DE NUEVO, POR TUS DERECHOS

Reconozco que estoy ya un poquito harto. Cuando todos los partidos del arco parlamentario, con la excepción de los chicos de la gaviota, votaron a favor de que la legislación civil de mi país abriera la puerta a la plena igualdad jurídica de las uniones entre personas del mismo sexo, garantizando su acceso a la única institución que permitía de verdad esa igualdad, muchas personas nos habíamos hecho visibles. Muchos de quienes visitáis el Santander posible sabéis que fui uno de esos irresponsables que apareció en los medios de comunicación, fotos, televisiones, debates para ponerle cara a la vergüenza, a ese amor que durante tanto, tantísimo tiempo no se había atrevido a decir su nombre. Tal vez un día os hable de la "cara B", de los precios que se pagan por esos compromisos. Hoy sólo voy a recordar que me siento orgulloso de haber dado un paso al frente, me siento orgulloso de la reacción de mis amigos, mis alumnos, mis compañeros de trabajo, mis alumnas de la tercera edad ... Voy a recordar que hubo mucha luz, a pesar de algunas sombras. Muchos creímos entonces que el debate había sido bronco, desigual, pero al fin habíamos dado un paso histórico en la historia de las libertades: había merecido la pena. Fundido en negro. Fin de la película, final del debate.
Llevamos ya muchos meses de regreso al pasado, de nuevo la misma irracionalidad, los mismos argumentos vacíos rebatidos una y otra vez, de nuevo la vida privada de gays y lesbianas, sus afectos, nuestros afectos, de forma permanente en los medios. De nuevo las agresiones más burdas y groseras (Dimas Cuevas), las más santurronas e hipócritas (Conferencia Electoral digo Episcopal Española), las más sutiles también, afloran y vuelven a cuestionar si gays y lesbianas nos merecemos el respeto de la sociedad y de las instituciones.
Estoy cansado, y seguramente os tengo hasta el moño de darle vueltas a lo mismo. Pero vuelve a ser urgente no mirar hacia otro lado y denunciar sus medias verdades y sus plenas mentiras.
Dicen que van a aprobar una ley de uniones de hecho como las de los demás, y que así estarán los derechos de todas y todos protegidos sin atentar contra la familia. Digo, ¿alguien me puede apuntar un solo ejemplo real de cómo afecta a su familia católica (cuando dicen familia dicen católica sin pronunciarlo) que Leo y yo tal vez un día decidamos unirnos en matrimonio civil? Nadie ha sido capaz de contestarme en años esta pregunta. Dicen que no es lo mismo. Digo que no tengo por qué soportar sus prejuicios y mucho menos esos aires hipócritas de superioridad con los que me vienen a decir que vale, que me permiten un par de derechos como mal menor siempre que quede claro que ellas y ellos están por encima. Sólo porque son heterosexuales. Y porque se creen con derecho a opinar sobre quién entra o deja de entrar en mi corazón y en mi cama.
Dicen que así se garantizan todos los derechos de las parejas del mismo sexo. Pero luego escucho que nada de adopción, porque eso no guarda relación con mis derechos sino con los del niño. Y digo que los derechos del niño sin familia se especifican en su posibilidad de encontrar el mejor de los hogares. Mi derecho, si lo quiero, es el de presentarme solo o en pareja como candidato, el de ofrecer mi casa y mi vida, y el de exigir que me evalúen con todo el rigor que exijo a las instituciones que velan por los derechos de los menores. Si tras ese examen "apruebo la oposición", si quienes tienen la decisión opinan que mi casa, mi pareja, yo, nuestras vidas, somos la mejor opción como adoptantes, la protección de los derechos del niño dice sin dudar que debe estar con nosotros.
Dicen que no hay consecuencias si se llama unión de hecho en vez de matrimonio. Pero sí las hay. El estado de Nueva York reconoce los matrimonios celebrados entre personas del mismo sexo fuera de sus fronteras, en otro estado o en otro país; lo mismo sucede con Israel; lo mismo sucede con muchos países que reconocen que el matrimonio queda definido por la ley del lugar donde se celebró. Y si no puedo acceder al matrimonio, mis derechos desaparecerán en cuanto cruce las fronteras. Pero sí hay diferencias, porque cada vez que tenga que presentar un documento público, cada vez que me presente a una entrevista de trabajo, me preguntarán por mi estado civil. Y no podré decir ni soltero ni casado, tendré que inventar un "unido de hecho" que de inmediato alumbrará un triángulo rosa o violeta sobre mi cara. Y eso me hará, no lo dudéis, dividir por dos mis posibilidades de encontrar empleo frente a los candidatos casados. Y además me obligará, en contra de la constitución, a anular parte de mi derecho a la intimidad, me obligará a poner mi vida encima de la mesa a cada momento, sin respetar mi capacidad para decidir cómo, cuándo y ante quién quiero abrir mis palabras. Pero sí hay diferencias, porque una vez que la ley permita una discriminación por orientación sexual y llegado el caso el TC la avale ... ¿quién dice que no vamos a encontrarnos nuevas discriminaciones en otros ámbitos?¿dónde ponemos la frontera a lo que podemos hacer las personas homosexuales y lo que no?
Dicen que sólo tres países "lo" llaman matrimonio. Digo que mienten. Que España, más Holanda, más Bélgica, más Sudáfrica, más Canadá, más Massachussets, más indirectamente New York e Israel suman más de tres. Digo que Suecia hablará de matrimonio en 2008 ó 2009, y con Suecia otros tres o cuatro países europeos. Digo que hemos tenido la posibilidad de ser por una vez en l historia pioneros de la libertad. Y no nos van a robar ese honor, esa alegría.
Dicen que es un desorden genético, una enfermedad. Digo que estoy feliz de vivir en un país lleno de premios nobel, donde personas sin estudios ni capacidad crítica alguna son capaces de llegar a conclusiones que la ciencia no ha sido capaz de justificar. Digo que son ellos los enfermos, enfermos de odio, de prejuicio, de fanatismo, de ignorancia.
Dicen que el matrimonio exige que haya una madre. Digo que nunca fue la lingüística fuente de derecho, que la etimología de las palabras no afecta a las instituciones jurídicas. Que las mujeres tienen patrimonio, que las mujeres y hombres estériles tienen la posibilidad de casarse, que en muchos idiomas esa "presunta verdad universal" la palabra matrimonio no hace alusión alguna a la maternidad. Digo que en los matrimonios de lesbianas hay dos madres reales o en potencia.
Dicen que no se debe hablar de homosexualidad en los centros educativos, que eso queda para las familias. Digo que ni un solo niño o adolescente gay, ni una sola niña o adolescente lesbiana, ni una sola persona transexual durante su infancia o adolescencia, debe verse privada de modelos, de espejos en los que poder identificar su normalidad, su naturaleza, sus afectos, sin sufrir por ello, sabiéndose digna o digno de respeto y de espacio en la sociedad.
Dicen que son normales (y callan que les gustaría gritar que yo no lo soy). Pero para mí es normal y natural amar a otro hombre, desear a otro hombre. Porque mi normalidad no es la suya, ni mi naturaleza es la suya. Y me niego a aceptar que sean ellos desde su fanatismo heterosexista quienes se atrevan a evaluar mi normalidad.
Dicen que tienen amigos gays. Siempre lo dicen. Pero es mentira, porque no nos respetan. Y yo sé lo que siento por mis amigos, y sé que jamás permitiría que les degradaran tanto como el partido popular o la iglesia católica o tantos opinantes de los medios o tanta gentuza por la calle intentan hacer con las personas gays, lesbianas y transexuales.
Llegan a decir que les doy asco, cuando se quitan el velo de la hipocresía y hablan como de verdad piensan. Digo que seguro que encuentran un psicólogo o psiquiatra cerca capaz de curarlos, sin necesidad de que me salpique su mierda.
















