sábado, abril 02, 2011

GRACIAS, PRESIDENTE


Sólo una vez he hablado con José Luis Rodríguez Zapatero. Por aquel entonces yo presidía el colectivo lgtb de Cantabria y fui invitado a la sede socialista de la calle Bonifaz de Santander a un encuentro que el recientemente elegido como Secretario General del Partido Socialista Obrero Español quería mantener con las organizaciones sociales de la región. Siempre he sido tímido, y estuve casi a punto de no pedir la palabra y limitarme a escuchar. Pero cuando se iba a cerrar el acto levanté la mano y me presenté, para recriminar la timidez, la falta de decisión con la que el PSOE afrontaba la igualdad para las personas lgtb, y terminaba diciendo que las palabras en efecto eran diferentes, pero que nos costaba el mismo esfuerzo conseguir una ley de parejas de las autonomías socialistas que de las populares. Fijaos, todavía pensábamos en leyes autonómicas de parejas, ni que estuviera hablando del Paleolítico Medio.

Poco tiempo después, José Luis Rodríguez Zapatero encabezaba el proyecto con el que el PSOE regresaba al Gobierno de España después de ocho años. Y al año justo de iniciarse esa nueva etapa de gobierno, el Congreso de los Diputados, con una amplia mayoría de la que quiso expresamente estar ausente el Partido Popular, se aprobó la reforma del Código Civil que permitía por primera vez en la historia de España y por tercera en la del Mundo el matrimonio entre personas del mismo sexo, en plena equiparación legal. Ese día, el Presidente Zapatero subía a la tribuna del Congreso de los Diputados para iniciar un hermoso y brillante discurso que comenzaba así, "España es hoy un país más decente".

No pude estar presente en ninguna de las dos jornadas que necesitó el Congreso para votar la ley primero y para levantar el veto del Senado después. Pero recuerdo haber llorado mucho en mi casa viendo en los informativos algunas intervenciones como la de la compañera Carmen Montón, la votación final, la proclamación del acuerdo y el discurso del Presidente del Gobierno. Recuerdo haber llorado porque ese día me sentía, puede que por primera vez de forma integral, plena, viva, limpio y digno ante una sociedad que había girado siempre su rostro para no verme. Y eso a pesar de seguir viviendo en una ciudad para la que institucionalmente sigo siendo invisible, alguien sin valor, o como diría una concejala del equipo de gobierno municipal con el mismo valor que una puta. Alguien que no merece un gesto o una declaración de apoyo de la ciudad en la que vive. Pero así son las cosas.

Ya sé que en estos tiempos, puede que en algunas cuestiones con razón, se ha puesto de moda en España el tiro al presidente. Al estilo de las Fox News norteamericanas, las redes informativas han sido tomadas al asalto por manipuladores profesionales al servicio de los valores más rancios y peligrosos. Con una oposición que tal vez hubiera hecho mejor arrimando el hombro en algunos momentos de especial trascendencia ha preferido bramar al son que marcaban los opinantes e hilvanar al dictado sus discursos envenenados con constantes acusaciones de traición a la patria y de ahí en adelante.

Yo soy, he sido, crítico con determinadas actitudes y medidas del gobierno por el que voté en el 2004 y en el 2008. Y al que votaría sin temblores ni dudas en el 2012 si se presentara a por la reválida. Pero ya estarán demasiado ocupados los profetas de la catástrofe mientras brindan felices por el anuncio de José Luis Rodríguez Zapatero de no presentarse como candidato en la próxima convocatoria electoral enumerando los fallos y debilidades, y convirtiendo en fallos y debilidades las primeras y mejores virtudes y compromisos del leonés como para abrir aquí otro frente. Baste sucintamente decir que el retraso en asumir la llegada de la crisis, el tiempo perdido sin hablar claro a los ciudadanos para pedir su compromiso, y el ensimismamiento que ha hecho flojear algunos avances sociales -el acoso a inmigrantes, por ejemplo- son para mí nubes de feo aspecto que sin embargo no van a hacer que me retracte del agradecimiento que hoy quiero dejar aquí constante por las iniciativas, los avances y la gestión de la libertad del Gobierno encabezado durante dos legislaturas por Rodríguez Zapatero.

Quiero recordar la Ley de Igualdad, todos los pasos en la senda de la igualdad ya no sólo legal sino sobre todo social y cultural entre los hombres y las mujeres. El esfuerzo por convertir la lacra de la violencia de género en uno de los primeros y más urgentes problemas de la agenda política. Quiero recordar las leyes que han ido afirmando el piso para la igualdad de las personas lgtb, la del matrimonio primero, la de identidad de género después, la de equidad de trato en la que se está trabajando. Veo cada día cómo las condiciones de vida de muchas personas en mi barrio han mejorado gracias a la Ley de Dependencia y a la correcta gestión de la misma por mi Comunidad Autónoma. Agradezco el esfuerzo por modernizar el tejido productivo y energético. Sí, también le doy las gracias por haber intentado por todos los medios, diálogo incluido, y como era su obligación, el final del terrorismo etarra. Y las gracias por haber permitido a casi un millón de personas que vivían en los márgenes de nuestra tierra regularizar su situación, a pesar de lo duro que ha seguido siendo el camino para los inmigrantes, una dureza que conocí bien en el tiempo invertido en tratar de que Leo llegara a España, y lo hiciera con papeles y dignidad.

Quiero darle las gracias a José Luis Rodríguez Zapatero, sí, con voz clara y alta. Porque gracias a su apuesta por la ciudadanía activa, por la igualdad, por la modernidad y el progreso he estado muchas veces orgulloso de ser español, y he recibido con una gran sonrisa los comentarios de tantos amigos extranjeros para los que nuestro país se estaba convirtiendo en todo un referente de los avances sociales. A pesar de la crisis que puso freno a tanta ilusión, a pesar del desconcierto que arrastró y que hundió en el pesimismo a tantas voces y a tantos ideales. A pesar de haber tenido que luchar cada día contra las insidias y las agresiones constantes.

Gracias, Presidente.

O como dijo en una película la cineasta italiana Sabina Guzzanti, proponiendo a nuestro presidente comprometido y entonces bien claro en su apuesta por la izquierda como alternativa al sistema rocambolesco y pervertido de Berlusconi, ¡Viva Zapatero!

viernes, abril 01, 2011

NOSTALGIAS DE KIOSCO


Que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos es algo que ya sabíamos, sin necesidad siquiera de temblar al escuchar el terrible vaticinio al escuchar la bella canción a dúo entre Pablo Milanés y Mercedes Sosa. Algo que ya sabíamos pero tuvimos que reconocer ya sin que hubiera lugar para juegos improcedentes y complejos de Peter Pan cuando los mercados, esos de la mano negra que nos están hundiendo, se dieron cuenta de que estábamos ya listos para la nostalgia.

No sé cómo empezó todo, tal vez con el anuncio de Coca Cola que exaltaba la generación de quienes fuimos adolescentes en los 80 y nos recordó los tejanos lavados con lejía, las hombreras, la pasión por Eurovisión, los discos de vinilo y las gafas imposibles de las azafatas del Un, dos, tres.

Pero hace unas semanas volví a tropezarme con el pasado en los kioscos, en una recuperación que hace Planeta-Agostini de aquella mítica colección, Joyas Literarias Juveniles, en la que tanto leimos, tanto aprendimos, tanto soñamos. Esa colección que todavía tendrá un buen centenar de cuadernillos en la buhardilla de Reinosa o en el trastero de Santander y que me fue ofreciendo por quince pesetas, veinticinco, setentaycinco un poco más tarde, una buena parte de los títulos más señalados de la literatura de aventuras, de la ciencia-ficción, al lado de buenas novelas realistas y hasta de algún que otro guiño a la santurronería ambiente. Una generación de ilustradores espléndidos nos fueron recreando de forma anónima (aunque no es difícil rastrear talentos de la talla de Víctor Mora y su inconfundible estilo) los títulos de Dickens, de Karl May, de Verne y Salgari, de Poe. "Corazón" y "Mujercitas" junto a "Tom Sawyer" y "Los Viajes de Gulliver" se iban amontonando después de aquellos chantajes emocionales a los que sometía a la Tía Chavita (voz melosa, niño pegadito y mimoso que tiraba de las faldas del abrigo de la generosa mujer mientras susurraba "Chaviiiiiiii, me compras un cuentoooooo") para acercarnos juntos al kiosco y sufrir la tortura de seleccionar sólo uno de los expuestos y anticipando cuál sería el elegido en el chantaje del día siguiente.

Siempre he continuado leyendo, aunque hay una cierta bruma que me impide recordar con exactitud qué clásicos he leído en su versión de las Joyas Literarias y cuáles llegaron completos. Pero allí estuvieron, allí están, "Ivanhoe" y "Viaje al centro de la tierra", "Un yanqui en la corte del Rey Arturo" y "Los últimos días de Pompeya", "Historia de dos ciudades" y "La cabaña del Tío Tom".

¿Cómo no volver a caer en la tentación, cómo no, así lo cantaría Enrique Urquijo, volver a ser un niño?

miércoles, marzo 30, 2011

IMPUESTOS REVOLUCIONARIOS


Decían en Roma, en la clásica que no en la capital de Berlusconia, que la mujer de César no sólo debía ser honrada, sino además parecerlo. Reescribió Maquiavelo en Florencia el adagio, proponiendo que nada importaba que la mujer de César fuera o no honrada, siempre y cuando lo pareciera.

Corren vientos extraños, con cierto tufo a la podrida Dinamarca de Hamlet, que han obligado a una nueva reescritura en Santander. Qué más da que la mujer de César sea honrada, o no, o mediopensionista. Y sobre todo, qué más da que lo parezca o no si la ciudadanía no sólo aguanta todo sino que además ríe las gracias (y sí, me he leído "Indignaos" de Stèphane Hessel, como me leí en tiempo y modo "Antes del fin" y "La resistencia" de Ernesto Sábato).

No es la primera vez que en los pomos de nuestros domicilios particulares aparece una bolsita de plástico con una revista anónima en su interior, editada con buen papel, de esos de muchos brillos, con grandes e impactantes fotografías y de autoría anónima. En efecto, en las pasadas elecciones municipales, allá por el 2007, en mi escalera nos lo encontramos colocado puerta a puerta un sábado sabadete, víspera de la convocatoria electoral y en consecuencia jornada de reflexión. Pero claro, como Nadie había editado el panfleto y Nadie era responsable, Nadie estaba infringiendo la legalidad vigente con aquella sucesión de infografías, inauguraciones y primeros y sonrientes planos todos ellos dedicados a uno de los candidatos.

Esta vez, el panfleto tiene menos fotos del candidato (dará por supuesto que ya es debidamente conocido tras luchar bravamente durante cuatro años por no desperdiciar una sola foto), pero repite algunas de las viejas fotos -así pensamos que es fruto de su gestión lo que ya nos vendió la corporación anterior-, incorpora nuevas infografías -para que creamos que es realidad lo que, como la vida, es de momento sueño, y se apropia de obras que han sido financiadas por otras administraciones o incluso realizadas íntegramente por otras administraciones. Pero que revestidas de ese Azul Gaviota Reidora corporativo que tanto encandila a Ann Bottle transmiten un exacto y claro mensaje.

Se ha repartido, al menos por mi barrio, en tiempo adecuado. Por lo que no sé qué recelos habría para distribuirlo firmado. Claro que a lo mejor no ha llegado todavía a todos los hogares, y las nuevas remesas entrarán ya en proceso de dudosa legalidad y obvia falta de principios. También es cierto que se reparta cuando se reparta, supongo que será mejor no contabilizar los costes, que de seguro no serán bajos, de los miles de ejemplares editados y repartidos como ayudas a un determinado partido y a un determinado político de las empresas que imaginamos han cubierto su cuota, pagado favores varios o anticipado mercado cuatrianual hacia el futuro, a través de publicidad.

Hacía ya tiempo que se venía escuchando por esos bares capitalinos algo sobre los dineros solicitados de empresa en empresa (todas ellas con adjudicaciones o pendencias en el ayuntamiento que al parecer con estos modos napolitanos "ahora es más") como para que nos haya pillado de sorpresa el anónimo regalo.

Pero así son la cosas. No basta con la financiación regular, no basta con las publicidad institucional que pueda corresponder para explicar a la ciudadanía la gestión realizada. Y no bastan porque una y otra han de realizarse con transparencia.

Supongo que porque para muchos, o para algunos, o para los que sea, los fajos de billetes y las fotografías con brillantina resultan más excitantes con cierto olor a podrido.

sábado, marzo 26, 2011

CARTA DE CUMPLEAÑOS


Querido Leo:

Recuerdo que alguna vez te hablé de "Cartas de cumpleaños", ese libro de poemas con el que Ted Hughes recupera momentos, emociones, experiencias de su vida junto a Sylvia Plath, indagando tal vez en las causas del sucidio de la escritora, celebrando los momentos compartidos, recordando y recordando. Ese libro que me fascinó desde que descubrí por vez primera algunos de sus poemas y que he devorado tantas veces en la edición de Lumen.

Me gustaría ser algún día capaz de tejer otras cartas de cumpleaños, otra larga serie de poemas en las que seas tú quien brilla, el protagonista absoluto desde el centro del escenario. Tal vez sea capaz, cuando se amanse el dolor y cuando las palabras vuelvan a significar emociones y pensamientos bajo control y no sólo furia y ausencia desbocándose. Aunque yo no tenga el talento de Ted Hughes y el resultado no vaya a ser, claro que no, tan brillante.

Hoy hubieras cumplido 33 años. Hoy deberíamos haber estado juntos, bajo esta primavera perfecta que ha aterrizado a tiempo en Santander, comiendo a tu salud en algún sitio lindo y preparando una pequeña fiesta pueden que en Trashville, para que pudieras estrenar coqueto como siempre la camisa o el jersey que ayer te habrían regalado Mayka y Milagros.

Pero no fue posible. Tú, el fuerte, el capaz de enfrentarse sin miedos a las aventuras y los riesgos, el que venía de una historia difícil y de un difícil arraigo, el que miraba de frente y que se hacía transparente en la alegría y en el enfado, el que se comía el dolor para no molestar a los demás, el superviviente que estaba seguro de superar sin problemas lo que sería con el tiempo sólo otra prueba, no pudiste con el cáncer. ¿Recuerdas cuando me decías, Regi, no estés triste, no me mires así: Yo me voy a curar, porque tengo muchas cosas por las que vivir y quiero seguir vivo? Y fui yo, el blando, el torpe, el que se rompe con tanta facilidad el que tuve que quedarme para comprobar lo difícil que es enderezar si ti el rumbo, para comprobar con qué injusta facilidad el mundo puede de pronto desplomarse, y cuánto cuesta hacer pie de nuevo.

Contigo encontré algunos de los momentos más maravillosos de mi vida. Había llegado a creer que el amor no estaba hecho para alguien como yo (como te enfadabas cuando te lo decía y me recriminabas que me "tirara para abajo", que eso te convertía en un tonto y que tú sabías muy bien con quién estabas y por qué), había llegado a resignarme a tantas cosas, que fuiste como un huracán de alegría. Dormir a tu lado, abrazándote, ver la televisión apoyándome en ti, encontrarte en la calle y darte un beso, tratar de sorprenderte, de mimarte, de no dejar pasar un día sin decir "te quiero". Aprendiendo a pensar en plural, a pensar en "nosotros", a pesar de tantos años escritos en clave de "yo", a pesar de lo difícil que fue al principio acompasar nuestros ritmos.

Te sorprendería cómo se me han ido durmiendo tantas ilusiones y tantos compromisos. Supongo que algunos proyectos habían llegado antes de ti, para llenar vacíos; otros, cuando ya estabas conmigo, porque quería que estuvieses orgulloso de mí, que sintieras que yo también podía brillar un poco. Y eso a pesar de ser consciente de que cuando tú entrabas en un espacio y sonreías, ya no cabía más luz. Se me ha ido cayendo de las manos la aventura política, se me ha ido pudriendo Santander en el corazón, tanto que creo que necesito salir de aquí y encontrar otra raíz bien lejos, tengo aparcada la poesía, ahora que la necesitaría tanto, con las pruebas del libro que dejé sin corregir para estar pendiente de ti en los últimos meses en la misma carpeta y en el mismo punto.

Han sido meses de amigos, de grandes y buenos amigos, esos a los que una vez llamé "hadas" y que no me han permitido caer. Entre ellos las dos mujeres tan especiales que tú me "regalaste". Y tu hermana Marilia, siempre pendiente. Tanto que ya les prometí a ella y a tu madre, y a Lorelei, visitarlas en Uruguay, y aprovechar para pasear solo por las calles de Rivera en las que fuiste niño y que tan poquito te gustaban, por las de Montevideo que sentían tus pasos cuando yo tuve la suerte de conocerte. Las de esa Colonia del Sacramento que querías enseñarme como hermosa memoria del tiempo colonial. Porque cada viento bebido en la tierra de la que llegaste será como compartir de nuevo un poco de tiempo contigo. A solas. Como será estar a solas contigo el proyecto de Italia, que se frustró pero que tendrá que llegar.

Cinco meses ya, Leo, cinco meses. Y tú aquí, en las calles, en los bares, en los cajones, en las comidas, en las canciones, en las esperanzas, emboscándote para no marcharte nunca, para seguir dando voz a toda la gana de vivir que llevabas dentro.

Y yo queriéndote y queriéndote y sintiéndome huérfano cada día, muriéndome de frío en la cama, descuidándome y echándote tantísimo de menos.




martes, marzo 22, 2011

ESTAMOS LEYENDO ... "LA EDAD DE LA IRA" DE FERNANDO J. LÓPEZ



Soy consciente de que al Putojacktwist le gusta casi todo lo que lee, o al menos que sólo reseña en sus crónicas culturales de DosManzanas lo que le gusta. Y es que frente a perversos polimorfos como el escritor de este blog, da gusto encontrarse con personas amables que siempre saben encontrar el lado luminoso: no vean la tranquilidad que nos da saber que nuestras próximas escrituras en forma de libro podrán contar con su probada benevolencia.

El caso es que fue en uno de sus imprescindibles "Desayunos en Urano" de los viernes donde encontré la referencia a la novela de Fernando J. López y en sus palabras en las que encontré más que suficientes motivos para proponerme su lectura. Alguna conjunción astral quería que accediera al libro, porque esa misma tarde, de fisgoneo por Estudio, me la encontré de frente y, ya se imaginarán, me faltó tiempo para comprarla. Y para dar prioridad a su lectura.

Ya tuve un pequeño debate hace unas semanas sobre mi posible obsesión con la homosexualidad. Así que voy a tratar de explicar el poder de atracción que de entrada tuvo para mí "La edad de la ira". Sí, habla, entre otras muchas cosas, de los invisibles, de un estudiante gay en un instituto y una familia nada gays, y ya se sabe que los adolescentes, al modo de los ángeles, no tienen sexo. Y también de un profesor de secundaria gay, y ya se sabe que los padres se escandalizarían y armarían la de dios-es-cristo si supieran los terribles riesgos que sus hijos corren cerca de estos viciosos desalmados. Tal vez por eso yo, que fui adolescente gay en un instituto nada gay, y fui profesor gay de adolescentes en un centro donde, a pesar de todo, mi orientación no ofrecía problemas, supe con la reseña de José Luis que por primera vez podría verme, leerme, identificarme de forma más o menos plena con algunos personajes y situaciones de la novela. Salir del silencio es importante, abandonar la sombra, olvidar la invisibilidad. Aunque sea tan tarde, y aunque en cierto modo se nos haya condenado previamente a vivir una especie de adolescencia eterna en busca de nuestras referencias.

Pero "La edad de la ira" es mucho, muchísimo más que una novela en la que dos personajes principales sean homosexuales. De hecho, su mayor atractivo reside en un viaje inmisericorde a las bambalinas de un instituto de Secundaria en la actualidad, un viaje bien fundamentado desde la propia experiencia docente de Fernando J. Lopez que nos propone la reconstrucción de "los motivos del lobo", de las causas de un brutal crimen que se nos cuenta en las primeras páginas y que intriga a un periodista hasta el punto de llevarle al IES Rubén Darío, su antiguo instituto, para tratar de comprender la violencia que late bajo esa edad de la ira. Los compañeros y compañeras del instituto, sobre todo varios profesores, irán narrando su experiencia con el asesino y nos irán abriendo grandes interrogantes no sólo sobre la autoría del crimen, sino sobre sus propias valoraciones ante los engranajes oxidados que impiden que nuestro sistema educativo fluya.

La novela es una de esas con verbo fácil, estructura sencilla, que se lee de un tirón y que se preocupa más por contar una historia con claridad y pasión que por adentrarse en pastizales formales. Lo que no impide que Fernando J. López haya creado un particular mosaico construido a partir de fragmentos, conversaciones, informes y correos electrónicos, redacciones de clase, que nos permiten organizar el material narrativo desde nuestra propia mirada, y al mismo tiempo dar verosimilitud a las diversas voces que toman la palabra y concretan su propia experiencia en las vidas y en las aulas. Una historia limpia, en la que tengo la impresión de que el autor está detrás de muchas reflexiones, no sólo tras el curioso periodista, que adopta modos de novela negra pero rompe varios de sus códigos esenciales. Y sobre todo que da vida y voz a personajes secundarios de nuestra sociedad, a esos profesores y estudiantes implicados en un tiempo tan delicado del desarrollo humano como la adolescencia. Esa adolescencia de la que todos hablamos, a la que todos juzgamos, pero que tan pocas veces intentamos entender.

Decir de un libro que se ha disfrutado, que se ha leído con una pasión que se encendía para dialogar con la pasión obvia del autor es ya mucho. Sin duda, un pequeño gran hallazgo para sumergirse durante unas horas y quedar bien mojado de frescura.

viernes, marzo 11, 2011

MOMENTOS ESTELARES: VOLARE, OOOOHHHH


Me dice Glendamaría que tampoco es necesario hacer mucha sangre, y que todos los que me conozcan lo tendrán claro. Pero por si acaso, tengo que afirmar que el deporte no es lo mío.

Y mira que me he esforzado por intentar mantener el equilibrio sobre esos vertiginosos artefactos de dos ruedas en el reinosano Parque de Cupido. Que he intentado atravesar a nado el trecho entre el Billy Budd y la Isla de Santa Marina sólo para darme cuenta de que los ataques de asma a media travesía son más bien peligrosos. Que estuve a punto de fichar por un circo después de un fabuloso partido de fútbol escolar en el que conseguí mantenerme varios minutos sobre el balón con una sola pierna antes de estromparme en un charco de barro (¿por qué será que llamábamos El patatal al campo de la competición?). Pero cuando es que no, es que no.

Campurriano de ancestros y crianza, era cuestión de tiempo que a alguno de los nenes de la tropa se le ocurriera intentar esquiar. Y cuestión de tiempo que Papa-Rukaegos nos apuntara a un clús de montaña, nos equipara como Alberto Tomba manda y nos enviara a las montañas nevadas aunque, por fortuna, sin banderas al viento, que los tiempos eran ya muy otros. O dejémoslo en un poco otros.

Tuve un cierto éxito en mis prácticas de alisapistas culero en mis primeros entrenamientos. Haciendo todo un esfuerzo por dejar claro que el equilibrio, físico o mental, y yo no tenemos nada en común. Y descubriendo la mantecofobia de un monitor capullo de la Escuela Española de Esquí que se pasaba las mañanas gruñendo a voz en grito "¿Dónde coño está el gordo?". Razón más que suficiente para que el gordo se camuflara adecuadamente entre las nieves del suelo y se mordiera la lengua pensando en cómo gestionar todo aquel rencor a futuro y echando de menos todo el repertorio de insultos y comentarios mordaces que a buen seguro aprendería algún día en los libros que semejante engendro nunca leería.

Pero no fueron las caídas tontas, ni las caídas listas, ni cuando me perdí en la pedregosa pista de Las Ollas una tarde de impenetrables nieblas, ni cuando me enredé con el telesquí y subí a rastras la mitad de La Tabla, los episodios que justificaron un momento estelar. No. Ese espacio privado y privilegiado corresponde sin duda a mi pasión por el vuelo. Que amaneció de pronto justo el día en que por vez primera tomé el telesilla para subir hasta el extremo más alto de la pista bautizada como El Chivo. Con bellísimas vistas sobre el Valle de Polaciones que ni siquiera enturbiaba la evocación de las albarcas de Revillapresidentix.

Se suponía que las sillas eran mucho muchísimo más fáciles de manejar que las perchas del telesquí. Y que cuando llegabas al fin del trayecto, un pequeño empuje de cadera y culo te desplazaba amablemente por una ligera rampa que te conducía entre caricias frías al nacimiento de la pista. En esas instrucciones y ensoñaciones andaba yo cuando de pronto la puta silla llegó a destino sin que yo me enterara, y comenzó de nuevo a elevarse.

Supongo que pensé que la silla iba a atravesar luego alguna turbina devoradora de patosos, o a chocar contra las poleas, o a provocar un colapso nervioso en el personal que me miraba con cara de ¿pero qué hace este imbécil? Tal vez fue que me incendió la previsible vergüenza de llegar de nuevo al origen con el culo pegado al madero y con cara de preguntarme todavía cómo se manejaba aquel trasto diabólico. Lo único que quedaba claro era que yo tenía que hacer algo, y lo hice. O sea, salté desde una altura de unos tres metros, volando cual grácil garza de las riberas, o como pato cebado de los estanques, rodeado por la música celestial de los empleados de la estación que entonaban su más surtido repertorio de insultos, juramentos y aleluyas.

No pregunten cómo. Pero el Rukaegos volador aterrizó sin novedad en la pequeña pista de salida del telesilla, a una endiablada velocidad que obligó a los esquiadores de a pie a apartarse raudos y al acróbata a frenar con cierta brusquedad contra unas rocas estratégicamente colocadas.

Mis amigos se me acercaron, eso sí, en pleno proceso de flipping, alucinados con la hazaña heroica que, por lo visto, acababa de protagonizar, y concediendo entre grititos exaltados y emocionados que ni los más machos y machirulos se hubieran atrevido a semejante homenaje al riesgo. Tablas para qué os quiero, salimos de allí antes de que llegaran los curritos de la terminal que ya se acercaban para arrebatarme el bono para el uso de los remontes por loco de la pista.

Al sábado siguiente ya me decidí a utilizar de forma regular el artilugio, levantando el trasero en el momento adecuado. Pero por un momento de verdad creí que podía volar.

jueves, marzo 10, 2011

UN ÁNGEL PASÓ POR SANTANDER. Pequeño homenaje personal para Virginia Maquieira.


En una de las novelas de su serie del Mundodisco, mi adorado Terry Pratchett recoge un proverbio klatchiano que reza "Procura no vivir en tiempos interesantes". Pero como no suelo fiarme de los proverbios, reconozco que en muchos de los años últimos he atravesado tiempos interesantes. Con todo lo que esos tiempos tienen de interés, de pasión, de riesgo y de dolor.

Ha sido la Universidad Internacional Menéndez Pelayo uno de mis referentes personales en estos tiempos interesantes. Una especie de balneario emocional e intelectual en el que a partir de una primera oportunidad para colaborar en su ciclo tradicional de los Martes Literarios me he sentido siempre acogido y apreciado. como formando parte de una extraña familia en la que seguramente era mucho más fácil ser el primo lejano que llega de visita y que luego se marcha.

Visita tras visita se fueron generando los afectos. Afectos golondrina, que regresaban de vuelta con el buen tiempo, o que después de una intensa temporada se marchaban a la tercera catarata del Nilo para no regresar más. Pero también afectos firmes, estables. Discontinuos, claro, por culpa de la distancia. Continuos, sin embargo, por mor de la voluntad y con el apoyo de las tecnologías.

Apareció en esa familia Virginia Maquieira, como Vicerrectora de Actividades Extra Académicas. Y con ella llegó, me llegó, un soplo de frescura. Tengo presente a Virginia como una mujer capacitada para escuchar de forma asertiva, para sonreír en la escucha, para dar confianza y arrancarte tal vez sin esperarlos dudas, dolores y secretos. A Virginia como una mujer segura de sí misma, trabajadora, constante y arriesgada, empeñada en la tarea de generar un lazo afectivo entre la Universidad, su UIMP, y la ciudad de Santander. Y una mujer que supo salir airosa de ese empeño, nada fácil tras una larga historia de silencios, ausencias y vidas paralelas, y hacerlo por su implicación, por su cercanía. ¿Cómo olvidar a la Virginia que se acercaba a las colas de los martes literarios y modificaba algunos esquemas, que daba instrucciones para que le acercaran una silla a esa feliz y tierna octogenaria que es Dora, para que abrieran antes y la gente no tuviera que esperar de pie tanto rato? ¿Cómo olvidar a la que tan rápido memorizaba los nombres del público habitual, y encontraba un momento en su febril actividad para saludar, interesarse por sus intereses y vidas?

No puedo ser, tampoco quiero serlo, objetivo en mi evocación de Virginia. Han sido muchas horas en su compañía, hablando de lo divino y sobre todo de lo humano, compartiendo mesa con escritores excepcionales y analizando realidades y sueños. Muchas horas en las que también he compartido momentos relevantes de mi historia personal, tal vez porque su raíz argentina la convertía en excepcional testigo de la dificultad para conseguir los papeles y permisos de Leo, para crear a tres bandas una pequeña fraternidad rioplatense, y también del maldito tiempo interesante en el que el cáncer se convirtió en el único tema de conversación hasta que fue sustituido por la terrible ausencia. Esa terrible y dolorosa ausencia en la que nada importó la lejanía para que Virginia se hiciera presente.

Entre su vocación académica, sus tesis, sus tribunales, sus clases, sus investigaciones, y su compromiso con el proyecto de Salvador Ordóñez para la UIMP, Virginia eligió la primera parte hace unos meses. Y desde hace un par de semanas sabemos que ya no continuará como Vicerrectora, y que ya no formará parte de ese bálsamo intelectual atrincherado en los veranos de La Magdalena. Aunque estoy seguro de que regresará a Cantabria, porque ahora tiene el deber de encontrar tiempo para que los muchos y sinceros amigos que deja en esta tierra tengamos la oportunidad de devolverle un poco de todo lo que nos dio, acompañándola en el descubrimiento de esa magia de nuestras Cantabrias personales que por exceso de compromiso y de trabajo no tuvo nunca tiempo de conocer.

Sí, ya sé que los minutos y las personas pasan. Pero yo a Virginia voy a añorarla mucho. Y a seguir reservando para ella un espacio limpio y abierto en mi corazón.

Toda la suerte del mundo, Virginia. Y todo el cariño.

miércoles, marzo 09, 2011

LOS PERROS, LOS CAZADORES, LA ADMINISTRACIÓN


El precioso gordon de la foto se llama Thor. Cuando lo abandonaron en la perrera tenía tal pánico a los hombres que entraba en colapso y ni siquiera era capaz de caminar. A saber qué historia de brutalidad sádica acarreaba al lomo. Lo recogieron Sonia y Berto, dos de esos luchadores que se están dejando la piel en la salvación de los perros a los que sus presuntos mejores amigos dejaron tirados como a una basura cualquiera cuando dejaron de servir o empezaron a molestar. Dos luchadores que especialmente sensibilizados ante el sufrimiento de los perros de caza en general y de los setters en particular se inventaron un pequeño paraíso, Setterland y una asociación protectora, SOS Setter. Sí, ese pequeño paraíso en el que Thor recuperó la fuerza y la alegría, descubrió que había otra vida más allá de los cotos y las palizas, encontró la seguridad y la dulzura y ¡por fin! encontró una familia digna de esos ojitos llenos de ternura.

Seguro que no llama demasiado la atención a los lectores de este blog saber que la casi totalidad de los perros de caza abandonados no tienen chip identificativo. A pesar de que ese chip es, al menos en Cantabria, obligatorio. La ausencia de chip nos alarma ante la más que posible evidencia de que ese perro nunca visitó una consulta veterinaria. Toda una declaración de intenciones de su dueño, alguien que desde el primer momento sabe que entra en posesión de una herramienta que tirará a la basura o asesinará en cuanto deje de ser útil, y si ese es el objetivo ¿para qué dejar rastros? Que las cosas se han ido poniendo muy malas y ahora hay sanciones administrativas y penales contra el maltrato y el abandono. Aunque tanto la Administración como los jueces tengan la bonita costumbre de hacer la vista gorda.

Hubo un momento en el que pensé en adoptar a Pol, ¿quién iba a resistirse? También os hablé de Isis hace unos meses, una cachorrina de setter inglés que también bebe hoy mejores vientos. Aunque al final fue Gin la que llegó a mi casa para hacerle la competencia a Glenda. Ya os hablaré de la pequeña. Y supongo que en ese momento abrí también una puerta que me obligaba a ponerme las pilas para terminar con el sufrimiento de estos perros y para tratar de colaborar en que la penuria económica de el pequeño paraíso de Setterland no sea tan dura. Porque es una iniciativa que de verdad se merece todo nuestro apoyo.

Y lo malo es que cuando me pongo las pilas empiezo a pergeñar ideas absurdas y preguntas difíciles. Como la de qué parte de la responsabilidad asume el Gobierno de Cantabria, responsable de las políticas y gestión relacionadas con la caza en el incumplimiento sistemático de las normas administrativas en materia de tenencia de animales domésticos. La de qué parte de los gastos asumidos por las asociaciones protectoras de animales asumen o están dispuestos a asumir como parte de su culpa in vigilando.

Así que se me ha ocurrido lanzar desde mi blog un par de ideas al aire, por si me lee el consejero Oria.

1. La normativa sobre licencias y adjudicaciones de caza debería quedar condicionada a la presentación de la cartilla veterinaria debidamente sellada por un colegiado y con constancia del número de registro de sus chips. Si no hay perros identificados, no hay lote.

2. De las tasas y dineros que se mueven a partir de la actividad cinegética (y que son muchos) un porcentaje debería quedar reservado para la firma de convenios con asociaciones protectoras (he dicho asociaciones, no perreras, que no hablamos de matar perros sino de salvarlos en buenas condiciones) que permitan el sostenimiento de sus instalaciones (bajo control, no vayamos a encontrarnos con otro caso CAPAB), la manutención de los perros y su control veterinario, esterilización incluida.

3. Por supuesto, se perseguirá de una vez y conforme a la legislación vigente el abandono de los perros, y se castigará su maltrato. Que ya va tocando.

Abierto a vuestras opiniones y sugerencias, como siempre, aprovecho para haceros una petición. SOS Setter está hasta el cuello en este momento: están saturados de perros y se tienen que hacer cargo en estos días de varios más que habrán de enviar a residencias caninas porque ellos ya no tienen espacio (ya tienen varios perros en régimen de residencia). Comida, veterinarios, esterilizaciones y residencias ... demasiados gastos para sólo dos luchadores.

Estoy seguro de que ya lo habéis pillado pero ... si no te puedes hacer cargo de uno de sus perros, en adopción o en acogida, seguro que sí puedes prestar una ayuda económica pequeña o grande, o "becar" a uno de los rescatados. ¿Sí? Desde un euro a lo que quieras y puedas, todo ayuda. Por si acaso, os dejo la cuenta de la asociación en Caja Madrid.

Titular de la cuenta: Sos Setter
Número: 2038 9306 17 3001631678

Si quieres saber más, echa un vistazo a su web: www.sossetter.com

viernes, marzo 04, 2011

LOS QUE DUERMEN


Supongo que tendrá que ver con la lentitud de su respiración, con la serenidad de su gesto, con la fragilidad que les confiere su estado más vulnerable, con esa inocencia recuperada del niño, del cachorro, del ángel: siempre he sentido una extraña ternura ante quienes duermen.

Ante el gato o el perro que literalmente se desploman sobre un abismo de paz que nunca podremos conocer pero que nos obliga a preguntarnos cómo será el cielo de nuestros animales, por qué playa extensa estarán corriendo cuando las patas de pronto se les descontrolan en pleno sueño, cuando gruñen o gimen o miagan, cuando se relamen soñando con quién sabe qué delicados manjares. Cuando se estremecen como si tu mano pasara despacio, despacio, muy despacio sobre su amable lomo. Dormidos, confiados, con su cabeza a veces sobre el calor de tu propio cuerpo que les concede la seguridad imposible durante el tiempo del descanso.

Ante el joven guapísimo y de mirada hosca que se sube al autobús camino de Unquera, el que se acercó a la estación con andares chulescos, aspecto deportista y barba de dos días. Que de pronto se queda dormido en el asiento de al lado y experimenta una dulce metamorfosis, como si una nueva luz ablandara sus duros rasgos, lo aniñara, conduciéndolo a través de una respiración sostenida y fuerte hacia el reino ganado de la calma.

Nunca, sin embargo, ante las sociedades, las ciudades dormidas. Las que se dejan vencer por la conformidad y la pereza, las que se dejaron enredar en los babosos hilos de un poder que nunca pensó en ellas si no para utilizar la general abulia en propio beneficio. Las que se resignan y se adaptan para que nada turbe su inconsciencia, cómodas en la prisión de las viejas indecencias que nunca querrán sustituir por el olor a limpio de las sábanas blancas asoleadas.

lunes, febrero 28, 2011

NOCHE DE MARZAS


Somos nuestra memoria. Estamos hechos de pequeñas briznas de felicidad y de tristeza, de experiencias y sueños que se fueron haciendo nosotros a lo largo del camino.

Vivíamos en Reinosa, en un quinto piso en plena calle mayor, la que había crecido a las orillas del viejo Camino Real que en su momento uniera la Castilla palentina con los puertos cantábricos. Un mirador céntrico y perfecto para asomar la pequeña nariz entre las ventanas y observar desde lo alto, resguardados de la helada, el ir y venir de los marceros.

Qué poco hace falta para la fiesta cuando se es niño, qué noche tan especial, casi como la de Reyes o la de las carrozas de San Mateo, qué nervios los que pasábamos apostando qué cuadrilla, qué ronda, se pararía en nuestro portal, acertaría con algún timbre hospitalario e iniciaría el recorrido por nuestra escalera ("Marzo florido, seas bienvenido"). Y más nervios cuando ya escuchabas la música ante la puerta de los vecinos del primero, del segundo ... y te preguntabas si tendrían resuello para llegar hasta el quinto. Un quinto que a muchas rondas resultaba demasiado lejano, y eso a pesar de que mis padres, siempre generosos con las tradiciones, tenían por costumbre una más que buena propina para los cantores arriesgados.

Supongo que saldríamos con aquellas viejas batas de cuadros rojos y negros, con la cara asombrada y hambrienta de música, con la mirada inocente de quienes apenas comienzan a descubrir el mundo. Y que reiríamos con las ocurrencias de mi padre, siempre bromista, que sorprendía a alguna de las rondas con una cesta de huevos y unos chorizos en vez del dinerillo que, ya eran tiempos modernos, los mozos esperaban. Y luego entre risas desfacía el entuerto.

Más tarde saldría a cantar con el grupo de marzas de mi colegio, del Antares. Cantaban siempre los de octavo, los del último curso, que conseguían así unas buenas pesetas para el viaje de fin de curso. Pero como uno fue tempranero en la música y desde bien peque formaba parte de la pequeña y no mala agrupación musical que el querido Don Ramón formó en el colegio, desde los diez años me tocó salir para darle un pequeño soporte instrumental a los cantantes mayores. Y hasta uno o dos años después de terminar el colegio continué con la tradición. Uff, cinco o seis años de marzas, con el uniforme del jersey azul, la camisa blanca y la corbata roja, con la guitarra o el laúd, con mucho mucho frío y la mayor parte de los años bastante o mucha mucha nieve.

Y aquel primer año, tan especial, en el que cantamos marzas para Sergio y Estíbaliz, que habían cantado en el Vejo y a los que esperamos en el recibidor del hotel, y que nos agradecieron el regalo con unas francas y abiertas sonrisas. Y un par de billetes. Sí, el mismo año en el que irían a Eurovisión con el "Tú volverás".

Somos lo que recordamos. Somos también esa vieja tradición de las marzas, que ya perdía el fuelle de la fratría masculina pero que recobraba un vigor que no ha perdido desde entonces. Esa vieja tradición que no pude compartir con Leo, que no llegó nunca a ser parte del nosotros. Pero que sigo recordando cuando la última noche de febrero me asomo a la ventana, husmeo el frío, y en este Santander de silencio sueño con escuchar cómo se acerca por la calle una ronda, buscando portales y públicos para empezar otra vez con la pregunta tal vez milenaria, "¿Dan marzas?" perdiéndose en la niebla de sus propios ecos.

martes, febrero 22, 2011

DURÁN Y REVILLA: GIRA LA NORIA


El pasado sábado, en La Noria, tuvo nuestro peculiar presidente autonómico un encuentro, desagradable, claro, con Isabel Durán. Una de esas periodistas que han hecho del grito, la manipulación y la mala educación libro de estilo en las ondas del TDT Party.

Es posible que Revilla haya aprendido algo de la experiencia. Hasta ahora, había obtenido pingües beneficios en imagen y votos al vender de cadena en cadena el personaje que tantos años lleva construyendo. Pero desde sus primeras y exitosas comparecencias en La Noria era cuestión de tiempo que por primera vez a los minutos de publicidad política gratuita se sumara algún episodio desagradable. Y ese fue el que llegó con la Durán.

Por lo que hemos visto y escuchado, Revilla habría sido una vez más invitado para formar mesa en un debate a dos, un cara a cara, sobre la actualidad, no sé si con temas pactados. Y así comenzó el combate, con el habitual desparpajo de Revilla ante una Isabel Durán que a pesar de sus inclinaciones histéricas permanecía misteriosamente callada. Cerrado turno, atacó la periodista, no para responder a la pregunta sino para, tras un introito auto-laudatorio ("yo sí vengo con los deberes hechos"), atacar al Presidente de Cantabria por su pasado en los sindicatos verticales, acusándolo de mentiroso y detallando una entrevista en la prensa del movimiento en la que Revilla cantaba las excelencias de las unidades de destino en lo universal.

Enloqueció a partir de ese momento el show circense. Revilla recordaba que nunca ha negado su pasado y denunciaba a su vez que la Durán había estado preparando el encuentro junto a Nacho Diego en Comillas. La periodista sufría ataques espongiformes en los que a grito pelado, como suele, y sin permitir hablar a nadie más, como es su costumbre, acusaba a Revilla de franquista y de mentiroso y, ya de paso, de espía fascista que controlaba los movimientos de la pobre Isabel que tenía, faltaría más, derecho a reunirse en Comillas con quien le viniera en gana. Desplegando sus dotes de actriz histriónica en sus limitados movimientos: sonrisa cínica, grito pánico, y altiva indignación llena de desprecio hacia el contrario.

Supongo que Revilla habrá aprendido que, como cantaban Los Secretos en la voz triste de Enrique Urquijo, "siempre hay un precio que tienes que pagar". Y que a veces las ofertas de propaganda tienen gatos encerrados en las aguas de la noria. Supongo también que Isabel Durán no habrá aprendido nada, ni siquiera educación. Y es que cuando te sale tan rentable tu zafiedad hipócrita (por mucho menos, ella abandonó el plató de La Noria hace unos meses, clamando por su herida dignidad), ¿para qué vas a dejar que unas migas de civilización contaminen la pureza de tu arrogancia, la inamovible fortaleza de tus prejuicios, la pétrea razón de tus alaridos?

Lamentable espectáculo el que vivimos, por Tutatis.

lunes, febrero 21, 2011

LOS AMIGOS DE LA BOTELLA


Estoy seguro de que no es la primera vez que Ana Botella encuentra tiempo para declarar a los medios que "tengo muchísimos amigos gays, como todo el mundo". Y eso a pesar de lo ocupadísima que está en cambiarse cada mañana la pincita de la nariz para no verse afectada por la contaminación que asuela los aires madrileños y en sentarse con su Sumador de Frutas de la Señorita Pepis para ver si es posible la adición de frambuesas y kiwis o la de melones y albaricoques.

Ha aparecido en Vanity Fair esta última proclama de sus intimidades amicales. Y ha servido de nuevo para confirmar la profunda y radical homofobia que corroe la cristianísima alma de doña Botella. Porque sólo quien se sabe martillo de homosexuales sería capaz de comparecer con este titular. ¿Han escuchado alguna vez a una persona que no sea racista desayunarse con un "yo tengo muchos amigos gitanos, o muchos amigos bantúes, o muchos amigos cherokees"? ¿Alguna persona que no padezca de un atroz machismo perdería su tiempo en explicar que tiene "grandes amigas"?

Seguimos siendo víctimas de un uso trivial del lenguaje, en el que parece que so pena de ser expulsados de ese nuevo Edén que son los mundos de Yupi tenemos que proclamar amigo a todo vecino que nos cruzamos una vez por siglo en la escalera, al compañero de trabajo con el que no nos hablamos y al primo de una vecina del compañero de estudios de una amiga de mi ex con el que una vez nos tomamos unas cañitas y unas rabas. Y pasamos así a consolidar un término, amigo, que no tiene contenido alguno. Pero si entendemos amigo como sujeto activo o pasivo de un sentimiento o de una relación de amistad, parece difícil entender que sea posible sentir un afecto personal, puro y desinteresado por una persona ante la que no sientes respeto alguno, por una persona a la que calificas de enfermo, a la que pretendes relegar a un segundo escalón de ciudadanía, a la que consideras lacra social moralmente incapacitada. Porque esa es la visión que Botella y los clubes que prefiere ofrecen de gays y lesbianas. Esa la que escupen cada día en foros de internet, en púlpitos, en cátedras polainescas y en diarios de sesiones.

Por supuesto, no descarto que haya algún homosexual que por interés, por empecinamiento apostólico, por odio autoinfligido, o porque es capaz de respetar incluso a personajes como la señora de Aznar, que considere a Ana Botella como amiga. Que la respete, la disculpe y hasta la admire.

Porque es el respeto una de esas adiciones imprescindibles a toda relación que pretendamos calificar en términos de amistad. Y es ese mismo respeto, la falta de respeto, el que hace imposible e increíble concebir que Ana Botella considere a una persona lgtb como su amiga. A no ser que sea (seguro que sí) de las que vinculan homosexualidad con pedofilia, y esté tratando de reflejar en el Vanity su cercanía a esa internacional de la suciedad y el abuso que han venido siendo sus amados legionarios de Cristo. Condena papal mediante.

No, definitivamente Ana Botella podrá decir lo que le dé la gana, pero no tiene ni un solo amigo gay. Por las mismas razones por las que yo jamás podré afirmar que tengo muchísimas amigas Anabotellas. Aunque sí una gata. Pobre.


domingo, febrero 20, 2011

ESTAMOS LEYENDO ... "EL CASO MORO", DE LEONARDO SCIASCIA


"Anoche, saliendo de paseo, vi una luciérnaga en la grieta de un muro".

Tal vez la primera sorpresa al enfrentarse a la lectura de El caso Moro sea esa lírica de la luciérnaga entrevista durante una noche siciliana cercana en el tiempo a la escritura del texto (1978). Un arranque magistral en el que la pequeña visitante luminosa permite a Sciascia evocar un artículo de Passolini sobre la desaparición de las luciérnagas como fenómeno que habría marcado un antes y un después en la historia de Italia. Y de las luciérnagas según Pasolini, a la crítica feroz contra Il Palazzo, el poder, que centra el mismo artículo del cineasta.

De la mano de Sciascia y Pasolini, nos conduce el escritor siciliano a la presentación del particular lenguaje de Il Palazzo, a las perversiones, elisiones y dobles sentidos de un código de comunicación propio de una clase política convertida en espiral autorreferente, un código que Sciascia conoce y que llena de matices el análisis pormenorizado de varias de las cartas que Aldo Moro envió a sus amigos, familia y compañeros de la Democracia Cristiana durante su cautiverio como rehén de las Brigadas Rojas, tiempo en el que sería juzgado por la organización terrorista y condenado a muerte. Condena que, como es de todos sabido, finalizó con su asesinato.

Llego a la lectura de El caso Moro, reeditado recientemente en Tusquets, por la recomendación de Jesús Cabezón. Y página tras página me dejo llevar por el lúcido proceso analítico al que un testigo de primera fila y todavía en caliente somete a los espacios en sombra del secuestro y asesinato de Moro. Convertido por su propia perspectiva sobre la corrupción, la mafia y el poder en la Italia contemporánea en una especie de conciencia crítica unánimemente reconocida, Sciascia nos lleva hacia las grandes preguntas sin resolver. ¿Por qué la policía italiana fue tan torpe y absurda en sus investigaciones? ¿Revelan las cartas de Moro realmente la presencia de un hombre aniquilado o también -el lenguaje del Palazzo- mensajes, críticas y acusaciones hábilmente encriptados? ¿Pudo el gobierno de coalición entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista Italiano, tejido a partir de la habilidad de Moro, haber evitado el crimen? ¿Es lícito invocar en un estado que no lo es el concepto de la "razón de estado"?

A lo largo de las algo menos de doscientas páginas revivimos la actualidad, el día a día, del caso, en un pequeño viaje en el tiempo hasta el 78 en el que al cerrar los ojos recordamos las fotografías que pudimos ver en la televisión durante la adolescencia. Penetramos también en el dolor profundo de Aldo Moro y su desconcierto, ante el abandono terrible del que es objeto por sus amigos. Y en la lógica absurda del Palazzo, en la necesidad de un poder que se justifica sólo por su voluntad de ser y de eternizarse.

Qué triste reconocer en el proceso signos de esa manipulación de lo real, de esa re-articulación del lenguaje, de esa vocación de casta inaccesible que definen al terrible Palazzo. Al de la Italia de entonces, al de la España de ahora.

miércoles, febrero 16, 2011

MOMENTOS ESTELARES: AL ANULAR EL ANULAR



No fue la impecable imitación del disco rayado durante un concierto en las Escuelas de Madernia el más y emocionante momento estelar del bueno de Rukaegos vinculado a su impecable trayectoria como concertista. Porque está claro que a cualquiera le puede pasar que después de la primera sección de una preciosa sonata en re mayor de Mozart se te olvide cómo empieza la segunda y entonces repitas la primera pero te vuelvas a olvidar de cómo coño sigue y entonces repitas la primera y entonc y entonc y entonc y entonc ces dejes de repetir después del cuarto intento y con una profesionalidad impecable te levantes, saludes muy, pero que muy, digno y te vayas a llorar al retrete de servicio.

Tuvo su miga también el inicio de la carrera de Derecho en la Universidad de Cantabria, en la que a un delegado de facultad ocurrente se le iluminó la sesera ideando una celebración ideal de la muerte del santo patrón, San Raimundo de Penyafort, con un recital de canto y piano en el que la voz de barítono aficionado del catedrático de Derecho Romano y Decano del centro repasaría su repertorio bien asentada su voz sobre los privilegiados dedos pianísticos del mismo delegado díscolo de primer curso que ya le había organizado tres huelgas, dos sentadas y un té con pastas. Sonaron Schumann, Schubert y Verdi. Y peligró la nota de Derecho Romano porque el memo del decano se perdió (¿por qué todo consiste siempre en que hay alguien que se pierde?) en mitad de una aria del Don Carlo, le echó la culpa a Rukaegos y amenazóle por medio de su fecunda esposa con tomar represalias. Mira que siempre pensé que fue ahí mismito, en el cambio de tonalidad del Aria de la Cripta donde se me escapó la matrícula de honor, sniff.

Pero no, el momento más momento estuvo dedicado a Haydn. Y no ocupó tiempo de concierto sino forma de examen. El examen del segundo curso de Música de Cámara (¡hala, chavalín, ánimo que este examen y el de octavo y terminas la carrera!) y el bellísimo Rondó Finale All'Ongarese del Trío HOB XV/25 en Sol Mayor, conocido popularmente como Trío Gitano. Que mira que me salía a mí perlado e impecable el fraseo del estribillo del rondó si-do-re-si-do-la - si - sol - la -fa sostenido - sol - si -re, con una digitación lógica que implicaba atacar el primer do y varias notas más con el cuarto dedo, de mal nombre anular. Un dedo siempre puñetero, y si no que se lo digan a Schumann, que acabó con él gangrenado por entrenarlo más de la cuenta.

El caso es que después de un excelente recorrido por las páginas de Haydn, al llegar el espectacular final y producto o bien de los nervios propios de un examen o bien de una maldición premonitoria de Esperanza Aguirre o un aquellarre del Fraile Infinito, quién sabe, el dedo anular se decidió por fin y sin consultar con nadie a anular su capacidad para subir y bajar. Atacado de radical pacifismo se negó a atacar las teclas y militante de la causa de los derechos humanos, decidió detener la ejecución de la partitura.

A partir de ese momento, todo fue naufragar, que cantaría Aute. Puesto que el mardito dedo no funcionaba, y el mardito pasaje en el que se trababa el dedo se repetía unas chiqucientas veces, después de tres intentos infructuosos de comenzar de nuevo (Da Capo, gritaba muy musical ella la violinista) continuamos con la ejecución (esta vez en el más literal de los sentidos) del rondó un poco a la manera de un finalista de los cien metros lisos al que le faltan el tobillo derecho y la nalga izquierda: A trancas y barrancas, con un discurso musical cojo de cojones, trastabillado y, ¡ay! digno merecedor de una nueva oportunidad con un nuevo trío (esta vez de Mozart y sin florituras anulares) para repetir el curso.

Si es que mira que es bonita la obra, pero que todavía no puedo escucharla sin recordar al Horowitz que nunca fui, ay.

domingo, febrero 13, 2011

VÍSPERAS DE SAN VALENTÍN


Dicen que París es la ciudad del amor. Dicen también que muchas parejas de enamorados dejan un candado en las rejillas del Pont des Arts, el puente favorito de La Maga, olvidarán sobre el Sena el recuerdo de un amor que nunca se romperá, que nunca les dejará separarse.

Para Leo, Europa era sobre todo la posibilidad de conocer París, de pasear por esa ciudad con la que tanto había soñado. El sueño conquistado.

Como resulta habitual, al acercarse el 14 de febrero escucho en tantas voces escépticas, antirrománticas o tópicas el recuerdo del origen comercial de San Valentín. El día de los enamorados es pura parafernalia consumista, dicen; si estás enamorado, lo estás todos los días y no sólo en febrero, remarcan. Y me suenan a esa vieja cantinela que yo repetí tantas veces y que en un par de febreros escuché también a Leo.

En efecto. Todos los días son estupendos para celebrar el amor, para dar luz a ese gesto pequeño que le recordará y te recordará que no es parte de tu vida, sino tu vida. Pero como todos son tan aptos para tanto, nos olvidamos a veces del detalle y lo dejamos a la espera, y eso aunque tendríamos que saber que el tiempo es capaz de cortar de raíz todas las posibilidades.

Siempre me he visto como tímido, cerrado, tal vez poco cariñoso, poco detallista. Pero si exploro los meses transcurridos junto a Leo, me doy cuenta de que uno de los muchos cambios que provocó en mi día a día fue precisamente la aparición de la necesidad de ofrecer pequeñas palabras, pequeñas cosas, sonrisas pequeñas. A pesar de que tantas veces aparecieran también los pequeños disgustos, los tibios desencuentros, esas incompatibilidades menores que teníamos que aprender a sortear a medida que nos íbamos conociendo.

Leo no quería saber nada de San Valentín, pero el año pasado recordé su comentario sobre un perfume que le había gustado mucho y no quise, por suerte, dejar pasar la oportunidad. Y tuvo su perfume envuelto en papel de fiesta y a tiempo. Hubo fiestas sorpresas, alguna cena inesperada, libros con rosa. Y sobre todo muchos "te quiero". Un "te quiero" que llegó a ser obsesivo y que no faltó, creo, ni uno solo de los días. Aunque tiñéndose de preocupación a medida que avanzaba la enfermedad. Y de alarma en los últimos momentos.

Sí, ya sé que mañana se celebrarán de nuevo la frivolidad y el consumo. Pero yo voy a echar de menos tener a mi lado a esa persona con la que compartir el consumo, la frivolidad, el corazón y el dulce amor que se hizo esperar tanto, esa persona que se despertaría con un pequeño paquetito bien envuelto, una sonrisa y un pesado y mil veces repetido ya "te quiero".

No os olvidéis de decirlo. También mañana.

viernes, febrero 11, 2011

CUANDO LA PLATA NOS SABE A ORO


La intervención del anterior alcalde de Santander, intelectual reconocido, experto lector y perito en crítica literaria, consiguió (con la ayuda de los concejales de su equipo de gobierno, entre ellos el actual regidor y algunos de sus munícipes) agraviar al escritor Álvaro Pombo al tejer todo tipo de estratagemas para evitar que le fuera concedida la Medalla de Oro de la ciudad y conseguir, finalmente, que el autor de "Donde las mujeres" rechazara la de plata finalmente concedida, muy enfadado y con toda la razón.

No parece que vaya a ser ese el destino de la propuesta de un grupo de personas vinculadas a la cultura y la universidad cántabras, que han solicitado al Ayuntamiento la concesión de la Medalla de Plata de Santander para Manuel Arce. Una propuesta que desde el principio ha contado con el acuerdo y aval de los grupos políticos y que, suponemos, andará ahora en pertinentes trámites.

No soy, no puedo ni quiero serlo, objetivo en cuanto a Manuel Arce ataña. Mis primeros pasos en la poesía han contado siempre con la cercanía de Manolo, que estuvo en el jurado que me otorgó el Premio de Poesía Joven "José Hierro", que creó, inspiró e igualmente juzgó más adelante el Premio de Poesía Consejo Social. Pero que sobre todo ha sido siempre, desde esos primeros momentos, una presencia cordial, cercana, amable y generosa, una sonrisa constante. He disfrutado de su compañía y de la de su esposa Teresa tantas veces, he aprendido tanto de su sabiduría y de su memoria, que para mí la previsible concesión de la Medalla de Plata de Santander tiene el dorado y luminoso sabor del oro.

No sé cómo habría sido la historia cultural de esta ciudad posible sin la presencia, la huella y el entusiasmo constante de este nativo asturiano llegado a Santander en los felices años de la infancia. No sé cómo habría sido, pero sin duda habría adolecido de mayor pobreza. Su librería y galería Sur llegó a ser un espacio de referencia en las artes contemporáneas hispanas en los años del franquismo, un oasis en el que los nuevos lenguajes, los nuevos y más sobresalientes nombres presentaban su obra en Santander y abrían muchas colecciones privadas que todavía hoy continúan creciendo. Una apuesta importante que ya mereció homenajes en el aniversario de su creación, entre ellos el que le rindiera el Reina Sofía de Madrid. También fue mostrador discreto y amable en el que conseguir los libros prohibidos que Pancho Pérez importaba de las Américas a través del puerto de Santander.
Su pasión por la literatura le hizo formar parte primero, como ejecutivo junior, de la experiencia tan mitificada de la revista Proel, y finalizada la empresa, muñidor único de una nueva revista literaria, La Isla de los Ratones, que se convirtió en crisol de voces esenciales y página abierta para nuevas plumas, tanto en los años de la revista como en los que siguieron ya como colección de libros. Esa misma pasión fue la que le permitió construir muchos buenos poemas, recientemente recuperados por Icaria, y algunas novelas que tuvieron cierto éxito, bien escritas, comprometidas con la estética social imperante, y que todavía hoy se leen con agrado y consciencia de calidad: Testamento en la Montaña, Anzuelos para la lubina, Oficio de muchachos...

La madurez le llegó con ese punto escéptico y cansado que sin embargo encontró siempre tiempo para continuar ofreciendo oportunidades para nuevos aventureros de la prosa y del verso. Y creo que todos los que hemos nacido y sobrevivido en las últimas promociones, los últimos certámenes, sabemos que Manuel Arce ha estado siempre ahí, al lado, abriéndonos puertas, tejiendo proyectos en los que siempre se acordaba de reservarnos algún espacio. Con esa generosidad que no siempre se encuentra y que en Manuel Arce brotaba y brota a borbotones.

Mérito también las esperadísimas y extensas memorias recientemente publicadas por Valnera, que se constituyen en un testimonio único y riquísimo sobre la vida de Santander en la segunda mitad del s.XX, sobre todo en sus dimensiones culturales. Y cómo no su compromiso cívico que plasmó de manera más visible en su candidatura por el Partido Socialista de Cantabria - PSOE al Ayuntamiento de Santander. Una aventura que no llegó al puerto deseado y que nos dejó con la sensación de habernos perdido, seguro, a un gran alcalde.

No tengo claro que pueda existir en algún lugar el paraíso, ni cuál pueda ser la forma que adopte. Pero sin duda, ha de ser tan apacible y entrañable como una noche de agosto en la terraza de Manolo y de Teresa tomando un vinito frente al mar junto al matrimonio anfitrión, y acompañado por Pepe Hierro y Angelines, por Víctor García de la Concha y por Ana de la Robla. Hablando más de lo humano que de lo divino y dejando que el tiempo pasara entre palabras y sonrisas.

Es posible que no haya una forma real de devolver, de agradecer, a Manuel Arce cuanto ha trabajado en esta ciudad del norte que eligió mirar hacia el Sur. Pero la Medalla de Plata de la ciudad puede ser un buen comienzo. Sobre todo porque va acompañada de la gratitud, el afecto y la admiración de muchos hombres y mujeres de los que transitamos por Santander.

miércoles, febrero 09, 2011

COLMILLOS CONTRA LA IGUALDAD


Han coincidido en estos días un par de noticias relacionadas con ese bello principio fundamental de nuestro sistema constitucional que es la igualdad que, como no podía ser menos han desatado las ganas de sangre de las bestias ocultas tras el anonimato de los foros de internet y de las no tan ocultas de ciertos medios cavernosos a los que el odio pesa mucho más que la apariencia de objetividad informativa.

He dejado pasar un par de días, supongo que para intentar no escribir con demasiado cabreo, aunque alguna huella dejamos por los foros de alguna que otra edición digital, ante la verborrea incontenible de todos esos a los que la simple idea de una sociedad que no discrimine provoca alergias en forma de pus facha.

Una de las noticias fue la mera reseña del encuentro sobre políticas de igualdad que el PSOE celebró en Santander el pasado domingo. Que desató toda una sarta de despropósitos centrados, cómo no, en el cuestionamiento de la capacidad de las mujeres para desempeñar labores públicas o profesionales, en la insistencia en que cuando una mujer está en algún puesto directivo es porque se ha discriminado a los hombres y, sobre todo, la autoconcesión de medallas de machos machísimos que a pesar de lo requetemachísimos que son de vez en cuando pasan la aspiradora. Supongo que encima habrá que darles las gracias.

La otra, en la que desde luego el noventa por ciento de los comentarios que pude leer eran dignos de demanda penal, y no digamos ya las barbaridades vertidas (estas al menos a fauce descubierta) en determinados medios que no hará falta que os aclare, fue el anuncio de que la activista transexual Carla Antonelli formaría parte de la lista que Tomás Gómez encabezará para las próximas elecciones autonómicas en Madrid. Un insulto tras otro, un concurso a ver quién mea más lejos con la barbaridad más ridícula, llamadas directas a la violencia, muestras continuas de perfecta ignorancia (periodistas todólogos que confunden travestismo y transexualidad). Y una vez más, la permanente pregunta del "¿qué ha hecho esa?" (un imbécil de los de fauce descubiera hubiera escrito ¿qué ha hecho esa-ese-eso?) y de qué sirve además de hacer de guiño demagógico a los gays.

Vale, que todo eso está muy bien (en realidad no, no está nada bien). Pero tal vez sea conveniente recordar que en los puestos públicos, en las oficinas profesionales y en todos los campos de la sociedad nos podemos encontrar con hombres perfectamente inútiles o incapaces, que están donde están por sus relaciones, por sus parientes, por sus lenguas lamedoras o por supuestamente representar a un colectivo, grupo o barrio. Y recordar también que nunca es noticia que alguno de ellos vaya en una lista, de tal manera que nadie se pregunta qué a hecho ese para formar parte de una lista electoral o para merecer su dimensión pública o su fuero laboral, nunca.

Y ahí está la clave de la cultura machista y discriminadora que continúa pesando demasiado en nuestra sociedad, sobre todo en determinados sectores de nuestra sociedad bien escorados a estribor: No se cuestiona, no nos cuestionamos, qué hace un hombre allá donde quiera que haya llegado, por méritos o deméritos propios o ajenos. Pero si se trata de una mujer, de entrada no sirve y tenemos que analizar bien las causas de su sorprendente ascenso. Eso sí, si ya se trata de un homosexual o una lesbiana, no digamos de una persona transexual, nada justifica su presencia social pública o privada que no sea la demagogia y los guiños electoralistas.

Porque algunos tipejos ladradores deben de pensar que los impuestos que pagamos algunos ciudadanos son menos valiososos que los suyos, que nuestros trabajos nada aportan, que da igual nuestra capacidad intelectual, nuestro trabajo social, nuestra militancia en causas y partidos: nosotros no podemos, no debemos, Carla no puede, no debe.

¿Se hubiera planteado el mismo debate si Tomas Gómez hubiera propuesto para ir en su lista a un supuesto Javier García García, tal vez secretario de la asociacion vecinal de Villaverde Alto? ¿se hubiera cuestionado su derecho a comparecer ante los electores? Todos sabemos que no. Porque a pesar de la que está cayendo, a pesar de la incapacidad mostrada por tantos hombres en estos momentos de crisis y sobre todo en los que provocaron la crisis, sólo nos parece un exceso, un interrogante, un atentado moral, cuando se trata de mujeres. Y si son mujeres transexuales, los berridos se pueden escuchar hasta en la Nebulosa de Orión.

Claro que Carla Antonelli. Por su trayectoria militante de muchos, muchísimos años, en movimientos sociales, no sólo lgtb, por su compromiso militante y público con las ideas de la izquierda, por su conocimiento ganado lucha a lucha y paso a paso en esos años del tejido asociativo, de la sanidad, de la dignidad, de los derechos humanos, de las organizaciones internacionales, de los tribunales. Claro que Carla Antonelli, por el esfuerzo que ha sido para ella cada minuto de su vida frente a vidas más muelles, fáciles y por tanto carentes de aliciente y de formación en la brega, por ser una ciudadana con las mismas responsabilidades, obligaciones y derechos (el de sufragio activo y pasivo entre ellos) que cualquier otro miembro de la comunidad social. Claro que Carla. Claro.

martes, febrero 08, 2011

MALA GENTE QUE CAMINA ...


Suele sacar Mayor Oreja tiempo suficiente entre rosario y novena para sumarse a las procesiones de los nuevos afanes de Alcaraz, para evocar la plácida España de Franco o sobre todo para incorporar un nuevo capítulo de su particular racarraca al circo mediático, bien recibido siempre en las cavernas y un poco cansino ya para otros.

De nuevo aprovechó el sábado los micrófonos a tiro para espetar que "ETA necesita a Zapatero como Zapatero necesita a ETA". O que "los fines de ETA son los mismos que los de Zapatero". Sin pruebas, sin sonrojo ni vergüenza alguna. Preso de esa obsesión compulsiva que ha hecho de Jaime Mayor Oreja un miserable.

Porque sí provocan esas declaraciones vergüenza ajena cuando quien las escupe es precisamente un señor que fue Ministro del Interior cuando Aznar dialogaba con ETA, el mismo señor que gestionó la cesión a una de las exigencias de la banda terrorista, el acercamiento de presos, el que convivió con las llamadas a la generosidad con la banda de su jefe, el que suscribió la reflexión de que se podía dialogar con ETA sin exigir el abandono de las armas, el que proclamó que estaría dispuesto a sentarse con ETA sin más condiciones. También el Mayor Oreja de la familia que con su capital invertido en empresas de seguridad privada lleva año obteniendo pingües beneficios con los escoltas que han acompañado y todavía acompañan a tantos cargos públicos en el País Vasco.

Supongo que para él basta juntar las manos y pasarse mañana por el confesionario de su director espiritual para corregir el yerro, o ni tan siquiera eso y piensa que con el gesto de santurrón se le va a notar menos la hipocresía, se le va a disimular la insidia.

¿Lecciones morales de Jaime Mayor Oreja? Las justas, o sea, ninguna. Si tiene pruebas de que Zapatero esté cometiendo un delito de alta traición, que las presente ante los tribunales y que lo haga ya, o será cómplice del mismo delito. Si no las tiene y simplemente las sueña, que se pase por un psiquiatra y le remedien el transtorno obsesivo-compulsivo.

Pero por favor, que deje de una vez de envenenar el aire y de dar vida, triste vida, a los versos de don Antonio Machado: "Mala gente que camina / y va apestando las calles".

viernes, febrero 04, 2011

PRECISAMENTE AHORA, SANTANDER


Durante su presentación a los medios y la militancia, Eugenia Gómez de Diego comentó que tras aceptar el reto de encabezar la lista del PSC-PSOE al Ayuntamiento de Santander, eran muchas las personas amigas que se le habían acercado para preguntarle el porqué de una decisión en principio arriesgada. Porque si Santander no es un territorio especialmente cómodo para la izquierda, la sacralización de la nada realizada por los medios de comunicación locales en torno al Batman Ingeniero, en un pintoresco ejercicio de culto a la personalidad, la crisis y el desconcierto cívico que ha traído aparejado, y, por supuesto, algunos debes en las alforjas del PSOE (que no siempre las responsabilidades son del maestro armero), convierten el reto de mayo en un reto duro.

Eugenia explicó que les contesta siempre que "Precisamente ahora" es necesario dar la cara en y por Santander.

Y es ese "Precisamente ahora, Santander" el que para mí fue el resumen perfecto de una decisión valiente que, como militante del PSOE santanderino quiero agradecer públicamente a Eugenia Gómez de Diego.

Precisamente ahora, Santander. Porque estamos en un Ayuntamiento que lleva años de parálisis, sin proyectos reales, sin capacidad para generar impulso hacia el futuro, demasiado perdido en los lloriqueos y el victimismo. Porque ya la anterior legislatura suponía un desafío importante para Santander, y no era bueno que ese desafío quedara en manos (como se ha visto) de los intereses privados de una oligarquí que nunca ha pensado en los ciudadanos y ciudadanas de la capital cántabra, y como siempre ha elegido paralizar proyectos al coste social que sea. Y porque aplicar el modelo de crecimiento que los populares quieren para Santander supone quemar las últimas naves y sobre todo los últimos espacios en los que los proyectos sociales y comunitarios podrían generar una ciudad más dinámica, más participativa, más viva. Y es que algo tienen los populares locales de caballería de Atila: por donde pasan no vuelve a crecer la hierba (desde luego no los árboles). Y otra ciudad es no sé si posible, pero desde luego necesaria.

Precisamente ahora, Santander. Porque los tiempos difíciles deben ser los tiempos en los que dar la cara y plantar compromiso y esfuerzo. Los tiempos de ese paso al frente de Eugenia para encabezar una lista municipal y para desarrollar en el ayuntamiento un trabajo abierto, cercano a la ciudadanía, sea como gobierno sea como oposición.

Que el reto es difícil, lo sabemos todos. Y mejor que nadie, Eugenia. Y la posibilidad de salir con bien de la empresa pasa por articular un Partido en el que todos sus militantes y sensibilidades se encuentren cómodos y acogidos. Pasa por configurar y liderar un equipo municipal comprometido al 150% con el objetivo común, la transformación de Santander. Pasa por construir una propuesta estable y creíble de cara a los habitantes de la capital cántabra, por reconstruir lazos que se han venido rompiendo o reblandeciendo más allá de lo deseable, por levantar una voz que no sea ya la de un grupo, ni la de un partido, sino la voz de la sociedad.

Será necesaria mucha ilusión. Harán falta mucho trabajo, mucha fuerza. Y muchas estaciones difíciles y muchos momentos de desánimo en los que habrá que tomarse un reconstituyente, pintarse la sonrisa y continuar con fuego renacido.

Ayer, la Ejecutiva del municipio de Santander decidió quiénes serían los compañeros y compañeras que acompañarían a Eugenia en la liza. Y somos muchas las personas que pensamos que ojalá esa determinación, que siempre es difícil y siempre frustra expectativas y miradas, haya sido la que permita la construcción de un equipo cohesionado, sólido y vital para el Ayuntamiento de Santander.

Porque sí, precisamente ahora, ahora más que nunca, Santander importa.

martes, febrero 01, 2011

DURÁN I LLEIDA, LOS FUNCIONARIOS POBRES Y LOS POBRES FUNCIONARIOS


Durán-te mucho tiempo se ha tenido a Durán i Lleida por un político de gran clase, con sentido común y capacidad para dialogar y para alcanzar acuerdos.

Pero al igual que unos meses atrás su sentido común y su inteligencia quedaban en cuestión con la defensa de los psiquiatras que se dedicaban a curar gays (supongo que en esencia porque alguno de esos psiquiatras es amigote suyo y no creo que haya muchos homosexuales en su círculo de amistades), estos días Durán i Lleida ha saltado a la palestra pública por un comentario airado y desabrido a los medios en el que parece demostrar que su alabada sensatez queda muy desmejorada cuando corre el riesgo de que sus haberes se hagan públicos. Y es que ante la noticia de que se iba a endurecer el régimen de incompatibilidades de los diputados, de que se iba a trabajar por una mayor transparencia del historial económico de nuestros representantes, saltó como lobo herido a contrapreguntar qué clase de políticos queríamos en este país, que si lo que pretendíamos era un Congreso de los Diputados lleno de "funcionarios y pobres".

Sería interesante que Durán i Lleida se explayara para dejar claro a los ciudadanos qué es exactamente lo que su preclara mente entiende bajo ambos calificativos. Y si los usa como sumandos o como alternandos. ¿Será que ha leído recientemente a Max Weber y a Calvino y ha decidido que los pobres son perversos per se y que su miseria es como la de María de la O, castigo de Dió ?¿Qué es exactamente un pobre para Durán? ¿Los que llegamos a duras penas a fin de mes los meses pares somos pobres? ¿Quiere decir que no tener una cuenta corriente saneada es sinónimo de imbécil o de incapaz? Y sobre los funcionarios, ¿querrá decir el muchacho que un médico no tiene motivos para ofrecer una opinión fundada sobre la Sanidad? ¿que un maestro nada sabe de Educación? ¿que es más docta y seria la opinión de un abogado como él que la de un profesor de la Orquesta Nacional sobre música? ¿también te convierte en imbécil o en incapaz haber aprobado una oposición y haber optado por la estabilidad frente a otras posibilidades?

Yo tengo aproximadamente claro qué tipo de parlamentarias y parlamentarios me gustaría encontrar en los sillones de la Carrera de San Jerónimo. Y como si de legionarios se tratase, poco me importaría su condición de funcionarios si eso significara su capacidad para enfrentarse a los problemas, para estudiar los conflictos y buscar soluciones que pudieran mejorar la vida de la ciudadanía. Tampoco me importaría que su cuenta estuviera más o menos saneada, porque sé (y conozco a muchos) que hay grandes personas con grandes cabezas y grandes capacidades que han dedicado su vida a cuestiones para ellos mucho más nobles y más importantes que convertirse en los ricos del cementerio.

Y es que de los representantes públicos me convencen su formación, su capacidad de respuesta, su capacidad para empatizar con los problemas de la gente, su cercanía a sus electores. Me importan su honestidad y su transparencia. Me gusta que se planteen su paso por la política como una experiencia más, una experiencia transitoria, y que no vivan sólo de su partido y de su puesto, que para ellos sea la política una vocación, un servicio, y no una profesión.

Y es ahí donde además me permitiría, como funcionario y como posible pobre, recordar a Durán i Lleida lo bonito que queda clamar por los prestigios profesionales en el ámbito público cuando se habla desde un historial profesional que apenas llega a cuatro o cinco años de vida fuera de la política. No voy a cuestionar que durante los últimos 32 años no haya sido responsable, cuidadoso con sus desempeños públicos, que no haya sido incluso brillante en sus intervenciones y actuaciones. Pero a lo mejor sí me permito recordarle que aparte de las relaciones que haya podido muñir y los beneficios que haya podido conquistar en el seno de la coalición Convergencia i Unió (en la que la mayor parte de los votos, por cierto, no los ha venido aportando precisamente el partido de Durán) es poco el bagaje que ofrece el currículo de Durán i Lleida para tan alto ego: Tiene una licenciatura en Derecho y cuatro o cinco años de ejercicio profesional, poco más de lo que vendría a ser un tiempo razonable de pasantía.

Y es que quizás lo que a muchos ciudadanos nos esté sobrando es la figura del político profesional. Que vive ajeno al mundo real y que para pagar sus tres hipotecas sólo dispone de su sillón en el Congreso de los Diputados, de su privilegiado régimen de pensiones o de las oportunidades que le ha dado su condición de concejal o de parlamentario en los diversos tiempos. Y eso, porque ya sabemos todos que algunos políticos de profesión, por sus hijos, por sus monxetes amb butifarra y por sus hipotecas ma - tan, como una Esteban cualquiera. Políticos de única profesión como por ejemplo ... Durán i Lleida.
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