NUEVE HOMBRES SIN PIEDAD
(o Qué barato resulta matar homosexuales en Vigo)
"Dejan en libertad a un asesino confeso, espero que les quede en la conciencia toda la vida".
Esta frase tremenda y lapidaria fue la que Marta, la madre de Isaac Pérez Triviño, dirigió al jurado popular que no se atrevió a sostenerle la mirada, ni siquiera a mirarla de reojo, en Vigo, después de haber declarado inocente a Jacobo Piñeiro, que en julio de 2006 mató violentamente y con una brutalidad extrema a dos jóvenes homosexuales, Isaac Pérez Piñeiro y Julio Anderson, en julio de 2006.
Puede que sea mi formación jurídica la que me haga poner ciertas distancias con toda noticia relativa al ámbito judicial, puede que entonces me acostumbrara a la idea de que siempre hay dos razones en conflicto, de que un juicio debe valorar de manera equilibrada ambas y resolver de la manera menos injusta posible. Puede que esa idea siga viva dentro de mí a pesar de tantas noticias que nos han venido mostrando desde entonces cómo tantos jueces prefieren imponer sus prejuicios religiosos o políticos, sus seguridades personales, por encima de cualquier interpretación de la ley, sin que les importe una higa el daño causado. Jueces a los que llevan tiempo sumándose decisiones incomprensibles de jurados populares que parecen más dispuestos a sumar compasión o miedo a los criminales que un mínimo respeto a las víctimas.
Y por eso cuando tuve noticia de la absolución del tal Piñeiro estuve leyendo varias reseñas, comentarios y valoraciones del juicio (consciente también de que también hay que tener mucho cuidado con qué y cómo recoge la prensa una noticia) para tratar de formarme una opinión que acabó siendo un escalofrío. Y es que cuando el propio Fiscal Jefe de Vigo considera la resolución incomprensible y apunta que ninguna persona con conocimientos de Derecho hubiera dejado suelto al autor de las muertes afirmando además "que de repente se considere que dar muerte a dos personas con 57 puñaladas no merece ni un año de prisión, chirría" nos da mucho que pensar.
Los datos del crimen son estremecedores por el nivel de ensañamiento, por la sangría provocada sobre los dos jóvenes a pesar de que las primeras puñaladas a Julio eran ya irreversibles (el jurado ha llegado a decir que el hecho de que además de las tres primeras puñaladas, las tres mortales según los forenses, le apuñalara 30 veces más "no demuestra intención de matar"). Ha llegado a afirmar que el autor confeso tenía miedo de ser violado y asesinado, que era él poco menos que la víctima y había actuado en legítima defensa, también al matar a Isaac, y eso después de que con una puñalada le dejara impedido el brazo, le siguiera mientras el chico se encerraba aterrado en una habitación para llamar a la policía, tenía el cuajo de derribar la puerta del cuarto y apuñalarlo repetidamente hasta dejarlo exánime, y aún más cuajo, el de permanecer en la vivienda varias horas, registrarla y llevarse varios bienes.
Pero el pobrecito estaba, lo ha dicho un jurado, aterrorizado ante la posibilidad de ser violado. Una vez más la mierda del "pánico homosexual" como excusa, esa curiosa epidemia del miedo a los perversos homosexuales o a confirmar el temor de la propia homosexualidad (así es como han definido el "pánico homosexual" los psiquiatras, así a grandes rasgos lo explica en un artículo periodístico Luis Rojas Marcos, que lo aplica a tanta manifestación absurda y denigrante contra la igualdad de derechos de las personas homosexuales, extrañado de la rara epidemia que estaban viviendo entonces en Estados Unidos -el artículo es de 2003- y que poco a poco contagió a tantos miles en nuestra España). Así que es posible matar a dos personas, hacerlo con una crueldad extrema, confesarse culpable y salir libre en España. Pero ojo: hay algunas condiciones. Tiene que haber un acusado que tenga miedo a los maricones, mucho miedo. Tiene que haber un jurado popular de miradas gachas que se contagie del pánico homosexual del acusado. Los muertos tienen que ser homosexuales, seres, esto es, cuya vida al parecer y para ciertos "buenos y respetables ciudadanos" no vale una mierda; y si uno es brasileño y negro, miel sobre hojuelas, que asusta más.
¿Imaginan posible la misma decisión con el mismo jurado si las víctimas hubieran sido dos hombres heterosexuales¿ Y todavía más, ¿si hubieran sido dos mujeres? Francamente, yo no. Y mientras los de siempre, también muertos de miedo, intentan evitar que simplemente se mencione la homosexualidad en un libro de texto, acciones vergonzosas como ésta dan más valor a la necesidad de educar, de superar prejuicios y estupidez, de desterrar miedos absurdos, de luchar contra la violencia homófoba de los que a lo molotov dan "matarile al maricón" y los que se sienten de nueve en nueve a reírles la gracia.
No soy capaz de imaginar el dolor de Marta Triviño, de imaginar su impotencia ante el segundo asesinato de su hijo. Aunque estoy seguro de que el recurso interpuesto por el Fiscal acabará dando fruto, provocando la anulación de un juicio que más bien sonaba a cruel murga de carnaval y tratando de enmendar el rebuzno de nueve hombres sin piedad.
Termino con más horror. Cuando está reciente la absolución de Vigo, absuelven en Inglaterra, la civilizada Inglaterra, a otro bastardo con miedo a los homosexuales y que igualmente actúa en legítima defensa. Esta vez rompiéndole la cabeza a golpes mientras profería gritos homófobos contra la víctima, un muchacho gay de 18 años, Michael Causer, que debía de ser peligrosísimo cuando comenzó la agresión, ya que estaba dormido y borracho. Falta saber si tras la absolución de uno de los dos criminales, el segundo tendrá la misma suerte y le mataría sólo porque estaba aterrorizado ante el peligrosísimo muchacho.
También en Liverpool pueden rebuznar los tribunales. También en Liverpool el responsable ha sido un jurado popular.
¿Hasta cuándo?





















