"El blog anteriormente conocido como Un Santander Posible y como Desde una habitación desordenada"
jueves, abril 29, 2021
ADIÓS, TIBERIO
miércoles, marzo 17, 2021
EL AÑO DE LAS MÁSCARAS
miércoles, marzo 03, 2021
ODIO A EDURNE PORTELA. ESTAMOS LEYENDO... "EL ECO DE LOS DISPAROS"
lunes, febrero 08, 2021
TIEMPO DE TERNURA
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Se me vienen a la cabeza ahora títulos musicales como el maravilloso Try a Little Tenderness, mejor en la versión de la película The Commitments o el título del álbum de Ana Belén y Víctor Manuel Para la ternura siempre hay tiempo.
Ahora que donde una vez tuve un pequeño zoo, ha crecido un mini geriátrico en el que perros y gatos aprenden la lentitud, la calma, las mañas de la edad avanzada, el tiempo de descuento.
Miércoles y Tiberio tienen 18 años. Vaya, que ya sé que hay gatos que viven más, pero... hasta para los gatos son muchos, muchísimos años. Hace un par de veranos, Miércoles, la Gata Mala, me dio un susto, dejó de comer y de beber. Nunca supimos qué le pasaba, pero con los buenos oficios de Mercedes, un poco de paciencia y algo de suero, de pronto volvió, muy flaquita la pobre, a su normalidad y ahí sigue, como una vieja impertinente y pejiguera, reclamando atención, arrebujándose entre mis brazos mientras veo alguna serie, reclamando su desayuno... y el mío. Tiberio, la Gata Tonta, la que fue durante años arisca y esquiva, reclama la mano que le regala caricias, mientras algunos achaques y algunas marcas de la edad, le dejan una pequeña calva en su lustroso pelo negro, o supuran un poco de vete tú a saber qué por un granito o por, como diría Glenda, el chirimiri.
Gelo es el ejemplo perfecto del dicho "todo lo que no mejora, empeora". Así que ha decidido a sus, al menos, doce años, edad ya proyecta para un setter, completar su estupenda forma física con una cabezonería de vejestorio testarudo, una exigencia permanente a todos y cada uno de los habitantes de Santander de unas palmaditas en la cabeza y, a ser posible, unas chuches. A veces se le va la cabeza, se detiene de manera brusca en medio de una carrera como ladrando "¿dónde estoy?", o se sienta y se queda mirando al vacío, o hace pis por casa aunque acabe de regresar de la calle. A su pre-demencia senil, le añade una buena dosis de hocico duro, y cuando le reclamo para que deje libre mi sillón favorito, me mira con una mirada profunda y gesto de "Perdonar señor pero mí no comprenda español".
Gin, esa loca que estuvo a punto de ser más fuerte que mi paciencia, que me volvió loco y conmigo a medio Santander, que corría y corría y corría como una especie de espíritu libre y enloquecido, por fin decidió aflojar, de golpe y por sorpresa, y ahora sí que es verdad que alguna carrera se da por la playa o el parque, pero en general permanece a mi lado, atenta a caricias, miradas y chuches, esperando mi atención y el contacto de nuestras pieles. Para Gin son diez los años, diez largos, que no son muchos pero sí acercan a la Perrinalinda a los límites en la esperanza de vida de los setters (entre 10 y 12). Se cansa, ronca, tose, tiene cierta desgana con la comida, y sobre todo han aparecido unas telillas opacas sobre sus ojos brillantes que anuncian la llegada de las cataratas, todavía no muy graves, pero en proceso constante.
Quienes no compartís vuestra vida con animales, imagino que seguiréis pensando que estoy loco, que estamos locos. Pero en los últimos años (ya hace 31 años que llegó Lola, pero sobre todo en los últimos diez, tras la muerte de Leo) gatas y perros han sido una compañía fiel, segura, cálida, amable, cercana. Pero como canta Milanés, el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos. Toca pensar mucho en la despedida, en disfrutar la intimidad posible mientras el tiempo nos la respete, toca la ternura, la de no olvidar la palabra y la caricia cotidianas, la de estar atento a sus necesidades y a respetar sus ritmos y, cómo no, a sus pequeños caprichos.
Sé que vienen dos, tres años, cargados de despedidas. Leo a menudo por las redes la queja acerca de la corta vida de nuestras mascotas, nuestros compañeros, pero siempre pienso que si viven menos que nosotros es porque nosotros, humanos y racionales, ja, tenemos más herramientas para adaptarnos a la soledad y a la tristeza, sabemos que la vida será peor sin ellos, pero será. Sin embargo, ¿podrían Tiberio, Miércoles, Gelo, Gin continuar su vida si fuera yo el que faltara?
Gracias por tanta luz. El compromiso está firmado, el de cuidaros hasta el último día, el de no dejar que sufráis cuando llegue el momento, el de tener siempre el cariño y la ternura disponible. El de llevaros en el corazón hasta el infinito y más allá. Porque ahora toca calma, ahora toca ternura. Y no va a tardar el tiempo del adiós.
viernes, enero 22, 2021
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viernes, octubre 16, 2020
NOCHE DE MARZAS (micro relato)
viernes, septiembre 04, 2020
EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO
Diez años después de tantas cosas... Diez años, uno de esos aniversarios redondos que, incluso sin quererlo, nos obligan a mirar hacia atrás, a girar sobre nuestra propia memoria y volver a andar el camino.
Leo era friolero, mucho. Se le encendía la sonrisa en las mañanas de sol, desataba su lado más pícaro y sexy en la playa o en las terrazas, con sus gafas de sol y sus estilismos de chulo de culebrón latino.
Por eso escribí en un poema de 33 Instantáneas "Él es el verano". Por eso en tantas de las imágenes íntimas o las fotografías que él mismo compartía en su Facebook hay mucha camiseta de tirantes, mucho bañador, muchas gafas de sol y mangas cortas, dejando asomar su tatuaje, mucho de ese cuerpo tan amado y tan deseado a la vista. Hay mares, jardines y palmeras de aquel verano mágico del 2009. Y no tantas del verano de 2010, cuando la quimioterapia desaconsejaba la exposición al sol y obligaba a descansar y a cuidar la carne maltrecha.
Ha hecho mucho calor, y muy húmedo, en Santander estas últimas semanas de agosto. Era difícil dormir. Más fácil recordar esa canícula de ya diez años, que sirvió como origen para otro de los poemas del libro de poemas que habla de viaje junto a Leo. El que se titula, como la comedia de Shakespeare, A Midsummer night's dream, el Sueño de una noche de verano.
Era imposible dormir. A eso de las cuatro de la mañana, el termómetro no había bajado de los 22 grados. Para empeorar el panorama, Leo había tenido sesión de quimio y notaba que su cuerpo le abrasaba desde dentro. Yo quería que descansara, pero no parecía una opción posible, así que sobre esa hora surgió la idea loca, la de irnos al Parque de Jado y allí tratar de que nuestros cuerpos se enfriaran a la fresca, en algún banco oscuro que tal vez recibiría un poquito de brisa. Ante mi sorpresa, a Leo le pareció bien, así que nos fuimos los tres, Leo, su enfermera Glenda y yo. Glenda pronto encontró una zona de hierba fresca para desplomarse y en el banco más cercano nos sentamos Leo y yo. Leo se echó sobre el banco, dejando que su cabeza reposara sobre mi pierna, y consiguió dormirse mientras yo cantaba muy bajo, muy bajo, muy bajo esa pequeña joya de Joe Cocker que es You are so beautiful, mientras casi sin tocarle acariciaba su cabeza.
Así estuvimos algo más de una hora, hasta que ya pareció prudente regresar a la cama común.
Así fue como nació uno de los poemas que me gustan de 33 Instantáneas y que ahora recuerdo en este viejo blog para vosotros.
A MIDSUMMER NIGHT'S DREAM
Ahora que descansas
como un niño pequeño en mi regazo
-tu cuerpo está extendido sobre el banco del parque, son las cuatro de la mañana y este calor violento y sofocante que abrasa nuestra casa no te deja dormir, vueltas y vueltas sobre el campo de muelles, y más vueltas incómodas hasta que te propongo que bajemos al parque con la perra para encontrar el fresco como esos dos amantes que se adentran en los bosques de Atenas en busca de la calma cuando el verano arrecia-
ahora que la perra nos custodia
como una dulce esfinge
desde su lecho fresco de rocío y de hierba,
-llevas el fuego dentro, han sido cuatro horas de inyección de veneno en tus entrañas, tus brazos están rígidos, como cartón y hueso son tus venas, y el ritual de siempre en el hospital de día, sonrisas en la sala de los muertos, un libro, una película, la charla susurrada, una enfermera que acaricia tu piel y la perfora con extremo, cuidado no ha sido suficiente para aplacar tu miedo-
te acaricio la frente
y elijo una canción para cantarla
a tu oído, bajito,
al tiempo que los ojos se te cierran,
-ha resultado mágica esta vigilia en medio de este verano triste, sueño ahora que tu cuerpo de pronto regresa a la hermosura, que caminas con los pasos bien firmes hacia el centro del escenario y mueves los brazos de libélula y el teatro se llena de escamas de colores y todo el mundo calla para escucharte, Puck, Robin Goodfellow, duende travieso de humor impertinente, "yo soy ese alegre andarín de la noche", y cantas con tu risa y crece el deseo en cada espectador y todos te aman-
te acaricio la frente
y con voz de Jode Cocker, enamorada y rota,
canto You are so beautiful to me
mientras por fin descansas y te duermes
y respiras despacio.
-La madrugada calla-.
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