

Que traducido por el aqui presente(por algo estudió alemán :-)

"Apiádate,
Dios mío, por amor de mis lagrimas
Mira aqui,
Corazón y ojos lloran ante ti amargamente"

(Y no la ultraconocida y pésima traducción siguiente:

"Señor, ten misericordia, (??No esta escrito por ninguna parte)
Mi Dios, porque de mi llanto! (??)
Mira aquí,
Corazón y los (??) ojos lloran por (??) ti
Amargamente"

El que sepa alemán sabrá de esas correcciones y del porqué. ¿Nich Wahr?

Audio: Os recomiendo la versión en YouTube o imeem de Andreas Scholl y el director Philippe Herreweghe y su Collegium Vocale Gent Ensemble. Uno de nuestros tesoros más recientes. Quizá, en cuan
to a esta versión, la más sublime. (Links abajo). Sin, por ello, dejar de estar en perfecta concordancia con la que mencionas de Harnoncourt.

Me parecía interesante recordar estas palabras cuando, como muy bien decias Rukaegos,los católicos practicantes parecen olvidar el porqué de entrar en un Iglesia...

Y para cerrar: A veces me pregunto si lo recordará el mismísimo Pápa...

P.D: Hm...Menos en alemán, ambos llevan el dichoso "San" en Inglés y en francés...Lo siento de veras Ana :-). Habrá que hacer algo. Y ahora que hablamos de las Olimpiadas, propongo la genial idea de que los deportistas vayan esposados como ofrece Rukaegos y además el público lleve pancartas
de protesta por el indignante "San" de la Matthäus Passion. Si me pagan el viaje, yo me apunto! Lol. Abrazos comprensivos

Esto se ha convertido en un testamento, lo siento :-)

Links:
http://es.youtube.com/watch?v=pxlyIhnqujQ

http://michelmananes.imeem.com/playlist/gfrnDv2E/js_bach_for_the_glory_of_god_music_playlist/

ISIDRO R. AYESTARAN dijo...

Hermoso texto, amigo, que invita a la reflexiòn y a la mirada al vacío.
Nos conocemos y sabemos lo que es esto, cómo se mueve esta gente y que están limitados a vivir entre sus cuatro paredes sin opción alguna a tener una puerta entreabierta a nada.
Yo también me vi obligado a abandonar muchas cosas por ser como soy y, especialmente, por defender a capa y espada mi visión del mundo en mi obra NOCTURNOS.
Aún así, también me encontré a mucha gente que me apoyó incondicionlamente sin permitirme que me alejara del todo, por lo que sigo yendo por las calles de Santander con mi cofradía al frente, sabiendo, con especial orgullo, que jamás me darán la espalda ni me dedicarán una mala palabra.
La jerarquía y su manera de prostituir el Mensaje a su antojo están condenadas a la indiferencia de mucha gente. Pero ellos se lo han buscado.
Lo verdaderamente importante es la gente que te estrecha la mano, te sonríe y te da una palmada en la espalda en los momentos de bajón... A pesar de que siga habiendo mucho fariseo suelto que intente desmoronar todo ese ambiente cordial.
Sé que nunca lo conseguirán.

Un saludo muy fuerte.
Seguiré leyéndote.

Anónimo dijo...

Todavia quedamos algunos que contra todo lo que nos dicen seguimos en la brecha,Isidro es uno de ellos y conozco unos cuantos mas,incluso en una asociación de Gais y lesbianas de esta ciudad,inasequibles al desaliento pero Isidro lo dice lo importante es el Mensaje y nada mas.Un besuco.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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