martes, septiembre 30, 2014

LAS PARCAS (Fauna de Autobús)


Al contrario que Caperucita, elijo para regresar a casa el camino más largo. No tengo gran cosa que hacer, llevo en la mano Sebastián en la laguna, de José Luis Serrano, y una larga tirada en la Línea 5 parece una disculpa estupenda para sumergirme en la lectura de unas páginas hermosas y sutiles como esta calma del final de esta tarde primeriza de otoño. 

La Línea 5 es, en el Servicio Municipal de Transportes Urbanos de Santander, toda una novela por sí misma. No es la única que en su recorrido abandona la arteria principal de la ciudad y se adentra en los extraños territorios de los barrios, pero por alguna extraña razón es más bulliciosa, singular, parleras y conflictiva que otras. Aunque a las nueve de la noche y con el autobús casi vacío, puede resultar calma y placentera como cualquier otra. Y vaya, que es la que me deja más a mano de casa.

Me siento casi al final del autobús, busco la página marcada y retomo la lectura con las tías de Wences que se quieren morir y Tadeo enfermo maldito de SIDAy Carlos el Aburrío contemplando un OVNI. Las palabras de nuevo comienzan a inundarme cuando, maldición, las Parcas ocupan los asientos de la culera del autobús, justo detrás del oasis que yo había construido por unos breves instantes.  Cloto, Láquesis y Átropos, señoras de los destinos, invasoras de la vida. Cotorras hasta la náusea, parlanchinas y escandalosas hasta el terror. 

Comienzan los rituales oscuros cuando tras un breve acelerón nos llega una pizca de aire.

Cloto: Qué horror de aire acondicionado. ¿Por qué no lo quitan?
Láquesis: Eso digo yo, por qué no lo quitan. Qué horror.
Átropos: Que lo quiten, vamos, que mañana me va a doler el cuello.
Cloto: A mí la garganta.
Láquesis: A mí la espalda.
Átropos: Es que qué manía con el aire acondicionado. Porque ventanillas abiertas no hay.
Cloto: No, no hay. Bueno, sí, esa.
Láquesis: Esa, sí, es que mira que la gente es tonta, que abre las ventanillas aunque sabe que no hace falta por el aire acondicionado.
Átropos: Es que no se enteran, y si la abren el aire acondicionado va mal.

(nuevo aceleren, nuevo viento … estamos a unos 24 grados)

Cloto: Pero qué frío, que es lo que yo os digo, que por qué no quita el aire acondicionado.
Láquesis: O la ventana, que cierren la ventana, porque lo mismo no es el aire acondicionado.
Átropos: No, el aire acondicionado si hay ventana abierta no. Será la ventana.

(caballero harto del coñazo que dura ya cuatro paradas se levanta y cierra la ventanilla, asustando a las dos pobres y silenciosas mujeres sentadas al lado)

Cloto. Menos mal.
Láquesis. Menos mal, eso digo yo. ¿Veis cómo no era el aire acondicionado?
Átropos: La gente, que es tonta, si con el aire acondicionado no hacen falta las ventanillas abiertas.
Cloto. Y qué cara ha puesto.
Láquesis. Pues que hubiera cerrado ella, no te fastidia.
Átropos: Se habrá asustado con el golpe. Y con el señor corriendo hacia ellas así de repente.
Cloto. Pues que la hubiera cerrado ella, que ya nos habrá oído quejarnos antes.

(ella y todo el autobús, claro)

Láquesis. Pero qué bien ahora, porque no era el aire acondicionado.
Átropos: No, el aire acondicionado no, era la ventanilla.
Cloto, Sí, esa ventanilla, que estaba abierta, y qué mal ha mirado esa vaya.
Láquesis. Pues que la hubiera cerrado, que nos molestaba y luego mañana la espalda ya se sabe.
Átropos. No, a mí el cuello me da igual, a mí lo que me mata es el cuello.
Cloto. Y a mí la garganta.
Las tres a coro. Y a todas el chichi, se nos enfría el chichi.

(Otras seis paradas)

Láquesis. Qué bien así sin el aire.
Átropos. Aunque al final yo creo que era la ventanilla.
Cloto. Sí, qué frío, es que además estos días por la noche refresca, y te levantas con la garganta mal.
Láquesis. Sí, la garganta. O la espalda.
Átropos. Yo más bien el cuello. Pero se agradece, que vaya calor este verano.
Cloto. Vaya calor, sí.
Láquesis. Aunque más que el calor era la humedad.
Átropos. La humedad terrible, yo es que no dormía nada.
Cloto. Ni yo, y te destapabas para dormir mejor y luego claro, la garganta.
Láquesis. Y la espalda.
Átropos. Y el cuello.

(y el forro de los cojones, no puedo más, otras seis paradas)

Cloto. Terrible todo, el aire, la ventanilla, la humedad, el calor, el frío,el dolor de chichi … Y ahora voy a cenar bocartes. En cazuela.
Láquesis. Yo los cené ayer.
Átropos. Qué ricos los bocartes en cazuela, yo compré para mañana. Pero había uno machacado. 
Cloto. Ay no, a mí machacados no, si están machacados los tiro. Con lo que cuestan.
Láquesis. Machacados no, pero con cebolla están ricos.
Atropos. Y con un poco de pimentón los pongo yo, pero picante no que me sienta mal al duodeno.
Cloto. Y a la garganta. Ay no, que eso no es el pimentón, que es el frío. Pero bueno, da igual, los bocartes están ricos.
Láquesis. Eso me parece a mí, que están muy caros, pero muy ricos. En cazuela.
Átropos. Y con cebolla, y lo rápido que se hacen.
Cloto. Y dos cucharadas de aceite. 
Láquesis. Eso, dos cucharadas de aceite, qué ricos, y qué rápido se hacen.
Átropos: Yo una y media. Y cebolla. Muy rápido, en la cazuelita de barro. Menos los machacados.

Se baja Átropos, pero una gorda brutal decide cambiar de asiento. Es Tánatos, La Muerte. 

Tánatos. Ay, hija, si no te había visto. Estaba mirando para acá pero no te había visto. 
Cloto. Ay hija, hola, ¿es que ibas mirando para atrás? Yo si me siento para atrás me mareo.
Láquesis. Sí, si vas sentada para atrás es bueno que te dé un poco de aire.
Tánatos. O bajar la ventanilla.
Cloto. Sí, mejor bajar un poco la ventanilla. Pues no te había visto.
Láquesis. O que pongan el aire un poco fuerte. ¿Y dices que estabas ahí sentada?
Tánatos. Pues sí, ahí, pero no os había visto. Os había oído.
Cloto. Sí, es que estaba hablando con esta y con una señora que se ha bajado antes.
Láquesis. Si, con una señora. Creo que iba a cenar bocartes.
Tánatos. Qué ricos los bocartes. En cazuela. Pero sin pimentón, que repite y me duele la tripa. Pues eso, que no os había visto.
Cloto. Ya, es que ibas para atrás. Yo si voy para atrás me mareo.
Láquesis. Yo también, por eso bajo la ventanilla, que me dé el aire.
Tánatos. Mujer, para qué vas a bajar la ventanilla, si hay aire acondicionado. Pues eso, no os había visto, pero os había oído, pero no os había conocido.
Cloto. Es que claro, oyes a la gente en el autobús pero no te fijas, que no somos cotillas.
Láquesis. A mí una el otro día me dio un golpe con el bolso, qué daño.
Tántanos. Llevaría bocartes y tendría intención de machacarlos. Pues eso, que no os había conocido.

Por fin llego a mi parada. Sigo en la misma página. Me bajo del autobús. Muero. Fin.

miércoles, septiembre 10, 2014

SOLOMILLOS NÁUTICOS


Hay ciertas edades a las que todos estamos (estuvimos, ay) de coge pan y moja que trisca, así que al final no va a tener tanto mérito que la alegre muchachada veinteañera y esportiva que lleva ya unas semanas pululando por mi barrio y por mis zonas de operativo habitual santanderino esté tan requetellamativa. Pero no por no tener mérito va a alegrarnos menos la vista.

Y es que con motivo del Mundial de Vela 2014 que se inaugura oficialmente mañana, hemos recibido en la capital cántabra a lo más selecto de lo más selecto de las diversas especialidades, y por aquí andan entrenando, paseando en patinete o en bicicleta, desayunando, comiendo y cenando en mis cafeterías de cámara del Siboney y Casimira, repasándose las mechas rubias y luciendo palmito, lisura y desenfado como sólo la alegre muchachada sabe hacerlo.

No es que se haya caído el sistema del Grindr a nivel local como ocurriera en London 2012 (aunque algunas fotos se han visto por esas pecaminosas redes de maricontactos con tersos abominables sin rostro con puntitas de vela y azules oleajes como fondo), pero está resultando claro que algo tendrán que ver los recién allegados con este calor que va a acabar con nosotros antes del fin de septiembre. Desayuna uno cerca de los polacos y enfrente de los italianos, come algo ligerito al mediodía con mejicanos a la diestra, argentinos a la siniestra y australianos al otro lado de la luna que da a la terraza. Por la noche más italianos, junto a griegos, australianos, noruegos y daneses, para terminar con un paseo a los perros con vistas al equipo británico que ha recalado por mis alrededores.

Uno está aprendiendo mucho. Que hay deportistas de elite que necesitan barco grande porque fofean más que triscan. Que la pasta es megasaludable y trajinan espaguetis como posesos. Que usan todos el mismo número de tinte y frecuentan al mismo peluquero, todos menos los noruegos que son los únicos que llevan recortadito el pelamen y tienen pinta de amarillo natural. Les apasionan patinetes y bicicletas y al contrario de lo que tengo testado con alegres muchachadas de futbolistas y ciclistas, casi es imposible encontrar alguno interesado en los perros, ni siquiera en los de agua. Adivina uno también que o se embadurnan bien embadurnados o en unos años habrá más de un cáncer de piel, deliciosa y crujiente piel. Ah, y que Barney Stinson tenía razón con su teoría del efecto animadora y a veces las individualidades son menos apetitosas a mano que el conjunto en pájaro volando.

Como fuere, ahora que sabemos que nos espera un tedioso otoño-invierno en que la carne disponible tendrá más de carne picada y lomo adobado que otra cosa, por fin hay que agradecer a Pavisoso esta alegría de la vista. Que aunque agua que no has de beber, déjala regatear, tiene su gracia pecar y pecar con los ojos ante la evidencia epifánica y extática de tanto solomillo. Náutico y a vela.


martes, septiembre 09, 2014

LA VISIBILIDAD EN NEGRO SOBRE BLANCO


He comenzado la lectura de los Episodios de una Guerra Interminable, de Almudena Grandes, ese ambicioso y feliz proyecto de contar la Postguerra española a la manera de Benito Pérez Galdós, que con sus Episodios Nacionales quiso narrar en forma de novelas el complejo XIX hispano, por la tercera entrega, Las tres bodas de Manolita. Por casa anda a la espera desde su publicación Inés y la alegría y alguna librería guardará en sus anaqueles el ejemplar de El lector de Julio Verne destinado a acabar en los míos. Pero ya que se trata de novelas independientes, un azar para el que no tengo explicación me empujó a abalanzarme con estas tres bodas y a iniciar hace un par de meses una lectura, mínima, sólo as primeras páginas, que detuve sin ganas para centrarme en mis compromisos con la UIMP y con la Michigan State University que me obligan, oh tortura, a leer.

Se nos va acabando el verano, y con él se nos van acabando esos compromisos, así que vuelvo a empezar el libro y casi como por ensalmo me encuentro devorándolo, masticando las palabras despacio y con placer, sumergiéndome en una historia cuya trama me interesa y cuya traducción al lenguaje de la literatura me fascina. Más, todavía mucho más, de lo que me esperaba de la pluma de esa mujer grande en el apellido, en la ética y en la estética, jovial y cercana, comprometida y con una encantadora y pizpireta rebeldía con causa a la que he tenido la fortuna de tropezarme un par de veces y de leer muchas. Y siento la necesidad de hablar de esa lectura cuando todavía deambulo por la primera sección de la novela, La señorita conmigo no contéis, desde un punto de vista que no sorprenderá a los lectores del blog ni a quienes me conocen personalmente, aunque tal vez no sea exactamente el ejercicio de crónica lectora que otros esperarán.

En estos días pasados se ha hablado mucho y se ha discutido mucho, también en este foro virtual, de visibilidad. De esos armarios pesados, opacos a veces, cristalinos otras, que nos condenaron a ser invisibles a las personas lgtb durante tantísimo tiempo y con tantísimo daño personal y social. La literatura en particular, como en cierto modo la cultura en general, fue siempre un poco menos opaca, permitió asomar como pervertidos, como ridículos, como delincuentes y unas pocas veces con cariño, a esos hombres que aman a otros hombres; casi nunca a esas mujeres que aman a otras. Pero desde un tiempo a esta parte esa excepcional regularidad se ha venido a transformar en una cierta normalidad, esa cierta normalidad que escandaliza a quienes insisten en el poder de los lobbies y se confiesan hartos de vivir en una sociedad en la que al mirar sólo puedes ver maricones. ¡Qué distinta la apreciación de esos maricones que a veces con un brillo emocionado en los ojos de vez en cuando, muy de vez en cuando, pero sin humillaciones gratuitas y en un espejo de normalidad y diversidad social nos vemos retratados en los personajes que recogen esas miradas!

Y es que en Las tres bodas de Manolita también se cuenta NUESTRA historia. Al recoger las memorias de los tiempos de la II República y de la primera y más terrible represión, Almudena Grandes se ha encontrado también, ha decidido contar también, las alegrías y los dolores, las intrigas y los miedos, de nuestros ancestros, de quienes sin vínculo familiar forman parte de esa estirpe de malditos, condenados, raros y rebeldes a la que nos guste o no pertenecemos, esa que ha dado forma en buena medida a quienes hoy somos y a como hoy sentimos, esa que sembró en el viento las semillas de esa libertad que por fin nos ha alumbrado. Aquí, entre las páginas de Almudena Grandes y con protagonismo principal, están Paco Román, llamado El Niño de Bormujos y también Paca, la Palmera, pobre, flamenco y feo además de invertido, el mariquita lleno de plumas y de corazón, que encuentra su peculiar espejo en Antonio de Hoyos y Vinent, aristócrata, sofisticado, gordo y pasado de años, que incorpora el escándalo a su forma particular de hacer la revolución contra la rancia burguesía y que coincide con la Palmera en su corazón generoso y su mano abierta para ayudar a su estirpe de maricas y bolleras. En un segundo plano se nos hacen presentes mujeres lesbianas y mujeres libres, y habladurías que hablan de hermafroditismo y otras formas de ser raros, raros, raritos, de reivindicar su existencia, su presencia (nuestra presencia) en la historia y en los engranajes de la historia grande y pequeña. 

Decía hace algunos años José María Guelbenzu al comentar entusiasmado su lectura de Nadan dos chicos , de Jamie O'Neill (imprescindible), que no hacía falta renunciar a la gran literatura para escribir una historia de amor homosexual. Tampoco hace falta devolver a gais y lesbianas a la inexistencia para que una novela resulte eficaz, potente, creíble. Confieso una tranquila emoción al leer una de esas novelas que jamás podré olvidar, la trilogía de Ramiro Pinilla Verdes valles, colinas rojas cuando me tropecé con personajes homosexuales y pansexuales que participaban de la magia simbólica de tan magnífico texto. Confieso esa misma tranquila emoción al tropezarme, sin esperarlo, con Paco Román, Antonio de Hoyos y toda su red de secundarios en Las tres bodas de Manolita, al explorar su búsqueda de la felicidad, su celebración de los cuerpos, su dignidad contra la exclusión y contra la homofobia criminal que les acechaba antes y después de la Guerra Interminable. Y no puedo evitar sentirme agradecido, en deuda con Almudena Grandes, no sólo porque una vez más entre sus páginas mi tiempo se carga de sentido, porque me ayuda a renovar mi pacto de amor con las letras, sino también porque me ha dejado vivir entre sus páginas, me ha devuelto una parte de mí que es a la vez la dura historia de muchos.

lunes, septiembre 08, 2014

EJERCICIOS PRÁCTICOS DE SEPARACIÓN IGLESIA-ESTADO



Se me vienen ahora a la memoria imágenes como las de Iñigo de la Serna e Ignacio Diego, dos católicos de pro de más que contrastada coherencia religiosa, portando la imagen de la Virgen del Mar durante una procesión. No menos coherente, a Cospedal, de negro riguroso y mantilla, aompañada de la vicepresidenta Soraya SS bajo su respectiva blonda, en el Corpus toledano. Recuerdo al Director General de Policía del Gobierno de España condecorando a la imagen de la Virgen del Amor malagueña y a Fátima Báñez encomendando la gestión del empleo en España a la Virgen del Rocío. Actualizo para mí el problema de los funerales de estado y el disgusto de los que profesando otra religión o no profesando ninguna hubieron de vivir una ceremonia católica con motivo del 11-M. Y hasta aquellos primeros años de la transición en los que observábamos como si de toda una declaración de intenciones se tratara si los cargos públicos juraban o prometían. 

Pienso por otra parte en el gesto de la alcaldesa de Torrelavega, Lidia Ruiz Salmón, de no asistir a la ceremonia religiosa que abre las fiestas de agosto en su ciudad y su decisión de no entregar durante el período festivo el bastón de mando municipal a la Virgen Grande. Y me pongo a componer una de esas reflexiones que sin duda volverán a molestar al Establismen dichoso, que no escarmiento.

Apelando siempre a la tradición, como si la tradición por el hecho de serlo fuera buena, y a la paradoja de que un país tan secularizado ya como España, hasta el punto de que alguno de los papas recientes nos proclamara "país de misión" continúe cediendo espacios públicos y privados a la Iglesia Católica "para no ofender a nadie" o "para no dar un disgusto a la abuela", nuestro país tiene uno de esos problemas que se quedaron sin resolver en la Transición en las relaciones Iglesia-Estado y en los pasos hacia un modelo verdaderamente aconfesional, como reza la constitución, o laico, como interpreta nuestro Tribunal Constitucional que debemos entender esa peculiar proclamación de los constituyentes.

La neutralidad del estado y de todas y cada una de sus instituciones no significa, y no debe significar, agresión alguna contra los católicos. Exceso es el de quienes así quieren plantear o leer algunos gestos, con un espíritu de revancha que no hace bien alguno a nuestra sociedad, y exceso también el de quienes se empecinan en un protagonismo católico que ni el Catolicismo ni ninguna otra fe deben ostentar. La igualdad matrimonial para las personas lgtb, es sólo un ejemplo entre tantísimos, no se tramó para molestar a los católicos, como tampoco es ni hubiera sido de recibo permitir que nuestro Código Civil y sus instituciones fueran condicionados por la moral católica. Se hablaba de igualdad, de derechos fundamentales, de ciudadanía. Era y es muy fácil para quienes por su fe o sus ideas se encuentran lejos de esa igualdad mantener la distancia: nadie les obliga a casarse con alguien de su mismo sexo, nadie les obliga a asistir a un matrimonio civil entre dos hombres o dos mujeres, nadie les obliga a celebrarlo. Eso sí, se les pide silencio y respeto ante las opciones de los demás, se les pide que no entorpezcan o impidan su normal desarrollo. Así de fácil y para algunos así de difícil.

"Se trata sólo de un gesto, de una tradición que siempre se ha respetado" ha sido la esencia de las críticas, feroces, a Lidia Ruiz Salmón por señalar de manera proactiva que el Ayuntamiento de Torrelavega como institución, que la Alcaldía de Torrelavega como institución, no son instituciones católicas sino inclusivas para todos, y que no deben tomar partido, tampoco partido simbólico, para resaltar que se diga lo que se diga una confesión concreta tiene privilegios. Definitivamente, lo que hoy debería resultar chocante es que la alcaldesa de Torrelavega hubiera cedido el poder a la Virgen Grande durante el tiempo de los festejos, un poder que así hubiera dejado de ser como corresponde neutral y civil.

Aplaudo desde este blog la decisión de Lidia Ruiz Salmón y su valentía, la aplaudo y la agradezco. Hace ya mucho tiempo que la definición y la separación de los espacios cívicos y los espacios religiosos debería haber quedado resuelta; hace ya mucho tiempo que nuestra sociedad debería haber aprendido a no escandalizarse tanto por quienes apuestan de verdad por la aconfesionalidad y a escandalizarse un poco más por quienes se niegan a mostrarse neutrales por cálculos populistas y electoralistas. Pero como ni hace mucho tiempo ni ahora hemos sido capaces de solucionar la cuestión, bien, muy bien está, que haya personas concretas que desde su responsabilidad institucional nos recuerden que el Estado no profesa religión alguna.


martes, septiembre 02, 2014

EL ESTABLISMEN Y YO



Cada vez soy más consciente de que mi vida es un tango, así que llevo unos días interpretando a Tita Merello y su "Se dice de mí" por las esquinas del Santander ya imposible, cual Betty La Fea de provincias.

Es que de vez en cuando los hados se confabulan y las astros se alinean con extrañas coincidencias. Y la semana pasada, en plena trilogía, varios amigos decidieron que era un momento estupendo para recordarme lo que por ahí se dice, se cuenta, se rumorea acerca de este que les escribe. Supongo que para que no se me suban demasiado los humos y me haga consciente que como cantaría Silvio Rodríguez, hay gente que me quiere, hay gente que no me quiere.

Por un lado, al parecer habían realizado estudios estadísticos con la pregunta "¿Cuál es su opinión sobre el simpar malvado Rukaegos en su encarnación mortal de Regino Mateo? A/ Es majete y buen tío B/ Es un capullo, un miserable y un gilipollas además de una petarda.   Al parecer también las respuestas se distribuyen en un 80% para A y un 20% para B. Aclaro que todo empezó saliendo del cine y escuchando "Es que todo el día están hablando de ti". Aunque les juro que yo por las barras de bar sigo oyendo sobre todo hablar de fútbol y en las redes de Podemos y de Justin Bieber. Qué le vamos a hacer, no son malos los datos y ya quisieran Rajoy o Sánchez contar con semejante aceptación popular. Tengo dudas en torno a Iglesias y Pavisoso, pero estamostrabajandoenellou

No se hubiera uno preocupado ni prestado mayor atención de no ser porque a la noche siguiente llega una grave advertencia. "Que sepas que esas cosas que dices en la radio y en las redes no le gustan nada al Establismen" (con un buen acento en la "i" para remarcar la trascendencia) "Y que sepas también que te estás equivocando y que más te vale cambiar porque así no vas a llegar a ninguna parte". 

Aquí si que me acongojé, como podrán ustedes comprender. Porque eso de no gustarle al Establismen me sonó como peligroso y empecé yo a imaginarme al Establismen ese fumando un puro y llamándome Fredo con voz cavernosa y cavernícola. No se vayan a creer ustedes que El Padrino y Santander son tan distintos. Luego ya, al llegar a casa, pues empecé a realizar examen de conciencia por si conseguía dolerme de los pecados y resto de la retahíla. Pero no acababa yo de entender varias cosas, la primera de ellas por qué mi amigo, que lo es, y que en efecto frecuenta al Establismen y le agrada, ha llegado a la conclusión de que yo quiero viajar en dirección a parte alguna. Aunque sí sea bastante cierto que en realidad lo que el Establismen piense guarda para mí mucha relación con las partes. Uno ya ha ido cumpliendo años, quemando naves, aniquilando sueños y asumiendo realidades y responsabilidades, así que va llegando el momento de sentarse en la butaca del IKEA para leer tranquilamente alguno de esos libros que, probablemente, no leerá el Establismen. 

Pero seguía yo triste y desolado pensando qué podría haber hecho yo para molestar tanto al Establismen como para llamar su atención. Y más aún, pensando ¿quién coño es ese Establismen? Pero no conseguí sonsacar ni una palabra más a mi amigo, aunque intuí que alguien estaba enfadado por mis crónicas radiofónicas sobre el Festival Internacional de Santander y que esa había sido la gota que había colmado el vaso de la paciencia establismentera. Imagino que ese día en el que dije que no parecía que hubiera por aquí demasiado interés en la música por parte de quienes antes calentaban las sillas con entradas de cortesía y hoy simplemente se ausentan. O cuando dije que me parecía bien que las obras más radicales y vanguardistas encontraran acomodo en jornadas oficiales, que ya que eran los días en los que el mamoneo campaba por sus respetos, que al menos dejaran las jornadas de música más atractiva para los verdaderos aficionados y que se conformaran ellos con Tomás Marco. Total, para lo que iban a apreciar a Monteverdi.

El malvado Rukaegos es un malvado, eso es de sobra conocido. Pero jamás se pensó que llegaran sus andanzas y palabreríos imprudentes de bocachanclas a semejantes alturas estratosféricas. Aunque sepa perfectamente que en las alturas del PP se le mira mal con intensidad de mar arbolada, que en buena parte de los entornos culturales se le mira mal con fuerza marejada a fuerte marejada, que por la Santa Madre hay quien le quemaría, pero de momento suspiran entrecogiéndose las manos con aires de martirio y el perdón preparado para cuando se arrepienta. Es verdad inconmovible que el rojerío le llama casta burguesa e intelectualoide y la casta por otro nombre Establismen le llama rojo de mierda y mariconsón. Y hasta por los partidos intermedios varía su calificación dependiendo de las familias y de los congresos que toquen.

En resumen, que empecinado en su error, Rukaegos el terrible tiene la saludable intención de seguir diciendo y escribiendo lo que mejor le parezca, con mejores o peores motivos, con más cuidados argumentos o prejuicios más tontos. Porque no se puede gustar a todos y de entre esos todos los que parecen formar un ente socioectoplásmico llamado Establismen (¡en Santander, por favor!) son precisamente los que menor importancia le merecen.

Por cierto … al margen de esos saraos en los que siempre me resaltan que han reunido a "todo Santander", dejándome claro que yo soy de Marte y que Santander tiene un problema de población mucho mayor de lo que se deja ver por los medios, ¿alguien podría por favor decirme quién es el Establismen de las narices ese? Por enviarle un tarjetón las próximas Navidades.

lunes, septiembre 01, 2014

DE TODO LO VISIBLE Y LO INVISIBLE - 3 : LA DISCRECIÓN VIVE ARRIBA



Lo malo de amenazar con una trilogía es que luego te ves obligado a llevarla a cabo aunque el debate haya perdido actualidad y aunque tus lectores habituales y sufrientes entren en modo-saturación. Pero al igual que no hay dos sin tres, no se me preocupen que no habrá tres con cuatro, y aquí agotamos la cuestión Barneda, sin entrar a otros trapos de la no-salida del armario de la periodista. Y mira que me quedo con ganas de hablar del supuesto lobby gay y sus maldades.

Además de proclamarse persona, que no lesbiana, la periodista nos sirvió algunas otras obviedades, que tal vez no lo sean tanto. Insistió, por ejemplo, en el derecho que tenemos todos a nuestra vida privada y a que lo que pasa en nuestro dormitorio se quede en nuestro dormitorio. Entusiasmo sorprendente por la privacidad de quien trabaja en una cadena y unos programas que tantas veces cruzan las líneas rojas, basándose en el real o supuesto "interés público" de las vidas del famoseo real y seudo. Pero como fuere, tiene razón, tenemos derecho a la privacidad, a la intimidad más bien, a construir un espacio seguro e inmune a las agresiones del exterior. De hecho, esa es la primera esencia de los derechos fundamentales.

Pero claro, de nuevo llega la cuestión de que esa intimidad hubiera quedado estupendamente salvaguardada desde el silencio mejor que desde el amago. ¿Fue forzada Barnedo por su programa? ¿Fue una respuesta cansada ante rumores y cotilleos? Puede ser. Pero incluso en esos dos casos, podría haber salido mucho más airosa desde la naturalidad y si me apuran desde la alegría que se supone tendría que gobernar su vida de pareja y su propia aceptación personal. Ya hemos hablado de eso, así que me voy a centrar en otra cuestión, que no deja de ser delicada. ¿De verdad es tan sacrosanta la privacidad?

Comparto con el feminismo de los años de la liberación sexual la creencia en que nuestro cuerpo y nuestro sexo son públicos. Sí, he dicho públicos y no púbicos, que también. Me explico. Esa sociedad tradicional y heterosexista, masculina y dominante que habíamos heredado se rompe, se transforma también a través del shock, de esa alarma que genera a los macarras de la moral el situarse de pronto y sin previo aviso precisamente ante aquello que prohiben, aquello cuya vergüenza y ocultación supone un pilar central de sus oscuras vidas. Como por ejemplo, claro que sí, la sexualidad.

Dominar a la mujer fue también ocultarla, esconderla, convertir su cuerpo o su deseo en algo pecaminoso. Todavía hoy la estrategia de las Femen parte en buena medida de esa premisa y por eso, y sigue funcionándoles, sus protestas se hacen con la teta al viento. Decir que la mujer tenía cuerpo, sexo, placer, derecho a gestionar su cuerpo y su placer, fueron hitos esenciales en la liberación social y en la reclamación de su espacio. El discurso dominante de la heterosexualidad también ha querido siempre que la homosexualidad no existiera, y cuando no podía directamente reprimirla o crimininalizarla se ha tenido que contentar con esconderla. El beso apasionado entre las bocas de dos señores o de dos señoras sigue creando conmoción alrededor, escandaleras baratas y de barrio, pero que siguen provocando ríos de tinta. Y obligan a hablar, a hablar, a hablar, a romper la barrera del silencio asesino y por tanto a alimentar una sociedad más consciente de sus realidades y de su diversidad.

Por eso suscribo la idea de que nuestra sexualidad es también pública, que tenemos una responsabilidad con aquellos que todavía no pueden expresar su deseo, que viven aprisionados por el miedo, parra que el círculo que los aprisiona sea cada vez más pequeño y menos agresivo. Tenemos una responsabilidad con los chicos y chicas que descubren su pertenencia a esa minoría que se niega a seguir oculta, porque el futuro es suyo y porque la vieja sociedad no tiene ningún derecho a robarles la vida, a robarles la felicidad, a provocar más lágrimas y más dolor de los que en cualquier caso tendrán que encontrarse en su camino.

Y esa responsabilidad pública es mayor en quienes son hombres y mujeres públicos. Porque tienen acceso a los medios, porque pueden ser el ejemplo, el espejo, el clamor de la normalidad para quien se descubre lesbiana, gay, transexual, bisexual, también para quienes le rodean y tienen que aprender a convivir con ese imprevisto. ¿De verdad podemos creer una sola palabra de un periodista o de un político de esos que se quieren "discretos" para no decir medrosos, cobardes, irresponsables? ¿Si son capaces de ocultar con tanto celo quiénes son, cómo no van a ocultarnos o engañarnos en lo no esencial? ¿Pueden liderarnos quienes sienten vergüenza de sí mismos y se encuentran más cómodos en el disfraz que en la verdad? Más allá, la responsabilidad de actores, de cantantes, de deportistas, de escritores es también tanto más fuerte cuanto más fuerte sea su poder, su capacidad de influencia. Y más acá nuestras propias responsabilidades como padres, educadores, profesionales, trabajadores, en la medida en que nuestra dignidad, nuestra cabeza alta, nuestra capacidad para comunicar, vivir, sentir y hacerlo a plena sol son pasos, ya sabemos que no exentos de riesgo, para que la sociedad, la gente, aprendan que somos personas con etiquetas, que somos quienes somos y como somos, ni mejores ni peores que nadie, simplemente iguales, con el mismo derecho a la luz.

¿Intimidad? Y una mierda. Vamos a besarnos en la calle, vamos a pasear de la mano, vamos a presentar a nuestras parejas incluso donde preferirían no verlas y que les dijéramos que se trata simplemente de un amigo. Incluso ahí y sobre todo ahí. Maricas, bolleras y travelos orgullosos, dignos, respetables, iguales … y públicos. Públicos porque es la calle hoy donde está nuestra guerra.

sábado, agosto 30, 2014

DE TODO LO VISIBLE Y LO INVISIBLE - 2 : "Yo persona, sin etiquetas".


Acaba pareciéndole a uno divertida la cantidad de tiempo y de palabrerío que han poblado las redes tras los diez minutos en los que Sandra Barnedo estuvo fuera del armario, antes de encerrarse en una vitrina. Y a pesar de que seguramente el caso no tenga mayor importancia para la historia de la humanidad sin etiquetas, y mucha menos para la historia de la humanidad etiquetada como lgtb, pues yo sigo con la serie comprometida con los lectores del blog para reflexionar acerca de algunas de las perlas sandrinas. Porque al final lo que dijo la presentadora de televisión lo escuchamos mucho y a muchos. Así que ahí va la segunda entrega.

Mira que con la manía que les ha dado a todas las casas de alta, media y baja costura de poner etiquetas a la vista por doquier, como símbolo de estatus ("Yo soy de marca" , "Pues yo de mercadillo") y para que dados los penosos niveles de lectura del país podamos practicar descifrando los elásticos de los calzoncillos a media asomada, resulta que en según que cosas no nos gustan nada, pero nada de nada, las etiquetas. Ya lo dejó claro la presentadora desarmarizadaperosólounpoquito entre los jaleos entusiasmados de las coleguis de programa. Porque ella lo que es es persona, persona humana, sin etiquetas.

Lo gracioso es que así espetado queda como súper auténtico, a pesar de que la autenticidad de los productos suele venir certificada precisamente en las etiquetas. Y que muchas veces los propios activistas lgtb han utilizado mensajes como el de la foto, eso de no soy ni gay, ni lesbiana, ni transexual, ni bisexual, ni heterosexual: soy persona.

Paso por alto la obviedad de la afirmación. En general los baobabs, las tijeras, las tijeretas, los folios y las panteras tienen compilado afirmar o negar nada, por aquello de ser inanimados en unos casos o por carecer del don del lenguaje articulado en otros. Así que sí, Sandra Barneda es una persona. También son personas los heterosexuales, los bisexuales, las lesbianas, las personas transexuales y los secretarios de ayuntamiento. Y somos personas los gais. Pero no puedo pasar por alto que la afirmación obvia y el recelo ante las etiquetas tiene varias consecuencias. En primer lugar, y como dijo el griego en el Crátilo, si el nombre es ya la esencia de la cosa negarse a utilizar la etiqueta lesbiana significa invisibilidad, culpabilizar y volatilizar el amor de una mujer por otra mujer. Si de esta forma volatilizamos el concepto y ocultamos la existencia real, difícil será que podamos hablar de normalidad e inevitable que regresemos a los tiempos oscuros del miedo y la forzada discreción.

Pero además significa trivializar la historia y el presente de muchas luchas, de muchos dolores y también de unos cuantos triunfos. ¡Somos personas sin etiquetas, aleluya! Vamos a proclamar la buena nueva. La discriminación de los afroamericanos en Estados Unidos o de los indios en Latinoamérica no tiene nada que ver con el racismo, los discriminan por ser personas. Judíos y gitanos no fueron enviados a los campos de concentración del Reich por motivos raciales sino por ser personas. Los hutus no masacraron tutsis sino personas después de que los tutsis no masacraran hutus sino personas en Ruanda. Cuando los integristas islámicos asesinan a los cristianos caldeos o sirios no lo hacen por motivos religiosos y las respectivas etiquetas, sino porque son personas. No hay disidentes políticos, no hay rojos ni revisionistas burgueses ni imperialistas, no hay otros, no hay diferentes. Y en ese mundo sin etiquetas, tampoco hay gays, lesbianas, transexuales ni bisexuales. Pero este paraíso donde lobos y  corderos pastan personalmente juntos no es cierto: claro que la sociedad pone etiquetas, claro que estas etiquetas tienen consecuencias, claro que cuando reconocemos nuestras propias etiquetas importantes estamos reconociendo nuestra identidad, valorando quiénes somos, aceptándonos y reivindicando nuestra dignidad, ahora sí, bien etiquetada de personas. De personas judías, negras, caldeas, maronitas, tutsis, opositoras o transexuales, cada cual con la suya, o mejor con las suyas.

Y es que me pregunto, ¿si en vez de una triquiñuela para evitar decir la palabra 'lesbiana' el parlamento de Barneda hubiera sido "soy castaña", "soy barcelonesa" o "soy presentadora de televisión"; "soy aficionada al macramé" , "soy zurda" o "soy rebelde porque el mundo me ha hecho así" de verdad pensamos que habría clamado la periodista por su condición de persona y abominado de las etiquetas? ¿de verdad?

Firmado una persona. Una persona gay, izquierdosa, cántabra, cuasicincuentona, pelín pedante, perezosa, amante de los animales, con unos ojazos verdegrises que quitan el hipo, tirando a gorda, funcionaria, poeta, tenor, ahora dicen que casta …. Persona, sí, con más etiquetas que la maleta de la Piquer.


viernes, agosto 29, 2014

DE TODO LO VISIBLE Y LO INVISIBLE - 1 : "Yo no voy por ahí diciendo que soy heterosexual".



Pereza a esgaya me está dando el Caso Barneda. Y es que basta una meliflua parrafada de una señora a la que yo no conocía de nada y que por lo visto es presentadora de televisión en la que abunda en topicazos desmovilizadores y vergonzantes, en la que ha sacado del armario un dedo del pie izquierdo, parte de una oreja y dos rizos lateral-cabelleros para que vuelvan a redes y foros algunos clichés que uno piensa relativamente superados pero emboscados en esa mente social que "una voz, como Lázaro, espera que le diga Levántate y anda". 

Uno de los manteas que más he leído estos días es el clásico "Yo no voy por ahí diciendo que soy heterosexual. ¿Por qué tenéis que ir por ahí exhibiendo con quién os metéis en la cama?" (Esto en múltiples versiones, algunas agresivas, otras desconcertadas, otras …). 

Vayamos con el primer término del mantra, esa suposición de que los heterosexuales no van por ahí explicando su orientación sexual. ¿De verdad todavía hay quienes no se han dado cuenta de que incluso las más abiertas de nuestras sociedades, el más tolerante e integrador de nuestros entornos dan por sentado que todos somos heterosexuales? Me llama una amiga para anunciarme que se casa con su novio; voy al cine a ver una película romántica americana en la que Patrick se enamora locamente de Linda a pesar de que Linda está enamorada de Sean, Sean de Rachel y Rachel claro de Patrick, a ver una peli romántica francesa en la que Claude duda entre Marie y Greta, una italiana en la que Guido pone los cuernos a Rita con Sofia. Salgo a pasear a los perros y me encuentro al matrimonio del tercero izquierda del brazo por el sol y sin apuros. Recibo una llamada comercial en la que me preguntan amablemente si se puede poner al teléfono la Señora Mateo. Tropiezo con Tía Josefina que vuelve a preguntarme si ya tengo novia, a mi edad, mientras Tío Celestino ríe diciendo que para qué una novia, si seguro que tengo una morena, otra rubia y hasta una pelirroja por ahí. Voy a una conferencia con un amigo (joven) y una de las organizadoras me dice que no sabía que tuviera hijos tan crecidos. Etcétera. Y no es que yo vaya por ahí presumiendo de heterosexual, se lo juro. Pero nuestra sociedad es como es, y en ella se da por sentado que un chico, que una chica, son "normales", algo que no quiere decir que tengan dos ojos, o dos piernas, sino que son heterosexuales. Y esa presunción significa que a pesar de tantas cosas, y de tantos avances, las personas lgtb seguimos ausentes casi de forma absoluta en la educación, en los medios, en la calle, en las comunidades de vecinos, en el trabajo. Con la excepción de espacios-refugio en los que sí estamos presentes, omnipresentes, y a los que se acusa de ghettos, y pintorescas y ocasionales presencias en cine, televisión o literatura que obligarán a alguno de esos que no presumen de su heterosexualidad a decir que ya cansa, que no puedes ver la televisión sin ver maricones. Será que su aparato sólo sintoniza Mari-Channel 3. Porque yo pongo la tele y sólo veo heterosexuales hasta cuando veo a Hilario Pino.

Quiero decir que los heterosexuales no tienen conflicto alguno con su realidad y por tanto actúan con una naturalidad que niegan a los demás. Y que me parece estupenda, oye, pero de ahí a tener que reírles la gracia de "Yo no voy presumiendo por ahí de hetera" media un año luz. Vamos, que se exhiben tanto y entre tantos y por tanto tiempo que ya ni siquiera son conscientes de que lo hacen.

¿El segundo punto? Hace ya bastante tiempo que no me meto con nadie en la cama, así que no acabo de entender por qué si digo que soy gay o que un chico me parece atractivo la gente entiende que estoy enarbolando una bandera de mi vida sexual. El caso es que a pesar de tan alarmante inactividad, sigo definiéndome como gay y no como, por ejemplo, ameba. Y sigo insistiendo en la definición, porque no se trata de que presuma de cuántos chulazos me he trajinado y qué maromo me trajino ahora, sino que se trata de quién soy, de cómo siento, del valor que doy a mis emociones y a mis percepciones, del derecho ganado a lo largo de mucho tiempo de lucha, contra mí mismo y contra los demás, a decir sin tapujos ni eufemismos cómo quiero y a quién quiero. Y cuando la amable comercial me pregunta si se puede poner la señora de Mateo al teléfono decido a veces que no quiero seguir encerrado en el silencio letal que tanta veces nos envuelve y digo en voz alta "Javi, ¿quién de los dos es la señora? … Sí señorita, me dice mi marido que la señora soy yo. ¿Qué deseaba?". No, no quiero reírme de ella, no quiero escandalizarla, y hasta asumo que se limita a leer un protocolo dado por su empresa, pero a veces me apetece existir también durante un ratito, ya que tan a menudo me niegan  y que a veces no me queda más remedio que negarme, aunque sólo sea por cansancio y me limite a decir  "No, tía, no tengo novia".

(Continuará)

sábado, agosto 23, 2014

PREVENCIÓN DE LA VIOLACIÓN. CONSEJOS A LOS HOMBRES DEL MINISTERIO DEL INTERIOR ESPAÑOL



Han vuelto a saltar a la actualidad las recomendaciones del Ministerio del Interior de España para prevenir las violaciones. Dice una amiga, de larga y reconocida trayectoria feminista, que a pesar de todo no está de más recordar algunas medidas de autodefensa y prevención y puede que tenga razón. Pero de la lectura de las mismas se desprende cierto tufo a culpabilización de las víctimas: te violaron porque vistes descocada, porque bebes y te drogas y andas calentando sementales, porque andas por donde no debes y a deshora, porque te lo vas buscando cariño.

Y quizás es que echamos de menos que junto a esos consejos a las mujeres para prevenir la violación haya unos consejos similares y toda  una batería educativa y preventiva dirigida a quienes violan. Pero en la incansable labor de servicio público que siempre ha caracterizado a este blog, hemos encontrado en un perdido cajón el borrador de las instrucciones y recomendaciones que Interior tiene previsto colgar de su web en fecha próxima y que se dirigen, esta vez sí, a los varones.

1. ¿Te acuerdas de aquel pasaje evangélico, el de "Si tu mano te hace pecar, córtatela". Pues ya sabes, en el momento en que compruebes que es tu cosita la que controla tu vida y que por eso el cerebro te dejó como caso perdido, te pasas por la cocina y usas el de trinchar pollos, que suele resultar eficaz.

2. Para evitar que tu mirada se encuentre con la de esa perversa provocadora lasciva que sin duda vas a tropezarte, sería interesante que caminaras por la calle con antifaz. Como tampoco es necesario que te rompas la nariz contra una farola o que cruces justo por debajo del camión que está pasando, puedes utilizar unas orejeras de las que ponen a las bestias de tiro. No es tan eficaz pero puede servirte.

3. Evita llevar ropa ajustada. Los slips hueveros, los bóxer de diseño y los tejanos ceñidos ejercen un efecto-frotación sobre la cosita que puede alterar su estado de calma fuera de contexto. La opción perfecta sería el uso de túnicas largas o cortas, valen también las siempre elegantes faldas escocesas, sin ropa interior claro.

4. Es recomendable llevar una trompetilla o turuleta de feria colgada del cuello. Cada vez que al caminar te nos vayas ereccionando, coge el plástico instrumento y sopla con fuerza. Y si no se apartan, pues a su riesgo.

5. El verano siempre es sicalíptico y apocalíptico, muy dado a los ardores. No te cortes, llegada la ocasión entras a un bar, pides un plato con hielo, te vas al retrete y la pones a enfriar durante media hora. Después te tomas un café y un termalgín y tan ricamente.

6. No entres en el ascensor si hay mujeres, no entres un un espacio cerrado si hay mujeres, no pasees por espacios abiertos si hay mujeres, no aparques cerca de mujeres, clausura tus ventanas con cemento si puedes ver mujeres desde tu ventana. ¿No hemos quedado que estás en la escala evolutiva un punto por debajo del bonobo y no eres capaz de controlar la cosita? Pues eso.

7. Si a pesar de la recomendación anterior, te ves obligado a frecuentar espacios donde la presencia de mujeres se hace palpable y no estás dispuesto a profesar como monje trapense ni a suicidarte, se te recomienda vestir de buzo, escafandra inclusive, sellar tan cómodo ropaje con candado y dejar la llave siempre en casa. 

8. Cuando una mujer se te aproxime y te salude, te invite a tomar una copa, te pregunte la hora o la lección, no escuches su canto de sirena y limítate a repetir mil veces en voz alta el mantra "Si dice no, significa no".

9. En algunos países, hay varones concienciados que compran en las sex-shop anillos anales y testiculares que puedes ajustar a tu cosita o a sus vecinos colgantes. Con un leve ajuste y accionados con un pequeño y discreto mando a distancia, enviarán sacudidas eléctricas hasta que se te pase el sofoco. O hasta que se te achicharre. Si gritas, y como prestación extra, pondrás en aviso de tus intenciones a las posibles víctimas en unos cuantos metros a la redonda.

10. Hazte pajas. Muchas. En casita y solo, con la técnica que prefieras. Así nunca irás por ahí diciendo esa tontería tan tan adolescente de "me pesan los huevos, necesito descargar". Y si se te pone en carne viva, pasarás una temporada sin necesitar meterla por donde no la quieren. No olvides que el amor bien entendido empieza por uno mismo.

Estos diez mandamientos se encierran en uno. ¿Te parecen demasiados controles y compromisos? Vuelve al consejo número uno y ¡no dudes, corta!

Ministerio del Interior. Gobierno de España.

lunes, agosto 18, 2014

SONETO PARA ELEGIDO, VÍCTIMA DE LA BARBARIE EL PRÓXIMO SEPTIEMBRE EN TORDESILLAS



La rabia que cada año me ha hecho escribir y tratar de aportar un poco de conciencia contra la barbarie festiva de Tordesillas, esa que llaman el torneo del Toro de la Vega, me llevó el año pasado a escribir y hacer público un soneto dedicado al toro, Vulcano, que habría de ser ultrajado, torturado y muerto por una horda canalla que al parecer disfruta con la sangre, el miedo y el dolor de un animal.
He pensado que esta podría ser otra tradición. Me he puesto manos al soneto y ya tiene Elegido, la víctima para el 2014, esas palabras heridas y tristes, airadas también, que tratarán de ser una lanza rota más contra la fiesta criminal que acabará con su vida.

PARA ELEGIDO, TORO DE LA VEGA 2014

La villa castellana de la muerte
te ha elegido, Elegido, tan celosa
de una costumbre vieja y oprobiosa
que es capaz de hacer fiesta con tu suerte.

Qué dolor, toro oscuro, ese de verte
espanto ante la horda que te acosa,
clamor de cuero roto hacia la fosa,
herido de gañán tu cuerpo inerte.

No han de salvarte ni el arte ni la historia, 
Tordesillas cruel, de la vergüenza
que provoca tu nombre en la memoria.

Que ha de ser Elegido al fin quien venza
el torneo del tiempo, y su suplicio
la virtud que aniquile vuestro vicio.

martes, agosto 05, 2014

VALORES FUERA DE CONVENIO


Una pregunta frecuente entre quienes nos creemos de verdad ese programa ético universal que significa la Declaración Universal de los Derechos Humanos, completada a nivel global por los convenios de desarrollo y en los niveles regionales y locales por las respectivas proclamas (en el caso español el Título I de nuestra Constitución) es hasta que punto el poder está dispuesto de verdad a hacer suyos estos espacios inmunes frente al abuso y la arbitrariedad, en qué momento concreto decidirá quebrantarlos en favor de otros intereses y urgencias.

En España acabamos de vivir uno de esos episodios en los que lo particular se impone a lo universal, y la genuflexión ante el tiranuelo macarra (Putin, en este caso y de nuevo) se realiza con vergonzosa pericia vasalla. Se trata de la aprobación en comisión, en el Congreso de los Diputados, del convenio bilateral que deberá regular las adopciones españolas en Rusia, tras la paralización unilateral de los procedimientos realizados conforme a la normativa ahora vigente por un país obsesionado por la plaga interplanetaria que supone la homosexualidad. Y es que la Rusia de Putin, que es casi toda, lleva tiempo utilizando a los niños como mercadería primero para el ingreso de divisas pero también para el chantaje o la amenaza contra países que no hacen la vista gorda ante sus desafueros (hay convenios de adopción suspendidos que no tienen relación directa con la homosexualidad).

En España hay unas 160 familias que ya conocen al niño que les resultó asignado y que no pueden dar el paso definitivo por la suspensión de los acuerdos decretada por el gobierno ruso. Ojo, que se están dando cifras de 500, pero esas incluyen a quienes apenas habían iniciado los trámites o presentado una solicitud, y que por lo mismo podrían abrir su proceso de adopción internacional en otros países. Pero ciertamente, habría un problema generado por Putin y sus hordas con esas familias que ya tenían una gran parte del camino recorrida y estaban a la espera de la adopción final.

Vayamos por partes. En el Derecho Internacional se da por obvio que la adopción internacional se realiza conforme a la legislación del país de origen de los niños y no del de los adoptantes. Eso significa que las parejas del mismo sexo tienen vedada la opción en la inmensa mayoría de países que hoy abren la opción de la adopción internacional, y de la misma manera, no son muchos los países que permiten la adopción por parte de personas solteras. En el caso de Rusia, está claro que ni ahora ni antes se podía optar a la adopción por parte de las parejas de lesbianas o gais (quizás algunas rasgaduras de túnica podrían ser un poco melodramáticas en este punto), aunque si no recuerdo mal si era posible la adopción de solteros. El miedo de Putin y sus hijos a la propagación vírica de la homosexualidad suspendió el convenio (¿una represalia por las campañas internacionales contra los Juegos Olímpicos de la Homofobia Invernal de Sochi?) basándose en dos cuestiones. En primer lugar, se prohibiría el acceso a la adopción por parte de personas solteras ante el riesgo de que tras ellas pudiera haber un homosexual intentando pasarse de listo; en segundo, se intenta por parte de Rusia garantizar que el niño adoptado, una vez en España y una vez cerrada la adopción, nunca iría a parar a una pareja del mismo sexo o una persona lgtb. Es decir, que si el niño tuviera una mala experiencia y por alguna razón volviera al régimen de tutela pública (imaginemos el fallecimiento de los padres adoptivos sin más familia que se hiciera cargo o de retirada de la tutela por malos tratos o desamparo del menor), España se comprometería a que en ningún caso ese niño pasaría a una familia lgtb, incluso aunque fuera la mejor opción posible y las leyes españolas lo permitan (el niño sería ya español). Además, se abre un nuevo problema todavía más grave: en caso de fallecimiento de los padres adoptivos, si el único pariente dispuesto a hacerse cargo del menor, un tío o hermano, pongamos, fuera gay, solo o en pareja, el niño sería retirado de su familia para buscarle un nuevo acomodo, sin que sirviera con las nuevas normas apelar al bienestar e interés de un menor arrancado de su familia y de las personas con las que habría construido su entorno afectivo y de seguridad.

Si la ley y la costumbre internacionales nos hacen entender como lógico que un país imponga su legislación para dar en adopción niños y niñas sometidos a la tutela pública, el trágala que Putin está imponiendo a España tiene consecuencias perversas. La mayor de todas, creo, que se admite la inspección por parte de un país extranjero de los procedimientos y leyes españolas, incluso cuando afecten ya a un ciudadano español (el niño, una vez adoptado, lo sería), una tutela entiendo que inadmisible y probablemente ilegal. Además, el ejercicio de esa tutela extranjera lo sería apelando a unas reglas homofóbicas, excluyentes y discriminatorias, que claramente contradicen no ya la legislación común española, sino que son una carga de profundidad contra los propios valores sobre los que se levanta el edificio constitucional: ¿De verdad resistiría este convenio una demanda ante el Tribunal Constitucional apoyada en el artículo 14 -y algunos más-?

Nadie ha votado en contra del texto del convenio en la comisión. El PP se ha congratulado, CiU ha buscado disculpitas recordando que defienden los derechos de las personas lgtb y que estamos hablando de otra cuestión, el PSOE ha votado igualmente a favor "con reservas" (o sea, que ha votado a favor con gestos de ursulina ofendida, pero a favor), IU y UPyD ante las implicaciones expuestas se han abstenido (o sea, que con aires parecidos a los del PSOE, prefieren no votar que no pero en vez de un mohín hacen dos). 

Pero sí estamos hablando "de eso", sí estamos hablando de conquistas importantes en las que nuestro país ha sido ejemplar. Personalmente tengo mis dudas de que "el interés del menor" invocado por el diputado socialista que protagonizó la defensa del sí sea de aplicación en este caso, y más de que sea un valor que deba imponerse a los derechos fundamentales y valores superiores del ordenamiento. 

Sé que no va a pasar, pero si el objetivo de esta quiebra de la legalidad constitucional era dar solución a los intereses de esas 160 familias, creo que España debería concretar esos trámites (ni uno más), dejar que las adopciones de esos 160 niños y niñas rusos llegue a buen puerto e inmediatamente denunciar el convenio y suspender, esta vez desde aquí, una norma que no es de recibo. Sé que no va a pasar, pero también me gustaría que esas 160 familias fueran plenamente conscientes del precio y menoscabo que la dignidad de muchas personas está sufriendo con la búsqueda de ese arreglo que complazca a la criminal homofobia de estado rusa, me gustaría verlas juntas, reconociendo ese precio, mañana, y pasado mañana, en la defensa de la igualdad y los derechos de las personas lgtb y más todavía ahora que del gobierno popular no se espera nada que no sean pasos atrás. Pero sé, qué triste, que tampoco eso va a pasar, que si tenemos que salir de nuevo a la calle saldremos, como antes, esencialmente solos. Porque, ya lo han dicho los de CiU, todos nos quieren muchísimo (menos el PP), pero "no se trata de eso".

lunes, agosto 04, 2014

ESTAMOS LEYENDO … "MUERTE SÚBITA", DE ÁLVARO ENRIGUE


De entre los premios de narrativa que más me interesan, el Herralde ocupa un lugar de honor. Rara vez me ha decepcionado cuando he tomado la decisión de comprarlo y leerlo. Aunque claro, Anagrama es una de mis editoriales de referencia en todas y cada una de sus colecciones. Donde hay criterio, se nota.

Criterio, y del bueno, el del jurado integrado por Vicente Molina Foix, Paloma Díaz Mas, Marcos Giralt Torrente, Salvador Clotas y el propio Jorge Herralde que decidió otorgar el Herralde del pasado año a Muerte súbita, del mejicano Álvaro Enrigue, una de esas novelas que de pronto te sorprenden, te abruman y te permiten renovar ese pacto de amor con la lectura sellado hace ya tantos años.

Sí, después de una primavera bastante poco acertada en materia de lecturas, el verano me ha ido regalando muchas horas de placer: Muerte de una heroína roja , de Qiu Xiaolong, El mundo de afuera, de Jorge Franco o esta Muerte súbita

Estuve a punto de no comprarla, tan truculenta me parecía la situación de un partido de tenis entre Quevedo y Caravaggio en Roma en el año del Señor de 1599. Pero tras llevarlo a casa, tenerlo unos meses en lista de espera y, por fin, iniciar su lectura, me atrapó de forma inmediata. Para empezar, por la riqueza del lenguaje, esa sonoridad del español de allá que llevada al texto nos sigue resultando fuente deliciosa de sorpresas, y por la maestría y la elegancia con la que Enrigue narra los pequeños episodios, los apuntes históricos, las anécdotas y definiciones y hasta las reflexiones metaliterarias en las que nos analiza por qué escribió el texto y se pregunta si en realidad y bajo qué condiciones podría ser considerado una novela.

Y es que el texto es amable de leer pero no por eso menos complejo. Organizado por puntos, sets y partido  a la manera de los enfrentamientos tenísticos, cada uno de los breves capítulos es una especie de tesela que se va adhiriendo a un mosaico caleidoscópico que nos enfrente a una doble, triple, mirada sobre los tiempos del Imperio de los Austrias. La mirada de la severa y arrogante España, claro, pero también la de sus vecinos italianos y sobre todo, algo que nos resulta novedoso e interesante, de los conquistados. A lo largo de las teselas se nos aparecerán la ejecución de Ana Bolena y la confección con su pelo de cuatro pellas/pelotas de tenis con las que se pagará al verdugo, visitaremos la corte francesa, la masacre de los habitantes de Tenochtitlán, la Utopía de Tomás Moro y los intentos de algunos misioneros hispanos, ese sorprendente Vasco de Quiroga en este texto, de construir pequeños reinos utópicos en los territorios conquistados,  conoceremos a los patrocinadores de Caravaggio y sus intrigas, el arte de la amatequía y hasta, no sin una sorna deliciosa, conoceremos el origen de la aversión enfermiza de Quevedo a italianos y homosexuales, no digamos ya a los italianos homosexuales.

Es una novela, en fin, que rinde gratitud al idioma en el que se la concibe, a la historia que le da caminos para desbrozar, a esa atrevida construcción de las narraciones que desde el Estructuralismo se convierte en literatura de pata negra con las novelas del Boom, a la Posmodernidad que vivimos con el discurso fragmentario, abierto que acaba dejándonos con la duda de si hemos leído historia, ficción o una experta alquimia de ambas.

Supongo que de Muerte súbita sólo puedo rematar de una forma: Siento la necesidad de buscar nuevas novelas de Álvaro Enrigue, de volver a sumergirme entre sus palabras en busca del placer de la sorpresa.

jueves, julio 31, 2014

RUMBO AL 63


El próximo lunes, 4 de agosto, inicia su andadura el 63º Festival Internacional de Santander, con la presencia en la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria de John Eliot Gardiner dirigiendo a sus míticos conjuntos English Baroque Soloists y el Monteverdi Choir y un precioso programa que incluirá la cantata de Bach Christ lag in Todesbanden BWV 4 , el Stabat Mater de Domenico Scarlatti y ese salmo espectacular, vibrante y bellísimo de Händel que es el Dixit Dominus

Atrás queda, va quedando, ese momento en el que las mismas autoridades y poderes que consintieron, sustentaron y justificaron una dirección errática que a punto estuvo de acabar con el evento decidieron el relevo. Atrás su pueril convencimiento de que la transición se haría de manera elegante y pacífica, sin que El Fraile Infinito organizará alguna de sus viejas marrullerías para intentar perpetuarse hasta el segundo advenimiento. Atrás van quedando también las polémicas impresentables del año pasado, los rifirrafes sobre cancelaciones, impagos, responsabilidades, desapariciones carpetovetónicas (carpatovetónicas más bien). Atrás las acusaciones cruzadas y las amenazas de demandas judiciales de las que tantos queremos saber y nada se sabe. Ni siquiera si llegaron a presentarse, supongo que en un ejercicio de ejemplar transparencia pública.

Y llega, tocado por la vieja desastrosa gestión, la inicia pública y los recortes justificados en la crisis (y en que a la cultura de verdad, la de las torturas de toros, no se le puede tocar ni medio céntimo), pero no hundido y hasta portando por fin algunas luces de esperanza, el segundo festival dirigido por el flautista y director Jaime Martín, que sin duda nos mantendrá atentos y ocupados durante cuatro semanas.

Ya desde los primeros avances de la programación confieso haber sentido una sensación en cierto modo agridulce. La parte que menos me convence, la sensación de que no hay un proyecto claro, personal, al menos no se ha presentado al público, que permita reverdecer laureles e individualizar de verdad y con fuerza Santander entre los grandes eventos culturales veraniegos. O lo que es lo mismo … aparte de la sempiterna afirmación de que se busca la excelencia y de nuevo la sensación de que se trata solo de rellenar fechas de forma aleatoria con las propuestas de artistas y agencias ¿qué es exactamente el Festival Internacional de Santander?

En todo caso, asumamos que el no proyecto siga el modelo tradicional y se trate simplemente de eso, de acumular conciertos y veladas a lo largo del mes de agosto buscando una calidad alta y unos repertorios más o menos habituales con guiños hacia estilos y repertorios excéntricos. Asumido esto, me encuentro al revisar la programación con una selección en la que por primera vez en años me siento cómodo (lo justo, eh, tampoco nos vayamos a pasar de optimismos). Encuentro conciertos y artistas que me apetece vivir en directo, solistas y conjuntos bien conocidos pero que nunca habían tocado Santander en aquellos años en los que la programación de cada año se parecía sospechosamente demasiado a la del año anterior, y a la del anterior, y a la del anterior.

Estoy hasta nervioso ante el concierto inaugural, son tantas las grabaciones que tengo en casa y tantas las horas pasadas en compañía de los English Baroque y del Monteverdi, que me parece mentira tenerlos por fin en directo en Santander. Además, casualidad, con la primera obra que ensayé (no llegamos a estrenarla) tras incorporarme a la Camerata Coral de la Universidad de Cantabria, el Dixit Dominus händeliano. Me siente esperanzado ante la nueva comparecencia de la Joven Orquesta de Cantabria, son tantas las ganas que tengo de renovar la excelente impresión que me causaron el pasado año, esta vez con la Décima de Shostakovich. La Akademie für alte Musik Berlin es otra de esas comparecencias seguras, con un grupo sólido, de amplia trayectoria y también nuevo en plaza, con músicas del Setecento veneciano en un año muy barroco.

Me interesan también, en repertorios más clásicos, los pianos de Horacio Lavandera, Pierre-Laurent Aimard y Emmanuel Ax con Bach, Beethoven y Brahms como compañeros. Y el privilegio de escuchar en directo a ese grandísimo violonchelista que es Truls Mørk en la anteclausura, con el concierto de Dvorak. 

Muchas ganas, en fin, de reencontrarme con la Camerata Coral de la Universidad de Cantabria, esa vieja casa que dejé hace años pero que siempre reserva dulces sorpresas en las visitas. Y de conocer ese proyecto loco de una violinista de formación académica, estricta y soviética, una de las más brillantes de la actualidad, capaz de desafiarse a sí misma atacando un repertorio necesitado de capacidad de improvisación, flexibilidad, alegría, el repertorio de las músicas brasileras de Jobim, Veloso y Buarque, con su propuesta sorprendente "Stradivarius en Rio".

Esperan muchas noches de música estas semanas. Ojalá en septiembre tenga que contaros que fueron noches de placer, de felicidad, de descubrimientos.

miércoles, julio 30, 2014

CONSTRUYENDO EQUILIBRIOS


He recibido estos días varias broncas por el abandono del blog, supongo que hay ciclos de escritura compulsiva y ciclos en los que estás más pendiente de otros asuntos. No, no ha sido por falta de temas ni de ganas, aunque a lo mejor el enredo en las redes sociales me haya ocupado más tiempo del sensato y haya hecho más difícil encontrar tiempo para mi más querida criatura en red, esta vieja ya habitación desordenada. No ha sido el primer silencio largo pero … aquí estamos para romperlo y encontrar las energías que me permitan un nuevo año de escrituras y lecturas.

He estado pensando en estos últimos meses mucho acerca del PSOE. La crisis institucional generalizada, la propia crisis del partido y los ataques constantes a diestra y siniestra tienen efectos variopintos. Uno, sin duda, es el desaliento. El ánimo se te mina y te acabas cuestionando si no será mejor desaparecer, evitar que se te identifique con esa hoy monstruosa organización, hogar de Belial y causa de todo mal del mundo, amén. Sobrevivir al desaliento, pasar ese desierto que sin embargo deja un poso amargo y constante de escepticismo y hartazgo hacia dentro y hacia fuera, puede suponer también el recuerdo del verso de Hernández, "como el toro, me crezco en el castigo". Y empujarte con renovados bríos a la pelea (dialéctica). Intentando siempre buscar el argumento más que la descalificación, la reflexión antes que el lugar común. Aunque supongo que en el calor de la polémica sea inevitable no llevar siempre puestos los guantes blancos.

Una buena parte de ese desaliento y esa lucha acaban por enfrentarte contigo mismo. Buscando respuestas a la pregunta ¿por qué estoy aquí todavía? Confieso que en el punto álgido del desaliento anuncié mi baja del PSOE, aunque tras largas charlas y llamadas de amigos y notantos, compañeros de partido, revisé la decisión y de una manera un tanto resignada opté por continuar algún tiempo, disfrazado de cofrade de Nuestra Señora de la Esperanza, sobre todo por acompañar a quienes durante estos años han caminado a mi lado en los intentos de hacer un partido más responsable, más crítico, más plural y más habitable. Y a los que me enorgullezco de llamar hoy amigos. Pero ya que al final la opción fue la resistencia, mi propia salud mental me obligaba a darme algunas explicaciones. Explicaciones que iré compartiendo con los lectores del blog, recuperando su dinámica habitual y abriendo la puerta a un diálogo que hoy tanto como siempre y más que nunca me parece necesario.

Una primera reflexión es evidente per se. Milito en el PSOE, a pesar de tantas cosas, porque es el partido que mejor casa con mis ideas, con mi visión, acerca de lo que el mundo es y debería ser, porque suelo sentirme reflejado y representado por sus documentos, reflexiones, programas en una buena medida. Y también me siento identificado y corresponsable con buena parte de su acción de gobierno cuando le toca, aunque aquí sí que tendría más reservas y algún que otro berrinche. Si tengo que bajar a lo personal, pues algo parecido, siento que mi voz está en la de muchos compañeros y compañeras que tienen responsabilidades públicas y hacen uso de las mismas, aunque de nuevo tenga reservas con el protagonismo de otros compañeros que para mí tienen ya tiempos caducados o mochilas demasiado pesadas a las espaldas, corrupciones varias incluidas. En la balanza, el yin y el yang, el platillo que me gustaría ver con mucho más peso y decidiendo la balanza y el platillo que me gustaría ver cada día un poco más vacío.

En sentido negativo, ni a diestra ni a siniestra encuentro hoy opciones que me satisfagan en una medida equivalente cuando menos. No voy a negar mi simpatía por EQUO y mi cercanía a muchos discursos de IU, al fin y al cabo me definiría hoy como un hombre de izquierdas. Esa condición que se le niega al PSOE a mi juicio de manera injusta, pero si os vais a quedar más tranquilos, decir izquierda moderada tampoco me desagradaría. En todo caso, prefiero la primera opción, izquierdas, sin adjetivos pospuestos. No comparto una parte importante, muy importante, del discurso de UPyD o del de Ciudadanos y no comparto prácticamente nada de lo que proponen PP o VOX. Tampoco puedo compartir las propias esencias de opciones regionalistas y nacionalistas porque no lo soy. Con algunos grupos estaré de acuerdo en lo que tengan de propuestas izquierdistas, pero en lo esencial tenemos poca compatibilidad. Y en cuanto a Podemos, fenómeno hoy omnipresente, no me siento identificado ni con una buena parte de sus propuestas ideológicas (es inevitable coincidir con algunas), ni con sus planteamientos estratégicos y organizativos (iremos viendo hacia dónde van) ni siento empatía alguna con sus líderes conocidos. Aunque sí voy a decir que agradezco que por fin estallara una parte de ese malestar que se iba enquistado en nuestra sociedad y espero, como esperé inútilmente del 15M un rearme de una sociedad dormida, ausente, que venía haciendo dejación absoluta de sus responsabilidades públicas. De ese estallido tienen que venir, deberían venir, cambios profundos, cambios en las estructuras sociales y también cambios en organizaciones como el propio PSOE, dormidas en sus laureles, anquilosadas y alérgicas al cambio. De hecho, también veremos cómo evoluciona, creo que el PSOE ha iniciado esa transformación con una creo que ilusionaste apelación a una mayor democracia interna que necesariamente debería limitar influencia y poder de aparatos, baronías, fontanerías y chapucerías varias.

Del PSOE me he dado cuenta en estos días que me gusta especialmente su carácter de partido central (que no de centro) y responsable; esto es, su capacidad para el diálogo constructivo, su responsabilidad institucional, su apuesta por lo político, lo público, lo general incluso cuando esas decisiones puedan cuestionar o poner en riesgo sus pilares. Porque es cierto que en España, en la que yo conozco, tras la muerte del dictador, el PSOE ha formado parte siempre de las transformaciones sociales, ha sido generoso y positivo cuando estaba en la oposición, y ha liderado los cambios más abiertos en pro de la igualdad cívica y socioeconómica cuando le ha correspondido el gobierno. Seguro que parte de los problemas de hoy tienen su raíz en decisiones, incoherencias, errores y opacidad del PSOE, por desgracia gobernar es apostar, y las apuestas a veces salen mal.  Pero también una buena parte de lo mejor que hoy pueda tener este país, y tiene muchas cosas buenas aunque la crisis y la depresión colectiva que ha supuesto nos enturbien hoy la mirada, se debe a decisiones de gobiernos presididos y formados por mujeres y hombres socialistas. Al final me doy cuenta de que mi propio carácter, mis propias necesidades, mis propias ideas, me hacen apostar más por la estabilidad de las leyes y de las instituciones como protección ineludible para la ciudadanía, apostar por ese diálogo que será la única puerta para decisiones que todos podamos compartir y nazcan con sentido de permanencia. Por utilizar la terminología de Max Weber, por la ética de la responsabilidad como actitud más útil y necesaria en el gobernante que la ética de la convicción. Y ni el terrorismo institucional de la derecha trillera y trilera ni el populismo a la izquierda van a ser capaces de esa construcción estable y necesaria.

Sí, en definitiva soy también de esos que creen que la verdadera utopía, el verdadero programa esperanzador de Platón no estaba en La República sino en Las Leyes.

miércoles, junio 11, 2014

MOMENTOS ESTELARES: CIEN AÑOS DE LOGORREA



Hace ya tiempo que el Malvado Rukaegos, entre pertinaces sequías de ideas, sempiternas perezas y quisicosas varias, no solo no actualiza a la velocidad que sus lectores se merecen este blog al que tanto quiere y tanto debe, sino que además y para mayor pecado no se molesta en recordar o en encontrar nuevos episodios biográficos dignos de continuar la serie Momentos Estelares.

Así que tuvo que ser una actividad de riesgo, como ya viene siendo la llamada Twitterruca, la que pusiera las cosas en su sitio, los puntos sobre las íes y el cascabel al gato. La Twitterruca, que lo sepan ustedes, es una convocatoria mensual que se realiza en Santander para encuentros y a veces encontronazos de los tuiteros locales. Allí se pica un poco de tortilla, se charla bastante, se discute un porrón y se bebe alcohol a esgaya. Lo normal, vamos. Que puede volverse terriblemente anormal desde el regreso a la ciudad de la mujer artista y plaga conocida como Logorrea Mayo.

Estaba el Malvado Rukaegos trajinando birras junto a profesionales del levantamiento de jarra como Kim Kong III de Korea, La K3 para los amigos, y Pepe Barbas cuando aparecióse como por encantamiento del diablo Logorrea, expansiva y divina como suele, junto a su peculiar amiga My Sarón-A (ah, qué tiempos los de The Knack). Reconoció a Rukaegos, con quien había compartido hacía tiempo performances absurdas en polígonos culturalmente alternativos, y muy educada se acercó a saludar. 

"Pues hola, que estaba por allí pero acabo de venir hasta aquí porque el dueño de este local que es nuevo como has visto y tiene una decoración súper moderna y súper agradable que es igual que una muy vieja y menos agradable pero del mismo decorador y de su madre, que también es la madre del dueño del local porque ambos son la misma persona, y ella está aquí siempre para controlar todo lo controlable pero está un poco ansiosa y él también y tienen tantos nervios que no sé yo si dan buenas vibras al local y si puedo yo venir aquí con regularidad para decir ohhhhmmmm y hacer yoga kundalini como el que aprendí a hacer con aquel novio que en realidad no era un novio que yo tenía en Madrid cuando vivía allí y estaba súper súper ocupada porque trabajaba muchísimo de repartidora de telepizza y de artista que más o menos viene a ser lo mismo pero en más (respira rápidamente, sin llegar a poner la coma, mientras la Kim Kong dice, sí, creo que sí) pero yo trabajaba muchísimo y él era un vago y follaba fatal y la tenía pequeña pero además era un asqueroso que me insultaba porque yo cocinaba mal y usaba aceite de girasol y él quería aceite de almendras, fíjate, aceite de almendras quería sin trabajar ni follar ni nada con lo carísimo que es y lo muchísimo que yo trabajaba (Kim dice, sí, almendras, qué caras; Logorrea sigue sin signos de puntuación evidentes) así que un día le dije mira vete a la mierda que no me interesas y no me aportas y me sales carísimos y luego me fui a Nueva York y presenté un par de performances en un museo a las que no fue nada pero fueron todos simpatiquísimos y luego fui a Málaga donde fui a un centro de arte donde hice otra performance y no fue nadie pero fueron todos unos bordes gilipollas de mierda súper maleducados a pesar de que yo fui estupenda y cuando me presentaron a una niñata asquerosa a la que explotaba el jefe miserablemente, ese jefe al que aquí odia todo el mundo y allí también menos la niñata que le adora aunque no le paga bien y se queja de él todo el rato y de mí más, pues eso que me la presentaron y me dijo que se llamaba Radegunda y dije yo jo que nombre tan divino me encanta y me resulta TO TAL MEN TE onomoplástico (lo juro, dijo ella onomoplástico y la Kim subrayó sin mover pestaña, efectivamente es totalmente onomoplasta o plástico o algo). Y claro aquí me quieren más que allí y allí solo me pagan el viaje y el hotel de lujo y la producción chapucera de la exposición y entonces no me interesa porque si no me pagan no les ajunto así que he vuelto para quedarme y vengo aquí con la mema de mi amiga My Sarón-A que es de no sé qué pueblo y está más estirada que la Montiel y tiene un surtidor rubio teñido en la cabeza en lugar de pelo y pasa horas en la peluquería y la llama el del local porque está nervioso para que venga IN ME DIA TA MEN TE para dar ambiente al local, que es nuevo y está decorado monísimo, y ya he dicho yo que si nos vamos a pasar aquí el verano que nos pague por dar ambiente (Kim dice, y conversación, no te olvides de dar conversación). Porque yo ya estoy mayor y si quieren algo que lo paguen que son todos unos ratas y yo soy una profesional del telepizza y sobre todo del arte, porque artista soy un rato y pesada dos. 

Llega Sarón-A, estiradísima y sonriente, con dos kilos de sandwich vegetal que entrega a Logorrea Mayo. "Cari, que tenías hambre y como no callas no comes, Cari". Logorrea toma los sandwiches, hunde el hocico en la montaña y se pone perdida de mahonesa, y nos dice después de lamer todo y chorreando salsa bearnesa o algo así. "¿Queréis?" y la Kim dice "No, Cari" y Pepe Barbas aprovecha para huir el muy cobarde y la cabeza del Malvado Rukaegos gira un poco a lo niña del exorcista. Pero un instante porque con boca llena y todo Logorrea vuelve a la carga.

Durante una hora, durante dos, y nos dieron las diez y las once y las doce y la una y las dos y a las tres My Sarón-A dice "Cari, yo me tengo que ir, que soy divina de pueblo" sin mover pestaña ni sonrisa y Logorrea dice que vale y a las cuatro se fueron y a las cinco estaban el Malvado Rukaegos y la perversa K3 dando golpes a una pared tratando de contener el ataque de risa y bebiendo (más) para contrarrestar el dolor de cabeza.

Dicen que la Twitterruca va a cambiar de local y desplazarse definitivamente al Lejano Oriente, donde My Sarón-A y Logorrea Mayo acampan de forma habitual y casi obligada. Y Rukaegos no sabe bien si no volver al evento, o si presentar a Logorrea a todos y cada uno de los tuiteros y meterse a traficante de Espidifen al por mayor. Tampoco estaría mal una mordaza. Aunque la imprudente e insana curiosidad de Rukaegos está por preguntar a Logorrea qué coño quiere decir ONOMOPLÁSTICO. Y luego salir corriendo.

lunes, junio 02, 2014

EL PESO DEL TIEMPO (Quo Vadis, PSOE? - 1 )



Recuerdo ahora ese grito de "No nos falles" con el que se recibió desde la calle la victoria en 2004 del PSOE en las elecciones generales, dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero. Se abrió entonces una cierta ventana a la esperanza, una ventana que permaneció abierta un tiempo, cuando con Zapatero como presidente España experimentaba una ilusionante transformación cívica y social. Recuerdo también el "Hemos entendido el mensaje" del propio Zapatero cuando llegaron los primeros reveses electorales. Relacionados, ¿qué no lo está en una sociedad como la nuestra?, con la presión de unos medios de comunicación digamos para ser elegantes que un pelín entregados a la derecha. Pero también después de errores soberanos, de renuncias clamorosas a algunos de los ejes esenciales de socialdemocracia, de chantajes externos y silencios internos, de decisiones sin duda tan dolorosas como inexplicables y lo que es peor inexploradas. 

Llegaron los fallos, sí, relacionados con la gestión de una crisis que vino demasiado grande al gobierno español, me temo que a casi todos los gobiernos en un escenario internacional de absoluta euforia ante el neoliberalismo triunfante y sus espejismos, de renuncia a la transformación y con una mediocridad intelectual con la que la política se rendía en holocausto a un universo mediocre pero que estaba experimentando algunos cambios de paradigma de los que todos éramos conscientes menos, parece, quienes más al tanto de la realidad y de las nuevas realidades tendrían que haber estado. Llegaron los fallos envueltos en sonrisas, en optimismos que se revelaron falsos, en inacción, en falta de ideas, en delación de la lucha. Parecía que nadie estaba dispuesto a discutir las decisiones de los hombrecillos de negro, las troikas, las agencias corsarias de calificación de deuda, las no menos corsarias instituciones financieras internacionales. Ninguna de ellas democrática ni neutral, todas ellas al servicio de sus intereses privados y sobre todo de los intereses de sus avaros amos. Decisiones impuestas sin resistencia que han generado dolor, miseria, terribles consecuencias para tantos países. Decisiones que empujaron hacia un desconcierto creciente, hacia la desolación de la ciudadanía ante la impunidad y la crueldad de los de fuera y la incapacidad atónita de los de dentro.

Llegaron los fallos mientras crecía un grito primero silencioso, en las miradas, en el cansancio, en los gestos, que se hizo clamor en las plazas y que exigía cambios, respuestas, compromisos, valentías. Que obligaba al sistema a enfrentarse a sus miserias y recordaba que mientras derechos, bienestar, seguridad, igualdad, básicos vitales estaban siendo pisoteados, esas élites a las que alguien definió como élites extractivas (con todos los matices y discusiones que se quieran, pero con un alto índice de acierto) vivían en una burbuja de privilegios, de corrupción, de insensatez, de exhibicionismo altanero y puertas giratorias. Y claro que desde algunos sectores concretos y seguramente con intereses estratégicos, pero de nuevo con acierto, se comenzó a hablar de la casta, un concepto volátil pero que parecía definir bien a esa connivencia entre políticos, financieros, jueces, medios y demás cabezas de la Hidra Sistema donde los raseros eran tan diferentes, la equidad tan pobre y la impunidad tan escandalosa.

Han llegado, ya muchos meses después, muchas buenas palabras, buenos congresos y buenas conferencias después, un bofetón importante llamado hartazgo. En España hoy son miles de ciudadanos (cualquiera que sea su voto) que se han cansado, que nos hemos cansado de la impunidad, que exigimos cambios y respuestas, que queremos que se nos devuelva lo que se nos arrebató. Sí, la ilusión también, pero sobre todo el poder, la capacidad para tomar decisiones, para gobernar el barco. No nos valen ya y no deberían volver a servirnos ni castas ni dejaciones. Es nuestra responsabilidad como sociedad, la de apostar con claridad y furia por la transparencia, por la renovación, creo que por un nuevo sistema constitucional que corrija los cimientos podridos del que nos funcionó razonablemente bien durante un tiempo pero que era también fruto de un pacto, necesario pero viciado, con el monstruo franquista. Estamos en otro tiempo y es urgente ese cambio profundo y estructural.

Ha llegado al PSOE un nuevo toque de atención que podría ser el último. Ha llegado a un partido agónico, que no acaba de encontrar el rumbo, que se debate entre la presión de votantes y exvotantes, de militantes y exmilitantes cansados de ser comparsas por un lado y unas jerarquías, pues sí, mira, una casta, que no acaba de despertarse. O, peor, que prefiere enroscarse hasta que pase el temporal para que de nuevo todo siga igual en su propio beneficio.

Estamos ante una radical encrucijada, la de una sociedad dolida, desconfiada y cansada. Que no confía en el PSOE y busca la confianza en otros lares. ¿Será capaz el PSOE de recuperar sus energías, de articular un nuevo pacto social que sea motor de cambio y no rémora? De que lo sea o no podría depender su propia existencia.
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