
... Y DIOS VISITÓ SANTANDER
No cantó The River, a pesar de que lo venía interpretando en la gira como homenaje a sus fans de siempre (aquí tocó turno a The ghost of Tom Joad en la misma función, ante la pasión de una moza pancartera de la primera fila).
En fin, lágrimas que me ahorro, porque es una de esas canciones que no puedo evitar poner en relación con un corazoncillo roto y con cierto Juan de tiempos pasados.
Neuras personales aparte ... confieso ser devoto de la música de Springsteen desde hace muchos años, me confieso seducido por su sonrisa, por su compromiso, por sus canciones, por su entrega en el escenario. Y confieso haber vivido dos horas y pico memorables en El Mejillón, un tiempo de felicidad en el que conseguí olvidarme de muchas otras cosas y bucear en un mar de entusiasmo contagioso en el que cantar, bailar, palmear, disfrutar eran las únicas ocupaciones, desde ese inicial John Henry hasta la despedida de el Boss de nuestro país con un Froggy went a Courtin'.
Tiene algo de religioso, de catártico esto de los grandes conciertos en directo. Todavía más si la calidad y la pasión tienen un sello tan auténtico como el que imprime siempre Bruce Springsteen. Añado que su último disco, su homenaje al mítico Pete Seeger, me parece una grabación que se contará entre las mejores de su amplio catálogo, aunque haya medios que se hayan empeñado en hablar de música country a lo que es repertorio tradicional norteamericano, o lo que es lo mismo, un viaje desde las esencias del Negro Spiritual (Mary don't you weep ) a las viejas baladas inmigrantes e irlandesas (Mrs McGrath), los cantos de trabajo (Erie Canal) , las luchas sindicalistas (We shall overcome) o las baladas que llevaron de un pueblo a otro los mitos del oeste americano (Jesse James) . ¿Y el country? Pues que le vamos a hacer, yo no lo vi por ningún sitio.
Algunas veces he comentado (ya no sé si lo dije alguna vez en el blog) que de los grandes eventos debería quedar algo más que gruesas facturas por pagar y almacenes llenos de inútiles camisetas y libretas con el logo del Santander 250 Aniversario o del Cantabria, Tierra de Júbilo. Algo estable, quiero decir, un lavado de cara, una infraestructura, algo más que pura publicidad.
Pero dentro de los macroeventos que parecen imprescindibles ya para cualquier celebración, de la presencia de Springsteen en Santander, y en lo estrictamente personal, quedará durante mucho tiempo el sabor de una larga felicidad de dos horas y media.