ELLAS CUENTAN

Si cerráramos los ojos y eligiéramos la voz que podría contarnos historias y más historias hasta el final del tiempo, pensaríamos la mayor parte de nosotros en Sheherezade. En una voz de mujer (madre, abuela, tía, hermana) que tomaría fragmentos de mundo y los hilvanaría para nosotros noche tras noche en una permanente construcción del país de la fantasía. Las mujeres han sido a través de las edades las guardianas de las palabras, las guardianas de la magia, las guardianas del conjuro, las tejedoras de cuentos.
Y sin embargo ... qué poca atención hemos prestado a las grandes escritoras, qué poco espacio les hemos permitido en la historia de la literatura. Puede que haya sido esa estructura educativa que nos hizo identificar la escritura importante con la de un hombre la que inconscientemente nos apartara tantas veces de la mano en una librería el texto firmado por una mujer; puede que haya sido ese otro esquema tan vivo aún de la poetisa cursi y la novelista ñoña. Pero la realidad es que se nos caían de las manos, se convertían en sospechosos párrafos romanticones y empalagosos de los que mejor huir.
Fue la lectura de los artículos, de los maravillosos artículos, escritos por un hombre, Gustavo Martín Garzo y recopilados en "El hilo azul" la que apartó en mi consciente la cortina sombría del prejuicio y de la ignorancia. Gustavo no articula una defensa de las escritoras en el libro (y en libros y artículos posteriores): No la necesitan. Sólo proclama el apasionado encuentro de su lector femenino con el sur profundo de Carson McCullers, con el África luminoso de Isak Dinesen. Y retrata a esa cuentista imprescindible que es Flannery O'Connor acompañada por los pavos reales de su jardín.
Leo en este último día del mes de marzo los relatos recogidos por Alice Munro en "La vista desde Castle Rock" y pienso que puede ser una forma justa y hermosa de terminar el mes de marzo, ese mes en el que cada año celebramos el Día Internacional de la Mujer, agradecer a Gustavo Martín Garzo su palabra iluminadora. Y agradecer a tantas escritoras, las pocas que aprendí antes de la revelación y sobre todo las múltiples que devoré después, su generosa vocación de tejedoras de versos o de historias. En sus páginas alimenté mi lector femenino, en sus páginas aprendí una mirada nueva sobre el universo. En sus páginas crecí y me hice más sabio:
Teresa de Jesús, Juana Inés de la Cruz, Juana de Ibarborou, Doris Lessing, Carson McCullers, Margo Glantz, Ángeles Mastretta, Silvina Ocampo, Alice Munro, Antonia S. Byatt, Isak Dinesen, Selma Lagerlof, Ida Vitale, Alfonsina Storni, Nelly Sachs, Elisabeth Barrett-Browning, Else Lasker-Schüler, Flannery O'Connor, Ana María Matute, Soledad Puértolas, Mary Shelley, Ana Rosetti, Virginia Wolf, Vita Sackville-West, Arundhati Roy, Nadine Gordimer, Toni Morrison, Irene Nemirovsky, Amy Tan, Emilia Pardo Bazán, Alejandra Pizarnik, Olvido García Valdés, Anne Michaels, Marguerite Yourcenar, Wladslawa Szymborska, Christa Wolf, Josefina Aldecoa, Fannie Flagg, Laura Restrepo, Laura Esquivel ...
Sin lugar a dudas, ellas cuentan.

















