miércoles, junio 28, 2023

CHIRINGUITOS, PAGUITAS, HIPOCRITITAS Y ESBIRRITOS


    La eterna cantata, no ya cada mes de junio, sino prácticamente todos los días y a todas las horas, en cuanto la caterva lgtbfóbica de pago ve el más mínimo resquicio para escupir su odio, sus prejuicios y sobre todo los mantras con los que van golpeando esas mil veces que apuntaba Goebbels para modificar la mente de la sociedad. Apuntando justo a esos dos o tres puntos en los que hacen de verdad daño. Ya que no tienen razón, ya que su mensaje anda en la escala de la evolución un punto por debajo del excremento de escorpión, necesitan descalificar el de activistas y colectivos. Y uno de esos mantras (hoy ha reaparecido varias veces en los comentarios a una noticia del Diario Montañés, a partir de una conversación con Kiara Brambilla y con un tal Regino Mateo, que no se oculta nada debajo del autor de este blog y que sonará vagamente a los habituales.

    Se trata de, ay, ese uso despectivo de los diminutivos en español, del clásico "chiringuitos y paguitas". Que ya hay cenutrios que se piensan que haber dado la cara, haber estado trabajando por los derechos, dignidad y visibilidad de las personas LGBTI+ nos hace propietarios de al menos un casoplón como el de Abascal y de una segunda residencia sin licencia ni pago al constructor diseñada por Rocío Monasterio.

    Resulta gracioso que en este país parezca quedar descalificada de antemano cualquier actividad remunerada. Supongo que es parte de los viejos (y teóricos) prejuicios cristianos frente a la riqueza, a la manera católica. Y es que ya decía la buena de la Bruja Avería aquello de "Viva el mal, viva el capital". O lo que es lo mismo, si uno se posiciona frente a los retrocesos en los derechos fundamentales, frente a la creciente violencia lgbtfóbica y al ascenso de los discursos de odio, es porque le pagan por hacerlo. Así que se me ha ocurrido acercarme a esta Bahía de Gotham para hacer un par de apuntes esenciales:

    1. Da risa floja ver al facherío ultra rancio habar de paguitas y chiringuitos. Ese mundo de privilegiados porque sí, que en buena medida no han trabajado ni diez minutos en toda su vida, que no han cotizado a la Seguridad Social, esos ninis de guateque casposo de club de campo, cubiertos siempre en su ocio infinito por las mamandurrias que lo mismo te inventan una Oficina del Español que una Agencia de Protección de Datos autonómica en la que se cobra más que en la Presidencia del Gobierno de la nación. 

    2. Más risa floja, con un poquito de rabia y otro poco de lástima, frente a esas hordas de esbirros anónimos y cobardes que infestan las redes sociales y los foros periodísticos para bramar sus consignas, desviar la atención y embarrar el campo, intentando implantar las viejas estrategias del populismo ultra, reinventado por el trumpismo, la alter-right y la Conferencia Baptista del Sur, bien jaleados desde otras esferas como el catoliquérrimo Ratzinger, inventor de otro asqueroso mantra, el de la ideología de género y la guerra cultural. Porque ellos sí cobran por insultar, mentir y descalificar. Engañados unos, fanáticos otros, cobrantes todos. Que de algo hay que comer, y si para eso hay que ser mamporreros de las peores subespecies de la humanidad, pues como Paco el Bajo, a correr a cuatro patas y a ladrar.

    3. No, los y las activistas lgbti no vivimos de las subvenciones. Vivimos, no demasiado bien en general, de nuestros trabajos. Gastamos tiempo, días libres, paz y... dinero, para que nuestros derechos y nuestra dignidad, pero sobre todo los derechos y la dignidad de quienes menos fuerza tienen para defenderse, queden protegidos tanto como sea posible (los niños y niñas del colectivo, nuestras personas mayores, la gente perdida en pueblos remotos de la España vaciada, las y los solicitantes de asilo y refugio, perseguidos y amenazados en sus países, nuestra gente con capacidades diversas...).

    4. Y sí, a veces, en general tarde, mal y escaso, el trabajo de nuestras asociaciones recibe un mínimo apoyo público. Para proyectos específicos, como asesorías jurídicas para delitos de odio, o asesorías psicológicas, para que nuestra gente no se rompa. Asumiendo nosotros funciones que no nos corresponden, que deberían formar parte de las prestaciones públicas, sí y siempre, y que a la larga lo que nos regalan es más necesidad de tiempo y de gasto de recursos propios. 

    Da igual. Las fauces de los esbirros no se van a cerrar. Nos seguirán acusando de ser lo que son ellos, vagos y vividores, hipócritas que nos atacan mientras esconden y salvaguardan a sus hijos, y asisten a sus bodas con la pamela bien pinada, gracias a que ese derecho se lo conquistamos desde su odiado activismo. Y tal vez calen sus insidias y sus mentiras, sus delitos de odio (es lo que son, hablemos claro de una puñetera vez) en una ciudadanía que a veces no es capaz de analizar mínimamente los pensamientos tóxicos con que les bombardean una y otra vez. Esos hipocrititas y esos esbirritos que manchan, excitados, los calzoncillos solo con pensar que pueden devolvernos a los armarios, a los campos de concentración, a las palizas, a los acosos, a la indignidad y la invisibilidad, donde ellos tendrían puesto fijo como verdugos.

    Ya no somos víctimas. Es lo que más odian, que hayamos dejado de serlo. Somos mejores, somos más fuertes, tenemos la razón, tenemos el convencimiento. Pero sobre todo, nos estamos jugando la vida. Y si hace falta nos encontraremos allí donde haga falta.

    ¿Chiringuito pagado? El que traigo aquí colgado. Ojalá vuestra vida sea al menos la mitad de miserable de la que os merecéis.

    

jueves, junio 15, 2023

JUNTO AL MAR DE LOS MUERTOS


 
    Fue en 1972. en el Mar Jónico, a solo 200 metros del pueblo calabrés de Riace. Un submarinista se alarmaba al detectar en el fondo lo que él imaginó un cuerpo humano. En realidad, la primera de dos estatuas en bronce, del S.V antes de Cristo, conocidas hoy como Estatua A y Estatua B, de valor extremo, al tratarse de dos de las cuatro únicas estatuas en bronce que nos han llegado desde la antigua Grecia, junto al Auriga de Delfos y al Poseidón del Cabo Sunión. Los Bronces de Riace. Dos guerreros, sobre cuya interpretación han corrido ríos de tinta y que hoy exhiben sus perfectos cuerpos en el Museo de la Magna Grecia, en Reggio di Calabria.

    Fue en 2017. Visité por cuestiones artístico-profesionales Reggio di Calabria. Como no podía ser de otra forma, aproveché una mañana libre para acercarme al museo, con el apremiante deseo de disfrutar de esa oportunidad para encontrarme con dos obras de tal impacto emocional. Quién sabe, pudieron ser parte de un grupo de guerreros embarcados, que simbolizaran... ¿cómo adentrarse en la mente de su autor, con tan poca información? En una de las guías sugerían, en pleno arrebato poético, que así, como nuestros guerreros de Riace, habrían sido Ulises-Odiseo y sus compañeros de peripecias. Me persiguió esa idea cuando me acerqué hasta el mar, al balcón sobre el Mediterráneo desde el que vislumbrabas frente a tus ojos, en la tan cercana isla de Sicilia, el terrible Etna, morada de Polifemo, el cíclope. Girabas el rostro a la derecha y sentías a lo lejos la silueta de Scilla, el pueblo cortado a cuchillo sobre un acantilado, que ha mantenido hasta hoy el nombre de uno de los monstruos, Scilla y Caribdis, a los que se enfrenta Ulises, uno a cada lado de un paso estrecho, el hoy Estrecho de Mesina, claro. Unos monstruos que convierten al mar en pesadilla hasta entregarle los cuerpos de los marineros atrapados en cruenta ofrenda. ¿Llegaron así hasta el fondo del Jónico nuestros dos guerreros?¿Se habían convertido en bronce dos de los compañeros del héroe de La Odisea?

    No pude evitar un temblor ante la presencia tan real de aquellas historias que leía ya de pequeño y que me habían acompañado toda la vida, hasta llegar allí, al borde del Mediterráneo. No pude evitar una lágrima, cuando se me vino a la memoria un viejo verso que duerme en un viejo y mal poema mío, "Recuerda el mar el nombre de todos sus ahogados", y otra lágrima más, mientras me invadía el frío de diciembre en Calabria, al sentir la presencia de miles y miles de personas ahogadas estos años, tratando de huir de la guerra, del hambre, de la indignidad, de la miseria, rumbo a una Europa opulenta, vieja en insolidaria, que se regocija en su superioridad moral y sus valores, capaz de ¿vivir? tan vieja, seca y repulsiva como una Christine Lagarde de baratillo ajena, indiferente, incluso activamente hostil, ante este nuevo Holocausto.

    Ha sido este 2023. Ayer. Cuando de nuevo un naufragio ha rasgado todos los velos de todos los templos. Unos pocos supervivientes y demasiados muertos, muertos que se ahogarán también en el mar del olvido y extraviarán allí sus nombres. Niños, muchachos, mujeres, hombres, vidas que ya no están, esperanzas que ya no serán, relojes que dejaron de contar los minutos. Gentes sin nombre, gentes sin número. Dicen que hubo alertas, y que de nuevo la petición de auxilio encontró oídos sordos en las almas secas. 

    El barco había sido avistado en aguas internacionales, no lejos de la ciudad griega de Pylos. De Pilos, la patria del rey Néstor, el argonauta que recibió y acogió a Ulises en su derrota. Que una patrulla ofreció algún tipo de ayuda, pero eligieron proseguir su viaje (¿cuánto les habría costado a cada uno una plaza hacinada en el viejo pesquero? ¿qué familiares les aguardaban?¿cómo podrían justificar su fracaso y su regreso al punto de partida?¿tenían, siquiera, un lugar al que regresar?) y no mucho después volcaron sobre la Fosa de Calypso. De Calipso, de la ninfa que amó a Ulises y trató de retenerlo.

    Ulises y su viaje. Ulises y la muerte en cada gota de agua del Mediterráneo, ya para siempre rebautizado como Mar de los Muertos. Ulises en Calabria olvidando cuerpos que se hacen bronce. Ulises en Pilos, al viento de la desesperación. Ulises en la Fosa de Calypso, despojado de memoria y de sueños.

    ¿Por qué leer a los clásicos? Se preguntaba póstumamente Italo Calvino. Quién lo puede saber. Quizás para poder explicar el dolor y la desolación, para hacer soportable el horror que nunca podrá serlo. Quizás solo para no morir esta tarde de tristeza.

viernes, junio 09, 2023

DON´T PRAY FOR ME, ARGENTINA


 



    Llegan, con los calores de junio, las convocatorias, noticias y actividades vinculadas a la celebración del Orgullo LGTBI+. Y con ellas, algunas tradiciones ya debidamente estabilizadas, como el difundido "Bingo del Orgullo", para ir rellenando  tu cartón con las patochadas que Heteroworld On Fire escupirá de red en red, de conversación en conversación, de congreso de cuñaos en congreso de cuñaos. Si eres el primero en encontrate con clasicazos como "Pero si ya se pueden casar, ahora qué quieren", "¿Y por qué no puedo yo celebrar el Día del Orgulo Hetero?", "¿Dime qué derechos os faltan?" y nuevos hits como "Estos lo que buscan es la paguita" o "Ahora hay más de esos porque están lavando el cerebro a los niños en los colegios". Sin olvidar, claro, el sufrimiento de tantas mujeres aterrorizadas al ver los espacios femeninos por una turba de mujeres trans chonis y furiosas violando, asesinando y practicando rituales satánicos que ríete tú de aquel Holocausto caníbal del cine setentero.

    Por mi parte, ya me han explicado que con este careto feo necesitaré pagar a chaperos si quiero tema con alguien, me han  definido como La poetisa en un foro del Diario Montañés y me han llamado "pedófilo" varias veces por Twitter. 

    Pero en los temas del bingo voy, por el momento, retrasado. Aunque, eso sí, he descubierto que ahora, con sus líderes ultrafanaticoides muertos de envidia porque se hable de junio como Mes del Orgullo y dé la impresión de que ya no es de su propiedad todo el año, se nos han llenado las redes de católicos de curioso pelaje, proclamando junio como Mes del Orgullo Cristiano y tratando de quedar como guays y acogedores anunciándonos que rezarán mucho por nosotros, para que no sigamos empeñados en esta vida que nos hace tanto daño (la vida de follar maromos y tal, imagino que quieren decir).

    Estos presuntos católicos, muy en la onda de organizaciones transparentes y modélicas como las Avutardas Cristianas, HazteOrín, el Forro de la Fajilla y El Yunque, deberían quizás mirarse a sí mismos antes de juzgar a los demás. Y es que a lo mejor es necesario recordar que Santa Madre tiene una historia muy propia y muy poco ejemplar, que no es como para enorgullecer a nadie. Que en las tropas citadas la carencia de caridad, amor al prójimo, comprensión de las bienaventuranzas y práctica de las obras de misericordia resulta tan evidente como alarmante (¿católicos? Juas). Que sus mensajes y prácticas vienen (y con financiación paguito-chiringuitera) de organizaciones protestantes y evangélicas (¿católicos? Juas), acompañadas, además, de la negación de la ciencia y la exaltación del terraplanismo. Joyas.

    Uno, que aunque solo sea por respeto a su propia familia y a su historia personal tiene cierto respeto y cariño, a pesar de todo, por las cosas de Santa Madre, la Santa Madre de verdad, no la prostituida por los dinerucos de Banon, pues suele estar atento a las partes buenas, como el discurso blandito de Francisco (menos da una piedra, Santidad), que desde luego se percibe refrescante frente a las proclamas de odio camuflado en Juan Pablo II y en Benedicto Equis Uve Palito. También en los movimientos de algunas comunidades de base, algunas órdenes, algunas parroquias, algunos teólogos y teólogas y hasta las conferencias episcopales de Bélgica o Alemania, tratando de conquistar una Iglesia Católica más inclusiva o al menos un poco respetuosa. Esa transición, aunque parece que los del Orgullo Cristiano no se han enterado, ya es una realidad en muchas iglesias luteranas, episcopalianas, cuáqueras, universalistas, veterocatólicas, etc, cada vez más comprometidas con el respeto a la diversidad y que en junio (y más) también alegrarán sus templos con los colores del arco iris. 

    Pero también uno es capaz de recordar cuál es, a día de hoy, la doctrina oficial, hipocritona donde las haya: Nos respetan como personas (en general, en sus huestes y ministros este punto es falso) pero odian nuestro pecado (lo de los empotramientos y tal, pero imagino que también besos, caricias, acompañamiento, solidaridad, ternura y toda práctica asociada al concepto "pareja"), y eso odio a nuestro pecado sí que lo cumplen a rajatabla. Al menos, cumplen el 50%, ya es un logro.

    De todas maneras, a mí lo que de verdad me resulta molesto es esa obsesión que tienen de rezar por nosotros. Como si quisiéramos o necesitáramos la vana palabrería de semejante tropa de fariseos. No quiero que recéis por mí, ni en junio, ni en noviembre, ni en febrero. No quiero que vuestro vicio, vuestra intolerancia y vuestro fingimiento se ocupen de mi vida pasada, presente o futura ni un solo segundo. Diría más, no os lo consiento. ¿Que las personas a las que quiero, hay muchas que son creyentes, necesitan por alguna razón rezar por mí? Se lo agradezco. Desde el corazón. Porque nacen del cariño y del respeto. Porque no implican que tenga que negarme, ocultarme, torturarme, para no molestar la blancura de sus sepulcros. Porque ni juzgan, ni someten, ni humillan. 

    Pero a vosotros, fariseos, sí, fariseos, idénticos a los que Jesús apartaba con ira de su camino, sepulcros blanqueados que os creéis mejores que los demás, pero solo sois podredumbre, no os quiero  cerca. No recéis por mí, os lo prohíbo. Ya compartiremos los infiernos, pero hasta entonces, vade retro, hipócritas.

martes, junio 06, 2023

ATENEÍSTAS Y FEMINISMOS


 

    Se ha escuchado mucho en los movimientos sociales la frase "porque fueron, somos; porque somos, serán". Porque fueron, somos. Una afirmación justa y rotunda que recuerda que si hemos escalado hasta nuestra sociedad occidental, con sus patologías, pero también como ese espacio de libertad, seguridad, igualdad y bienestar sin parangón en la historia de la humanidad (ya se están ocupando de destruirlo por todos los frentes, no os preocupéis), que si hemos llegado hasta aquí, decía, es gracias a las vidas, los trabajos, los sufrimientos y las muertes de muchos de quienes nos precedieron. Hombres y mujeres que lo dieron literalmente todo, frente a las mismas fuerzas siempre, por la emancipación y dignidad de todos los seres humanos.

    En los discursos neoliberales, ultraconservadores y populistas estaba oculto y anda aflorando ahora, gracias a sus peones mediáticos, un profundo rencor contra todos los movimientos que contribuyeron a limitar un poquito el poder de los suyos. Al asalto cada día, con esbirros a sueldo en redes y tertulias, que abren en abanico discursos de tonos exaltados en barras de bar y griteríos de autobús, estos ya gratis, contra el movimiento obrero, contra el feminista, contra las oleadas de derechos LGBTIQ+, contra los movimientos pro derechos civiles que pusieron coto al racismo, contra las reflexiones ambientales, contra la democracia y sus instituciones, contra las organizaciones solidarias... Contra todo y contra todos, con un lema que podría resumirse en "Lo mío es mío y lo tuyo, a medias". Las estrategias son básicas, se trata de tener mucho dinero para comprar espacio y actores en los medios y meterse hasta la cocina casa por casa para excitar los más bajos instintos del personal. Relean Farenheit 451, anden; redescubran ese gran descubrimiento de Bradbury al que denomina "La Familia"...

    Entre esos discursos, es fundamental el de la negación del mérito. Solo cuestionando, arrasando más bien, el trabajo de quienes osaron enfrentarse a los poderosos resulta posible la construcción identitaria del Nuevo Tío Tom, del esclavo feliz y aspiracionista que una vez se compró un utilitario a plazos y se sintió primogénito del faraón. Y que aprende a odiar sus derechos y a despreciar a sus aliados, porque le han programado para indignarse ante realidades falsas, construidas expresamente para que las mentiras consuman su escasa capacidad crítica. Quienes son dueños de los grandes poderes transnacionales, vuelven a ser así nuestros dueños, acusando al resto, eso sí, de adoctrinar y programar cada vez que piden dignidad y respeto o trabajan por una sociedad mejor y más habitable.

       Voceros tienen muchos y en todos los espacios. Algunos muy conocidos en sus ámbitos. Como el ateneísta de pro de cuyo nombre no me da la gana de acordarme en este artículo, que ha aprovechado las victorias electorales en Cantabria de dos mujeres del Partido Popular, Gema Igual en Santander y María José Sáenz de Buruaga en la Comunidad Autónoma, para embarrar en la prensa clamando que el Feminismo no sirve para nada y que nada deben estas dos mujeres al movimiento, ya que llegaron a donde quiera que estén por sus propios méritos.

    No voy a caer en la trampa de cuestionar cuáles sean esos méritos (ya me intentaron enredar en Twitter). Porque me niego a cuestionar a las mujeres con escrutinios que nunca se utilizan para los hombres. Pero sí siento la necesidad de recordar en esta mi bitácora que fueron las feministas quienes conquistaron los derechos para las mujeres, entre ellos al sufragio activo y pasivo. ¿Les parece poco? De acuerdo, fueron las feministas quienes trabajaron para que las estructuras sociales se fueran transformando -ay lo que falta- y las mujeres pudieran acceder a los estudios, al trabajo, no se vieran condenadas a quedarse en casa con la pata quebrada, como querían los inocentes refranes populares, o a ser santa y señora de su hogar, como pedía esa señora que con la camisa nueva de su hermano se confeccionó un sostén para toda la vida. ¿Poco todavía? Miren las listas electorales del 77, del 79, del 83... y miren las actuales. Y ahora recuerden cuánto lucharon las feministas para que fuera obligatoria la presencia de mujeres en las listas, para que la visibilidad de las mujeres llegara a todos los ámbitos (en ello están todavía). Recuerden también cuánto lucharon los conservadores y los conservadores beyond, desde todas sus atalayas judiciales, políticas y religiosas para que esta visibilidad nunca se consumara. 

    No, querido y rancio ateneísta. No es precisamente el mérito, al menos si entendemos por mérito aquello que a hombres y mujeres nos hace mejores, el valor que más se cotiza en las andanzas políticas. Pero méritos aparte, y resultados aparte, Igual y Sáenz de Buruaga están ahí porque muchas mujeres les abrieron el camino. Ya sé que eso le molesta profundamente y que también esta realidad estaría encantado de modificarla hasta hacernos creer la mujer siempre ha podido acceder al poder porque Isabel la Católica. Pero usted, que es más malo que ignorante, sabe que eso no es cierto. Como lo sé yo. Y como sabe la mayoría, aunque mucha gente prefiera plegarse a los cantos de sireñoros, en contra de sus propios intereses, en contra del bienestar de sus hijos y de la dignidad de sus hijas.

    

    

lunes, junio 05, 2023

DARK BLOG RETURNS! (TERCER TÍTULO, TERCERA TEMPORADA)


 


Nació esta ubicación del cibermundo hace ya como porrada y media de años. Se titulaba entonces Un Santander Posible, y trataba de ser un espacio de propuestas, esperanzas, ilusiones, críticas -por qué no-. También de dimes y diretes, confesiones y miradas privadas de su autor y responsable.

Seguramente por eso, por el color amable con el que el blog quería nacer, su imagen fue la de Glenda, una pastor de Brie, color arena, carácter bonachón, prima de Chebwacca y con un carácter y un humor bastante peculiares, que le llevaron un día a regalarme las necesarias nuevas risas, tras la muerte de Leo, con su propio blog, Perra del Sábado Noche, que acabó generando un spin-off del spin-off: No solo de Ginebra vive el hombre, para que la buena (ejem) de Gin pudiera poligonear a sus anchas, con sus aires de setter enloquecida (ya sé que es un pleonasmo)

(Gin, modo fantasma ON: 

-Pero yo no sé qué es un pleonasmo, Gafapasta.

-Que si dices Gin, todo el mundo sabe que estás diciendo también setter. Y que si dices setter, no hace falta explicar lo de enloquecida, va de serie.

-¿Lo de pedante te lo he llamado ya?

-Varias veces, Perrinalinda de las narices.

-Pues eso.)


Cuando el Santander posible devino en imposible, quizás lo haya sido siempre, el blog siguió hablando de lo mismo, porque el mismo era su autor y similares sus obsesiones, valores, certezas, errores, aciertos y quisicosas. Aunque quizás el tono fuera más hacia lo personal y se pintara con colores algo más tristes. Al cambiar de temporada, parecía interesante cambiarlo de nombre, y se rebautizó como Desde una habitación desordenada. Un título, sin duda, muy yo, muy mi vida y muy mi habitación. En un desorden compulsivo que se agravó en la vida post Leo. Y que en estos últimos años, gracias a esas encuestas y valoraciones de todo a cien que aparecen en las redes, he conseguido resignificar, porque no sé quién en no se dónde afirmó con toda rotundidad que talento y desorden van de la mano (directamente hacia el caos, imagino, pero mola) y una chica me dijo el otro día que aunque yo me tengo por muuuuuuuuuy tranquilo, estoy lleno de TOCs y de Hiperactividad y no sé cuántas cosas más que no se diagnosticaban cuando yo era Peque Regi por Reinosa y en el siglo pasado.

Lo de la hiperactividad sí que me dejó un poco asombrado. Pero voy a dejar las cochinadas para otra entrada del blog, que no quiero empezar sin ropa.


Así se pasaron otros años en los que cada vez era más difícil una actualización del blog, pasaba más tiempo entre una y otra, sentía más pereza y finalmente acabó siendo un blog silencioso más, que solo se reactivaba para las oportunas necrológicas de perras y gatas. Y hasta alguna se quedó por escribir.


Pero parece que vuelven las ganas o las necesidades, y asoma una Tercera Temporada. Más oscura, sin duda. Porque oscuros vienen los tiempos en muchas cuestiones importantes, tanto a nivel local, como regional, como nacional, como internacional. Y son tantos los signos de interrogación abiertos, y tan pocas las esperanzas de que se salden con respuestas satisfactorias (para mí). Se me está agarrando al alma la sensación de que Years & Years era más un oráculo que una serie. Y por eso hacía falta un nuevo título, un título capaz de contener toda la oscuridad y toda la desazón. ¿Algo más oscuro que la Gotham City de la que acabó por huir hasta Batman? En ninguna de sus versiones tenía mar la tal Gotham, así que acabamos de imaginar una Bahía de Gotham, con su puerto, su azul noche, sus brumas y sus oscuridades húmedas. Una Bahía de Gotham en permanente proceso de auto destrucción, como la Hiroshima post apocalíptica, válida apenas para un poquito de amor y de desolación personal acompañada, a lo Marguerite Duras.


Así que, bienvenidas, bienvenidos a esta aventura nueva que no lo es tanto. Os recibe, con sus puertas abiertas, Gotham Bay, Mon Amour!


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domingo, septiembre 04, 2022

VUELA, CAMILA

 


Hacia el lugar sin miedos, vuela, Camila.

¿Cómo saber qué dolores te habían roto el alma, qué barrotes habían intentando dilatar tus maltratados dientes, qué colmillos te habían lastimado, qué manos cazadoras empuñaron el palo cotidiano que te hizo tímida, temerosa, desconfiada?

No puedo imaginar de qué manera la calma comenzó a instalarse en tu silencio cuando, por fin, te rescataron. O qué preguntas te hacías cuando Gelo y yo te recogimos en el Parque de Jado para traerte a casa. Cuando llegaste a la casa de este tipo que cuando era niño soñaba con tener un perro y que, por alguna razón, había decidido que ese perro sería un pointer. Sin saber que tú eras ese sueño cumplido.

Fue entonces cuando por un momento te convertiste en la perra de todos, cuando los ruidos, las luces, el bullicio, el gentío navideño y el maldito petardo te provocaron un ataque de pánico. Todavía no me explico cómo pudiste sacar la cabeza del martingale, para iniciar esa huida loca en la que intentaste llegar a casa y acabaste perdida por Santander, tres largos días con sus noches, mientras las redes sociales ardían, tu foto pasaba de teléfono en teléfono y tanta gente dirigía sus pasos hacia los espacios donde alguien creía haberte avistado. Hasta que por fin entraste para descansar bajo un container en el Puerto, por la estación del ferry. Inolvidable tu tranquilidad cuando, al olerme y escucharme, saliste de tu refugio y me miraste como diciendo "¿dónde te habías metido, llevo tres días buscándote?".

Fueron los meses del pánico. Tu alegría cada vez que íbamos a salir de casa y la tensión que te hacía temblar sin control en cuanto pisabas calle y comprobabas que los humanos seguían por allía, siempre intentando controlar que no se acercaran demasiado. Del temblor compulsivo a la rigidez absoluta, como si así no pudieran verte, camuflada tras una barrera invisible. Poco a poco comenzó la confianza, los pequeños detalles, los primeros movimientos, cada vez más cerca de la gente, aunque nunca te gustara estar demasiado acompañada y disfrutabas de los momentos de paseo solitario, Gelo, tú y yo, para qué más. En esa Duna de Gamazo que podría dar testimonio de cómo allí crecía tu seguridad, se desataban tus ganas de correr y de beberte el viento, de dejarte rodar por la pendiente de hierba como si recuperaras la cachorra que hace tanto tiempo fuiste.

Y en los últimos tiempos, cada vez más, la sorpresa de la cercanía y de la aceptación, cuando algunas personas se sorprendían acariciándote sin que te retiraras.

Te cambió la expresión hace ya meses, Camila, tu mirada se relajó, tu mandíbula aprendió a perfeccionar esa sonrisa de perro tan característica. Descubriste que tu cuerpo podía hablar y yo podía entender su lenguaje, y fuimos tejiendo unos lazos muy especiales, siempre pendientes uno del otro, yo de tu fragilidad, tú de la seguridad que te aportaba.

Y de pronto... en tu duna, en tu paseo, en tu mediodía perfecto con tu amigo Gelo y tu compañero humano, sin más siluetas por el horizonte. Te fallaron las patas. ¿Un derrame, una insuficiencia cardíaca? Qué importa ya, fue solo un instante mínimo y ya estabas levantando tu último vuelo, mientras Gelo te daba golpecitos con el hocico, para que te levantaras, y yo empezaba a sentir de nuevo esa desolación y ese vacío de tantas despedidas.

Eras preciosa, Camila, en todos los sentidos, una perra buena, obediente, apegada, de estampa atlética. Ojalá haber pasado contigo más tiempo, el suficiente para ver cómo se te acababan los miedos y florecías a lo grande, como un mar de cerezos en abril. Ojalá haber sabido que se disipaban todos tus temores y te soltabas la melena, feliz y libre.

Quiero creer que estos pocos meses fueron un remanso en tu desconocida historia. Quiero creer que ahora sí que has alzado ese vuelo y que en algún prado infinito, más allá del arco iris, corres sin frenos, junto a Glenda, a Gin, a Lola, a Harley, y dejas que te llenen de caricias esos humanos que nunca hubieran podido hacerte daño, pero sí darte toda la ternura, el cariño, la paz, que merecías, mi padre, Leo, la tía Chavita.

Vuela, Camila. Hacia el lugar sin miedos. Hacia los días de luz inagotable, hacia las manos tendidas y las siestas cumplidas en las que yo, añorándote siempre, no podré ser una vez más tu almohada favorita. Vuela, Camila.

lunes, agosto 22, 2022

PERRINALINDA EN MODO ECTOPLASMA

 


- Eh, Gafapasta: Buuuuuuhh

-Anda, vaya, un fantasma.

-No, Caraculo, yo fantasma no: Yo Perrinalinda ectoplasmática.

-Pues me has dado un buen susto, Perrinalinda ectoloquesea.

-Un mordisco es lo que te tenía que dar, descastado. ¿No me debes tú nada a mí?

-A ver, yo creo que lo que me prestaste para jugar al bingo te lo devolví y esto... no sé, creo que habíamos arreglado cuentas hace tiempo, ¿no? Espera que revisto la libretuca.

-Pero qué libretuca ni qué libretuca. ¿Es que no me merezco yo unas palabras bonitas, como las que escribiste para Mami Glenda, y para Harley, y para el Chico Guapo, y hasta para la micifuza absurda de Tiberio? (Que esa es otra, contenta tienes a la Anabotella, yo te voy avisando). ¿Tan poca cosa he sido para ti?

-...

-...

-Es que... a ver...

A ver ahora cómo le explico yo a Gin  que el golpe fue tan duro que me dolían los ojos tanto como el corazón, que yo me esperaba varios años más compartiendo su ternura infinita, riéndome con sus locuras, alimentándome de esa alegría canina que parecía no tener fin. Cómo le explico la nube oscura que me invadió aquella noche que sigo sin entender, tras una hora de juego en los Jardines de Pereda con la última pelota, con los sollozos que me despertaron a eso de las cinco de la madrugada, cuando de pronto te habías convertido en una masa de pelos incapaz de moverse, incapaz de entender. Y el descubrimiento de ese maldito tumor que se había escondido entre los costillares para no dar señales y te había invadido poco a poco, hasta alcanzar un peso y un tamaño sorprendentes, ese tumor que se había movido por quién sabe qué razón y te estaba aplastando la columna y el sistema nervioso, ese tumor que no se dejó operar.

-Y la Hechicera de la bata blanca y tú empeñados en que estaba engordando y que me sobraban dos kilos. Que me encontráis el tumor a tiempo y me quedo con un tipín de estrella de rock liverpulesa.

A ver cómo te explico que cierro los ojos y veo esa primera fotografía, cuando les dije a las Hadas de Sos Setter eso de "madre mía, qué cachorrona más linda". Sí, cuando te llamabas Lona porque te ibas para Barce-idem y yo ni sospechaba que acabarías siendo la parte más loca de la familia, y te llamarías Gin, y jugarías con Glenda y con las gatas, y te escaparías, y correrías, y darías tanto amor, tanto, que parece mentira que tanta ternura pudiera caber en un cuerpo tan chico. Cierro los ojos y veo tus carreras por la playa, aprendiendo a nadar gracias a Viejuno Harley, incapaz de agotar tanta energía, veo tus movimientos de sirena bañándote en Gamazo con un estilazo que para sí quisiera Esther Williams, tus juguetes de peluche (gomas y plásticos no, gracias). Veo ese salto salvaje desde lo alto de las dunas de Loredo, para deslizarte luego en una especie de rafting que casi me provoca un infarto y a ti te dio el subidón de adrenalina de tu vida, disfrutando como nunca. Veo esa setter ya más calmada por la edad, que me usaba de almohada mientras me invadía el alma con su mirada, dulce, amorosa... ("Quédate con quien te mire como Gin a Regino", escribió alguien en Fabook tras ver la foto de un pregón en el Orgullo de Cantabria contigo al lado observando con cara de felicidad y de amor infinito).

A ver cómo te explico que te echo muchísimo de menos, porque dejaste un vacío denso y silencioso. Que esos once años de vida juntos fueron mejores gracias a ti, que fueron tuyas la mayoría de las sonrisas de ese tiempo (y casi todos los cabreos, por cierto, Perrinalindadelasnaricesaveces). Y que Gelo se quedó desolado, y lloraba toda la tarde, preguntándose por qué ya no estaba en casa la que había sido su compañera durante media vida, y que tuvimos que buscarle nueva familia, con Camila y su TOC, y con la blanquísima sombra gatuna de Lannister.

-Pero si habías dicho que gatos nunca más.

-Pues ya ves...

-Y menuda la liada con Camila, la mi pobre, a ver si la cuidas para que se le pasen los miedos.

-En eso estamos.

-Pero más rápido, coñes, que tiene demasiada tensión la chiquilla. Y cuida a Gelo, que se le ve la cara de viejuno cada vez más, y está cabezón y cascarrabias y empalagoso. Claro, como no estoy yo para darle vidilla...

A ver cómo te explico...

-A ver cómo te explico que te calles ya, Gafapasta. Que ya lo he pillado, que eres vago, melancólico y procrastinador, y que lo habías ido dejando. Pero con lo de antes me vale. ¿Chuches para ectoplasmas tienes? ¿No? Pues menuda mierda de disculpa, tío. En fin. Me voy a morder a Tiberio y a volver loca un rato a Mamiglenda, que andan por las nubes. Ah, y oye, que conocí al Chico Guapo y que... mira, que tenías toda la razón, que es un amor y requetemegaguapo. ¿No va siendo ya hora de otro mozo?

-Es que no es fácil, Gin.

-A pacer, tío, que me voy al séptimo cielo. Otro día te asusto más.

jueves, abril 29, 2021

ADIÓS, TIBERIO



La sorpresa continúa saltando cuando explico que, tras 19 años de convivencia, se me ha marchado la gata Tiberio. ¿Gata y Tiberio? La sorpresa se magnifica cuando añado, "Sí, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico, para ser más exactos". Y ya entonces tengo que explicar que había decidido por primera vez incorporar a una gatuca a la familia para que Glenda no pasara tanto tiempo sola, que la elegida era Miércoles pero te dejaron con ella para que no estuviera muy estresada los primeros días y que ya vendrían después de un fin de semana a recogerte y... bueno, nunca te marchaste. Se suponía que eras chico, que los gatos sois un poco complicados de peques para determinar esas cosas, y yo me quedé con la sensación de que había hecho un poco el tonto cuando no vinieron a recogerte y me quedé hoy con dos mininos en lugar de uno, así que, reflejando en ti lo que yo sentía, te bauticé con el nombre completo del emperador Claudio, el que tenía fama, bien injusta, de tonto. Al poco fue evidente que eras chica, pero ya dejamos el nombre tal cual, no fueras a alterar tu frágil estabilidad existencial.

Para mí entonces manejarme con dos gatas era como doctorarme en cálculo infinitesimal, erais seres extraños y traté de hacerlo lo mejor posible. Mucho mejor lo llevó Glenda, que según os vio dijo "Anda, cositas para pastorear" y se convirtió en vuestra madre. Inolvidables esas escenas en que cuando jugabais por la noche, vuestra madreperra se levantaba de la cama, os pillaba por el cogote y os lanzaba a los lados del pasillo para que dejarais de molestar, o cuando os pillaba por el cogote (llegó a ser una manía) y os reñía por haber salido al descansillo de la escalera. 

La propia Glenda fue la que te convirtió en una pequeña estrella en la blogosfera, al incorporarte a las peripecias de su blog como "la gata tonta". Y es que no te parecías en nada a tu hermana Miércoles, siempre fuiste tímida, reservada, distante. Te encontrabas cómoda al sol, cuando no había nadie cerca, te escondías si había jaleo por la casa, pero también mostrabas tu cariño sentándote al otro extremo del sofá cuando yo veía la tele, eso sí, sin dejar que te tocara o te acariciara. Con el paso del tiempo todos en la manada aprendimos a respetar esa distancia, y de alguna manera ese respeto te aportó seguridad: Alargaste tus expediciones, saltaste a lo más alto de los armarios y del frigorífico para luego pedir socorro porque no te atrevías a bajar, te acostumbraste a buscar calor encima de Gin o pegada a mi lado, y a exigir tu comida por las mañanas y por las noches. Hasta descubriste que de vez en cuando se estaba bien buscando una caricia o un ratito en brazos.

Inolvidable también el recuerdo, siempre lleno de sonrisa, de tu encuentro con Leo. Fuiste el único miembro de la familia que nunca le aceptó, celosa quizás de una atención que tú no buscabas pero no querías ceder a otros. Erizabas el pelo y bufabas como poseída por Belcebú cada vez que os tropezabais por el pasillo, y Leo, con su carácter extrovertido y alegre y sus dotes actorales, pronto decidió imitarte y responder a tus bufidos hasta que, enfadadísima, te escondías en aquel cajón del armario que tantos años fue tu mejor refugio, supuestamente secreto.

Tu marcha ha sido a un tiempo esperada y sorprendente. Todos los bichos de la casa ya muy mayores, pero estabas estupenda, con un pelaje envidiable, con un carácter más seguro y más dulce, y no pensaba que fueras a ser tú la primera en marcharte. Han sido pocos días, de pronto se te torció el gesto y la cara se quedó deforme evidenciando la presencia de un linfoma. Sé que no has estado mal, que no has tenido esos dolores que te hubieran obligado a refugiarte en un espacio secreto y apartado, sé que hasta el final has querido comer y yo he aprovechado para regalarte con sardinas, mantequilla, leche, bonito y alimento húmedo, sé que has pasado más tiempo en brazos esta última semana que en casi toda tu vida, yo te recogía y tú te dormías plácidamente encima de mí, sin exteriorizar dolor o quejas. Hasta que el pasado martes te encontré, al regresar del trabajo, dormida ya para siempre.

Y me he sorprendido a mí mismo buscando tu sombra silenciosa por las habitaciones, llamándote, "¡Tiberio!" al regresar anoche a casa, conjugando tu ausencia con la tristeza serena que muestran Gelo y Gin en este abril cruel, como cantara Eliot.

Te echamos de menos, pequeña.
 

miércoles, marzo 17, 2021

EL AÑO DE LAS MÁSCARAS


 
Era viernes y trece. 

Apenas hacía unos días, nos habíamos reunido mis hermanos y yo con mi madre para celebrar su cumpleaños. 

Apenas hacía unos días, mi querida Isabel había cumplido ¡por fin! su sueño de ser madre, y la pequeña Isabel aprendía a respirar los aires del Cantábrico.

Apenas hacía unos días, se materializaba mi reingreso como funcionario en el ayuntamiento de Santander, y comenzaba a terminar un tiempo oscuro en el que dejé de creer en las instituciones y en la justicia. Un tiempo del que llegué a pensar que era el bache definitivo, que no tenía salida.

Cuando me subí al autobús, de camino al trabajo, con las últimas noticias que confirmaban el cierre de los colegios y apuntaban a que habría un confinamiento como el de Italia, no sabía que me encontraría el Centro Cultural Fernando Ateca cerrado, que ya habían llegado las instrucciones del ayuntamiento para cerrar todos los servicios no esenciales y que tendría que regresar, un poco desconcertado, a casa para recibir la última noticia, en la madrugada del sábado al domingo se iniciaría un confinamiento que, en principio, duraría un par de semanas. 

Con la mirada hacia estos doce meses transcurridos desde entonces y la mascarilla puesta, mientras celebro que hoy en Cantabria el toque de queda pasa a las 23:00 y por fin tras muchos meses mis perros podrán tener su paseo nocturno en condiciones, hay tiempo para muchas reflexiones.

Dios aprieta pero no ahoga. Estoy convencido de que me salvé por solo tres semanas. Si los trámites se hubieran retrasado todavía más, es así de duro, y el confinamiento me hubiera llegado en las condiciones de abandono en que los incumplimientos y la indecencia de la Sociedad Regional de Educación, Cultura y Deporte,  el consejero de Cultura, el gobierno de Cantabria y algunos jueces y funcionarios de los que me sigue sorprendiendo que hubieran aprobado el primer curso de Derecho me habían dejado, hoy, simplemente, no estaría vivo.

Aunque solo fuera por eso, por ese regreso a la vida, tendría que contarme, como me cuento, entre esos españoles raros que al pasar revista concluyen que la experiencia del confinamiento y posteriores restricciones ha sido positiva. 

Y es que 2020 fue, con todo, el año de la calma. Regresar a la vida, dejar de llorar, volver a comandar la nave y a sostener el timón fue importante. Fue importante también la superación de la derrota, el momento de volver a caminar, que se plasmó en la recuperación de planes y proyectos aplazados. 

He cocinado mucho, y pulido recetas que todavía no me acababan de salir. He pasado mucho, muchísimo tiempo con mis perros y mis gatas, en estos tiempos en que todos ellos, Gin, Gelo, Tiberio y Miércoles, andan en días de descuento, con demasiados años a cuestas, y agradezco la lentitud y la ternura que el 20 me dejó para disfrutar de su compañía. He leído bastante. He escrito algo, menos de lo esperado, porque la cabeza no estaba para novelas, pero Cuando fuimos silencio ha dado un salto cuantitativo importante. He visto muchas series y muchas películas. He echado de menos no haberme llevado todavía el piano familiar a casa, porque hubiera tenido la posibilidad de recuperar dedos y volver a asesinar a Mozart con cierta soltura. He quitado mucha basura y mucho trasto de mi casa, también de mi vida. He echado de menos más que siempre y tanto como nunca a Leo, y es que me imagino que las pandemias se pasen mejor a dos bandas. He vuelto a la disciplina académica, y he iniciado la nueva temporada del grado en Lengua y Literatura Españolas con una matrícula de honor que quería sacar, en Estilística y Métrica. He enredado por las redes sociales. He dormido, paseado, he echado de menos a la familia y a los amigos, he guardado muchos silencios, he escuchado mucha música, he celebrado con alegría los pocos encuentros y celebraciones familiares, me he sentido fuerte incluso cuando por vez primera he tenido que aprender a estar solo en Nochebuena y Nochevieja. Me he sentido bien.

Hacia fuera, sin embargo, justo allí donde nos decían que íbamos a ser mejores, he sentido una degradación, una ira, un descontrol fuera de parangón reciente. Me espanta cada día más lo que veo y escucho en las instituciones, los discursos de odio que se filtran de manera constante y nos van cubriendo de miseria y porquería moral. Me duele la transfobia, que de pronto ha ocupado un espacio central del discurso social y político; me aterra el servilismo de los medios de comunicación y su blanqueamiento constante de las peores actitudes y valores. Me asusta poner la radio los miércoles para escuchar, durante solo diez minutos, rara vez aguanto más, la llamada sesión de control del Congreso, insulto y sinrazón contra insulto y sinrazón en un espectáculo indecoroso que ya no soy capaz de soportar. Me cansan el ruido vocinglero y los populismos demagógicos de diestra, de siniestra y hasta de extremo centro. Me preocupa y me lastima la constatación de un cierto fracaso de mi país como tal país, un país que es incapaz de ofrecer no ya futuro sino siquiera presente a los jóvenes y que abandona a tantos a los lados del camino. El de los patriotas de pacotilla que se exaltan gritando vivas a la bandera y más vivas a una familia real que no se lo merece, pero que hacen trampas y más trampas, que esquivan sus impuestos, que se niegan a contribuir al proyecto común ni personal ni económicamente, que llenan de barro hediondo todo suelo que pisan porque es el único escenario en el que sus malas artes pueden tener sentido y éxito.

Los gritos histéricos y los silencios calmados. El afuera y el adentro del año de las máscaras.

Y el cansancio ya importante, la necesidad de que este tiempo enfermo por fin acabe y podamos recuperar (¿sabremos?) los abrazos y las risas.

miércoles, marzo 03, 2021

ODIO A EDURNE PORTELA. ESTAMOS LEYENDO... "EL ECO DE LOS DISPAROS"


Entre los libros con los que he dado comienzo al año lector, se han venido sucediendo varios que coinciden en mirar la violencia desde una cercanía personal o documental que puede resultar aterradora. "Los amnésicos", de Geraldine Schwarz, la fría indiferencia, el silencio frío, de la sociedad alemana abducida por Hitler. "No digas nada", el viaje de Patrick Radden Keefe a la época de "Los Problemas" en Irlanda del Norte. Y ahora  "El eco de los disparos", una memoria personal y cultural con la que Edurne Portela nos lleva de viaje hacia el complejo tapiz de personas, razones, representaciones y vivencias con las que ETA (y no solo ETA) han marcado durante demasiados años toda una sociedad, y de alguna manera continúan presentes, en espera de generaciones capaces de mirar sin tanto dolor, sin tanta pasión, sin tanto odio, para que de verdad las calles y pueblos del País Vasco puedan descubrir una vida en la que los ecos de los disparos sean parte de una vieja y tremenda pesadilla.

Inicio esta entrada en el blog afirmando que odio a Edurne Portela. Porque uno, que acaba por adherirse a demasiadas rutinas, la música barroca, el juego de Marvel Contest Of Champions, la lectura, el chocolate, los perros, ha acabado sumando una cita más durante el pasado año, de desconciertos, aislamientos y confinamientos, más turnos de tarde: la de la radio, cada lunes, para escuchar el diálogo entre Angels Barceló y Edurne Portela, con su mirada lúcida, racional, comprometida, ni inocente ni neutral, siempre sentida, pensada y libre. Un odio que se reafirma con la lectura de su libro "El eco de los disparos", por su lenguaje preciso y enérgico, su mirada calmada y sincera sobre años de plomo y de miedo, por contarnos historias que estremecen, que invitan a la agotadora reflexión, que nos exigen apartarnos de lugares comunes y proclamas de parte, para profundizar en una violencia que ha acabado por convertirse en un elemento estructural de las dinámicas sociales, culturales y políticas de ese País Vasco que en Cantabria tenemos tan lejos (a veces nos ha parecido una narración distópica cada noticia, cada experiencia) y tan cerca (con los amigos y familiares y hasta parejas que hemos tenido y tenemos por la comunidad vecina, y que a veces nos han permitido intuir más que ver). ¿Más motivos para ser en adelante hater oficial de la escritora? ¡Cómo si no tuviera yo ya rozando el infinito la pila de libros pendientes de leer y cuando escribo estas líneas ya me he comprado el volumen de cuentos de Iban Zaldua Mentiras, mentiras, mentiras y haya anotado otros libros y películas que antes desconocía y ahora siento como necesarios!

Como he apuntado, nos queda lejos y cerca el territorio violento del que Portela nos hace partícipes. Claro que recuerdo a la compañera del instituto que había llegado hasta Reinosa cuando las amenazas de secuestro a la familia empezaron a sentirse como demasiado pesadas y reales; claro que pude cortar el espeso silencio de Miren, cuando estuve en la boda de su hijo Martxel con Paolo, ese italiano guapísimo que no sé de dónde habría sacado, ese silencio con el que asistía a la fiesta previa a la boda, mirando de reojo a los asistentes, que no la permitió hablar hasta que no comprobó que en el jardín quedábamos solo los invitados "de fuera". La misma Miren que dos días antes, cuando le habíamos preguntado por un sitio majo para comer, en el pueblo donde radicaba el negocio familiar, con un altísimo porcentaje de voto a la entonces HB, se limitó a decirnos "allí no". O alguna que otra cita con un chico majo con el que no llegó a cuajar nada y que se desarrollaba con la cercanía del guardaespaldas. Relatos en primera persona de familiares que habían dejado de ir a la catequesis de la parroquia porque tal, relatos de la asociación donde coincidían amenazados y amenazantes, unidos a veces por empresas comunes pintadas con el arco iris, porque cual.

Nos queda más cerca que lejos también su forma de mirar y de contar. Esa necesidad de profundizar, de adentrarse en razones y conciencias, de comprender (que no de sostener) cada pieza de ese complejísimo enjambre en el que confluyeron demasiados odios, demasiadas razones y sinrazones, demasiados miedos, tantos intereses, como para dejarse llevar por mantras simplistas o por manipulaciones políticas. Quiero confesar que me he enfadado, con el maltrato a escritores o fotógrafos a los que por intentar ir un poco más allá del único discurso que unos u otros estaban dispuestos a aceptar, casi se criminalizó como equidistantes (terrible palabra)... sin serlo. Que he sentido un temblor con ese NO mayúsculo y seco, que sonaba como un disparo, en la boca de una víctima que llevaba demasiado dolor dentro. Que he sentido pudor con la desnudez con la que la propia Edurne Portela se enfrenta a sus memorias más personales, en las que, no podía ser de otra forma, siempre acababan apareciendo los ecos de los disparos. Que he llorado con algunas personas y sus historias.

Dicen que el amor y el odio a veces se parecen, y a lo mejor el encabezamiento de esta entrada no sea más que un juego retórico para llamar la atención de quienes de tanto en tanto llegáis a este blog que intenta salir de la apatía de los últimos años y retomar la constancia de sus mejores tiempos. Pero sé que he cerrado las últimas páginas de un libro que deja huella, que nos abre ventanas y nos empuja a conocer más, a leer más, a regresar y mirar con unos ojos más viejos y ahora seguramente un poco más sabios. Y siento mucha gratitud por ese momento en Gil en el que decidí dejarme llevar por el impulso de comprar un libro más, por el impulso que me llevó a rescatarlo de la montaña de pendientes, gratitud por Edurne Portela.

 

lunes, febrero 08, 2021

TIEMPO DE TERNURA

Se me vienen a la cabeza ahora títulos musicales como el maravilloso Try a Little Tenderness, mejor en la versión de la película The Commitments o el título del álbum de Ana Belén y Víctor Manuel Para la ternura siempre hay tiempo.

Ahora que donde una vez tuve un pequeño zoo, ha crecido un mini geriátrico en el que perros y gatos aprenden la lentitud, la calma, las mañas de la edad avanzada, el tiempo de descuento.

Miércoles y Tiberio tienen 18 años. Vaya, que ya sé que hay gatos que viven más, pero... hasta para los gatos son muchos, muchísimos años. Hace un par de veranos, Miércoles, la Gata Mala, me dio un susto, dejó de comer y de beber. Nunca supimos qué le pasaba, pero con los buenos oficios de Mercedes, un poco de paciencia y algo de suero, de pronto volvió, muy flaquita la pobre, a su normalidad y ahí sigue, como una vieja impertinente y pejiguera, reclamando atención, arrebujándose entre mis brazos mientras veo alguna serie, reclamando su desayuno... y el mío. Tiberio, la Gata Tonta, la que fue durante años arisca y esquiva, reclama la mano que le regala caricias, mientras algunos achaques y algunas marcas de la edad, le dejan una pequeña calva en su lustroso pelo negro, o supuran un poco de vete tú a saber qué por un granito o por, como diría Glenda, el chirimiri.

Gelo es el ejemplo perfecto del dicho "todo lo que no mejora, empeora". Así que ha decidido a sus, al menos, doce años, edad ya proyecta para un setter, completar su estupenda forma física con una cabezonería de vejestorio testarudo, una exigencia permanente a todos y cada uno de los habitantes de Santander de unas palmaditas en la cabeza y, a ser posible, unas chuches. A veces se le va la cabeza, se detiene de manera brusca en medio de una carrera como ladrando "¿dónde estoy?", o se sienta y se queda mirando al vacío, o hace pis por casa aunque acabe de regresar de la calle. A su pre-demencia senil, le añade una buena dosis de hocico duro, y cuando le reclamo para que deje libre mi sillón favorito, me mira con una mirada profunda y gesto de "Perdonar señor pero mí no comprenda español". 

Gin, esa loca que estuvo a punto de ser más fuerte que mi paciencia, que me volvió loco y conmigo a medio Santander, que corría y corría y corría como una especie de espíritu libre y enloquecido, por fin decidió aflojar, de golpe y por sorpresa, y ahora sí que es verdad que alguna carrera se da por la playa o el parque, pero en general permanece a mi lado, atenta a caricias, miradas y chuches, esperando mi atención y el contacto de nuestras pieles. Para Gin son diez los años, diez largos, que no son muchos pero sí acercan a la Perrinalinda a los límites en la esperanza de vida de los setters (entre 10 y 12). Se cansa, ronca, tose, tiene cierta desgana con la comida, y sobre todo han aparecido unas telillas opacas sobre sus ojos brillantes que anuncian la llegada de las cataratas, todavía no muy graves, pero en proceso constante.

Quienes no compartís vuestra vida con animales, imagino que seguiréis pensando que estoy loco, que estamos locos. Pero en los últimos años (ya hace 31 años que llegó Lola, pero sobre todo en los últimos diez, tras la muerte de Leo) gatas y perros han sido una compañía fiel, segura, cálida, amable, cercana. Pero como canta Milanés, el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos. Toca pensar mucho en la despedida, en disfrutar la intimidad posible mientras el tiempo nos la respete, toca la ternura, la de no olvidar la palabra y la caricia cotidianas, la de estar atento a sus necesidades y a respetar sus ritmos y, cómo no, a sus pequeños caprichos.

Sé que vienen dos, tres años, cargados de despedidas. Leo a menudo por las redes la queja acerca de la corta vida de nuestras mascotas, nuestros compañeros, pero siempre pienso que si viven menos que nosotros es porque nosotros, humanos y racionales, ja, tenemos más herramientas para adaptarnos a la soledad y a la tristeza, sabemos que la vida será peor sin ellos, pero será. Sin embargo, ¿podrían Tiberio, Miércoles, Gelo, Gin continuar su vida si fuera yo el que faltara?

Gracias por tanta luz. El compromiso está firmado, el de cuidaros hasta el último día, el de no dejar que sufráis cuando llegue el momento, el de tener siempre el cariño y la ternura disponible. El de llevaros en el corazón hasta el infinito y más allá. Porque ahora toca calma, ahora toca ternura. Y no va a tardar el tiempo del adiós. 


 

viernes, enero 22, 2021

ESTAMOS LEYENDO... "CIEN NOCHES", DE LUISGÉ MARTÍN

Mi primer encuentro con la narrativa de Luisgé Martín fue hace ya unos cuantos años, con La muerte de Tadzio, una novela que me resultó casi tan deslumbrante como incómoda. Incómoda porque, de alguna manera, la sutil penetración del escritor en el alma del viejo voyeur, en pleno proceso de destrucción y decadencia, eco sordo apenas del exquisito adolescente que nos había seducido en Mann/Visconti, era una violación de nuestra propia oscuridad.

Creo que esa palabra, incomodidad, unida a esa otra idea de penetración psicológica, forman los dos ejes fundamentales de la narrativa de Luisgé. Sí, claro, está también su dominio del lenguaje, la precisión y elegancia con las que elige palabras y períodos, pero ese dominio en un escritor debería darse por supuesto... aunque sea este por supuesto un hecho que la realidad se empeña en negar una y otra vez.

Vuelvo a Luisgé con la lectura pausada y atenta de Cien noches, la novela con la que obtuvo uno de los premios que importan, el Premio Herralde de Novela, en su edición del pandémico 2020. Y regresa la impresión de transitar por un libro que imaginaba gozoso o sentimental y que vuelve a ser el Martín oscuro, casi perverso, que viola nuestras conciencias y nos provoca un extraño regusto entre el placer, la negación y el miedo.

En esta sociedad de hoy, la del panóptico de las redes sociales controlando cada miga de nuestras miserias cotidianas con su mirada ursulina, Luisgé Martín penetra a través de una historia en la que hay amor, asesinatos, conspiraciones, política, ironía, sexo y prestamistas malvados en el mundo tan hipócritamente negado de la promiscuidad. Lo hace, a mi juicio de manera magistral, utilizando como disculpa y como discurso unificador, una investigación universitaria cuya conclusión, la de que somos promiscuos por naturaleza y nos resulta casi imposible no caer ante la oportunidad cuando se presenta, se apoya en un lenguaje duro, cortante, académico, de manera que el sexo en frío del amante ocasional queda acentuado por palabras frías, secas, desapegadas que ayudan a una lectura todavía más turbadora. Cada uno de los informes engarzados en el relato principal resulta un pequeño cuento, cerrado apenas en el momento justo en el que se nos demuestra o explica la caída de sus protagonistas en el cuerpo a cuerpo.

Narrada en su mayor parte desde las andanzas desnudas y muy carnales de Irene, Cien noches  nos da lo que la firma de su autor siempre promete: Un libro singular, inteligente, preciso y precioso, que nos abre puertas, nos invita a la reflexión y nos recuerda casi en cada página por qué leemos.

viernes, octubre 16, 2020

NOCHE DE MARZAS (micro relato)

NOCHE DE MARZAS (micro relato) Dicen que la costumbre de rondar a las mozas en la última noche de febrero viene de antiguo. ¿Quién lo sabe con certeza? Algunos apuntan a un rito del final del año según el calendario romano; otros van más allá y hablan de los celtas y su organización agrícola del tiempo. Al fin y al cabo, ¿qué son las marzas sino una bienvenida temprana a la primavera? Antes eran los quintos los que marcaban el recorrido por las callejas del pueblo, señalando las casucas de sus novias, o de las mozas a las que les gustaría tener por tales. Ahora, cualquier chico del pueblo puede apuntarse, ni siquiera hace falta que esté soltero. Pero siguen cantando a sus mujeres soñadas los sacramentos del amor y la fiesta de marzo. A los mozos les gusta contar con la preciosa voz de Sindo, que marca las entradas y guía a los cantantes más torpes con su potente registro de tenor. Y si quieren que Sindo cante, saben que hay que apartarse un poco del centro del pueblo y acercarse hasta la casona de los Barquín, los señoritos de siempre. - Que sí, hombre, que vamos hasta donde Barquín. Aunque no veo yo que la Adela te haga mucho caso. Cada año, Ramiro le hace la misma broma al bueno de Sindo, que sacude la cabeza y calla. Él sabe que cuando canten frente a la casona, con Adela en la puerta, bien abrigada con su mantón de lana y preguntándose quién será el muchacho tímido que cada año lleva la ronda hasta tan lejos, cantará con más ganas, gritará el ijujú ritual al final de las marzas, y mientras otros mozos recogen los huevos y los chorizos de la matanza para la merienda del sábado siguiente, él mirará hacia arriba, a la ventana que cierra la fachada por la izquierda, donde entre las cortinas asomará la sonrisa infinita de Bernardo, el hermano de Adela, lanzando hacia la heladaun beso.

viernes, septiembre 04, 2020

EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO


Diez años después de tantas cosas... Diez años, uno de esos aniversarios redondos que, incluso sin quererlo, nos obligan a mirar hacia atrás, a girar sobre nuestra propia memoria y volver a andar el camino.

Leo era friolero, mucho. Se le encendía la sonrisa en las mañanas de sol, desataba su lado más pícaro y sexy en la playa o en las terrazas, con sus gafas de sol y sus estilismos de chulo de culebrón latino.

Por eso escribí en un poema de 33 Instantáneas "Él es el verano". Por eso en tantas de las imágenes íntimas o las fotografías que él mismo compartía en su Facebook hay mucha camiseta de tirantes, mucho bañador, muchas gafas de sol y mangas cortas, dejando asomar su tatuaje, mucho de ese cuerpo tan amado y tan deseado a la vista. Hay mares, jardines y palmeras de aquel verano mágico del 2009. Y no tantas del verano de 2010, cuando la quimioterapia desaconsejaba la exposición al sol y obligaba a descansar y a cuidar la carne maltrecha.

Ha hecho mucho calor, y muy húmedo, en Santander estas últimas semanas de agosto. Era difícil dormir. Más fácil recordar esa canícula de ya diez años, que sirvió como origen para otro de los poemas del libro de poemas que habla de viaje junto a Leo. El que se titula, como la comedia de Shakespeare, A Midsummer night's dream, el Sueño de una noche de verano.

Era imposible dormir. A eso de las cuatro de la mañana, el termómetro no había bajado de los 22 grados. Para empeorar el panorama, Leo había tenido sesión de quimio y notaba que su cuerpo le abrasaba desde dentro. Yo quería que descansara, pero no parecía una opción posible, así que sobre esa hora surgió la idea loca, la de irnos al Parque de Jado y allí tratar de que nuestros cuerpos se enfriaran a la fresca, en algún banco oscuro que tal vez recibiría un poquito de brisa. Ante mi sorpresa, a Leo le pareció bien, así que nos fuimos los tres, Leo, su enfermera Glenda y yo. Glenda pronto encontró una zona de hierba fresca para desplomarse y en el banco más cercano nos sentamos Leo y yo. Leo se echó sobre el banco, dejando que su cabeza reposara sobre mi pierna, y consiguió dormirse mientras yo cantaba muy bajo, muy bajo, muy bajo esa pequeña joya de Joe Cocker que es You are so beautiful, mientras casi sin tocarle acariciaba su cabeza.

Así estuvimos algo más de una hora, hasta que ya pareció prudente regresar a la cama común.

Así fue como nació uno de los poemas que me gustan de 33 Instantáneas y que ahora recuerdo en este viejo blog para vosotros.

A MIDSUMMER NIGHT'S DREAM

Ahora que descansas
como un niño pequeño en mi regazo

-tu cuerpo está extendido sobre el banco del parque, son las cuatro de la mañana y este calor violento y sofocante que abrasa nuestra casa no te deja dormir, vueltas y vueltas sobre el campo de muelles, y más vueltas incómodas hasta que te propongo que bajemos al parque con la perra para encontrar el fresco como esos dos amantes que se adentran en los bosques de Atenas en busca de la calma cuando el verano arrecia-

ahora que la perra nos custodia
como una dulce esfinge
desde su lecho fresco de rocío y de hierba,

-llevas el fuego dentro, han sido cuatro horas de inyección de veneno en tus entrañas, tus brazos están rígidos, como cartón y hueso son tus venas, y el ritual de siempre en el hospital de día, sonrisas en la sala de los muertos, un libro, una película, la charla susurrada, una enfermera que acaricia tu piel y la perfora con extremo, cuidado no ha sido suficiente para aplacar tu miedo-

te acaricio la frente
y elijo una canción para cantarla
a tu oído, bajito,
al tiempo que los ojos se te cierran,

-ha resultado mágica esta vigilia en medio de este verano triste, sueño ahora que tu cuerpo de pronto regresa a la hermosura, que caminas con los pasos bien firmes hacia el centro del escenario y mueves los brazos de libélula y el teatro se llena de escamas de colores y todo el mundo calla para escucharte, Puck, Robin Goodfellow, duende travieso de humor impertinente, "yo soy ese alegre andarín de la noche", y cantas con tu risa y crece el deseo en cada espectador y todos te aman-

te acaricio la frente
y con voz de Jode Cocker, enamorada y rota,
canto You are so beautiful to me
mientras por fin descansas y te duermes
y respiras despacio.

-La madrugada calla-.

miércoles, agosto 19, 2020

MARINA PARDO. LA EXQUISITA MADUREZ DE UNA MEZZO SOPRANO



En estos tiempos extraños, en los que hasta los placeres más básicos y asentados de nuestras vidas (ay, la música) se han convertido en un deporte de riesgo, en una ocasión excepcional, me siento feliz por haber asistido la pasada noche al recital de la mezzo soprano cántabra Marina Pardo, con su fiel compañero de andanzas musicales, Kennedy Moretti, al piano, en el un Festival Internacional de Santander tan extraño como los propios tiempos.

Beethoven tenía la culpa. El recital de Marina presentaba como delicatesen central su lectura del ciclo de lieder "An die ferne Geliebte" (A la amada lejana) del genio de Bonn, en la celebración de su 250 aniversario. Acompañaban al ciclo un pequeño ramillete de canciones de concierto del propio Beethoven y varias de aquellos otros nombres que triunfaban en Viena cuando El Divino Ludwig Van llegó a la capital musical del mundo en plena ebullición del Clasicismo. Haydn, Mozart y Salieri, destacando, del primero, esa preciosa escena / cantata que es "Ariadna en Naxos".

No me he venido al blog para hacer una crítica del recital. Aunque sí podría señalar la técnica controlada y exacta con la que Marina Pardo dominó su línea de canto en todo momento, la riqueza de sus matices (esos pianísimos que te dejaban sin aliento) y de su paleta dinámica, la elegancia clásica y sin estridencias de su lectura musical, la perfecta simbiosis con ese Kennedy Moretti que tantos años lleva haciendo música junto a ella, la adecuación a los diferentes estilos y situaciones planteados en las canciones del programa (porque ni el Haydn tan Sturm und Drang del Haydn era gemelo de la delicadeza rococó del Mozart de Mientras Luisa estaba quemando una carta de su infiel amante o del académico y ajustado Salieri, ni el Beethoven de A la amada lejana está ya en el marco del Clasicismo cuando compone el ciclo). Qué bien todo, qué bonito y agradable, qué disfrute.

Porque en realidad me apetecía más hablar de esa Marina a la que he aprendido a admirar, a querer y a disfrutar a lo largo ya de unos cuantos años. Asistir a un recital de Marina Pardo es tratar de adivinar qué habrá ocurrido con su pelo (la he visto cantar con la cabeza afeitada, con un rubio desmelenado en cardados imposibles, con un rosa intenso o un negro como mi suerte), qué prenda lucirá para dar todavía más empaque a su indudable dominio del escenario (la tela absolutamente maravillosa de la falda que lució ayer casi me hace olvidar ese chal espectacular pintado a mano con cuerpos y aves nocturnas que encargó para el schubertiano Viaje de invierno que le pedí -parece que hace un siglo- para el Palacio de Festivales, tan abrigado por las cajas de luz de Fernando Bermejo y su Bosque de la Paz). Esa mezzo soprano a la que escuchamos por primera vez haciendo repertorio sacro del XVIII, como solista en Concentus Musicus Santander, y que ha ido creciendo artísticamente hasta enfrentarse a complejos roles de ópera contemporánea o wagneriana, a la intimidad del recital, a la exactitud tan emocional del Barroco, pasando de un estilo a otro como si fuera fácil despojarse de Wellgunde para llegar a Ariadne.

Desde mi butaca, no puedo evitar sonreír y comentar a mi acompañante cómo la Pardo se come el escenario, se afianza en el centro con un poderío escénico que hipnotiza y atrae, provoca ese instante de silencio que romperá Moretti y que pronto habrá de vestir ella con las notas que le brotan justo al lado del corazón.

Desde mi butaca, tengo que aplaudir cuando rompe la sobriedad litúrgica del recital para recordar, puro esquema, dos cosas. Que los tiempos son raros y complejos y que los músicos necesitan tener al público delante, por un lado. Que el concierto tiene lugar en la misma fecha del calendario en la que Federico García Lorca fue vilmente asesinado en su Granada. Porque la memoria y el compromiso casan de maravilla con la belleza. Y en algún momento del pasado, Marina Pardo fue, en otro Festival Internacional de Santander una espléndida Magdalena en la ópera que sobre La casa de Bernarda Alba compuso Miguel Ortega.

Qué bien volver a escucharte, Marina; qué bueno poder agradecerte tanta música, Brava.

NOTA: Para qué vamos a decir que, puesto que Marina Pardo es una de las artistas más sólidas que ha dado Cantabria, una de las carreras más largas y relevantes, ni el presidente de Cantabria ni el consejero de Cultura encontraron tiempo para hacerse presentes, ¿verdad?

Y eso que esta vez, al menos, el palco no estaba vacío del todo y sí acudió la Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Santander.

martes, agosto 11, 2020

MRS. AMÉRICA, UNA MIRADA AL FEMINISMO DE LOS 70 QUE NOS ABRE LOS OJOS HOY




La serie de HBO "Mrs. América" supone una interesante mirada histórica hacia los años 70 y primeros 80, hacia la llamada Segunda Oleada Feminista , y más en concreto a la lucha de un movimiento como tal y de muchas mujeres desde sus posiciones y experiencias personales para conseguir incorporar al texto de la Constitución de los Estados Unidos la ERA , una enmienda añadida al texto de los padres fundadores que debería consagrar (todavía no se ha conseguido su inclusión) de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Producida y protagonizada por Cate Blanchett, en el centro de un reparto protagonizado por magníficas actrices, habituales de nuestras series más queridas, me interesa mucho todo lo que se puede aprender en "Mrs. America" no sólo por la gran calidad visual de la producción, por los guiones impecables y las ajustadas interpretaciones, no sólo por el viaje a los 70 a través de los ojos de una docena de mujeres a favor y en contra de la Enmienda, no sólo por el retrato de las actitudes, fricciones, prioridades, egos, compromisos y logros del Movimiento Feminista entonces, sino también y quizás sobre todo por lo que me ayuda a leer algunas cuestiones actuales.

Por ejemplo, en los discursos populistas de derecha es hoy lugar común y ya perfectamente integrado entre sus seguidores la idea de que el feminismo es una especie de engendro izquierdista con el que resulta imposible tejer diálogo o colaboración alguna desde otros postulados. El personaje de Jill Ruckelshaus, republicana, activista pro ERA y asesora de la administración Ford, nos muestra no sólo que en un determinado momento histórico la presencia de mujeres conservadoras en el movimiento feminista y su capacidad para influir en los gobiernos republicanos no era una quimera. Es la aparición de la derecha ultra religiosa la que se alía para facilitar el camino de Reagan, tomar posiciones y bombardear las opciones de ese feminismo integrado en el bando republicano en su lucha feroz contra la aprobación de la ERA con argumentos ridículos que sin embargo calan en cierto sector de las mujeres norteamericanas, y a los que suma su profundo, cómo no, anticomunismo, su oposición a los avances de las personas lgtb y sus posiciones pro vida (¿de qué me sonará a mí todo esto). Es la derecha más a la derecha la que expulsa la lucha por la igualdad de derechos de sus filas, y puede que no sea mala idea recordarlo de vez en cuando.

Por ejemplo, queda bastante clara la fractura que dentro del feminismo norteamericano de la época suponen los derechos gays, y la centralidad de si las lesbianas son o no sujetos de la liberación de la mujer, ya que sus objetivos, reivindicaciones y agendas no son exactamente las mismas. Con la que tenemos liada estos meses con las posiciones transexcluyentes, y alguno de los mantras que manejan algunas de sus principales defensoras sobre lo cerquísima que siempre han estado ellas del movimiento gay y sus avances, y qué decepcionadas están con la deriva trans, tampoco está de más recordar que siempre las agendas lgtb han sido laterales, muy secundarias y prescindibles más allá de lo meramente teórico (incluso en lo teórico), y que al feminismo TERF le precedió un feminismo LERF muy muy marcado.

Por ejemplo, que los movimientos sociales tienden a ser diversos, variopintos, a integrar muchas miradas y percepciones, muchas de las cuáles se quedan sin resolver. No sólo abre los melones del feminismo conservador y de su exclusión de la estrategia republicana o de la presencia de las lesbianas en el movimiento. También por ejemplo aparecen otras intersecciones, como la del feminismo negro o el feminismo de clase frente a las posiciones blancas y burguesas mayoritarias. Y que esta diversidad que puede ser polémica y generar fracturas, pero que también aporta riqueza, suele acabar momificada en posiciones pactistas, prudentes, posibles en cuando se toca el entramado institucional o la política de partido, otra lección más que se nos hace transparente en "Mrs. America".

Merece la pena dejarse llevar por la historia de estas mujeres haciendo historia. Entretenida e impecable si se busca sólo televisión sin más, educativa siempre, provocadora en muchas de sus tramas y en la narración de una parte de lo que esa segunda oleada supuso para el feminismo en Estados Unidos y, desde allí, para el feminismo global.

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