lunes, marzo 19, 2007


CRISPACIÓN, ACOSO E INSTITUCIONES
Hay una constante en esa crispada oposición de algunos (muchos) dirigentes del Partido Popular que me preocupa. Entregados a los santones mediáticos, indignados por la pérdida de un poder que consideran patrimonio suyo, no parece que nada frene su decisión de regresar al gobierno (España o Cantabria, qué más da) al precio que sea.
La labor de la oposición es esencial en el funcionamiento de las democracias occidentales. Así se suele entender en todos los países de nuestro entorno cultural, hasta el punto de que en el sistema británico se oficializa la labor de "Jefe de la Oposición", y con la Pérfida Albión como modelo, en los tiempos de Felipe González se dispensó igual tratamiento a Manuel Fraga. La labor de la oposición se debe articular como un contrapeso a las decisiones del Gobierno, que sin esta voz impondría una suerte de pensamiento único, allí donde estas puedan ser controvertidas, estúpidas, sectarias, desafortunadas o ideológicas. Los ciudadanos contarían así con diferentes prismas con los que realizar su propio análisis de la realidad y dispondrían de información para tomar sus propias decisiones. Es también labor de la oposición, no menos esencial, la de apoyar al Gobierno cuando éste debe afrontar graves cuestiones de estado, aportando a sus bases sociales serenidad allí donde las pasiones pueden provocar confrontaciones indeseables. O al menos, tranquilizar el debate y llevarlo a ese diálogo que es una de las raíces sobre las que se afirma todo nuestro sistema.
Pues bien, aunque tal vez no se haga demasiado hincapié en lo que voy a escribir, el Partido Popular en los últimos meses ha decidido cruzar una frontera peligrosa y poner a todas las instituciones de nuestro sistema democrático en cuestión, convirtiéndolas en diana de sus acusaciones permanentes, descalificándolas cuando en el ejercicio de sus funciones toman decisiones que no satisfacen al 120 % a los intereses partidarios de los populares, tomándolas como rehenes allí donde todavía pueden ejercer un control político, y en todo caso tratando de enviar a la sociedad el mensaje de que todo forma parte de un entramado corrupto, de un golpe de estado con el que al parecer un gobierno que ellos consideran ilegítimo intenta violentar la Constitución, romper España (pronúnciese Ejppáñña) y dinamitar los fundamentos de las instituciones, y en especial del Poder Judicial.
Y sin embargo ... Ese asalto al Poder Judicial, como a otros marcos institucionales, más parece estar siendo realizado desde el Partido Popular con la siempre inestimable colaboración de la Iglesia Católica (algunas declaraciones recientes, como las del Obispo de Jaca-Huesca, dan miedo) y sobre todo las de unos santones mediáticos que han perdido el norte, si es que alguna vez lo tuvieron (lo que faltaba, un viejo terrorista como Pío Moa dándonos a los demás lecciones de democracia).
Desde esa parte de la sociedad que pudiéramos definir como progresista, teníamos aceptado que el Poder Judicial es una institución, a día de hoy, marcadamente conservadora. La edad de gran parte de quienes ostentan los máximos grados en la carrera judicial, su formación, su obligación de tomar siempre la ley como punto de estabilidad y de referencia que provoca una cultura resistente al cambio, marca esa tendencia que, en cualquier caso, puede no ser mala cuando se asienta sobre los fundamentos legales y no sobre creencias o ideas. Que la boca muda de la ley que quería Monstesquieu es inútil, lo sabemos o deberíamos saber todos. Y que la estabilidad de nuestras conquistas orbita muchas veces alrededor de esta presencia judicial que serena o debe serenar los cambios, también.
Por eso me preocupa que llevemos ya un tiempo excesivo e indencente sin poder renovar el Consejo General del Poder Judicial, porque el PP parece que sólo está dispuesto a posibilitar su renovación cuando llegue de nuevo al Gobierno y su mayoría pueda decidir de nuevo quiénes ocupan esos sillones. Y así ponerlos a su servicio, como ha venido haciendo con su actual Presidente, Francisco José Hernando. Uno de esos que parece negarse a ejercer de juez y se divierte más jugando a la política y tratando de situarse más allá del bien y del mal para así reventar las decisiones del Poder Ejecutivo y las del Poder Legislativo que no sientan bien a su religión y sus ideas políticas.
Me preocupa que hayan puesto con la recusación de Pablo Pérez Tremps bajo sospecha al Tribunal Constitucional, donde les preocupa que haya magistrados capaces de analizar con rigor la Constitución pero no recusan a quienes públicamente dijeron en su día que no creían en ella (entre los magistrados que se mueven a dedo de Génova hay alguno de éstos).
Me preocupa que las decisiones judiciales sean exaltadas hoy en los periódicos si dicen lo mismo que el Partido Popular y que sean denostadas y anatemizadas mañana, cuando el mismo órgano y los mismos jueces avanzan en una dirección no grata a Los Genoveses.
Me preocupa ver a diputados nacionales y autonómicos, a senadores y concejales perdidos en el insulto, haciendo el payaso, gritando y mostrándose indignos del sueldo que los españoles y las españolas les pagamos. Dan vergüenza (y no sólo los del PP, que a veces otros grupos juegan, jugamos con idénticas reglas).
Me preocupa, en fin, y mucho, que hoy estén en cuestión todos los pilares esenciales del entramado constitucional. Eso es lo que cada vez está más en el sentimiento de la sociedad, en ese todo es igual, en el todos son iguales, en el menuda mierda que regresa a nuestros jóvenes, a nuestros mayores, y que escuchamos con furia por nuestras calles.
El PP, la COPE y compañía están jugando una partida tramposa y peligrosa, asentada sobre la mentira o la duda miserable en no pocas ocasiones. Todo les vale para volver al poder y para imponernos su modelo. Pero no se dan cuenta, o no les importa, que la semilla de la desconfianza que están sembrando se alimenta sola. Están criando, alimentando y dejando crecer un monstruo que también les devorará a ellos. ¿Serán capaces de darse cuenta, de reflexionar, de recuperar la cordura? Siento escribir esto: Creo que no.

viernes, marzo 16, 2007


UN POCO MÁS IGUALES

Mientras algunas cabezas preclaras continúan de pancarta en pancarta como si de artistas en busca del bolo veraniego se tratara, otras muchas se preocupan por transformar la sociedad española y hacerla más habitable. O como dijo el Presidente Rodríguez Zapatero, con ocasión hace dos años de la reforma del Código Civil en materia de matrimonio, "más decente".

El Congreso de los Diputados ha aprobado ayer, como siempre sin el apoyo de un partido que cada vez parece más volcado en la bronca y menos en la ciudadanía, una Ley de Igualdad que no deja de ser polémica y, por qué no, cuetionable. Pero que también es necesaria y viene a ser instrumento de ayuda, de educación, de transformación, de camino hacia un futuro, ojalá bien cercano, en el que acabemos olvidándola por innecesaria y obsoleta.

Venimos de una cultura patriarcal y heterocentrista en la que el papel de la mujer ha sido siempre lateral, ancilar, secundario. Pero también en una cultura que poco a poco y con considerable esfuerzo se ha ido abriendo y en la que la mujer ha ido conquistando un espacio que por dignidad y derecho le corresponde.

Cuando se habla de medidas en las que la mujer se promociona, incluso a través de medios correctivos, siempre se escuchan, también entre las propias mujeres, ideas como las de "no tienen que estar ahí si no lo merecen", "no quiero ser una cuota", "la libertad debe permitir al empresario bla bla bla". Pero se obvia las dificultades que tantas mujeres encuentran para conciliar su trabajo y su vida, para compartir tareas con sus compañeros. Se elude la mayor tasa de desempleo entre las mujeres, se mira hacia otro lado cuando se evidencia que sus salarios son inferiores a pesar de ser iguales las tareas, se callan las causas del llamado techo de cristal, se tuerce el gesto cuando se conoce la práctica de tantas empresas (también en Cantabria) de despedir a las mujeres embarazadas o incluso se justifica. Y un largo etcétera.

Las mujeres empujan con fuerza. Y como afirmé hace unos días en el Foro de Feminismo organizado por la Dirección General de la Mujer del Gobierno de Cantabria (pequeño paréntesis, al parecer a algunas de las asistentes les molestó que intervinieran en el coloquio dos hombres, pero eso también es igualdad), los hombres deben, debemos aprender a pensarnos, aprender a destruir los estereotipos machistas que también dificultan la vida a nuestros hijos y los hacen deudores de una tradición y de unas conductas impuestas. Los hombres debemos aprender a reconstruir lejos de esos tópicos asfixiantes nuestra propia identidad y a luchar por nuestro espacio en una sociedad en la que ellas, vosotras, os imponéis con vigor, con compromiso, con esperanza, con ganas, con esfuerzo.

Ese es el reto de la igualdad. Creemos imágenes positivas, aprendamos que todas las personas que tenemos alrededor, todas esas buenas gentes que nos han dado el aliento de la vida, que han compartido escuela, trabajo, vida, amistad, amor tienen igual dignidad, iguales derechos. Llenémonos de oportunidades y aprendamos a elegir nuestro camino sin entorpecer ni anular los suyos. Aprendamos en compañía. Seamos más. Seamos más iguales.

¡Enhorabuena, chicas!¡Enhorabuena, chicos! Hoy hay un poco más de luz sobre nuestras cabezas.

(ufffff, cómo cuesta usar lenguaje no sexista y además evitar el no muy literario todos y todas, jejeje, pero creo que lo he conseguido)

lunes, marzo 12, 2007


SOMOS MENOS

Leo en el DM los datos sobre la evolución de la población en Cantabria durante el último año y pienso. Pienso que muchas zonas de Cantabria están perdiendo a un ritmo bajo pero constante población y que nuestros bellos valles interiores van camino del desierto, y eso a pesar de los diferentes programas de desarrollo rural o de la mejora de las comunicaciones. La población se vuelca hacia la costa, hacia una franja costera con muchas más oportunidades laborales y sociales, hacia una franja costera que va camino de configurarse como un gran frente metropolitano al borde del mar, con pequeños parques temáticos olvidados aquí y allá por Madre Naturaleza y salvados in extremis de la especulación (¿A que a ninguna de las personas que leen este blog le ha extrañado el brutal ascenso en el escalafón internacional de millonarios de los mafiosos españoles del ladrillo?).

Pero pienso otras cosas, y una de ellas me llama bastante la atención. Centrado el DM en averiguar por qué Ruente tiene dos habitantes menos (aunque crece de censo a censo) pasa de puntillas por un dato alarmante: Entre 2005 y 2006 nuestro Santander pierde más de 1000 almas. Se me ocurre contrastar los datos sobre Santander y sobre Cantabria con el censo electoral de 2003 y me encuentro con una Cantabria que ha aumentado población en unas 23000 personas con una capital que en 4 años ha perdido alrededor de 5000. Y sigo pensando.

Llevamos años de ayuntamientos democráticos (o así) y en nuestro Santander posible siempre ha gobernado la misma esquina del espectro político, con un nombre o con otro en las siglas, repitiendo hasta la saciedad los de las personas y, que aquí nos conocemos todos, los mismos clanes en la sombra. Los mismos. Así que supongo que a pesar de que como cada cuatro años nos quieren convencer de que regresan, y regresan cargados de proyectos nuevos y maravillosos para la ciudad, habrá que pensar que alguna responsabilidad tendrán en la ciudad que pierde población y en las causas de ese goteo.

Sería interesante saber por qué Santander se nos está volviendo una ciudad antipática o apática para vivir, por qué somos cada día unos poquitos menos (en un cálculo rapidillo por aproximación, los datos de 5000 ex-santanderinos en cuatro años vienen a dar cuatro por día). Y se me ocurren algunas razones, que seguramente podréis ampliar, analizar o criticar.

En primer lugar, un patente envejecimiento de la población (en relación con lo que escribo después) que nos va llevando a esa idea que ya se impone y se hace lugar común en los análisis sobre la realidad santanderina: la ciudad-balneario.

Un precio de la vivienda desaforado. Es un mal común a casi todo el país, pero que en Santander tengamos zonas situadas entre los metros cuadrados más caros del país, cuando la renta anda más bien de capa caída y nuestros índices salariales o nuestras espectativas de desarrollo profesional no están entre los mejores, no deja de resultar paradójico.

Creo sinceramente que nunca hemos planteado el Santander-para-vivir y siempre nos hemos preocupado del Santander-para-pasear. Nuestros barrios no cuentan con centros vecinales, alternativas de ocio, centros culturales. Toda la actividad se centra en el centro (redundante verdad) pero en un centro que cierra los fines de semana (pasear Santander un domingo puede resultar desolador). Hasta hace un par de años éramos la capital de provincia con menos espacio infantil de España, y algo hemos mejorado pero no sé cómo andaremos ahora. Continuamos llenos de barreras arquitectónicas (si nuestra población envejece tanto ¿cuándo vamos a solucionar ese problema?). Y podría seguir, pero siempre criticáis que mis entradas son demasiado largas así que vamos a dejar algo para el debate y la comunicación.

Un Santander que cada vez envía más población a los municipios del llamado arco de la Bahía y zonas costeras cercanas (todos crecen menos Santander y Penagos) es un Santander condenado a envejecer y convertirse no tanto en ciudad-dormitorio como en ciudad-de-paseo.

Luchemos por un Santander-para-vivir. Por un Santander lleno de espacios ciudadanos, de niños y de sonrisas, de jóvenes y alegría, de adultos participativos y solidarios, de mayores abiertos y cada día más sabios. Un Santander posible, claro.

domingo, marzo 11, 2007

ONCE DE MARZO

Recuerdo algunas cosas. Que me enteré tarde, porque no soporto despertar con las noticias y prefiero poner música. Que Santander era una ciudad poblada por personas que íbamos y veníamos desconcertadas y en silencio. Que me encontré con un amigo por el Paseo de Pereda y no dijimos nada y nos abrazamos llorando. Que me volví loco intentando hablar con Clavel, con Quique, con Zalín, con Beatriz, con ... un montón de amigos y familiares de Madrid, pero los teléfonos no funcionaban. Recuerdo que al día siguiente todo Santander estaba en la calle a pesar del diluvio que arreciaba, que era imposible avanzar, que el silencio y el dolor se podían tocar con las manos, que unos metros por delante iban dos chiquitos cogidos de la mano y nadie les decía nada ...

Hoy es once de marzo. Un día para recordar a tantas víctimas, para llorar por tantas vidas truncadas. Pero también para reflexionar sobre la locura que esa fecha trajo sobre nuestra España, donde una mujer insulta a la madre de una de las muertas en el vagón, sólo por ser musulmana. Y donde ciertos personajes de la política, el periodismo y la insidia continúan jugando con fuego, desprestigiando a las instituciones, asaltando la convivencia. Sólo porque el poder se les fue de las manos tres días más tarde.

Un par de meses después del atentando, recibí por e-mail una invitación para participar en un libro de poemas dedicado al recuerdo del 11-M. Construí unos pocos versos con emociones, sensaciones y fragmentos de las biografías de algunas de las personas asesinadas tal como las había ido leyendo, lágrima tras lágrima, en El País.

Hoy, que es once de marzo, quiero compartir ese poema con vosotros. Porque está celebrándose un juicio en el que muchos pensamos que se aplicará la ley, la del estado de derecho, la de una sociedad democrática, a los culpables. Pero que no servirá para que se calmen nuestras calles y nuestros medios de comunicación, porque hay miserables que viven mejor en el insulto y la mentira. Y en estos años nos han robado tanto corazón y tanta esperanza que me he estremecido cuando he cogido 11-M, Poemas contra el olvido para copiaros aquí mi texto y he visto que los ingresos de su venta fueron a parar a la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Que entonces no estaba manipulada por el tal Alcaraz, y se suponía que integraría también a las familias que luego han preferido constituir asociaciones específicas, como la dirigida por Pilar Manjón y su brechtiano fuego de Madre Coraje.

Aquí os va el poema

Después de marzo

Qué dífícil ser hombre.
Regresar cada día a la rutina
del tren de cercanías, el café
con la leche templada y el trabajo
para que el pan no falte.

Qué difícil la ausencia.
Conjugar el lenguaje de los verbos
caminar, estudiar, jugar al fútbol,
nacer, reír, parir, manifestarse,
besar la boca amada, acariciar
al perro por la noche, atravesar
las fronteras, viajar de nuevo a casa ...

Qué difícil la calma. Qué difíciles
ahora la esperanza, la alegría
del pájaro pequeño que renuncia
a festejar la nueva primavera.
Qué difícil labrar, codo con codo,
con millones de hermanos por las calles
de todas las ciudades que hoy se llaman
Madrid, la paz que amamos, con el gesto
sereno y la mirada transparente.

Qué difícil cantar, cuando en la boca
el sabor de la sangre nos abrasa.



En este aniversario, un abrazo lleno de paz para todos.

sábado, marzo 03, 2007

EL PALACIO DE SOÑANES Y LA HOMOFOBIA DE CALIDAD

Hace una semana, Iván y Manu se pasaron por el Palacio de Soñanes de Villacarriedo para conocer las instalaciones pensando en organizar allí su boda. Al día siguiente, llamaron para concretar la fecha y condiciones y todo estupendo hasta que al ¿responsable? del departamento comercial se le ocurrió pedir los datos de los contrayentes. En ese momento, cambio de tercio: "aquí no se celebran bodas de esas". Y no será porque nuestros chicos no lo habían dejado todo claro durante su visita del domingo. Pero según explicó el director comercial, era la norma de la empresa. Hasta el punto de llegar a informar a los perplejos novios de que en los estatutos constituyentes de la sociedad propietaria del hotel restaurante se especifica que no se celebrarán bodas entre personas del mismo sexo.

Para que luego digan que somos provincianos: las mismas gilipoyeces y las mismas actitudes fascistoides, homófobas, discriminatorias e impresentables que las esgrimidas en plena capital del reino por el restaurante La Favorita hace unos meses.

En fin, ahora que ha llegado el progreso hasta nuestras montañas, tengo algunas reflexiones. La primera es, claro, que todavía falta mucho para ciertos tipos de mentes cerriles se enteren de que en nuestro país hay una Constitución que prohíbe, en su artículo 14, toda discriminación injusta. Y que las conductas apoyadas en el racismo, sexismo, homofobia y otros síntomas barbarie y/o estupidez se encuentran reguladas en nuestro ordenamiento, haciendo posible, según los casos, la sanción penal o la sanción administrativa de quienes las cometan.

Habrá quien piense, bueno, si en las escrituras de la sociedad está así determinado, pues nada que hacer salvo buscar otro sitio. Y no es así. Según nuestras leyes, toda condición o cláusula de un contrato inmoral, ilegal o imposible se tiene por no puesta, así que los de Soñanes pueden prohibir las bodas de negros, las de judíos, las de maricas, las de bolleras, las de nacional y extranjero y todas las que quieran (siempre podrán fijarse en las Leyes de Nuremberg de los nazis, si están faltos de ideas). Pero eso no significará nunca que puedan imponer esas barbaridades a los ciudadanos de un país libre y decente, como a grandes rasgos resulta el nuestro.

Habrá quien piense, no, claro, si es una barbaridad, pero como tienen reservado el derecho de admisión ... Y se olvidan de que el tan manido, traído y llevado derecho de admisión no avala comportamientos discriminatorios en locales abiertos al público como lo es el Palacio de Soñanes. Los clubes privados pueden restringir el acceso según sus criterios (hecha, claro, la salvedad del párrafo anterior), pero son motivos tasados (comportamientos violentos, ebriedad, desaliño grave) los únicos que posibilitan que a una persona se le impida la entrada en un local o se le invite a abandonar el mismo.

Habrá quien diga, bueno, y después de lo que les han dicho, qué más da lo que se haga si no se van a casar allí. Eso está claro, que no se van a casar allí. De hecho, un restaurante / hotel maravilloso les ha confirmado ya su disponibilidad para la celebración (Lo siento, chicos, igual que hay que hablar de lo impresentables que son en Soñanes, tendré que recordar que en San Román de Escalante son estupendos, ¿no?). Pero no es esa la cuestión.

La cuestión es que en España, lesbianas, gays, bisexuales y transexuales son, somos, ciudadanos en pleno ejercicio de nuestros derechos. Y se confunden quienes piensan que sus trasnochadas morales van a poder imponerse a nuestras bien ganadas libertades. Así que habrá que esperar a que se plantee de manera pública la denuncia (ALEGA tomará la iniciativa, con el apoyo de los afectados). Pero no me resisto a plantear en este blog algunas preguntas.

Cuando el Palacio de Soñanes aparece distinguido con la etiqueta de calidad cantabria ¿quiere esto decir que para hablar de calidad es suficiente con unas escaleras monumentales y unas camas limpias, que se permite insultar a los clientes? ¿no deberían nuestras autoridades responsables en el área de turismo revisar el uso que el Palacio de Soñanes hace de calidad Cantabria, Cantabria infinita, año jubilar y demás? ¿no deberían las autoridades municipales de Villacarriedo y el Gobierno de Cantabria iniciar el trámite de las sanciones oportunas en cuanto se materialice la denuncia?

Yo lo que sé es que no volveré a poner los pies en el Palacio de Soñanes, suceda lo que suceda a partir de ahora. Y que intentaré que cualquier tipo de iniciativa pública que favorezca a ese monumento a la homofobia quede sin efecto, en la escasísima medida de mis posibilidades en tanto en cuanto no quede claro que todos y todas son tratados en el hotel y el restaurante como cualquier cliente que paga se merece.

Habrá por último quien diga, Soñanes está en Villacarriedo, no en este nuestro Santander posible. Vale. Pero el Santander posible deberá ser uno en el que no ocurran cosas como estas. De momento no han pasado y las bodas entre personas del mismo sexo en Santander como en toda la región, hasta ahora y salvo noticias en contrario, se han desarrollado con normalidad, como no podía ni puede ser menos. Un Santander posible, lleno de tolerancia, convivencia y sonrisas que permitan que cada día luzca el arco iris. Un Santander sin directores comerciales ni empresas como Palacio de Soñanes. Homofobia con Calidad Cantabria.

miércoles, febrero 28, 2007

NOCHE DE MARZAS

Hace ya mucho tiempo, cuando era un crío, la noche del 28 de febrero se llenaba de esa magia que inunda a los niños con cada pequeña cosa. Eran las marzas.

En Reinosa, donde crecí, antes de la Autonomía, antes de que brotara la fiebre de la identidad, antes de que tantos jóvenes tomaran como tarea propia la recuperación de un pasado cultural e histórico en una región que casi había dejado que muriera, habíamos conservado algunas tradiciones. La más hermosa la de salir a pedir marzas. Y los críos esperábamos nerviosos en casa a que alguien tocara nuestro timbre por la noche, espiábamos la calle, muchas veces nevada, desde la ventana de nuestro quinto piso, rezando para que las rondas que deambulaban por la calle, con su indumentaria pastoril, sus faroles decorados en competición, sus risas pararan en nuestro portal y subieran hasta casa para preguntar ante los padres divertidos y los niños embobados el maravilloso "¿Dan marzas?".

Unas veces eran las cuadrillas de los vecinos mayores con sus amigos, otras, de cuando mi padre andaba de concejal, la de quienes pensaban que había que rendir ronda a los principales, otras, simplemente, la casualidad que llevaba a los portales de la calle principal antes que a los barrios.

Con el tiempo seríamos nosotros los que pediríamos marzas. En mi colegio, el Antares, acostumbrábamos a salir para pedir no los tradicionales huevos y chorizos (mi padre siempre bromeaba con la muchachada que esperaba unos buenos duros sacando unos embutidos) sino dinero para el viaje de fin de curso. Y como yo enredaba ya por los asuntos musicales y formaba parte del coro y la rondalla del cole, salí en varias ocasiones a marcear. Era excitante, salir de noche, vencer al frío, llamar a puertas anónimas para ver si nos dejaban cantar las coplas de marzas y los primeros sacramentos de amor. Compartir la música, la vida, la sangre, la tradición y el futuro. "Somos los chicos de Antares/ les venimos a cantar/ las tradicionales marzas/ si nos quieren escuchar".

Más tarde aprenderíamos algunas cosas sobre el significado de las marzas, sobre los ritos de paso a la edad adulta, sobre las fratrías, los quintos, los rituales y su importancia en la configuración de un imaginario colectivo, de un espíritu de pueblo, de una solidaridad que regía las viejas comunidades y te permitía formar parte emocional y real de un grupo.

Más tarde nos preguntaríamos también por qué en Santander no se cantaban, no se cantan, las marzas. Por qué salvo algún coro ronda y más recientemente algunos colegios, era imposible encontrar por calles y barrios grupos de chicos, chicas o mixtos (yo marceaba en mixto) en busca de una propina, llamando a las puertas con el "¿Cantamos, rezamos o nos vamos?". Y esa sensación de que Santander muchas veces ha ido echando niebla sobre su historia, sobre sus costumbres, sobre sus ritos de convivencia. Y que tal vez esa renuncia a las marzas en sus diferentes formas, como a las gigantillas, a las cabalgatas de Santiago, a la fiesta como espacio común, tenga algo que ver con el tan traído y llevado individualismo casi huraño de los santanderinos y santanderinas.

Un Santander abierto a la fiesta, un Santander que mira al futuro sin renunciar a las cosas hermosas de un pasado mítico a veces, tradicional otras, simplemente popular las más que nos arraigan y nos enamoran de nuestra tierra, de nuestro cielo, de nuestra gente, de nuestro tiempo. Un Santander lleno de redes de comunión, de comunicación, de convivencia. Un Santander vivo, exigente, lleno de asociaciones, iniciativas, colectivos, ciudadanos y ciudadanas libres, exigentes que no dejan su futuro en manos de otros y trabajan y sonríen mirando siempre hacia el horizonte abierto. Un Santander con raíces firmes que permitan a nuestras ramas agitarse al viento, a nuestra savia empujar hacia arriba, a nuestras flores volar hacia el país de los sueños. El Santander que queremos, como siempre el Santander posible.

sábado, febrero 24, 2007

MIRÉ LOS MUROS DE LA PATRIA MÍA ...


Nuestro Santander nunca será patrimonio de la humanidad, qué le vamos a hacer.


Con esa endémica languidez, solemos achacar la pérdida de nuestro patrimonio arquitectónico a la fatalidad: incendios, pestes, explosiones ... Y parte de verdad hay en el recuerdo a acontecimientos que desfiguraron gran parte de nuestro rostro histórico. Pero la parte del león de la responsabilidad es de una gestión de la ciudad más empeñada desde hace ya muchísimos años en la destrucción sistemática de calles y edificios emblemáticos que de salvar para el tiempo el entramado urbanístico que hubiera podido acercar el casco histórico de Santander a la belleza bruja de tantas y tantas ciudades repartidas por la vieja Europa.


De las pocas cosas que nos han quedado de los fastos del 250 Aniversario de la concesión a Santander del título de ciudad, la maqueta del Santander del XVIII, expuesta en el Palacio de Exposiciones (gracias a José Luis Casado Soto y demás responsables de la recreación) nos hace soñar con lo que pudo ser un pequeño Dubrovnik: Murallas limitando el mar, castillo, atarazanas, ría, puentes, calles nobles con palacios de piedra, conventos intra y extra muros ...

La cosa es que cada vez nos quedan menos. Parece mentira pero muchos años ya desde la constitución de los ayuntamientos democráticos tras la muerte de Patxi no sólo hemos visto caer víctimas unas veces de la desidia municipal (y recordemos que siempre ha estado la ciudad gobernada por el PP y etiquetas asimilables), víctimas otras de la especulación urbanistica (que viene a ser parte del paréntesis anterior pero incorporando mala fe y quién sabe qué oscuros intereses crematísticos) edificios y calles. De ese Sardinero que a nuestra derecha le gusta tanto y que pudo haber sido casi un Estoril, con los paseos de Pérez Galdós y Menéndez Pelayo llenos de quintas de recreo, y el propio Sardinero plagado de hotelitos con encanto, palacetes y evocaciones de los felices 20, poco es lo que queda. Y ya insuficiente como para configurar un conjunto histórico artístico de verdadero interés. Casas pintorescas, típicas o características han sido deformadas hasta hacerse irreconocibles por toda la ciudad, se han puesto miradores de PVC en el Paseo de Pereda (conjunto histórico artístico, no lo olvidemos) cuando no han sido derribadas para imponer horribles bloques. Y las joyas de la corona siguen desatendidas y así continúan: en ruinas y en una degradación que va a más.


Todavía no han saltado a los photoshops electoralistas al uso la Cámara de la Propiedad Urbana (pequeña monada del estilo historicista del XIX) o los fuertes de la Marcua, pero parece que se empieza a hablar de la rehabilitación del Palacio de los Riva-Herrera o de Pronillo. Se empieza de nuevo, porque desde que alcanza mi recuerdo, nuestra derecha ha prometido su rehabilitación y recuperación para la ciudad. Puede ser interesante recordar que muchos de nuestros actuales gobernantes son los mismos que permitieron que se construyera en los terrenos de Riva-Herrera una urbanización de chalets adosados, desfigurando para siempre el conjunto y limitando enormemente sus posibilidades. Hay que recordar que, conforme a lo que afirmó en unas jornadas del Foro de Becedo el actual Director General de Cultura, en más de una ocasión la casona santanderina ha devuelto las partidas asignadas para la recuperación del conjunto de Pronillo y otras no ha devuelto los dineros pero no los ha invertido en la restauración del que sin duda es nuestro más alto ejemplo de arquitectura civil.


Pero ahora nos dicen de nuevo los que dejan que se caiga (tal vez querían jugar al Exin Castillos o al Lego, como ocurrió con el Mercado del Este) que ahora quieren hacer un Centro de Referencia de las Artes, cualquiera cosa que sea esta. Hombre, yo pensaba que el Museo de Bellas Artes de Santander, más el Museo de Cantabria, más el espacio expositivo del Mercado del Este etc podrían cumplir esa función de referencia artística, si se les tuviera un poco menos abandonados, pero en fin. Lo que me preocupa, sobre todo, es que como ya es costumbre en Santander, antes de definir qué se quiere hacer en Pronillo, para qué uso ciudadano va a servir Pronillo, y en consecuencia qué directrices y necesidades deben marcar el proyecto de restauración. Abriendo, por supuesto, consultas a los colectivos culturales y cívicos, vecinos, expertos y tomando decisiones previas. Si no, y como también es costumbre, el edificio será luego inútil o defectuoso para los usos deseados a posteriori y acabará de almacén o sede de oficinas (y si no, recuerden Villa Florida).


Y es tanto, tanto y tan bueno lo que se puede hacer en esas viejas ruinas ...

viernes, febrero 23, 2007

UNAS VIEJAS COPLILLAS PARA CELEBRAR (CON RETRASO) EL CARNAVAL

Dos hermanas de avanzada edad y humor implacable me hacen llegar hace unos días estas coplillas que pulularon por Santander hace ya unos cuantos años, cuando las huestes de la moral se sublevaron contra las dos esculturas que adornan (bueno, o algo así, que son malas de narices) la fachada principal de Caja Cantabria en la Plaza Porticada, esa que nos han llenado ahora de cemento, bancos negros como mi suerte y un nuevo destino para don Pedro Velarde. El cañón apunta a Hacienda, en lugar de a Francia, pero eso puede tener su sentido. Lo que no lo tiene tanto es su emplazamiendo, bloqueando visión y acceso principal a la plaza, por un lado, y que la inscripción que nos recuerda nombre y causa heróica del esculpido no estén en la parte frontal del pedestal, sino bajo el lugar donde la espalda del héroe pierde su casto nombre. Así que los paseantes foráneos pensarán que algo ocurrió en Santander en 1880 (con el patrocinio del turrón más caro del mundo), mientras que las dos figuras desnudas aprenderán desde su balcón algunas informaciones sobre la Guerra de la Independencia.

En fin, que las huestes morales consideraron no moral que hubiera dos estatuas desnudas en este nuestro Santander y la emprendieron con esos modos que les gustan, los de Santa Cruzada, bajo la dirección de una buena mujer que pasó a la historia (ejem) con su nombre de casada, la Señora del Doctor Mozota.

De las crónicas familiares, recuerdo siempre con cariño y sonrisa la que contaba una tía de mi padre, mujer viajera de aficiones artísticas, que fue alumna de pintura de Gerardo de Alvear y Flavio San Román, y que a pesar de ser católica a la vieja usanza, soltera y multicongregante, decidió no firmar el panfleto contra las esculturas cuando una de sus amigas, inmersa en la Cruzada, le presentó el papel. La respuesta de Tía Gloria fue "Cochina, más que cochina. Claro que no firmo. Esas estatuas son arte y en el arte no hay nada sucio, así que si a ti te parecen indecentes es porque tienes llena de suciedad la cabeza, marrana. Tú has estado conmigo en el Vaticano y más tetas y culos que allí no se ven en ninguna parte. Así que ya sabes: eres una marrana".

Homérico, que dirían en El hombre tranquilo.

Bueno, que basta de dilación. Aquí copio a mis lectores las coplas jocosas que mencionaba al principio:

"Van a quitar las estatuas,
porque ha dicho don Fabián
que más que estatuas son fatuas,
que enseñan y que no dan.
Mas algo en el aire flota
y la gente está que bota
preguntando con afán:
¿Y con qué reemplazarán
a esa enorme chavalota
y a ese robusto barbián?
Esto es lo que van a hacer
entre chufla y chirigota:
van a poner en pelota
a la mujer de Mozota
y al cojo de Movellán".

Y hay otras dos, más breves pero igualmente agudas ...

"Después de tanto trabajo
y después de tanta lucha
ni a él se le ve el badajo
ni a ella se le ve la hucha".

"¡Qué pena nacer desnudos
y vivir siempre en pelota
pudiendo nacer vestidos
como nacen los Mozota!"

Intentaré subir esta tarde una foto (malucha) de las ínclitas estatuas, pero de momento ahí va una entrada nueva, que ya me estaban riñendo los fans. Por cierto, tal vez sería bueno hablar del futuro, como siempre: ¿Qué opináis de esas actitudes de las huestes morales, nuevamente al ataque, que pretenden obligarnos a todos a comulgar con sus fueros? Y otra pregunta, ya que hablábamos de estatuas ¿Cuándo la adquisición de obras para el embellecimiento de la ciudad, estatuas sobre todo, va a dejar en Santander de oler a caspa, a oportunismo o simplemente a mal gusto?¿alguien se ha dado cuenta de que también en el arte estamos en el S.XXI?

martes, enero 30, 2007


LA ATENAS DEL NORTE ... O UN POQUITO MENOS

Entre los mitos fundacionales de nuestro Santander está el que nos presenta la ciudad como "La Atenas del Norte". Si nos paramos a analizar las razones por la que tan pomposo título nos es autoadjudicado, podríamos descubrir algunas razones, que tal vez fueran ciertas en el pasado pero que hoy ni siquiera nos permitirían ser "Un barrio periférico y protoalfabetizado de la Atenas del Norte". A ver ... que lo de nuestro Festival Internacional estuvo muy bien, tiempo ha (resultó ser árbol caducifolio), lo de la Escuela de Altamira fue cosa de los 40, lo de Menéndez Pelayo y su pandilla cosa del fin de siglo ... XIX. Y así podríamos continuar.

La realidad de hoy es bien diferente. Tristemente diferente, me atrevería a decir. Hace unas semanas, un estudio nacional, de la SGAE si mal no recuerdo, nos ponía entre las comunidades a la cola del gasto en "consumo" cultural. Y no sé, pero para mí que eso no resulta muy ateniense, sobre todo si utilizamos Atenas como concepto de sumum cultural.

Claro que una primera y superficial aproximación puede disfrazar la realidad y aparentar que aquí, culturalmente hablando, pasa algo. Vamos, como el estuco decorado disfrazando las paredes de ladrillo o el pan de oro dando brillo a las maderas cascadas de los retablos. Y es que hace ya tiempo que la cultura, en Santander (y si pusierámos Cantabria no cambiaría mucho la cosa, aunque tal vez crecerían los lados oscuros del corazón), se llama subvencionar un par de grandes fastos decorativos que poco o nada dejan en la ciudad, no gastar nada en la ciudadanía de Santander y sus necesidades / posibilidades de actividad cultural, no establecer programas estables ni serios, no mencionar la pluralidad, los espacios alternativos, los espacios oficiales (en realidad Santander debe de ser la única capital de provincia sin un teatro o un gran centro cultural de titularidad municipal de nuestro santo país), nadie se acuerda de los nuevos lenguajes expresivos, culturas urbanas, etc. Pero tampoco de los lenguajes clásicos.

Casi que prefiero, por ahora, no ir detallando sector por sector, que no quiero agotar a mis lectores. Tiempo habrá de eso si queréis debatir algo o en otras entradas. Baste decir que, a mi juicio, el Santander posible debe abrir un amplio debate sobre la cultura y la ciudad. Y que de ese debate deben salir decisiones municipales sobre cultura e integración social, cultura y convivencia, cultura y nuevos lenguajes, cultura y calidad, cultura como espacio vital. Y un largo etcétera.

De momento, sigue la campaña electoral proponiendo parques y paseos, además de paseos y parques. Pero sigue olvidando que santanderinos y santanderinas tenemos ganas de hacer muchas cosas, no sólo de pasear o sentarnos al sol. ¿Qué tal una apuesta en serio por equipamientos culturales de proximidad para ir abriendo boca?¿Programas y presupuestos estables?¿Gestión flexible y abierta?

Cuando os presenté el blog decía que vivir en Santander ha sido para mí una apuesta personal. Por eso quiero una ciudad en la que vivir, pero vivir violentamente, apasionadamente, haciendo de cada día una experiencia nueva. Y para eso hay que pensar en los ciudadanos más que en los turistas, en los contenidos más que en las fachadas. Porque nuestro Santander posible debe ser ante todo un Santander para vivir.

lunes, enero 08, 2007


La ciudad de los trenes perdidos

Dicen que nunca es tarde, si la dicha es buena. Al parecer el equipo municipal vigente ha decidido estos días (tan curiosamente cercanos al periodo electoral) ofrecerse como imagen transformadora de nuestro Santander. Para ello, su nueva cara, De la Serna, abandera una serie de proyectos y planes que, de hacerse ciertos, provocarían un importante cambio en el rostro de nuestra querida y doliente ciudad.

La cosa es que los cambios sugeridos por los populares nos suenan a escuchados, y no precisamente en sus labios. No será difícil que recordemos cómo Piñeiro se dirigía con su educación habitual a Juanjo Sota con la frase que llegó a ser folklórica esa de "Anda, calla, Sotuca, que no dices más que chorradas", espetada en pleno pleno (municipal). Derroche de respeto por los demás, que lo llaman. En una de esas ocasiones, las carcajadas de las bancadas populares se dirigían a la propuesta de la construcción de un funicular que uniera el Río de la Pila con General Dávila, salvando un importante desnivel en una zona de media de edad más que alta. En otra, las burlas venían ante la propuesta de unificar las estaciones, retranquearlas en dirección a Montaña o Marga y generar todo un pulmón de parques y servicios en el espacio dejado.

¿Les suenan estas propuestas -y otras, pero dos valen como ejemplo- a los lectores de este mi blog que es también suyo? Ahora parece que los populares nos quieren inventar la pólvora, presentando a la ciudadanía con la inestimable ayuda de ciertos medios de incomunicación con serios problemas de memoria histórica, como propios los proyectos robados. Más robado si cabe el de la unificación de las estaciones, ya que en realidad se trata de un proyecto del Ministerio de Fomento (socialista), y que Íñigo de la Serna proclama como su propuesta estelar para Santander.

De todas maneras, decía al principio que bienvenidos sean los populares a la modernización de la ciudad. La han gestionado (mal) durante muchos años. Y son muchos los trenes que los santanderinos y santanderinas hemos perdido por su ineficacia. Mientras Piñeiro protestaba agriamente ante los hombres del tiempo por decir que en Santander llueve (oh climatológica afrenta a nuestras posibilidades turísticas) y más agriamente aún ante los organizadores de la Copa Davies, por atreverse a decir que a Santander le falta glamour, otras ciudades españolas, muchas, aprovechaban los diferentes fondos de cohesión europeos para emprender grandes procesos de transformación y crecimiento urbanístico. Crecieron así centros culturales, espacios ciudadanos, recuperación de cascos históricos, museos, edificios emblemáticos, mientras en Santander tirábamos nuestro pequeño Estoril que fue el Sardinero adobado con sus vías principales de acceso, derribábamos (uy, se cayó) casas con puntito negro en unos planes generales que nunca llegaba a aprobarse, poníamos pvcs en las ventanas del Paseo de Pereda (que al fin y al cabo es conjunto histórico artístico) y gastábamos los dineros proporcionados por la Unión Europea para la rehabilitación del Cabildo de Arriba en el famoso Parque del Agua, que iba a ser un estupendo modelo de nadie sabe muy bien qué (menos mal que en Bruselas no me leen: a ver si nos van a hacer devolver los minolles).

Pero ahora, por fin, y ya que nos va a costar a todos mucho más y no tendremos demasiadas ayudas externas a las que acudir, por fin nuestros responsables municipales (me entrecomillen lo de responsables, porfa) han decidido apostar por una ciudad moderna. El Cabildo de Arriba, como las viviendas sociales de la Remonta, porque así se ha empeñado el gobierno socialista que, siempre según Piñi y su troupe, tanto maltrata a Santander (será que las viviendas sociales van a restarnos glamour), y en no poca medida gracias a la maltratada ministra Trujillo y sus reuniones con Gorostiaga. En el caso de las estaciones, gracias a los dineros nacionales de Fomento.

Como siempre, llegan tarde, después de habernos hecho perder casi todos los trenes. Pero tal vez todavía nuestro Santander posible, tolerante, cívico, abierto al futuro, tenga un vagón al que subir y una buena locomotora que lo guíe. Aunque no creo que esa locomotora lleve gaviotitas pintadas: si así fuera, vayan pensando que más de lo mismo.

sábado, diciembre 23, 2006


BASSICAMENTE ...

Lo primero de todo, y antes de echar mi mirada personal sobre el affaire Bassi, quiero pediros disculpas a todos los que habéis entrado en el blog a ver si el vago que suscribe se había dignado a colgar alguna nueva entrada. Hasta me han llegado algunos emilios de bronca y se me ha caído varias veces la cara de vergüenza, pero en fin ... el supergén hace milagros.

La cosa es que hace una semanuca actuó en la ciudad posible Leo Bassi, y su visita trajo bastante más cola de la que la sensatez hubiera querido, pero al menos no trajo bomba como el Madrid de doña Espe.

Mientras aplican las teorías comunicativas de Goebbels (una mentira repetida mil veces se convierte en verdad) y de los Neocons norteameriyanquis (el mundo es la red, la red es el mundo), los chicos y chicas de Haztelomirar.org y el Foro de los Fascistas han desatado la enésima batalla mediático-internáutica, esta vez contra el bufón italiano y su espectáculo La Revelación. Según ellos, en el espectáculo se sucede una blasfemia detrás de otra y ocurren cosas tales como la consagración de un cáliz lleno de preservativos (no pude estar en el evento, pero algunos amigos asistentes dicen que es falsa la falsa consagración, y que no tuvieron una sensación especialmente blasfema, pero claro, ya dirán los haztelomirar.org babies que si fueron a ver a Bassi son una mezcla del Demian de La profecía y del chavalín caprino de Rosemary's baby, más conocida en esta España de mis entretelas como La semilla del diablo , y que de cuándo acá el demonio sabe distinguir blasfemias de cantos de ángel). Ofendidos pues en su autoproclamada y nunca bien practicada tolerancia, iniciaron toda una campaña de descréditos, amenazas, llamadas al boicot y escupitajos que nos permitió comprobar una vez más la democracia no ha pasado por ellos, y que su actitud ante el mundo sigue siendo la de siempre: ellos pontifican, deciden, conspiranoian, insultan y golpean pero ahhhhhhhh no, que nadie intente siquiera decirles un "oye chico malo, eso no está pero que nada bien". Porque entonces se sienten supermariofendidas y reclaman derechos y derechos y más derechos. Que en este caso más que derechos humanos acaban pareciendo derechos humanoides. Así que tengan cuidado ahí fuera. Por mi parte, un par de comentarios que añadir a lo que ya se ha dicho, y alguno a lo que no.

En primer lugar, supongo que las hemerotecas y videotecas guardarán copias de aquellos días en los que la Obra Social y Cultural de Caja Cantabria presentaba su programación de Otoño. Se congratulaban los responsables de la OSC del riesgo que suponía la apuesta de traer a Santander a Leo Bassi, que ya preveían polémica. En esa rueda de prensa estaba sentado y sonriente Kiko Rodríguez Argüeso, Presidente de la institución. Ese mismo al que faltó tiempo para decir algo así como que Caja Cantabria ni había contratado ni había pagado a Leo Bassi. En realidad el campurriano tiene razón: Caja Cantabria firma un convenio con la Universidad, y financia entre otras cosas esta Muestra de Teatro que de manera seria y plurar dirige ya desde hace años Paco Valcarce. Así que es la Universidad la que contrata y paga, eso sí con los dineros que previamente firma Kiko. Menos mal que "uys, se me rompió. ¿hice yo eso?" para mayor tranquilidad de Kiko Urkell, es estropeó el escenario de Tantín y la obra en cuestión hubo de viajar al Salón de Actos de la Facultad de Medicina (en alguno de cuyos retretes espero estarán colgados los títulos médicos de Francisco Cubría, tal y como públicamente prometió de hacerse allí la representación).

Kiko Pilatos se lavó las manos, y algo parecido hizo Miguel Ángel Revilla. Que no tiene nada que ver en la cuestión, pero que después de un cierto aluvión de emilios perpetrados desde la página güevos de los de haztelomirar, y sobre todo recibidas las cartas amenazadoras del cura de Caviedes (hala, se me escapó, y eso que el presi no dijo quién era el engendro escribidor) prefirió mirarse al voto y poner separación de poderes entre el teatro contemporáneo, tan poco cántabro él, y la gestión presidencial. Por si las moscas. Al fin y al cabo, otras virtudes tendrá, pero la sensibilidad cultural del Presi no parece destacar por su opulencia (ay, cómo bosteza el mi pobre en los conciertos, cómo echa de menos las romerías). Por cierto, no ha trascendido a los medios de comunicación, pero entre los muchos mails insultantes y amenazantes recibidos por Francisco Valcarce y el Aula de Teatro de la Universidad se cuenta el de una paniaguada del PRC, contratada para no sé sabe bien qué gestiones relacionadas con el Año Jubilar dedocráticamente, que sugería al director teatral la posibilidad de "olvidarse" de los pagos y actuaciones que La Machina tiene pendientes con la Consejería de Cultura. A eso se le llama gestionar la cosa pública con objetividad administrativa, siseñó.

Por parte del PSOE, para completar la terna, un silencio mucho más prolongado de lo que hubiera sido deseable. Aunque al final, Ángel Agudo, agredido por los tolerantes al entrar al espectáculo y Lola Gorostiaga sí que dejaron escuchar sus voces en defensa de la libertad de expresión y su crítica a quienes parecen no haberse enterado de que, españoles, Franco ha muerto (Arias Navarro dixit, o mejor, ploravit). Y como alguien me preguntó en otro post qué me parecían las declaraciones del candidato socialista ... pues inexistentes y por ello, creo que malas. Tal vez ha querido eludir un problema y dejar a otros un marrón que no era suyo, pero había sido momento de cantar a la libertad y no de mirar hacia otro lado.

Por cierto, un olé, bien grande por la Universidad de Cantabria y su rector, esta vez magnífico de veras, Federico Gutiérrez Solana. Que creo que ha sido el único nombre institucional que ha estado a la altura. Claro, conciliador pero rotundo. Y eso que entre las que rezaban con la mecha encendida estaba la emérita de Físicas Aurelia Bonet. Con el, olés para Paco Valcarce, que aguantó el chaparrón a medio paso de la depresión, Fernando Llorente e Isabel Tejerina que han osado escribir en favor de un Bassi que ni siquiera se atrevió a pernoctar en Santander, para evitar males mayores.

La perla más perlífera de las que los tolerantes escupieron a los ciudadanos y ciudadanas que simplemente habían elegido ver una representación teatral, me la comentaron dos de los zarandeados, el librero Rodolfo y su encantadora mujer Eva: "Intelectuales de mierda". Pero no se preocupen quienes aún piensan, porque con la evidente pluma del vicario agustino Manolo, la diócesis se gastó los cuartos en un remitido de prensa en el que perdonaban a todos, incluso a los que no tenían intención de solicitarles perdón alguno, supongo que el cien por cien de los asistentes. Así que hasta los intelectuales de mierda serán salvos.

Laus Deo.

(y por cierto, felices fiestas)

lunes, noviembre 27, 2006


GALERÍA DE ESCENAS COSTUMBRISTAS

Como no conduzco (por aquello de eliminar peligros de las carreteras) y siempre ando como el Conejo Blanco (llego tarde, llego tarde, llego tarde) soy usuario habitual de taxis.

Tengo que decir que, frente a la imagen cruda y fascistoide a lo taxidriver que se suele vender, mi experiencia me habla de muchos conductores correctos que se limitan a hacer su trabajo (llevarte a tu destino). Y que entre los que comentan alguna cosilla o tratan de trabar conversación, la mayoría es correcta y educada. Hasta te llevas algunas agradables sorpresas con taxistas lectores o aficionados a la música clásica o simplemente con una conversación agradable que no sólo te transportan, sino que además te hacen pasar un rato agradable.

He tenido, sin embargo, un par de incidentes surrealistas que no les voy a contar aquí, pero con conductores irrespetuosos y agresivos como el que me acercó esta tarde al Colegio Oficial de Psicólogos (sé que todos pensáis que necesito terapia, pero no tenía nada que ver con eso mi visita: tendréis que seguir aguantándome tal cual). El caso es que me tendrán por quisquilloso, pero el tal taxista, tras el gruñido de presentación, puso la cope a tope para deleitarme con uno de esos informativos de noticias comentadas por el imparcial comentarista de turno. Una pura agresión al sentido común, pero sobre todo una falta de respeto imponer ese tipo de torturas auditivas para un pasajero al que ni se pregunta su opinión y que, en este caso, y si quieren mis lectores pueden opinar que me paso de sensible, se sentía directamente insultado por muchos de los comentarios radiofónicos y por todos los que a grito pelado, y supongo que buscando mi aquiescencia, bramaba el energúmeno.

Hasta donde sé, el taxi es un servicio público. Y por eso, no acabo de ver hasta dónde un viajero inocente debe soportar la cope (o cualquier otra emisora) si no es ese su deseo. Me dirán ustedes, y con razón, que si tanto me molestaba, debería haberle dicho al pavo que bajara el volumen o quitara la radio. Y tendrán razón. Pero les juro que así como lo he pedido amablemente en un par de ocasiones, este sujeto me dio realmente miedo. Así que como suele ocurrir en estos casos, me quedo con los insultos y sin saber muy bien cómo presentar una reclamación, por lo que me limitaré a una simple pataleta en forma de blog.

Y como ya tenemos ciertas partes de la ciudad llenas de festivas bombillitas (en los parques donde todavía juegan algunos niños, Jado, Altamira, no hay tanta luz), Pre-Feliz Pre-Navidad a Pre-Todos. Como sigamos así, acabaré convirtiéndome en el Señor Scrooge.

lunes, noviembre 13, 2006

POLÍTICOS, GESTORES Y OTRAS YERBAS

Después de unos días extraviado en la improductiva desidia de unos días de vacaciones, regreso a este blog de la ciudad posible. Mañana os hablaré de una galería de arte y sus acciones culturales, espero que con menos tensión que cuando tuve la osadía de afirmar que me gusta Bruce Springsteen. Pero le prometí a un lector escribir con cierta amplitud acerca de políticos y gestores, justo cuando en el debate se oponían de una u otra manera los perfiles de Jesús Cabezón y Vicente Mediavilla como alcaldables (añadamos a De la Serna y tendremos la terna).

Quiero comenzar afirmando que no estoy de acuerdo con los rasgos negativos que incorporamos a la palabra "político" como si formaran parte de la definición. Con independencia de que muchos de los que ejercen esta función merezcan esos rasgos y otros que a pesar de venir en el diccionario parecerían de mal tono. Partamos, pues, de la idea de que por "político" voy a entender en este post a todo hombre o mujer que se responsabiliza de los asuntos públicos, que propone y decide políticas. A pesar de que tengo clarísimo que políticos, como Hacienda, somos todos, que todos somos responsables del funcionamiento de la sociedad, que todos participamos por acción u omisión en sus retos. Y que nuestros políticos son proyección de nuestros propios valores y actitudes, aunque nos encante ver la paja en ojo ajeno, etcétera. Pero esto sería otro cantar. ¿Y gestor? Su propio nombre lo indica. El que gestiona, la que ejecuta, los que tramitan, las que organizan ... Los mismo que en la época del asalto al poder franquista por el Opus Dei se conocieron como tecnócratas (los López et alia).

Ya entonces, y desde un discurso que me parece profundamente reaccionario y pesimista que demoniza la política y por tanto a quienes la practican y no digamos a quienes la dirigen (recuerden esa perla del dictador al aconsejar "haga como yo: no se meta en política"), se ha pretendido ver en el gestor a un responsable cualificado de la cosa pública, dando por supuesto que el político no lo es. Pero ...

Una primera reflexión sería ¿los técnicos que ocupan puestos políticos no son igualmente políticos? No creo que en los escándalos urbanísticos tan al uso carezcamos de urbanistas, arquitectos, ingenieros y magos de las finanzas en primera línea de corso. No creo que cuando hablamos de los desastres (reales o posibles, ciertos o deseados) de la sanidad, la educación, los transportes, la cultura, la policía o cualquiera otra de las áreas de un gobierno sea su nivel territorial el que sea, estén los técnicos / gestores ausentes. Antes bien, muchos participan con alegría de las decisiones criticadas, cuando no son ellos mismos sus inspiradores últimos (o los ministros-consejeros-concejales que han tomado la decisión). En consecuencia, cabe preguntarse ¿es el gestor bueno por naturaleza? Me temo que mi respuesta es cada día un poco mas hobbesiana: Homo homini lupus, Gestores politicique civibus lupi. Gestores y políticos son (pueden ser) lobos para los ciudadanos. Unos como otras.

A partir de esta consideración, creo que los cargos políticos, los cargos de representación, han de ser ocupados por políticos: hombres y mujeres que, en el mejor de los casos, ese que todos deseamos, tienen una visión global de la sociedad, que son capaces de escuchar y valorar más allá de sus convicciones personales o de sus a priori profesionales. Y a partir de ahí, que se muestren capaces de tomar decisiones, de firmar contratos con los ciudadanos a medio y largo plazo, de trazar una estrategia de ciudad que nos permita saber qué va a ser de nuestro Santander posible en el, pongamos, 2020. ¿Se imaginan que en una entrevista alguien le pregunta al inefable Piñeiro cuál ha sido su proyecto de ciudad a lo largo de los 12 años que nos ha deleitado como alcalde?¿que nos explica qué ha cambiado en Santander en todo ese largo periodo de tiempo? Enumerará obras. Nada más. Porque no había nada más que la necesidad de "gestionar", de dar respuestas inmediatas y electoralistas a problemas inmediatos. ¿Se pretendia algo con el 250 aniversario de la ciudad aparte de muchos fuegos artificiales? txtxtxtxtxtx pummmmmmm ohhhhhhhhh qué bonitos. Nada nos ha quedado del fasto, salvo muchos almacenes llenos de camisetas y gorritas. No sé si eso es gestionar, desde luego no es gestionar bien. Pero tengo claro que eso no es hacer política.

Por lo tanto, insisto, creo que en los cargos de representación debemos contar con políticos según esa idea de político que he descrito. Sean peritos en la materia o no. Los gestores y los técnicos tienen su lugar, privilegiado e imprescindible, en la administración y en la sociedad. Y, por supuesto, quien además de gestor, técnico o especialista tenga la amplitud de miras suficiente, será un político, tal vez el mejor. Pero no por gestor, sino por político.

Cuando pedimos un gestor al frente del Ayuntamiento de Santander, ¿qué tipo de gestor pedimos? ¿Hablamos de un ingeniero, de un jurista, de un sociólogo, de un arquitecto, de un monitor deportivo, de un policía municipal, de un bombero, de un médico, de un paisajista? Son muchas las áreas que dependerán de un alcalde y de sus concejales y concejalas. Y nadie será docto en todas. Así que espero que nuestro alcalde, sea quien sea de la terna, se comporte como un político y sea capaz de lo que hasta ahora nadie ha sabido hacer en Santander: planificar, escuchar, dirigir, administrar, decidir, arriesgar ... En suma, guiar nuestra ciudad hacia el futuro, hacia un futuro de todos en una ciudad abierta, tolerante y privilegiada.

lunes, octubre 30, 2006


... Y DIOS VISITÓ SANTANDER

No cantó The River, a pesar de que lo venía interpretando en la gira como homenaje a sus fans de siempre (aquí tocó turno a The ghost of Tom Joad en la misma función, ante la pasión de una moza pancartera de la primera fila).

En fin, lágrimas que me ahorro, porque es una de esas canciones que no puedo evitar poner en relación con un corazoncillo roto y con cierto Juan de tiempos pasados.

Neuras personales aparte ... confieso ser devoto de la música de Springsteen desde hace muchos años, me confieso seducido por su sonrisa, por su compromiso, por sus canciones, por su entrega en el escenario. Y confieso haber vivido dos horas y pico memorables en El Mejillón, un tiempo de felicidad en el que conseguí olvidarme de muchas otras cosas y bucear en un mar de entusiasmo contagioso en el que cantar, bailar, palmear, disfrutar eran las únicas ocupaciones, desde ese inicial John Henry hasta la despedida de el Boss de nuestro país con un Froggy went a Courtin'.

Tiene algo de religioso, de catártico esto de los grandes conciertos en directo. Todavía más si la calidad y la pasión tienen un sello tan auténtico como el que imprime siempre Bruce Springsteen. Añado que su último disco, su homenaje al mítico Pete Seeger, me parece una grabación que se contará entre las mejores de su amplio catálogo, aunque haya medios que se hayan empeñado en hablar de música country a lo que es repertorio tradicional norteamericano, o lo que es lo mismo, un viaje desde las esencias del Negro Spiritual (Mary don't you weep ) a las viejas baladas inmigrantes e irlandesas (Mrs McGrath), los cantos de trabajo (Erie Canal) , las luchas sindicalistas (We shall overcome) o las baladas que llevaron de un pueblo a otro los mitos del oeste americano (Jesse James) . ¿Y el country? Pues que le vamos a hacer, yo no lo vi por ningún sitio.

Algunas veces he comentado (ya no sé si lo dije alguna vez en el blog) que de los grandes eventos debería quedar algo más que gruesas facturas por pagar y almacenes llenos de inútiles camisetas y libretas con el logo del Santander 250 Aniversario o del Cantabria, Tierra de Júbilo. Algo estable, quiero decir, un lavado de cara, una infraestructura, algo más que pura publicidad.

Pero dentro de los macroeventos que parecen imprescindibles ya para cualquier celebración, de la presencia de Springsteen en Santander, y en lo estrictamente personal, quedará durante mucho tiempo el sabor de una larga felicidad de dos horas y media.

miércoles, octubre 25, 2006


COSAS DE LA EDAD

Imagino que no me encontraré con Vicente Mediavilla, flamante Consejero de Presidencia del Gobierno de Cantabria y candidato por el PRC a la Alcaldía de nuestro Santander posible, en el concierto de Bruce Springsteen. Básicamente porque The Boss tiene 57 años y ya había editado un par de discos cuando Mediavilla paseaba de la mano de mamá por el Paseo de Pereda lamiendo su helado de Capri. Eso, al parecer, hace que The Boss se convierta de pronto en viejo e inútil. Claro que, si mal no recuerdo, José Luis Sampedro, Meryl Streep, Mickey Mouse y hasta el chulazo de Tom Cruise son mayores que Mediavilla. En realidad, hasta yo soy mayor que Mediavilla, aunque vista su convencional manera de vestir más parece mi abuelo que un cuasi compañero de promoción.

Reconozco que me parecieron desafortunadas las declaraciones de Mediavilla descalificando la candidatura de Jesús Cabezón por viejo. En primer lugar, porque las hizo durante una rueda de prensa oficial, y este chico debería ya haber aprendido algunas cosas básicas sobre el desempeño del poder (al fin y al cabo tiene algo de Blond Ambition pero sin comprar en Gaultier); una de ellas, que no se puede ni debe utilizar una tribuna oficial para agresiones personales al contrario.

La otra, es que a pesar del mito de la eterna juventud ese que todos intentan vendernos por doquier, la juventud a veces no aporta nada más que acné. ¿Eligiría usted a un cirujano recién graduado para una operación delicada o acudiría al de experiencia y prestigio contrastados? ¿Sería capaz de denominar joven jurista a quien todavía no ganó un juicio simplemente porque se licenció en Derecho?¿Le encomendaría un caso complicado? Y así, un largo etcétera. A veces tenemos tantas ganas de cambiar de caras en el espectro político (bastante más espectral que otros) que aspiramos a rejuvenecer los carteles. Pero seguramente no querríamos encomendar a niñatos nuestro Urbanismo, nuestras personas dependientes, nuestra cultura o nuestra educación, nuestra política de inmigración o nuestra gestión sanitaria. Y esto, porque la juventud en la política no es un valor en sí mismas: Queremos, merecemos, a los mejores, que sean los mejores quienes asuman la tarea de transformar el viejo Santander en uno capaz de enamorarnos.

¿Es Jesús Cabezón viejo? Personalmente le veo más joven que a Mediavilla, más implicado con la ciudadanía, más culto y, sobre todo, y vista la boutade del consejero, más sabio. Si Cabezón es alcalde, tal vez me dé la razón (ojalá) o tal vez no (y entonces le pediré disculpas en este mismo blog a Blond Ambition, ayns que me ha gustado el mote). Pero de momento, salidas de pata de banco como la que sirve de disculpa a esta reflexión me vienen a decir que Vicente no está todavía maduro para Alcalde.

lunes, octubre 16, 2006


RUKAEGOS EN LEGOLAND

Allá por esas Dinamarcas en las que a veces algo huele a podrido (en Christiania el olor debe de ser a porro) y otras veces huelen a viñeta explosiva, existe un delicioso parque de atracciones en el que la famosa marca de juegos de construcción infantiles, Lego (con la que todos hemos hecho nuestros pinitos urbanísticos de babies), ha construido con sus pequeñas y coloridas piezas su menudo sueño de ciudad. Otra ciudad posible.

La cosa es que al leer que finalmente se llevarán los restos arqueológicos de los viejos muelles santanderinos de paseo por la ciudad (nunca conseguirán ganar en provisionalidad a don Pedro Velarde, ya en capilla para viajar a esa orgía de cemento y baldosa en que va a devenir la Plaza Porticada, con una estética muy Imperial Forties. Si es que a Piñeiro le traicionan hasta sus gustos) no he podido evitar pensar en Santander como un poco Legoland, pero con menos colorines, menos daneses y menos gracia.

Es gracioso leer en los panfletillos para turistas que contamos con uno de los mercados cubiertos más antiguos de Europa, y cómo ese mercado reproducía en su interior el ideal urbanístico del XIX ... Como si no supiéramos que ese mercado se vino abajo por desidia municipal, a pesar de haber sido rescatado de la piqueta vía intervención de la Academia de Bellas Artes de San Fernando (ora pro nobis) en una de las pocas movilizaciones cívicas que el viejo Santander recuerda (y que nos sirve de prueba de que las pocas veces que queremos ...). Como si no supiéramos que el actual Mercado del Este es una reconstrucción en lego más o menos fiel del antiguo. Hay un par de fragmentos de muros medievales desperdigados por la ciudad, a la manera de paredes de lego, sin que se sepa muy bien dónde cayeron tras ser arrancados de su espacio originario. De la misma manera que a veces a bombo y platillo nos anuncian que si un búnker, que si una fuente y todo acaba nuevamente sub terra.

Alguien me dirá que tampoco son precisamente los restos del Partenón. Pues tiene razón, pero en una ciudad que siempre ha aniquilado su historia, que ha visto desaparecer entre incendios, explosiones y concejales de urbanismo la mayor parte de su casco histórico, que casi no tiene memoria de sí misma, una mísera pared, insignificante para Roma o Salamanca, es santanderinamente hablando un pequeño tesoro. Y conviene no olvidar que otras ciudades ofrecen otras soluciones: Cuatro piedras del foro romano de Zaragoza, sirvieron a la capital maña (con su anterior alcalde socialista, Sainz de Varanda) para un interesante museo inter activo que sirve para contar al visitante la historia de la Zaragoza prerromana y latina.

Eso sí: mientras piensan qué hacen con las piedras del muelle medieval, el candidato De la Serna (que no le parecerá viejo a Mediavilla, supongo, y además es más mono que el regionalista) hará su piscina artificial para patos sin gripe en la Vaguada de las Llamas con las piedras del Muelle del XIX. Ya saben, de paraje natural a parque de lego; de humedal a piscina. ¿Estos han visto alguna vez otro ayuntamiento? Lo digo porque hasta hay algunos del PP que son capaces de recuperar una especie de Vaguada sin jugar al nene urbanista, Vitoria y la laguna de Salburua, sin ir más lejos.

Eso sí, si la ciudad nos la hubieran diseñado los niños daneses, seguro que estaba mucho más colorida y más mona.

miércoles, octubre 11, 2006


PIÑEIRO, UN ALCALDE DE CENTRO

La imagen inhabitual de un burro montando a caballo fue pan de cada día en nuestro país duranto muchos, demasiados años. Santander, que en algunos aspectos parece haberse resignado a ser un parque temático de la oprobiosa (estaría bien que pagaran a un par de actores para que deambularan vestidos de cardenal segura por el Paseo de Pereda llamando a la cruzada), mantiene en el lugar de honor, delante del Ayuntamiento, la casa que debería ser de todos, y que ha venido siendo ocupada durante los últimos años por un partido, el popular, que se autotidefine o sudoka como "de centro" y un alcalde, Gonzalo Piñeiro, más de centro que nadie.

No se preocupen, no hablo de su talante abierto ni de sus comprobadas exquisitas maneras con tirios y troyanos (lo del "oye, tía" a la Ministra Narbona fue ssssstupendo), sino de su querencia por el centro, por las obras del centro, por las obras repetidas en el centro. Por un centro que, paradójicamente, sigue degradado y poco habitable, oculto con frecuencia por las maravillosas carpas que un mes sí y uno no nos anulan el espacio ciudadano de la Plaza de Pombo.

Verán ustedes. No sé si fue hace cuatro u ocho años cuando Piñeiro y su troupe levantaron todas las aceras del viejo y deteriorado Ensanche y aledaños. Digamos, de General Mola (¡presente! ufffff otro) hasta Santa Lucía, en tiempos calle de la Libertad. Del Puertochico (Matías Montero ¡presssss ...! uy, perdón, que éste se quedó sin su truncada columna) de la inefable sardinera a la Plaza del Príncipe. Tocaba rentabilizar electoralmente cuatro años comme d'habitude en blanco, para concurrir a la urna con la sonrisa ciudadana del qué mono está todo (todo lo que está mono, claro) y qué alivio, terminaron las obras. Fueron meses infernales, con resultados dispares: las calles siguieron siendo las mismas, con un pavimento un poco mejorado, cuatro arbolillos raquíticos en Peña Herbosa y Daoíz y Velarde, y una Plaza de Cañadío con más cemento y menos árboles (cuándo no es romería para la Virgen), para facilitar las masivas convocatorias que alguien me definió como "botellón pijo" y contra las que se supone que la troupe popular estaba en guerra.

Empezamos de nuevo a levantar calles. En las mismas zonas. Sin que haya habido precisamente información pública sobre lo que se pretende (al parecer ensanchar aceras y quitar aparcamientos), sin que nadie se decida de una vez por todas a peatonalizar seriamente algunas calles, sin que nadie pregunte a los comerciantes qué opinan de que les pongan la calle patas arriba delante de la campaña de Navidad. Y todo esto en calles que, pongamos ha seis años, habían sido remodeladas.

No vamos a hacer obras, claro, en lugares tan sofisticados como el Cabildo de Arriba (no vaya a ser que se empecine en no caerse y no nos deje especular), como Entrehuertas, como la ladera norte de General Dávila, como la ladera sur de General Dávila ... Como todas esas calles donde tantos ciudadanos viven más o menos como en la época del Burro A Caballo, sólo que con ordenador, adsl, más años y más multiculturalidad. Esos mismos ciudadanos que siempre se olvidan de que su acera no está asfaltada y votan troupe popular porque nos han dejado estupendos los Jardines de Pereda.

Claro que las obras son necesarias, en toda la ciudad. Claro que la gestión de loos espacioes públicos ha de tomarse con seriedad y un especial cariño pero ... ¿no sería posible cambiar de calle alguna vez?

Una propuesta para ese mi y vuestro Santander posible. ¿Qué tal si recuperamos el diálogo, al menos para los temas esenciales, si nos mostramos capaces de establecer de común acuerdo entre los diferentes representantes municipales de elaborar un libro blanco de la cultura, un plan de obras a diez / doce años vista, un libro de los servicios sociales, cuatro o cinco grandes pactos decenales que permitan gobernar el ayuntamiento con más eficacia, más amplitud de miras, menos mezquindad política y pensando más en el ciudadano que en el bolsillo? Si cada cuatro años tenemos que sufrir una nueve fiebre asfáltica, sin ton ni son, vamos mal, alegre muchachada.

Claro que sin Gepé no sé si lo del diálogo y la amplitud de miras va a ser fácil. Si con alguien tan respetuoso y abierto como Gonzalo Piñeiro no ha sido posible ¿qué va a pasar cuando en el Ayuntamiento gobierne alguien con dos dedos de frente y una miaja de sentido ciudadano?

martes, octubre 10, 2006

MEMORIAS DE UN SAUCE

MEMORIAS DE UN SAUCE

Esos celtas de los que alguna memoria quedará en esta Cantabria que un día poblaron, hablaban con la naturaleza. Ni dioses, ni vainas. Nada más sagrado para ellos que un río, un árbol, un animal. Tal vez por eso renunciaron a construir soberbios santuarios para orar en espacios abiertos, recogidos, protegidos por la propia belleza del Mundo.

Hicieron su calendario y sus especulaciones zodiacales a partir de los árboles, esas criaturas bellas como pocas, sabrosas, generosas, que tan bien comprendió nuestro Riancho. En esas especulaciones, por mi abrileña fecha de nacimiento me corresponde el sauce como árbol totémico. Y a él me encomiendo en esta entrada de mi blog que es también vuestro, para hablar de la fiebre arboricida de nuestra ciudad.

Recuerdo como muchos fueron cayendo. Dos en especial. La vieja y altiva palmera que casi tocaba el cielo desde su casa en el jardín del viejo Sanatorio del Doctor Madrazo, en mi calle de Santa Lucía. Uno de esos árboles de sabor indiano, desclasado en nuestro norte pero enérgico y hermoso, como soñando el sol, cuando se proyectaba hacia lo alto. Vinieron los cambios, las especulaciones, la nueva clínica Madrazo (hoy Mompía), y con los nuevos aires se fue la palmera, esa que ya no podría volverse tan niña niña como cuando era una niña con cintura de pulsera. Nadie pensó en transplantarla o preservarla. Y nos dijo adiós, como adiós nos dijo la araucaria azul de los Jardines de Pereda, tal vez el árbol más lindo que Santander haya visto nunca, ese que se desplegaba a modo de cortina vegetal sobre uno de los senderos del parque. Se argumentó que podría desplomarse sobre el camino (¿cuántos árboles no habremos visto apuntalados o asegurados contra tal eventualidad en medio mundo?), que obstruía el paso (¿tan costoso es caminar cuatro pasos para tomar el camino alternativo?). Y se la llevaron.

Y es que en Santander, los árboles molestan. Los paseantes de Reina Victoria lo dijeron hace tiempo cuando clamaban por una tala masiva de vegetación que les permitiera disfrutar del paisaje (y digo yo ¿cómo va a disfrutar de un paisaje quien no es capaz de sentir parte del mismo a sus árboles?). Los vecinos de Menéndez Pelayo suelen quejarse de que quitan luz a sus ventanas (pero aportan sombra en verano, verde de vida).

Y ahora, han sido los pinos de Pérez Galdós los que han sido cercenados por esa aversión de nuestros munícipes a todo lo que no sea cemento y comisión. Los parques, que sean muchos, pero que no molesten, que sus árboles sean esqueléticos y breves, para no dar sombra ni robar espacio, y que estén sus ámbitos bien delimitados, no sea que perdamos un par de bloques por su culpa. Nuestros munícipes firmarán todas las cartas ecológicas necesarias, afirmarán que Santander es una ciudad respetuosa con el medio, gastarán dinero en libros que hablen de nuestros pájaros (qué tristeza esos pájaros sin árbol), sustituirán hierbas, plantarán flores, buscarán arbustos exóticos y decorativos, embiscarán las excavadoras contra los espacios trazados por la naturaleza para echar cemento de constructor y hierbas de diseño y hacer un parque artificialmente naturaloide. Y mientras tanto, seguirán cortando árboles y árboles, sin enterarse de que son también patrimonio de nuestras almas, que hasta el Gobierno de Cantabria los reconoció en su imprescindible catálogo de árboles singulares que salvó tantos viejos y magníficos ejemplares de esos que en sus pueblos llaman La Cagigona, El Roblón, El Abuelo, etc. Y que tantas ciudades enseñan a amar esos perfectos sistemas de hoja, rama y tronco que nos limpian el aire, nos aportan sombra, nos protegen frente a los ruidos, nos deleitan los sentidos.

También para los árboles otro Santander debería ser posible, debería crecer esa ciudad respetuosa con el medio y enamorada de sus vecinos vegetales. Ese Santander verde, que lo quiero verde.

jueves, octubre 05, 2006

CRUZANDO EL RUBICÓN


CRUZANDO EL RUBICÓN

Acostumbrado a escuchar a medio Santander que en esta ciudad nunca pasa nada, empiezo a pensar que criaría una úlcera o un over-stress si pasara (o pasaría, en jerga local).

Hace unos días, me las vi y me las deseé para hacer al menos ligero acto de presencia en tres inauguraciones que me interesaban: la de las fotografías realizadas por los alumnos del taller de imagen de Pablo Hojas, que ocupaba la Sala de Expos de Caja Cantabria en Tantín (en la edición poetas en blanco y negro sale el menda en un estupendo y divertido retrato disparado por Javier Lamela), la que homenajeaba a Ricardo Cavada en el Mercado del Este (tuve la suerte de llegar cuando Piñeiro y su cohorte se marchaban), un poco reiterativa, todo hay que decirlo, y finalmente acabar en antro alternativo con DJ, arriando velas San Simón arriba en Col-Arte, donde Dodi Le Chic exponía sus diseños.

Hoy andaba yo más perezoso, cosas del otoño, así que para evitar la cohorte de Piñeiro no fui a la inauguración de El Puente de La Visión (pero le prometo a Carretero y a Concha García hacer acto de presencia por la muestra) pero disfruté de la muestra dedicada a Emilio González Saiz (pero qué bueno es este pintor, por Belenos) en la Sala de Marina Civil, patrocinada por San Francisco Javier Marcano, maestro ejerciente de ceremonias e introductor de la muestra con ese tono entre pedante y socarrón que tanto le gusta. Las pinturas de Emilio, espléndidas, con sus obsesiones permanentes de pájaros, acantilados, glaciares, montañas, pintura dentro de la pintura, y siempre con esa luz fría y extrañamente aséptica que hipnotiza las miradas y acaba recreando una especie de dura alma del norte. Tengo un dibujillo suyo, pero algún día prometo comprarle un cuadro. Lo necesito.

Al contrario de lo que suele pasar, me marché en cuanto empezaron a salir los canapés, rumbo al Rubicón, donde Alberto Santamaría, Vicente Gutiérrez Es-Pera y el patriarca Noé presentaban sendos números de Anémona (proyecto poético-surrealista) y Nadadora (proyecto poético-naïf). Como siempre, unos cuántos poemas leídos por sus autor@s sirvieron como puesta de largo a las revistas, y así oscilamos de los amigos sádicos de Vicente, siempre en guerra contra los saltamontes, el look Veronika Lake de Marián Bárcena (muy buenos los poemos, que conste) y el misticismo transverbal de Raquel Serdio a la ironía estupenda de Alberto Santamaría (chachooo, escribe algooo, que siempre lees los mismos) o las aportaciones al proyecto de vida surrealista de Noé Ortega (qué te vas a esperar de este chico, estudia teleco: no puede ser normal).

Carlos, mi ex-profesor de Geografía e Historia del Arte en el Insti, Martuka, la que lava mejor los caracoles en las playas de Galizano, y Alberto Santamaría, preocupado porque Pablo decide intentar la telequinesis con sus juguetes en vez de gatear a por ellos, fueron la compañía estable entre birra y birra (como siga a este ritmo de ingesta de coronitas me van a condecorar en México como a Lourdes Royano, que ha ganado no sé qué premio, seguro que no por su buen gusto literario). Una velada estupenda, hablando de lo divino y de lo humano, rodeados de buen rollo, gente interesante y hasta gente alternativa cuidadosamente descuidada.

Cuatro apuntes para terminar este texto que parece de Jesús Pindado (diossss) con tanto nombre. Lo mejor de la noche, un morenazo con media barba que entró cuando casi salíamos con los cuidadosamente descuidados ... mmmmmmm.
Otro dato, que tendría que haberle atacado a la yugular, jeje, al fin y al cabo el Rubicón tiene el honor de lucir en sus paredes desde hace muchos años ese cartel nada visto en Santander de "este local no tolera conductas homofóbicas e invita a sus clientes gays y lesbianas a comportarse con naturalidad".
Tres: La gente empieza a creer posible el Santander posible. Alberto, Daniel y Carmen, en diversos momentos del día, me mostraron su simpatía por el proyecto que encabeza Jesús Cabezón y se mostraron dispuestos a trabajar, aportar ideas y colaborar tanto como haga falta. Ilusión y compromiso es lo que hace falta, y lo que se empieza a ver. Va a ser que sí.
Cuatro et fine. Por fin he descubierto la mejor salida para la estatua del burro y el caballo de la Plaza del Ayuntamiento. Becar trimestralmente a jóvenes creadores plásticos para que la intervengan. Así estarán contentos quienes desean que el tirano siga presidiendo la ciudad, y probablemente también quienes de no quitarla optarían por darle un poco de glamour.

En fin, cruzado el Rubicón, alea iacta est.

martes, octubre 03, 2006

EL TERCER HOMBRE


EL TERCER HOMBRE

Bueno, parece que por fin están todas las espadas en alto, al menos las que salen con opciones a ocupar sillones municipales tras la cita con las urnas de las gentes de santander el próximo mayo.

Como la mayoría de los que entráis por el blog sois peña controlada, jeje, no os extrañará que escriba esta entrada, ni que la haga (intentando ser objetivo en lo posible) para mostrar mi contento por la nominación de Jesús Cabezón como cabeza de la lista del PSC-PSOE en las próximas municipales. Y es que me parece que estamos cerca, muy cerca, de conseguir por fin un cambio en las envejecidas instituciones santanderinas.

De Jesús se ha comentado ya prácticamente todo, así que me limitaré a apuntar las bondades de su perfil. En primer lugar, se trata de un hombre con experiencia como concejal, diputado regional, diputado europeo, además de sus cargos institucionales en Caja Cantabria. Conoce al dedillo el funcionamiento de las instituciones y en todas ellas ha dejado poso de buena gente, de hombre responsable, dialogante y competente. Algunos opondrán a su experiencia un "ya, pero era mejor un candidato joven". Bueno, depende del joven. Si un joven tuviera un perfil cercano al de Cabezón, estupendo. Pero esta oportunidad de que mi ciudad cambie quiero que sea sobre seguro, sobre unos hombros capaces de asumir y sacar adelante el reto.

Por lo demás, se trata de alguien tranquilo, abierto, progresista, cercano, alguien que no despierta recelos entre ningún sector ciudadano, y que además va a conseguir llevar bastante unido al PSOE de Santander detrás de su proyecto. Jesús estuvo a punto de ser el primer alcalde democrático de nuestra ciudad. En el 79 el proyecto se frustró porque los regionalistas optaron por abrir con su abstención el paso a Juan Hormaechea. Pero ¿os imagináis qué diferentes serían Santander y Cantabria de haber sido Cabezón y no el zarísimo Horchi ese primer alcalde?¿qué sustos de corrupción, megalomanías y compras de actas de diputado nos hubiéramos ahorrado?
Creo que Santander hoy sería una ciudad más articulada socialmente, mejor equipada en deporte, cultura, servicios sociales, una ciudad más humana en todos los aspectos.

Y para los que siguen con esa cantinela del todos son iguales (injusta y falsa). Tras casi 30 años en primera línea política, Jesús sigue viviendo donde vivía entonces, allá por Castilla-Hermida, conduce un coche "normal", y pasea por Santander con su esposa Toñi saludando, charlando y mostrándose como la Persona, con mayúscula, sí, que Jesús ha demostrado ser.

Que yo hubiera votado al PSOE con independencia de su candidato, es algo fuera de duda. Que Jesús me provoca una ilusión y una esperanza que otros no me hubieran infundido, también.
Y encima es poeta. Ojalá Santander encuentre de la mano de Cabezón y de una vez por todas el camino irreversible de la modernidad y deje de ser el caduco balneario pijo al que algunos han intentado condenarnos. Ojalá.
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Un Santander Posilbe by Regino Mateo is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
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