viernes, marzo 08, 2013

EL DERECHO AL DISPARATE


Parece que algunos amigos y conbocidos se han sentido molestos por la incorporación a la ONG Imbéciles Sin Fronteras del ínclito y nunca bien ponderado Jorge Fernández Díaz, tras esas sesudas declaraciones en foro oficial y revestido de la dignidad de  ministro del Gobierno de España en las que relaciona de manera inequívoca la igualdad civil para las parejas de gays y de lesbianas con la extinción de la humanidad. Discurso racional, científico y contrastado al que pronto se sumó como monaguillo camarlengo el simpar Martínez Camino, contrastado semental reproductor que si no recuerdo mal ya entró hace tiempo en la directiva de la ONG.

Al parecer, calificar de imbécil a quien profiere iimbecilidades es atacar sus derechos a la libertad de opinión y a la libertad de expresión. A pesar de la autorizada voz de Forrest Gump y su clásico "Tonto es quien hace tonterías". E imbécil, añade Rukaegos Gump, el que espeta imbecilidades.

En cualquier caso, parece que habría que aclarar que de ninguna de las maneras cuestiono el derecho del preclaro ministro a hacer el ridículo en público y en privado. De hecho, tengo que confesar que casi me gusta constatar cada tanto que los magnates más señoros de lado derecho, esos que según ellos mismos son todo un ejemplo de cualificación y preparación, resultan mucho más necios que la media. Lo que no significa que me cueste comulgar con algunas consideraciones.

La primera de ellas, cuando habla Jorge todo es okey, pero cuando habla el Ministro del Interior del Gobierno de España me considero, como ciudadano de ese mismo país a exigir un mínimo de decoro, de sentido común, de equilibrio mental. Y es que la actual estructura política es heredera de la Ilustración y del Imperio de la Razón (aunque no lo parezca), así que si alguien es incapaz de separar sus creencias privadas o sus prejuicios de su función pública, haría bien en renunciar a representar a quienes no merecen, no merecemos, tal vergüenza. O cuando menos a guardar un inteligente silencio.

La segunda, claro, el atributo de imbécil a don Fernández no le viene de estar más contento o menos contento con la constatación de que gays y lesbianas podemos casarnos, podemos formar familias, con la misma protección legal que él con la suya, y con que el Constitucional haya avalado las modificaciones del Código Civil que así lo permiten. No es que tenga el hombre amplios conocimientos jurídicos como para cuestionar a los guardianes de la Constitución y sus argumentos. Pero si entramos en el siempre resbaladizo territorio de la fe y las creencias, en el terreno de lo meramente subjetivo e irracional, todo (bueno, casi todo) es también okey. Pero él no dijo "no me gusta", no dijo "había otras fórmulas legales" ni nada parecido. Dijo que la protección legal de las parejas de dos hombres o dos mujeres, el matrimonio igualitario, suponía una amenaza para la supervivencia de la especie. Que ya me veía yo como uno de los villanos de Superman o algo parecido y a don Fernández en mallas de colores buscando justicia contra los malosos. Dijo, en fin, una tontería solemne, una estupidez al cubo, una chorrada con chorreras. Y como tal hay que tratar sus palabras que, desde luego, distan mucho de configurar una opinión.

Pero como uno cree en la libertad, en la protección de los derechos fundamentales y nada más lejos de mi intención que la de cercenar que don Fernández pueda decir lo que quiera donde le plazca, siempre y cuando no ejerza de cargo público al servicio, se supone, de todos los españoles, estoy dispuesto a iniciar desde este pequeño, perverso y polimorfo blog una campaña internacional para que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el Título I de la Constitución Española y todo lo que haga falta consagren, reconozcan y protejan el Derecho al Disparate.

Lo mismo así se queda tranquilo el Ministro del Interior y no se ve agredido por hordas intolerantes de racionalistas compulsivos. Aunque tengamos que asumir que en efecto no fuera un meteorito el que provocó la extinción de los dinosaurios, sino la incontestable evidencia de que la tierra se llenó de estegosaurios maricas y de bolleras velocirraptoras.

martes, marzo 05, 2013

IMBÉCILES SIN FRONTERAS: JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ Y LA EXTINCIÓN DE LOS DINOSAURIOS



Que no, que no. Que no se rasca el cogote, que está pensando.

Tenía yo un poco abandonada la simpar ONG Imbéciles Sin Fronteras nacida y renacida en este tan perverso como polimorfo blog. Y no por falta de candidatos, sino más bien de hastío. Porque tanta necedad en la cumbre acaba por resultar abrumadora. Pero me han llamado de la Junta de Patronos para decirme que no van a dejar pasar esta oportunidad, y que al flamante Menestro del Interior, Jorge Fernández Díaz-Amén, hay que hacerle Imbécil Sin Fronteras con Distintivo Rosa y Pistola de Agua Bendita.

Que nos dice aquí el intelectual que no nos vayamos a pensar que su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo es por cuestiones personales, ideológicas o de fe, no vayamos a pensarnos que la Iglesia Católica es homófoba sólo porque él sea tirando a tardo. Y que después del rasca-cogote ha encontrado una razón súper científica y súper mega racional para sustentar su vacío neuronal. Que dice que si los gays nos casamos con otros gays y las lesbianas con otras lesbianas, pues la humanidad se extinguirá y habrán sido un montón de siglos de horrores, guerras, fanatismos y muertes para nada de nada. Se notaba que lo decía con dolor, eh, que en el fondo es un blando y un sentío y hasta se le quebraba la voz pensando en ese horror de mundo lleno de maricones propendiendo al fin del mundo. Una lástima. Le faltó, eso sí, la mítica de Siniestro Total "Pueblos del Mundo, extinguíos". Pero supongo que sería pedirle demasiado.

El Principio de Peter no ha podido ser, eso de la patada hacia arriba hasta el límite de la incompetencia. Porque la incompetencia de semejante imbécil transfronterizo tocó fondo hace varios lustros. Pero no deja uno de preguntarse cómo es posible que Darwin se equivocara tanto y desde algún simio psicópata se llegara a adoptar esta forma de vida preinteligente.

Porque digo yo que hay que ser imbécil, muy imbécil, para levantarse cada mañana y ver desde tu ventanuco el globo terráqueo ocupado por maricones y bolleras llegados desde algún planeta lejano (ya les digo yo que Urano, que sí) para acabar con la tierra sin que Supermán tome cartas en el asunto porque estará montándose un trío con Batman y Robin y les dé igual la extinción del Gnomo Sapiens. Hay que ser muy imbécil, y muy muy ignorante, para no enterarse de que a día de hoy el problema real de la tierra es el de la súper población, debida en parte a la heterosexualidad irresponsable propiciada desde las religiones. Hay que ser imbécil hasta la medula para pensar que homosexual es igual a impotente, que no parece que tenga los conceptos bien ordenados aquí el menestro. Pero tiene razón, entre hombre y hombre, entre señora y señora, preñeces las justas. A pesar del Lesbiboom propiciado en los países modernos mal que pese a la Santa Madre por el desarrollo  de las técnicas de reproducción asistida. Lo que no quita para que sólo un imbécil al cubo pueda pensar que una lesbiana o un gay que no se reproduzcan en pareja no vayan a poder (y querer) reproducirse fuera de ella o buscando asistimientos.

Y es que, don Menestro, tenga por cierto que acabaríamos todos de cónclave en cónclave rodeados de guardias suizos. Y si no, eche un vistazo a su amada Roma.

 Quede claro de una vez: Diga el Menestro lo que diga no fue un gen gay el que exterminó a los dinosaurios. Lo ha demostrado un sesudo y valiente estudio de la Universidad de Villafranca de los Barros. Murieron de risa ante una profecía que anunciaba la llegada a un ministerio de un tal Jorge Fernández Díaz. Fue demasiado para sus bodies.

martes, febrero 19, 2013

ESTAMOS LEYENDO ... "LAS VIDAS QUE INVENTAMOS", DE FERNANDO j. LÓPEZ




No deja de tener su grado de complicación la lectura y comentario de una novela, de un libro de poemas, de un texto cualquiera, escrito por un amigo. Si la tan traída, llevada y sobrevalorada objetividad suele ser una diana más bien imposible, en estos casos de la pugna entre texto y afectos puede resultar todo un combate capaz de terminar en sangría emocional. Por eso se agradece que los amigos, algunos amigos, escriban tan bien que en lugar de un prudente silencio los dedos nos pidan teclear, como otras veces en este blog, nuestras particulares impresiones lectoras. A pesar de que haga ya mucho tiempo que no cronifico ningún libro.

No tengo muy claro si primero me encontré en las redes con Nando y después leí La edad de la ira o si por una casualidad me tropecé con la novela y fue ella la que de alguna manera me acercó a su autor. En aquel primer encuentro libresco me encontré una historia muy bien contada, llena de dolor, estructurada en voces diferentes que enriquecían las lecturas, tratando a un tiempo de escapar de esa obsesión actual por las novelas de misterio pero jugando a la vez a reinventar el género, a manejar una intriga no policíaca con métdos característicos de la investigación policíaca y, se agradece, con intención de terminar en ese volumen y no forzar a una larga serie con idéntico protagonista. El mundo de la educación, ese al que Fernando J. López pertenece por pasión y vocación, la difícil adolescencia, la homofobia y el mobbing, el sistema, la violencia brutal que de pronto amanece y nos rompe están en un libro que leí con agrado, casi de un tirón.

Una sensación similar, esa lectura intensa, rápida, amable, voraz, me he encontrado en Las vidas que inventamos . Está claro que Fernando no busca enredar con teorías estéticas y estructurales, aunque sabe manejar perfectamente las diferentes técnicas, sino que se limita a contarnos de nuevo una historia, otra historia, bien diferente, aunque con algún punto en común: la impostura de la sociedad, la configuración de nuestro universo como un particular cosmos escénico en el que los piés de diálogo pueden determinar la acción, definir la personalidad y desencadenar acontecimientos inesperados. Tan inesperados a veces que el final de la novela nos depara algunos giros que nunca habríamos previsto. Giros con los que a un tiempo deja algunos espacios abiertos y sin respuesta, a la vez que cierra otros tal vez de manera demasiado esquemática y apresurada pero desde luego correcta.

¿Quiénes somos? ¿nos movemos por la escena según el rol que han ido definiendo sobre nosotros desde el exterior? ¿desde una identidad sincera que nos ha permitido construirnos y abrirnos al mundo? En realidad, la tesis de la historia es que caminamos de puntillas sobre la mentira, sobre las mentiras, que una parte de nuestro perfil en la gran red del mundo es la falta de transparencia con la que tratamos de ocultar, de superar, de reforzar crisis sentimentales y familiares, accidentes, enfrentamientos laborales. Y supongo que en parte, como siempre ocurre con los buenos libros, la tesis es real y todos podemos recordar esa mentira que un día, tal vez aún, tuvimos que sostener, una mentira que ideamos para sobrevivir a una fractura personal o a un pánico social y que necesitó edificar mentira sobre mentira a la manera de un castillo de naipes que podría derrumbarse por un mínimo descuido. Comprobar la tensión, el riesgo, la paranoia que produce en otros, en Leo y en Gaby, ese castillo de falsedades nos hace revivir nuestro propio estrés, recordar qué difícil es controlar los pasos nuevos que podrían desvelarnos como mentirosos o farsantes en esas historias, en esas vidas inventadas, que todavía llevamos cargadas a las espaldas.

Crisis matrimonial por mero agotamiento de las fibras sensibles, la necesidad de Gaby de encontrar emociones y carne en algún lugar que le devuelva la ilusión y el nervio, a la vez que teme ese reencuentro con la vida. La culpa, el esfuerzo por borrar el paso por un escenario difícil, real o no, que obliga a enfrentar la propia hipocresía y conduce al filo del abismo en varias ocasiones, a la manera de Ripley, en el caso de Leo. Y alrededor toda una sucesión de personajes con vidas aparentes, reales o inventadas, que funcionan como secundarios hábiles y necesarios, el enfurruñado adolescente Adrián, los padres de Gaby, la extraña ex-pareja formada por Hugo y Jorge, la tristeza de Mireia...

Fluye la historia con naturalidad, con un lenguaje siempre cercano, claro y exacto que te produce la sensación de que no sería posible la historia con otras palabras. Juega con las estructuras, incorpora recursos de la modernidad literaria, el collage presente en las conversaciones por chat y whatsapp, el monólogo interior que nos acerca a la realidad de Gaby y de Leo en los análisis y narraciones silenciosas de sus emociones reales y sus mentiras conscientes, el dominio de los diálogos que aparecen aquí y allá frescos y dinámicos, recordando que además de la enseñanza la otra gran pasión de Fernando J. López es el teatro. Fluye hasta que al encontrarnos con la última página cerramos el libro y respiramos profundamente agradeciendo las horas que Nando nos ha regalado, el pequeño gran placer de la lectura, el lazo afectivo tantas veces aprendido entre lector y texto a lo largo de unas horas que tal vez sean de verdad la vida. Una vida inventada, muelle, apacible, feliz, lejos del gran ruido del mundo. Esa vida que página tras página, título tras título, nos da forma y nos recuerda por qué, para qué, seguimos leyendo.

viernes, febrero 15, 2013

PFLÜGER, ESE MISERABLE




Ayer, en ese mismo 14 de febrero en el que tantas parejas y tan diversas de todo el mundo vivían la disculpa oficial para renovar sus votos amorosos y circulaban flores, y bombones, y corazoncitos de trapo. Ayer, en ese mismo 14 de febrero en el que, reunido en la ciudad de Springfield, el Senado del Estado de Illinois daba luz verde al matrimonio entre personas del mismo sexo. Ayer, en ese mismo ayer, aprovechaba ese viejo conocido de la miseria humana, periodista de Intereconomía, no les digo más, que es Juan E. Pflüger, para vomitar su odio en las redes sociales.

Saben que han perdido la guerra, estos matones baratos de patio de colegio que habrán crecido, seguramente, agrediendo a sus compañeros al grito de ¡maricones! saben que han perdido la guerra. Que no hay camino de retorno a su viejo mundo de infamias en el que tal vez por ser más macarras que la media experimentaban ante el espejo la falaz ilusión de ser alguien, a ese mundo en el que podían excluir, insultar, a quienes no eran como ellos, a quienes no sentían como ellos, a quienes eran capaces de ver más allá de los lugares comunes y de las normas fanáticas de una Santamadre que se creía con derecho sobre la vida, el amor y la muerte de cada persona. Sí, de vez en cuando ganan alguna batalla, como la que acabó por avergonzar a un Estado de tradición abierto y vital como California. Pero es una ilusión fugaz, que además les obliga a aliarse y sentirse parte de aquellos a los que odian casi tanto como a los viciosos maricas (las lesbianas, se hace necesario recordar, no existen para estas mentes viscosas más allá del cine porno): los moros y los comunistas y excomunistas totalitarios. La homofobia hace extraños compañeros de cama.

Están enfermos, tipos como el Pflüger este transitan por el mundo infectados por el odio. Obsesionados por la imagen de dos hombres que se profesan mutuo amor. Se levantan cada día asqueados, agredidos, sucios de un mundo que a pesar de tantos pesares prefiere apostar por la diversidad, por el color, por la vida, por el amor, que por la grasa oscura que les envuelve haciéndolos resbaladizos, repugnantes, para una sociedad a la que no saben pertenecer, al modo del idiota griego, y que desde luego no les quiere. Y tratan de escupir esa obsesión cada día, tengan o no tengan disculpa o pie teatral. Porque como el matón, adoran provocar, convertirse en el centro de atención, presumir de cuánto enervan a ese inventado lobby rosa al que convierten en responsable de casi todos los pecados del mundo.

Embisten porque a pesar de todo, a pesar de que no merezca la pena prestarles esa atención que reclaman con insistencia morbosa , hacen daño. Hacen daño cuando una vez más te les tropiezas por maldita casualidad y ves cómo tratan de animalizarte, de cosificarte, de acorralarte, de arrebatarte la propia condición humana y negarte derechos, vida y emociones. Cuando tratan de cuestionar tu amor y convertirte en pura masa de carne. Hacen daño porque de nuevo te sientes obligado a explicarte, a justificarte, de nuevo recuerdas los largos meses al lado de tu compañero, recuerdas las sonrisas abiertas del primer encuentro, recuerdas su mano enredándose en la tuya, los primeros besos, las primeras bromas compartidas, los primeros desencuentros, la familiaridad creciente, el momento en que te das cuenta de que ya sabes acertar con su talla y sus gustos para darle una sorpresa, las broncas y las disculpas, las primeras almejas de Pedreña a la sartén bien acompañadas por un Rias Baixas, el aniversario en El Serbal, las calles compartidas de París o de Lisboa. Recuerdas, claro que sí, los cuerpos enredándose y aprendiéndose y otorgándose el derecho al placer cómplice. Porque la sexualidad y el goce nos hacen humanos también, más humanos. Y me pregunto otra vez qué es lo que no comproenden, lo que no quieren comprender estos heraldos de la tristeza. Recuerdo la enfermedad, los meses a su lado viéndole consumirse, luchar con fuego contra la mirada apagándose, le recuerdo dulce y resignado al saber que no había vuelta, le recuerdo con su cuerpo ya casi inexistente cayendo contra el mío una madrugada y muriendo en mis brazos. Y me pregunto qué tipo de hijo de la gran puta es capaz de confundir amor y vicio sólo porque no éramos como dicen con ese humor barato que tanto les gusta Adán y Eva sino Adán y Esteban.

Sí, saben que hacen daño, que nos roban unos minutos de vida. Puede que se crean que en la guerra perdida ese dolor que causan es una escaramuza ganada. Pero ya ni siquiera esa victoria mínima les cabe. Provocan la herida como lo hace el insecto venenoso, un mordisco pasajero, provocan aburrimiento y bostezos. Y contra lo que esperan, no nos dan sino armas. Porque nos recuerdan que venimos de la injuria, que nos reconocimos por primera vez en los insultos, tal vez en los golpes de ratas como ellos, que aprendimos a ser, a caminar con la mirada alta entre el desprecio de los verdaderamente despreciables. Nos recuerdan que queda trabajo, queda combate, queda dignidad por ganar porque los miserables apestan desde la sombra, buscando el momento de asestar otro golpe. Que no podemos bajar la guardia, y puede que no podamos ni debamos rendirla nunca.

Nos recuerdan, en fin y gracias, los versos del maravilloso poema de José Hierro: "¿Qué sabrá ese tahúr, ese amargado, lo que es amor?"

jueves, febrero 14, 2013

GINEBRA DULCE



Esta foto recuerda la primera vez que vi a Gin, que entonces respondía por Lona. Una cachorrona de setter inglés, línea Llewellyn, manto lemon belton y cara de espabiladota que había sido abandonada por alguno de esos seres infames que juegan a creer que los perros son juguetes rotos que puedes arrojar a la basura. Tenía entonces unos ocho meses y hasta que fue rescatada por SOS SETTER su destino era la muerte en la perrera, tras haber salido volando de un coche. Estuvo a punto de salir adoptada para Barcelona pero al final se frustró el viaje y bueno, fue precisamente un 14 de febrero cuando se vino a casa.

Hubo un punto de locura en su adopción, ¡dos perras en un piso, y no precisamente chihuahuas! pero andaba yo especialmente sensible por aquellos meses y sabía que acabaría por aparecer un setter que me dejara herido con esa mirada entre dulce y triste que tan bien dominan. Al fin y al cabo setter había sido mi primera perra, Lola, una irlandesa locuela y cariñosa de la que todavía hay quien se acuerda.

Dos años ya, dos años en los que Gin ha ido conquistando su espacio. No fue fácil el principio, supongo que la mansedumbre impenitente de Glenda me había hecho olvidar la energía que puede caber en un cuerpo tan pequeño, y recuerdo hoy que estuve a punto de tirar la toalla, de llamar a Sonia y decirle que había fracasado y que no podía controlar a la que pronto Glenda bautizó en su blog como "la sobrina hooligan" o "la poligonera". Pero resistimos entre destrozos y carreras enloquecidas hasta este hoy en el que parece mentira siquiera haber pensado en la rendición.

Vivaracha, despierta, guapa. Gin permanece todo el día atenta, dispuesta a disparar su aceleración de cero a cien ante la posibilidad de volver loca a la gata Tiberio o de dar un paseo. O dormitando feliz y confiada, segura de que el mal sueño del abandono y la perrera no va a repetirse. Sí, hay algo mágico en la imagen apacible de un perro durmiendo, confiado, en su respiración lenta, en los movimientos nerviosos y repentinos que les provocan sus sueños. Rebelde, sociable, descontrolada. Tanta sangre cazadora que no puede moderar sus impulsos y resulta obligado llevarla atada, a pesar de que en las ocasiones en las que encontramos un espacio seguro resulta todo un espectáculo ver cómo corre, casi vuela, sin perderte de vista, observándote de reojo, buscando palomas y gatos a los que apuntar con el hocico transformándose en repentina estatua de sal.

Dulce. Una perra de contacto, como suelo definir a los setters, necesitada de la caricia, del roce, necesitada de esa cercanía amorosa y emocionante que alimenta su paz y fortalece sus lazos.

Sí, ella, que llegó a una casa en la que la presencia de Glenda y la ausencia de Leo ocupaban demasiado corazón y que fue rompiendo, literalmente, reservas y barreras para hacerse imprescindible y acabar debutando con un blog, como ella, rompedor y divertido, un spin off del que creara Glenda.

Sí, ella, Lady Ginebra de Camelot Beefeater-Windsor Von Saxe-Coburg Fukushima. Gin. Hoy como hace dos años bienvenida al corazón, a la casa, a la vida.

miércoles, febrero 13, 2013

LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES Y LOS DERECHOS DE TONI CANTÓ


Cuanto tuve noticia ayer de la intervención de Toni Cantó ante el Congreso de los Diputados, de inmediato pensé en incorporarle a alguna de las series cómicas que se vienen desarrollando en este blog. Me imagino que los habituales adivináis a cuál. Pero un poco más asentada la cuestión, me pareció que prefería tomármelo un poco más en serio.

 Como sabéis, ayer se debatía la admisión a trámite de dos Iniciativas Legislativas Populares, la que propone la dación en pago como medio de resolución de las hipotecas y la que propone que las corridas de toros sean proclamadas Bien de Interés Cultural y de esa manera tengan presencia en todo el territorio español, saltando la decisión del Parlament de Cataluña de prohibirlas en su territorio. La admisión o no a trámite no determina el resultado del debate y votación, pero suele servir para tantear ánimos y voluntades. Que no llame a error la unanimidad en la admisión de la ILP sobre la dación, ya que el voto de la mayoría absoluta del Congreso lo fue tras notables presiones sociales y tras la dura intervención de Ada Colau en el Congreso, pero la voluntad del PP estaba claramente definida hacia la inadmisión, y es más que seguro que su voto será No. Más claras están las cosas en torno a la ILP taurina, admitida con los votos del PP, pero también los de UPyD, UPN y FA.

Toni Cantó fue el encargado de defender la postura de su grupo, en una intervención como suele sobreactuada y excesiva, repleta de esos mantras sin los que parece que no serían capaces de hablar los diputados magenta (todos son, somos, unos hipócritas, menos ellos - los nacionalistas son malos - ellos tienen referentes éticos (llaman así a Savater), los demás no) e incorporando algunas afirmaciones tan fuera de tono y de lugar, que se ha convertido, de nuevo, en la broma favorita del afilado sentido del humor español. Aunque en este caso, la tradición parece molestarle tanto que ha llegado a clamar cual ursulina escandalizada que "Muy fan de la que me está cayendo...los antifascistas serán los fascistas del futuro...Defensores de la vida animal, no respetan la mía". De lo que deduzco que o alguien le ha clavado un par de banderillas al salir del Congreso o le ha asesinado en la Carrera de San Jerónimo o ... bueno, lo de la sobreactuación que decía.

El revuelo se ha organizado a partir de frases como "Los animales no tienen derecho a la vida ni a la libertad" o, siguiendo a pies juntillas a "su" referente ético, cuya más que particular visión del mundo les exime a los magenta, al parecer de consultar cualquier otra fuente o de leer cualquier libro no firmado por Savater, "el maltrato a los animales no es un atentado ético" y "los animales no tienen derechos porque no tienen obligaciones". En fin.

Por un lado, y sintiéndolo por la realidad magenta, además de Fernando Savater hay dentro y fuera de nuestro país filósofos especializados en Ética. Prefiero no entrar en prestigios y mediciones. Como ejemplos dentro y fuera de defensores de lo contrario de lo afirmado por Cantó, estoy seguro de que los conoce bien, podríamos hablar con diferentes perspectivas de Ferrater Mora o Victoria Camps (y hasta con muchos más matices de Adela Cortina), de Peter Singer, Martha Nussbaum o de Tom Regan, por no recordar a clásicos del pensamiento como Jeremy Bentham. Estoy completamente seguro de que Cantó es perfectamente consciente de las implicaciones prácticas de su teoría de que quien no tiene obligaciones no puede ni debe tener derechos, por ejemplo, los bebés o las personas con discapacidad mental severa. Y es que en la cuestión de si los animales son o no sujetos morales, tampoco le vendría mal recordar las teorías de Kohlberg sobre la formación del juicio moral y sobre todo aderezarlas bien con los aditamentos añadidos por su discípula Carlo Gilligan y su formulación de la "ética del cuidado".

Desde otro punto de vista, al fin y al cabo hablamos de legislación, también presupongo a Cantó bien familiarizado con las teorías sobre los derechos subjetivos. Que no suelen oponer derecho a obligación salvo en un subgénero muy definido, y más bien toman como partida en su análisis la formulación de Rudolf von Ihering, para quien un derecho es "un interés jurídicamente protegido". Sin necesidad de contraprestación alguna. Y existen textos, dentro y fuera de nuestro país, que de forma lateral o clara y contundente, hablan de los "derechos de los animales" que Cantó niega. Leyes autonómicas (huy, espera, que los nacionalistas son malos y las autonomías también), normas del Código Penal (que en este país tienden a no cumplirse). Pero sobre todo la Declaración de Derechos del Animal, aprobadas por la UNESCO y ratificada por Naciones Unidas, así como los múltiples textos sobre la materia que forman parte del derecho vigente en la Unión Europea (y excepcionadas por nuestra España más cañí precisamente para evitar que el mundo civilizado meta sus hocicos en "nuestra" "fiesta" "nacional").

Sí, definitivamente hay otras formas de mirar el mundo más allá de las lentes magenta de Cantó. Sí, es cierto que habló de piedad hacia los animales y de que el maltrato degrada a quien lo comete. Pero ... ¿con qué consecuencias si no entendemos la existencia de un derecho o al menos de algo similar a un derecho desde el otro lado? ¿Nos limitamos a escandalizarnos y a llamar hipócrita a todo el mundo? Sí, es cierto que allí no tocaba hablar de todo esto, y sólo tocaba decidir si se daba curso a una propuesta concreta de unas firmas concretas. Pero fue Su Señoría Cantó quien abrió el fuego.

Sí, definitivamente, los animales viven, sufren, sienten, nos presentan una relevante capacidad emocional y social que les hace merecedores de un trato digno en su relación con los humanos, que les hace merecedores de garantías jurídicas para su bienestar, para erradicar el maltrato y el sufrimiento o al menos limitarlo hasta lo posible. Y ese respeto será solo posible desde los fundamentos teóricos, bien avalados y bien asentados por juristas, filósofos, éticos y científicos, de los derechos de los animales. Le guste a Cantó o le pique a Savater.

martes, febrero 12, 2013

CORSARIOS A OSCURAS



Creo que fue Antonio Maura quien proclamó que para gobernar lo esencial era contar con "luz y taquígrafos". O lo que es lo mismo, que confiaba en un Parlamento capaz de elaborar las leyes que debería aplicar el ejecutivo y lo haría desde la transparencia, la constancia en las actas, el debate público.

Hoy, que a través del Gran Hermano de la tecnología nuestras vidas, las instituciones, los actos de gobierno son más públicos que nunca, o deberían serlo porque podrían serlo, hoy que las redes nos ofrecen a tiempo real información y opinión que nos permite contrastar, explorar, errar por nosotros mismos, como nuevos luteranos en busca de la libre interpretación de los datos y la realidad, nos encontramos con instituciones que rozan el descaro, el insulto, me atrevería a decir el ridículo, tratando de hurtar a los ciudadanos lo que por derecho les corresponde.

Un día triste, sin duda, este doce de febrero de 2013, en el que el Presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada, con corbata verde, ha recibido en la sede de la soberanía nacional española a un corsario, uno de esos piratas con bula real para atracar con comodidad y sin riesgo: Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo hoy, ayer asesor de Goldman Sachs que recomendó al conservador Kostas Karamanlis falsear las cuentas de Grecia para obtener ventajas de la Unión Europea. O lo que es lo mismo, uno de los principales responsables del castillo de naipes que terminó, era de esperar, cayendo a las primeras ráfagas de crisis, arrastrando en su debacle a tantas economías, entre ellas la nuestra, por más que los amigos de Draghi, de Posada y de Karamanlis se empecinen en hablar aquí de herencias e irresponsabilidades que por derecho son suyas y de los suyos sobre todo.

Triste porque el Congreso ha decidido ante la chulesca imposición de Draghi celebrar la sesión informativa a puerta cerrada, sin cámaras, sin información. Jugando, como las peores dictaduras, a impedir con inhibidores que prensa o diputados pudieran alertarnos o informarnos del transcurso de la comparecencia con sus teléfonos o cámaras. Triste porque el Congreso ha elegido comportarse como una institución propia de un estado totalitario,ha decidido apagar la luz y dar permiso a las taquígrafas para que el tal Draghi pudiera hablar de lo que le diera la gana (¿ah,. pero con transparencia y publicidad hubiera sido de otro modo?) sin que la ciudadanía española pudiera siquiera tener datos en tiempo y modo. ¿Qué ha dicho que no debiéramos escuchar los ciudadanos? ¿A qué tiene Draghi, el corsario, miedo? ¿A quién tiene miedo? ¿Qué especie de secreto de estado arcano ha comunicado a nuestros diputados, como si de la tercera revelación de Fátima se tratase?

El Congreso de los Diputados es la sede de la soberanía nacional, y allí ocupan sus escaños nuestros representantes, pese a quien pese, lo hagan mejor o peor. Y en la medida en que la democracia es sobre todo procedimiento, nada de lo que en el hemiciclo ocurra nos debe ser hurtado. Mucho menos por la baladronada, por la imposición, por la desvergüenza de un poder externo y no democrático, como es hoy el de la Unión Europea, ejercido actualmente por un personaje de la más que dudosa catadura moral del italiano.Y eso que me parece que hemos salido ganando con relación a su predecesor.

No, definitiva y rotundamente no, no admito que se celebre a puerta cerrada, herido de secretismo, esta audiencia de privilegiados que juegan a no ser responsables del sufrimiento que están provocando. No es Jesús Posada, no lo son los diputados, no, por supuesto, el corsario Draghi quienes sufren la agenda de recortes y la brutal agresión contra sus derechos a todos los niveles. No. Ese sufrimiento es el nuestro, y no sólo en España. El Congreso es nuestro, es la casa de nuestra soberanía, las leyes que allí se elaboran nos afectan directamente a nosotros, lo que hoy haya contado Draghi se teje contra nosotros, sobre nuestras espaldas, no contra las suyas. Y no es ya que tengamos el derecho de saber de primera mano qué dice, qué y quién le ha preguntado, qué ha respondido. Es que es una exigencia absoluta del procedimiento democrático.

Luz y taquígrafos. Una luz que desde luego no deberemos en sus breves fogonazos a la institución, a nuestra institución (¿o es que ya nos la han robado también?) sino a nombres concretos y actitudes concretas que se las han ingeniado para grabar al corsario o se han molestado en comunicar por las redes las notas que han ido tomando.

Luz y taquígrafos. Una exigencia que nunca debería haberse obviado. Un cero para Jesús Posada que ha consentido la infamia y para quienes han bailado el agua a Draghi. Muchos. Porque no dejaré de preguntarme por qué los diputados y diputadas de la oposición permanecieron en sus asientos oscuros y opacos esta mañana (con que se hubiera quedado cada jefe de filas más que de sobra) o por qué al menos no escucharon las palabras del corsario de pie y dándole la espalda, mostrando su indignación por la burla y el insulto a la soberanía popular. Hubo un tiempo en que eso ocurría en ayuntamientos cuando tomaban la palabra quienes al parecer sustentaban las acciones y entramados terroristas. ¿De verdad pensamos que Draghi no es tan infame como los terroristas, que las decisiones que nos están hundiendo, que están destruyendo nuestras vidas y, en sentido literal, están acabando con tantas vidas no son terrorismo?

Luz y taquígrafos. Que el insulto de hoy sea el último de esta categoría. Porque no podemos consentir que además se nos robe la soberanía, aunque hoy sea más un espejismo que otra cosa.

miércoles, febrero 06, 2013

ALGO HUELE A PODRIDO EN DINAMARCA


Saturados. Al borde de la muerte por asco. Al límite.

Resulta difícil hablar de la burbuja de porquería que ha estallado, parece que por fin ha estallado. Y ojalá que este estallido público pueda servir para iniciar un camino diferente, para que una sociedad que ha estado demasiado callada, unos ciudadanos que hemos estado demasiado callados, y que tantas veces, por no decir todas, hemos mirado a otro lado, consentido, votado a los peores, a los más sucios. Y hasta hemos calificado de imbécil al político que se retiraba a su casa sin constancia de robos. Aunque soy pesimista, y me temo que en el país de Lázaro de Tormes si al fin hay una reacción será gatopardesca: que todo cambie para que todo siga igual.

Sorprenden, o no, ciertos mohínes de ursulina escandalizada, como si la corrupción nos hubiera pillado por sorpresa, un poco con el gesto de aquella brillante Marlene Dietrich en Vencedores o vencidos proclamando ante Spencer Tracy el mantra sanador "No lo sabíamos". Sí lo sabíamos. Ni siquiera lo sospechábamos: lo sabíamos. ¿Es que no veíamos los fajos de dinero que circulaban a nuestro alrededor sin explicación, no contemplábamos la especulación y el enriquecimiento veloz de tantos, no presenciábamos recalificaciones, adjudicaciones, oposiciones, tratos de favor, comidas en malas compañías, privilegios?. ¿Es que nunca hemos preguntado por algún conocido en un tribunal público, en una lista de espera, en un negociado? Hemos tolerado la corrupción, como una especie de mal obligatorio, justificándola con silencios y con discursos. Lo hemos hecho cuando las cosas iban bien y cuando tal vez muchos, secretamente o no tanto, esperábamos que algún día la varita mágica nos tocara cargada de dineros sucios bastantes para varias generaciones de los nuestros.

Me escandaliza ese otro mantra al que nos han querido acostumbrar, ese de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. No es cierto para una gran mayoría. Pero sí lo es que hemos consentido que quienes han tomado el poder, los poderes, al asalto, como si dieran rienda a una decisión divina y sin más mérito que ese, vivieran más allá de los límites de la decencia. Y los hemos admirado y premiado por ello.

Pero hoy, ante la dura realidad de una crisis que han provocado ellos con sus propias miserias, trampas y robos parece que empezamos a reaccionar en el lugar que nos gusta para nuestras proclamas más intensas: en las barras de las cafeterías, los transportes públicos y los mostradores ¡oh, sacra eficiencia hispana! Y aunque continuamos empeñados en el "Yo no" (y hasta puede que en algunos casos sea cierto), en el "Nosotros no" y en un pestilente "Los míos no", sean los míos compañeros de partido, de asociación, de calle, de profesión, parece que una cierta conciencia del desastre, del escándalo, se va abriendo camino.

Cierto, más allá de esa sociedad ausente y consentidora, hay responsabilidades concretas por hechos concretos. Muchos, comunes, demasiado normales y demasiado aceptados, pero no universales. Puede que ni siquiera mayoritarios. Y no es justo, tampoco es justo aunque forme parte también de la idiosincrasia nacional, la descalificación global en la que nos llevamos a todos y a todo por delante. ¿Vamos a dejar que sean la melancolía, la rabia, la desafección el único horizonte? ¿qué peligrosas puertas vamos a abrir, a qué peligrosas bestias vamos a llamar con ese nuevo reclamo?

En todos los niveles, en todos los espacios sociales y políticos, España se encuentra hoy en una encrucijada bien delicada. Hay salidas, hay capacidad para reaccionar, opciones para corregir el rumbo. Aunque puede que quienes hoy detentan el poder, los poderes, prefieran no darse por enterados, esperar a que amaine un chaparrón que tal vez, ojalá, no lo haga. No darse por interpelados y optar por mirar sus cómodos ombligos, vivir en sus círculos cerrados y autorreferenciales, permanecer sordos y ciegos ante la realidad. Responsabilidad especialmente suya es lo que está ocurriendo. Responsabilidad suya, exclusivamente suya, será lo que venga si no hay una voluntad clara, severa, me atrevería a decir puritana, de arrojar lejos la apestosa fruta podrida que nos ahoga, de abrir las ventanas y dejar que corra el aire, de establecer marcos claros, limpios y transparentes.

Nunca deberíamos haber llegado hasta aquí. Pero es lo que ahora tenemos, lo que ahora tenemos que enfrentar con la cabeza fría y sin temblor en las manos. Cirugía. Ya. Nos estamos jugando tanto que no quedan más opciones: Tiene que llover a cántaros.

martes, enero 15, 2013

¿QUIÉN ABANDONA?


No parece una pregunta baladí en este país que cuenta entre los avales de esa Marca España que al parecer tanto preocupa al gobierno con el indudable mérito de ser el país de la Europa occidental que peor trata a los animales, el más cruel e indecente con sus mascotas, el que sólo con las cifras comprobadas a través de instancias oficiales y sin que se pueda saber el número real de muertes y abandonos, lidera ante el espanto de los demás europeos la carrera del maltrato.

¿Por qué España, qué ocurre aquí que no exista en otras latitudes del viejo continente, quién abandona, quiénes abandonan o justifican y encubren los abandonos? Sobre el porqué, voy a limitarme a recordar que España hace del maltrato animal fiesta y señal de identidad, que una buena parte de la clase política, una buena parte de los ciudadanos, una buena parte de la intelectualidad o de los rostros populares mira hacia otro lado, cuando no aplaude abiertamente y con orgullo, apoyándose en el “arte”, la “historia”, la “cultura”, la “identidad” o la “tradición” lo que no es más que sadismo engalanado para el placer de los más bajos instintos de las peores personas. ¿Por qué íbamos a dar valor, pues, a la vida o al bienestar de un animal, qué responsabilidad iba a esperarse de nosotros? Lanza al toro, campanario al burro, degollina al ganso, sebo al cerdo, espolón al gallo, río al gato y piedra al perro. Olé y olé.

Pero ¿quién?

Abandonan, por supuesto, los dueños. Los que deberían ser compañeros de los animales que eligen para tomar parte en sus tiempos y sus vidas y acaban siendo sus verdugos miserables. Esos dueños que no cumplen las leyes vigentes, que no alimentan adecuadamente, que no se preocupan de la salud, siquiera de las vacunas, que no implantan el chip identificador ni esterilizan a sus animales para poder así saciar con nuevas y diminutas víctimas su voracidad y su irresponsabilidad.

Abandonan los cazadores, y con ellos muchos de quienes tienen cerca un animal sólo por motivos prácticos, y que no otorgan valor alguno a quien, sin embargo, les sirve con presteza y con eficiencia. Que no tenga el perro un accidente, que no muestre nervios o miedo, que no envejezca. Porque la crueldad humana encontrará mil formas peores que la del abandono o el tiro para que el perro pague con dolor su jubilación, sin que de nada valga abogar por la entrega y el trabajo bien hecho durante años. No, para ellos el perro no vale ni la bala con la que, al menos, acabarían rápido.

Pero ojo. Abandonan las administraciones locales, los ayuntamientos. Que no sólo no ofrecen espacios, indicaciones, información y apoyo para la tenencia responsable de mascotas sino que penalizan y acosan, hasta el punto de que en buena parte del territorio patrio sale más barato abandonar o apalear a un perro o gato que dejar que corra un rato en un parque o una playa.

Abandonan quienes deberían educar para el civismo y alientan y consienten, por ejemplo, carteles como el que durante años presidió la puerta de un colegio de Santander, un dibujo realizado por un grupo de peques autodenominados “los mataperros”. Y sí, mal los dueños que ensuciaban el patio del colegio cada tarde con los excrementos de sus mascotas. Pero no más profesores, dirección, alumnos y familias de ese dibujo impresentable. Abandonan los medios, que rara vez se ocupan de los excesos y rara vez lo hacen desde un análisis frío, objetivo e iluminador. Y que sin embargo celebran fiestas y cacerías y demás ceremonias del dolor.

Abandonan las autoridades regionales, los gobiernos autonómicos, que miran con indiferencia la dura realidad, que permiten la cría indiscriminada que, sin embargo, nunca admitirían en otras especies, que controlan armas y permisos de armas pero pasan de largo ante la realidad, estado y suerte de los perros, aunque se les llene la boca, eso sí, de declaraciones públicas de amor a los animales. Que no mueven medio músculo, que no encuentran medio minuto para hacer cumplir las normas que ellos mismos han elaborado no tanto para la protección animal como para tranquilizar sus sucias y culpables conciencias. Y que además estrangulan, presionan e ignoran a quienes, las sociedades protectoras, hacen el trabajo de concienciación, de denuncia y de rescate que deberían hacer ellas.

Y abandona, claro, la administración del estado, el gobierno, desde sus tres poderes. De nuevo con la indiferencia, con la pasividad, con la comprensión con maltratadores. Esa administración que sólo prevé penas pacatas e ineficaces en los ámbitos civil, penal y administrativo, sin asumir la seriedad del problema, penas tibias que además se esfuerza en no cumplir. Y valga como ejemplo ese juez que considera que no hay delito en arrojar a un pobre spaniel a una sima de 30 metros porque el animal no murió. Olé, señoría. O la subida del IVA veterinario sin excepciones para las protectoras que sirve sólo para estrangularlas aún más y hacer más difíciles las opciones de rescate.

¿Abandonarán también las instituciones europeas a gatos, perros y demás animales con la desgracia de “trabajar” como mascotas de los españoles? Hay denuncias interpuestas contra nuestro país, por otros países y por grupos animalistas de otros países, escandalizadas ante las cifras de muerte y abandono que se manejan. Yo espero que no, espero que Europa por una vez haga lo que debe y de un fuerte espaldarazo a la Marca España con una sanción ejemplar, que haga temblar a todos y cada no de los antedichos y tantos más como ellos. Y que los pudra, que nos pudra, de vergüenza.

(Nota: Entre tanta miseria humana, las protectoras y los animalistas dan un contrapunto de luz y de trabajo. Agradezco a Sos Setter la foto, que tomo prestada de su web, en la que se aprecia el estado, tumor, desnutrición, tristeza en que recogieron a Rocky Balboa, este pointer que hoy está felizmente recuperado y en espera de adopción. Como les agradezco su trabajo, les agradezco a la loca de Gin. Y como agradezco a Rocky Balboa sus ganas de vivir y la alegría y felicidad que hoy contagia).

lunes, enero 14, 2013

BOCACHANCLAS POR CASTA: DE ERRO A FEIJOO Y VICEVERSA


Tengo un poco desatendidas las nuevas admisiones al cuadro de honor de Imbéciles Sin Fronteras, la particular ONG nacida de las aviesas líneas de este blog y de las turbias ondas cerebrales de su fementido escribiente. Pero es que desde que descubrí el vocable bocachancla como postmoderno sinónimo de bocazas imperial catetoide me estaba pareciendo como todo un signo de modernidad incorporarla de algún modo o manera. Pero tengan vuesas mercedes por incorporadas a la elite más elitista de ISF a todo fantasmón que acabe por manifestarse tras ser convocado por la ouija de esta nueva aventura del Bocachanclas de Casta.

Y es que por si no fuera suficiente aguantar cada día sus tropelías y mamandurrias, se empecinan en hablar, o así. Sin que parezca que su villana estupidez pueda ya tener freno. Y sin que haya llegado todavía el momento en el que los periodistas les llamen la atención con finura y estampa en las ruedas de prensa sin preguntas que les molan ni la ciudadanía les dé la espalda o escupa a su paso.

En anteúltimos tiempos (estoy seguro de que a estas horas habrá ya nuevas perlas que igualarán o superarán las de días pasados) no quiero olvidarme de Javier Erro Urrutia, Consejero de Industria, Innovación y Empleo de La Rioja. Y como tal consejero, servidor público que debería. Pero como eso pasó para muchos a la historia y con los tiempos que corren, donde vía neogallardonadas no parece que a los ciudadanos nos vayan a permitir derecho alguno, ni el de quejarnos, los bocachanclas andan más que crecidos en riada. Así que espetó don Erro que no entendía de qué se quejaban los parados riojanos, ya que en su status no veía más que privilegios. O lo que es lo mismo, que tenían descuentos en la peluquería, en los cines y en los museos. Todo eso a pesar de que la tarjeta del paro no les costaba ni un céntimo. Que no sé yo si ahora estará pensando en cobrarles su condición de parados para que no haya afrenta alguna para quienes como él pagan la entrada entera a los museos, suponiendo que haya pisado alguno en su vida.

Hay algo que no entiendo, eso sí. Y es que si para don Erro es tan chiripitifláutica la vida del parado ... ¿por qué no se apunta de una vez a ese estupendo dolce far niente que además es gratis? Muchos se lo agradeceríamos, creo.

Debió de pensar Núñez Feijoo, Presidente a la sazón de la Xunta de Galicia, que no le parecía bien que fuera un riojano y no un gallego el que optara al premio a bocachanclas de enero, así que aprovechó la calva ocasión que le ofrecía la puesta de largo de la sexagésimo octava edición de la Vuelta Ciclista a España para llamarnos, muy finamente, eso sí, oigan, vagos y quejicas a todos. Arranca el rapazo con la afirmación de que "con la capacidad de sacrificio de los ciclistas, España saldrá en 2013 de la crisis". Que no voy a decir yo que los ciclistas no sean sacrificados como pocos, no me malentiendan. Pero me parece que lo de don Feijoo es cuando menos un insulto contra quienes estamos todos y cada uno de los días soportando estoicamente recortes y agresiones sin haber sacado todavía las guillotinas contra quienes viven tan divinamente como sicarios del poder en plena exaltación de los privilegios de casta. Vamos, que no tengo yo claro que sean los ciclistas más sacrificados que dependientes, parados, pensionistas, funcionarios, autónomos, jóvenes, estudiantes, trabajadores, usuarios de los servicios públicos, etcétera, etcétera, etcétera. No sólo es que me parezca un insulto, sino que me parece que don Feijoo no es que esté precisamente legitimado para dirigirnos semejantes escupitajos a los españoles.
Y todavía peor cuando luego las remata intentando tocarnos la honra genealógica afirmando que nuestros abuelos y padres no eran tan blandos y mariquitusos como nosotros y que ante las dificultades "se han quejado menos y trabajado más". Que ya no sabe uno si lo que le molesta a este tal señor es que no haya un dictador que ponga orden y nos tenga calladitos a base de miedo y de jarabe de palo mientras ellos desarrollan su cruel orgía de recortes, abusos y eliminación de derechos sociales y civiles (va haciendo méritos la Cifu, eso sí) o es que directamente es tonto del chirimiri. Porque la indecencia de escupirnos a los españoles para recriminar que nos quejamos mucho y trabajamos poco en un manos muertas clama al cielo.

miércoles, enero 09, 2013

Y AHORA EN SERIO. O ASÍ.


Fluvium Hiberum, is oritur ex Cantabris, magnus atque pulcher, pisculentus. (Marco Porcio Catón)

Pues eso, que el Río Ebro, caudaloso y limpio, rico en pesca, nace entre los cántabros. Al menos según lo que unos cuantos años antes de Cristo reseña en su obra Orígenes Catón el Viejo en la que se ha convertido en la primera mención histórica a los cántabros. Aunque me da a mí que si llega a saber la que se montó el cuatro de enero en Twitter a cuenta de la cita, hace nacer el Ebro entre los numantinos y se queda tan ancho.

Cuelga Miguel Ángel Revilla en su muro una foto en la que Marcano y el propio Revilla presentan el póster editado por la Consejería de Cultura antes del segundo advenimiento y que recoge la frase, con la recreación de un guerrero cántabro, para celebrar esa primera mención "de Cantabria". Y se monta el picayo. Pero tomen nota, porque al margen de los derroteros absurdos que acabó tomando la conversación o lo que quiera que fuese, y el polilólogo cómico que luego nos organizamos varios twitteros "necios" y "batasunos", van a escuchar una idea con frecuencia en la próxima temporada de la serie El ala oeste de Puertochico. La de que Cantabria no tuvo realidad histórica, como vendría demostrado por el hecho de que los autores griegos y romanos no hablan de Cantabria sino de Cántabros.

O lo que es lo mismo, que conforme a tan preclaro argumento y a tan distinguidos latinistas, no se podría haber traducido nunca la frase anterior como "nace en Cantabria" o "nace en la tierra de los cántabros" o "en el país de los cántabros". Porque ni tierra, ni país, ni perrito que les ladre. Por mucho que a los necios y a los batasunos nos parezcan traducciones tirando a sinónimas o cuando menos a bastante aproximadas.

A mí, que como sabréis ustedes vosotros me encanta enredar, y que de lo que pudiera ser Cantabria en los tiempos pretéritos no deduzco máximas políticas válidas para la actualidad pero que al mismo tiempo siento ternura, interés, cariño por las raíces, la cultura y el devenir de este pedazo de mundo en el que caí como por casualidad un ya casi tan vetusto como Catón 26 de abril, pues me produjo fatiga y sorpresa el argumento. Supongo que la principal razón es la obvia relación entre el nombre de un territorio y el del pueblo que lo habita. Así pues, de la misma manera en la que España es la tierra de los españoles, para los romanos la Galia era la tierra de los galos. Aunque bien es cierto que puesto que el concepto de estado, el concepto de nación y otros similares nacen muchos muchos años después de la caída de Roma y hasta de la de Bizancio, también podemos pensar en el camino inverso, y que los romanos decidieran bautizar como Germania al territorio que poblaban los germanos y Armenia la habitado por los armenios. Como fuere, parece que tanto en una vía como en la otra, tendríamos que suponer que para Catón había o bien una Cantabria que daría nombre de cántabros a sus pobladores o unos Cántabros que siguiendo esas instrucciones del Génesis de nombrar el mundo le habrían otorgado a su suelo raíz el nombre de Cantabria. Momento bizantino-discursivo, como podéis observar. Pero la nueva doctrina es la de apuntar que no hubo Cantabria sino cántabros, y así se lo aprendieron ellos. Y que además, ese "cántabros" ni denota ni connota organización alguna.

Y es verdad que los cántabros debían de ser un poco dejados para sus cosas y tenerlo todo manga por hombro. Por eso, digo yo, contarían en el número de los bárbaros. Además de por no habitar durante un tiempo dentro de las fronteras de Roma y de no hablar latín. Pero a mí las fuentes y los comentarios de los diversos necios y batasunos de la Antigüedad vuelven a provocarme cierto desconcierto. Porque Catón el Viejo no decidió que el Ebro naciera entre los plentusios, sino entre los cántabros. Y así podemos ir apreciando en ciertas citas que la percepción de griegos y romanos era la de que diversas familias, tribus, gentilidades, comunidades, ciudades o lo que más les preste, con individualidad y nombre propio (concanos, blendios, avariginos, vadinienses, orgenomescos et altera) podían ser referenciados como tales, al señalar las comarcas en las que se distribuían, pero de manera común podían ser citados bajo el nombre de "cántabros". Lo que viene a significar, entiendo, que había comunidad de lengua, costumbres, religión, etnia y lazos más que suficientes para que fueran considerados como un todo. Claro que los escritores griegos y romanos, por el mero hecho de escribir, debían de computar como miembros de esa tribu tan aborrecida por los cavernícolas hispanos a la que conocen como intelectualidad. Y de los intelectuales qué vas a esperar, pues que sean necios y batasunos. O todavía peor, gays.

¿Podía haber pues cántabros sin un territorio Cantabria y sin una cierta estructura que permitiera unificar a varias comunidades en una realidad diferenciada de los vacceos al sur, los astures al oeste y los autrigones al este? Me pega a mí que no. Pero seguro que el argumento de autoridad más solemne proferido durante la bizantina polémica "Es que yo soy de Ponferrada" por uno de los intervinientes zanja la cuestión.

Pero por muy zanjada que esté y por mucho que vayan a escucharse las proclamas de que hubo cántabros pero no Cantabria, la realidad estrictamente marcada por las fuentes es otra. Porque los autores latinos hicieron referencia, sí, y con cierta profusión a los Cántabros, para sustantivar a un pueblo con el que estuvieron en guerra y con el que se tropezaron en otros conflictos. Pero usarán también el adjetivo Cantábrico, para hablar de hierbas, ciudades y costumbres, bien de los cántabros bien de la Cantabria, que para ambas realidades sería posible y ... oh, sorpresa, sí citarán expresamente a un territorio más o menos concreto con el nombre de Cantabria. Y ese nombre de Cantabria aparecerá, en diversos casos de la primera declinación (para que no se nos extravíe la distinguida traductora de las cercanías de Ganzo, no vaya a ser que se nos asuste al ver escrito Cantabriam o Cantabriae), en los escritos de Suetonio, de Plinio Segundo, de Floro, de Orosio y de Isidoro de Sevilla en diversos tiempos de esa curiosa Antigüedad.

Pero no vayáis a cometer el error y el horror de decirle al de Ponferrada y sus amigos que sí citan los romanos a Cantabria, con tal nombre, porque os integrará en la cuenta de los batasunos, los necios y las sectas.

Maldito Catón ...

domingo, enero 06, 2013

TÚ A LA ATLÁNTIDA, YO A PONFERRADA



Desde bien pequeño soy consciente de mi condición de atlante. Pienso en atlante, vivo en atlante, sueño en atlante y para comunicarme con mis semejantes y hasta con mis disímiles utilizo esa variante del atlante emparentada vagamente con las lenguas ugriofinesas y con el birmano clásico.

Pero ante mi atónita mirada, va un señor y me espeta el otro día en Twitter que él lo sabe todo de La Atlántida,y de Birmania. Y que La Atlántida es un invento de Platón y él lo sabe bien porque es de Ganzo, o de Ponferrada. Y que yo no sé nada de nada porque pone en mi perfil de Twitter que soy gay y en lógica consecuencia sólo tengo  capacidad para hablar de hombrones, de bolsos y de chándals; que le cito a Tartessos y su bíblica constancia porque soy batasuno, necio, mariconsón y muy muy mala persona. Y que además no entiende lo que escribo porque no pongo faltas de ortografía como las suyas, o porque él no superó la EGB pero porque no quiso aunque su señora de él sí que la superó y algún día lo hará su niña (las dos por lo que se ve también atlantes), o porque las mayúsculas y los signos de puntuación no estaban en su libro de texto del celebrado colegio Nuestra Señora de la Caspa en Pelazo, o porque como soy mariquituso y escribo en ugriofinés atlante, pues la comunicación comunica. En fin, que it's very difficult todo esto. Oh yeah.

El caso es que como la comunicación no fluía a pesar de que escribió el carcamal de Catón el Viejo que el río Ebro nace entre los cántabros, dato importante que demuestra a/ que Cantabria no existe y b/ que en el Valle de Campoo, no mencionado por Catón pero paradójicamente existente, tengo mi casuca blanca y en ella tengo a mi amor (Así me lo aprendí yo, porque mi abuelo, oigan, nació en Espinilla). Pues eso, que como el Ebro no fluía pues el del pelazo de Ganzo o de Ponferrada, de profesión  Opinador (u Opinante) por la Universidad de la República Independiente y Roja del outlet de IKEA que está en las afueras de Ponferrada. O de Ganzo. Porque mi otro abuelo era de Bustablado, aunque vivió unos años en Chicago, como Obama. Pues eso, que como todo eso se enfadó y me dijo que me fuera a hacer guarrerías atlantes con un señor con barba de Gijón, según dijo todavía más maloso que yo. Y eso que el de Gijón no es atlante y tiene barbas y yo soy paradójico y prefiero hombrones niñatos, depiladitos y con tatuajes macarras. Pero ya se sabe que los mariconsones atlantes ugriofineses sólo pensamos en el folleteo a tutiplén sin orden ni concierto en cuanto nos quitamos el chándal y aparcamos el bolso.

Fue entonces cuando apareció Mari Ella, que unas veces es de Ganzo, otras de Duález pero tiene un tío que hace empanadillas en Novales y un novio policía en Liérganes. Se nos apareció para poner orden, porque ella sabe traducir del latín y los demás no, y sabe que los escritores de la Edad Antigua hablaban de atlantes, de cántabros y de ugriofineses pero no de La Atlántida, ni de Cantabria ni de Finougria del Palancar. Lo cual demuestra que a/ ella es de letras puras o eso cuenta, b/ que los atlantes vivían en Badajoz, los cántabros en Badalona y los finougrios no sabe, pero igual eran terroristas vascos como piensa el del pelazo de Ponferrada, ¿O era Ganzo?. Y sobre todo c/ que Suetonio, Floro e Hidacio de Chaves escribieron la palabra Cantabria sólo por joder, lo que a su vez demuestra que eran gays, porque los mariquitusos, ay, ya se sabe, sólo pensamos en el folleteo. Y en bolsos y chándals.

Pero como el del pelazo de Ganzo (o puede que de Ponferrada, porque una de mis abuelas era de Santander y la otra también) estaba ya muy enfadado y no quería ni opinar, el pobre, y la latinista de Duález no sabe atlante, pues al final no nos enteramos de qué tienda de Ponferrada tiene bolsos monos para combinar con chándal. Pero sí de que los birmanos no llevan falda sino longyi.

Nota 1. Es surrealista, sí. Pero a veces las redes sociales son surrealistas. O directamente tontas del chirimiri, (palabra vasco-atlante de reminiscencias batasunas no usada de forma habitual en Ponferrada y rara vez en Ganzo).

Nota 2. No habéis entendido nada porque no domináis el atlante, cariños.

Nota 3. Si sois buenos, a lo mejor mañana escribo un post que lo aclare. O a lo mejor no.

Nota 4. ¿Alguien tiene un bolso que me vaya bien con este chándal?

Nota 5. Sol.

Nota 6. Gracias a José Luis Kikirikí, a Rubén the Hunter, a Kimm-Arantxa, a Teresa Coudeletras, a Mara Numeritos, a Victoria Actinia, Renata Whitemountains et alteros por sus tweetaportaciones para una charla mitica y por su dominio del atlante.

jueves, enero 03, 2013

YO NO ESTOY INDIGNADO. UNA MIRADA SOBRE EL 2012.


Puede ser que las ausencias se vayan acumulando hasta pesar demasiado, puede ser que ese peso en realidad sea el de los años o el de las decepciones. Pero en esta especie de balance obligado de fin de año, que se ha retrasado un par de días, al echar la vista atrás tengo la sensación de que 2012 fue el año en el que me rendí. Un año líquido, como la modernidad de Baumann, lleno de escollos a los que te vas adaptando y que vas integrando dentro de tu propio itinerario.

Es cierto. No he conseguido sobreponerme a la muerte de Leo hace ya dos años, tan absurda, tan injusta. Y puede que los esfuerzos por no caer y por mantener cierta apariencia de fuerza o al menos de serenidad, con tanto desgaste propio y tantas manos amigas apuntalando, diera fruto y se frenara el batacazo, pero al tiempo dejara en suspenso esa sensación de que ya no. De que en lo personal van cerrándose capítulos y de que probablemente la soledad, la íntima, la del hogar, haya llegado para quedarse. Lo cual no es necesariamente malo, pero sí desolador. Recuerdo unos versos prodigiosos de Ada Salas, cargados de silencios. "Ya no será la paz: / Han besado mis ojos / tu terrible desnudo". Versos en los que puedo leer a Leo, la pasión, la intimidad, la enfermedad, la despedida, la sombra.

Glenda era uno de las últimas realidades compartidas, ella que tantas veces buscaba calor interponiéndose entre nosotros en el sofá o en la cama. Y ahora se ha marchado también, en paz, con la mirada vieja y agotada, sin sospechar toda la nostalgia que deja. Como se marchó la Galería DelSol St. Un espacio bello, humano, vivo, en el que aprendía a cada exposición, en el que me hacía mejor con cada conversación compartida con Javi, con Violaya. Con Fernando, con Fernando Zamanillo, esa persona grande de corazón grande y sabiduría grande a la que Santander se le quedó demasiado pequeña hace muchos muchos años pero que no quiso marcharse y optó por no rendirse nunca. Y que sigue en la brecha sin que a sepamos demasiado bien abrazarle, o animarle, o mostrarle nuestra gratitud por ser como es, por estar donde está, por enseñar y buscar y apostar y arriesgar.

Como se marcharon también muchas esperanzas y muchas apuestas en el mismo viaje en el que gentes, ideas y organizaciones decidieron atrincherarse y esperar en vez de ventilar, abrir, regenerar. Y prefiririeron el rito al don profético. Dejándonos también desorientados, confundidos y cansados, víctimas de esa especie de enfermedad del desafecto. Mientras la intemperie se agudizaba y los valores y modelos en los que  creemos son salvajemente golpeados cada día, y el revanchismo y el rencor de quienes nos ¿gobiernan? se cebaba con tantas cosas importantes y hasta procuraban el golpe parlamentario ad personam , en esa miserable intervención de leticia díaz, pergeñada probablemente en otra mesa hipócrita, la de chabela gómez, que no voy a perdonar.

Por supuesto, claro, la luz, toda esa luz que también estuvo en el 2012. Sería injusto no recordar tantos instantes felices, tantas palabras felices, tantas sonrisas. Amigas y amigos sembrando cariño y cercanía, incluso desde la lejanía de las redes. Mis alumnos, y sobre todo mis alumnas, de literatura universal, de español para extranjeros, de música, mis grupos de lectura de pueblo en pueblo, mal que pese a las dos de arriba. La pesadez de Glenda, más tierna y frágil, más cercana puede que por eso, que nunca, sin renunciar nunca a su alegría, y la locura de Gin. Ese refugio que encontré como cada verano en la UIMP y su aire fresco y diferente y que no sé si será posible de nuevo en el 2013.

Pero entre todos no han conseguido frenar la caída, la desazón, la sensación de cansancio y de desamparo. Ese no estar en el tiempo correcto, en el lugar correcto, en la actitud correcta, en la vida correcta. Ese decidir que ya ha terminado el tiempo de buscar y de pelear y de que ahora les corresponde a otros intentar hacer mejor algún pedacito de mundo.

Son esos, ellos y ellas, quienes tienen la energía para estar indignados, quienes tendrían derecho a hacer afirmaciones como la que nos deslumbró en Casablanca de que "el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos". Porque ante este mundo que se derrumba , otros nosotros hemos perdido ya los trenes y hasta la referencia de las estaciones. Y no vamos a dejar de luchar, porque está en nuestra sangre, en nuestra manera de ser y de estar. Pero lo vamos a hacer, lo voy a hacer, desde la desesperanza, desde el enfado, desde la decepción ... desde la derrota.

¿Merece la pena hacer planes para estos meses que acaba de inaugurar el calendario? Habrá que buscar compañía para Gin. Habrá que empeñarse en las clases, en la poesía que está volviendo a reclamar paso. Habrá que seguir soñando en probar suerte por otros lares, quién sabe, y en poder dejar esta ruina que una vez quise "ciudad posible" y que forma parte por pleno derecho del Ya No.
No, definitivamente miro hacia un 2012 de espanto y no estoy indignado, no encuentro fuerza para estar indignado. Solamente triste, muy triste, carente de esperanza.

miércoles, enero 02, 2013

GLENDA DESDE EL CIELO


Querido “Gafapasta”:


Hace ya algunos días que tuve que marcharme, no porque no fuera feliz contigo y con Gin y con las gatas y con toda la gente maravillosa que fui conociendo. No, he sido una perra muy muy feliz, pero hasta las perras muy muy felices cumplen años y llega un momento en el que el corazón dice que ya no da más de sí, y las patas empiezan a moverse temblorosas, y un velo de cataratas oculta la mirada y… y ya no puedes seguir y sabes que se ha terminado el tiempo. Los animales lo sabemos y al contrario que los humanos no nos resistimos y elegimos partir con dignidad. Por eso dejé de comer, me tumbé y ya ni siquiera quería salir de casa, aunque la cabeza me decía que todavía me esperaban tantas maravillas fuera. Me daba pena mirarte, claro, que te estabas poniendo triste, me daba cuenta de que Gin estaba muy nerviosa y venía a cada rato a chuparme el hocico, pero así son las cosas.

¿Qué más podía querer? Me marché contigo mirándome y acompañándome, mientras me acariciabas la pata para que estuviera tranquila. Y en esos últimos momentos, justo antes de dormir para siempre, se me vinieron millones de imágenes a la cabeza. Recordé aquella mañana de verano en la que me apartaron de mi madre y mis hermanos y me llevaron contigo, recordé cómo la primera noche busqué tu olor, tu calor para dormir porque ya te había hecho mío, recordé mis primeros juguetes, el gran dado amarillo, y los últimos, la muñeca de Hello Kitty que Gin encontró perdida en la calle y que le robé descaradamente. El capón de Navidad y sus exquisitas pechugas, aunque ya sabes que el chico para el que cocinaste no me gustaba nada y yo tenía razón. Recordé la bahía de Santander, cuando íbamos en la patera de Ángel rumbo al Puntal para pasar un día de luz agotadora, las caricias del Cantábrico cuando me quedaba como tonta metida hasta el hocico, dejando que la marea me acariciara y me invadiera el frescor. Vi como si fuera otra vez la primera la cara sonriente de Leo y volví a enamorarme de él igual que tú, y a quererle y a cuidarle y a buscarle. Recuperé el primer día de las gatas, esas dos pizcas de casi nada que bufaban cuando me acercaba y acabaron siendo mis dos cachorritas, y la primera noche de Gin en casa, cuando me enfurruñé y quise poner orden para que no se desmandara. Jugué otra vez al fútbol con Sergio y sus amigos, y volví a lamer la cara de Ángel. Recordé la sonrisa de María. Defendí con pasión mi palo frente a aquella horda de sos-setters chiflados en la Ría del Pas. Fui de paseo, de manifestación, corrí por la playa y por el parque con niños y con perros. Me tiré encima de Valva y de nuevo le di las gracias por haberme dejado quererla tanto. Y sobre todo te vi a ti, me acurruqué a tu lado para buscar calorcito, sentí tus caricias, escuché cómo latía tu corazón sincronizado con el mío y sentí muchas ganas de mordisquearte la nariz para darte las gracias.

Y ahora en el cielo…

Todos los perros van al cielo, porque no se puede ser perro sin ser bueno. Ya sabes que la maldad es como Soberano, cosa de hombres. Y eso es bueno porque el cielo es un lugar maravilloso. En realidad los cielos, porque cuando uno atraviesa la frontera se encuentra con su propio cielo, y en ese cielo está todo lo que has amado durante tu vida, todo lo que te hizo feliz y te puedes sentar a esperar hasta que llegue lo que todavía se quedó en la tierra. Y unos cielos se chocan con otros y se hacen intersecciones y así puedes conocer nuevas experiencias. Y como aquí no hay ni tiempo ni espacio, es como habitar una gran sonrisa.

¿Mi cielo? Tiene varias partes, un armario ropero infinito lleno de alta costura y una pasarela roja hacia la luna. Un prado siempre verde, y una playa tranquila con aguas transparentes. Hay balones, y colchones comodísimos, y puedes comer capón todos los días, pero también otras cosas ricas. Y tomar el té con Balenciaga y charlar con Coco Chanel antes de la cena. Y pasear horas y horas y horas con Leo, que me estaba esperando a la puerta y gritó contentísimo “Mirad, aquí llega mi enfermera favorita, ¡Glenda, Glenda!”. Y me puse yo tontísima y se me puso el rabo como loco para un lado y para otro. Y me abrazó y me fue explicando cómo funcionaban por aquí las cosas y que no había que sentir nostalgia porque yo iba a estar siempre contigo.

Sí, cuando llegas tienes que elegir algún truco para besar a los que echas de menos. Por ejemplo, cuando te estás quedando destemplado y de pronto sientes un calorcito maravilloso, es que te acaricia Leo. Cuando comes algo y descubres un sabor perfecto, intenso, es que tu padre ha pasado cerca. Las palabras maravillosas que más te conmueven en los libros son la Tía Chavita. El olor de la ropa blanca al sol y todos los demás olores naturales te los envía la Abuela Rosalina. Esas cosquillas que a veces te hacen sonreír son de Lander. Las ganas de bailar cuando escuchas algo molón en la radio te llegan de la loca de Lola, tu primera setter. Y yo, bueno yo he decidido ser esa estrella que brilla mucho más que las otras cuando miras al cielo en una noche despejada y sientes que el mundo te inunda de maravillas.

Recuérdalo siempre., porque con todos esos pequeños golpes de belleza estamos dando forma aquí al que algún día será tu propio cielo.

Y si no te lo crees, mira esta noche a las estrellas.

Te quiero, Gafapasta.



viernes, diciembre 07, 2012

VIEJA


“En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada” (Luis de Góngora)

Qué difícil mirar a Glenda sin sentir pudor ante su fragilidad. A ella, a Glenda, que jamás ha estado enferma, que nunca mostró el menor síntoma, la menor dolencia, que caminaba siempre segura, firme, alerta, feliz, que derrochaba alegría y que de repente ha sido derrotada por el peso de la edad.

Glenda, robándome un jersey por la noche y echándose a dormir encima para conservar el olor de quien ya había elegido como compañero de vida la noche que llegó a casa. Glenda, increíblemente diminuta jugando con un gran dado amarillo que no cabía entonces en su boca. Glenda, una cachorrona loca buscando perros y niños con los que jugar hasta el agotamiento. Glenda, descubriendo asombrada la existencia de unos seres más bien antipáticos llamados “gatas”. Glenda, pinchando balones como portera de fútbol, lamiendo rostros infantiles, encontrando pelotas de tenis bajo los coches. Glenda, saltando una y otra vez las verjas de la bolera en una exhibición de potencia y de vitalidad. Glenda, devenida en poeta de pronto y olisqueando atónita el vuelo de una mariposa. Galopando en la playa, señora de las olas. Mirando los fuegos artificiales por la ventana. Cuidando a Leo, echando de menos a Leo. Panza arriba en busca de cosquillas. Glenda intentando controlar los desmanes de su niña Gin. Glenda.

Cómo no le iba a resultar duro a un corazón tan grande trabajar tanto tiempo con tanta intensidad, cómo no iba a pasarle factura tanta vida.

Fue de repente, en octubre, apenas mes y medio, cuando Glenda se volvió vieja. Tras un verano de sol y ligereza, empezaron las patas a moverse torpes imprecisas, empezó su respiración a ser jadeo. La artrosis muerde sus vértebras, un pequeño velo de cataratas nubla su mirada, y su ritmo es lento, como de zarabanda triste cuando se tumba en plena calle para recuperar las fuerzas o contempla esas escaleras y cuestas que se le han vuelto terribles enemigas. Y eso a pesar de que se resiste a la ayuda, de que no le gusta que la tome en brazos para subir hasta la puerta de casa.

Está a la puerta cuando voy a salir, porque no quiere renunciar a sus paseos. Espera un grito de ánimo, un absurdo “vamos, chiquitina” para encontrar en su debilidad un poso de energía. Soporta con estoicismo los mimos locos de Gin, que la espera coleando, que le lame los hocicos y la nariz intentando insuflarle sus ganas. Olisquea y mordisquea inapetente la comida hasta que por fin me ablanda y acabo buscando una golosina, un poco de carne, algo que le apetezca para comer aun con desgana. Se me tumba al lado cuando estoy al ordenador, cuando leo, cuando duermo, como estirando las horas que nos quedan juntos, preocupada por lo que le pasara mañana a ese insensato que fue el objeto de su guarda y sus cuidados durante tantos años.

Y es que creo que sabe que se está yendo, con esa dignidad con la que nos dejan los animales: obedientes a los dictados de su propio cuerpo y con sus almas siempre limpias. Lenta, llena de paz, Glenda, que siempre ha sido, que es, una estrella, un don, una perra buena.

http://www.youtube.com/watch?v=7utC-Gg3bm4

lunes, diciembre 03, 2012

ANTISISTEMAS EN EL GOBIERNO

¿Liberales? Resulta difícil descubrir en este momento rastro alguno de Liberalismo en el gobierno ultramontano que más bien no-capitanea en estos momentos la nave España pero que aprovecha las tormentas financieras internacionales y la sed de venganza contra todos los avances sociales y cívicos de legislaturas anteriores para implantar ese credo ultraconservador que apenas habían podido disimular pero que les crece como colmillo vampírico cuando tocan poder.

Del Liberalismo, que en sus orígenes fue una apuesta por el progreso social, una lucha contra la arbitrariedad del poder bien asentada sobre la idea de la división de poderes, de los mecanismos de control y de la generación de espacios de inmunidad y defensa del espacio individual, poco o nada encontramos (ya ni siquiera ese anarco-liberalismo de las escuelas económicas más radicales que tanto gustan, dicen, a la Condesa Consorte de Murillo) en la realidad de un gobierno empeñado en destruir a través de la perversión institucional el sistema del Estado Social y Democrático de Derecho consagrado en la ya tan depauperada Constitución Española de 1978, que llegará esta semana a su trigésimo cuarto aniversario apoyada en un tacataca de incierta solidez.

De ninguna manera se puede considerar liberal a un gobierno que desprecia al Parlamento y sus funciones constitucionales, que gobierna a golpe de decreto a sabiendas de que una holgada mayoría absoluta convierte a Congreso y Senado en meros comparsas del Ejecutivo. A un gobierno que promueve hacia altas magistraturas del estado, precisamente a las que en el entramado constitucional deberían realizar la labor de control de desafueros y desviaciones de poder, a miembros señeros del clan, de independencia ya no discutible sino evidentemente nula, como a Soledad Becerril, Marquesa de Salvatierra (les pierde la titulitis, ya ven), elevada a la distinción de Defensora del Pueblo, aunque parece que no acaba de entender ni cuáles son sus atribuciones ni quién debe ser el centro de sus desvelos. Como a Andrés Ollero, quien difícilmente podrá aportar una visión jurídica neutral o al menos equilibrada, siquiera en apariencia, tras años como diputado del PP (y sin entrar en otras dependencias).

Me preocupan mucho más, si cabe, las agresiones contra las esferas de la privacidad, como la planteada reforma de la legislación sobre interrupción del embarazo que quiebra incluso el viejo consenso de mínimos plasmado en la vieja ley, al impedir a las mujeres víctimas de violación ejercer su derecho a una maternidad libre y querida. Y todavía más las reformas encaminadas a impedir la propia defensa, la vieja idea de la inmunidad personal, de los ciudadanos. ¿Liberales quienes convierten en delito grabar, fotografiar o registrar por cualquier medio las agresiones y excesos de las fuerzas de orden público? Se avala así no solo la arbitrariedad sino la impunidad y la brutalidad. ¿Liberales quienes introducen toda una serie de trabas y muros, económicos por supuesto, para acceder a la administración de justicia? De nuevo una agresión sectaria (y clasista) contra quienes menos pueden y menos tienen que convierte en imposible el sistema de garantías establecido en nuestra legislación y avalado por la opción del recurso a instancias más altas del Poder Judicial. O esa cadena perpetua revisable que sin justificación alguna más allá de la propia hipocresía de quienes indultan a los ricos para cebarse en los pobres en un sistema penal qu

Las disculpas son muchas, a cuál más kafkiana. Sí, cada vez tiene uno más la sensación de encontrarse prisionero en El proceso o en El castillo. Desde el racarraca de la herencia recibida a las posibilidades sobrepasadas o las penurias económicas. Pero ni bastan ni convencen para ocultar la cruda realidad, la de que el Partido Popular pre-totalitario de Mariano I desde la desfachatez y la demagogia ha decidido tomarnos a los españoles como rehenes y destruir desde la amenaza, el miedo, la demagogia, la mentira y la inestabilidad un sistema lleno de defectos, sí, pero cargado también de virtudes, que llegó con la Constitución y que hasta ahora había encontrado caminos para seguir adelante.

Y es que ya lo decía Machado, Hay que ver, don Manuel, cómo son los liberales.

martes, noviembre 27, 2012

¿Y SI NO SE TRATARA DE PEDIR PERDÓN?



Circuló primero por redes y medios, a modo de mantra, la idea de que el PSOE debería pedir perdón como único medio para poder recuperar la confianza del electorado. Creció la bola y en estos días nos hemos encontrado desde algunas tímidas intervenciones con tono penitencial de algunos líderes a otras voces que de forma más abierta recogen la idea y hasta un video en el que varios militantes de diferentes puntos del país concretan y directamente piden perdón. Yo mismo, en un Comité Regional del PSOE de Cantabria hice referencia a esa necesidad de reconciliación con la sociedad. Pero…

A partir de esa idea básica con la que estoy más de acuerdo que en desacuerdo, se me vienen planteando algunos problemas de concreción. El primero de ellos es la propia idea de perdón, culpa y demás referencias a los salmos penitenciales, porque no sé si me cabe en una cuestión de gobernanza pública o de integridad ideológica ese peso de la mentalidad judeocristiana. Del gobernante me importa más la responsabilidad que la culpa; del ciudadano más el diálogo crítico que el perdón. Por otro lado, tampoco tengo claro quién debería pedir perdón. Ahora son varios militantes quienes lo han hecho pero no tengo claro que un militante, la militancia, tenga que soportar ese peso moral sobre sus hombros por decisiones que no fueron ni consultadas ni explicadas. Así que más allá de un cierto maquillaje y de una sanación personal de quienes se sienten apelados por el mantra de la culpa, no sé si lo veo, no sé si esa responsabilidad debería recaer sobre el partido como organización y sobre sus líderes como principales voces y como representantes públicos del mismo.

Más cosas que no tengo claras, como la del perdón a quién y por qué. De entre quienes repiten a cada segundo esa exigencia de que el PSOE pida perdón, de quienes lo hacen con más virulencia, muchos son militantes o simpatizantes de otros partidos que de esta especie de muerte civil decretada por las redes están obteniendo réditos. Su estrategia me parece legítima, claro, pero no sé si en concreto mi partido les debe algo. Más allá, si nos ponemos sacramentales, a la asunción de culpa y el propósito de enmienda y todo lo demás debería corresponder el perdón de quienes andan autoinvistiéndose de sacerdotes de la sociedad. Y no deja de ser curioso pero quienes exigen esa inculpación, cuando se produce, más clara o más tímida, nunca responden con el rece tres padres nuestros y queda perdonado. Sino que atacan más a fondo, aprovechando la debilidad mostrada, insistiendo con nuevos mantras “No me lo creo” , “Ahora ya no sirve” , “¿Por qué no lo dijisteis antes?” y otras fórmulas cercanas que demuestran la impostura del juego. Si se trata de pedir perdón a la sociedad en su conjunto y como tal, tras dos legislaturas veo luces y sombras, veo aciertos y errores, aprecio traición de ciertos principios con el fin, me temo, de salvaguardar otros. Lo previsible, normal, lógico, más o menos. Hacia una sociedad que, bueno es recordarlo, vivió amodorrada en su propio confort hasta bien entrada la crisis, una sociedad que en España se ha caracterizado por su escasa combatividad, por su bajo índice de participación, por su pasotismo. Algo tendrá ella también que reflexionar.

Retomo la idea de que no acabo de entender bien qué función tiene ya el escarnio público (como auto de fe ya han funcionado las distintas convocatorias electorales), al menos desde el punto de vista del PSOE. Pero sí que creo conveniente, urgente y deseable un ejercicio de explicación y de transparencia. Un ejercicio en el que debería repasarse toda la acción de gobierno de las dos legislaturas presididas por Rodríguez Zapatero, desde una perspectiva crítica, en el que debería ponerse sobre el tapete la información de que se disponía, los datos que se manejaban y por qué esos y no otros. Deberían explicitarse, con nombres y apellidos, con tiempos y exigencias, las presiones y chantajes llegados desde instancias institucionales y financieras nacionales y extranacionales. Debería aclararse por qué el gobierno decidió someterse a esa presión, qué pretendía conseguir con la sumisión y qué se consiguió de hecho. Y por supuesto, realizada esta evaluación, desarrollado este ejercicio de transparencia, valorar y dejar claro ante la opinión pública en general pero sobre todo de cara a militantes, simpatizantes y votantes en general cuáles de las decisiones fueron forzadas, cuáles acertadas y cuáles hoy, desde una perspectiva diferente, fueron un error y hasta un horror.

No creo que se trate de un problema de culpa y perdón, sino un ejercicio de responsabilidad y de transparencia al que la política y la sociedad españolas están poco acostumbradas. A partir de ahí, se ganará credibilidad o no, se podrá recuperar el pacto civil, la comunicación, el diálogo con quienes configuraron las mayorías electorales de otros tiempos o no. Pero el PSOE podrá, por fin, cerrar un capítulo, y dejar de revolcarse en el pasado para intentar respirar hacia el presente y hacia el futuro.

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Un Santander Posilbe by Regino Mateo is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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