
"El blog anteriormente conocido como Un Santander Posible y como Desde una habitación desordenada"
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lunes, marzo 31, 2008

Andaba yo intrigado pensando de dónde sacaría Litos los canarios para morrear en las escaleras del Yumbo Center a altas horas de la madrugada, teniendo en cuenta la escasez de producto nacional que se encuentra por estos lares cuando decidí marcharme de safari-aventura hacia el centro de Gran Canaria.
Siempre he sabido que la idea básica de toda aventura viene a ser sinónimo de incomodidad. Un viaje estupendowonderfulwunderschön, según la comisionista, en Land Rover nos permitiría dedicar un día a los paisajes volcánicos del interior, comer en un restaurante típico canario, pasear en camello previo pago de suplemente y no se sabe cuántas cosas más. De modo que ni corto ni perezoso me presenté a las ocho y media de la mañana en la entrada del Restaurante Roma en busca de vehículo, aventura y compañeros de excursión.
Quiero dejar claro que en contra de mi costumbre y para dar ejemplo, después de que Paolo Latrónica me comentara hace unos días que lo que nos pasa a los españoles es que no tenemos espíritu nacional, llegué el primero, no como esas dos alemanas que avergonzando a su propia tradición resultaron indisciplinadas y perezosas y además no hicieron caso a quienquiera que les vendiera la excursión y no llevaron nada de abrigo en previsión de la fresca de la mañana, las temperaturas de las altas cumbres volcánicas y los alisios o más bien contraalisios si tenemos en cuenta la feroz oposición que presentaron a nuestro viaje. Menos mal que el aquí firmante, caballero de capa y espada, le dejó a la alemana adolescente un precioso canguro de impecable algodón brasileño, y que uno de los guías, Tim, cedió un pequeño chubasquero, menos de diseño, a la alemana madre.
Además de las alemanas y de Tim, italobritánico de novia canariona escapado de Londres hace siete años en busca del buen tiempo y de la juerga, estaba el otro guía-conductor, español de Albacete por nombre, cómo no, Pepe. Se incorporó también la Familia Flemática, padre, madre y chavalín de unos 10 tiernos años, llegados a Maspalomas desde la Nebulosa Norwich. Y finalmente, oh aparición, el Lituano Impasible.
Juntos y en unión emprendimos la travesía. Me preocupé por ejercer de anfitrión nacional y saqué a relucir mi estupendo inglés de Cambridge. Pero cuando nadie respondió a mi simpático comentario de "My tailor is rich" regresé a mis cuarteles de invierno y esperé mejor ocasión para el asalto.
Los guías desgranaban pequeñas explicaciones y proferían algunos chistes básicos aptos para todos los públicos mientras la Adolescente Alemana se quejaba de frío. Papá Flemático asumió su rol de instituatroz británica, mirola con displicencia y comentó, sabio, "a medida que se asciende hace frío". Su lenguaje corporal y ocular más bien quería decir "Haberte traído una rebeca, so tonta". La Adolescente Alemana respondió en un tono más que correcto y amable ante tamaña exhibición de talento analítico "Es verdad". Mientras su lenguaje corporal y ocular matizaba "Métete en tus asuntos, capullo".
Mamá Alemana continuaba riéndose de una manera tan constante como absurda mientras Madre Flemática y Niño Flemático miraban al frente sin que nada ni nadie pudiera afectar a su británica dignidad. Dignidad que no perdieron ni durante el desayuno (no incluido en el precio), ni durante la parada en el área de recreo de un embalse con más secano que balsa donde podríamos encontrar camellos (no incluidos en el precio) que sin embargo, por puras ganas de jorobar, no se encontraban en los alrededores. Y que en todo caso hubieran sido dromedarios. Color café.
Un pequeño paseo por el paraje y nuevo conato de conversación. Papá Flemático pregunta al Lituano Impasible "¿Bonito paseo?" mientras el tono irónico y el lenguaje corporal sugieren "¿Te das cuenta de que nos has hecho esperar durante cinco minutos?". Lituano responde "No ha estado mal" mientras la expresión inamovible de su cara propone "Que te folle un pez".
Pero fue sin duda el Lituano Impasible la gran sorpresa de la expedición. Armado de una cámara de fotos espía marca ACME, analizaba concienzudo la orografía del terreno con quién sabe qué aviesas intenciones. Absorto en su laboriosa misión para quién sabe qué malvado darzveider galáctico o qué potencia del Este, durante el viaje dijo sólo "Soy lituano" y "No ha estado mal". Reconozco que en este tipo de saraos resulta complicado participar, pero juro a mis lectores que el repertorio gesticular del Lituano era casi tan rico como el de Arnold Schwarzeneger. Hiératico hasta el punto de parecer uno de esos chavalotes que realizan cameos en las películas de nazis para decir "A sus órdenes, mi capitán, la operación especial sobre el ghetto de Vilna ha terminado sin novedad", hay que reconocer de todas maneras que como expresión de las bondades de la naturaleza su rotundo palmito nordesteño hacía la competencia a los materiales geológicos que se arremolinaban por doquier. En especial su background. Tan rocoso como la imponente silueta del Roque Nublo y tan impasible como su propio portador.
A pesar de mi empeño por salvaguardar el orgullo nacional, decidí no perder de vista las extrañas maniobras (y el rotundo background) llegados desde la Lituania (ten points). Ni siquiera durante la comida típica en que, nuevamente embebido de espíritu nacional, me empeciné en poner cara de "Oh, delicioso" ante un aguachirle amarillento con aspecto de sopa y un pollo con papas arrugás y mojo que igual podría haber sido, por lo correoso, Solomillo de Añejo o contramuslo de Perro de Presa Canario. Y el caso es que cual despiadado japonés siguió fotografiando orografías a la par que mostrando una total indiferencia ante las bellas muestras de arquitectura civil y militar de San Bartolomé de Tirajana.
El final de la excursión (más aventura que nunca) consistía en provocar un batido de gofio en nuestros estómagos, ya que recién terminada la manduca el land rover embistió una cañada tortuosa sobre la que, ante el entusiasmo (más aventurero que nunca) de Tim, nuestros backgrounds respectivos empezaron a botar hasta quedar realmente maltrechos. El lituano, eso sí, continuaba impasible. Supongo que ese background rotundo que se insinuaba bajo el chándal rojo contribuía a amortiguar la paliza. Parecía pasable y escépticamente divertida la Familia Flemática envuelta en su flema, tanto que llegué a la conclusión de que el niño era una obra maestra de pottery más que un little british de carne sin espíritu. El caso es que tras una hora brincando por el pedregal, abrasados bajo un sol de injusticia, sedientos y sin posibilidad de hallar líquido alguno, engullendo un par de chungos higos chumbos (localmente denominados tunas) y detenidos muuuucho más tiempo del deseable porque estaban volando las obras públicas del cabildo la mitad de la cañada por do habíamos de pasar, llegamos (sorprendentemente) a puerto sin novedad. Matizo, por cierto, que los únicos que engullimos los espinosos higos fuimos Tim (para algo le pagan) y el mendalerenda, nuevamente dispuesto a mostrar las osadas alegrías de España y olé, sin tomar en consideración las muecas de asco de Alemana Madre y Alemana Hija, los mohínes de "bondad graciosa, no es cierto?" de Familia Flemática y la impasible y distante mirada del pluscuamperfecto lituano.
Pepe, amable siempre y claramente sorprendido de contar con cliente hispano, se ofreció para compartir unas cañas conmigo la próxima vez que pasara por allí. Familia Flemática se escabulló sin despedirse y sin hacer ruido, las indisciplinadas alemanas me devolvieron el algodón brasilero -dando, eso sí, las dankes- y el lituano recogió sus utillajes de la T.I.A. y continuó paseando su, ¿les he dicho ya que espectacular?, palmito por Playa del Inglés.
En fin, nunca me había tropezado con lituanos de comportamiento japonés (ni con otros), pero creo que alguien debería avisar a Carmen Chacón y a Moratinos porque ... ¿no estará planeando Lituania un desembarco imperialista en Gran Canaria?
Otra pregunta que se me quedó, ay, sin respuesta: ¿Tenían algo que ver las espléndidas vistas traseras del lituano con las hermosas y protegidas dunas de Maspalomas? Y si es así, ¿guardan relación esos paseos con la sonrisa -oh cielos- que me dedicó al siguiente día, cuando coincidimos en una guagua camino de Las Palmas?
Y por fin ... ¿alguien sabe algún remedio para que tras los botes en land rover se me pase de una dita vez el dolor de background?
domingo, marzo 23, 2008

jueves, marzo 20, 2008

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jueves, febrero 28, 2008

martes, febrero 19, 2008

(Una experiencia lectora con mujeres del medio rural en Cantabria)
Con este título, Las mujeres que leen son peligrosas, publicó hace algunos meses la Editorial Tusquets un bello libro dedicado a la imagen de la mujer lectora en la Historia del Arte. Tras los elementos plásticos y poéticos del libro, se ocultaba también una realidad más comprometida: la del libro como amigo, como compañero, como espacio privado de la mujer a través de la historia. El libro, la lectura, como ruta a una libertad sentida, soñada, necesitada, cuando hablar de igualdad de género era poco menos que una broma. Recuerdo ahora un bello libro que de seguro acabará entrando en el programa Leyendo con otra mirada organizado por la Dirección General de la Mujer del Gobierno de Cantabria, con la colaboración de numerosos ayuntamientos cántabros y de la Red Cántabra de Desarrollo Rural. Se trata de El abanico de seda, de Lisa See, que a través de la correspondencia entre dos amigas chinas recupera la memoria de un idioma perdido hace un par de años con la muerte de su última conocedora. El Nu Shu, una lengua secreta que las mujeres chinas idearon para comunicarse privadamente entre ellas al margen del control ejercido por una cultura radicalmente patriarcal y en la que se veían sometidas a la voluntad del marido desde el momento exacto de la boda. De nuevo, escritura y lectura como espacios propios, universos donde crecer, soñar, aprender, disfrutar …
En realidad, cuando hablamos de animación a la lectura, uno de esos conceptos que acabará desgastándose por el exceso y la imprecisión de su uso, hablamos del encuentro con el País de Alicia, con la Isla de Robinson, con el Nuncajamás de Peter Pan o la Ciudad Esmeralda de Dorothy. Hablamos del encuentro con la vida hecha fantasía, hablamos de perder el miedo al libro, de aprender a no enredarse en las palabras y dar el salto a la magia, de penetrar las páginas con la seguridad de abandonarnos en el primer capítulo para experimentar y sentir otras existencias. Algunas absurdas, otras imposibles, quién sabe si unas pocas cercanas a las nuestras. Y ése ha sido el reto de los talleres de lectura integrados en el programa general Espacio Propio bajo el título ya apuntado de Leyendo con otra mirada.
Y es en ese contexto de la creación de espacios propios, espacios de crecimiento para las mujeres, donde se planteó en el plano del ocio creativo la constitución de clubes de lectura, una fórmula sencilla que ha venido demostrando su eficacia, su poder de atracción desde hace ya varios años y que resulta una referencia clásica en las experiencias de animación lectora. El esquema básico (puede haber muchos desarrollos) es sencillo: Un libro, del que se poseen varios ejemplares que se prestarán primero y serán devueltos más tarde; una persona responsable de la animación y coordinación del grupo; un tiempo pactado de manera periódica (una vez por semana, por quincena …) en el que debatir, reflexionar, compartir, dar vida a lo leído. Y a partir de ahí, la magia de la lectura en voz alta, el contraste entre los lenguajes de la literatura y el cine, la poesía que se mete por sorpresa en un reino dominado por la novela, la excursión a una ruta literaria, …
Manos a la obra. Se propuso el taller de lectura entre las demás actividades de Espacio Propio y un equipo de varias monitoras y un monitor (el que suscribe) iniciaron el periplo por aquellos municipios que quisieron organizar su grupo de lectura. Había que elegir los títulos, y optamos por dar mayor relieve al menos al principio a obras escritas por mujeres o en las que la mujer adquiriera el protagonismo; apostamos por experiencias cercanas, historias capaces de atraer y de generar empatía, sentimiento de reconocimiento; también quisimos abrir algunas miradas hacia otros mundos, edades o culturas. Por fin, quisimos aplicar, de manera lata, un concepto fundamental que sin embargo goza de poco prestigio hoy en las manifestaciones culturales de todo signo: no quisimos renunciar a la calidad. Porque pensamos que la llamada hacia la literatura debe ser a la mejor literatura, ha de abrir muchas puertas, para que luego la nueva lectora, la recuperada lectora, la lectora unidimensional, puedan elegir qué camino o qué caminos elegirán en su propia historia de amor con el libro. No nos equivocamos mucho, y algunos de los títulos de la primera hornada siguen vivos, hasta el punto de haberse convertido en auténticas referencias del programa. Allí estaban Historia de una maestra de Josefina Aldecoa, Por amor a Judit de Meir Shalev, La joven de la perla de Tracy Chevalier, El viaje de la reina de Ángeles de Irisarri y algunas otras a las que se han ido sumando a lo largo de los tres años tres que ya dura la iniciativa La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro, La voz dormida de Dulce Chacón, Balzac y la joven costurera china de Sijie Dai, etcétera.
En las anécdotas, algunas divertidas pero … Como la del hombre de edad ya avanzada que al paso de la monitora cada martes decía “Leer, leer, las mujeres donde tienen que estar es en la cocina”. O en la tasca de otro, acompañando el café del animador “Si es que hay que estar locos. Ahora resulta que a estas cuatro chochas les pagan un profesor de Santander”.
No sé si estas líneas llegarán hasta vosotras. Sois mujeres de Entrambasaguas, de Solórzano, de Selaya, de Carriedo, de Peñarrubia, de Val de San Vicente, de Mazcuerras, de Penagos, de Marina de Cudeyo, de Ribamontán al Monte… Habéis leído y compartido conmigo vuestras impresiones y a veces partes importantes de vuestras vidas. Hemos reído, discutido y hasta alguna vez llorado. Hemos comido esos bizcochos llenos de sabiduría que salen de vuestras manos. Hemos vivido tratando de exprimir esos tiempos semanales hasta que dieran de lleno todo su jugo. Sería difícil poder explicaros todo lo que he aprendido de vosotras, todo lo que os debo. Recuerdo haberos dicho al principio de cada grupo, no vamos a leer para aprender, eso en el colegio; vamos a divertirnos, a disfrutar leyendo (aunque hemos aprendido muchas cosas a partir de cada libro, ¿verdad?). Simplemente espero haber podido comunicaros siquiera un poquito de mi pasión por la lectura, un poco de esa chispa que se me encendió de niño y que sigue teniéndome enfermo, letraherido. De ese amor por la literatura que debe ser también amor por las personas y que he renovado tantas veces con vosotras, gracias a vosotras.
sábado, febrero 16, 2008
martes, febrero 12, 2008

lunes, febrero 11, 2008




