PENSANDO EN IZQUIERDA: DIVERSIDAD

Hace ya tiempo que un iluminado de las Ciencias Sociales, deslumbrado por el sueño americano según Reagan, proclamaba "el final de la Historia". El capitalismo liberal había triunfado, según Francis Fukuyama, y entrábamos en una nueva era de paz bajo el signo del dólar.
Hace mucho que no sabemos de Fukuyama. Sabemos que Europa creció y comenzó a ofrecer un liderazgo mundial que en no pocas cuestiones debilitó la imagen del liderazgo estadounidense. Que el hambre comenzó a provocar riadas de inmigrantes hacia los países instalados en el bienestar. Que las desigualdades mundiales y la imposición de modelos culturales ajenos provocó un malestar en el mundo islámico que acabó con la génesis de un nuevo terrorismo capaz de golpear en las propias entrañas del Imperio. Que China continuó atentando contra los derechos humanos pero eso sí, con la cínica complicidad de un occidente fascinado por su capacidad para producir y consumir. Sabemos que seguimos construyendo historia, y que continuamos desbordados por las viejas y las nuevas preguntas que interpelan a nuestros valores, a nuestra propia esencia de humanidad.
No es verdad que se hayan acabado, con la historia, las ideologías. Hay diferentes respuestas ante los problemas. Y la prédica del "todo es igual, todos son iguales" no es sino una manipulación de los terribles neocons, los nuevos soldados del ultraconservadurismo y del liberalismo extremo, para intentar transformar la política, la res pública, en pura gestión empresarial. De nuevo, como siempre, encadenar al hombre y a la mujer, para que sirvan a dioses codiciosos y sus aún más codiciosos profetas.
Por eso, desde mi Santander posible, quiero hacer algunas reflexiones sobre los valores que entiendo son la enseña vital y moral de la Izquierda. Esos valores y sueños que me hicieron creer en el mundo posible, pensar la realidad en clave izquierda. Esa es la reflexión, ese el debate, al que quiero invitaros de manera intermitente en esta pequeña comunidad virtual.
Para mí, Izquierda es Diversidad. Frente al conservadurismo monócromo y ensimismado, la izquerda exalta (debería exaltar) nuestra capacidad para ser libres, para levantarnos cada mañana, afirmar nuestra personalidad ante el espejo y caminar con la cabeza alta, sabiéndonos especiales en mundo de hombres y mujeres especiales. No hay una piel, una lengua, un imperio, una nación, una familia, una forma de amar, ... porque tenemos pieles de tonos bellos y distintos, porque la palabra amor eligió muchos idiomas en los que anidar y esos idiomas abrieron caminos diversos para mentes, sociedades y personas diversas, porque no hay un imperio, sino personas que crecen a un tiempo solas y formando diversos grupos capaces de decidir antes de permitir que les decidan, porque la nación es algo que existe en nuestros corazones, y podrían hablar tantas realidades nacionales como latidos de vida, porque las familias son diversas, y entrar en su universo es penetrar la puerta de la sorpresa y del misterio. Porque el amor es un lenguaje propio que nos hace soñar mientras nos extraviamos en un rostro, el suyo, tras el que habita un hombre, una mujer, un desafío siempre.
Cuando éramos niños, cuando nos trataban como a niños, alguien dictaba las normas, la ciencia de lo malo y de lo bueno, la forma única de ser. Pero crecimos y aprendimos a ver. Y nuestras ciudades se fueron llenando de rostros, de risas, de canciones, de idiomas, de olores y sabores, de vestidos y ojos curiosos. Y fue así como nos contaminamos de izquierda, de vida, de respeto. Fue así como aprendimos a mirar a los ojos al otro. Y saberlo grande y digno, como si fuera nuestro propio espejo.
Porque no es posible ser de izquierda sin abrir las manos y el espíritu, para compartir la palabra y el tiempo de los otros, sin abrir el corazón a lo que quieran y sepan ofrecernos. Sin darnos en un torbellino de arco-iris.