jueves, agosto 23, 2007

REVILLA NO ASELA





¡Mira que está guapa y galana la jatona de la foto, lista para los cercanos Campanos de Abiada! Si me preguntan hace un par de días, les hubiera jurado por el Niño Jesús de Praga que con ese donaire y ese porte, la rumianta en cuestión es vaca tudanca de las de pro. Pero desde las últimas declaraciones de nuestro nunca bien ponderado presidente, que desde que descubrió su vocación de tertuliano friki y opinante infinito no descansa, empiezo a pensar que se trata de una frisona mal peinada.

Nada amigo soy de esencialismos identitarios, nacionalismos, regionalismos y horizontes cerrados de varia sazón. Pero sí creo ser una persona con los ojos y el corazón abiertos hacia cuanto me rodea, creo ser cántabro (un día de estos castigaré a mis sufridos lectores explicándoles qué entiendo por "ser cántabro"), tanto como el que más. Por haber nacido en este bello rincón del mundo, haber vivido desde siempre entre sus gentes y haber aprendido de ellas paisajes, tradiciones, culturas, músicas, sonrisas, sabores. Vida.

Y por eso pensaba que ya eran historia esos tiempos en los que un maestro venía desde cualquier parte de la piel de toro a dar coscorrones a los chavales que en la escuela de Espinilla, la de Santibáñez, la de Tama o la de Bielva osaban proferir un vocablo que el recién llegado no entendía y de inmediato calificaba de barbarismo y se obcecaba en erradicar. Se podía pronunciar el castellano "a la andaluza" (algo que tal vez hiciera el propio enseñante), pero si aspirabas la hache, ibas listo.

Pero hete aquí que dice nuestro infinito Presidente, ese que no va a los conciertos porque se duerme, salvo que los patrocine ASCAN, que lo que algunos llaman "idioma cántabro" no es más que "español mal hablado" (sic), zanjando puro en ristre cualquier discusión más o menos insensata que pudiera entablarse al respecto. Y es que todos sabemos que las asignaturas de Dialectología o Lingüística General entre otras forman parte del currículo de Revilla y demás licenciados en Económicas que en el mundo han sido.

No voy a entrar ahora en qué haya exactamente baj0 la denominación de "cántabro" (en este caso me gusta más montañés). Sé que no comparto las posiciones radicales de quienes pretenden hacerlo lengua oficial y de enseñanza obligatoria. Ni siquiera creo que llegue a ostentar rasgo de lengua. Pero creo que despreciar el habla popular de nuestros mayores y de muchos contemporáneos habla de la ignorancia no de quien dice "jachu"sino de quien lo califica de "mal español". Habría que recomendar a Revilla la lectura de García Lomas y sus estudios sensatos y documentados sobre el habla montañesa y sus rasgos característicos. O los estudios sobre los dialectos del castellano viejo publicados por Emilio Alarcos. Habría que explicarle la belleza de esas construcciones, de esos sonidos, de esos vocablos que han dado respuesta en nuestros pueblos a la necesidad esencial del ser humano, la de comunicarse, la de dar nombre a la realidad que lo envuelve. Pero no sé si lo entendería, perdido en su cantabricidad folklórica de pañuelo rojo y palo pintu.

Decía en su "Introducción a la Lingüística" George Yule que las variedades dialectales suponen simplemente diferentes formas de realizar las estructuras de un idioma. No mejores ni peores, diferentes. Algunos, que temen a la diferencia porque viven de uniformizar y otorgar diplomas de buen español y buen cántabro, seguirán diciendo que en México o Argentina se habla mal español (por Tutatis que lo hablan bello y sorprendente). Esos mismos, irán de pueblos como si fueran de safari, escucharán hablar a mujerucas que podrían haber sido Gaspara Saro o Braulia Bear, cayonesa la primera, campurriana de arriban la segunda, tatarabuelas mías ambas, y decir que su lengua ancestral es un español mal hablado. Y se sentirán superiores y listísimos y se pensarán hombres de mundo. Y regresarán a sus casas hinchados de ese tipo de felicidad que sólo llegan a poseer los estúpidos y los ignorantes.

Hace un par de años, hubo la oportunidad en el Parlamento de Cantabria de declarar Bien de Interés Cultural el cántabro o montañés. Abrir la puerta para que se estudiara y se preservaran sus peculiaridades de la homogénea lengua que impone la televisión (esa que ya no sabe usar correctamente el subjuntivo pero que a Revilla Infinito no parece preocuparle). Hubiera sido una decisión, creo, sensata y equilibrada. Pero la propuesta perdió por Tres a Cero.

Y es que mucha Cantabria, mucha Cantabria, pero este Revilla a veces, de calleju'n camberu y en el trampiscau, no nos jaz labor.

10 comentarios:

Cantabrica dijo...

¿Dónde estan los "radicales" que pretenden hacerlo lengua oficial y de enseñanza obligatoria?

¿Acaso tiene mayor legítimidad moral imponer la cultura y lengua castellana como la única con derecho a pervivir y a recibir el apoyo y reconocimiento público de un gobierno que se dice "de Cantabria"?

No vendamos espantajos; tan etéreos, indiscriminados e infantiles, como malintencionados en su afan de estigmas criminalizatorios. Porque si eso es todo lo que se sabe, no es que no se sepa nada, es que no se quiere saber ni entender nada sobre aquellos de los que tanto se habla, como por completo se desconoce cualquiera de sus planteamientos.
De cualquier forma, se agradecería la sinceridad de citar expresamente a los "radicales" que tan genéricamente se señala.

Los únicos esencialismos nacionalistas de vía estrecha que veo en Cantabria son los españoles.
No seamos hipócritas.

Anónimo dijo...

Diccionario Castellano - Cántabro
www.adic-cantabria.org/verComunicado.asp?idcomunicado=123

enore dijo...

Rukaegos:
Comparto el 80 por ciento de lo que dices, pero creo que uniformizar dentro de un único concepto y una sola denominación, sea cántabro, montañés o como queramos llamarlo; el habla de esta tierra es un error fácilmente evitable.
Por otra parte, comentas en tu texto los estudios de Alarcos, me da la impresión que a la base cultural de Revilla había que mencionarle nombres como el de Menéndez Pidal, que le sonará más, aunque sea para llegar a la conclusión que tenía que ser primo de Menéndez Pelayo, dada su afición a localizar parentescos cántabros.
Cuando en 1995 Manuel Alvar publicó el “Atlas lingüístico etnográfico de Cantabria”, puso sobre la mesa una magnífica herramienta que permitía, junto al “Léxico de los marineros peninsulares”, las obras de García Lomas y algún otro trabajo disperso, elaborar una teoría lingüística científica sobre Cantabria. Lamentablemente nada de esto ha pasado. Dudo incluso que las bibliotecas públicas de Cantabria ofrezcan alguna de las publicaciones de Alvar mencionadas.
Una anécdota: hace algún tiempo compartía café y conversaciones en la cuenca alta del Pisueña con una notaria y una registradora de la propiedad foráneas, reuniones a las que ocasionalmente se unía la juez (o debería de decir jueza) de paz, natural del valle, de uno de los pueblos más altos del municipio, cuyo lenguaje y entonación era un placer escuchar. Sin embargo, más vecinos de la zona que dedos tengo en mis manos (cinco en cada una, no tengo carencias ni excesos) hacían chistes y comentarios sarcásticos sobre su modo de expresión y el contraste que suponía con sus compañeras de tertulia.
En fin, amigo, Cantabria.

Anónimo dijo...

Conceju-CNC matiza las declaraciones de Revilla

Anónimo dijo...

Carta a un ignorante

Rukaegos dijo...

Gracias a todos por vuestras aportaciones y comentarios. Y un par de matices.
En primer lugar, no me dejaba esta tarde subir la foto, así que la tudanca esa tan lozana y campurriana es el bóvido al que se refiere el texto.
Anécdotas aparte, para Cantábrica: la mención al radicalismo es una ironía sobre la mención en idéntico sentido que realizó Revilla en sus declaraciones. Lo siento si no ha quedado clara con el resto del contexto del artículo, porque en efecto no conozco a nadie que pretenda imponerla (bueno, sí conozco a un par de personas, pero no creo que eso sea significativo).
En cuanto a los esencialismos identitarios, me limito a decir, también con cierto toque irónico, que yo no lo soy. Ni en una dirección ni en otra. Ni en Cantabria, ni en Sebastopol. Lo que no significa que no sienta respeto, cariño y curiosidad por lo que de historia, tradiciones, costumbres, música,mitología, arte, lengua y demás se haya constituido el patrimonio de la tierra en la que nací y que considero mía, tanto como de cualquiera. Pero creo que está claro en el texto que mis críticas se dirigen hacia Miguel Ángel Revilla y sus últimas declaraciones y no a otras personas o grupos.

De acuerdo en todo con Enore. Usé cántabro/montañés para no entrar en otras profundidades para las cuáles, por cierto, no estoy capacitado. Tengo claro que las hablas de Pas y Líebana tienen marcas características diferenciales, como también algunas comunes. Pero trataba de simplificar el discurso. En cuanto a la anécdota,no te olvides de que en Santander todavía se dice "voy a la provincia" como si se fuera a visitar un parque temático, y que mucha gente sigue utilizando el adjetivo "pasiego" como despectivo, tanto en el sentido de "taimado" como en el de "bruto, inculto". Recuerda la copla aquella de "Me llamaste pasieguca/pensando que era vileza".

Sobre los otros textos, confieso que son las dos de la mañana, que tengo gripe y ando medio mareado y que acabo de llegar de una sesión de a/ mesa redonda sobre violencia escolar, b/ lectura poética, c/un par de cervezas con Íñigo Lamarca, Ararteko (Defensor del Pueblo del Páis Vasco) y buen amigo. Así que entenderéis que espere hasta mañana. Saludos.

Anónimo dijo...

::: Carta a un ignorante :::

-corrected link-

Anónimo dijo...

Enhorabuena por la valentía que demuestras al posicionarte a favor del patrimonio lingüístico de Cantabria.

Existen tres posturas ante este asunto: negarlo y tildarlo de cateto, a todas luces lamentable; reconocer su existencia y considerarlo parte integrante del patrimonio etnográfico de Cantabria, lo que significa optar por su musealización y consiguiente fosilización; y en tercer y último lugar, aceptar que existe como una realidad lingüística viva, en constante transformación y adaptación al cambio, lo que supone comprometerse a asegurar su uso activo en la vida cotidiana, urbana y rural, literaria y administrativa, en los medios de comunicación, internet, etc.

La tercera opción, es decir, aquella que supone potenciar su capacidad connatural de actualización, abierta a la experiencia, exige su normalización social, tal y como están haciendo en el Principado de Asturias sin que nadie (o casi) se eche las manos a la cabeza. Para ello es necesario dotarse de una modalidad estándar que sirva como marco de referencia supralectal, o lo que es igual, pasar del “montañés” (denominación aplicable a las modalidades de la montaña occidental) al “cántabru” (modalidad estándar), sin por ello perder las variantes de base.

La idea central no es comunicarse en cántabru, sino, simplemente, comunicarse, pero que en el intercambio de ideas también puedan participar aquellos hablantes de modalidades consideradas hasta el día de hoy paletas e ignorantes. Todos tenemos derecho a participar en la vida pública y a que se nos respete por lo que somos o hemos decidio ser.

Como se puede observar, estoy apelando a derechos del individuo, nada más. No me considero nacionalista ni regionalista, aunque poco importe aquí mi adscripción política.

Por cierto, recuerdo que la UNESCO incluye las modalidades del occidente de Cantabria dentro del dominio lingüístico asturiano – leonés, reconocido como lengua en grave peligro de extinción, al nivel de otras muchas que agonizan a lo largo y ancho del mundo.

Enhorabuena, de nuevo, por tu iniciativa.

Serrón
www.elrobledaldetodos.blogspot.com

Anónimo dijo...

~ { Diccionario Castellano-Cántabro } ~

::::Derecho de réplica. Diccionario Cántabro::::

Anónimo dijo...

A mi me gusta más decirme cántabro, básicamente porque nunca he dicho "soy montañés" a nadie. También tiene que ver que he nacido hace 30 años.

En cualquier caso, anteriormente, también había muchísima gente que le gustaba decirse cántabro.

Cántabro y montañés son gentilicios que nos vienen acompañando desde hace siglos. Cierto es que cántabro tiene más antigüedad que lo de montañés.

En cualquier caso, montañeses hay muchos, igual que montañas. Sin embargo, Cantabria sólo hay, y cántabros solo somos nosotros.

Creo que se me entiende. Un saludo.

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