jueves, mayo 19, 2016

IMBÉCILES SIN FRONTERAS: CAÑIZARES, EL IMPERIAL.


Este señor de rojo con pasión por las batas de cola me ha invitado hoy de mañanuca a salir de mi letargo bloguero para proponer una nueva candidatura a la selecta nómina de la ONG Imbéciles sin Fronteras, en la que tienen asiento de honor con terciopelo arco-iris y ribete rosa las perlas incesantes de la incontinencia homófoba.
 
No es que sea el primero en culpar a los mariquitusos de todos los males del universo, y por desgracia no va a ser el último, pero su referencia a la conquista del Imperio Gay me ha resultado, ya imagináis ustedes vosotros, especialmente simpaticorra. Vuelve a la matraca habitual, la familia cristiana está en peligro por culpa de ciertos dirigentes políticos, ciertas ideologías feministas y el Imperio Gay. Que se lo contó a él Darth Vader disfrazado de Lady Gaga el otro día en el Mogambo. Oye, que puesto que los ciertos dirigentes tienen la culpa de todo y de más, pues no le vamos a quitar razones a don Antonio, y hasta me parece que de su encendida homilía en defensa de la familia-según-él hay que destacar con reverencia y agradecimiento que haya hablado de feministas y no de feminazis, y ni siquiera haya utilizado, siempre según la prensa, que credibilidad tiene la que tiene, el palabro hembrismo que, siempre según Twitter, anda pensando la Real Academia de la Neolengua en incorporar al diccionario.
 
Y es que vivimos en un sinvivir de inmoralidad, que ya lo dijo su colega, el hermano feo de Paco Clavel: "Madrid peca masivamente". Y por eso somos líderes, por fin líderes en algo, ay, en baja natalidad, en políticas familiares, en incremento del número de abortos, en las rupturas matrimoniales y en las uniones de hecho (imagino que se refiere a todos los tipos de matrimonio que no le gustan, así que tan malo es para Cañizares desunirse como unirse y olé).
 
Donde si le veo pelín exagerado es en su entrecomillado sobre la ideología de género, en la que dice ver "la más insidiosa que ha habido en toda la historia de la humanidad". Un poco de por favor, Monse, que me parece a mí que comparada a Adolf Hitler y su troupe, a Stalin, a Atatürk, a varios genocidas de bolsillo más e incluso a los extremismos religiosos tipo Daesh-Isis o la Santa Inquisición, sin ir más lejos, la malvadoperversa ideología de género se queda en un juego de niñas con su Ken Arzobispo.
 
Reconozco, eso sí, que lo del Imperio Gay mola mazo. Me veo yo desfilando al son de la Marcha Imperial Gay (gracias, Nacho Paredero por tan grande aportación), el I will survive, el A quién le importa o el Born this way, mismamente, por las calles de la Galaxia Santander reclutando a mocetones berbes o imberbes según los gustos y la tarde, inocentes ellos, para sacar La Fuerza (ya están pensando lo que yo pienso que piensan, eh, cochinorros) y revelarles la Nueva Verdad. Convirtiéndolos así en imitadores de Isabel Pantoja, incorporando tacones y bolsos a su look chándal, y sobre todo haciendo de sus partes un mero juguete sin función católico-reproductiva que valga. El Apocalipsis viste de Prada.
 
Les dejo, que me toca mañana de apostolado. Hay un camarero por ahí la mar de turgente que tiene que ser conquistado para La Fuerza sí o sí y hoy mejor que mañana.
 
 
 

lunes, marzo 07, 2016

LO QUE SE AVECINA... EL CABARET DE LOS HOMBRES PERDIDOS


 
¿Cómo cambiarle el rostro a una programación, cómo abrir la puerta a propuestas arriesgadas que apuntan hacia nuevos públicos y que hubieran estado censuradas en el mismo espacio hace solo unos meses? Hago hincapié sobre todo en esa necesidad del encuentro con el público, con el de siempre pero también con uno nuevo que todavía no ha descubierto que teatros y auditorios también trabajan para él, que todavía no sabe que la música, la danza, el teatro pueden sembrar en su corazón emociones desconocidas de puro intensas.
 
La apuesta por "El cabaret de los hombres perdidos" quiere ser parte de ese camino de encuentros. Aparece como primera vez de una especie de ciclo, El Palacio Canalla, que nos hemos sacado de la manga para dar cabida a tres tipos de espectáculos. En primer lugar, los que podríamos calificar de "para público adulto" (qué gazmoños y santurrones estamos volviéndonos de nuevo), o lo que es lo mismo, aquellas en las que un plus de dureza, violencia, sexo o cuerpos puedan perturbar la sagrada paz de un determinado perfil quizás muy tradicional en sus gustos pero que, ojo, a día de hoy es el que nos permite llenar los teatros, así que todo el respeto para ellos pero hay que ir un poco más lejos; en segundo lugar, una música más festiva que hemos definido como "de puertos, polígonos y tabernas", que es como no decir nada y decirlo todo; y por fin, lenguajes contemporáneos más o menos radicales y experimentales, esos lenguajes que hacen avanzar los códigos del arte, que tratan de explicar nuestra realidad, que nos miran desde nuestro propio ahora y que por lo mismo resultan tantas veces transgresores o crípticos.
 
Pues bien, es ese Palacio Canalla el que va a recibir el 11 de marzo a las 22:00 este peculiar musical que viene ya envuelto en esa especie de aura mágica que implica la calificación "de culto". No hay que tenerle miedo, al final es mucho más convencional de lo que su título puede dar a entender, pero hay música de calidad, intérpretes que se crecen con cada representación, un humor ácido y una libertad en el tratamiento del sexo y de los cuerpos que nos aproximan a la esencia del viejo cabaret. Todo para tejer la historia de un muchacho perseguido que entra para refugiarse en este extraño lugar donde le esperan un transformista, un tatuador y El Destino, tres personajes que le propondrán un juego no poco perverso, el de conocer su futuro y el de contar con la oportunidad, quién sabe, de cambiarlo.
 
A veces en Santander, muchas veces lo he comentado en este mismo blog, nos miramos como si estuviéramos adormilados, como si nada pudiera pasar. Dejemos que pase, dejemos que entre el aire fresco y que sea el primer día de muchos días diferentes en nuestro Palacio de Festivales de Cantabria.

viernes, marzo 04, 2016

LA FAMILIA DE VIL EN SANTANDER


El antaño Malvado Rukaegos de los pseudomítica y absurda serie "Momentos estelares" anda perdiendo calidad para el ridículo, así que de peripatético ha decidido continuar explorando lodazales morales y físicos pero ahora hibridando el menos sagaz periodismo con el más estulto quehacer detectivesco para responder desde el Observatorio La Magdalena (traducido al esmartismo clásico como "The Muffin Observer") a algunos de los interrogantes más misteriosos de esta ciudad que un día fue posible y hoy, precisamente hoy, es solo vendaval y aguacero.
 
Y entre esas preguntas esenciales hay una que aterroriza y embelesa a un tiempo a Rukaegos. ¿Qué fue de la fementida estirpe de Cruella de Vil una vez frustrados sus afanes peleteros con dálmatas? Porque la cruda y temida realidad es que la señora De Vil se mudó a Santander, donde con el tiempo fue dando forma  a una larga familia cuyos hoy numerosos miembros entre sí por dos temibles marcas. La primera de ellas, oculta a todos, es la de utilizar el apellido desechado por infame como segundo o tercer nombre; la segunda, el paralelo odio por los animales de toda condición y la pasión por sus pieles.
 
En días recientes pudo por fin Rukaegos, oh pérfido, armar pruebas suficientes para detectar a varios miembros de la familia de doña Cruella. Y es que llevaba tiempo Aurora Hernández, concejala del grupo socialista, intentando que Smartander adoptara medidas a un tiempo empáticas y racionales para enfrentar por fin desde el sentido común y el respeto a los animales la superpoblación de gatos callejeros cuando puso el grito en el cielo la concejala de gatos, María De Vil Tejerina: "¿Gatos? ¿Ha dicho gatos? ¡Hay que matarlos!¡Esa es la única forma, matarlos, matarlos, matarlos!". Pronto retransmitió el rifirrafe la prensa, desde un titular objetivo y serio donde los haya publicado en El Diario De Vil Montañés que acusaba a la concejala rojeras de intentar llenar Smartander de gatos furiosos y rabiosos para exterminar ratas. Noticia no por asombrosa cierta y que desde luego poco tenía que ver con la defensa del protocolo CES (Captura-Esteriliza-Suelta) que tan buenos resultados viene dando en el control de colonias felinas callejeras en muchas ciudades del mundo un poco menos Smart pero un mucho más decentes.
 
No se arredró la aguerrida concejala socialista, y eso a pesar de que el Vicepresidente del Colegio de Veterinarios de Cantabria, Francisco Javier De Vil Gómez del Álamo, había subrayado los disparates periodísticos con furia "¿Gatos?¿Ha dicho gatos? ¡No sirven ni para devorar ratas! ¡Hay que matarlos, exterminarlos, torturarlos, descuajeringarlos! ¡Que mueran de sífilis, de rabia, de bocio, de sida felino, de cólico miserere, de dengue y soponcio, que mueran infectos y dolientes, que mueran! ¡Ya verán ustedes si bacterias e infecciones no son mucho mejores para exterminar esa plaga y dejarla controlada de una vez por todas!¡Ya verán!".  Un poco sobreactuado todo, sí, pero prólogo de la jornada municipal en la que por ignorancia del protocolo CES, desprecio a la oposición y matonismo de serie, el alcalde Smart Iñigo De Vil de la Serna movilizó a esbirros propios y extraños (¿O se pensaban ustedes que Jasper y Horace se habían quedado perdidos entre las brumas londinenses?) para descojonarse con muy poco respeto y mucho menos estilo de propuesta y proponente y para plantar un rotundo NO sobre la mesa presidencial del salón de plenos.
 
Fue entonces cuando el Sagaz Rukaegos apreció por un instante cómo el cintillo de la ropa interior de Iñigo De Vil parecía tejido en pelo de gata carey. Porque no, las profundas declaraciones del alcalde en el pleno "¿Gatos?¿Ha dicho gatos? ¡Cuántas veces vamos a tener que decir que no hay dinero, dinero, dinero y que hay que matarlos, matarlos, matarlos!?" no procedían de un trauma de la infancia en el que durante una pesadilla Tom se hubiera salido de la pantalla y confundido al nenealcalde con Jerry, tampoco de su afición a los canarios y la aversión lógica por Mr Jinks, ni siquiera por la consideración de Don Gato y su pandilla como sucios botelloneros urbanitas. La realidad descubierta por Rukaegos y aquí narrada es, ni más ni menos, de corte económico neoliberal: Los De Vil regentan en sociedad limitada una próspera fábrica clandestina de ropa interior en pelo de gato, que recibe pieles gatunas y conservas de trigémino de gato en salsa agridulce desde Smartander y otras ciudades amigas y teje teje teje en un oscuro arrabal de Shangay delicadas prendas interiores para las menos selectas boutiques de extrarradio.
 
Calzoncillos de siamés, braguitas de europeo tricolor, sostenes y corsés de persa azulado, camisetas de invierno de noruego de bosque, ligas y ligueros de suave vellón de cachorrito birmano, picardías de callejero blanquinegro o atigrado, atrevidísimas tangas de chartreux. Todo un lujo exquisito y rentable que los De Vil defenderán con colmillos y uñas mientras les sea posible. Porque a los gatos hay que matarlos, matarlos y matarlos. Hombre, ya.

viernes, febrero 19, 2016

LO QUE SE AVECINA... "LA PIEDRA OSCURA", DE ALBERTO CONEJERO


Sigo queriendo explicar, y aprovecharme de mi blog para hacerlo, las razones de una programación, parte por parte. Al menos de aquellas convocatorias para mí más significativas. Y si a Lindsay Kemp y su magia de colores le han correspondido el 25 y el 26 de febrero, marzo se abre con teatro, con una obra de teatro que ha calado hondo en crítica y público y continúa recorriendo esos teatros hambrientos de grandes textos y de interpretaciones memorables.

 La piedra oscura, ese singular duelo interpretativo a dos voces tramado por el escritor Alberto Conejero con la atinada y emocionante dirección de Pablo Messiez y las interpretaciones en estado de gracia, en demoledor estado de gracia, de Daniel Grao y de Nacho Sánchez, tendrá siempre un lugarcito especial reservado en mi corazón.
 
Os cuento, son muchas las razones, y no es menor la de que en su recorrido la obra haya pasado por el Teatro Solís de Montevideo; no hace falta que os cuente a estas alturas las raíces de mi afecto por El Paisito, y ya os imaginaréis que con lo que Leo vivía y amaba el teatro, entre los planes que no pudieron ser estaba acudir al Solís juntos. Pero la principal probablemente sea la de que La piedra oscura fue mi primera decisión en la aventura profesional que inicié el pasado mes de octubre, como coordinador de la programación del Palacio de Festivales de Cantabria. Había tenido noticias del estreno de la obra de Conejero, me habían tocado las críticas y valoraciones recibidas, pero no había conseguido encontrar entrada. Por fin pude acercarme a Madrid, al María Guerrero, y enfrentarme desde la cercanía de la Sala de la Princesa a este texto hermoso, rotundo, que se impone desde los primeros minutos hasta dejarte roto.
 
Sí, roto, con esa escenografía esencial de iluminación tenue, de aspecto gastado, sucio, con esas camisas ensangrentadas que se secaban en los respaldos de los asientos que te llevaba al verano, al terrible verano, de 1937. Roto, con esas palabras que Grao y Sánchez iban desgranando en las que latían por momentos el miedo, la resignación, las esperanzas mínimas de salvar al menos unos pocos papeles de la muerte, la desolación, la incomprensión, el encuentro necesario entre dos víctimas de una sola brutalidad. Roto, en presencia de dos interpretaciones vibrantes, que te tomaban de la mano para guiarte por el laberinto de la Guerra Civil en letra pequeña, en vidas y narraciones casi anónimas, casi olvidadas, pero cargadas de significados, sin heroísmos ni locuras, sin palabras pomposas en los libros de historia porque ¿a quién iba a importar la muerte de Rafael Rodríguez Rapún? ¿a quién el reclutamiento forzoso del chiquillo al que la guerra ha robado todo y a quien se adoctrina en el odio para convertirlo en títere del franquismo? Roto reconociendo en el texto los paisajes que acompañan esta mirada a una memoria angustiosa, unos paisajes que han formado parte de mi propia vida, Matamorosa, Reinosa, Bárcena, Santander, de una vida afortunada y luminosa que nada tiene que ver con esta fiesta de la muerte.
 
Rafael Rodríguez Rapún, que fue secretario del grupo de teatro La Barraca, que fue amado por Lorca, que fue destinatario de los Sonetos del amor oscuro, que con La Barraca pasó veranos en Santander y recorrió los pueblos de Cantabria, que militó en el PSOE madrileño, que fue herido en el frente de Reinosa a un año exacto de la muerte de su Federico, como si hubiera que tejer una leyenda, como si no le hubiera sido posible sobrevivir sin su poeta y aún así, a las puertas de la muerte, tuviera que salvar algunas obras del gran poeta granadino, Rafael sí renace con Conejero, Messiez, Grao, Sánchez y todos los que de alguna manera han hecho posible este pequeño milagro.
 
Salí más conmocionado que conmovido de la representación, y no pasaron nada más que unas pocas horas antes de que contactara con Clara Pérez para que La piedra oscura pudiera traer a Rapún de vuelta a este Santander que le vio disfrutar de la vida y que fue también su silenciosa tumba.
 
Teatro de proximidad, ese que te hace temblar cuando el actor tiembla a escasos metros de tu asiento, en el escenario de la Sala Argenta, los próximos 4 y 5 de marzo, teatro con historia, con memoria, con humanidad, con desgarro, teatro que te impregna y da fuego al amor por las tablas. Un consejo: no se lo pierdan.

jueves, febrero 11, 2016

LO QUE SE AVECINA... LINDSAY KEMP Y SUS KEMP DANCES



Fue en el verano de 1982. Imagino que Lindsay Kemp ya estaría instalado en España, junto con Italia los dos países que parecen haberse entendido mejor con los personalísimos lenguajes escénicos del británico. Es mucha la gente en Santander que recuerda el pequeño escándalo que supuso la primera aparición de Kemp en Santander, con imágenes tan entrañables como la del entonces Presidente de Cantabria tapando los ojos de su hijo mayor como si fuera preferible un ataque de ceguera física y moral antes que el posible contagio de las perversiones que discurrían con impunidad por la escena; mucha la gente que recuerda aquel mítico Flowers. Mucha la gente que se equivoca, porque no fue la fascinante conjunción entre los mundos de Kemp y los de Genet la que nos presentó a Lindsay Kemp, en 1985, sino su colorista y recordada versión de Shakespear, El sueño de una noche de verano, como apunté al principio en 1982.
 
Mis padres no eran de teatro, así que fuimos mi hermano mayor y yo quienes nos aprovechamos del abono familiar para ese Shakespeare que se anunciaba lleno de fantasía, color, magia, que se presentaba como un regreso a las esencias de la pantomima británica bajo la dirección de un artista singular e inclasificable que habría de encarnarse en Puck rodeado de danzarines, transformistas, acróbatas, mimos, conduciendo la locura de la noche de san Juan hasta un paroxismo en el que también hubo tiempo para el escandalito de turno. No se crean, por la escena santanderina ya se habían visto los primeros desnudos de la transición, o lo que es lo mismo ya había pasado por las tablas locales el Equus de Peter Shaffer en el recordado montaje de José María Rodero. Pero la locura del A midsummer's night dream daba algunos pasos más allá. Y Kemp proponía en el clímax central de la obra toda una fiesta de pasiones desatadas, de cuerpos desnudos o semidesnudos que se encontraban y se reconocían, hombre con mujer unas veces, hombre con hombre otras, mujer y asno más allá, siempre a partir del escenario cómico, grotesco y transgresor imaginado por Shakespeare.
 
Hubo quien eligió marcharse a media función. Hubo quienes nos quedamos, hipnotizados, aprisionados por el riesgo, la seducción, la fuerza expresiva de aquella producción que no se parecía a nada que pudiéramos haber visto antes. Todavía hoy, tantos años después, puede reaparecer como broma entre mi hermano y yo el grito reiterativo de la actriz que jugaba a Julieta en los ensayos de la compañía de cómicos que Puck se encuentra en los bosques de Atenas, moviéndose sobre zancos y preguntando "O Romeo, Romeo! wherefore art thou, Romeo?". "Romeo, Romeo, ¿dónde estás, Romeo?".
 
Poco sabía yo entonces de cómo Lindsay Kemp se había ido encontrando con ese personaje principal que siempre sería él mismo, nada de sus relaciones con el recientemente fallecido David Bowie y su importantísimo papel como creador de los maquillajes y ropas con los que el cantante fue Ziggy Stardust y Rey del Glam. Nada de la pantomima recuperada y reinventada desde los tiempos de Isabel I. Nada de la danza-teatro, del mimo, de Shakespeare. Nada de la originalidad y la trascendencia de aquellos movimientos por los que simplemente me deje llevar al país de los sueños.
 
Han pasado muchos años. Lindsay Kemp ha sido una presencia habitual en Santander, donde nos ha dejado además del Sueño y de Flowers   sus Alice, Nijinsky, Mikado, donde ha presentado producciones escénicas para óperas como La flauta mágica o Madame Butterfly y ha colaborado con grandes del teatro como Nuria Espert. En los últimos días de febrero, el jueves 25 y el viernes 26, arrancando en Santander su presente gira española, volverá al Palacio de Festivales de Cantabria con su lenguaje de siempre, sutil, colorista, provocador (¿es que todavía se puede provocar?), desgarrado, quizás también dulzón y amanerado, pero propio, reconocible, electrizante. Traerá una suite de escenas/danzas bajo el título Kemp dances: Invenciones y reencarnaciones que le servirán para ser de nuevo Traviata y Callas, Nijinsky, el Ángel trascendiendo... con la participación de su musa actual, la italiana Daniela Maccari y del actor/bailarín Iván Ristallo con coreografías del propio Kemp, de Luc Bouy y de Marco Berriel.
 
Crecen esas ganas de reencuentro, de convertir la cita en un homenaje a todos los sueños que Kemp fue enhebrando en nuestros ojos, de rendir de nuevo las armas ante ese rey, ante esa reinona, de las tablas que forma parte ya de la historia del teatro europeo y que a sus 78 años quiere seguir siendo parte de su presente. Si ya conocen a Kemp, ya reconocen su lenguaje, si todavía no lo vieron, no se lo pierdan: puede que esta visita sea la última.

domingo, febrero 07, 2016

33 INSTANTÁNEAS EN CAMINO


Quedan ya unos pocos poemas por rematar, dos llamadas de teléfono para el diseño del libro y para su portada, que me gustaría que estuviera inspirada en la foto que acompaña este texto y que es una de las imágenes de Leo que han generado poemas para "33 Instantáneas".

Se cumplirán en julio cinco años desde la publicación de "La mirada caliza", cinco años en los que no ha sido fácil escribir desde el abismo, pero en los que de nuevo la escritura tenía algo de grito ganador a medida que eras capaz de controlar el resultado. Cinco años, tiempo más que suficiente para que la necesidad de publicar sea ya urgencia, para que los poemas que habéis ido conociendo en este tiempo pesen demasiado y sea preciso apartarlos para que afloren otras palabras, otras emociones, otros tiempos, quizás, quién sabe, los que hablen de la soledad, la serenidad, la contemplación con un punto estoico y otro punto cínico.

Si unimos esa urgencia de ser al carácter privado, íntimo, doloroso de lo que el libro contiene, quizás se pueda entender que esta vez no tenga ganas ni humor de enviar los poemas a un certamen tras otro, en espera de suerte y de colocación del libro en alguna colección de campanillas. O lo que es lo mismo, de que desde hace ya un año, cuando empezaba a tomar clara forma, haya una fuerte decisión de optar por la tan mal vista auto-edición: Mis recuerdos, mis poemas, mi dinero, mis reglas.

Y es que la otra opción habitual en el denostado estado de las autonomías es acudir a financiación y colecciones públicas. Muchos sabéis que mi compromiso político ha devenido en un doble problema. Por un lado, desplantes, exclusiones, censuras y putaditas varias por administraciones populares con las que francamente ya no quiero trato alguno, ni siquiera con la de mi municipio natal y residencial. Por otro, no me parece conveniente dar cuartos al pregonero para que saque cantares con lo que aquí el menda se aprovecha del poder de los amigos cuando cambia el tercio.

Hace unos pocos días, precisamente, unos amigos se han puesto en contacto conmigo para pedirme un libro de poemas, un libro que podría incorporarse durante este año a la colección que lleva ya dos o tres años en funcionamiento y que vive avalada por la Consejería de Cultura de Cantabria.

He dicho que no.

No hubiera sido necesario esperar a nuevos con complejo de Adán. De hecho, se trata de valores viejos, muy viejos, que me fueron perfectamente comunicados en la educación familiar y escolar. Que a lo mejor uno viene de casta, pero de buena casta. Lo que no voy a negar es que el exhibicionismo adánico sí puede tener algo que ver con este artículo, porque me estoy cansando de que parezca que aquí solo existe la honestidad cuando los edénicos nos la cuentan (la practiquen o no, que esa es otra historia). Y contra el viejo adagio evangélico de "que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda", voy a agradecer la propuesta, pero voy a dejar claro desde ya y con publicidad que no voy a participar en la colección. Tanto por el abismo íntimo que supone para mí "33 Instantáneas" como por el hecho de que la colección viene financiada precisamente desde esa sociedad regional en la que ahora mismo me encuentro trabajando. Y aunque mi actividad como poeta tenga nula relación con mi actividad profesional o política, considero que quedaría feo publicar un libro propio pagado con dineros de todos. Cierto, me han intentado convencer con este argumento, que tengo tanto derecho como cualquier otro poeta a estar presente en la colección. Pero las formas son importantes, las ropas de la mujer de César son importantes, y aunque sé que recibiré como ya ha ocurrido buenos ataques acusándome de aprovecharme de mi posición y mis influencias, me quedo mucho más tranquilo sabiendo que los anónimos de turno simplemente no tendrán razón.

A lo que de verdad importa: A finales de marzo (qué bonito si coincidiera con el cumpleaños de Leo) o principios de abril habrá libro. Ya os estoy esperando.

domingo, enero 24, 2016

PUESTOS A PROGRAMAR...


Parece mentira, cuatro meses de silencio para este blog que ha sido tan importante en tantos momentos, que ha sido una herramienta esencial para expresarme, desahogarme, dialogar, reflexionar, meter la pata... Cuatro meses en los que mi vida ha experimentado cambios no por temporales menos relevantes y en los que aceptar la propuesta del consejero de educación, cultura y deporte del Gobierno de Cantabria para incorporarme como coordinador artístico a la Sociedad regional de educación, cultura y deporte abrió la puerta a muchas ilusiones y responsabilidades importantes. 

Aprovecho para agradecer a mis amigos, familia, redes su apoyo y su confianza, a los trabajadores y trabajadoras de la SRECD y en especial a Isabel Ibarra y a Javier Castellanos, justo con los que mi día a día definiendo contenidos y proyectos es más cercano y que me han puesto realmente fácil el cambio. También a mis perros, que quizás hayan sido los más perjudicados por nuevos horarios y ritmos, pero que lo llevan lo mejor que pueden. Y por supuesto a Pitufo Gruñón, ese gran pitufo formado por toda una recua de voluntades torcidas y malos deseos que también ha estado presente, como siempre; siempre necesito de sus salidas de tono y de educación para recordar el camino correcto.

Cierro paréntesis y retomo. Cuatro meses de silencio, pero de una actividad intensa en un territorio en el que me encuentro cómodo, en un sector en el que me tropiezo cada día con gente interesante, y que en muchos sentidos ha sido parte de mi vida casi desde que gateaba. Un trajín de cada día que ha tenido mi cabeza bloqueada y mi portátil perezoso. Pero tras meditarlo, he resuelto que el blog me sigue importando, que quiero seguir compartiendo mis puntos de vista, y que tras las primeras refriegas puede que sea este el momento adecuado para retomar las viejas buenas costumbres. Añadiendo además, por aquello de la transparencia, apuntes e informaciones sobre ese trabajo y esa programación que hemos venido definiendo y que arrancará el 25 y el 26 de febrero con el regreso de Lindasy Kemp a Santander. He decidido contaros además de mis mañas habituales algunas reflexiones sobre por qué esta programación, y detenerme poco a poco en cada propuesta, al menos para que quede claro cuál fue el hilo que llevó a elegir ese concierto, esa obra de teatro, esa propuesta de danza, mejor que muchas otras recibidas.

Comencemos por lo más general. ¿Cómo se ha determinado la programación marzo-junio 2016? Entre las primeras en la frente, esos ajustes y esa austeridad que no ha perdido actualidad y que nos hacen trabajar tendiendo al déficit mínimo, a elaborar los contenidos pensando en los ingresos por taquillas, alquileres de salas, etc, de tal manera que el coste final sea lo más prudente posible, y eso manteniendo unos precios públicos y ajustados y tratando de que no haya merma alguna en interés y calidad. Prudencia en el gasto, pues, que no debe significar cuestionamiento de la variedad ni de la calidad. El Palacio de festivales de Cantabria quiere ser una casa accesible para todas las personas, sean sus intereses más populares, sean más atrevidos o sofisticados, máxime si tenemos en cuenta que Santander no cuenta con propuestas propias y que con la excepción del estupendo Festival de Invierno de Torrelavega, es poco y puntual lo que se ofrece durante el año fuera del Palacio. Así pues, una programación llena de tensiones y diálogos: las grandes estrellas frente a los artistas emergentes, la vanguardia junto a la tradición, las propuestas comerciales junto a las experimentales, los formatos grandes junto a los recogidos, las voces que nos llegan desde otros lugares entre las que salieron desde nuestra tierra. Al final, cierto, un poco pandemónium, pero un pandemónium alegre en el que tenemos puesta mucha ilusión. En especial en algunas propuestas más difíciles, algunas apuestas más personales, y también en esa propuesta que hemos incorporado bajo el título de Un palacio canalla en la que dar cabida a espectáculos para un público adulto, en músicas ligeras y mejor con un punto tabernario o barriobajero, en lenguajes atrevidos, radicales y vanguardistas, en todas esas voces que no habían encontrado y tal vez no pudieran encontrar un acomodo en el abono general.

Esta semana os hablaré de por qué Lindsay Kemp. Y llegará el momento de hablaros de ideas en las que estamos trabajando para formar el público, para acercar a más gente superando barreras sociales y geográficas, para que nuestro Palacio sea cada día un poco más nuestro.

Pero por el momento, gracias por volver a leerme, gracias por estar atentos y recuperar mi blog conmigo. Os copio el enlace a la web oficial para que podáis ver lo que hemos seleccionado y vayáis organizando vuestros calendarios. Gracias. 

http://www.palaciofestivales.com/es/?page_id=2871

martes, septiembre 22, 2015

UN DÍA PERFECTO


No sé quién acuñaría esa vieja idea de que el verdadero Paraíso es nuestra infancia. Pero el reencuentro con los viejos compañeros y compañeras del Colegio Antares de Reinosa viene a servir como aval de la misma, del grupo de estudiantes que en todo o en parte cursamos la EGB entre 1971 y 1979 en un colegio que abría sus puertas precisamente en 1971 y que quiso ser un referente pedagógico moderno, humanista, libre, abierto. El caso es que nacidos en nuestra mayor parte en 1965, habíamos decidido celebrar juntos el medio siglo, y manos a la obra el pasado sábado, en plenas fiestas de San Mateo, nos encontramos para tomar unas cañas, comer en buena compañía y jugar a reconocer y a ser reconocidos.

Durante la preparación del encuentro, comenté a algunos profesores con los que tuve ocasión de hablar, Mari Ascen, Mari Tere o Pepe Espurz, que algo habrían hecho bien cuando el recuerdo del colegio estaba bien asentado en tantos y tan bien. 54 compañeros pudimos responder a la convocatoria, a los que habría que sumar los ocho o diez que no pudieron estar presentes ni en la comida ni en otros momentos del día por problemas laborales, el pequeñísimo grupo al que no pudimos localizar y, cómo no después de tanto tiempo, los ausentes Carlos, Moisés, José Antonio, Ester, Monchi.

Ante estos eventos tiene uno siempre sus nervios, sus reservas, sus dudas. Pero desde el primer momento, en el primer punto de encuentro que tuvo lugar a las 12:00 en la mítica bodega de Pepe el de los Vinos, la sensación fue la de que el tiempo no había pasado, de que simplemente recuperábamos las conversaciones y la confianza que habían quedado suspendidas en junio de 1979 (algunos no nos habíamos vuelto a ver desde entonces). Así fue con Jesús Ángel, Mateos y Marta, con los que configuré el primer cuarteto en llegar. Muy pronto con mi querida princesa y así poco a poco con los que se iban acercando al Pepe, al Ábrego, a la foto delante del cole, al Golf de Nestares  donde también las hermanas Torices habían organizado a la perfección la acogida y la colación ... 

Está claro que fuimos felices en el Antares, claro también que con el paso del tiempo esos pequeños espacios que se nos fueron extraviando cobran un valor especial, se nos hace evidente que los amigos de entonces, los de la infancia, los del patio del colegio, fueron los primeros y siempre serán los mejores, porque forman parte de nuestra historia privada. Allí con ellos se quedaron los primeros amores, los primeros disgustos, risas y lágrimas, juegos y estudios, pedacitos de vida y de corazón que hoy nos resultan si cabe más entrañables.

No puedo sentir más que agradecimiento por la oportunidad de haber sido niño en Reinosa y en el Antares, gracias a mis padres, a mis profesores. Pero sobre todo gracias a vosotras y a vosotros que poblasteis mi infancia de alegría, que siempre me hicisteis sentir querido, importante, especial. A vosotros que abandonasteis por un día los achaques y las responsabilidades y volvisteis a ser niños y niñas a mi lado, como si lleváramos puesto el uniforme y las mismas ganas de vivir y de soñar que entonces: Elena, Metodio, Orzowei, Marchena, Mateos, Belén, Mariluz, María, Michel, Milagros, Juan Carlos, Gus, Maricruz y Maricruz, Azu, Yolanda y Yolanda, Irene, María Jesús, Ana José, Maribel, Rocío, Marisol, María Jesús, Eva, Luisa, Santi, Jaime, Berto, Daniel, Jesusa, Pedro Antonio, Manolín, Lolo, Maribel, Rosa, Marta, Marián, Jesús, Juanjo, Tito, Nieves, Montse, Jesús Ángel,  Ana Belén, Blanca, Elisabet, Carmen, Mamen, Esperanza, Ana Isabel, Angelines, Virgilio. Y cómo no a Yolanda (otra más), a Rosi, a Mariví y a Marisol, a Ana, Geni, Maruja, María José ... en fin, a quienes no pudisteis estar el sábado pero sabéis que sois parte de esta familia bajo la eterna luz de aquella estrella roja.


miércoles, septiembre 16, 2015

HABLANDO DE ARTE


En una de mis redes sociales, en medio de uno de esos eternos, recurrentes y cuasi bizantinos debates sobre el "Toros sí, toros no", escribe un amigo algo así: "¿Cómo no va a ser la tauromaquia un arte, si multitud de pintores, poetas, escultores, fotógrafos, novelistas la han cantado fascinados por ella y la han utilizado como fuente de inspiración?". 

Nadie, imagino, cuestiona que la pintura, la poesía, la fotografía, la escultura, la danza, la novela sean arte, al menos formas de expresión artística, con independencia de cuáles sean sus fuentes de inspiración. La guerra no es arte (diga lo que diga Sun Tzu) pero sin duda lo son Guerra y paz o La carga de los mamelucos. La pedofilia no es un arte, pero sí lo es Lolita; no son un arte los taxis, pero sí pueden dar contenidos a hermosos poemas de Luis García Montero. 

Surge, en todo caso, la cuestión principal en torno a qué sea el arte. La maldita polisemia, de nuevo, y la necesidad de establecer una especie de diccionario básico con el que compartir palabras y mensajes con los otros intentando evitar el ruido, la ambigüedad, la incomunicación. Así que, sin encajar del todo en ninguna de las nueve entradas que la tal palabra le provoca a la Real Academia de la Lengua, voy a comentar el contenido que para mí es esencial en la determinación de su contenido práctico: la transformación de la realidad física y la revelación que tal transformación necesariamente desata en nuestra percepción del mundo.

Incluso en sus concreciones más clásicas, realistas y naturalistas, todo gesto artístico selecciona y altera la realidad circundante, la carga de sentidos, símbolos, preguntas, la modifica y la configura como una respuesta de un ser humano único y concreto que trabaja desde una sociedad, un espacio y un tiempo igualmente determinados, a los interrogantes propuestos desde el universo sensible, desde la vida. La pintura utilizará sus mejores herramientas, la forma, el color, la composición, la perspectiva, para atrapar el instante tal y como de él se ha apropiado el artista. La danza escribirá formas y emociones desde la estilización o la violencia de los movimientos corporales. La música inventará desde el sonido físico todo un catálogo de emociones nuevas que a veces puede aparecérsenos como infinito. No hay arte sin transformación de una materia, como tampoco lo hay sin desvelamiento. El genio del artista, si así queremos llamarlo, su intuición, su talento, su pericia, es capaz de conquistarnos cuando la obra, cuando la materia transformada, golpea nuestra consciencia. En sus mejores manifestaciones, para nuestra historia personal existe un antes y un después del encuentro con la obra de arte, también así para un hipotético yo colectivo que genera desde la epifanía de la gran obra una catarsis plural y un cambio de códigos sociales y estéticos. Desde el pasmo hasta el síndrome de Stendhal, la furia del arte nos deja sin aliento ante una Quinta de Tchaikovsky, un soneto de Góngora o las formas gigantescas de Anselm Kiefer. Aprendemos entonces que el mundo se nos expone con pliegues, sombras, recovecos que no habíamos sabido encontrar y que el artista-demiurgo es capaz de poner ante nosotros, cuestionándonos, llenándonos de preguntas. 

No veo ni transformación ni desecamiento en la violencia contra los toros, tampoco en la ejercida contra cualquier otro animal, pero de esas otras no pretendemos hablar como de arte. No es transformación, no en el sentido que exponía, el único cambio que de verdad se produce en esas digamos fiestas, el bienestar en dolor, la vida en muerte. Sólo gestos, códigos y ritos repetidos año tras año, festival tras festival, sólo liturgias cada día mas vacuas de las que nada cabe sentir en el fuero personal como llave de un nuevo conocimiento. Es posible que el público de tales hazañas sienta pavor, emoción, tensión, ante los lances presenciados una y otra vez y de sobra conocidos, como también el trueno puede asustar infinitamente al niño o el vértigo removerá nuestras tripas cada vez que nos asomemos a la ventana de un piso muy alto. Pero las descargas de adrenalina nada tienen que ver con el tránsito y el conocimiento, sí, sin embargo, con la perpetuación de los códigos más viejos, probablemente los menos nobles, del ser humano.



lunes, septiembre 07, 2015

CAFÉ ESPEJO : UN NUEVO POEMA PARA UN NUEVO LIBRO


No siempre resulta fácil encontrar el tono, los tonos, pero poco a poco han ido surgiendo los poemas que ya no tendrán que esperar mucho para convertirse en el libro que le debo a Leo y que llevará por título "33 Instantáneas". Quiero hablar de nuestra vida juntos, después de encontrarnos por fin en Barajas aquel Viernes Santo de 2009, quiero hablar de lo que fue el amor y de lo que fueron el dolor y la pérdida, construir ambos tiempos que a veces se entrecruzaron a partir de recuerdos específicos, de imágenes concretas en su mayor parte recogidas en fotografía.

He publicado algunos poemas en el Facebook, pero mi blog también se merecía alguna primicia. Allá va este CAFÉ ESPEJO para todos vosotros.

CAFÉ ESPEJO

                Para José Luis Serrano

Nacha Guevara actúa con Favero,
su pianista de siempre en el Teatro
Fernando Fernán Gómez de Madrid.

Desde los quince años yo la adoro,
a la Nacha de Noche que a caballo
va o en coche.
                         Y tú te la imaginas
como un loco personaje de la tele
con acento del Río de la Plata,
un cutis imposible y muchos años.
Entusiasmado, apruebas el proyecto
(aunque el sol de Castilla te da miedo
en este mes de julio -protección
total para tu piel de seda blanca-)
y sólo tu sonrisa vale el viaje.

Nos veremos allí con José Luis
y con Mikel, y tomaremos algo
después del espectáculo, una cena
improvisada y tres o cuatro copas.
Pero ahora estás tan guapo que te invito
a merendar primero en el Café
Espejo (quiero sentir tu mano,
comprobar sus latidos, su calor
después de tanto y tanto escalofrío)
y tú quieres como siempre alguna foto
bajo las viejas lámparas de lágrimas,
entre madera y mármol, con el niki
de punto blanco y gris y Octavio Aceves
de involuntario atrezzo allá en el fondo.

Un actor consumado, un escenario
de comedia de época, tu gesto
concentrado en quién sabe qué quimeras.
Tan frágil, tan hermoso, que ahora creo
que nunca como allí te quise tanto.

jueves, septiembre 03, 2015

REFUGIADOS



Alguien llama a tu puerta.

De manera apenas consciente te quitas las zapatillas para no hacer ruido al caminar, apagas la luz no vaya a ser que te delate al filtrase por las rendijas, bajas el volumen del televisor hasta ese límite en el que te permite escuchar tu telerrealidad favorita pero imposible de percibir fuera de la salita. Con cuidado te acomodas en tu sillón preferido y esperas. Un par de minutos y, de nuevo, el timbre. Tienes la sensación de escuchar una queja, un gemido, un llanto apagado, te levantas con calma y te acercas de puntillas por el pasillo hasta el recibidor. Pero nada, falsa alarma, o a lo mejor el gato de la vecina o algún crío en la calle, nada importante.

Han llamado por tercera vez, el toque ha sido un poco más nervioso, más apremiante. Tanto que te da un poco de miedo y te aproximas a la mirilla, solo para comprobar que no hay peligro, que no es necesario llamar a la policía.  Miras y al otro lado nada más que ojos, ojos que miran hacia la puerta cansados, aterrorizados. Resignados. Un nuevo golpe, que suena a decepción, a hartazgo, un golpe agotado. Regresas a tu sillón y a tu programa.

En la televisión la telerrealidad da paso a otra telerrealidad: familias que escapan de la guerra, de la tortura, de la muerte, familias que han visto quién sabe qué horrores o que han preferido no esperar a verlos, ríos de personas que llaman a todas las puertas aunque saben que serán mayoría las que nunca abrirán. Vas hasta la cocina y regresas con un bocata de jamón y una cerveza, no sabes bien por qué pero estas historias siempre te han dado hambre. Entre mordisco y mordisco te compadeces de la triste caravana y tu cabeza se pone cavilar. ¿Por qué tienen que enseñarnos estas imágenes de tan mal gusto a la hora de la cena? ¿por qué no se quedan en sus países? ¿por qué me molestan a mí y no llaman mejor a la puerta del vecino?

Se te hace tarde, recoges el plato y la lata, apagas el televisor y te vas a la cama. Hoy también dormirás a pierna suelta, tranquilo, escandalosamente tranquilo.

viernes, agosto 21, 2015

SONETO PARA ROMPESUELAS, TORO DE LA MASACRE DE LA VEGA 2015


Escribí un soneto para Vulcano en 2013, otro para Elegido en 2014. Una tradición de palabras luctuosas que tratan de contribuir desde esta habitación al fin de una fiesta salvaje, primitiva, infame amparada bajo el paraguas de una tradición que nada positivo dice ni de la tierra ni de las gentes que se empecinan en celebrar año tras año con sangre unas fiestas que ya nadie en el mundo comprende. Tordesillas, fiel a su propia vergüenza, asesinará este año a Rompesuelas, fiel a m  compromiso contra esta fiesta y contra otras en que no hay otro protagonista que el maltrato y la humillación a los animales compongo y difundo un soneto triste, inmensamente triste. Ojalá no tenga que escribir uno similar en el 2016.

SONETO PARA ROMPESUELAS, TORO DE LA MASACRE DE LA VEGA 2015

Que seas, Rompesuelas, rompelanzas
y que cierre tu muerte el largo duelo, 
que limpies de vergüenza el viejo cielo
castellano con risas y esperanzas.

Herido y humillado, pica y chanzas
de la turba -alma fría y rostro lelo-
de tu carne desgarrarán el velo
bravío y darán fin a tus andanzas.

Vuele tu sangre airada a Tordesillas
y marque los dinteles de las casas
con la señal de la ignominia eterna,

que se sequen su río y sus orillas,
que se dispersen sus violentas masas
y brote sólo olvido de su serna.

sábado, agosto 01, 2015

MOMENTOS ESTELARES: PSICÓPATA, 9 LETRAS, 14 PUNTOS.



Le gusta al Malvado Rukaegos intrigar y enredar por las sociales redes y los juegos en línea tanto como al diablo sin quehaceres matar moscas con el rabo. Llenas como andan de personajes peculiares, diversión, información, experiencias eróticofestivas emboscadas en cada esquina, dobles personalidades insólitas y aventuras sin fin.

Conoció en Caralibro Rukaegos al prefamoso tenor de Guinea-Papúa por nombre artístico Sinfoniatto d'Amore y residencia en La Almunia de Doña Godina. Después de un par de megustas puede que sinceros, media docena de palabras compartidas sobre quisicosas varias y un desafío lúdico, comenzaron su íntima relación a centenares de quilómetros como contrincantes en Apalabrados.

Está mal que el propio Rukaegos lo diga, pero no es malo del todo en el dichoso juego, aunque el fermoso rubio,  friki full time y en su día preproyecto de algo Iñaki del Sé y a su lado y a coro la simpar Belladonna Stiletto proclamen que ganan ciento sí, una no, ciento sí, una no, al titular de este blog. El caso es que d'Amore ni por casualidad ofrece los niveles galácticos de del Sé y de Stiletto, así que la relación lúdica comienza a deteriorarse por momentos y a cada nueva victoria o jugada en dos palabras Im Presionante de don Ruka.

El tenor es de mi bemol fácil: se cabrea, ea ea ea, se cabrea. Finiquita partidas y envía amenazas por whasapp al pérfido.

- No te quiero más neno malo, que no te dejas ganar.

-¿Neno?

-Y me haces muchos puntos y te odio muchísimo.

-¿Pero esto no es una competición? ¿Quieres que te haga trampas?

-Y eres un cerdo, y un asqueroso, y un prepotente, y un amargado, y un tramposo, y no me quieres

-Bueno, eso es verdad, no te quiero.

-Y te odio, te odio, te odio, te odio. Y bueno, te perdono.

-¿Me perdonas?

-Sí, aunque seas neno malo. Empieza partida.

Comienzan así varios angustiosos meses en los que la indignación lírica se sucede.

- Zuñirían (163 puntos)

-Que te vayas a la mierda, asqueroso, gañán, no juego. Bueno te perdono.

- Exhortar (124 puntos)

-Eres un fascista y un abusón y espero que el Estado Islámico te viole y luego te asesine. Te perdono. empieza.

- Jurista (79 puntos)

- MUÉRETE MALDITO MISERABLE, NO QUIERO VOLVER A VERTE EN MI VIDA, YO TE ADORO Y TÚ EN VEZ DE CORRESPONDER A MI AMOR ME MACHACAS. Vale, te perdono aunque seas un maldito miserable de mierda. Empieza partida.

-No quiero (Rukaegos se enfada después de meses de abuso verbal y partidas interrumpidas con airados insultos)

-¿Ves como eres un rencoroso y el odio te pudre por dentro?

-Pues sí.

- Pues que seas muy feliz con tu rencor putrefacto y tus amigos putrefactos y tus perros putrefactos (Gin a lo lejos: "Putrefacta la cacatúa de tu madre, so gil")

- Pues mira, pues mejor, pues me alegro.

El tenor d'Amore desapareció de pronto de la vida, las redes y los gadgets de Rukaegos. Pero inasequible al desaliento , nuestro malvado favorito continúa jugando al Apalabrados, en espera de un nuevo lance de amor, celos, odio y vendetta. Oh, yeah.


sábado, julio 18, 2015

MARICÓN PORQUE NO BOTO


Ha pasado este blog que también es vuestro por uno de sus silencios más largos. Prudencia, descanso, exámenes... son muchas las razones. Pero algún día tenía que regresar, y no deja de ser una pena que tenga que ser, una vez más, por la lgtbfobia enquistada en nuestra sociedad. 

Conozco a algunos integrantes de la Peña La Pera, y me consta que son buena gente, y para muestra ahí tienen retratada por Sane para El Diario Montañés su paella solidaria de este año. La Pera es una de esas peñas que se forman para dar vida a las fiestas locales, las de Santander en este caso, y a las que nunca me acercaré en esencia porque no soy de ruidos y multitudes y desde luego porque no pienso ir a echarme unas risas mientras torturan a un toro. 

Debo añadir a las dos razones antedichas, que me resultaría molesto, incómodo, humillante, desfilar por las calles de mi ciudad canturreando el manido "maricón el que no bote". Sobre todo, porque desentonaría en tan sofisticada coreografía, tan delicada letra, tan dulce música, permaneciendo quieto cuando digan que hay que botar, botando cuando digan que hay que pararse, arriba cuando pregonen abajo y abajo cuando corresponda ir arriba. Al fin y al cabo, como soy maricón tendré que realizar los gestos contrarios a los marcados por la tropa heteruzo-festiva a la que hoy como ayer le debe de parecer que ser como yo es lo peor que le puede ocurrir a una persona. Así se lo debieron de transmitir sus ancestros y así se lo comunican a sus hijos mientras vociferan por los desfiles de la fiesta, niños y mayores en plena horda verde, "maricóoooon el que se mueva va va va".

Tenéis razón, toda la razón: Soy un amargado que siempre está cabreado, al que le parece mal todo y que no sabe divertirse. Tenéis razón: estoy obsesionado viendo insultos y agresiones donde no los hay, hombre, si todos los de La Pera tienen muchísimos amigos gays y hasta a lo mejor alguno andaba saltando o no saltando, agachando y desagachando, en el maremoto verde. Es verdad: es una broma festiva y son miles de personas las que las gritan en sus fiestas locales de Gata a Finisterre y además de La Pera lo cantan otras peñas. También tenéis razón: no boto porque soy maricón, qué novedad, so listos.

Pero permitidme que siga pensando que unas fiestas en las que matan animales por pura diversión, unas fiestas en las que el alcalde me ataca en su pregón por preocuparme por cuestiones que a él le resbalan (como casi todas las importantes), unas fiestas en las que las peñas desfilan agrediéndome, de forma consciente o inconsciente, me resulten ajenas, cada vez más ajenas. Qué hartura de tradiciones populares divertidísimas, de costumbres populacheras, de gente que no sabe disfrutar sin hacer daño, qué hartura.






jueves, mayo 21, 2015

POR QUÉ PSOE




Hay una reflexión que tengo pendiente desde hace algunos meses. Supongo que en los tiempos que corren se pueda interpretar este post en clave electoral, aunque en realidad sea una lectura en clave personal la que guíe la escritura. No se trata, pues, de pedir el voto a nadie, ni siquiera de explicar o hacer explícito el mío, aunque de alguna manera esta segunda dimensión vaya implícita. Pero es frecuente que me pregunten qué hago yo en el PSOE, por qué no me voy, por qué no me fui en cierto momento en el que estuve francamente a punto. Así que allá vamos.

Nací en una familia tradicional, conservadora sin extremos, religiosa sin extremos. Así que no soy uno de esos que en el PSOE se autodenominan de pata negra y proclaman las varias generaciones de socialistas que corren por sus venas. Si bien es cierto que desde siempre me ha interesado la política, al PSOE llegué después de tiempo, de experiencias, de reconstrucción personal, desde la que fue mi primera aventura (de ella a lo mejor hay otro tiempo para hablar) y que fue la DC (anteriormente PDP) que nació de la desintegración de la UCD y que tuvo lugar cuando la DC era más demócrata cristiana que conservadora y hacía un fuerte énfasis en la justicia social, la dignidad personal, la sociedad como un gran pacto interpersonal. Llegué porque desde mis lecturas, vivencias, amistades, conversaciones, se fue gestando una construcción del mundo que se asentaba sobre valores que cada vez estaban más lejos de lo que conocemos como derecha y me hacían más cercano a una izquierda que en cierto modo también se estaba moviendo hacia ese punto de encuentro. Esos valores que para mí son esenciales tienen que ver con la defensa de la igualdad, entendida como ausencia de discriminación en el plano legal y por tanto con la apuesta por una sociedad diversa y dinámica, en continua transformación, por una sociedad que apuesta por el respeto y la dignidad de todos y cada uno de sus integrantes, pero también entendida como ausencia de obstáculos (supongo que para ser menos utópico habría que hablar de reducción de obstáculos) para que las personas puedan desarrollar en plenitud su plan de vida, sus opciones, sin que factores externos a su propio esfuerzo y decisión puedan frustrarlo. La defensa de los derechos humanos y de la dignidad de las personas, proclamados en tantos textos internacionales suscritos por España pero tantas veces olvidados y ninguneados en su profundo sentido, convertidos en mera palabrería. Valores como la solidaridad, la corresponsabilidad entre quienes formamos parte de un cuerpo social en sus diferentes escalas, local, nacional, internacional, y que obliga, me obliga, a abrir los ojos y a no permanecer indiferente.

Pues sí, al final estoy hablando de la afirmación contenida en la Constitución de 1978 de que España es un estado social y democrático de derecho. Ese modelo que está siendo descuartizado sin piedad por quienes curiosamente se autoerigen como garantes únicos de la norma fundamental y que están prostituyéndola al construir un sistema que poco tiene de democrático, casi nada de social y que hasta podría poner en cuestión el calitificativo de esto de derecho con normas con el gallardonazo o la ley mordaza que en el fondo sirven para dejar al ciudadano inerme ante los abusos y las desviaciones de poder.

En una concepción clásica, el partido, un partido, tendría que ser esa herramienta eficaz para transformar el mundo. Y en su momento entendí que era el PSOE esa herramienta útil para navegar hacia la concreción más alta posible de esos valores con los que esencialmente me identifico. Creo que lo ha sido, creo que el PSOE ha sido un activo importante en la transformación y mejora de la sociedad española, y que muchas de las mejores caras que nuestro país ha venido dibujando fueron pintadas con puños y rosas. 

No niego, por supuesto que no, la importancia de los movimientos sociales (y eso incluso en una sociedad tan desmovilizada y paciente como es la española) en esas transformaciones, no niego la participación activa de otros partidos (no voy a renunciar a dejar expresa mi simpatía por los esfuerzos y la claridad de IU en tantas cuestiones importantes, su trascendencia como conciencia crítica) y otras instituciones. Pero al final, supongo que al contrario de lo que ocurre en mi vida personal, y al menos hasta hoy, el PSOE aportaba un plus de posibilidad, quizás no fuera la izquierda perfecta, ni la utópica, ni siquiera la izquierda más izquierda, pero era la que incorporaba opciones de acceso al gobierno, la que se mostraba abierta al diálogo y la construcción, asumiendo incluso algunas renuncias dolorosas para poder superar obstáculos. Era, es, una izquierda posible y responsable.

A estas alturas ya habréis dicho algunos "¿Ves cómo seguís sin hacer autocrítica?". Aquí y en otros foros he hecho autocrítica, la he visto también en el partido, he visto cambios, lentos, como lentos son los elefantes, pero cambios firmes que hablan de reconocimiento de fallos y de propósito de enmienda. Pero no voy a quedarme en la flagelación permanente. De acuerdo, el partido adoleció y todavía adolece de democracia interna, es necesario consolidar procesos como los de las primarias y aumentar el peso y la vida de las agrupaciones, reducir el exceso de presidencialismo. De acuerdo, hay que ser más transparentes y hay que explicar las decisiones más y sobre todo mejor, hablando para una ciudadanía adulta perfectamente capacitada para entender y decidir. De acuerdo, hay que subir un poco la luz del foco utópico, del valorativo, del de los principios, y bajar un poco también el que apunta a lo pragmático. Sobre todo hay que tener claro que ya no soportamos más, tampoco los militantes y afiliados, la estafa de la corrupción en todos sus niveles y venga de quien venga y exigimos claridad y resolución.

Me temo, sin embargo, que en algunas cuestiones recientes y difíciles, sigo pensando más en responsabilidad que en traición o dejación, sigo empeñado (estos testarudos tauro, qué le vamos a hacer) en que se actuó buscando el bien común y el mal menor en una crisis global en que los depredadores habían puesto el ojo en un país que no había sido capaz de solucionar todavía algunas debilidades endémicas que le hacían frágil. Estoy seguro de que con el paso de cierto tiempo, habrá una revisión de ciertas decisiones y de cuáles fueron sus causas y consecuencias más objetiva, menos  pasional. En la que a lo mejor se me tiene que caer a mí la venda, pero en la que a lo mejor las que quedan maltrechas son algunas vendas ajenas.

A día de hoy, siempre desde una posición crítica y a pesar de muchas decepciones, sigo viendo en el PSOE la herramienta mejor, más solvente y más práctica para trabajar por la sociedad y los valores que me implican. Creo que es ese partido abierto, con vocación de mayoría, integrador en el que caben diversas formulaciones de la izquierda democrática pero también permite sentirse cómodos a quienes vienen desde otras sensibilidades igualitarias, sociales, democráticasd, garantistas, que desde otras sensibilidades fundacionales quieren una sociedad inclusiva, llena de oportunidades, que proteja a quienes más lo necesitan y habilite caminos para todos. transformando y removiendo.

En el PSOE tengo cerca a personas comprometidas que empeñan cada día tiempo, esfuerzo, vida en la construcción de esa sociedad, personas honestas y cercanas, que pisan suelo y que hablan el mismo idioma que se habla en la calle, atentas y eficaces, entre las que me siento cómodo.

Así que sí, concluyo en que desde mis posiciones personales, desde mi apreciación concreta, cuando regulo el fiel de la balanza y cargo los platos con los debes y los haberes, el PSOE sigue inclinándose en la dirección correcta.  Y por supuesto, el fiel lo regulo yo, la carga de los platos la decido yo, porque estoy hablando de mi compromiso y de mis decisiones, entiendo que igual de legítimas que las vuestras, que habéis situado platos y fieles en otras medidas y concluyendo de otra forma. Si llega un día en que lo que pienso, lo que creo y lo que siento se ven traicionados, no lo dudéis, ese día no estaré con el PSOE. Por el momento, sigo prefiriéndolo a otras opciones, sigo apostando por su modelo que es tan parecido al mío, sigo pensando, en los aspectos que me pesan, que otro PSOE es posible, pero que esa posibilidad solo puede darse empujando desde dentro.

sábado, mayo 16, 2015

AL FIN Y AL CABO... VIDA. Reflexiones ante el Día Internacional contra la Homofobia.



Desde 1965 hasta 1990 estuve enfermo, muy enfermo.

Resulta reveladora la mirada hacia el pasado, hacia esos 25 años oscuros en los que de alguna manera resultaba peligroso, pestilente, degenerado, asqueroso. Esos años en los que a pesar de todo fui feliz, qué le vamos a hacer, quizás porque tuve mucha suerte con mi familia, con mi colegio y mi instituto, con Reinosa, con cierta época histórica y cierto país, quizás también porque entonces ignoraba el daño que estaba recibiendo en lo más profundo de mi yo más íntimo, quizás porque era simplemente discreto además de cobarde y no me vi obligado a figurar en el centro de ninguna diana.

Yo lo supe siempre. Nunca estuve disponible para los ritos y fraternidades masculinas, nunca hice ascos a los juegos mixtos y nunca me avergoncé tampoco de ser uno de los pocos chicos que participaba en los tradicionales entretenimientos de las chicas. A veces he jugado con muñecas y fui afortunado por convivir con la moda de los Geyperman, esos muñequitos machorros que se convirtieron en mis amigos y que, no creo que hoy os sorprenda, hacía emparejarse unos con otros. Coleccionaba fotos, a escondidas, claro, de los chicos a la moda que de alguna manera sabía que no podía pegar en mi carpeta. Allí estaban, procedentes del Hola y de otras revistas, Starsky y Hutch, Leif Garret, Chris Atkins, Willie Aames (vale, me volvían loco los rubios) y tantos otros. También era rubio el compañero del colegio, del instituto, de la pandilla, que me hacía poner muy nervioso cuando sonreía y que nunca supo, o eso creo, que me hacía flotar.

Alrededor, cómo no, las lágrimas. Las primeras que recuerdo, como si fuera hoy, las de esa noche, con 12 años, que me pasé en vela llorando y rezando, diciéndole a dios que no quería ser así, que yo quería que me gustaran las chicas como a todos. Esa noche que se fue repitiendo a diversos intervalos a medida que el tiempo avanzaba y lo que estaba claro se volvía aún más claro. Y que rozó la locura cuando a los 18 tuve mi primer encuentro furtivo con un tío, en su coche, en un bosquecillo cercano a Reinosa, del que nunca supe su nombre y a quien siempre agradeceré que fuera cuidadoso, delicado, que se preocupara por lo que yo pudiera estar experimentando. El regreso a casa fue tremendo, me sentía sucio y me sentí así mucho tiempo, pensé seriamente en quitarme de en medio, tuve tanto miedo, tanta vergüenza, que tardé cuatro años en tener una segunda experiencia en la que casi volvió a ocurrir lo mismo.

Al fin y al cabo yo era esa cosa sucia que se llamaban en el patio, en la calle, en la tele, en los partidos cuando querían humillar, aplastar, deshumanizar: maricón, pipa, loca, tenaza. Al fin y al cabo yo era, aunque nadie lo supiera, uno de esos personajes ridículos, grotescos, infrahumanos de los que se burlaban los chistes, la televisión, el cine. Yo era uno de esos bichos extraños que había visto en los libros en los que había buscado información y ayuda (¡a quién se le ocurre buscar esa ayuda en los libros de López Ibor, pero eso es lo que había en la biblioteca!). ¿Quién iba a querer ser eso?

Claro que fui afortunado. Nunca fui ese objeto de violencia o de burla, creo que nadie o casi nadie sospechó quién era, viví en mi burbuja, en mi miedo, en la seguridad de la mentira. Todavía hoy me duele pensar que mi padre murió sin saber quién era yo de verdad, que mis amigos lo fueron de alguien a quien no conocían y en quien hoy a duras penas me reconozco. Pero viví seguro, lejos de los tiempos en que podías morir por ser homosexual, lejos de la posibilidad de un centro de internamiento y reeducación (no tan lejos), lejos de la consideración de delincuente (no tan lejos). Solo fue un dolor pequeño, insignificante si lo comparamos con lo que todavía hoy tantos hombres y mujeres padecen en su tremenda realidad.

Al fin y al cabo, vida. Al fin y al cabo las lágrimas, el corazón roto, la vergüenza, el miedo, fueron los que me dieron una fuerza que desconocía cuando un día me volví loco y pegué la patada definitiva en la puerta del armario. Fue por amor, por desamor más bien. Culpa de un tal ... de cuyo nombre no quiero acordarme. Ese el momento en el que algo dijo dentro de mí que no podía más y que me hizo responder que sí cuando Javi, el buenazo de Javipapi, me pidió ayuda para organizar un ciclo de cine para ALEGA, el colectivo de lesbianas y gays de Cantabria. De pronto comencé, con 35 años, a ser adolescente, a vivir esa adolescencia que me había negado, que me habían robado, a sonrojarme cuando me miraba un chico y a decir a veces que sí cuando rompía la timidez y era capaz de dar un paso hacia el rollete buscando el amor de los quince. Aprendí poco a poco que no pasaba nada, que no tenía por qué pasar nada, si ibas de la mano con tu chico por Santander, o en un autobús, que podías abrazarte a él, besarle, incluso en un pub del heteromundo o en un taxi, que podías escribir poemas de amor en los que de pronto todo quedaba claro. Aprendí lo que era querer sin que te quisieran y gracias a Lander primero y sobre todo a Leo, a mi Leo, aprendí que hasta era posible que alguien te quisiera de vuelta. Aprendí a perderles y a recuperarme del golpe con la dignidad más o menos intacta y el corazón casi entero. Aprendí en fin a estar solo, sin ansiedad, sin miedo ya a ser el marica viejo que algún día seré, porque también aprendí a pelear, a luchar, a dar la cara, a levantar los ojos y la frente, a preocuparme por la dignidad, la libertad, la visibilidad, los derechos de todas y de todos. Hasta a veces quiero pensar que en esta vieja Cantabria puse algún granito de arena, puede contribuir un poquito a que tantas cosas cambiaran, a que la España de nuestros dolores fuera hoy, a pesar de tantas cosas, más habitable que otras partes del mundo.

Se me ocurre esta noche, en vísperas del 17 de mayo, que al fin y al cabo eso es la vida: caer y levantarte, romperte y pegar los añicos, llorar y reír, amar y echar de menos. Eso es la vida, levantarte por las mañanas y mirarte al espejo sin sentir demasiada vergüenza sabiendo que has aprendido a ser exactamente quien eres, y que has sido capaz de luchar para imponer tu realidad y exigir su respeto. Quién sabe si hubiera encontrado la fuerza necesaria de no haber pasado por los años oscuros, por el auto-odio, por el terror a ser el que de verdad era. Quién sabe su hubiera podido hablar abiertamente con mis alumnos y alumnas del Altamira, si hubiera podido amarlos como los amé, gozarlos como los gocé. En ese sueño de que a lo mejor después de haber conseguido quererme un poquito y hasta estar orgulloso (espera, que eso no toca hasta junio) de lo que he construido curándome no de la homosexualidad sino de la homofobia. Ese sueño de que tal vez mis amigos, la gente a la que quiero, la gente que me importa, quién sabe, después de tanto tiempo me perdonarán la falsedad de entonces, seguirán a mi lado y hasta compartirán, quién sabe, un poquito, mi tacita de orgullo.

*Gracias a los estudiantes del IES Jesús María de Málaga, he robado la imagen de la exposición que hicieron para recordar un 17 de marzo, llena de carteles e imágenes rotundas y memorables, como podéis apreciar en este video maravilloso.

https://www.youtube.com/watch?t=79&v=4Xg8_8-apk8

jueves, mayo 14, 2015

UN AÑO DE AMOR (CARTA DE GELO PARA SOS SETTER)


A mí no me gusta escribir en el ordenador porque tengo tantas ganas de vivir, dormir y comer que no tengo tiempo para tonterías. Pero hoy el Gafapasta se ha olvidado el portátil y la Poligonera está roncando como una marmota, así que voy a aprovechar para escribir una carta que tenía pendiente.

¿Os gusta la foto? A mí me encanta, es la de mi tercer nacimiento. Porque yo he nacido tres veces. La primera, de una mamá setter muy guapa, muy calentita y confortable, llena de leche y con una lengua amorosa. Tenía muchos hermanitos setter también. Pero cuando era muy chiquitín me apartaron de esa mamá para enseñarme a cazar. Viví mucho tiempo, seis años, como perro cazador. Lo hice bien, lo mejor que supe, porque siempre he querido que mis jefes estuvieran contentos conmigo, pero a pesar de eso un día me dejaron abandonado, desconcertado, en los huesos, en un sitio oscuro y triste que se llama CECAPA. Es un sitio que pagan todos los ciudadanos de muchos ayuntamientos para que la gente deje allí a sus mascotas cuando ya no las quiere como si fueran trastos viejos, o para que la policía lleve a los pobres animales que se encuentra perdidos o abandonados por la calle. Todos están asustados, nerviosos, todos echan de menos sus casas, aunque fueran malas, y todos tienen un miedo terrible a realizar La Última Excursión. Porque si llevas mucho tiempo en la jaula, te sacan un día y te llevan a ese viaje terrible y ya no vuelves. 

Pero yo tuve suerte, nací una segunda vez. Vinieron las hadas de SOS Setter, no recuerdo si fue Berto, si fue Sonia, si fue Goiz el primer rostro amable que vi desde los barrotes. Sé que dijo "Tiene cara de ángel, te vas a llamar Angelo". Y me sacaron de allí después de pagar, porque a los que te quieren matar no les piden dinero, pero a los que quieren salvarte sí. Cosas de los negocios y de ciertos políticos que no quieren darse cuenta de que es imprescindible implantar la política de Sacrificio Cero en las perreras, en neolengua "centros de recogida de animales". Así empezó un tiempo estupendo, conocí a muchos setters abandonados y salvados, y me prometieron que harían lo posible para encontrarme una buena familia. Familia sonaba bien, mejor que cazador y que perrera, pero no estaba seguro de que fuera una idea inteligente alejarme de allí. Así que también me porté muy bien por si acaso preferían que me quedara con ellos.

En la foto volví a nacer. Un día me dijeron "¿Sabes que ya tienes familia, Gelete? Vas a conocer a un Gafapasta raruno y a una setter picarona que también pasó por aquí hace unos años". Yo me puse muy nervioso pero estaba dispuesto a seguir siendo un buen perro pasara lo que pasara, así que subí al coche con Maybe, una perrina mayor que ya encontró también familia, porque el Gafapasta quería conocerla, y fuimos a un parque de una ciudad que se llama Santander y que no se entera de que hay que poner vallas en los espacios para perros, por seguridad, y prefiere no enterarse de lo que pasa en la perrera y no quiere ni oír hablar del Sacrificio Cero. Pero donde vive mucha gente estupenda. El Gafapasta me hizo unas caricias y me prometió que iba a estar bien con él, la poligonera Gin, que es escritora y tiene un blog, me prometió que me iba a poner verde todos los días pero que cuando la gente no mirara iba a jugar conmigo y a compartir la comida y a enseñarme a volver locas a dos gatas absurdas. Así que me fui con ellos, era mayo, era 2014, era ... una tarde maravillosa.

¡Cómo ha cambiado el mundo este año! Me encanta la comida y ahora hasta dejo algo en el plato porque sé que todos los días habrá algo rico para mí. Me encanta la cama, para estar cerquita del Gafapasta y de Gin y hasta de las gatas. Me encanta patear las calles con esa alegría sandunguera que me caracteriza porque sé que le caigo muy bien a la gente y todos los días alguien me dice que soy muy guapo y me hace caricias. Soy feliz cuando paso por delante del Mesón Salamanca y Fran me saca una tapa, o tumbarme al sol en la terraza del Siboney. Me vuelvo loco cuando el Gafapasta me deja correr libre por la playa o por el parque y se me pone cara de tonto de pura vida. Me da tranquilidad poner la cabezota encima del jefe para que no se olvide de que necesito muchos mimos ahora porque antes no tuve. Me divierto jugando con Gin, intentando robarle los juguetes y las golochuches, aunque al final siempre se queda ella con mis juguetes y con mis golos, porque es un poco bruja. Me encanta ser Gelo, el setter moñas, el de en medio de Los Pecos, el setter feliz.

Así que quiero dar las gracias a SOS Setter, con besotes muy fuertes y lametones muy intensos. Quiero dar las gracias a las gatas Anabotella y Tiberio, a la loca de Gin que me da golpecitos cariñosos de hocico a hocico, al Gafapasta que .... , a toda la gente buena que tiene tiempo para una carantoña. Porque he aprendido este año a vivir de verdad, a vivir con intensidad, a disfrutar de una familia que me quiere. Así que sigo siendo un buen chico y me porto bien ... la mayoría de las veces. Porque ahora puedo hacer alguna trastada sin que pase nada. Porque voy por la calle con la cabezota alta para que me llamen chulo, guapo, perrolindo, mientras dejo al aire este pelazo saludable y espectacular. Porque mucho alcalde, mucho alcalde, pero para pelazo y guaperío los de Gelo Melenas, el terror de las nenas. 

Os quiero a todos. Hasta al miserable del cafrecazador que me abandonó. Porque gracias a su despreciable gesto, por fin descubrí que había otro mundo, y que este sí merecía la pena.

martes, mayo 12, 2015

1978 Y YO



Entre las principales novedades y novedades a medias del panorama político, no deja de ser este un tiempo peculiar, en el que la mera presencia de los nuevos ya parece ser suficiente para la escucha de nuevos mantras y los disparates asociados a quienes tienen demasiados micrófonos cerca para hablar y demasiado poco tiempo para pensar. Discursos recurrentes están siendo el de "no soy de izquierdas ni de derechas", seguido de bonitas fintas para evitar responder a cualquier pregunta con contenidos ideológicos que concluyen en un guiso tipo macedonia en el que llevo de todo y no soy nada; también el de todos son iguales menos nosotros que representamos al ciudadano normal, suponiendo que exista en algún lugar del solar patrio tal ente peculiar y abstracto; otro más, tú cállate que eres casta y corrupto, mientras que yo soy virginal y llevo hasta prelavado en tres programas porque como nunca he gobernado nunca he tenido la oportunidad de hacerlo mal (tampoco de hacerlo bien y, ojo, que aun así las trastiendas por ahí andan).

Pero por encima de todo, el complejo de Adán: Yo invento el mundo cada día, yo invento la democracia cada día, puesto que soy joven y fresco y a lo mejor ni siquiera sacaba buenas notas en historia.

En la carrera del adanismo circundante, nos cuenta Albert Rivera que no cabe regeneración democrática alguna con personas nacidas antes del 78, que solo sirven los nacidos en democracia. En un discurso que me toca bastante las narices no porque sea una chorrada descomunal, ni siquiera porque sea profundamente injusta para quienes se dejaron piel y vida en la lucha por esa democracia de la que sí disfrutaron los nacidos después (otros adanismos negarían que haya disfrutado la democracia nadie, pero de esos creo que hablaré un poco mañana), sino por puro egoísmo cochino y envidia de las lozanas juventudes. Sí, lo confieso con horror, soy más viejo que la constitución, nací en el Mediterr... no, nada de Mediterráneos, que nací a la vera del Cantábrico, a ver, que me lío, nací en el 65.

Aunque en realidad no sea necesario precisar tanto. Simplemente me encuentro en ese gran grupo de personas nacidas en España antes del 78. En realidad si vamos a sacrificar en el altar de Kali a los nacidos en el 77, creo que Rivera debería ser más exacto y considerar igualmente perversos a los nacidos en el 78, ya que el referéndum tuvo lugar en diciembre y por tanto los setenteayocheros tampoco nacieron bajo el luminoso sol de la democracia rediviva).

La sociedad de consumo lleva mucho tiempo explicándonos que para que el mundo pueda vivir, para que cierto mundo pueda vivir, no debemos exigir durabilidad a los objetos: si el televisor se rompe, te compras otro, porque lo tienen de oferta y porque como no fabrican piezas de tu modelo viejo te va a resultar más caro reparar que renovar. Y ni punto de comparación, oiga, que el nuevo vendrá con un nosequégadget maravilloso integrado de serie. En paralelo, se ha instalado un discurso muy básico que se limita a decir "nuevo bueno, viejo malo" y que celebra como si fueran verdades teologales esas ideas de la generación mejor preparada de la historia (bueno, puede, a lo mejor, es que yo ando mucho por la calle, en unas cosas  sí en otras no y en algunas depende), elude toda referencia a la experiencia y la preparación (como si fuera suficiente haber estado de Erasmus en Derecho en Nápoles para tener mucha mejor mirada jurídica que las momias del Tribunal Supremo).

El caso es que todos estaremos de acuerdo en que los jóvenes son más jóvenes que los que no lo son, incluso puede que en general más guapos (con permiso de algunos guapérrimos nacidos antes del 78) y mucho más depilados. En todo lo demás, lamento decir que tener menos años no garantiza ser mejor, no garantiza hacerlo mejor, no garantiza ser un profesional más asentado, ni más original, ni más fresco, ni más honesto. De hecho, a veces tener más años (que tampoco garantiza nada, oigan), sirve al menos para tener algunas buenas credenciales y en algunos casos para merecer mucho respeto, por una vida de sacrificios, de lucha, de compromisos, por labores transformadoras que permitieron que la sociedad avanzara en buenas direcciones, y que, los adanes no se lo van a creer, se realizaron sin mácula y muchas veces, creo que la mayoría, sin siquiera recompensas inmediatas para ese esfuerzo (los cambios sociales son muy del gusto de Maricospi, siempre satisfacen en diferido).

Lo siento, señor Rivera, no me voy a sentir culpable de nada por haber nacido antes que usted. Nacer en 1965 tiene tanto de casualidad como haberlo hecho en 1979 (vaya ojo que ha tenido usted para elegir la generación fetén, eh. Ups, perdone por haber utilizado una palabra tan viejuna como fetén, pero seguro que usted, tan limpiuco y preparado, la traduce pronto). De hecho, no veo nada malo en haber jugado con los Geyperman durante la dictadura, nada malo en haber disfrutado de mi primer libro, de mis primeros amigos, de mi colegio, de mi familia, de las posibilidades maravillosas que Reinosa le ofrecía a una infancia feliz, no creo que haber descubierto a Astérix a tiempo real me convierta en ningún tipo de villano conocido. Tampoco entiendo qué hace que no pueda contribuir, seguir contribuyendo, al bienestar social, a la transformación de la sociedad, a todas las regeneraciones de todo lo que sea necesario, el hecho de estar cursando octavo de EGB cuando se aprobó la Constitución, ni siquiera el hecho de haberme hecho por aquellos meses preconstitucionales mis primeras pajas y haber fumado mi primer y casi último cigarrillo.

En fin, que si tiene usted, entre otros, problemas de gerontofobia, se los cura y todos tan tranquilos, que no tengo yo ya edad para irme a campos de reeducación para viejunos predemocrático-corruptos irregenerables por las áridas estepas -polvo, sudor y hierro- castellanas.
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